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REPÜBLIC\ A K (i ENTINA
ANALES
DE L\
BIBLIOTECA
PUBLICACIÓN DE DOCUí^t:?¡TOS RELATIVOS AL RÍO DE LA PLATA
CON INTRODUCCIONES T NOTA»
POK
P. GROUSSAC
DJIKXCTOK ifa LA BIBLIOTB¿A llAClO
n AL
/'♦
TOMO ni
TTzia refutaoión inédita de ffioreno
Biografía de Santiago Liniers
Cazrtas y documentos Mstórioos. — « Diario o
de Don Diego de Alvear
Tres cartas inéditas de Bolívar
BUENOS AlUES
IMPRENTA r CASA EDITORA DE CO?II HERMANOS
68^ — CALLE PB&Ú — 684
1904
. HUNOS «mis
~N.
\NALES DE LA BIBLIOTECA
PREFACIO
Las documentos inéditos que hoy se publican en el tomo III de los
Anales de la Biblioteca tienen diversa procedencia. Como en el lu-
gar correspondiente se indica, la curiosa Refutación del escrito de
Mariano Moreno proviene de la colección manuscrita de Angelis,
existente en la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro y cuya copia
legalizada se encuentra ya casi completa en la de Buenos Aires. Las
cartas personales de Liniers, ó relativas á él, fueron adquiridas
particularmente por el editor con excepción de la N*" 20, que es don
gracioso del doctor don Felipe Yo/re — y, como corresponde, incor-
poradas al fondo manuscrito de la Biblioteca : todas ellas son au-
tógrafas. La interesante comunicación de Liniers d su suegro Sa-
rratea (W 31), así como la Relación anónima, que arroja nueva luz
en la catástrofe, me han sido confiadas por la familia del Recon-
quistador, Todos los otros documentos, que forman sin duda la con-
tribución más valiosa para la biografía de Liniers, han sido extraí-
dos del Archivo General, en copias autenticadas por el personal del
establecimiento, y me complazco en reconocer públicamente, una vez
más y la buena voluntad con que sus empleados superiores han facili-
tado mis investigaciones. Por Jin, como en su lugar lo apunto, las
tres cartas inéditas de Bolívar me han sido comunicadas respectiva-
mente por los señores Anadón, Peñay Arata, d quienes renuevo la
expresión de mi agradecimiento.
Espero que los lectores argentinos de los Anales no encontraran
excesivo el desarrollo que ha tomado el fragmento sobre Liniers, con
el cual doy por terminado el trabajo biográfico que principié, hace
TI ANALES DE LA BIBLIOTECA
algunos años^ en la revista La Biblioteca. Sea cual fuere el mérito
de esta segunda parte, debo confesar que la preparación y redacción
de sus 225 páginas, que representan unas 300 del tamaño común, ha
sido tarea mucho más laboriosa que la de los primeros capítulos, sea
esto debido á mi menor aptitud para el trabajo, ó — como lo creo —
d las exigencias de un método más severo. No me jacto, á pesar de
ello, de no haber incurrido en algunos errores de fondo ó aprecia-
ción, fuera de las inevitables incorrecciones que espero atenuar
cuando reúna en volumen estos fragmentos; pero, séame permitido
declarar que no me ha guiado en este esbozo otra preocupación que
la de la verdad histórica, y que, para establecerla sólidamente, no
he omitido esfuerzo ni diligencia.
Sin apartarme un punto de la exactitud documental, cuando de
los hechos propiamente históricos se tratara, me ha parecido que el
ensayo biográfico toleraba por momentos cierto libre desarrollo del
tema, allí donde la carencia de datos positivos dejara casi vacio el
escenario. En suma, la licencia á que aludo se limita á colorir ó ani-
mar algunas veces, valiéndome de informes analógicos y verosími-
les, la seca relación de los sucesos ^ que seguramente no era tal sino
para testigos que no sabían trasuntar la viva y movediza realidad.
Si, verbigracia, nos consta por declaración de testigos, que el en-
viado Sassenay comió en el Fuerte con el virrey Liniers y su familia,
no creo que se peque gravemente contra el método, al esbozar ligera-
mente los personajes y la escena que por otros conductos conocemos,
aunque dichos testigos no los describan. In dubiis libertas : la má-
xima de San Agustín vale para la historia como para la teología ; y
este rápido cruzar de la imaginación por el campo real constituye la
parte de arte que se unirá siempre á la ciencia histórica, por más
que contra ello protesten los simples eruditos. Pero dicho se estaque
tales entradas furtivas han de ser raras y siempre limitadas á las
decoraciones y hechos accesorios.
Esta preocupación incesante de la exactitud, que ha sido tildada
alguna vez de jansenismo literario, tenía que conducirme, en esta
segunda parte de mi estudio sobre Liniers, lo propio que en la pri-
mera, á señalar algunos yerros materiales en que mis predecesores
han incurrido. A no hacerlo, no sólo hubiera faltado al deber de
conciencia que todo historiador contrae ante sus lectores, sino apa-
rentado ignorar, ó tener en poco aprecio, obras nacionales que con-
PREFACIO Til
servan^ entre oíros méritos^ el de haber trazado el camino que nos-
otros ahora, en posesión de mejores instrumentos críticos, rectificamos
con relativa facilidad. Entre los autores argentinos cuya frecuente
inexactitud me ha tocado señalar, tenia que ocupar el primer puesto
el doctor don Vicente Fidel López, cuya sentida muerte ocurrió du-
rante la redacción de mi trabajo. Este lugar preferente, que muy á
pesar mío he tenido que asignarle en mis rectificaciones, es debido,
desde luego, á la importancia indiscutible de la Historia de la Repú-
blica Argentina. Sólo se substrae á la critica lo que no merece criti-
carse: deminimis non curat pnetor. Por cierto que tal no es, ni
será nunca, la suerte reservada d la obra de López, Aunque hubiera
de desestimarse como exposición completa y fidedigna de una época,
subsistiría como animado cuadro social y evocación palpitante de
muchos personajes y actos revolucionarios. Sus deficiencias y exce-
sos saltan d la vista: la parcialidad apasionada y la ligereza afirma-
tiva del escritor son apenas comparables con su desdén absoluto de
la pesquisa documental. Nadie ignora que el nervioso y a menudo
feliz repentista no se había sometido d Ifs condiciones onerosas que
la historia exige de sus cultivadores. Poco es decir que quedó ex-
traño al paciente escudriñamiento de los datos y d su cotejo contra-
dictorio : puede afirmarse que nunca se detuvo á meditar sobre un
problema que reclamase largas y hondas reflexiones. No sabía du-
dar. Todos los vicios de fondo y forma de su obra se explican con
sólo recordar que ésta fué una perpetua improvisación. Ahora bien :
para la crítica moderna, la idea de improvisar la historia equivale
exactamente d la de levantar un plano catastral u d vuelo de pá-
jaro n .
Todo ello aceptado, y mucho más que pudiera agregarse, queda
subsistente que la obra de López, no sólo conserva alto sabor literario,
sino que su lectura deja una impresión indeleble y, á trechos, más
eficaz que los más laboriosos inventarios ó fotografías de la reali-
dad. Bastaríaquitarle su malhadado título, llamándola, v. g. , Memo-
rias ó Crónicas, para que el dramático relato justificara su estruc-
tura sin perder un punto de su intenso interés. La riqueza nativa de
ana mente en continua ebullición brota y se desborda en aquellos
diez volúmenes, casi tan rauda y espontánea como en las páginas de
Sarmiento. Ambos escritores se asemejan bastante en sus procedi-
mientos impulsivos, y la trepidante nerviosidad del uno suele lograr
Tin ANALES DE LA BIBLIOTECA
efectos inmediatos tan potentes como la rada energía del otro. En
cierto grado y d cierta distancia, el talento se confunde con el ge-
niOf como un planeta con una estrella. Alzad los ojos a la bóveda
nocturna : aquellos dos astros vecinos despiden el mismo esplendor ;
pero distinguiréis por el centelleo que la luz del uno es propia y la
del otro refleja: tal es la diferencia entre el genio y el talento,
Pero esta misma sugestión de un talento prestigioso torna tanto
más indispensable la corrección de los detalles erróneos en su obra
contenidos. Creo que en lo relativo al doctor López he cumplido esta
penosa tarea sin excesiva severidad; no necesito añadir: sin acrimo-
nia, siendo muy conocido el respetuoso afecto que su persona me
inspiraba. On doit des égards aux vivants; on ne doit aux morts
que la vérité. Esta máxima de Voltaire (una simple nota sobre Chau^
lieu, en la primera carta a Genonville), un tanto imprevista en
quien gastó tan pocos miramientos con los vivos, nunca me ha pare-
cido palabra de Evangelio. Pienso que se debe d los muertos como á
los vivos toda la suma de miramientos compatible con la verdad; y
creo que en el caso del doctor López, por lo menos, esta regla ha
sido observada. Habiendo él fallecido, como dije, mientras yo escri-
bía este ensayo, me seria imposible discernir ahora, por las notas
en que a menudo le cito, la pagina en que mis criticas comenzaron d
dirigirse d un ausente; y espero que mis lectores se hallaran con la
misma dificultad. Sea como fuere, ya que mi escasa notoriedad me
eximió de pronunciar sobre su féretro las fórmalas convencionales que
el género exige (y suelen formar tan triste contraste con el olvido
del día siguiente), no he querido que saliese d luz este fragmento de
historia argentina, sin que lo precediera un recuerdo del noble escri-
tor que honró d la República con su talento y sus virtudes, y cuya
memoria espera aun el público homenaje digno de sus mereci-
mientos.
P. Groussag.
Buenos Aires, í* de marzo de i90U.
UNA REFUTACIÓN INÉDITA
DK LA
« REPRESENTACIÓN » DE MARIANO MORENO
El docuiñento inédito, que hoy ve la luz en estos Anales, merece
por más de un concepto la atención de los estudiosos. Forma parte
de la colección de manuscritos históricos que don Pedro de Angelis
vendió al gobierno del Brasil, y que el de la República Argentina,
defiriendo á una indicación del director de los Anales, ha dispuesto
sean copiados con destino á la sección correspondiente de la Biblio-
teca Nacional de Buenos Aires. La plausible gestión de la cancillería
argentina ha encontrado la mejor acogida en Rio de Janeiro ; y la
transcripción literal de los manuscritos designados se está efec-
tuando, por empleados de la importante repartición brasileña, con
todas las garantías de minuciosa fidelidad que casi importan una
restitución de las piezas originales.
La disertación presente no lleva título ni firma. Si su atribución
ál doctor don Julián S. de Agüero, que se consigna en el catálogo
impreso de la Colección, no fué un mero « reclamo » comercial del
poco escrupuloso coleccionista, debe admitirse que éste no había re-
corrido el documento. La confusión entre los dos homónimos es,
en efecto, apenas explicable, bastando la más ligera lectura para
cerciorarse de que el Agüero autor del escrito (acaso designado
en la cubierta) era un tratante español, antiguo residente en el Río
AIlAtlS DS LA UBUOTICA. — > T. III
3 ANALES DE LA BIBLIOTECA
de la Plata ; y de ningún modo nuestro clérigo cordobés y futuro
ministro de Rivadavia. La Representación de Moreno lleva la fecha
de 3o de septiembre de 1809 ; siendo este escrito una refutación de
aquéit según resulta del contexto, tiene que serle un poco posterior.
Ahora bien : consta que en dicha época, no sólo don Julián Segun-
do no residía en Montevideo, sino que estaba [desempeñando « las
funciones de cura rector del Sagrario déla Catedral ».
Nadie ignora, por otra parte, ¿[ue el célebre alegato de Mariano
Moreno no era sino una briosa impugnación de otro producido por
don Miguel Agüero, apoderado del Consulado de Cádiz, á quien
nuestro virulento polemista designa y maltrata superabundante-
mente. Que sea este mismo interpelado, el que aquí replica con otros
argumentos a(/Aom/nem, parece superfino demostrarlo, siendo de in-
mediata evidencia. Hasta podría afirmarse que ello fluye directa-
mente del procedimiento administrativo, y que el expediente traería
este ú otro decreto análogo del virrey Cisneros : V»te al apoderado
del Consulado de Cádiz... Su autor, piies, no puede ser otro que
dicho apoderado, don Miguel de Agüero, antiguo capitular de Bue-
nos Aires y oficial de la Defensa, á quien Moreno nos presenta como
un simple mercader, incapaz, según él dice, de penetrar « los su-
blimes principios de la ciencia económica, que ni se aprenden ni
se emplean dignamente en el mostrador de una tienda ».
Para completar la biografia un tanto somera de dicho Agüero, nos
faltan desgraciadamente los elementos más indispensables. Con todo,
no creemos que la vaga fisonomía del apoderado gaditano merezca
costear arduas investigaciones, ni ganara mucho con acentuarse.
Antiguo mercader ó covachuelista de Indias, seria uno de tantos pa-
rásitos como criara á sus agotados pechos la secular nodriza colo-
nial, cerrados á toda noción económica que no fuera el provecho ca-
sero, y cuya rancia doctrina principiaba y concluía en el « bari-er
para adentro » . Todo esto se induce de los recios ataques de Moreno,
como quiera que en el retrato de su adversario le cargue visiblemente
la mano. No le faltaba á éste cierta información libresca ; ni el su-
UNA REFUTACIÓN INÉDITA 3
puesto u tendero » carecía de trastienda ; pero estaba obcecado, al
igual que la mayoría de sus paisanos, por las preocupaciones rei-
nantes. Y si bienes cierto que el trivial alegato conserva hoy escaso
interés como lucubración individual, no lo es menos que merece
atención por presentarnos un fiel trasunto del sistema económico
que, después de acarrear la ruina de España, ha sobrevivido á la ex-
periencia, para ella inútil, de un siglo entero, hasta presidir en
nuestros días, puede decirse, á la pérdida de sus últimas colonias.
Son muy conocidos los vicios y errores entretejidos que forma-
ban el sistema colonial de la monarquía española, y fuera ocioso, á
propósito de un escrito vulgar, repetir consideraciones á las que
veinte historiadores de autoridad han dado forma definitiva. Pero es
curioso descubrir y señalar, en una discusión tan circunscripta como
la presente, los propios sofismas económicos que hasta principios
del siglo XIX informaron los decretos del Despacho de Indias, sin
que los ejemplos exteriores,. las elocuentes protestas de los Campo-
manes y Jovellanos, ni siquiera las rudas lecciones de la experien-
cia lograsen triunfar de la inveterada rutina. Prescindiendo del pé-
simo gusto y ridicula fraseología del tiempo (á la que tampoco Mo-
reno se substrae completamente), vemos á nuestro rancio apoderado
de Cádiz incidir, por una pendiente natural é irresistible, en los
conocidos sofismas que siempre y donde quiera invocaran los
doctrinarios del monopolio; pero que, sin duda, no cobraron en
parte alguna el carácter absurdo que en España, apoyándose allí
precisamente en las razones que hoy mejor nos servirían para refutar
sus teorías y evitar sus prácticas.
Debe ser, según el autor de este escrito, el primer oficio de toda
colonia el contribuir con su riqueza al sustento de la metrópoli.
Nadie ignora que tal fuera, en efecto, durante tres siglos, la regla ob-
servada por todas las naciones colonizadoras, y desde luego por la
que había descubierto y sometido á su imperio la mitad del orbe
habitado. Según este concepto estrechamente utilitario, organizó y
gobernó España, con lógica más ciega que sus rivales, susincomen-
U ANALES DE LA BIBLIOTECA
surables dominios en el antiguo y el nuevo mundo. No tendría utili-
dad una nueva pintura de los errores y abusos administrativos que
constituían aquel sistema colonial, cien veces descripto por autores
nacionales y extranjeros ; bastará á nuestro propósito actual señalar
los dos ó tres sofismas funestos que, desde el origen, atacaron de
raíz la planta maravillosamente lozana del descubrimiento y la con-
quista.
Fué el primero, una noción errónea de la riqueza, haciéndola
consistir ante todo en la explotación de los metales preciosos. A este
espejismo económico se sacrificaron las industrias de la madre pa-
tria, no menos que los progresos materiales y morales de las colonias,
llegándose, al cabo de tres siglos de tan absurdo sistema, al lamen-
table resultado de encontrarse éstas tan exhaustas de fuerza y hasta
de recursos monetarios, á pesar de todas las exacciones fiscales,
que á duras penas contenían el derrumbamiento inminente de
aquélla. El segimdo error administrativo de la metrópoli, corolario
inevitable del primero, consistió en absorber el monopolio del
comercio é industrias coloniales, imponiendo al doble tráfico ile
ultramar trabas y prohibiciones tan compresivas que, á no intervenir
el contrabando libertador, hubieran acarreado la incurable ruina de
estas comarcas. El odio inveterado al extranjero y la insaciable
avidez del fisco, que han sido los dos achaques mortales de la
antigua monarquía española, se aunaron aquí para acelerar la
decadencia, no encontrando, como en otras partes ocurría, fuerzas
antagónicas que restablecieran el equilibrio.
A estas comprobaciones irrefutables suélese contestar, no sólo
por el pobre adversario de Moreno, sino por los economistas españo-
les contemporáneos y aun los posteriores ( i ), mostrando cómo en la
(i) CoLMEiBO» Hittoria de la Economía política en Etpaha, II, lxxtui, trae un resumen
bastante completo de estas apologías, añadiéndole la propia. Para muestra del espíritu
critico que informa esta obra clásica, baste decir que el autor, por muchos años catedrá-
tico de la materia en la Universidad Central, cita innumerables veces, como antoridadcf
inseparables para el siglo xtiii, á Campillo, Gobierno económico, y á Waad, Proyecto econó-
mico, sin caer en la cuenta de que la primera obra es un plagio literal de la segunda.
LNA HEFLTACIÓN INÉDITA 5
organización y policía del comercio de la metrópoli con sus colonias»
España no se apartaba sensiblemente de las prácticas vigentes en otras
naciones colonizadoras, y desdeluegoenlaque, después de dos siglos
de lucha incesante, llegó á dominar los mares y convertirse en em-
porio de la riqueza universal. La afirmación es en gran parte exacta.
No se podría, sin injusticia notoria, desconocer que en lo relativo á
restricciones y trabas mercantiles, la política inglesa sólo aventajó á
la española en el extremo más riguroso aun de la prohibición. Es
innegable que la industria colonial lograba en los dominios de la
segunda una existencia y desarrollo precario, que los pobladores de
Massachusetts ó Virginia reclamaban vanamente. En tanto que se
toleraban las fábricas de paños en Méjico y el Perú, los telares de
cáñamo y lino en Chile, los ingenios azucareros en las Antillas y el
beneficio de los cueros en Buenos Aires, fuera de los laboreos mi-
neros y la explotación de los productos naturales en todas partes,
Inglaterra desterraba de sus colonias la gran industria en beneficio
exclusivo de las manufacturas insulares. Se prohibían en las colonias
inglesas los hornos de fundición, las refinerías de azúcar, y hasta la
exportación de una provincia á otra, por tierra ó por agua, de los
tejidos é hilados locales. En cuanto al tratamiento de los indígenas»
cuya tutela y civilización relativa constituyó uno de los objetos pre-
ferentes de la legislación de Indias, es muy sabido que para Ingla-
terra ello no ha sido nunca ni es todavía materia de consideración.
perpetrado por un librero de Madrid. El hurto» aún más ingenuo que audax, pinta el estado
de aquellos espíritus. Cuando salió á lu2 la supuesta obra postuma del ministro Campillo,
en 1789, habian transcurrido diez años de la segunda edición del Proyecto de Ward,
editado nada menos que por Campomanes. En ambas obras se encuentran idénticas refe-
rcnciasá lósanos 17 ^7 y siguientes; v.g. (Proyecto^ II,vi,p. 2'] k'. Gobierno ^ p. 161): «Tengo
en mi poder una carta del visitador de Poiosi, que escribió después do haber hecho su
visita el año 17/^7 » (la fecha suprimida en el Gobierno). Campillo murió el 11 de abril
de 17^3 : f< el dia del Jueves Santo »» como exactamente lo apunta el prólogo de la
obra. — En este nutrido renglón del capeo literario, citaré de paso (por referirse á una
de las obras más célebres del siglo xviu y que trata de materia análoga á la presente) la
Historia política de tos establecimientos ultramarinos por Meló de Luque, la cual no es sino
la famosa Histoire philosophique de Raynal, con el inocente disfraz de cortar á la de Dioa
los capítulos originales.
6 AMALES DE LA BIBLIOTECA
La exterminación violenta ó paulatina del indio fíié practicada en el
norte de América como un principio, no siéndolo en el centro ysud
sino como un abuso : entre ambas operaciones hay este matiz, que,
al realizarla, los encomenderos españoles violaban la ley, en tanto
que los plantadores ingleses la cumplían (i). Por fin, hasta la famosa
y tan discutida Acta de navegación^ que ha sido apellidada la a Carta
Magna de la marina inglesa », sobre no diferir esencialmente délas
pragmáticas expedidas por Carlos Quinto y sus sucesores, no tendía
al cabo sino á monopolizar el tráfico colonial, al modo que el siste-
ma de las flotas y galeones españoles. . . Ahora bien : todo ello recono-
cido y proclamado, los apologistas de España se ven reducidos á con-
fesar la evidencia : á saber, que dos sistemas fiscales al parecer muy
semejantes produjeron en un siglo (2) resultados tan opuestos como
la ruina absoluta de una nación y la prosperidad asombrosa de la
otra ; sin que, á pocos años de distancia, la pérdida paralela de unas
y otras colonias americanas modificase el contraste, sino al revés,
pues éste se prosiguió y acentuó entre los dos grupos emancipados.
Seria extraño á este breve comentario, el mostrar una vez más las
diferencias de caracteres é instituciones, por cierto más importantes
y vivaces que todas las pragmáticas y reglamentos (como que éstos
son meras consecuencias de aquellas), que separaban á españoles
é ingleses ; basta á mi objeto recordar el fundamento radicalmente
distinto en que una y otra nación apoyaban sus parecidos sistemas
de prohibición y monopolio comercial. Mientras el Acta de navega-
ción tenía por efecto inmediato el desarrollo creciente de la marina
inglesa, y el desenvolvimiento paralelo de la industria y comercio
nacionales, se asistía en España á la decadencia irremediable de estas
mismas fuentes de riqueza y poderío, tras la eterna falacia de los
metales preciosos traídos de Indias. Es hoy una noción elemental
de la economía política, el hecho de que la principal utilidad de las
(1) Numerosos estatutos coloniales de Nueva Inglaterra prohiben la paz con los in-
dios.
(a) El Acta de navegación es de i65i.
UNA REFUTACIÓN INÉDITA 7
colonias consiste, más que en recibir el exceso de población de la
metrópoli, en fomentar el comercio y las industrias de ésta. Ahora
bien : bastóle á Inglaterra entrever esa verdad desde el siglo xvn, y
aplicarla en parte durante el siguiente, para asegurarse el predomi-
nio. Absurdo en lo referente á las prohibiciones coloniales, el siste-
ma era tan sabio en punto á la expansión de las energías metropoli-
tanas, que sus defectos desaparecieron al pronto en la inmensa
avenida de prosperidad y opulencia que rebosó por el Támesis. A la
par de los buques que por centenares se construían en los astilleros,
en cumplimiento del Acta, para traer á los puertos ingleses los fru-
tos de sus colonias y lejanas factorías, multiplicábanse en la Gran
Bretaña las fábricas y depósitos destinados á cargarlos en retorno,
cubriendo con creces el valor de las importaciones. Empero, como
lo han mostrado admirablemente sus historiadores, esta lucha del
progreso no podía, mucho menos entonces, dejar de asumir la for-
ma de la guerra internacional ; y para sostenerla victoriosamente en
en el mar, que era el inmenso campo de batalla, era necesario que
la marina militar se desarrollara en la misma proporción que la mer-
cante, no sólo para protegerla, sino para disputar á Holanda, Es-
paña y Francia la supremacia del océano. Tales eran los términos
precisos del problema colonial, con su séquito de prohibiciones y pri-
vilegios nacionales, que en el siglo xvii se planteaba igualmente para
todas las metrópolis. Sólo Inglaterra supo resolverlo, alcanzando la
victoria definitiva en sus guerras económicas. Holanda tenía fatal-
mente que sucumbir la primera, mediando harta desproporción en-
tre su poder naval y la extensión de sus dominios. Francia prolongó
desesperadamente la lucha en América y las Indias ; pero sus malos
gobernantes pudieron más que sus heroicos marinos y soldados,
concluyendo por dejar en las garras británicas la mejor parte de su
imperio colonial. En cuanto á España, nadie ignora cómo la antigua
reina de los mares, impotente para proteger sus flotas y galeones
repletos de riquezas, las ofrecía como presa segura al enemigo
secular, cuando no á los atrevidos corsarios.
8 ANALES DE LA BIBLIOTECA
El imperialismo español, pues, no era yá, á fines del siglo xvín»
sino un edificio vacilante en que cada tempestad abría nuevas grie-
tas, anunciadoras de la ruina próxima. Había sido fundado sobre
arena, faltándole, desde las horas que siguieron á la conquista, la
base industrial y alimenticia de la metrópoli. En lo comercial, su
sistema prohibitivo tenía por condición la compra de los efectos
extranjeros que no fabricaba, y el estancamiento de los frutos colo-
niales que sólo en mínima parte aprovechaba como carga de las
flotas anuales. Esta extenuación metódica de las Indias repercutía
desastrosamente en la metrópoli, habiendo descendido el producto
líquido fiscal, en los últimos años del siglo, á la cifra irrisoria de seis
millones anuales — menos de lo que rendía á Francia ó Inglaterra
alguna de sus Antillas. La pobreza de las colonias iba pareja con la
de la madre patria ; y es harto sabido cómo sólo merced al comercio
intérlope pudieron éstas abastecerse durante años de lo |que la
metrópoli no quería ó no podía suministrarles. El contrabando
organizado por Inglaterra y Francia asumió en esta América el
carácter de una institución salvadora, habiendo podido asentarse
por economistas tan graves como Sénior y otros, que, en países así
oprimidos por el prohibicionismo, el contrabando llega á ser un
elemento social precioso é indispensable.
Sin duda, la fuerza invencible de las cosas logró abrir portillo en
tamaños abusos y preocupaciones. Bajóla dinastía borbónica, y sin-
gularmente durante el reinado de Carlos III, se agolparon las refor-
mas administrativas, si bien muchas de ellas artificiales y reflejas,
como venidas directamente del país vecino. Bastó, sin embargo, la
apertura de los puertos, con la relativa libertad de comercio conce-
dida á las colonias, para producir un mejoramiento tan notable en la
situación económica, que mostraba á las claras la verdadera natura-
leza del mal y su sitio preciso. Pero la debilidad militar de España
y sus vinculaciones dinásticas la arrastraron á pesar suyo en las
guerras interminables de Inglaterra y Francia, tocándole siempre la
peor parte en sus regiones coloniales, ya se encontrase aliada de la na-
UNA REFUTACIÓN INÉDITA g
ción vencida ya de la vencedora. Además, la escasez de ciencia en las
clases dirigentes y de energía en los gobiernos, no permitía que pe-
netrase en las capas profundas del país la reacción benéfica. Faltando
en los consejos de Estado el convencimiento razonado de la verdad y
el concepto cabal de la situación, ocurrió, como era de preverse, que
las vecinas protestas de la minoría perjudicada ahogaron los aplau-
sos lejanos de la mayoría satisfecha. Las quiebras inevitables del co-
mercio monopolizador fueron motivo suficiente para que el gobierno
retirara su principal reforma, y á poco se de vol vio á Cádiz su privilegio.
Este egoísmo de gremio y localidad, por otra parte, es muy huma-
no, y toda vía hoy lo vemos luchar, si no predominar, en los parlamen-
tos délas naciones más liberales y civilizadas. ¿Cómo extrañar, en-
tonces, que hubiera sobrevivido en España á los graves sucesos que
señalaron el fin del siglo xvm, y apareciera íntegro en la protesta
que contra la apertura del puerto de Buenos Aires formulaba el re-
presentante oficial del comercio de Cádiz ?
Se encuentran, pues, resumidas en este alegato todas las rancias
preocupaciones y sofismas económicos con que, durante dos siglos,
se apuntaló el deplorable sistema que consumara á la par la ruina
de la metrópoli y la de las colonias : de ahí, el valor histórico de
este documento. Para nosotros, su interés real reside ante todo en
haber sido ocasión para la réplica fulminante del adversario. Po-
demos abstenernos de toda refutación doctrinal, teniendo á la vista
la Representación de los Hacendados que desempeña la tarea con ad-
mirable eficacia. Y aunque no tuviera importancia primordial el
proceso en que se agitaba en realidad el problema de la próxima
emancipación, á la luz de la cuestión económica, que fué uno de sus
mejores justificativos, creo que bastaría, para explicar esta publica-
ción, el hecho de que por ella se aprecian debidamente los méritos
del joven abogado patricio, cuya lógica vigorosa y razón profunda
pulverizaban los errores del sistema colonial, mientras la revolución,
permitiéndole pasar de las ideas á los actos, le suministrara el papel
y el escenario proporcionados á su genio.
10 ANALES DE LA BIBLIOTECA
Exmo. Señor :
Ha mucho tiempo q^ el comercio de Montevideo pudo comprehen-
der el empeño con q** en esa Capital se ha ventilado una question
(q' nunca lo fue p* los buenos españoles) á saber, si combiene abrir
francamente los puertos de esta Colonia al Comercio de la Estrange-
ría. Las reiteradas asambleas q* Y. E. ha combocado p* deliberar so-
bre tan arduo asunto, los devates acalorados, q"* sostenía la opinión
publica del comerciante, y el hacendado, sus resultados ya favorables
á unos, ya disgustosos á otros eran fielmente transmitidos desde las
salidas de las sesiones hasta nuestros oydos. pero nadie llegó jamas
á persuadirse, q* el advenimiento de V. E. al Virreynato seria sella-
do con la apertura de un comercio, q** poniendo en manos extrañas
toda la riqueza del pais, solo dejaría á la misera Metrópoli, la satis-
facción de haver ganado un dia con arroyos de sangre y caudales
inmensos su preciosa conquista.
No Exmo Sor : Y. E. q"* arrancado del seno de la Madre España
venia de presenciar sus desdichas: Y. E. testigo, hoy expectador del
teatro mas sangriento q^ vio jamas el mundo: Y. E., á cuyos ojos
havia immolado la cuchilla enemiga millares de Yictimas; Y. E. q'
acaso todavia estaba oyendo el Furibundo alarido de una nación
contra quien se havia conspirado la perfidia, la traycion, la hambre
desoladora, la peste mortal, y sobre todo el furor de un tirano, q*
parece el primogénito de la furias, no era seguramente el instru-
mento, de q"* podría servirse talvez la intriga, tal ves la sórdida covi-
cia (sic) p" apresurar su ruina ; En Y. E. confiábamos nosotros, y la
nación entera, q" haría de esta Provincia un manantial de socorros
p' el soldado, un consuelo p' el artesano, y un mercado de privile-
gio p" el comerciante Español : No, no ; desiamos nosotros : el pru>
dente pacificador de la America del Sur : el sabio politico q" con su
presencia disipó la borrasca, y volvió la serenidad á las aguas ya
enturbiadas del Rio de la Plata : El q" ha merecido la confianza de
UNA REFUTACIÓN INÉDITA ii
SUS compatriotas : aquel en quien ellos han depositado una gran par-
te de su tesoro» no sera el q* haciendo resonar en las Playas de
Buen' Ayr", la trompeta de una libertad desconocida, combidara A
q^ despedazen el patrimonio Español, las mismas naciones de quie-
nes hemos sabido defenderle por mas de tres siglos.
Pero ya es indudable : no solo Y. E. se dice q' ha concedido el
commercio libre de la Extrangeria, sino también q" se ha dignado
dictar, reglas q* consultan á su estabilidad, y régimen, no de otro
modo q* si este fuera un hecho el mas legitimo. Asi parece Exmo
Sor q* han vuelto los tiempos de ignorancia, en q* la venganza par*
ticular, el cruel desafío, el torpe concubinato y hasta el homicidio
se veian progresar á la sombra de las mismas L. L. q" debían pros-
cribirlo.
Sin embargo, nuestro dolor no es tanto por haber llegado á ese
punto del abatimiento, quanto por conocer lo inútil de tamaño sa-
crificio, que si a precio de una humillación se hubiera de comprar
una dicha, aunque con mengua de aquel orgullo plausible que en los
dias de Cesar era yd el carácter distintivo de los fuertes Iberos (a),
seria menos sensible que se nos obligase á sufrir lo que sufrimos ;
Pero no es asi Exmo S*' y los que pretenden persuadir lo contra-
rio enemigos son de Y. E. Enemigos de España, Enemigos de la
America y de sus hijos. Demostrarlo con precisión y sencillez será
el asunto de esta respetuosa suplica, que para mejor intelig* divi-
diremos en dos puntos. Averiguar si el Comercio de la Estranjeria
es compatible con los intereses de la Peninsula... He aquí el Uno.
Inquirir si quando menos combiene á la America...' he aquí el otro.
Y quando hubiésemos discutido acerca de ambos quanto nos permi-
(a) El autor no ha de referirse al mismo César, en cuyos Comentarios no hay tal de-
finición de los iberos, sino á los escritores de aquel siglo, poetas y prosistas, que aluden
frecuentemente á este rasgo genial de los españolea, y en particular de los cántabros.
V. g. ; Tito Litio, Hisl. XXXIV, xti : Perox genus, nullam vitam rati sine armis este ;
HoAACio, Carm.t II, xi, btUieosns Cantaber, eto. Un poco más tarde, el aragonés Marcial
llamará á sus paisanos: traces íberos, y Plinio (XXXVII, Lxxyii) consignará que sobre-
salen cor]>orttm humanorum duritia, vehementia coráis. (Nota del editor.)
la ANALES DE LA BIBLIOTECA
ta el Instituto de una suplica, averiguaremos también, si al menos
puede disculparse su concesión con las necesidades publicas. To-
mando pues el I"", ramo de la secion entremos en asunto.
El libre Gom"" de la America del Sur no solo es incompatible,
sino también contrario á los Intereses de la Península: Es en
todos tiempos nocivo al Com"" Nacional, y en los presentes, su
ruina.
Seria inútil conciderar la Verdad de esta propocicion con los len-
tes de un Jurista, quando rota la rienda de la Ley y perdida la Sen-
da de la Constancia se á buscado un camino tan insusitado como
torcido, no p" satisfacer las demandas del bien publico, sino para
alagar nuestros caprichos ; Pero si tal no fuera la Verdadera pintura
de lo que pasa en estos dias de general trastorno, nosotros con solo
abrir á la suerte el Diploma de las Indias abríamos combencido q""
el systhema colonial se á desplomado como el Edificio majestuoso
en cuyos cimientos traydora y oculta mano hizo volar una Mina .
Probaríamos, que no hay cosa tan proscrita como el trato con los
Estranjeros y su comercio en America ; que esta raza siempre ene-
miga de la prosperidad de España, no á podido jamas profanar sin
pena el suelo dichoso donde vibimos (i) : que le está prohibido su
transito de Europa (2) : que no se puede negociar con ellos, pena
de la Vida (3) : que no pueden establecerse, ni establecidos pasar á
lo interior del Reyno (4) y apurando mas la materia también haría-
mos ver que irritado el Zelo de nuestra Corte contra la osadia ó la
tenacidad con que se procuraban abrír paso á la America en medio
de tan serias provid* llegó á preceptuar, que no se diese abrigo á los
Buq* Estrangeros por ningún pretesto (5), y que insistiendo en to-
(i) Lib. I, tit. 37, lib. g* de Ind.
(a) L. id.
(3) L. 7, del tit. j Lib. citado.
(k) Lib. 4 y 5, tit y Lib. idem.
(5) L. 53, tit. i5, Lib. 9*.
UNA REFUTACIÓN INÉDITA i3
marlo se les alejase con el Gañón de nuestras Plazas ; y para que el
Espíritu de la fruslería no tuviese el atrevimiento de despreciar por
antiguas tan sabias medidas, citaríamos dos soberanas disposicio-
nes (6) por las cuales S. M. la Junta Central y Suprema á dado á
conocer en estos días quan distante se halla de mitigar la severi-
dad de aquellas Leyes.
Pero ya lo hemos dicho, Este discurso, fruto legitimo de las ta-
reas, que por siglos consagraron nuestros Padres á la felicidad y en-
grandecimiento del Imperio Español seria destruido con un solo
golpe : Nuestras circunstancias son maicriticas : es preciso distinguir
de tiempos; No estamos en el caso, y otras salidas, que solo tienen
de realidad, lo que tienen de tribiales ¡ Desgraciada cituacion ! tiem-
po infeliz, y mas infelizes los que hemos nacido para ser testigos de
su existencia ! . . .
No hay pues (lo repetimos) paraque consultar la intención de
nuestros Augustos Lejisladores. Quede reservado este trabajo para
los jenios timidos, para los Espíritus Vulgares, para aquellos que
solo hablan de la Ley con un respeto profundo, ó para aquellos que al
oír la Voz Penetrante y Majestuosa del Trono, solo saben escuchar
y obedecer . A nosotros, á quienes estaba reservado dar lecciones de
nueba Economía Civil sobre el dilatado Continente del Perú, hemos
de conciderar la question propuesta del modo que la examina un
Político, es decir, No por lo que debe, sino por lo que combengaha-
cerse . En esta supocicion Vamos á demostrar que el Comercio con
los Estranjeros será por siempre nocibo á la Peninsula, y actualmen-
te su ruina .
Sí fueran estos los tiempos asiagosen que el prurito de Conquista
ajitaba al Mundo, si fuera este el Siglo, en que se dio el titulode gran -
de á un Macedonío aventurero porque supo aprovecharse de la ím-
(6) R' orden expedida con motivo de haber solicitado permiso para introducir un Car-
gamento en esta America la Fragata Agradable.
Iden con moliro de noticia que dio la Junta de obserbacion de Montevideo acerca de
los Buques Ingleses admitidos desde ax, de Septiembre.
1 4 ANALES DE LA BIBLIOTECA
becilidad (a) de sus Combecinos para cubrir de cadaberes la faz del
Mundo conocido, sin mas Objeto que alagar una sed insasiable de
poceer lo ajeno, haciendo de paso millones de infelices, acaso po-
dría dudarse qual es el objeto y ñn primordial de una conquista .
Entonces seria disculpable que algún insensato confundiendo los
principios, creyera que es apetecible dominar sobre un terreno de
extencion inGnita, solo por el gusto de tener muchos Vasallos, aun-
que inútiles y llamarse con titulo pomposo el Señor de dos Mundos ;
Pero en el Siglo de la razón ni aun puede sufrirse semejante idea, y
el hombre que la abrigase, seria mirado justamente como un igno-
rante. Havrá sabemos, que una colonia es mas bien gravosa que
benefíca si nada produce para el poseedor porque como después del
ganar entra el conserbar^ y de el conserbar nace el mantener, yá el
soldado, que con las armas en la mano defiende el pabellón triun>
fante, yá la Esquadra que orgullosa de haber superado un Mar in-
menso se presenta en todos puntos p* acelerar ó sostener en todos
aquel primer impulso que dio la Victoria, resulta que el Dueño del
Pais subiugado tiene que distribuir inmensas sumas en la doble
fuerza de Mar y tierra, y como que estas no dejan mas producto que
la funesta satisfacción del Vencimiento, el Señor viene á quedar es-
clavo de sus propios Vasallos, ó tiene que abandonarlo por no arrui-
narse.
De aqui y de las intimas relaciones que se establecen entre una
Metrópoli i sus Colonias q"^"" un solo Cetro llega á unirlas, sale como
inferencia forsosa el derecho de la primera (6^") para hacer con la
segunda un comercio exclusibo, no obstante^ q*" según las Leyes de
naturaleza « Nada sea tan justo como que todos los hombres aun de
diferentes Repúblicas disfruten igualm^ de los bienes con que los brin-
da la tierra auxiliándose reciprocamente sus necesidades por medio
de aquella comunicación que se llama tranco, Comercio, jiro ¿'^
(a) Se tómala Yoz en su acepción cUsica, por détUidad; asi, Cicerón (Aü. xi, 6): im-
becUlitas corporis. (N. E.).
(ó****) Olmedo Dro de jentescap. del com* libre.
UNA REFUTACIÓN INÉDITA i5
De Otro modo nunca el Déficit de las rentas públicas habría de don-
de ser rezarsído, y disminuyéndose por momentos en gastos inútiles,
al fin pararía en su aniquilación absoluta.
Asi pues, de todo Establecimiento debe sacarse el Déficit que cau-
sa en las rentas publicas de la Metrópoli. Este es su prímer ofício ;
Pero C4>mo hasta aqui nada se habria avanzado con su pocesion ni
habría servido lo que Vale un átomo para el fin prímilivo de toda
República, que es su felicidad y engrandecimiento, entra como se-
gundo oficio de la Colonia dar lados las Ventajas pocibles d su Me-
trópoli, pues no seria bien visto que constituyendo un todo con la
Monarchia, dejará de contribuir á sus aumentos del mismo modo
que lo hazen los restantes miembros del cuerpo politico. Mas á fin
de que concurra según se á dicho, es preciso que todos sus produc-
tos particularmente los del concepto mercantil se refundan primiti-
vamente en si mismos y en la Metrópoli, por que todo lo que pasa
por otro conducto es una verdadera perdida para nosotros, y una
ganancia para los Extranjeros, y como las Naciones no son gran-
des sino comparadas entre si, es evidente, que tanto pierda la Me-
trópoli, y tanto ganen los Extranjeros, tanto se deprimen la pujanza
de aquella y tanto se lebanta el poder de estos.
Al la precencia de unas macximas que á consagrado en el templo
de la Verdad, la razón y la experiencia, Que dirá el Mundo quando
sepa que los pensadores de la A.merica del Sur, los fieles habitadores
de B* Aires han imbocado para su felicidad y la de todo el Imperio
el Comercio no restrinjido de la ambiciosa Inglaterra ? Sin duda,
que su asombro llegará á lo sumo, y agradecidos de un descubri-
miento tan nuebo como honorífico para los Maestros de la Econo-
mía Civil, no podrá menos que poner sobre las Nubes los nombres
memorables de nuestros sabios Politicos.
Estos son aquellos jenios benéficos de quienes se dijo — jam nova
progenies coqIo dimititur alto (a). Estos los Economistas á quienes
(a) ViKGiLio, Eg. TI, 7. — Aqui principian las alusiones sarcásticas á Moreno. (A'. ^.>
i6 ANALES DE LA BIBLIOTECA
deberá el Mundo para lo sucesivo el celebre sisthema de partir la
riqueza con otro para ser mui rico, ó darlo todo áese de quien nada
se recibe, para tener mucho; pero dejando la ironia para tomar un
tono mas serio, Volbamos á nuestros principios.
Todo quanto produce una Conquista debe ser para si, y para su
Metrópoli (deciamos) y nada para el Extranjero. Véase aqui redu-
cido ádos renglones de mala tinta quanto en Volúmenes inmensos
se á escrito sobre el Systhema Colonial. Véase lo que hizo rebozar
en otro tiempo el tesoro de España. Véase lo que á elevado el Co-
mercio de la Francia á una prosperidad embidiable. Véase el gran
resorte, q* movido por la Reyna D. Isabel y retocado por el gran
Cromvel dio tan vigoroso empuje á la gran Bretaña, que dejando
sus toscas mantillas, en menos de tres siglos á llegado á tener un
influjo general sobre las quatro partes del Mundo. Véase, lo que á
puesto en sus manos el Cetro de Neptuno.
Un systhema de restricciones sabiamente calculado, y rigorosa-
mente seguido (7) a sido lo único con que Inglaterra y Francia
menos emprendedoras, menos felices en sus descubrimientos, menos
constantes en sus Conquistas, y menos ricas en sus Establecimientos
han logrado un Comercio floreciente, mientras el nuestro apenas
presenta la Estampa tétrica de un Esqueleto que á servido para En-
sayos de anathomia. Pero ni este contraste tan poderoso como es
en si, puede masque nuestro empeño de abismarse en el precipicio.
Haora, que parecia el tiempo de la reforma ; haora q* el Espiritu
Nacional parecia haber resucitado de sus agonias, es puntualm**"
quando la America del Sur formando una revolución mercantil de
que no hay ejemplo en ninguno de los Imperios del Orbe culto,
quiere que se establezca la libertad de Comercio con toda la Extran-
geria. Asi se verifica, que España, fiel, y á veces reprensible imita-
dora de quanto imbenta la extravagancia de los Extraños, solo en
aquello que puede combenirla, es en lo que no los imita, pues con
(7) Voasc la celebre Acta de Navegación.
UNA REFUTACIÓN INÉDITA . 17
solo seguir los principios de prohibición que ellos tienen estableci-
dos según lo exije la gran Ley de la reciproca se habría acertado en
■
el modo de ser felices.
Y esto lo decimos, porque no hay mejor prueba en lo político de
que un systhema es bueno, que sus resultas. Las que obserbamos en
Inglaterra y Francia siempre opuestas á los principios liberales de
nuestros Politicos, no solo son buenas, sino excelentes como lo ve-
mos, luego también lo será su origen. Y habrá valor para separar-
se de una cosa tan sencilla como es imitar lo bueno sabiendo que
lo es, solo para seguir los impulsos de una razón mal dirijida P
No sabemos Exmo. Señor que responderán á esta pregunta los
partidarios del Comercio libre, porq* hasta haora no nos hemos con-
tagiado con la lectura de sus Escritos ; pero sea qual fuere su con-
testación, y aunq' apuren en ella todos los recursos de la sofistería,
nos otros robando el dicho de Zenon constantemente decimos : mas
creemos d nuestros ojos, que d vuestras inepcias.
El Estranjero es feliz, porque no sabe partir con nosotros el pre-
cio de sus Colonias, y nosotros caminando por una senda opuesta,
nos hemos quedado sin fabricas, sin artes, sin Agricultura. Ellos,
siendo pobres derraman millones para encender la Guerra donde les
combiene, y para realizar sus miras políticas. Nosotros, siendo
Dueños de las mejoresMinas de la tierra, comparativamente somos
unos Mendigos. Ellos sin haber sacrificado los Varones fuertes déla
Nación en subyugar al osado Mejicano, ni al brabo habitante del
Perú, disfrutan el oro y plata de ambos continentes en mas abun-
dancia, q* el infelice Español. Ellos, precisados á fomentar su co-
mercio, compitiendo con otras Naciones y perdiendo muchas veces
sus manufacturas por falta de consumidores, son opulentos y tienen
industria en un punto capaz de dar Zelos á la China. Nosotros, con
unos Establecimientos que darán consumo á quantó puede fabricar
la Península, apenas tenemos los Pintados de Cataluña. Ellos con
príncipios mesquinos, son poderosos ; Nosotros con la liberalidad y
franqueza somos pobrisimos. Luego por mas q"* se fatiguen los Ami-
A9A&I» Da L* UaUOTBCA. — T. UI
i8 ANALES DE LA BIBLIOTECA
gos del Estranjero, nunca podrán contra experiencia tan visible pro-
bar que el libre Comercio es benéfico á la Peninsula.
Las presedentes observaciones solo tienen una aplicación general
al comercio de España, ó bien esta se concidereen los tiempos desu
mayor prosperidad, ó bien ^n los de su decadencia ; Pero si las lle-
vamos hasta el actual (el mas triste de quantos tubo después que sa-
cudió el Yugo Morismo) no parece que hay fuerzas para sostener la
\dsta del quadro que vá trazando nuestra pluma.
Primeram** se nos presenta la Metrópoli aflijida con una Guerra
de treze años continuos, sostenida á veces por la traición^ y á
veces por la impericia. Luego vemos un Pueblo á quien despedazan
alternativam^ en Andalucía la Peste, la hambre en Castilla, y en to-
das las Prov* la crueldad del mayor Despota que vieron los siglos.
Su miseria parece que á llegado al Colmo. No hay Ejercito. La Ma-
rina á desaparecido. El Erario no existe. Las artes han sido auyenta-
das. La virtud perseguida en todas partes, apenas halla en los Claus-
tros algún asilo. Casi desde el trono baja la corrupción hasta la
clase mas Ínfima. Todo lo domina el vicio, y donde antes se mira-
ban ensalzadas la providad, la fortaleza, el valor, y la sabiduría,
haora asoman el rostro insultante la inercia, la cobardia, la ignoran-
cia, y el Egoísmo, España vá á ser sepultada en sus propias ruinas ;
yá nada falta. Una sola piedrecilla la detiene al bordo del precipicio.
En este momento aparece un tirano á quien la provid* sostiene para
castigo de los miseros mortales uniendo á la fuerza, quantos ardiles
le enseñó su larga carrera en los caminos de la intriga; le dá un
empuje tan violento, que parece irresistible ; Gran Dios 1 Quien po-
drá salvar esta desgraciada Monarquia P Solo vuestro poder inmenso
y la bizarría de un Pueblo que nunca supo sufrir insulto.
Sus hijos corren á las armas posponiéndolo todo al cuidado de
salvar la Patria. Ya no hay Labradores ; No hay Artesanos ; No
hay Comerciantes, ni se trata de otra cosa, que de vencer ó morir^
Pero ¿ Quien ha de sostener estos generosos Guerreros, que con tan-
to denuedo entran en la terrible lucha ? ¿ Quien les ha de facilitarel
UNA REFUTACIÓN INÉDITA 19
alim*^ para que no desfallescan, el vestido p' q* la intemperie no los
consuma, el dinero p' que por falta de arbitrios no se vea precisado
á dejar el cerco? La America Señor Exmo es el punto en que fijan
ellos la vista desfallecida como el moribundo en el Medico que le
asiste. Acia ella tienden los brazos que á destinado el cielo para sal-
bar la libertad de Europa, y mostrando el pecho traspasado de he-
ridas que no se sienten por el gusto con que se reciben, parece que
implora sus auxilios. Pero ¿ Que podrá hacer la America por sensi-
ble, por fiel, por amante que se suponga de su Madre la Peninsula ?
Solo tender la vista asorada al rededor de si misma contemplar su
desnudez y responder abochornada : Amigos, Yo soy una infelice. Ya
no existen mis tesoros inmensos, ni aquella multitud de recursos con
que en otras ocasiones os hice ver lo que valia. Todo lo á deborado
un Enjambre de advenedisos que pudo introducirse por la puerta
vedada, mientras Vosotros os entreteníais en cortar Laureles á los
Conquistadores del Norte para coronar las Sienes de mis hijos.
No tiene remedio, esto responderá la America talvez arrepentida
pero inutilm^ de haber combidado con su Comercio á toda clase de
Estranjeros, porque estos inundarán de efectos la Prov* extraerán el
dinero mientras lo haya, y nos dejaran reducidos á un negocio de
permutas ; ¿ Podrá entonces el Español venir con sus Expediciones
á Vuscarles entre nosotros el expendio que no puede darles en las
Colonias de nuestros aliados ? ¿ Querrá entrar haora en el Mercado
con el Negociante Inglez, con quien no puede competir á mas de un
siglo ? Si tal hiciese ; si sus Buques aportasen á nuestras costas, es
evidente, que solo aliaría aqui su ruina, y de este modo atacado en
Europa por un tirano, y en America por sus propios hermanos solo
en la desesperación hallaría un Asilo.
Las noticias de su Estado se trasmitirán á los Únicos Puertos que
nos á dejado libres la traición y el engaño. De allí se difundirán por
lo interíor del Reyno, y no habrá un solo Artesano, que tenga
aliento para continuar empleando el tiempo en fabricar lo que por
falta de extracción jamas podran vender con aprecio. Así morirá la
30 AÜALES DE LA BIBUOTECA
industria ; se acabará de aniquilar la Agricultura ; y no qiKsdará
mas. que la memoria de nuestro desgraciado Comercio, pues es tan
intimo el enlaze y la mutua correspondencia de esos tres objetos,
que en destruyendo el Uno, no pueden subsistir los otros. Ponga-
mos un ejemplo para hacerlo sensible.
Un Labrador siembra el Lino. Un Artesano lo hila. Un Comer-
ciante lo compra p* vender; pero si falta el Labrador no hay Lino,
ni cosa que hilar, ni Artefacto que vender ; Del mismo modo, que
si no hay quien compre, no hay quien siembre, ni quien hile, á no
ser un maniático que guste de trabajar para perder. Por eso es, que
destruidos los últimos restos de nuestra oprimida industria con la
entrega de la America en manos de los Aliados ó Neutros, no que-
dará mas Comercio con la Península.
Pero entretanto Inglaterra, que es quien Vá á sacar el mejor par-
tido dará un Empuje Vigoroso á todos los resortes de su Economía
y ganará un ascendiente mercantil sobre la misera España, tan po-
deroso, q* no habrá poder para destruirlo. No solo esto; tendrá tam-
bién todos los Gajes de verdadera propietaria de esta America, y
algo mas, porque disfrutando de un Com** libre, que es lo aprecíable
de una Conquista (según dejamos dicho) no tendrá que tomar parle
en los gastos de su conservación, que es el onus de los Conquista-
dores. Esta proposición es tan evidente, que un Celebre Político no
duda sostener, que debían despreciarse todas las colonias, á tal que se
pudiera conseguir solo su Comercio (a) ; Pero nosotros que no mira-
mos en la authoridad, mas q* la razón dicha por hombres de buen
juicio, no creeríamos esa paradoja política sino la Viésemos demos-
trada por los Franceses en el Canadá donde mantienen Colonias de
Indios libres para aprovecharse del Consumo que proporcionan,
dejándoles el cuidado de guardar el País contra los Enemigos.
Aora pues, recordemos aquel principio, de que con diferente mo-
tivo hicimos uso en otra parte de este discurso, á saver, que las Po-
(a) B. Wahd, Proyecto económico. Cf. Cabrera, Crisis política, III : Ratmal, Uist.
Phii Vni. f^V. E.).
UNA REFUTACIÓN INÉDITA ai
tencias no son grandes sino relativamente (a), y viendo quanto pierde
España por todo aquello de que se priva, y por todo lo que dá al
Estranjero, por todo lo que ella se abate, y se elevan los Estraños»
por lo que se imposibilita para perfeccionar sus jenerosos designios
conei tirano de la Europa, por los males consequentes que experi-
mentará su Comercicf en lo succesivo, finalmente por lo que el nuebo
systhema contribuye á debilitar sus fuerzas arto agotadas, y alejar
hasta la esperanza del restablecimiento ; se conosca con quanta ra-
zón dijimos, que el Comercio de la Estranjeria es nocibo para la Me-
trópoli en todos tiempos, y en el actual su ruina,
Pero ¿ Que importa ? responderá allá del otro lado de este gran
Rio algún injenio felice tenemos hecho los Americanos (8)&'.; ó
preguntas de ignorancia y Egoismo ! ; ó preguntas, borrón eterno
de nuestras luces ! Vosotras no debierais ocupar una linea en las
paginas de un discurso que es consagrado á la Patria por sus verda-
deros hijos ; Pero, con todo para que vuestro veneno mortal y pes-
tifero no se derrame sobre el Corazón de los incautos vamos á con -
testar con la brebedad posible.
Hemos hecho los Americanos, se dice. Si esta pregunta fuera de
un Estado independiente, sin duda que era mui poderosa ; pero
siendo quien la hace un Establecimiento, y á quien la dirije, su Me-
trópoli ; Acaso no hay una cosa mas pueril y mal sonante (sapit hc-
resim) (6). Tenemos esa obligación, no de mantener, si de preferir al
artesano y Comerciante Español, para q* de este modo se fomente la
industria, resuelle el comercio, floresca el Estado, la Nación recobre
su grandeza, y seamos felices, no solo por la diferente figura que
haremos en el Orbe politico, sino también por la abundancia que
(a) Wau>, obra citada. (N. E.).
(5) Hemos YÍsto un papel que se titula RepresenUcioa del cuerpo de hacendad* por el
Com* libre donde entre otras concideraciones se propone la presente, que nos parece mui
frivola.
(6) El solo hecho de citar una fórmula inquisitorial en tales materias revela lo incu-
rable de la situación política por otro remedio que la emancipación. (N. E.).
as ANALES DE LA BIBLIOTECA
derramaran aquellas fuentes donde quiera que alcanze su benéfico
influjo. Asi como el buen hijo tiene un deber de contribuir 4 los
Engrandecimientos de la Madre aunque sea. con algún perjuicio.
Alguno que piense como el Autor de la pregunta creerá que esto
es un absurdo porque en sus ideas mesquinas no cabe tan jeneroso
pensamiento como perjudicarse en favor de otrd ; pero consuélese su
Egoísmo al contemplar que ese por quien algopadesemos es el mis-
mo que con sus brazos, con su sangre y sudor está manteniendo el
trono y la independencia Nacional. El pelea por nosotros, y lo hará
siempre que sea preciso (a). Que en él recae la obligación de mantener
las plazas guarnecidas, las fronteras en Estado de defenza, la Marina
lista, la Justicia administrativa sin gravamen, el ramo de Hacienda
bien servido, y garantida nuestra seguridad contra las tentativas de
toda Potencia estranjera, y asi no será mucho, q* en pago de tanto,
hagamos nosotros el sacrificio de preferirlo, aunque sea pagando
mejor su trabajo que el de manos no conocidas.
2* pregunta ¿ Hay Ley que me obligue ? &* Mucho ignora quien
está todavía en semejante duda. Todas las Naciones se han visto pre-
cisadas á excluir de su Comercio ciertos artículos los quales por esta
razón se llaman de Contrabando. Entre unas la prohibición es
absoluta, y entre otras condicional. Aquellas no permiten queeijenero
excluido se compre ni venda en su territorio. Estas lo consienten
bajo unos derechos tan subidos, que el Negociante no puede expen-
derlo, sino a un precio insoportable.
Supóngase pues, que Inglaterra prohibe de cualquiera de estos
modos la introducción de paños Españoles,'y que el Español deseo-
so de darles salida asoma alas Costas Inglesas ofreciendo aquella tela
por un precio mui moderado y aun inferior al de fabrica Nacional.
El Govierno seguram^ que no se dejará deslumhrar de la aparente
combeniencia que ofrese el Español, pues es demasiado observador,
p* incurrir en Errores tan groseros, y asi tan lejos de ceder; redo-
(a) {Valiente argumento para Buenos Aires, á raíz de la doble experiencia de la con-
quista inglesa y reconquista criolla! (N. E.).
UNA REFUTACIÓN INÉDITA a3
blará su Zelo para que los Paños no entren al Reyno, ¿ seria bien
visto, sería racional, seria tolerable quando menos, que un Milor
sejijunto grítase desde su Gabinete preguntando como aqui sucede
¿ si habia Ley tan dura que le obligase á comprar por quatro, lo
que puede lograr por Uno ? Nosotros somos seguros de que en el
instante mil politicos mas patrióticos ó filantrópicos contestarían. Si
malvado. Esa Ley se baila inserta en el pacto social. Es la base de
nuestros adelantamientos, y el bien general exige que se sufra ese
pequeño incomodo de q* te quejas, porque no se arruinen nuestras
fabricas, porq* no perescan sus Dueños, porq'no pierda el GoV" los
caudales inmensos que le proporciona la extracción de paños, la in-
troducción de lanas, tintes, &". Tu debes adorar el Ad"* que te apues-
to en cituacion de hacer un pequeño sacrificio de tu combeniencia
privada al bien común, ó délo contrario no te daremos un lugar en
nuestra sociedad.
Otro tanto diria el Catbalan, el Andaluz, si el Andaluzpreguntase.
que Ley habia para obligarle á comprar por quatro en manos de
aquel, lo que adquirirla por uno en las del Bretón. Lo mismo el
Yizcayno, el Aragonez, si este se quejara de que solo le permitían
comprar por quatro el fierro de Vizcaya, quando el sueco le daba el
suyo por Uno. y en fin, si la pregunta prueba lo que nuestros An-
tagonistas quieren, todo comercio debe hacerse sin mas medidas ni
restricciones que la combeniencia del que compra. Pero ; que dis-
tantes están de pensar asi los Politicos de Europa !
3' Pregunta. ¿ Hay Padre tan bárbaro, &■. Exmo Señor Yo no
sé como este Apostrofe ignominioso para la fidelidad de los Ameri-
canos pudo escribirse en B' Ay* ? ¿ Donde estamos ? ¿ Con que según
eso, el bárbaro femando 7** tiene sujeta esta porción escojida de
Vasallos, que nosotros constituimos á sufrir una cruel depredación
para engrosar el caudal de nuestros comerciantes de Europa ? ¿ Con
que este es el Yugo suabe, la dominación preciosa, por quien la Ca-
pital á vertido la sangre de sus hijos ?¿ Esta es la sociedad que consti-
tuyen el Español Europeo, y Americano ? Estas son sus relaciones? . . .
a4 ANALES DE LA BIBLIOTECA
Gracias á la suerte. Nosotros sin duda estamos en el dia del desenga-
ño, puesvemos hoy verdades, que no conocieron nuestros mayores.
De lo expuestose podra inferir que la causa del Amigo del Extran-
jero, ó bien se concidere ofendiendo con sus razones, ó bien defen-
diendose de las nuestras es siempre débil, y no solo débil, sino
escandalosa, mas que escandalosa, subersiba del buen orden y feli-
cidad publica. Mucho hemos dicho para lo que se necesita, pero
todavia alargaríamos la pluma siquiera para tocar por encima mul-
titud de ideas que se agolpan en este instante disputándose la prefe-
rencia en presentarse sobre una palestra en que tanto se interésala
felicidad de la Patria. Pero ya es tpo de acercarse á observar sobre
el teatro que presentaría la America una vez puesta en manos del
Estranjero. Pesado es el Telón ; Pero él ha de correrse p' que
nuestros compatriotas vean en su verdadero punto lo que es el Co-
mercio libre.
Si es verdad, q* el Virreynalo de B* A'f es una parte integrante
de la Monarquía Española ; si es verdad, que somos una Colonia de
ella, un Establecimiento, ó una Provincia, que á nuestro proposito
es lo mismo, no tiene duda, que habiendo demostrado quanto es
nocibo á la Peñinsula el libre Comercio con la Extranjería, hemos
probado también lo mucho que nos daña á nosotros mismos. A la
manera, que en el Cuerpo humano, herida la cabeza, se apodera un
general desconcierto de todos los miembros, ó dañado uno de estos,
al instante el resto siente los malos efectos de la corrupción ; Pero
por quanto se á querido hacer una distinción entre España y sus
Americas, y porque se ha creido que Buenos Ay' puede ser feliz, sin
que lo sea la Metrópoli, influyendo acaso en tan peregrina creencia
el ver separado el uno de el otro Emispherio, y no reparar en el lazo
político, q* los identifica, por eso queremos examinar la question
bajo unos principios absolutam*' diversos de los que nos han diri-
jido hasta aqui. Un recuerdo general de ciertas propociciones, que
son los elementos de la Economia Civil, nos abrirá paso al primer
discurso.
L.NA REFUTACIÓN INÉDITA a 5
Sentemos pues como basa fundamental que el Comercio tiene dos
conceptos, unopolitico, y otro Mercantil. El primero mira solo al
bien del Estado. El segundo al de los particulares. Este consiste en
comprar barato, y vender caro. Aquel, arreglar el cambio de las
producciones propias, de tal manera que se extraiga todo el sobrante
de ellas, y entre solo lo preciso para satisfacer nuestras necesidades,
empleando en esta alternativa los brazos útiles del Estado. Hay por
lo tanto Comercio, que siendo utilisimo al Vasallo, es la ruina déla
Nación. Nosotros tratamos aqui del Comercio bajo la segunda consi-
deración, como que es la mas importante para el Estado; pero todavia
esto no basta. Combiene advertir, que el Comercio politico puede
hacerse entre los Pueblos de un mismo Reyno, y entonces se dice
externo, ó bien entre dos Naciones diferentes, y se llama externo
pasivo^ quando solo tiene por objeto comprar y vender dentro del
propio Pais, y activo quando sus ¡eneros y producciones se llevan
fuera por Mar o por tierra. El Comercio con la Extranjería por
quanto promuebe el Canje y exportación de nuestros frutos (aunque
de un modo perjudicial á la Marina Nacional) puede tomar este
título, estaremos también en las consequencias.
Mas para que el Comercio activo sea útil, no basta que facilite la
extracción de las producciones propias, pues sin extraer puram^
concistirá el secreto de aumentar las riquezas de un Pueblo, con
dejarlo sin tener que comer, seria felicisimo. La verdadera utilidad
conciste en los buenos reglamentos y en el calculo de lo que perju-
dica, ó combiene.
En general, combiene á todo Pais la extracción de sus frutos,
pero si es excesiva como sucede quando concluido el sobrante, se
echa mano del necesario, entonces sirve de mucho perjuicio. La
hambre, la carestia, la peste, la despoblación podrían ser los efectos
de un systhema tan imprudente. Combiene tener una comunicación
mercantil con las Naciones Estrañas; Pero si en esto. lejos de ganar
se pierde, entonces no combiene. Finalmente, aunque los Imperios
deban su prosperidad al Comercio, el Comercioes perjudicial, quan-
•j6 anales de la biblioteca
do promueve la extracción del dinero en especie, quando impide el
consumo de nuestros artefactos, favoreciendo el de los Extranjeros;
y qdo nos hace deudores de estos ; con que para afirmar que es útil
el Comercio libre de America con la Estranjeria, debe ante todo mi-
rarse mui bien si tiene ó no, alguno de estos incombenientes. Vamos
pues ala prueba.
Se á dicho que es perjudicial el Comercio quando promuebe la
extracción del dinero. Esto es evidente. El dinero destinado á re-
presentar universalmente las riquezas, es un signo que lo suple todo.
y que colocándose en lugar de lo que cada Ciudadano necesita, fa-
cilita indeciblemente el Canje de las Especies ; De este modo, un
Pueblo que reducido á simples permutas de jenero y jenero solo
haría veinte contratos en una semana, y con el dinero hace nove>
cientos, porque tanto como es difícil tener siempre yo lo que otro
necesita, y este lo que yo, tanto con el dinero que todo lo representa
es fácil hallar en primera mano quien me saque de un apuro dándo-
me por un pedazo de paño V. g, una moneda con la qual puedo yo
comprar pan carne y azeite para mi alimento ! De esta rapidez de
los contratos salen los aumentos del comercio, el de los artefactos;
De el de los artefactos, el de las primeras materias, y de este, el de
la Agricultura á quien se prefiere. Por eso Ja construcción (a) del din*
sin ser cosa que se come ni se vebe (8^") es tan combeniente al Estado,
como nocibo el perderlo.
Pero a mas de esto, el dinero sirve para vivificarlas Artes propor-
cionando buenos premios á los que las cultivan, sirve para aumentar
el crédito mercantil de la Nación, y sir>'e sobre todo para cimentar
la tasa del interés, porque el din*" comerciable como la seda, el Algo-
don y otros efectos, sufre á par de ellos las visisitudes del precio ;
quando hay muchos que lo compren, y pocos que lo vendan crece el
interés, que es su precio, y al contrarío baja quando está vice versa.
(a) Sie ¿por conservación? (N. E.).
(8^'*) La frase del papel aatecitado.
UNA REFUTACIÓN INÉDITA 37
La baja produce un efecto marabilloso, qual es la multiplicación
de especulaciones y la major utilidad que estas dexan al Comer-
ciante. Se multiplican los ensayos, porque habiendo quien dé capi-
tales á un premio moderado todos emprenden, y queda mayor utili-
dad al Comerciante, porque tanto comohaorra en el premio pagan-
dolo un uno ó un dos por ciento menos de lo frecuente, tanto rebaja
en el principal con que jira y aumenta en lo que gana.
Pongamos un ejemplo. Si Pedro emprende un negocio con mil
pesos tomados á premio de quatro por ciento, y Juan con otro tanto
que solo le cuesta el dos, Juan respecto de Pedro lleba un dos por
ciento de utilidad cierta. Seguramente, pero no era preciso haber
dicho tanto para probar una proposición evidente, pues con
decir que es el único centro de todas las Operaciones Económicas,
el gran cuidado de las Naciones que actualm*^ pueden dar leccio-
nes á la America, y el principio de su engrandecimiento á no ser
unos preocupados, creeríamos que importa tener dinero ; pero nues-
tros Políticos abusando de los principios se han empeñado en per-
suadir lo contrario, p* que asi sea mas franca la comunicación con el
Estranjero, mas segura sea su ganancia, y mas cierta nuestra ruina.
Es verdad Exmo Señor, que el dinero en llegando á pasar de cier-
ta linea causa en el cuerpo poh'tico, lo que en el natura) una píente-
ría (a). Los vasos redundan, la circulación se entorpece, y todos los
miembros adormecidos caen en un Embotamiento, que semeja
mucho á la muerte ; pero tan fatal estado es por lo común efecto de
una obstrucción perfecta en la que no podrá incurrir la América
mientras tenga un solo Pueblo de España, con quien hacer el
Comercio. Logrará salidas proporcionadas al acresentamiento de
sus caudales, conservará la parte de estos que necesite para sus
urgencias, y se deshará del exceso, no para prodigarlo en aumentar
las fuerzas de los que mañana vendrán á conquistarnos, sino en
nutrir los miembros debilitados de la Madre Patria.
(a) Quizá el original dijera pletorioy sinónimo anticuado de plétora. El argumento pa-
rece lomado de Campomanes, Apéndice^ IV. AlU se dice «apoplexia ». (N. E.)
98 ANALES DE LA BIBLIOTECA
Tal es el primer aspecto que presenta esta medalla. Veamos el
reverso. Abierto un canal de extensión inmensa para que salga
nuestro dinero, es evidente que Uegaria el caso de hallarnos sin una
moneda, pues como dice el adagio cierto. De los finitos, donde se
saca, y no hay reintegro, es forzoso que se llegue al termino (9).
Por esta razón se á dicho siempre y es accioma en la materia, que
una Nación teniendo contra si la balanza del Comercio se arruina
irremisiblem** á no ser que aumente su Comercio activo para que
la introducción de nuebos tesoros repare aquellas perdidas . Prohi-
bir la extracción del dinero es un arbitrio vano aunque se apure
para ello el Cathalogo de las penas. Los Extranjeros tienen demasiada
codicia, demasiada necesidad, y demasiado aliento para privarse
de ciertos lucros por peligros inciertos. Primero procurarán eludir
la Ley en la misma llabe que les cierra la Puerta, y quando no
puedan conseguirlo, que será mui raro, se valdrán de mil ardiles
para sorprender la vigilancia del Gov**. Pero á proporción de estas
dificultades será el premio que pidan á los nuestros por extraerles
su dinero, y asi lejos de disminuirse, hade ser mayor la perdida
del Estado, que es el Yunque donde paran unos golpes tan crueles.
Por lo tanto, no nos queda mas recurso, que aumentar el Comer-
cio activo según se dijo antes. ¿Pero como se hará este milagro ?
Nosotros no tenemos fabricas, no tenemos primeras materias capa-
ces de servir para el efecto sino de dos clases, y aun estas cuando se
abran para la Inglaterra los Puertos de Rusia, no serán mui apre-
ciables contrayendonos al Estado presente. ¿ Hay hombre tan pre-
suntuoso ó tan fatuo que se haya lisonjeado inclinar á su favor la
pesada valanza del Comercio de Inglaterra solo con el cuero y sebo
que dá la Prov* ? ¿ Habrá quien crea posible contrarrestar los in-
gresos.de un cargamento rico en poco volumen, con otro pobre y
voluminoso en extremo ? ¿ Habrá quien se persuada seriamente
(9) La Jamaica, el Brasil, y una parte de la costa de Caracas son testigos fieles
pero terribles de esta verd'.
UNA REFUTACIÓN INÉDITA 39
de que un Ingles exportará una sola ocasión tanto como introduce ?
Esto es soñar la felicidad, y no ser felices.
Los Ingleses Exmo Señor desembarcarán veinte, y sacarán
uno. Si se les manda traer Buques en lastre para concluir los retor-
nos, es abrirles un nuebo sendero para que hagan el contravando á
su gusto, ó exponer las ordenes del Gov^ á una vurla, y si no se les
manda, al paso que se pretende hacer un comercio activo, ventajo-
so, un Comercio cuya valanza sea favorable á nos otros que es decir,
un Comercio donde no salga el oro de las Minas del Perú, es pre-
tender que en Barcos iguales se haga con cueros el retorno de un
cargamento de Olanes. Si esto es posible, será posible el Comercio
activo de la America en las presentes circunstancias ; pero si es un
absurdo, y absurdo muy remarcable, será lo que pretenden los
Amigos de la gran Bretaña.
El dinero saldría sin poderlo remediar de todos los resguardos
del Mundo, y progresivamente se veria reducida la Prov^ á cambiar
paño por carne, como se permutaba no á mucho en el Paraguay
el tabaco por el pan. Esta cituacion verdaderam*' miserable lo será
mas por la extracción mal calculada de frutos, pues no bastando el
sobrante para satisfacer las demandas siempre cresidas del comer-
ciante, ocurriríamos al necesario, y cuando por un arranque de la
mayor imprudencia, lo hubiésemos entregado todo al Extranjero.
Entonces abriríamos los ojos sobre nuestra propia miseria, pero no
habria mas consuelo, que deplorarla.
Parte de este pronostico se vio aqui realizado quando los Buques
Ingleses admitidos al comercio por la ilustre Junta de obserbacion
empezaron á preparar sus retornos en marquetas de sebo, único ar-
ticulo á que se contrajeron despreciando la peletería, pues llegó á
tanto grado la escases de aquel articulo, que aun pagándose al pre-
cio desconocido dei5, 16, yiyr^en rama, nadie podia conseguir-
lo para los usos comunes. Los Ganaderos, incitados por la codicia,
tocaron todos los resortes posibles para promover la abundancia
(aunque su objeto fuera muy distinto). Pero ni con haber destroza-
3o ANALES DE LA BIBLIOTECA
do inutilm^ millones de Bacas y Novillos pudieron conseguirlo
¿Que prueba mas evidente de que aun no estamos en estado de pen-
sar con grandeza? Los Pueblos, asi como los particulares deben
atemperarse á sus fuerzas. Si un hombre gana quatro y gasta seis
precisam** se arruina. Lo mismo le sucede al Pais que produce dos
y quiere extraer ciento. Por eso, en Inglaterra, allá en aquella Isla
donde á sentado su precioso trono el Numen de la Economía,
mientras de una parte se vé premiada la exportación de granos, de
otra se obserba rigorosam^ prohibida. Se premia hasta cierto punto,
y en habiéndolo tocado, se prohibe. Esto se llama calcular lo que
perjudica ó combiene. Esto averiguar las fuerzas del Estado, y pro-
porcionarle una carga que ni lo abrume, ni lo debilite.
Pero ¿ Qual de nuestros Políticos se á tomado el trabajo de en-
trar en semejantes averiguaciones ? Ellos piden la extracción, por-
que han oido que esto combiene; pero no saben, que todo en este
Mundo tiene dos caras. Una buena y otra mala, y que la habilidad
conciste en no confundirlas, porq* entonces aun la buena se hace
mala. Piden que se promueba la saca de nuestros frutos necesarios,
sin haber calculado qual es su sobrante, ó sin advertir que puestos á
negociar con una Potencia que está en el mayor auje, entraremos
en la lucha de un Niño con un Gigante ; es decir que nosotros redu-
cidos á primeras materias, y estas ni tan abundantes como se figura
el hacendado, que nunca salió de su Estancia, y los Ingleses á una
multitud de artefactos valorosos quando mas contrarrestaremos por
un instante el violento descenso de su valanza, pero luego debilita-
dos en proporción de lo extraordinario de aquel esfuerzo, caeremos
en un deliquio mortal.
Las haciendas serán despedazadas con aquella barbarie propia de
nuestros Pastores, la qual con ser muy grande, será mayor todavía
estimulada por la ganancia. Ni grande, ni pequeño, ni Baca, ni Buey,
ni Novillo, habrá que respete su Zana. Todo caerá bajo el brazo des-
tructor del gaucho para utilizar el sebo, que es lo único que valdrá
en el Mercado.
UNA REFUTACIÓN INÉDITA 3i
Esta no es una pintura antojadiza ó arbitraria. Sus rasgos ya se
dejan traslucir en nuestros campos por una diminución muy sen-
sible de los Ganados ; mas el hombre poco observador, que solo
fija la atención en la superficie de las cosas, no se detiene en unos
resultados de tanta importancia. Su anteojo no pasa del diaen que
vibe. Lo futuro se le presenta fuera del punto de vista, y asi lo con-
funde con lo imposible. El solo sabe que tiene haciendas ; que si
mata y vende caro, ha de ganar. Esto le basta para formarse un
juicio decidido y pronunciar con Magisterio : luego combiene intro-
ducir un systhema que no deje Animal en pie. Muera todo, todo
salga. Engroze yo mi bolsa por esta semana, que la tierra está pro-
duciendo Bacas.
¡ Infelices hacendados ! Vosotros sois la victima de un engaño
muy funesto! Haoraq'' tenéis que matar, tenéis que vender. Quan-
do no haya lo primero, faltará el segundo. Haora que por fortuna
se conserba algún dinero, hallareis quien los pague bien los frutos,
en faltando apenas tendréis zarasas paños y otras manufacturas de
Inglaterra para hacer un mal canje; pero lo que allí no se fabrique,
en ninguna parte habéis de encontrarlo. El Ingles siempre astuto
os está cebando con el aparente brillo de la ganancia ; os alucina
con la baratez de sus efectos; pero no sabéis, que pronto recojerá lo
que á sembrado. No sabéis que quando se haya echo Dueño abso-
luto de nuestro Comercio quando no haya quien le dispute ni la
venta ni la compra, establecerá el Monopolio más infame, y vos-
otros seréis sacrificados. No, No lo sabéis, amigos, pero abrid los
anales de la India, los de Holanda, y Portugal. Abrid la historia de
Inglaterra comerciante, y temblareis al ver escrito en letras de dia-
mantes, que los Americanos del Sur han dejado de ser felices, y
debéis aumentar el numero de aquellos miserables.
¡ Ojala, que nuestras declamaciones Jueran hijas del interez, y no
de la verdad ! pero con dolor lo decimos, nada hay tan cierto coma
que está decretada la perdición del Virreynato. Su Pastoría será
destruida. Sus minas saqueadas. Su comercio reducido á la nada»
3a ANALES DE LA BIBLIOTECA
que solo sirva para recordar los días de nuestra pasada opulencia...
La pluma se cansa, y la imajinacion se hastia de ir asi rodando de
mal en mal, de miseria en miseria, y de desgracia en desgracia ;
pero es preciso armarse de fortaleza como el buen cirujano que
pierde la comiseracion en el acto de cortar un brazo para salbar al
mismo que martiriza.
Dijimos antes, que era también perjudicial el Comercio que des-
truye la industria del Pais, favoreciendo la del Estraño. Que la pro-
posición sea cierta, no podrá dudarlo quien á visto en otros pasajes
de nuestro Escrito quanto se dan la mano la industria, la agricul-
tura, el comercio y la felicidad del Estado; conque solo resta apli-
carla á nuestro asunto, demostrando q* la industria de la Prov* vá
a ser aniquilada apenas se abra al Estranjero los puertos de B' Ay*
y Montevideo.
Este empeño no es diGcil. Y. E. sabe que el activo Ingles Ueba
por máxima fundamental destruir en todas partes la industria, y el
Comercio de todas las Naciones Estranjeras, y que para conseguirlo
no perdona medio ni sacrificio, aun quandolas ventajas de tan cruel
política ó no sean ciertas, ó solo sean remotas. ¿ Que no hará pues
para despedazar nuestros pequeños telares, quando vea que ellos le
quitan parte de las ganancias, que le impiden ser Dueño absoluto
del Pais, y disponer á su antojo de nuestras necesidades ? V. E. po-
drá inferirlo por estos pasajes.
I"* Conociendo la gran Bretaña q*" no le conven ia hacer á me-
dias el Com"* de la India con los Holandeses, tentó varios medios
de aquellos q* con frecuencia suele sufrir el Maquiabelismo de
una Corte, que todo lo mira á la luz de una ganancia y viendo que
nada bastaba, se decidió por fin á entrar en una especie de jiro que
no. conocian ni sus mismos Comerciantes. Todas las expediciones
destinadas á la India salían con animo hecho (y lo cumplian) de ven-
der al 5o Yo ^^ perdida sobre principal de fábrica ; De forma, que
dando los renglones mas baratos, que quantos concurrían al mismo
mercado, ellos solos hallaban comprador, y el Holandez espectador
UNA REFUTACIÓN INÉDITA 33
de esta scena rara , se veia constreñido de arruinarse perdiendo en
las ventas, ó de volberse á sus Puertos si^ haber hecho nada. En
qualquiera extremo su ruina era evidente, y asi tomo el partido de
ceder el campo á sus ribales. Pero estos, apenas el barómetro mer-
cantil anunció la victoria, recargaron tanto las mercancías, que en
brebe quedaron recompensadas las perdidas con un céntuplo de
utilidades.
2*" Habiéndose erijido en Chemnitz de Saxonia una fabrica de
telas de algodón, conocieron los Ingleses que los progresos de ellas
podian perjudicar á su Comercio, y aunque el mal nunca llegaría
á ser demasiado, atento tan pequeño orijen decretaron su ruina por
el año de 8o3, y en la ieria de Lipsia celebrada entonces, vendieron
por mas de cien millones de r* en telas de algodón á un treinta y
cinquentap' % de perdida. De este modo los fabricantes de Chemnitz
fueron forzados á perder de sus principales por expender algo y de-
jar seguidam^ el telar por no verse perdidos. En España sucedió lo
mismo, aunque por medios distintos con una fabrica de bayetas
que se abrió en Sevilla, con otras de lata de Alcalá, con otra de
paños de Guadalajara, y ñnalm^ con todas las de Cathaluña, que
iban ya poniendo en descrédito al romperse la ultima guerra (a).
Quando nosotros recordamos unos echos, que por lo extraordi-
nario han llamado la atención de la Europa, sirviendo su propio
vulto para su notoriedad, no podemos menos q" celebrar la ori-
ginal ocurrencia de un político, q* habia discurrido gravar con
doce y medio por ciento los dros del circulo, los efectos Ingle-
ses de fabrica ; semejante á los nuestros para impedir (decia) que
entren aquellos, ó entrando, que perjudiquen la venta de estos ; pero
el infeliz ignoraba, que con perder doscientas mil libras Esterlinas
(a) Toda esU argumentación de circunstancia es un tejido de falsedades y absurdos.
Véase en Colukibo« Historia de la economía, II, lxtiii, las causas de la ruina industrial
de España. Las fábricas citadas vivían del tesoro, y la de Guadalajara, especialmente « vino
Á ser un gusano roedor de la hacienda pública y dio muy escaso fruto », sin que tuvie-
ran parte en ello los ingleses. Por lo demás, asi su director (Riperdá) como sus opera-
rios eran holandeses. (N. E.).
AHAUn DB L* BIBUOTKGA. — T. III 3
34 ANALES DE LA BIBLIOTECA
estaba hecho todo el gasto, y que la Inglaterra no solo compra-
ría nuestros Ponchos, je|gas, mantas ó sobre camas de Chile, coto-
nías de Mojos, &". para quitar deraiz esta semilla, sino que Envene-
naría también á los mismos fabricantes como se vio en Guadalajara
con el Director de la fabrica de paños que dejamos citada.
Nosotros, que hemos visto hasta lomillos y caronas trabajados ea
Londres después de la invacion; Hemos visto Ponchos y tenemos no-
ticia de que fabrican hasta Estribos de palo, cinchas y otros artículos
semejantes. Los Inglezes no hande quedarse con ellos ; pues no los
consumen. Tampoco dejarán de traerlos, porq^ su codicia es ex-
tremada, y saben que estos renglones dejan lucro, con que deben
exportarlos, y deben introducirlos dentro del País, ó por alto como
es tan frequente, ó pagando el doce y medio por ciento ; pero con
protesta de reintegrarse muí á costa del pobre Americano, á quien
sobre arrancarle el din"" le quitan también la industria. Y ¿ Que será
entonces del Gordoves, del Santiagueño, del Tucumano, del Para-
guayo, del Cochabambino, &*. &*. P ¿ Que será de esas numerosas
familias á quienes el telar facilita un entretenimiento lucrativo y
honrrado P ¿ Que de esa caterba de infelices que pasan la vida bene-
ficiando la suela y constituyéndola en aderezos de montar P Todos
perecerán en la indijencia ; sus casas serán sus tumbas, y sus telas
el habito con que bajen al sepulcro. ¿ Pero que importa, dirá el ha-
cendado. Yo tendré un recado barato, un poncho, un lazo, unos
estribos ; . . . ó torpe Egoismo ! ó barbara ignorancia I á que males no
expone la misera humanidad I Y vosotros. Políticos desgraciados,
nacidos para la destrucción del mas bello Pais del Universo, mirad
aqui un ejemplo de que no está la felicidad en comprar barato y
vender caro, sino que hay caro, barato, y barato mui caro.
Tal, como el de los artefactos Inglezes, que dejarán sin ocupación
á un millón de brazos, que abismarán en la desdicha multitud de
familias, y que por decirlo pronto, combertiran la America en un
espantoso desierto. La Población huye de los lugares donde habita
el ocio, y acabado el embrión de nuestra industria, ocio y ocio
UNA REFUTACIÓN INÉDITA 35
eterno será el Numen de la America. Estos pues serán los resulta-
dos de un trato libre con la Estranjeria.
El Comercio de la Metrópoli reducido á un estado de absoluta
nulidad. Sus ejércitos privados de socorros, y abandonados ente-
ramente á su desgracia. La America privada de su riqueza, y des-
pojada hasta de la esperanza de volber á ser dichosa. La Nación en
general abatida» y ensalsados sobre su ruina los Émulos de su indus-
tria; en una palabra, de su engrandecimiento. Pero tantos males
podrán al menos soportarse p' la necesidad en que nos hallamos, y
por el lucro que van á dejarnos P Es la tercera proposición de que
nos hicimos cargo de examinar, y que efectivamente discutiremos
antes de cerrar nuestro discurso.
Que los males dejan de serlo quando producen verdaderos y ma-
yores bienes; Que el buen político debe en tal caso abrazarse con
ellos, es un principio evidente. Que nosotros padesemos infinitas
privaciones. Que el herario se halla exausto. Que la fuerza armada
absorbe las rentas publicas, y no es posible perderla de vista ni
disminuirla... También son unosechos que solo pudieran negarse
en los delirios del scepticismo ; pero no es tan averiguado como se
presume, que el remedio de estos paracismos sea el Comercio libre.
Antes bien por el contrario opinamos, que no siéndoles perjudi-
cial, será quando menos inútil. Porque si se trata de reparar con sus
productos el defalco de la R* Caja para conseguirlo, debe V. E. y
los Autores del pensamiento haberse lisonjeado de un imposible,
qual es sin duda, que todos los Cargamentos Ingleses paguen con
exactitud los dros que adeuden. Lo harán ciertam^ aquellos que
se introducen por la R^ Aduana. ¿ Pero quantos serán estos todos?
No ExmoS""' será de cada veinte, uno. Los restantes aprovechando
sin el peligro que antes lo largo de una costa, que en todos puntos
es accesible á los Buques menores, aprovechando las relaciones que
podran tenerse abiertam** con los consignatarios, con el resguardo
terrestre ; mas brebe, con la falange inmensa de contrabandistas
que inundan la Prov", lograran á salvo esparcir sus mercaderías
36 ANALES DE LA BIBLIOTECA
sin mas dros que los que se paguen á los cómplices del delito.
¿Quien podrá impedirlo P ¿La tropa, los Dependientes de Rentas,
los Zeladores públicos ? Exmo S""' nuestra pluma no se á cortado
para herir en ninguna forma el pundonor de nuestros combecinos,
pero para dar una respuesta satisfactoria á esas preguntas. Invoca-
mos la experiencia, tal vez que V. E. perdiese cualquiera Esperanza
fundada en aquel recurso, ó será el rigor de las Leyes y el temor del
castigo P Todo es bien poco para retraer al hombre de buscar la
ganancia donde sabe que está segura. ¿ No vemos millares de hom-
bres correr todos los dias á ponerse debajo de los Estandartes de la
muerte con la misma alegría, que si fuesen á un convite, solo por
ganar una peseta diaria, y á veces la mitad menos P Pues bien, ¿ Que
no harían entonces los hermanos de estos mismos quando vean que
el premio de su Osadia será un tres ó un quatro por ciento de ga-
nancia sobre el principal de factura y gastos? También acerca de
este punto podíamos consultar la experiencia, y con solo ver en lo
que vino á combertirse el Comercio de Ensayo, sabríamos lo que ha
de suceder en el libre. O diremos que han variado los tiempos, que
los Ingleses son de otra pasta, que los Portugueses, oque existe bao-
ra algún fantasma el qual, levantado sobre la torre de ese Cabildo,
alejara á gran distancia de la Ensenada de los Quílmes, de las Con-
chas, délos Olivos, &■, &■, los Buques contrabandistas. Pudiera ser
esto muí bien, pero los Ingleses ya no creen en Vampiros.
Pero si creen, q* el jenero introducido bajo los exorbitantes dros
circulo en el estado de abundancia que se halla la Capital (g**") no le
ofrece ventaja, sino perdida muí segura. Sabe, que el modo de com-
petir con el contravandista del pasado Gov*' es dirijirse por la senda
que abrió y dejó aquel bien trillada. Sabe, que permitido el Com"*
puede libremente aportar á qualquiera paraje de ambas costas, ya
pretextando necesidad de Aguada, ya falta de practico en el Rio, ya
un mal tiempo, ya la facultad de hacerlo á virtud del Comercio libre.
(q**^*) La abundancia déla cap' toca en un punto Kunca visto, p* en los Libros de la Adua-
nase hallará sentada una partida que acredito la introducción de los efectos que la inundan.
UNA REFUTACIÓN INÉDITA 37
Sabe que hoy ni reprendérsele puede por lo que antes merecía per-
der el Buque, y de todo infiere, q*' seria un Majadero si no aprove-
chase la oportunidad de dar un golpe Jino, Nosotros desafiamos la
sinceridad de nuestros adversarios á que respondan si esta refleccion
es hija del capricho, y si han soñado, que no será mayor haora el
Comercio de contrabando, que no el licito; pero entretanto dejando
que la experiencia nos justifique, aseguramos que los dros de intro-
ducción serán mui pocos para servir de alivio á la pesada deuda que
nos oprime.
Quitada asi la única figurada combeniencia del Com"" libre, nada
queda en el de embidiable para el Gov"" ; pero demos que en realidad
existiesen las ventajas, q*' á pintado el acaloramiento del hacen-
dado. ¿ No vale mas sufrir un poco? ¿ No vale mas invocar al patrio-
tismo de los fidelísimos habitantes de B' Ay' para queaccepten un
systhema de privaciones qualcombiene al Estado de la Monarchia ¡^
¿Nóvale mas persuadirle, que la Guerra es una calamidad gral,
y que pretender substraerse á sus males es un Egoismo, ó por fin,
no valdría mas cercenar el Num"* de Tropas, que abruman al
Erario ?
No ; responde la hipocresía. No ; que estamos en peligro. Una
combulcion parcial ajita el centro del Perú, Es preciso oponerse á
sus progresos, y esto solo puede hacerlo el Soldado... Bien está fie-
les Vasallos ¿Y esos síntomas funestos no serán aumentados con la
precencia del EstranjeroP ¿El Espíritu de rebolucion si existe no a
tenido su cuna en Inglaterra ? ¿ Desde allí no fué conducido en sus
Naves á B' Ayres ? Es preciso creerlo Exmo Señor. Nada bueno
pensaran entre nosotros, unos hombres que embidian la suerte del
Español ; que desean tener un Comercio mas estendido en sus Co-
lonias ; que perdieron las suyas con el auxilio de España ; que no
tienen Religión, ó la tienen mui contraria á la nuestra ; que no tie-
nen motivo para retraerse de la seducción ; que hacen alarde de unos
principios muy libres; y que hasta sus combersaciones indican el
Espíritu no recto que los anima.
38 ANALES DE LA BIBLIOTECA
Bien lo entendieron Nuestros Augustos Lejisladores, y asi se ve,
q* en la exclusión de los Estranjeros no solo procedieron por Zelos
de Com'' sino con el fin santo de conservar en su pureza la Religión,
que dichosam^ plantaron con su sangre, y preservar de novedades
políticas estos Reynos. Las Leyes 8, y g, tit. 27, Lib. g"" de Indias
hablan por nosotros sobre el particular ; bien que con haber dicho
(Ley I*, tit. 17, Lib. g"*) se prohibe el transito y establecimiento de
Estranjeros en America, se á dicho lo bastante para que un hom-
bre de mediana cabeza comprenda todo el Espiritude este precepto.
Luego tan lejos de conducir á la conserbas*"" de la Colonia, cons-
pira contra ella en cierto modo el (]om° de los Estranjeros. Esto es
tan evidente, q* no sabemos si el Gov*" se baria cargo de una respon-
sabilidad sobre los puntos indicados, aun quando no hubieran las
resultas que anunciamos ; pero sea de ello lo que fuere, bien com-
prendemos que en Época tan delicada, es quando debe redoblarse el
Zelo, apartarse las Ocasiones, y hasta la mas remota por causa de
algún movimiento. La Metrópoli se ve terriblemente atacada. La
suerte de las Armases Variable (a). La Guerra tiene sus vicisitudes
y ya hemos visto que unas veces parece váá zozobrar, y otras q*se ele-
va orgullosa sobre su propio infortunio, y desafia al Mundo á medir
la Espada con sus hijos, como la Nave en medio de la borrasca, q**
ya parece tocar en las Nubes, ya sumirse en los Abismos, ¿ Y quien
impedirá que se presente con destreza uno de estos momentos de
ilusión desagradable p' desalentar la constancia del Americano P Los
Estranjeros Exmo Señor sino son Enemigos, al menos son gente
Estraña,que no Ven en nosotros mas que el lado de lacombeniencia.
Esperémoslo todo de ellos, y temblemos si llega el caso... ¡Que des-
preciable será entonces para nosotros el triste fruto de sus cargamen-
tos I ¡ Que poco servirán los derechos del circulo para aliviar nuestra
miseria, y q* difícil será enjugar nuestras lagrimas con sus telas I
(a) Sabido es que con estas palabras principiaba la inümacióa de Liniers á Beresford,
antes de romperse el faego de la Reconquista: puede que se haga aquí aluúón á esa jor-
nada : el subrayado es del autor. (i\. E.).
UNA REFUTACIÓN INÉDITA Sg
Quando nos otros consideramos este peligro; quando miramos los
males efectivos q* van á resultar contra el Rey, contra nosotros,
contra la Metrópoli y la Provincia, creemos que el jen ¡o malo de la
Patria fue sin duda el Autor del Comercio libre, pues solo el Encar-
gado de perdernos pudiera presentar por fruto de largas meditacio-
nes un plan mas propio para conseguirlo. Pero al fin si no hay otro
remedio, dígnese Y. E. quando menos excluir del libre Com** el
Aguardiente Caña y todo fruto análogo á los del Paraguay y Haba-
na, cuyo abatimiento grande en el dia por la concurrencia deel Por-
tugués, vendrá á serlo mayor por la de todos los que pueden extraer
del Brasil y conducir á nuestros Puertos las mismas producciones ;
resultando de ello, que en tanto aquellos Establecimientos y poce-
siones de la Corona sufren todos los males propios de una Estagna-
ción general, estos que son de un potentado Estranjero. que perju-
dican tanto por su inmediación al Rio de la Plata, y que debiéra-
mos aniquilar si fuera posible por nuestra propia conbeniencia,
adquirirán nuebos grados de acrecentamiento sobre los muchos q^
les ha dado el fatal Com"" de Ensayo.
Los Paraguayos se ven casi sin Ingenios, y el Habanero si los
conserva es únicamente por el consumo que le facilita la Penínsu-
la. Con nosotros casi para nada cuenta, porque sabe que á duras
penas podemos con lo que introducen los Portugueses ; pero á poco
tiempo que excluidos estos ó gravado su Comercio de una manera
conforme á los Intereses de la Nación, se empezaron á mover y em-
biaron algunas Expediciones que se hallan en este Puerto y esa Ra-
da, al mismo tiempo que nosotros embiamos otras á los suyos, jus-
tamente persuadidos, de que no teníamos que sufrir la competencia
del Estranjero ; Mas haora vemos, que sucederá lo contrario, por-
que permitida la introducción de la Caña con un derecho mode-
rado (i o) volberán á verse infestadas las dos costas con los Buques
Portugueses, y Nosotros, cuyas Expediciones forzosamente serán de
(i o) Se asegura que de resultas del libre Gom* se les ha levantado el derecho municipal
j Patriótico.
A o ANALES DE LA BIBLIOTECA
mayor costo, tendremos que sufrir unos quebrantos tan subidos
como ciertos. Quedaremos de consiguiente imposibilitados para
emprender de huebo. Los Negociantes de la Isla se hallarán en el
mismo caso. Los Azucares volberán á estancarse, ó sentirán los efec-
tos de nuestras perdidas. El Agua ardiente no tendrá extracción. La
industria recibirá un golpe terrible en los dias de su combalecencia.
Tal vez morirá de la recaida, y asi se habrá levantado la felicidad del
Extranjero sobre la desgracia particular de muchos honrrados Co-
merciantes, y la general de un Comercio que interesa á la Corona
más de lo que parece.
No nos excedemos Exmo S"*'. Estos consiguientes tienen una
existencia positiva en la experiencia, y á que no sea en las reales
acciones mutuas de estos Establecimientos, y los del Norte; Con
que si Y. E. aprecia mas la prosperidad de ambos, que no la de los
del Brasil ; si los Comerciantes de Montevideo, aquellos cuyas Arcas
han estado y están abiertas á los conflictos de la Patria ; los que su-
perándose á si mismos derramaron sus caudales entre los recon-
quistadores de Buenos Ayres y los defensores de esta Plaza, los que
actualmente hacen sacrificios extraordinarios para socorrer á nues-
tros valientes guerreros merecen algún miramiento, dígnese darlo
á entender Y. E. con salbarlos del golpe que asoma sobre sus ca-
bezas.
Siquiera de este modo seremos consolados de nuestro dolor, y en
tanto, que el Ingles sebado en nuestra riqueza, se ocupe todo en
acabar la pobreza del Pais ; mientras activo y aneloso nos excluya
de todos los puntos enseñoreando los Mercados como dominaban
otro tiempo este Continente los Conquistadores del Nuevo Mundo ;
Nosotros tendremos siquiera el arbitrio de llebar carnes á la Habana'
(dejando este beneficio al hacendado del Sur) y retornar Azucares,
haciendo este bien al de la America del Norte. De otro modo nos
consumiremos en la inacción, y disipados los Caudales, que tantas
veces fueron el consuelo de la Madre Patria, irán á mendigar de ma-
nos del Estranjero, loque antes contribuyeron mas de cerca ácasti-
UNA REFUTACIÓN INÉDITA hi
gar SU orgullo ; bien que en medio de tamaño abatimiento, crea Y.
E. que nuestra pena no será tanta por vernos miserables, quanto
por ver aniquilado el Comercio de la Metrópoli, los tesoros de Ame-
rica, y la Nación hecba el ludivrio de sus crueles Émulos.
Todos los documentos transcriptos de la Colección Angelis llevan la siguiente
legalización, que una vez por todas reproducimos para constancia de su auten-
ticidad :
Copia de copia contemporánea existente na Seccfio de Manuscriptos da Bi-
bliotheca Nacional do Rio de Janeiro e pertenecente á Gollecc¿o Angelis. £*o N<*
319 do Catalogo especial da referida CoUec^o.
Copia extrahida para o Govemo da República Argentina, de accordo com a
autoríza^So constante do Aviso N° 355 de 16 de Abril de 1901, do Ministerio
da Justina e Negocios Interiores do Govemo da República dos Estados Unidos
do Brasil.
Antonio Jansen do Pago. Chefe da Secáo de Manuscriptos d*aquella Biblio-
tfaeca, fez esta copia fóra das boras do expediente, por encommenda particular
do Govemo da República Argentina.
E'o N". 31 da Relajo da encommenda.
Rio de Janeiro, em 3i de Deseinbro de igoi.
Anroiuo Jarse» do Paqo.
Visto.
Bibliotheca Nacional do Rio de Janeiro, i5 de Maio de 190a.
O Director
D' Manoel Cicero P. da Su^va.
ho ANALES DE LA BIBLIOTECA
mayor costo, tendremos que sufrir unos quebrantos tan subidos
como ciertos. Quedaremos de consiguiente imposibilitados para
emprender de ñuebo. Los Negociantes de la Isla se hallarán en el
mismo caso. Los Azucares volberán á estancarse, ó sentirán los efec-
tos de nuestras perdidas. El Agua ardiente no tendrá extracción. La
industria recibirá un golpe terrible en los dias de su combalecencia.
Tal vez morirá de la recaida, y asi se habrá levantado la felicidad del
Extranjero sobre la desgracia particular de muchos honrrados Co-
merciantes, y la general de un Comercio que interesa á la Corona
más de lo que parece.
No nos excedemos Exmo S''^ Estos consiguientes tienen una
existencia positiva en la experiencia, y á que no sea en las reales
acciones mutuas de estos Establecimientos, y los del Norte; Con
que si V. E. aprecia mas la prosperidad de ambos, que no la de los
del Brasil ; si los Comerciantes de Montevideo, aquellos cuyas Arcas
han estado y están abiertas á los conflictos de la Patria ; los que su-
perándose á si mismos derramaron sus caudales entre los recon- I
quistadores de Buenos Ayres y los defensores de esta Plaza, los que
actualmente hacen sacrificios extraordinarios para socorrer á núes- |
tros valientes guerreros merecen algún miramiento, dígnese darlo
á entender V. E. con salbarlosdel golpe que asoma sobre sus ca-|
bezas.
Siquiera de este modo seremos consolados de nuestro dolor» y ea
■
tanto, que el Ingles sebado en nuestra riqueza, se ocupe todo eflj
acabar la pobreza del Pais ; mientras activo y aneloso nos excluya
de todos los puntos enseñoreando los Mercados como domínabao
otro tiempo este Continente los Conquistadores del Nuevo Mundoí
Nosotros tendremos siquiera el arbitrio de llebar carnes á la Habaot
(dejando este beneficio al hacendado del Sur) y retornar Azucares
haciendo este bien al de la America del Norte. De otro modo no
consumiremos en la inacción, y disipados los Caudales, que tanU
veces fueron el consuelo de la Madre Patria, irán á mendigarde mi
nos del Estranjero, loque antes contribuyeron mas de cerca á casi
\G0 LINIERS A3
súbita avenida resultará más nociva
ndose preparado de antemano la
í lo estéril y precario de los prime-,
los primeros reveses. Méjico se
> curas de aldea, y es el Grito de
isilamientos, degüellos, emula-
Ix'ldes, para encontrarse después
Mrtida, con el virrey Calleja en
mismas condiciones iniciales
análogos. La insurrección de
i natos de Quito, para rematar
•;rotá, dejando la dominación
líela cuenta con mejores ele-
x'^licos que sus vecinas ; pero
disolventes; sus armas se
I ó se rompen al choque
r, rechazado por sus mis-
sus proezas pacificado-
'■\d indígena ó una suerte
sus más atroces peripe-
¡f^'ualmente infeliz. En
I estructura oligárquica
ion su carácter mode-
lera : no se fundan so-
ntos de feudos y ma-
> rivalidades de los
igua que repone las
Ae neologismo sus bam-
la cantidad de cAlcuIo
:¡das trocatintat en su
Grifo de Dolores, por
arranca al cura Hi-
Laviste.
'}\
i
SANTIAGO LINIERS
Al día siguiente de la Defensa, y apenas desembarazado el Río
de la Plata de las invasiones inglesas, se inicia para los habitantes
de este país un periodo complejo de elaboración política y social, de
que no presenta otro ejemplo la historia de la independencia ameri-
cana. Comparado con el de estas provincias, el proceso emancipa-
dor de otros virreinatosó capitanías reviste, en su comienzo al menos,
una relativa sencillez de formas que permitiría trazar sin esfuerzo su
perfil esquemático. Nada más simple, en suma, que la psicología
histórica de la rebelión y la anarquía. Los movimientos que en este
continente se producen, como repercusión natural del embargo
trabado por Napoleón sobre la Península, — paralizando por algu-
nos años su acción externa, — no muestran ser en esencia de otro
orden que las pasadas intentonas de los indígenas contra sus amos,
á mediados ó fines del siglo anterior. Son raptos impulsivos que no
obedecen en general á plan alguno, ni son resultado de una gesta-
ción orgánica. No precediéndoles una lenta germinación de ideas y
sentimientos, estallan al acaso, con la violencia del instinto monta-
raz que no halla barrera á su ciego ímpetu. Así los triunfos momen-
táneos como las inminentes derrotas, son efectos de circunstancias
extrañas. Las colonias sacuden hoy el yugo de la impotente metró-
poli, porlas mismas causas que lo sufrían ayer de la metrópoli om-
nipotente. La masa de agua estancada ha roto fácilmente la vetusta
SANTIAGO LINIERS t^^
compuerta ; pero al pronto, la súbita avenida resultará más nociva
que la pasada sequía, no habiéndose preparado de antemano la
nueva red de canalización. De ahi lo estéril y precario de los prime-,
ros éxitos, hermanos mayores de los primeros reveses. Méjico se
a convulsiona » (i) á la voz de dos curas de aldea, y es el Grito de
Z>o/ore^ (2): combates, saqueos, fusilamientos, degüellos, emula-
ción de barbarie entre realistas y rebeldes, para encontrarse después
de cinco ó seis años en el punto de partida, con el virrey Calleja en
cambio del virrey Iturrigaray. *Las mismas condiciones iniciales
producen en otras partes resultados análogos. La insurrección de
llueva Granada principia con los asesinatos de Quito, para rematar
con las monstruosas ejecuciones de Bogotá, dejando la dominación
española al parecer consolidada. Venezuela cuenta con mejores ele-
mentos díreclivos y mayores recursos bélicos que sus vecinas ; pero
sus ideales utópicos se tornan gérmenes disolventes ; sus armas se
embotan en las manos seniles de Miranda ó se rompen al choque
de las ambiciones, y la huida del Libertador, rechazado por sus mis-
mos tenientes, abre á Morillo el teatro de sus proezas pacificado-
ras... Allí mismo, donde la inerte docilidad indígena ó una suerte
de feudalismo agrario despojan al drama de sus más atroces peripe-
cias, el desenlace de su primera parte es igualmente infeliz. En
tanto que el Perú se mantiene reaccionario, la estructura oligárquica
de Chile imprime á la lucha por la emancipación su carácter mode-
rado y conservador. Pero esta tentativa es efímera: no se fundan só-
lidamente instituciones de libertad sobre cimientos de feudos y ma-
yorazgos: entre las rencillas de las juntas y las rivalidades de los
jefes militares, se prepara la derrota de Rancagua que repone las
(i) La brocha gorda hispano-americana gasta de pintar con este neologismo sus bam-
bochadaa políticas, las cuales suelen encerrar, en efecto, toda la cantidad de cálculo
reflexiro que cabe en una convulsión.
(a) Gervinus, cuya Historia del siglo XIX contiene tan divertidas trocatintas en su
parte americana, traduce literalmente (Gesehiehte, lil, 96) lo de Grito de Dolores^ por
« un grito de dolor » (Sehmerzenschrei) que la desgracia del pais arranca al cura Hi-
dalgo!— Pero la deja atrás, y por mucho, la reciente Hisloire de Lavisse.
44 ANALES DE LA BIBLIOTECA
cosas en su estado inicial. En todas partes la empresa emancipadora
resulta malograda. Con el despeño de Napoleón, cuya sola acción
de presencia, revolucionaria á pesar suyo, fomentara en el mundo
los estremecimientos patrióticos, vuelve á caer sobre la frente de los
pueblos la lápida secular de miseria y servidumbre. El fatídico año
1 5, que señala en el antiguo continente el retorno agresivo del abso-
lutismo, repercute lúgubremente en el nuevo. La restauración bor-
bónica en España coincide con el sometimiento de los virreinatos. El
abyecto Fernando recobra ala misma hora su trono de Madrid y su im-
perio de Indias, pudiendo, como don de feliz advenimiento, rasgar de
un solo gesto la constitución de Cádiz y las franquicias de América.
Con todo, en el fracaso general de las primeras empresas eman-
cipadoras, una sola colonia forma excepción. Desde la tarde de Mayo
en que, sin efusión de sangre ni excesos, Buenos Aires despidió á
sus gobernantes peninsulares, no ha vuelto á conocer virreyes ni
audiencias. Los cinco años transcurridos han sido por cierto harto
fecundos en trabajos y zozobras. Todo ha corrido peligro y queda
todavía en cuestión: forma de gobierno, fortuna pública, organiza-
ción interna... todo, menos la independencia conquistada. En las
provincias propiamente «argentinas», los ejércitos españoles no
han conseguido sino derrotas. Los reveses de los patriotas acaecen
en regiones lejanas ó anexas del virreinato, marcando así con jalo-
nes de batallas la frontera futura de la República. — Más tarde,
este hecho sorprendente se fundió en el éxito general de la Indepen-
dencia americana, pero en la hora crítica fué altamente significativo
y presagioso (i): este solo punto brillante por el extremo sur revela-
ba una centella inapagada en la sabana obscura, vale decir, la posi-
bilidad de otro incendio libertador. Cumplióse la amenaza : de Bue-
(i) Su importancia no ha escapado á Gerrinus (Gesehiehte, III, na) : a Sin em-
bargo, en la frontera extrema de ese inmenso imperio, en el territorio del Rio de la
Plata, único país en que la dominación española no fué restablecida, la agitación no cesó
durante ese periodo, y las armas de la revolución pasaron á Chile : á partir de <»te
momento (1S17), la fortuna cambió... »
SANTIAGO LINIERS A5
nos Aires y Mendoza la llama se propagó á Chile y al Perú, y las
combinaciones de San Martín sirvieron de apoyo y dirección á las
proezas esta vez eficaces y decisivas de Bolívar.
La gloriosa excepción presentada por el movimiento emancipador,
en las provincias del Río de la Plata, no era ilusoria, ni, mucho me-
nos, fortuita. Si en el furioso huracán, que derribaba todos los ár-
boles de la selva, sólo uno había resistido sus embates y quedado en
pie, ello no podía ser debido al azar, sino á las raíces múltiples y
más robustas que éste hundiera en el suelo. Estas raíces ó causas
ocultas del éxito inmediato y persistente de la revolución argentina,
por entre obtáculos mil que se atravesaron en su camino, son las que
merecen fijar laatención preferente del historiador, muy antes que los
motines callejeros ó encuentros campales, que son meros corolarios
de aquéllas. Ahora bien : entre los factores varios que en la prime-
ra subversión de las colonias intervienen, habrán evidentemente
de relegarse á segundo término los que, siendo comunes á todas
ellas, no han impedido que fueran tan diversos los resultados. Así
las condiciones del origen y del medio urbano, que eran en todas
partes semejantes, si no idénticas. Tenemos aquí una aplicación co-
rrecta del procedimiento baconiano llamado « de diferencia » . Desde
luego dos caracteres salientes distinguen de antiguo esta estructura
social de sus congéneres ; es el primero — como alguna vez lo he di-
cho — la escasa importancia en el Plata del elemento indígena que en
otras partes prepondera ; el segundo es la ausencia de aristocracia, —
y omito, para ser breve, el demostrar cómo los dos hechos citados son
correlativos y mutuamente dependientes. El doble rasgo, positivo y
negativo, es el que aquí permite la rápida fusión de las clases colo-
niales en un compuesto a criollo n ; y allí donde no se opera este
intimo consorcio, — ya sea, como en Chile, porque la aristocracia
pretendiera absorber en su provecho el movimiento, ya, como en
Méjico y el Alto-Perú, porque éste se redujera al impulso ciego de
una masa ignorante, — aborta al pronto la tentativa. Veremos en
cambio cómo, en las Provincias Unidas, un alma inteligente y cor-
&6 ANALES DE LA BIBLIOTECA
dial, un hálito de patria calienta y anima la materia, propagándose
la idea y el sentimiento revolucionario del grupo burgués á las pró-
ximas capas populares, hasta constituir una fuerza capaz de resistir,
no sólo á los ataques externos, sino álos conflictos mucho más graves
de la anarquía interior.
Pero, al cabo, los acontecimientos son los factores decisivos del
éxito. Una serie de condiciones y accidentes favorables prepara,
durante cuatro años, el alumbramiento de Mayo. Quedan eviden-
ciadas, en páginas anteriores, las consecuencias felices de las inva-
siones inglesas, que infunden en el vecindario, único vencedor de
las jornadas, la conciencia naciente de su autonomía. La formación
de dos partidos y sus incesantes conflictos en torno del caudillo po-
pular surgido de la victoria, van á completar el aprendizaje cívico.
Nos toca ahora seguir á Liniers en la etapa ñnal que le conduce á
la catástrofe, convirtiéndole en víctima propiciatoria de la revolu-
ción, por él, si bien á pesar suyo, fomentada. No son únicamente
las funciones que desempeña, las que permiten concentrar en su bio-
grafía todo un proceso histórico, sino la reacción curiosa de su idio-
sincrasia compleja, en presencia de las circunstancias que obran
decisivamente en la suerte del país. Por ser Liniers un caballero
francés, de raza militar, y noble de alma como de sangre, — vale
decir, secretamente entusiasta de la imperial epopeya, al par que in-
variablemente fiel, contra toda apariencia, á su patria adoptiva —
es por lo que durante los años críticos en que Napoleón gravita so— .
bre España, ya como arbitro adulado, ya como aborrecido usurpa-
dor, los sucesos del Plata toman el sesgo especial que tanto los dife-
rencia de otros desatentados levantamientos. Quedan visibles los
eslabones de la cadena. La singular coincidencia de regir estas pro-
vincias unjefe popular y paisano, si no subdito, del dictador europeo,
sugiere el envío del emisario Sassenay, cuya presencia, despertando
los recelos de Elío y del partido español, acarrea el rompimiento con
Montevideo y la agrupación del partido criollo en torno de su
caudillo. Ahondan la escisión los conflictos repetidos entre las auto-
SANTIAGO LINIERS 4?
ridades y el vecindario. La destitución de Liniers, arrancada á la
Junta Central por las denuncias de Álzaga y sus amigos, coloca 4
los criollos en abierta hostilidad respecto del sucesor. Y cuando la
lealtad del virrey depuesto rechaza el plan de resistencia, sólo resta
á los patriotas organizarse en la sombra y dar forma á sus propósi-
tos, esperándola ocasión que no puede tardar. Ésta se ofrece con la
irrupción de los ejércitos franceses en Andalucía. La carcomida arma-
zón indiana se desmorona al primer empuje del pueblo : sin cruel-
dades ni violencias, el cabildo abierto invade el cabildo cerrado, y
la revolución se instala en la Fortaleza colonial. Pero la situación
permanece obscura y preñada de asechanzas : entre Montevideo que
amenaza al litoral, y Córdoba que tiende la mano al Alto-Perú, las
provincias interiores vacilan, indecisas. La Junta se siente en peli-
gro; sólo un acto de atroz energía puede abonar tanta proclama v
palabreo, anonadando á los rebeldes y arrastrando á los tímidos.
Úrgele ser implacable, aplastando en su nido á la reacción. El fusi-
lamiento de Liniers será el rayo que precipite las nubes tormento-
sas y despeje la atmósfera. Y es triste pero forzoso confesarlo : el sa-
crificio del inocente fué tan útil, que, entonces y después, pareció
necesario, pudiendo casi decirse que con su muerte injusta el héroe
»
de la Reconquista salvó á Buenos Aires por segunda vez.
Tal es, á grandes rasgos, el génesis de la Revolución argentina,
cuyos cuadros preliminares se esbozan en las siguientes páginas, no
por cierto con la amplitud y el aparato de la historia, sino como
fondo real en que se sitúe y destaque mejor un perfil biográfico. Y
si otros han podido, con libertad perfecta, forzar los acontecimientos
á converger hacia tal ó cual figura entonces de segundo término y
que, á desaparecer en la propia fecha que Liniers, no hubiera dejado
más rastro histórico que el cura Alberti ó el catalán Matheu : nadie
extrañará que se evoquen una vez más, en forma sucinta y con
otro método, las grandiosas escenas, á propósito del personaje que,
indiscutiblemente, fué protagonista del drama en sus primeras y
más accidentadas peripecias.
hS ANALES DE LA BIBLIOTECA
EL VIRREINATO
I
En cumplimiento déla capitulación del 7 de julio de 1807, las
tropas inglesas rendidas en Buenos Aires se embarcaron á los pocos
días para Montevideo, desde cuyo puerto se dieron á la vela, duran-
te el mes de agosto, los transportes convoyados por fragatas de
guerra que las devolvían á su país ó al Cabo de Buena Esperanza.
El último convoy zarpó el 9 de septiembre, completándose así en
la fecha fijada la evacuación (i). El mismo día, las fuerzan espa-
ñolas, que pudieron presenciar el reembarco desde la playa neutral
de Pando, volvían á tomar posesión de Ja plaza entregada el 3 de
febrero al general Auchmuty. Para substituir á Ruiz Huidobro, prí>
sionero en Inglaterra, Liniers había nombrado gobernador interino
al coronel Elío, en atención, decía el decreto, «á su pericia militar
y conocimientos políticos » : de la primera daban fe sus descalabros
de la Colonia y Buenos Aires, y poco tardaría en acreditar los se-
gundos, alzándose contra su jefe y fomentando la discordia latente.
Por lo demás, los últimos meses del año transcurrieron sin traer
alteración ostensible en las mutuas relaciones de las autoridades.
Delegado en Liniers el gobierno puramente militar de estas provin-
cias, habíanse naturalmente retenido por la Audiencia las demás
funciones administrativas del virrey suspenso^, sin que por esto re-
nunciara el Cabildo á la extensión de facultades é influencia que los
sucesos le habían conferido. Entre tanto, la memoria reciente del
(i) Whitelocke llegó á Inglaterra en noviembre y fué arrestado en el acto de desem-
barcar para ser sometido á un consejo de guerra. El Ánnaal fíegister de 1807 refleja U
irritación causada por el descalabro, y de que da sobradas pruebas el TrieU tantas veees
citado. Menos feliz que Popbam, el vencido de la Defensa fué condenado á la pérdida del
empleo y declarado « incapaz é indigno (totalfy unfii and wtworüiy) de servir i Su Ma-
jestad en cualquier puesto militar ».
SANTIAGO LINIERS Ü9
peligro conjurado y la conciencia de una nueva agresión posible por
la parte de Inglaterra, aunaban las buenas voluntades. Á consecuen-
cia de gastos extraordinarios délos últimos años (i) yla estancación
del comercio, las Reales Cajas estaban exhaustas; habia sido necesa-
rio licenciarla mayor parte délos batallones movilizados, á excepción
del cuerpo de Patricios y el de artillería que quedaban para el ser-
vicio de la plaza, debiendo los otros sólo concurrir á ejercicios
un día por semana (3). Pero las subscripciones patrióticas afluían
de todo el virreinato, destinadas unas á cubrir gastos generales,
otras al sostenimiento de los tercios españoles licenciados; — y pue-
de que en estas últimas, como en la disposición gubernativa que
intentaban contrarrestar, la política partidaria tuviese tanto influjo
como, el puntillo militar que, á raíz de la Defensa, provocó las « re-
laciones de méritos y servicios » contraídos por los Patricios, los
Gallegos, los Cántabros de la Amistad y demás batallones urbanos.
Sea como fuere, lo repito, las relaciones entre las autoridades
quedaban cordialísimas, aunque algunos historiadores hayan visto
síntomas contrarios en ciertas manifestaciones mal interpretadas,
como ser algunos informes sobre la Defensa dirigidos á la corte de
Madrid ó al mismo Napoleón. Así en las respuestas del Cabildo á las
felicitaciones que de la América entera le llegaban, como en sus
comunicaciones al gobierno español, no se escatimaban los mereci-
dos elogios á la conducta de Liniers, y esto, no sólo en los primeros
meses de entusiasta regocijo que siguieron á la victoria, sino hasta
muy entrado el año 8 (3). Es cierto que presentan diferencias
notables los partes oficiales, separadamente elevados al Rey y al
(1) Tan sólo el recargo anual de las pensiones militares, procedentes de la Recon-
quista y la Defensa, pasaba de iSo.ooo pesos. (Estado publicado en diciembre de 1807.)
(a) Proclama de Lioiers á los cuerpos de voluntarios patriotas (3 de agosto).
(3) Citaré, entre otros ejemplos, la Contestación al ayuntamiento de Oruro (a6 de d\-
ciembre de 1807) y la Proclama del M. I. Cabildo d los defensores de la patria (3 de marzo
de i8o8> que termina asi : « Estad salisfecbos de que el Cabildo, á la par de nuestro pa-
triota y meritisimo Jefe, cuyos distinguidos servicios ya babeis visto con liberalidad
premiados por la misma soberana mano, vela sobre vuestra conservación... »
ASA Lia DB LA BIBLIOTSCA. — T» Itt 4
5o ANALES DE LA BIBLIOTECA
príncipe de la Paz por el jefe de las fuerzas y el Cabildo ; pero ellas
atañen principalmente al juicio formulado sobre el comportamiento
de los jefes profesionales : severo hasta la dureza en el documento
capitular, indulgente hasta la debilidad en el del jefe, — acaso por
exigencias de su posición. Pero en lo relativo á los autores respecti-
vos, ambos oñcios se tributan mutuamente cumplida justicia; y la
exacta coincidencia de las cifras, como de ciertos giros idénticos,
— especialmente en la relación del episodio crítico del Miserere, —
induce á pensar que Liniers tuviese á la vista la nota de Álzaga (i).
En cuanto á la carta sobre la Defensa, que por esos mismos días
dirigió Liniers á Napoleón, y ha sido acremente epilogada pornues-
(i) Ambas oomunicacioDM se encuentran en la Historia de Bdgrano, I, apéndice i3
y 1 4. La del Cabildo es del ag de julio, la de Liniers del 3i. £1 texto de ésta, publi*
cado por el general Mitre, es particularmente interesante por ser « un borrador con
numerosas correcciones j adiciones de puño y letra de Liniers ». Algunas de éstas pa-
recen adaptaciones á la nota del Cabildo y robustecen mi conjetura. En cuanto i la afir-
mación (Historia de Belgrano^ \, 5i6) debaber sido Pueyrredón portador del documento
« como enviado especial del Cabildo de Buenos Aires cerca del rey de España », es
muy sabido que Pueyrredón estuvo ausente de Buenos Aires desde fines de i8o6
(ó enero de 1807) hasta i8og. Había recibido del Cabildo la misión de informar á la
corte sobre el estado de estas provincias y procurar el envió de refuersos. De Babia, donde
el buque recaló en febrero de 1807, mandó una Exhortación á su escuadrón de húsares,
y, pocos días después, algunas noticias útiles sobre los movimientos de la escuadra in-
glesa. Llegó á Madrid en mayo y se mantuvo en la corte basta la entrada de Murat.
Aunque hijo de francés rehusó afrancesarse y representar á Buenos Aires en el congreso
de Bayona. Fué reemplazado por el comerciante español Mili de la Roca, cuyo nombre
figura efectivamente entre los firmantes de la constitución del rey José, junto al de
Nicolás Herrera. Gracias á la amabilidad del doctor Ramón Cercano he podido leer en
manuscrito la curiosa odisea de este soi~disant enviado de Liniers (junio de 1807), cuya
especialidad consistía en perder siempre las comunicaciones que acreditaran sus habla-
durías. Él mismo cuenta cómo por la negativa de Pueyrredón, que se refugiara en An-
dalucía, fué improvisado representante ín partibus del Rio de la Plata, que resultó asi
afrancesado sin saberlo. — Nuestros historiadores tergiversan la época de esta» mi-
siones i Madrid y su objeto. Unos despachan á Pueyrredón después de la Defensa, otros
(Núñez, Domínguez) & Périchon á raíz y con motivo de la Reconquista. El primer parte
de la Reconquista (oficio de Liniers, despachado por Ruiz Huidobro) se publicó en h
Gaceta de Madrid del ao de enero de 1807. Se debió Unta demora A haber sido capturada
por los ingleses, en el cabo Espartel. la goleU Aranzazu, á cuyo bordo iba el teniente
de navio don Tomás Blanco Cabrera, portador de los pliegos. (Véanse las Gacetas de
enero 16 y ao).
SANTIAGO LINIERS 5i
tros historiadores, baste decir que este documento privado y es-
crito ea francés, fué traducido aqui mismo y comunicado á la
Audiencia y al Cabildo, que lo aprobaron, sacándose de la traducción
la copia que hoy existe en el Archivo de Indias. Esta iniciativa de
Liniers no era sólo natural, sino acertada y plausible, conocido el
verdadero protectorado que sobre España ejercía el emperador, á
quien el rey Carlos IV y sus ministros consultaban respecto de todo
asunto de gobierno y de familia. Tratándose de allegar recursos
contra una nueva agresión probable de Inglaterra á estas posesio-
nes, ninguna influencia era más decisiva que la del aliado omnipo •
tente, que por entonces tenia sometida la Península á su soberano
albedrío. No hay historia posible sin la observancia exacta de las
fechas ; y nada más absurdo, en el caso ocurrente, que juzgar las
cosas hispano-americanas de 1807 con el criterio del año siguiente,
después que la explosión del 2 de mayo y sobre todo la batalla
de Bailen, hubieron subvertido las pasiones populares. Por lo de-
más, el texto de la carta incriminada antes pecaría de reservada
que de excesivo en el rendimiento, conocida la situación del
autor y del destinatario : con un tacto perfecto y sin reticencias»
Liniers proclama á la par su sangre francesa y su española
lealtad. Y en lo que atañe al elogio de Mordeille y sus com-
pañeros, cuyo valor y estéril sacrificio en Montevideo^ contrastando
con la inercia ó la inepcia de otros, esperan vanamente un recuerdo
simpático de nuestros historiadores : no tendría el corazón bien
puesto quien extrañara encontrarlo bajo la pluma de un jefe, com-
patriota suyo, que se dirige al semidiós déla guerra. Tampoco pudo
causar sorpresa la designación, como portador de la misiva, del
edecán francés de Liniers, y su futuro yerno, Périchon de Van-
deul (i), cuya nacionalidad resultaba para el caso muy convenien-
(i) Este apellido (como puede verse en la Historia de Belgrano^ 1, 21C) ha sido escrito
en cuairo ó cinco formas; la única correcta es la empleada aqui, si se trata de la familia
noble cujos descendientes figuran todavía en Francia. La grafía frecuente « Vandeuil »
se explica por la pronunciación (lo propio ocurre con Choiseul y también, por algunos^
53 ANALES DE LA BIBLIOTECA
te, sean cuales fueren las relaciones del primero, — viudo, por
otra parte, — con la mal maridada hermana del segundo que vivía
en casa separada. Las maliciosas conjeturas modernas (que cuidan
mucho de ejercitarse en otros casos análogos, como el de Belgrano
y M""* Pichegru) no tienen más fundamento que las venenosas in-
sinuaciones de Manuel Moreno, el adversario enceguecido por el odio
ala víctima, y el contemporáneo que ha difundido más errores y
calumnias en la historia argentina.
Los inmediatos síntomas separatistas, que se ha creído descubrir
en la situación creada por la Defensa, no descansan, pues, sino en
suposiciones anacrónicas. Las pequeñas rivalidades entre los cuer-
pos urbanos distaban mucho de asumir importancia política ; ni
era posible que se manifestasen por hechos positivos los futuros
agrupamientos de los europeos en torno de Álzaga y de los patri-
cios en torno de Liniers, no existiendo á la sazón causas que lo
motivaran. El único documento de 1807, que pudiera dar pie á
estas inducciones prematuras, sería la carta del general Auchmuty
al ministro Windham, en que, junto á las más severas aprecia-
ciones sobre la índole y las aptitudes políticas de este pueblo, el
flamante conquistador de Montevideo revelaba la existencia de un
partido criollo decididamente hostil al español, como que aspi-
raba á la independencia (i). Empero, una interpretación ra-
cional reduce singularmente el alcance de este juicio. Como él
mismo lo confiesa, Auchmuty se limitaba en este pasaje de su carta
á referir las impresiones del general Beresford, recién fugado de
Biíenos Aires. Ahora bien : es harto sabido que éste precisamente
«OD lincéala que proDuacian lineeüU. La analogía de la a con la v ha traído la forma
Vandevil, muy general en los escritos coloniales. Por una curiosa coincidencia, también
«ra á la sazón un Vandeul el secretario de la legación francesa en Madrid, con quien
necesariamente tenia el nuestro que entenderse; y no es dudoso que esta circunstancia
facilitara sus gestiones con el embajador Beauhamais y, más tarde, con el ministro
Champagny ; de estos informes dació probablemente la primera idea de la misión Sosse-
nay al Rio de la Plata.
(1) Trial of Whiteloeke, II, 768.
SANTIAGO LINIERS 5$
era el primer inventor y único fomentador de tales aspiraciones,
todavía exóticas en el Plata, y que sólo habían encontrado eco en
Rodríguez Peña y Padilla, cómplices criminales de una fuga que
hubo de dar ala invasión inglesa el único jefe capaz de llevarla á
feliz término. Beresford había hecho de serpiente tentadora cerca
de estos artesanos de enredos, quienes, después de recibir pensión de
Inglaterra por su fechoría, se preparaban á seguir cerca de la Carlota
su fructuosa política de bastidores. A esto se reducía realmente en
dicho año el supuesto cisma colonial ; y si es lícito tener por cantidad
despreciable la opinión de algunos Mirandas de paco tilla, debe afir-
marse que los supuestos proyectos de emancipación, sólo se agitaban
entonces en la fértil imaginativa del general inglés, — sin que por
cierto ello importe negar la presencia latente en este suelo de la
semilla por aquél depositada, y que muy pronto las circunstancias
harían germinar.
Más fantásticas aún que las visiones apuntadas, son las de algunos
historiadores que han creído descubrir, en el encumbramiento de
Liniers, las causas primeras de la hostilidad de Álzaga, atribuyendo á
éste cavilaciones ambiciosas, orientadas hacia el gobierno de estas
9
provincias. Puede que más tarde, en la atmósfera de audacia y aven-
tura que el doble desquicio déla colonia y la metrópoli había creado,
la fiebre de las grandezas perturbara el juicio comercial de Álzaga
con la alucinación del mando supremo, y acaso de un imperio inde-
pendíente. Pero en 1807, bajo el reinado de Carlos IV, y cuando aún
funcionaba intacto el mecanismo jerárquico más rígido y formalista
que se conociera jamás, no es admisible que tales quimeras se abri-
gasen en un cerebro español. Aun suponiendo que el ricacho insa-
ciable (y padre de doce hijos) quisiera abandonar sus ingentes y
lucrativos negocios, por un cargo ostentoso pero precario y ya roza-
do por la revolución, no se le ocultaba que lo modesto de sus ante-
cedentes, su numerosa familia y larga permanencia en el país, serían
otros tantos obstáculos para la realización de tales ensueños. Como
la naturaleza, la administración española no hacía saltos ; y era tan
54 ANALES DE LA BIBLIOTECA
monstruoso é inaudito el de mercader á virrey, que no soportaba un
minuto de examen. Seguramente que el recio alcalde no alimentó
tal locura. Con su carta ampulosa á i'. Su Majestad », en diciembre
de dicho año (i), y la enumeración complaciente de sus servicios
concejiles, sólo perseguía la concesión de un título de Castilla. La
afirmación no es conjetural; fuera de ser harto sabido que la lurlu-
taine nobiliaria es la eterna sed tantálica de los advenedizos, consUi
de documentos la pretensión de nuestro u burgués gentilhombre »».
— y debe agregarse, en abono de nuestra tesis, que la solicitud fué
apoyada por el mismo Liniers (2).
Aun para este último, no dejó de regir aquella supersticiosa obser-
vancia de la jerarquía y del protocolo á que antes aludía. Realizada
la Reconquista, que tornó insostenible la posición del inepto Sobre-
monte (3), la substitución del mando no vino derechamente al
Reconquistador sino á Ruiz Huidobro (que no tuvo, felizmente, parte
en la empresa), por ser el jefe de más alta graduación ; pues el mismo
decreto que ascendía á Liniers á brigadier de marina, promovía a
jefe de escuadra al gobernador y deplorable defensor de Montevideo.
La designación de Huidobro para virrey interino llegó á Buenos
Aires cuando éste se hallaba prisionero en Inglaterra, — el día
mismo del desembarco de Whitelocke, — y á esta circunstancia
fortuita debió Liniers su inesperado encumbramiento; pues, injer-
tándose luego la Defensa en la Reconquista, tuvo la corte que
(1) Publicada en La Biblioteca^ lU, i^5g.
(a) En la Biblioteca del Comercio del Plala^ Vil, 6^5, se menciona esta solicitud, á
continuación de los ascensos militares concedidos, reservándola con otras análogas para la
res(^ución de Su Majestad « por el orden que propuso el virrey ». Creo que Álzaga sfilo
resultó agraciado con la cruz de Carlos III, como Pueyrredón y otros.
(3) Debe agregarse en justicia que Sobremonte fué un buen gobernante — acaso
no inferior al celebrado Vértic — para las circunstancias ordinarias y exigencias mo-
destas de la administración colonial. Más tarde se mostró inferior á los acontecimionlos
extraordinarios : pero ¿quién no se mostró tal, desde los profesionales Huidobro y Elio
hasta Gisneros y Liniers ? La administración colonial era una colección de incapacidades :
toda la máquina estaba enmohecida, y esta Reconquista, como la de la Península, fué
obra del pueblo — ayudada allí por la de los ejércitos ingleses.
SANTIAGO LINIERS 55
ceder al entusiasmo popular y mantener en el mando al vencedor.
Desde últimos de junio de 1807, pues, Liniers fué reconocido por
la Audiencia como Capitán general del Río de la Plata, desempe-
ñando interinamente las funciones políticas y militares de virrey.
En consecuencia, este Tribunal de Cuentas hubo de proceder á la
regulación de su sueldo, con arreglo á la Real Cédula de 1806, que
lo fijaba en 20.000 pesos anuales (salvo el derecho de media anata)
para el Capitán general interino de Buenos Aires, ó sea la mitad del
asignado al titular. Aun mirada únicamente por su faz material,
esta súbita mudanza de fortuna no podía dejar indiferente al modes-
to oficial español y padre de numerosa familia que. hasta entonces,
— aunque yerno de Sarratea y recibiendo, además, alguna corta
renta de su país, — había vivido al día y no miraba sin inquietud el
porvenir (i). Con todo, no se le escapaban á Liniers las razones le-
gales que á la confirmación definitiva de su título se oponían ; y, ya
sea que realmente tuviese poco apego al mando, ó que las poster-
gaciones sufridas por el militar extranjero le hubiesen de antiguo
avezado á las injusticias, ello es que miraba con filosofía la eventua-
lidad de su reemplazo. En 4 de agosto de 1807, casi al día siguiente
de la Defensa, dirigía al Príncipe de la Paz una representación inte-
resante (2), y que por su discreta sensatez contrasta amablemente
(i) El documeato número i fija cumplidamente estcM detalles administrativos y dcv-
méstícos. Existe en el ArchiTO una nota de la Junta ^septiembre de 1810), remitiendo
al intendente de Córdoba una representación de don Martin de Sarratea en que pide que
de los bienes embargados á Liniers se reserve « la dote de su hija Martina, mujer que
fuó de don Santiago Liniers ». No existe aquí el d^unento, que sin duda so remitiría
original : pero si la constancia de su contenido que textualmente reprodusco : « Buenos
Airea, 18 de septiembre de 1810. Don Martin de Sarratea reclama 1 3.963 pesos perte-
necientes i la dote de su hija casada con don Santiago Liniers, cuyos bienes se han
mandado embargar, y acompaña la cuenta y documentos q* califican su legitimidad. Sep
tiembre 9a. Pase al Gov~ Inten** de Córdoba p* administrar justicia conforme á Dro ».
Corrobora el dato el que la estancia de Alta Gracia fuese exceptuada del embargo,
siendo su valor de compra (1 i.ooo pesos) inferior al del dote reclamado. El dato sobre la
renta que Liniers recibía de Francia proviene de Sagui (VlUmo* eaatro años, 171) que lo
tenia dedoñaMelchora Sarratea : estos detalles no se inventan, y el dato ha de ser cierto.
(a) Publicada en La Biblioteca^ IV. 3o6.
66 ANALES DE LA BIBLIOTECA
con la tiesura gerundiana de aquel otro a Alcalde Ronquillo ».
El mismo exponía allí al omnipotente Almirante las causas que le
inhabilitaban para el cargo de virrey : además de ser extranjero, y
no tener « las cualidades ni el espíritu propio para los mandos poli-
ticos y de justicia », le inhibía para el puesto el haberse casado y
residido diez y siete años en el país (i). No pudiendo, por otra parle,
(agregaba) ocupar un puesto subalterno allí donde había mandado»
sólo pedia al gobierno que le confiriese la comisión de « recorrer
todas estas provincias y entablar en ellas el mejor sistema dedefen-
sa, establecimientos de maestranza, fundiciones, cortes de maderas,
aperturas de canales, puertos, etc.; y últimamente proponer á S. M.
las mejoras de las minas y comunicaciones de unas provincias con
otras ». Por fin, después de señalar las condiciones de que carecía y
eran indispensables en el Jefe llamado á regir estas provincias, á raíz
de (( las críticas circunstancias que forzosamente habían relajado los
resortes de la legislación y de la subordinación », concluía el man-
datario interino (que ya se suponía cesante), ofreciéndose para ser-
vir el mencionado empleo « con el sueldo que sea del agrado de
S. M., pagándome los gastos de viajes : á esto se reduce toda mi
ambición, y la de educar á mi numerosa familia ».
Con esta mezcla de candor y perspicacia se producía, en una co-
municación no destinada á la publicidad, el modesto triunfador que,
sobre ser víctima de las pasiones contemporáneas basta el supremo
sacrificio, no había de alcanzar para su memoria la plena justicia
postuma, continuando á sufrir, en la muerte como en la vida, los
f
(i) a ludia Liniers á la ley LXXXil, titulo XVI, libro II de la Recopilación de
Indias t la cual disponía que u ningún Virrey, Presidente, Oidor, Alcalde del crimen,
ni Fiscal, ni sus hijos, ó hijas, se casen en sus distritos, pena de perder los oficios »,
porque (agrega sabiamente el legislador) « conviene á la buena administración de nuestra
justicia, y lo demás tocante á sus oficios, que estén libres de parientes y deudos ea
aquellas partes, para que sin afición hagan y ejerzan lo que es ¿ su cargo, y despachen
y determinen con toda entereza los negocios de que conocieren ». Entre la sarta de ne-
cedades y groserías que Elio, desde Montevideo, endereza ¿ Liniers (Documentos de
Lamas, I), le decía que « por la ley estaba [Liniers] suspenso por el reciente casa>
miento de su infeliz hija )>.
SANTIAGO UNIERS 67
ataques de ese misoxenismo (i) suspicaz y estrecho que caracteriza
las sociedades inferiores. Tal era el hombre sencillo y algo ligero
quizá, pero probo y dispuesto á exagerar su propia insuficiencia, á
quien un historiador de talento espontáneo, si bien destituido de
prudencia en el juicio y de seriedad en la información, nos ha pin-
tado como un « advenedizo mediocre, medio tonto, medio fatuo »,
ávido del poder por las satisfacciones vulgares que éste procura, y
capaz de todas las intrigas para conservarlo. Es lo contrario de la
verdad, coiíio lo demostrara la facilidad conque accedió á renunciar
el I* de enero de 1809 y á ceder más tarde el mando á su sucesor.
No era Liniers un santo, ni un carácter austero, ni un espíritu su-
perior, — y bien se echa de ver que esta biografía no se parece á un
panegírico : ya tengo señalados algunos de sus errores de concepto
ó conducta, y habré de volver sobre ellos siempre que trasciendan
á los negocios públicos. Con todo, puede ya conjeturarse que el exa-
men más severo, con ser imparcial y verídico, nada extraerá de sus
actos que desdiga de las nobles tradiciones del caballero, ó de la
lealtad jurada por el soldado á su patria adoptiva.
Queda al pronto establecido, sobre base documental é inatacable^
que Liniers no piersiguió en forma alguna, — mucho menos por la
adulación ó la intriga (2), — la prolongación de su mando inte-
rino, que con este carácter provisional duró cerca de un año, no
recibiéndose su confirmación hasta mediados del siguiente (3).
( i) fAi70^€vícc = odio contra el extranjero.
(2) El historiador López (Historiüt II, 207 y passim), á más de confundir ciertis
circunstancias del año 1808 con las del anterior, supone, entre Napoleón y Liniers, re-
laciones directas que nunca existieron. Napoleón sólo supo en 1808 que en estas pro-
vincias, cuya conservación le importaba, mandaba un francés. Éste fué, en aquellos meses,
uno de los peones del ajedrez imperial, de alguna importancia únicamente por su posi-
ción momentánea en el tablero : pasada la oportunidad. Napoleón no se acordó má.« de
Liniers ni de Sassenay. Tampoco pudo jamás Liniers ser a felicitado por el opresor del
continente » (op. cif., 3o3\ El 1^ de octubre de 1807 (Gaceta de Madrid^ ao), con
motivo de entregar al rey de España una carta del emperador, el embajador Beauhar-
nais <( aprovechó de esta circunstancia para participar á Su Majestad lo mucho que ha
celebrado su Soberano los buenos sucesos de Buenos-Ayres ». No hubo más.
(3) En noriembre de 1807 (Gaceta del 36), Liniers fué promovido á Jefe de escuadra
58 ANALES DE LA BIBLIOTECA
No resulta menos constante, hasta dicha fecha, la perfecta armonía
de propósitos que entre los tres poderes de Buenos Aires reinaba, y
que por entonces no eran parte á perturbar la sorda hostilidad de
Montevideo ni las emulaciones todavía inofensivas de los cuerpos
urbanos. Para comprender, antes de cualquier exposición de los he-
chos, cómo pudo estallar en esta atmófera serena la primera tor-
menta que separó y tornó mutuamente refractarios los elementos
sociales, no basta tener presente — como á ningún historiador ar-
gentino se le ha escapado — la absoluta dependencia de estas colo-
nias respecto de la metrópoli, cuyas condiciones y sentimientos
populares se transformaron súbitamente en pocas semanas ; esnece-
sario tener en mayor cuenta de lo que se ha hecho otro factor esencial
de los acontecimientos : esto es, la enorme distancia en el tiempo
que mediaba entonces entre la masa agente y la paciente ^ si se tolera
la terminología escolástica. Las agitaciones confusas y contradicto-
rias, de que estas provincias fueron el teatro en 1808, provinieron en
gran parte de esta circunstancia por nadie atendida : que mientras
allá los sucesos se precipitaban diariamente, tardaban entre dos y tres
meses para ser conocidos aquí, debiéndose no pocas veces á la des-
igual velocidad de las naves ó su captura por los cruceros enemigos,
el que las noticias antiguas y recientes se entretejieran hasta formar
inextricable maraña. Gomo los presos encadenados en la famosa
cueva de Platón, que sólo por las sombras reflejadas en la pared
conocen las realidades exteriores (i), los americanos tenían que
forjarse opiniones políticas según las noticias truncas, revueltas por
el tiempo y deformadas por la distancia, que de Europa les llega-
ban. Los acontecimientos de abril y mayo, especialmente, al reper-
ó mariscal de campo ; el 3 de diciembre (véase el documento núm. a) fué nombrado
virrey interino: pero el despacho hubo de sufrir demora en su tramitación, pues no llegó
á Buenos Aires hasta mediados de mayo de t8o8.
(i) Platóm, /?e/)ú6/(ca, principio del libro VII. Sabido es que el símbolo, un tanto
complicado en el filósofo griego, ha venido i ser en el Novam Organum de Bacon, los
idola tpecux ó ilusiones de la mente.
SANTIAGO LINIERS 69
cutiren estas aldeas coloniales, redoblaron su primitiva incoherencia,
emulando su marcha la de los u hipógrifos más violentos » del dra-
mático repertorio. Ante tamaño enredo, entró en efervescencia la
sangre española; y, en las dudas, pareció lo más urgente é indicado
emprenderla á mojicones. Y estas riñas á obscuras, en que los com-
batientes cambian sendas puñadas y varapalos sin saber exactamente
por qué ni por quién, evocan irresistiblemente, sobre todo al meterse
en la zambra el arriero Elío, los trances épicos de la venta man-
chega, después que « al ventero se le apagó el candil ». Procurare-
mos encenderlo; pero es evidente, desde luego, y contraía tesis
generalmente admitida, que entre los dos campos en lucha no cabía
aún la más remota preocupación de independencia americana. Ésta
nació mucho más tarde : por lo pronto, sólo se trató de decidir á
dos mil leguas si era mejor amo el suspirado Fernando ó el « tuerto
Pepe Botellas o, asi denominado porque gastaba un par de ojazos
magníficos y no bebía más que agua.
11
A fines del año de 1807, y cuando se prolongaban aún los ecos
de la Defensa en forma de felicitaciones, homenajes y panegíricos en
prosa y en verso, que desde los puntos más apartados se enviaban
al virrey, á la Audiencia y al Cabildo de Buenos Aires, empezó á
dejarse sentir por sus inconvenientes la presencia en las plazas y
cuarteles de tantos héroes en disponibilidad. Aunque licenciadas en
su mayoría las fuerzas urbanas, subsistían los cuadros, y, además,
los ejercicios semanales solían ser pretexto de manifestaciones y
actos censurables de indisciplina. Algunas proclamas de Liniers
aluden á este estado de inquietud, fomentado por las rivalidades de
los tercios, pero sin atribuirle mayor importancia, como que era su
causa principal la falta de toda perspectiva bélica. Por eso vemos al
6o ANALES DE LA BIBLIOTECA
virrey interino acoger y transmitir al pueblo los rumores de otra
invasión inglesa, no sin exagerar un poco asi la certeza del anuncio,
como la confianza que el armamento y la militarización del país
le inspiraban. No es dudoso que á la sazón se hacían en Ports-
mouth y Cork los aprestos de una expedición militar cuyos jefes
designados eran Beresford y Sidney Smith — luego reemplazado
por el vice- almirante Hood; pero resultó dirigida contra la isla de
Madera, que fué ocupada el 24 de Diciembre. Posteriormente re-
crudecieron los rumores relativos á otra invasión de la América
del Sud, y la prensa inglesa mencionó repetidas veces al mayor
general Wellesley (Wellington) como futuro jefe de ella. Pero
nunca se ha puesto en claro el objeto preciso de esta proyectada
expedición, cuyos preparativos se abandonaron por el cambio re-
pentino que sufrieron las relaciones de Inglaterra con España. A
ser cierto que se pensara en una posesión española, y no en el Bra-
sil, todavía dependiente de Portugal, no es probable que se tratase de
Buenos Aires, — precisamente en los días del proceso de White-
locke, que revelaba al público las dificultades de la empresa. Más
que á sugestiones del amor propio ó del resentimiento, suele Ingla-
terra obedecer á conveniencias positivas ; y seguramente el Río de
la Plata había de parecerle presa de más laboriosa digestión que
Venezuela ó Guatemala (i). Sea como fuere, los sucesos de la Pe-
nínsula hicieron abandonar la expedición, mudando repentina-
mente la actitud del gobierno inglés ; y la anunciada amenaza no
(i) El historiador López resuelve el problema sin vacilación (11, aga) : u la nneva
expedición que el Teniente General Wellesley... preparaba en Cork contra el Rio de la
Plata...» Wellesley, que era entonces Mayor general (Brigadier), no asistió nunca á los
preparativos de Cork : hasta fines do 1807 estuvo en Copenhague, cuya capitulación
firmó, con nuestro oíd friend Popham, el 7 de septiembre ; de ahí, pasó directamente ¿ocu-
par su banca en la Cámara do los Comunes, donde fué objeto, en febrero de 1808, de una
manifestación de aprecio. Respecto de la mencionada expedición, dice sencillamente (Dis-
patches of tíie dake of Wellington, IV, 6) ; na forcé was assemhled at Cork, with a view, as
iT WAS supposBD, to somc of the Spanish colonies of Soüth America; bul the exiraordinary
changes whieh taken place lowards the latter and of 1807 ^ and the beginning of i808, in títe
affairs of Spain and Portugal by the French interventiom, etc. ». Sabemos queso abandonó.
SANTIAGO LINIERS 6i
tuvo aquí más efecto que afirmar ia disciplina de las tropas y robus-
tecer la autoridad del virrey.
Tuvo para estas provincias consecuencias más inmediatas y posi-
tivas la llega^da al Brasil (Bahía), el 20 de enero de 1808, de la real
familia portuguesa, que abandonara á Lisboa el día mismo en que
la ocupaba el ejército de Junot. Aun antes de cualquier paso inicial
por parte de los recién venidos, no se le había ocultado á Liniers la
gravedad que podía encerrar, para el Río de la Plata, el estableci-
miento definitivo de los Braganza en una región fronteriza, ya
erigida en Estado independiente bajo la protección y tutela efectiva
de Inglaterra (i). El i3 de febrero, apenas conocido el desembarco
déla corte portuguesa en Bahía, dirigió una proclama significativa
á los (c invictos habitantes de Buenos Aires », en que, al par de
expresar su confianza en los propósitos del Regente (fundándose, con
cruel ironía, en su pacífica actitud en Lisboa), mostraba tenerla aún
mayor en las tropas y armamento del virreinato. Tan fundados
resultaron los recelos de Liniers que, no bien instalada la corte en
el Janeiro y reconstituido el gabinete sobre las bases del anterior,
el ministro Souza Coutinho dirigió al cabildo de Buenos Aires
(marzo de 1808) una nota conminatoria que, conocida la precipi-
tada fuga del gobierno portugués ante los mil y quinientos exte-
nuados granaderos de Junot. borraba con lo grotesco de la actitud
lo que pudiera tener de indignante (2). Era una mise en demeure
(i) Desde su arribo al Brasil, el RegenU de Portugal en nombre de la reina viuda
(María, demente) había . sido saludado por el pueblo con vivas a o emperador do Brazil
(Pereira da Silva, op. eil. U, 3i). Luego el mismo príncipe, en su Manifiesto de i* de
mayo, proclamaba que Portugal levantaba a sua voz do seio do novo imperio. En cuanto á
la tutela inglesa, además déla ocupación de Madera, basta recordar que el embajador
lord Strangford se trasladó á Rio de Janeiro, acompañándole á poco Sidney Sroitb con su
«scoadra.
(3) Gonocco tres textos impresos de la nota y de la respuesta : en ninguno se da la
fecha de la primera, pero se deduciría de este pasaje de la contestación (á no haber in-
tervenido el habitual descuido de nuestros editores) ; « El cabildo al imponerse de la nota
de... marxo último... » El texto de Parish (Baenos Aires ^ 385) dice : the i3^ of Mareh^
pero el traductor Maeeo ha dejado deslixarse el error 3 de marzo, que ha sido copiado
6a ANALES DE LA BIBLIOTECA
de entregar lisa y llanamente estas provincias al augusto amo de
dicho Souza Coutinbo, por n ser cosa fuera de duda la completa
sujeción de la monarquía española á la Francia », y (sobre todo)
por contar Su Alteza Real « con los inmensos recursos de su pode-
roso aliado » — el mismo que acababa apenas de repatriar sus tro-
pas aquí derrotadas. La respuesta del Cabildo (abril 29), concertada
con el virrey, fué enérgica y altiva : al rechazarla proposición como
una afrenta que a no olvidaría jamás », la corporación manifestó
claramente al ministro Souza que las amenazas no intimidaban á
este pueblo, a acostumbrado á arrostrar todos los peligros y hacer
toda clase de sacrificios en defensa de los sagrados derechos del
monarca, y que había dado ante el mundo pruebas inequívocas de
lo que puede hacer el valor exaltado por la lealtad... n La comuni-
cación concluía declarando que sería el primero « en dar un ejemplo
de ello el cabildo de Buenos Aires, encabezado por su digno general
don Santiago Liniers». A los pocos días, en efecto, encargaba á
éste que, « como jefe superior de estas provincias, no perdiese ins-
tante en adoptar medidas conducentes á su seguridad, sin omitir
las que fuesen propias á vengar tan gravísimo ultraje, inferido á las
sagradas personas del Rey de España y del Emperador de los fran-
ceses su aliado.,. y> Bastan las palabras subrayadas, fuera de otras
redundancias que se omiten, para pintar los sentimientos que, asi
en las colonias como en la metrópoli, se profesaban á Napoleón, y ex-
por Calvo (Anales^ I, 8i) y aceptado dócilmente por Bauxá y otros. Esta fecha es á todas
luces inadmisible. El Principe Regente no desembarcó en Rio hasta el 8 do marco, cons-
tituyéndose el II el primer ministerio. La misma fecha del i3, dada á la nota por Parish
y aceptada por el señor Mitre (BelgrcuiOj 638), parece apenas admisible ; pero está con-
firmada por una nota de Liniers (Biblioteeat IV, 3o8j, y el increible apresuramiento la
torna más ridicula. Aunque verosímil, creo que debe rechazarse la fecha del 21, adoptadla
sin raxón conocida por el historiador Lópex. Pero éste, al atribuir la nota á doña Carlota,
comete un error mucho más grave y que, ano proceder de incurable inadvertencia, revo-
laría el desconocimiento absoluto de aquel proceso histórico. La famosa princesa, aepa~
rada de su marido hasta el grado de vivir fuera de palacio, no tomaba entonces parte
alguna en la política : faltaban meses para que el destronamiento de su familia en E»-
paña diera pretexto á sus enredos y pretensiones.
SANTIAGO LINIERS 63
plicar ciertos pasos de Liniers que sin fundamento se han criticado.
No necesitaba más acicate el arrebatado general : en el acto, se
dirigió al gobernador de Montevideo, trazándole un plan de ataque
á Río Grande con 2000 hombres, que bastarían, según él, « para
merendarse á 5ooo portugueses ». Por esta vez, Elío no secundó las
bravatas de su jefe, ya sea porque le atrajera mediocremente la
perspectiva de la merienda, ya porque la llegada á Montevideo del
enviado portugués Curado le mostrase bajo su verdadero sesgo la
situación. Muy antes, en efecto, de recibir la respuesta del Cabildo,
el Príncipe Regente había modificado su actitud absurdamente be-
licosa — que nunca respondió á un propósito serio, no contando
con el apoyo de Inglaterra. Además de su misión de espionaje, el
brigadier Curado traía en borrador las bases de un tratado de comer-
cio entre los dos países, visiblemente encaminado á favorecer la
libre introducción de los productos ingleses por la vía del Brasil ; y
como coincidiesen estas proposiciones con las transmitidas desde
Río de Janeiro por el conde de Liniers, hermano del virrey, éste no
vio sino ventajas en aceptar preliminares diplomáticos que, sin im-
portar compromisos futuros, alejaban el conflicto presente (i). Este
incidente, bajo su apariencia anodina, entrañaba, sin embargo,
consecuencias muy graves para Liniers, habiendo motivado su pri-
mera desavenencia con el Cabildo y, por el sedimento de encono
que dejara en los ánimos, preparado el terreno de las hostilidades
irreparables.
A pesar de los entrometimientos oficiosos de su hermano, quien,
simple transeúnte en Río y sin misión alguna, trataba un poco
como asuntos de familia los negocios de Estado, no se apartó Li-
niers de su conducta conciliadora con el Cabildo, ni se mostró
(i) El historiador Mitre (Belgrano, II, 9^1) ha tenido en su mano muchos hilos de
esta madeja; pero, por carecer de algunos ó no darles la debida importancia, su exposi-
ción no reviste suficiente claridad. Asi las comunicaciones del conde de Liniers como las
instrucciones á Rivera, existen manuscritas en la Biblioteca Nacional y han sido publi-
cadas en La Biblioteca^ tomo II, i3^, j tomo V, 3o6.
64 ANALES DE LA BIBLIOTECA
dispuesto á conceder mayor importancia á la gestión portug'uesa,
dejando al pronto que el gobernador Elfo entretuviese á Curado con
preámbulos dilatorios. Pero, á mediados de mayo, llególe de Madríd
el titulo de Virrey interino. Gobernador y Capitán general del Río
de la Plata, el cual, si no modificaba su situación material, la
^ regularizaba y revestía de mayor prestigio y autoridad. Es per-
mitido creer que, hasta entonces, el improvisado mandatario no so
portara sin irritación las actitudes dictatoriales de un simple Ayun-
tamiento, y que, valido ya de su título inatacable, se propusiera no
tolerar en adelante tal abuso de atribuciones. Y puede también que
un resabio de antigua vanidad aristocrática se despertara bajo cierta
influencia femenina, inclinándole á tratar « de arriba o á esos mer-
caderes ricachos, y á echarla de virrey. Ello es que, desde principios
de junio, se anunció públicamente el próximo envío de un « emba-
jador » cerca de la corte del Brasil, para concluir el tratado comercial
iniciado, acentuando lo insólito del acto la persona designada, que
lo era don Lázaro de Rivera, pariente cercano (concuñado) de Li-
niers (i). El Cabildo elevó una protesta al virrey, fundada en
dos órdenes de consideraciones políticas: i<* el estado de las rel**)-
ciones entre Portugal y la metrópoli (respectivamente aliados de
dos naciones beligerantes), que desaconsejaba la mencionada inicia-
tiva ; 2° los inconvenientes de un tratado comercial que importaba
«dar libre expendio en estos dominios á las manufacturas inglesas ») .
La contestación del virrey pudo y debió limitarse á los dos breves
párrafos, primero y final, en que negaba al a Ilustre Cuerpo» 'el
derecho de ingerirse en negocios de Estado y le invitaba á ocuparse
de (( las cosas perteneciente? al buen orden, policía, abasto » y demás
progresos del municipio. Pero incurrió en el error de querer gra-
(i) Un contomporáneo y testigo generalmente bien informado, don Francisco R. de
Udaeta, asegura (Revista de Buenos AireSt XV, i64) que se suspendió el viaje de Rive-
ra por la declaración de guerra del Principe Regente á Francia: pero este Manifiesto e«
del I* de mayo, y las instrucciones á Rivera llevan la fecha del i8 de junio. El enviado
era capitán (ó mayor) de infantería é Intendente del Paraguay. Gomo tal figura ya en la
Guia de Forasteros de i8o3.
SANTIAGO LINIERS 65
cejar, intercalando en su nota un « cuento al caso», glosa pesada y
chabacana del refrán Ne sutor ultra crepidam, que, naturalmente,
exasperó á los ((zapateros». Tal fué el origen déla ruptura entre
el virrey y el poderoso ayuntamiento.
Prescindiendo de lo inconveniente de la forma y lo petulante de
la actitud, no es fácil decidir si Liniers tenía la razón : ó en otros
términos, si la providencia — que se llevó adelante, si bien inte-
rrumpieron sus efectos los sucesos europeos — era en el fondo buena ó
mala desde el punto de vista gubernativo. Es probable, como en casi
tCNlas las discusiones ocurre, que por ambos lados estuviera parte
del derecho. La primera objeción del Cabildo no parece defendible:
sea cual fuera la sujeción real de su gobierno á la política inglesa ,
Portugal conservaba en la apariencia su soberanía ; y no estando en
guerra con España, nada obstaba á que se iniciasen entre ambos
países ó sus dependencias arreglos de carácter comercial. Con me-
jor acuerdo pudiera observar el (Cabildo el nombramiento de un en-
viado diplomático cerca de una corte extranjera, el cual competía ex-
clusivamente al soberano ; á lo que el virrey debía contestar enseñan-
do sus instruciones á Rivera, en las que se prevenía que cualquier
arreglo consentido conservaría carácter condicional, hasta reci-
bir la aprobación de la corte de Madrid. La segunda objeción,
aunque más especiosa, no era más consistente : según las instruccio-
nes debía desecharse « toda propuesta que tuviera por objeto incluir
directa ó indirectamente á los ingleses en esta negociación » ; ade-
más, ésta no podía tratar sino de « los frutos y productos territoria-
les, con exclusión absoluta de géneros manufacturados » . En suma,
las instrucciones entregadas á Rivera revelan bastante perspicacia
Y prudencia, al par que un concepto cabal de la situación política y
económica de estas provincias. Pero había bastado que asomara en
el estrecho horizonte de la colonia el espectro del libre cambio^ para
que los ÁJzaga, Santa Coloma, Agüero (i) y demás fuertes monopo-
(i) Don Miguel Fernandez de Agüero no era 3ra cabildante, pero su influencia aub-
ASALBS vm L4 «IBLIOTSCA. T. II 5
66 ANALES DE LA BIBLIOTECA
listas que dominaban el Cabildo, se alarmasen y declarasen guerra
abierta al promotor de la idea. Ésta fué, á mi ver, la causa profun-
da del divorcio, cometiendo Liniers la doble falta de suministrar ar-
mas al adversario, con lo impertinente de su respuesta y la designa-
ción ilegal de un deudo suyo como enviado (i). En sus denuncias
á la corte, el Cabildo no hizo mérito sino de estas dos últimas razo-
nes, que agregadas sin duda á otras derivadas de las nuevas circuns-
tancias, no dejaron de contribuir á la caída del virrey Liniers. La
gravedad y complicación de los acontecimientos, que van á descar-
gar sobre la Península y alcanzar de rebote á estas provincias, lo-
grarán por instantes unir las fuerzas antagónicas en un propósito
común : no borrarán la antigua ofensa. Bajo la capa de estuco super-
ficial, seguirá ensanchándose la grieta abierta en la vanidad ó la
codicia; y las mismas peripecias de la lucha se encargarán de sumi-
nistrar nuevos cargos, exagerados ó calumniosos, contra el impru-
dente mandatario — en realidad sólo culpable de lesa majestad mu-
nicipal. La implacable persecución concejil sobrevivirá, no sólo á
la destitución del perseguido, sino al estruendo de las guerras n<i-
cionales y al conflicto de las dinastías, concluyendo el hostigado
Cisneros, en vísperas de la revolución, por echar á paseo al uno y al
otro alcalde, con sus rencores vizcaínos y su estúpido expediente so-
bre el virrey que rabió (2).
sUtia en el gremio comercial europeo. He vacilado alguna vez en creer que este regidor
de 1807, gran amigo de Álzaga y que se portó valientemente en la Defensa, despuéa de des-
empeñar su papel en la famosa entrevista que precedió á la fuga de Beresford, pudiera ser
la misma persona que el sindico de Cádiz, autor de la refutación á Moreno : me parecía que
se oponían á esta hipótesis ciertas dificultades de domicilio. Mejor informado, puedo
ahora mostrarme del todo afirmativo.
(1) La ley XXXVII, titulo II, libro III de la Recopilación de Indias, disponía que a los
oficios no se den á parientes dentro del cuarto grado », j, para no dejar lugar á duda,
la ley XXXIX del mismo titulo extendía la prohibición á los parientes délas «mujeres,
nueras y yernos » de los virreyes y presidentes. Además, la ley era aplicable, no sólo i
los oficios permanentes, sino también á las n comisiones, negocios particulares y cual-
quier aprovechamiento».
(a) Puede verse en el Archivo general, :* serie, tomo V, el epilogo do este ridiculo
proceso. En diciembre de 1809, el Cabildo pide al virrey que dé cumplimiento á la
SANTIAGO LINIERS 67
111
Mientras ocurría en Buenos Aires esta revuelta de tinteros, que
poco trascendía á la calle ni era parte aún á perturb«')r las siestas
criollas, empezaba á desencadenarse en España la tempestad que, du-
rante años había de sacudirla y, por repercusión, dar en el suelo con
su vetusta fábrica colonial. Las semanas aquellas, en que el Regente
de) Brasil procuraba ahuecar su falsete con la bocina de Sidnoy
Smith, y este Cabildo rebatíalas bravatas portuguesas en nombre
de Carlos IV y su gran Almirante : eran las que veían allá los prepa-
rativos de la fuga real para Andalucía, el saqueo del palacio deGodoy
por el populacho de Aranjuez y la miserable caída del favorito, la
abdicación provisional del rey autómata en favor de Fernando — que
preludiaba á la definitiva de todos los Borbones en manos de su
despiadado huésped de Bayona. Al tiempo que estas autoridades
acataban reverentes las órdenes del soberano, éste obedecía las de
un gendarme de Napoleón ; y el día mismo (i 7 de mayo) en que la
Audiencia de Buenos Aires besaba la firma augusta puesta en el
título del nuevo virrey, la Gaceta de Madrid consignaba la buena
gracia con que el Serenísimo Gran Duque de Berg se había digna-
do admitir, en el Palacio Real, los homenajes que á porfía le tribu-
taban los miembros del cuerpo diplomático, los grandes de España,
consejos de Castilla é Indias y demás altos dignatarios del reino...
La sola distancia, como ya dije, introducía á veces tal contraste entre
los sucesos europeos y sus ecos americanos, que éstos remedaban el
Real Orden quedispoae se desglose y rompa el oficio de Ltniors: Cisneros contesta que
el documento no existe en poder del gobierno . Nuevas y repetidas insistencias, hasta que
en marzo de 18 10 se pretende que sea el mismo Liniers, refugiado en Córdoba, quien
produzca el cuerpo del delito ! Entonces es cuando el virrey exasperado cierra el debate,
dqandoque el Ayuntamiento «practique él mismo la diligencia con el original — si fuese
servido }). — Poco había perdido en rancidez colonial el ilustre Cabildo con entreverarse
decriolloB, y para depurarlo hacía falta evidentemente otra legia.
68 ANALES DE LA BIBLIOTECA
arreglo convencional de la novela. Pero nunca se reveló más iróni-
camente intencionada, el hada burlona que parecía jugar con el des-
tino de Liniers, que cuando hizo coincidir los conatos embajatorios
del flamante virrey, con el envío por Napoleón de otro diplomático
de lance que, recibido aquí como gallina en corral ajeno, dejó albo-
rotadas, sin quererlo ni saberlo, ambas márgenes del Plata.
Una biografía reciente del marqués de Sassenay, por uno de sus
deudos (i), resuelve todas las dudas acerca de la persona y oríge-
nes de este agente, eximiéndonos de emprender la tarea. Enlodemás
presenta para nosotros escaso interés esta producción casera, siendo
así que, para el episodio histórico que nos ocupa, se apoya en obras
conocidas y principalmente en la del general Mitre. Etienne Ber-
nard, marques de Sassenay, pertenecía á una antigua familia de
Dijon, cuyo castillo patrimonial existe todavía en la comuna del
mismo nombre (Saóne-et-Loire) (a). Siguió la carrera militar ; y,
(i) ISapoléon I" el la fondation de la fíépubliqae Argenline, par le marquis de Sassenay
París. 1892 •
( 3) Sabido es quo también la « verdadera forma » de este nombre ba dado lagar á
largas discusiones entre los bistoriadores argentinos. Para nosotros resultan un lanío
risueños estos debates sobre apellidos bistóricos (Sassenay, Vandeul, etc.) que figuran
eu los diccionarios y ahora mismo en el Toul Paris. El historiador López elabora un
apéndice de cuatro página» (Historia^ II, 6a a) para i^ostener la ortografía Chassenai con
su decisión habitual : «Pero no cabe duda de que era o Chassenai », según el testimoaio
iacontroveríible de M. Julien Mellet, que relata este incidente en su interesante opúsculo
titulado VoYagedans r A mériqae meridionales. — Parece haber sido el tal Mellct un empleado
despensero del Consolateur, que, perdido el buque en Montevideo, logró sacar unas oojas
á Liniers y quizá á Ello (de quien recuerda con enternecimiento), con las que se hico
de una pacotilla, batiendo los caminos del virreinato como mercachifle. Vuelto á su tierra
después de este largo y accidentado traqueteo, se puso á frangollar en su Jerga gascona
un relato fantástico (que remeda un borrador del de Roniain Daurignac). omitiendo
contarnos sus verdaderas aventuras picarescas, que serian sin dúdalas más curiosas. Des-
de luego estropea todos los nombres propios de persona ó lugar (¡con decir que no pudo
en tres meses aprender el apellido de Sassenay!): y el finado doctor Carranza lavo la
angélica paciencia de corregirlos en su ejemplar, que así resulta más interesante que el
texto. Allí he visto que también vinieron en el Consolatear algunos «pasajeros» franceses
que se radicaron en el país: Monguillot. Castagnet. Latour, Bonnafond, etc. Eran, en
efecto, pasajeros de camiseta y gorro azul que, para distraerse durante la travesía, ma-
niobraban las velas y lavaban la cubierta. Sabido es que, no pudiendo « repatriar » á la
iripulacióp náufraga, Liniers socorrió á sus pobres paisanos, invitándoles á prestar ser-
SANTIAGO LIMERS C9
al iniciársela revolución de 1789, era capitán en el regimiento de
Conde- dragons. Elegido diputado de la nobleza á la Asamblea
Nacional, por el bailiajede Chalon-sur-Saóne, renunció á los pocos
meses (i), y, ante las dificultades y peligros de la vida, se resolvió
á emigraren 1792, sentando plaza en el cuerpo de Conde; sirvió
luego en los húsares de Hompesch, valientemente, contra su patria.
Al fin, en 1798, después de largas aventuras, pasó á Estados Uni-
dos, con un corto peculio salvado del naufragio de su gran fortuna,
y secasó en Delaware, con una joven criolla de Santo Domingo,
perteneciente á una noble familia francesa. Entonces emprendió
varios viajes comerciales al Río de la Plata, permaneciendo en uno
de ellos cerca dedos años en Buenos Aires (i 801- i8o3), que fué
cuando trabó intimidad con Liniers. Logró hacerse borrar de la
lista de emigrados y pudo volver á Francia en i8o3; pero, durante
varios años, persiguió en vano la restitución de sus propiedades con-
fiscadas : sólo logró recuperar el castillo de Sassenay y algunos re-
tazos no vendidos de sus antiguos dominios. Allí vivía con relativa
comodidad entre su mujer y sus hijos, cuando, á fines de mayo de
1808, una orden del emperador le arrojó brusca y nuevamente, ya
rayano en la cincuentena, á las aventuras y zozobras de su juventud.
Nos cuenta su biógrafo y pariente que, llamado á Bayona, donde
llegóel 29, fué recibido al punto por Napoleón, quien, en una audien-
cia de cinco minutos, le comunicó sus designios : « Os doy una mi-
sión cerca del virrey de Buenos Aires ; deberéis partir mañana; te-
néis veinte y cuatro horas para prepararos. Haced vuestro testamento :
Maret se encargará de despacharlo á vuestra familia. Ida veros con
Champagny que os dará vuestras instrucciones » . Y con un ademán.
vicios en esta flotilla. De la oBcialidad quedó el aspirante Philippc Bertrés, que se esta-
bleció en Tucumán como ingeniero. Encuentro en mi Memoria hUtóriea que fundó alli
una escuela lancasteriana, durante el primer gobierno de La Madrid.
(i) Archives parlemenlaires, IX. 781. Otras indicaciones bibliográficas de Sassenay
(p. 9a) son inexactas, á más de incompletas ; los primeros tomos de los Archives traen
otras menciones del marqués, más interesantes para su familia que para la historia.
70 ANALES DE LA BIBLIOTECA
el Júpiter tonante despidió al improvisado y estupefacto diplomá-
tico... Esta versión me parece inaceptable. Por acostumbrados que
estemos álos gestos imperativos de Napoleón, no admitimos prmia
facie que en esa forma pudiera un ciudadano de cierta posición so-
cial ser arrancado de cuajo á su hogar y familia, y, contra su volun-
tad, disparado como bomba diplomática al extremo del mundo. Por
ignorancia de los hechos ó exceso de celo antibonapartista, el
descendiente de Sassenay ha desnaturalizado el episodio, aislándolo
de sus antecedentes históricos. Aquella misión era en realidad el
eslabón mediano de una cadena forjada en varios meses, y que se
rompió, menos por su inconsistencia, que por la fuerza superior de
las circunstancias. Entre nuestros historiadores, sólo el señor Mitre
ha tenido en sus manos los principales eslabones de la cadena ; si bien
por faltarle algunos y haber intervertido otros, no ha logrado re-
anudar la serie en su orden lógico.
El incomparable prestigio de Napoleón nacía de aparecer impro-
visando lo que resultaba de largo estudio y madurado examen : la
ejecución solía ser violenta y fulminante, pero se apoyaba en el cál-
culo : también en él el genio era el fruto de la paciencia. Consta
por su correspondencia que, desde principios de 1808, y antes de
que las colonias españolas le interesasen como dominio casi propio,
le preocupaban — especialmente el Río de la Plata — como presa
que debía disputarse á Inglaterra. Aunque todavía no hubiera que ri~
do recibir á Périchon de Vandeul, había leído las cartas de-Liniers y
las indicaciones transmitidas por el embajador de Madrid. Inmedia-
tainente hizo buscar por todas partes, personas de confianza que pu-
dieran suministrarle informes sobre estas regiones.
El ministro de marina Decr¿s dio al pronto con el capitán de
navio Jurien de la Graviére, quien, además de conocer estas provin-
cias, había sido amigo íntimode Liniers (i). Jurien recibióla orden
(i) JuRiKN DE LA Graviére, Soüvenirs d'ttn amiral^ II, tu. Éste era tío de su editor,
contemporáneo nuestro, también almirante y escritor distinguido. Paréceme que nues-
tros historiadores suelen confundirlos, prestando al sobrino (nacido en iSra) nnalonge-
SANTIAGO LINIERS 7»
<le redactar una memoria sobre esta región y sus habitantes, y, apro-
badas sus conclusiones, de tomar en Lorienl el mando de la fragata
Creóle, que debía traerle á Montevideo con un coronel de artillería,
veinte y cinco artilleros escogidos y quinientos fusiles: todo ello en-
caminado, noá conquistar el país (como inocentemente se ha escrito),
sino á cooperar á su defensa, de acuerdo con los pedidos de Liniers
V el Cabildo. Esto ocurría en febrero ó marzo ; fué más tarde cuan-
do, cambiando las circunstancias, cambiaron los propósitos (i).
A principios de mayo y consumado el funesto guet-apensde Bayo-
na, ya no se trató de auxiliar á estas provincias, pero sí de asegu-
rarlas. Murat, que mandaba en España, dispuso el apresto en el
Ferrol de una escuadra que debía transportar al Río de la Plata tres
mil soldados gallegos : excelente providencia que. á más de su ob-
jeto propio, se avenía con las disposiciones tomadas para dispersar
en Portugal y el norte de Europa las tropas españolas (2). Pero
vidad fenomenal. Tampoco se dan exacta cuenta de la publicación, que no es propiamen-
te un relato del actor, sino una adaptación hecha sobre apuntes do memoria. Dista mu*
cho. pues, de ser un joarnal de bord llevado á raiz de los sucesos : de ahí algunos erro-
rpK j oonfuAiones de detalle. Pero el fondo merece entera fe. El honrado y valiente
marino tributa allí los mayores elogim al carácter de Liniers, á quien había tratado inti-
mamente en 1800. He aquí en qué términos este buen juez en materia de honra y
patriotismo aprecia la actitud de su noble compatriota : <( M. de Liniers, fiel á su patria
adoptiva, abrazó la causa de Fernando VII. Esta determinación, que ningún hombre de
corazón podría vituperar^ había de recibir la recompensa que el odio implacable de los
partidos reserva generalmente á los más puros sacrificios». Tales palabras, caídas de la-
bios tales, consuelan de muchas diatribas.
(i) L-na carta inédita de Napoleón, que ningún historiador argentino ha conocido ó
tenido en cuenta (Lettres inidiíes de Napoleón /", tomo 1, 171) establece nuestra afirmación.
Está fechada en Saint-Cloud, á 26 de marzo de 1808. Al devolver á Decrés sus verbosas
in^ttmcciones sobre la proyectada expedición, el déspota genial dicta la conducta á seguir
con su precisión imperativa : «Os devuelvo vuestras instrucciones. Lo que decis es in-
útil escribirlo : debe ser dicho de viva voz al agente que mandaréis. Basta escribirle osten-
siblemente : Iréis á Montevideo, desembarcaréis, y si llegasen noticias que pudieran
inquietar á las colonias, os presentaríais á las autoridades en son de amistad... » Esta
carta se relaciona evidentemente con la misión de Jurien que la reproduce en substancia
(op. cit. 1 33), aunque de memoria y atribuyéndole una data algo posterior.
(3} TniBRs, VIH, XXX. ToRKSio, I, II- El levantamiento general hizo abortar la ex-
pedición.
7a ANALES DE LA BIBLIOTECA
convenía que se adelantara á esta expedición, cuyos preparativos de-
mandaban algunos meses, un agente explorador, más elástico y me-
nos comprometedor que Jurien, para sondar los ánimos y, llegada
el caso, inclinarlos al nuevo régimen. Entonces produjo su candidato
el ministro Maret, que también se bailaba en Bayona á fuer de cola-
borador inseparable del amo; y en tanto el secretario de Estado pre-
venía á su conocido Sassenay, el emperador, que de nada se olvi-
daba, concedía á Yandeul la solicitada entrevista que completaría sus
informes. Esta audiencia hubo de verificarse á mediados de mayo, uq
poco antes de la llegada de Sassenay, siendo así que en su carta al
virrey ó en otra inmediatamente posterior, no menciona Périchon
tan importante noticia. En caso contrario, directa ó indirectamen-
te, la hubiera conocido ; pues no había razón para que Napoleón ó
sus ministros se la ocultaran, ni es admisible que, en tan corta po-
blación y rondando las mismas antesalas, no tropezasen uno con
otro los dos amigosde Liniers l(i).
Por lo demás, nada se opone (y lo dicho parece confirmarlo) á
que Sassenay sólo llegase á Bayona muy pocos días antes de su
embarco; pero el simple buen sentido indica, aunque no tuviéramos
varios datos para apoyar esta conjetura, que tenia aviso anticipado
de su misión — y aun es permitido pensar que la hubiera solicita-
do : no seguramente por sus escasos emolumentos, sino como un
medio de alcanzar mejor éxito para sus instancias de emigrado (2).
(i) La carta do Périchon llegó á Buenos Aires en los primeros días de agosto, ha-
biendo Liniers escrito de ella á Ello el 8. Es probable que dicha carta de Bayona se
escribiese entre el 1 5 y el 3 5 de mayo: las comunicaciones tardaban 70 dias por térmi-
no medio. Corrobora esta conjetura el hecho do haberse recibido, dos dias antes que U
carta de Périchon, un impreso de Cádiz que contenia la protesta de Carlos IV; ésta ha-
bía quedado secreta y no so hizo pública en Madrid hasta el i3 de mayo (Gaceta de dicha
fecha): por tanto, en Cádiz, tres ó cuatro dias después. Por cierto que muchas circun»-
tancias alteraban entonces la duración del trayecto, pero, tratándose do dos buques
mercantes, que navegaban casi Juntamente y en condiciones análogas, se robustece la
probabilidad del mismo tiempo empleado por uno y otro.
(a) En 3 de julio de 18 10, el ministro Champagny escribía á M** de Sassenay que el
mperador, accediendo á su solicitud, había fijado á su marido un sueldo anual de 6000
SANTIAGO LINIERS 73
Sea como fuere, el antiguo oficial de Conde fué recibido y aceptado
por el emperador : con firmeza, aunque no sin emoción, soportó esa
mirada aguda, avezada á sondar las almas y casi infalible en el diag-
nóstíco. Nada más absurdo, pues, que mirar un ente apocado c
inepto (como ha dicho un historiador que ni el apellido del injuria-
do conocía) en ese soldado viajero, envejecido en los peligros y luchas
déla vida ¡ por el hecho de haberse estrellado aquí contra obstáculos
iavencibles, y tenido que soportar callado los desmanes de un jefe
español, sólo famoso por sus derrotas ! — Tal es el encadenamiento
lógico y racional de los sucesos que motivaron el envío de una mi-
sión francesa al Río de la Plata, y la elección del marqués de Sasse-
nay para desempeñarla. Aunque frustrada en su objeto principal, la
tentativa que paso á referir, rectificando de pasada algunos errores
materiales y críticos de mis predecesores, es doblemente interesan-
te: en sí misma, por las peripecias dramáticas que la envuelven;
Y en sus resultados, por las consecuencias duraderas é imprevistas
qiie fluyeron de tan fugaz y, al parecer, insignificante episodio.
francos, á partir del i* de mayo de iSoS, fecha de sumisión d Buenos Aires ^ acordándo-
le, además, una gratificación de 30.000 francos para gastos del viaje que ella « se proponía
hacer para ir á compartir la suerte de su marido». La especie á que alude el señor Mitre,
sin darlo asenso (Comprobaciones ^ aa4)> hade tener, en efecto, tanto fundamento como la
borrachera del rey José. Aun suponiendo que el emperador, muy poco feminista, pudie-
nte ver en parte alguna á M"" de Sassenay, que vivia en un rincón do su provincia, y
prestar un minuto de atención ú una yankee madura y madre de familia, hay dos actitu-
des que, entre sus enormes defectos, no pueden achacarse á Napoleón. La primera, es ha-
ber descendido jamás á sacrificar al marido de la mujer que distinguiera : á ser
ciertos los toros (tomando el todo por la parte), el (cmás feliz de los tres» hubiera ascen-
dido por lo menos á prefecto de Dijon; la segunda, es haber comprometido jamás su
política con caprichos falderescos. Por otra parte, de la carta de Ghampagny parece
deducirse que M** de Sassenay no conocía personalmente al emperador. También puede
inferirse de una frase del mismo Sassenay, en su informe final al ministro, que la misión
oficial se injertaba en otra comercial y de cuenta propia : « Comme peal te voir V. E. , ma
mission a ¿ti sans suecés et j*ai fait pour moi do mauvaises affaires».
74 ANALES DE LA BIBLIOTECA
IV
El bergantín Le Consolateur^enque se embarcó Sasscnayel3ode
mayo de 1808, era un buquecito de mala muerte, endeble y apenas
armado, pero bastante velero, — como que, á pesar de algunoscon-
tratiempos en el golfo de Vizcaya, se puso en Maldonado en setenta
días. Puede que fuera aquella la primera « mosca » que, nos dice
Tbiers, se despachó alas colonias cuando Napoleón estaba en Bayo-
na. La mandaba el teniente de navio Dauriac y contaba por todo
cuarenta y cinco hombres de tripulación, siendo Sassenay el único
pasajero. A juzgar por el estilo del informe y del acta publicada en
la Biografiüyú comandante Dauriac seria quizá uno de tantos oficía-
les de mar, prácticos y valientes, que por aquellos años merecieron
ingresar en el Cuerpo general de la Armada. Hacía de segundo un
viejo alférez vasco Dolhabaratz, probablemente reclutado para el caso
en los malecones de Bayona. El bergantín ofrecía pocas comodida-
des; los víveres eran malos y los compañeros de mesa, aunque bue-
nos, poco divertidos, no contribuyendo á la amenidad de la trave-
sía la perspectiva de dar con algún crucero inglés. Toda la empresa
(con el aditamento de ser quizá en principio una operación comer-
cial de Sassenay) llevaba el carácter de un ensayo hecho con el me-
nor costo posible, como si el instinto genial de Napoleón desconfiase
del éxito. Pero alentaba al emisario la idea de servir los intereses
de su país al par délos propios, con esta comisión de supuesta pro-
paganda pacífica. Llevaba impresos, de España y Francia, oficios
sellados de la Junta de Madrid y los ministros para las autoridades
de Buenos Aires y otros virreinatos, un pliego de instrucciones
bastante vagas é inofensivas, — por fin, otra carta lacrada que sólo
debía abrir en alta mar. Nos cuenta el biógrafo, según versión de al-
gunos testigos, que, al tomar conocimiento délas instrucciones secre-
SANTIAGO LINIEUS 75
tas, Sassenay dio muestras de « una verdadera desesperación)) (i).
^Qué contenían esas páginas, luego destruidas por el mismo en-
viado? Sin duda la orden de anunciar al gobierno de Buenos Aires
la próxima expedición armada con sus designios de conquista, ó de
exig^ir el reconocimiento de José, contando con el concurso del vi-
rrey... ¡ Y bien sabía Sassenay que con Liniers no podía contarse,
sobre la base de una defección !
En los primeros días de agosto, cuando ya se divisaba la costa
uruguaya, un pampero furioso envolvió al Consolaiear, arrojándole
mar afuera y retardando una semana la arribada á Maldonado: á
desembarcar en Montevideo en la fecha prevista, Sassenay hubiera
podido detener^ ó hacer modificar, la comunicación de Liniers á
Elío (6 de agosto) que causó el incurable rompimiento. Tuvo que
bajaren Maldonado el g de agosto, sin más equipaje que la maleta,
luego famosa, de los pliegos é impresos, ganando á caballo la ca-
pital, donde so apeó al día siguiente. No fué mal recibido por Elío,
quien, sorprendido por las noticias y todavía indeciso, procuró en
vano detener por la persuasión al enviado, pero sin negarse á faci-
litarle los medios de llegar á su destino. Refiérese que en esta en-
trevista, Sassenay, aludiendo á los preparativos que en la pobla-
ción se hacían para la jura de Fernando VII, se dejó decir que
convendría suspenderlos, « pues tal vez á esta hora estuviera go-
bernando á España otro soberano. . . )) Sí el dicho fuera cierto, muy
verosímil sería la respuesta furibunda que á Elío se atribuye (2).
En todo caso, el enviado francés pudo sacar de su contacto con el
(i) Sas^enat, obra citada, i3o. Allí también se transcribe la instrucción ostensible.
<c traduciéndola de la traducción española comunicada por el general Mitre». Ésta ha
de ser la que de mucho tiempo atrás existía en la Biblioteca de Buenos Aires y fué re-
producida por Zinny en la Historia de la prensa del Uruguay. En el doble trasiego se ha
enturbiado no poco la prosa de Champagny.
(3) Lahrañaoa t Guerra, Apantes históricos (citado por Bauza). El diálogo nada tiene
de imposible; pero ¿quién lo garantiza? Si las declaraciones privadas de dos testigos de
vista resultan siempre contradictorias : ¿ cómo creer en la exactitud de esas referencias
a posteriori y de oídas P
76
ANALES DE LA BIBLIOTECA
. primer mandatario español, una lección de prudencia que no echó
en olvido ; sintió que desde ese momento entraba á pisar un terreno
quebradizo y volcánico, y, en la mañana del 1 1 , se apresuró á seguir,
viaje ala Colonia, escoltado por el capitán Igarzábal. Allí encontró
al alférez Luis Liniers con la zumaca Belén que el virrey, avisado
por correo extraordinario, mandaba al emisario, y con la que, siem-
pre acompañado de su guía y vigilante, desembarcó el i3 antes de
mediodía en Buenos Aires (i). Entre tanto, el bergantín Consolaleur
pasaba por lances terribles que presagiaban los de su tripulación.
Perseguido, en el trayecto á Montevideo, por dos fragatas inglesas,
había puesto resueltamente la proa á Maldonado para embicar en
la costa y salvar el cargamento ya que no la embarcación. Asi con-
cluyó la pobre mosca, en la telaraña británica, su accidentada carre-
ra. Recogióse, en efecto, parte de la carga y del armamento^ no
habiéndose interesado los ingleses, según el informe ingenuo de
Dauriac, sino por las bebidas de la bodega. Con ímprobo trabajo,
los tripukntes lograron transportar á Montevideo fusiles y mer-
caderías, donde las autoridades españolas agradecieron hidalga-
mente el regalo — encarcelando á sus dueños.
La mañana de invierno en que, desde la carretilla que le llevara al
primitivo desembarcadero de Buenos Aires, el malhadado emisario
reconocía á la distancia el murallón y su Alameda de sauces y om-
bués, señalaba, sin que el viajero pudiera sospecharlo, la hora aguda
de una quincena de agitaciones. A semejanza de los flegmáticos bur-
guesesde la novela francesa, estos coloniales vivían de días atrás
sumergidos en otra atmósfera de desconocida actividad febril, que
mantenía excitados sus nervios y encendida su sangre, desfigurando
(i) Dice ol señor Mitre (Historia de Belgrano, L vi, y Comprobaciones, 338; qae el
enviado se embarcó en la Colonia «el día 11 y llegó ¿ la rada de Buenos Aires el
i3)), en la zumaca de Luis Liniers «que expresamente había salido del apostadero de
Montevideo». So ha confundido la partida de Montevideo (escamoteando el viaje por tierra)
con la de la Colonia, cuya distancia á Buenos Aires es cuestión de horas, no de días. Tam-
poco pudo la Belén salir de Montevideo (ni había tiempo para ello), sino de Baeaos
Aires, para ir á recibir á Sassenay. (Expediente de la Junta, declaración do Sassenay).
SANTIAGO LINIERS 77
SU sencilla y tradicional psicología. ¡ Eranpasadoslos tiempos felices
en que el vecindario se alimentaba con la modesta provisión de ideas
y sentimientos transmitidos por los abuelos, y casi tan inamovible
como la capa hereditaria ! Al compás que las cosas de España lleva-
ban y era fuerza seguir, — para algo se vive en sociedad, — nadie
sabía al amanecer con qué opiniones se acostaría á la noche ; no
tratándose, por supuesto, de que cada cual se las compusiera á
solas y por medida. Vivíase en continuo sobresalto, no habiendo
arribada de bergantín, de Cádiz ó Vigo, sin su correspondiente
vuelta de casaca. Don Carlos, don Fernando, Godoy, Napoleón ;
los ingleses, los portugueses ; los amigos de ayer, hoy enemigos,
ó viceversa : ¡ Viva Francia ! ¡ Mueran los gabachos ! . . De veras
que faltaba tiempo para saber de corrida á quién se debía adorar ó
aborrecer. Y todo ello, de oídas y por cuenta ajena. Allá, siquiera,
el choque directo de la realidad engendraba su instantáneo reac-
tivo : las pasiones de una hora creaban las convicciones de un día.
Aquí, por el contrario, los sentimientos tenían que elaborarse con
razones y, como quien dice, á pulso: no se pasaba de faroles y co-
hetes, de bandas y bandos. Por eso, la imprenta de Niños Expósitos
sudaba más papel impreso que en los tiempos del Semanario ¡ que
alcanzó á tirar trescientos ejemplares I En aquel período, sobre
todo, contadas eran las tardes en que no saliera á luz una proclama
del virrey ó del Cabildo á los « invictos é incomparables habitantes
de Uuenos Aires » ; por lo menos, tal ó cual reimpresión de las ga-
celas de Cádiz, ó,'á falta de pan, la vigésima torta pastoral del in-
coercible arzobispo déla Plata, don Benito María deMoxó y de Fran-
coli. Y sin embargo, tanta es la virtud sugeridora del verbo huma-
no y tanto el poder de ilusión de las almas nuevas, que bastaba ese
redundante palabreo, nacido al mágico atractivo de la novedad,
para mantener con espumosa efervescencia esta sangre meridional,
sin que fueran parte á enfriarla los repetidos «sablazos», mu-
cho más certeros que los portugueses, con que la metrópoli ponía
á prueba el patriotismo, en « frutos ó en dinero », de las colonias.
78 ANALES DE LA BIBLIOTECA
Fuera ó no debido á la combinación délos citados ingredientes, es la
verdad que todo Buenos Aires, del Hueco de Cabecitasá la Residen-
cia, se agitaba en aquel invierno de 1808, al sóndelos sucesos
contradictorios que en Aranjuez y Bayona se precipitaban. Los
hombres en los umbrales de sus oficinas y tiendas, las mujeres en
la Alameda y atrios de las iglesias, los niños en las escuelas y plazo-
letas, se exaltaban á porfía por las noticias europeas ; realidades
lejanas que la perspectiva deformaba en quimeras, mentiras actua-
les que fueron verdades tres meses atrás. Tal era la ((constitución»
psicológica de la ciudad á la llegada de Sassenay : mudable, irrita-
ble, inflamable, tan súbita para el odio como para el amor, y acaso
más peligrosa en sus entusiasmos que en sus iras irrazonadas. Sí
durante el viaje, como es probable, el hijo de Liniei*s adelantó al
emisario algunos vagos informes — delante del testigo Igarzábal.
que no sabía francés, — pudo decirle con toda exactitud que Bue-
nos Aires entera, pueblo y gobierno, españoles y americanos, ardía
en sentimientos de admiración y afecto por Francia y el emperador.
No se equivocaba sino en la hora : desde la víspera hasta el momen-
to en que la Belén cruzaba el Río de la Plata, el viento político ha-
bía calmado repentinamente, anuncio casi infalible de un próximo
cambio... Aquí principia un episodio verdaderamente dramático
que, á mi ver, no ha sido hasta ahora interpretado con acierto y pre-
cisión, antes por falta de método que de elementos positivos para
estudiarlo. En suma, más que complejo en sí mismo, el problema
parece complicado por lo rápido é imprevisto de sus peripecias :
bajo el instrumento crítico, la solución se hace evidente. Otros más
abstrusos se plantearán en seguida, como el de la Revolución, pero
igualmente solubles, siquiera necesiten mayor examen y esfuerzo.
El análisis de una gota de sangre, por ser menos elemental que el de
una gota de agua, no presenta resultados menos certeros (i).
(i) La versión del señor Mitre no adolece de graves errores materiales: pero la del
doctor López (II. xxxv) forma una maraña de inexactitudes é invenciones que desfiguran
completamente el episodio. Preferiríamos limitarnos á exponer nuestro concepto de lo*
SANTIAGO LINIERS 79
El sábado 3o de julio de 1 808, la misma víspera del día en que de-
bía publicarse el bando relativo á la jura de Fernando Vil, fijada para
el 12 de agosto, el virrey Liniers tuvo el primer anuncio del nuevo
vuelco dinástico. Un vecino (Lezica)le remitió un impreso de Cádiz
que contenía, entre otros documentos de menor importancia, la pro-
testa de Carlos IV contra su anterior abdicación u por haber sido
forzada», y su reasunción de la corona, dejando la suerte de la
real familia y de España al arbitrio de la magnanimidad y genio
del grande Hombre; las renuncias de Fernando y los infantes ; la
designación por el rey Garlos del gran duque de Berg (Murat) co-
mo Lugar-Teniente del reino; la circular de la Junta Suprema aca«
tando dicho nombramiento y mandando «al Consejo de Indias y
demás consejos, chancillerías, audiencias, virreyes, gobernadores
de provincias y plazas, etc. , le presten obediencia, ejecuten y hagan
ejecutar sus órdenes y providencias »; por fin, la carta en que
Napoleón, aprobando lo hecho, tomaba á España bajo su soberana
protección para regenerarla, sin aspirar á la corona; y, por lo pron-
to, declaraba al príncipe de la Paz desterrado del reino (i).
ituceflos, fundados en U correcta intorpretacióa délos documentoa, si el respeto de la verdad
histórica no nos impusiera el deber de señalar á los estudiosos algunos de los errores en
({ue el nervioso improvisador ha incurrido.
(i) Los impresos de Cádiz, de dicha fecha, no podian reproducir sino las materias
contenidas en la Gaceta de Madrid del i3 y 17 de mayo. Esto se confirma por el auto de
la Audiencia de i5 de octubre de 1808. que constituye sin duda alguna la eiposición
más verídica y autoriaada de los hechos. El historiador López (II, 378) tacha de incom-
pletos los documentos llegados á manos de Liniers porque, según ¿1, «no contenían la
protesta de Carlos IV y su reasunción del carácter de único rey legítimo, ni la apelación
dd rey á la autoridad y protección de Bonaparte como aliado... » Casi podría decirse que
los impresos no contenían otra cosa. En cambio nos afirma que dichos impresos (t conte-
nían la proclamación de José Bonaparte y el levantamiento de España bajo la dirección de
la /unta Suprema de España y de las Indica constituida en Sevilla ». La proclamación de
Joc¿ es del 7 de Junio, y el mismo Sasscnay sólo pudo traer el anuncio de su probable
realización. Pero ¿cómo esperar que el doctor López desenvuelva este lío, cuando en el
mismo tomo donde transcribe el embarco de Sasscnay (el 3o de mayo), nos afirma gra-
vemente (11, 369), que <( llegó con cartas de la Junta de Madrid fechadas el íft de
jxuüoñ? En cuanto á la de Sevilla (que él no pudo conocer) no era entonces sino una
de tantas Sapremas como en cada provincia se organizaron ; no tuvo acción fuera de
8o ANALES DE LA BIBLIOTECA
En la prolija y meditada Vista de la Audiencia, sobre estos su-
cesos, se pinta al vivo « la perplejidad en que puso á S. E. el con-
tenido de este impreso, de cuya certeza se dudó entonces^ hasta que
otras cartas (de Vandeul) lo confirmaron.» En la misma noche del
sábado, el virrey convocó en el Fuerte á los miembros del alto Tribu-
nal y Cabildo para oir su dictamen en tan grave emergencia. Sobre
la extraordinaria situación política de estas provincias y la actitud
de sus autoridades, gravitaban tres órdenes de hechos : i°los ya co-
nocidos, y resumidos en la orden superior de proclamar á Fernando
como sucesor de su padre; 2*" los que fluían de las noticias recientes,
las cuales, si bien no parecía discutible su autenticidad, no habían
sido oficialmente confirmadas ; 3** los que hubiesen ocurrido pos-
teriormente y podían haber modificado la situación. De estos tres
grupos de factores, eran los primeros, evidentemente, los que más
debían pesar en las resoluciones del gobierno : no sólo por ser los
únicos constantes, sino por entrañar el menor trastorno público, á
raíz de las disposiciones tomadas para la jura. A confirmarse el res-
tablecimiento y segunda abdicación de Garlos IV, se anularía lo
hecho, siguiendo las colonias una evolución paralela á las de la
metrópoli y de la misma dinastía. Esta política expectante era sin
duda la más sabia, y la que dejaba más fácil acceso á los aconteci-
mientos inminentes. En cuanto ala actitud de Napoleón, hasta en-
tonces no inspiraba recelo ni antipatía : sus promesas presentes
confirmábanlas pasadas. Arbitro soberano y de todos aceptado, su
primer acto había sido la confirmación del destierro de Godoy, y el
Andalucía, y bu pretensión, nunca aceptada por las otras juntas, de asumir facultades
representativas, sólo fomentó el desorden y la anarquía. La verdadera Junta Central,
formada por diputados de cada provincia, se instaló en Aranjucz el sS de septiembre,
pasando el 17 de diciembre á Sevilla, de donde tomó su titulo habitual. En los meses de
mayo y junio, la única Junta de Gobierno era la de Madrid, que predicaba la sumisión al
gobierno de Murat y designaba á José para rey de España. Además de su imposibilidad
material, las hipótesis gratuitas del señor López tornan absurda é inexplicable la acti-
tud indecisa de las autoridades coloniales. La rigurosa exactitud de las fechas y dalos
forma aquí la única realidad histórica.
SANTIAGO LINIERS 8i
segundo, la declaración de no aspirar al trono, librando á la Junta
de Madrid la designación del príncipe. ¿ No era lógico discernir en
estos indicios correlativos el posible advenimiento de Fernando ?
Aquella misma Junta Suprema del reino era la que, según todos
los órganos ofíciales, protestaba, ante la nación y el mundo, con-
tra los fautores de desórdenes y asalariados de Inglaterra que intenta-
ban perturbarlas relaciones de España y su poderoso aliado, desfi-
gurando los actos y propósitos de Napoleón, y dando color de le-
vantamiento nacional á uno que otro acto de motín miserablemente
abortado y condenado por la opinión... (i). Así razonaban en aquel
momento las autoridades coloniales, en consonancia con su infor-
mación imperfecta de la actualidad. En consecuencia, a resolvióse
de común consentimiento no hacer novedad en la publicación del
bando fijado para el día siguiente», aunque sí postergar la fecha
(i 2 de agosto) de la jura de Fernando VII, pretextando la demora de
las medallas que se acuñaban en Chile, hasta recibir nuevos infor-
mes de España.
Tal resultado tuvo la solemne deliberación ; y está demás agregar
que, por entonces, el sentimiento público no podía ser más que un
reflejo fiel del parecer gubernativo. No asomaron en el debate, según
resulta de documentos posteriores que lo. resumen fielmente, las
cavilaciones histórico-jurídicas en que algunos escritores argentinos
se han complacido ; ni era posible que se produjeran en tal mo-
mento y lugar. La validez y legitimidad de las abdicaciones ó adve-
nimientos reales no era cuestión que pudiese plantearse, ni mucho
menos resolverse^ en las colonias, cuyo vasallaje á la corona era
absoluto é independiente de la persona del príncipe. Cuando esto
problema se formulara aquí, más tarde, no sería por las autoridades
coloniales sino por la revolución ; y es muy sabido que, desde el
primer momento, la « máscara de Fernando » y la defensa aparente
(i) Véase la Gaceta de Madrid de aquellos días, especialmente la extraordinaria del
28 de mayo.
ASAUU nt LA «■LIOTBC*. — T. II G
8a ANALES DE LA BIBLIOTECA
de SUS derechos encubrían propósitos de independencia. No hubo,
pues, desavenencias ostensibles ni secretas entre el virrey y el con~
sejo, como tampoco entre europeos y americanos ; y no puede
ponerse en duda que, á consolidarse en la metrópoli el sistema
napoleónico bajo cualquier forma, hubiera sido aceptado por las
colonias sin ninguna dificultad. Pronto cambiaron las cosas, pero
no más pronto que en España. Las ideas y sentimientos del pue-
blo de Buenos Aires, á fines de julio y principios de agosto»
eran exacta y necesariamente las ideas y sentimientos del pueblo
de Madrid á fines de abril y principios de mayo; y este perfecto
paralelismo cotinuó después de la súbita explosión que, natural-
mente, no fué aquí sino un eco de aquélla. Se ve cómo la explica-
ción del presente episodio descansa en la observancia é interpreta-
ción correcta de las fechas. Es el hilo conductor en el laberinto : sin
su auxilio, todo se vuelve errores y extravíos.
En esta expectativa de calma aparente y secreta inquietud, trans-
currieron los primeros días de agosto. La carta de Périchon, que
Liniers recibiría el 4 ó el 5 y mostró seguramente á sus consejeros,
(pues el 6 escribió de ella á Elío), no pudo tener más efecto que
inclinar los ánimos hacia el aliado imperial y su prometido envío
de armas al Río de la Plata. En este bien preparado terreno cayó
el 1 1 la noticia (transmitida por correo extraordinario) de la llegada
de Sassenay á Montevideo. La población entera se entusiasmó con
el anuncio, cuyasproporciones se exageraron natural mente al difun-
dirse. Hasta los españoles europeos, refiere un testigo (cuya hostili-
dad hacia Liniers es bien notoria), « se dejaron fácilmente arras-
trar de esta ilusión, y por dos noches corrieron las calles con hachas
encendidas, músicas y gritos de ¡Viva Napoleón!)} (i). 'Con todo,
no parece dudoso que en las últimas horas del día 12, así el virrey
(i) Arengas de Mariano Moreno (Prefacio del editor, CVIII). Pocas páginas anU» de
trautcribir las do Moreno, el señor López (HUloria, II, 270), pinta como sigue el efecto
producido por la noticia: «La llegada de un agente de Napoleón causó profunda agita-
ción en la ciudad : los españoles y los hijos del país dieron vuelo i sa enojo » /
SANTIAGO LINIERS 83
como el Cabildo y la Audiencia, sin duda prevenidos por Elio, lejos
de compartir la exaltación popular no aguardaban sin ansiedad y
recelo la llegada del emisario. Ésta no tuvo en modo alguno el
carácter triunfal que las manifestaciones recientes presagiaban : fué
silenciosa y clandestina, habiéndose probablemente ocultado al ve-
cindario la hora del desembarco.
Sin otro acompañamiento que el hijo de Liniers y el capitán
Ifrarzábal, Sassenay recorrió el corto trayecto del muelle á la For-
taleza, con el natural regocijo del viajero que, al término de larga y
penosa travesía, pone la planta en tierra de recuerdos. En lo que
de Buenos Aires pudiera ver al paso, después de seis ó siete años de
ausencia, muy pocos cambios había de notar. En la plazoleta del
Mercado, que fuera antiguamente la plaza de armas, hormigueaban
á esta hora matinal los grupos bulliciosos y pintorescos. Desembar-
cando por la Alameda, el viajero tenía al frente la recién concluida
Recova, que separaba el Mercado de la Plaza Mayor : alargaba de
norte á sud sus macizos pilares y arcos de medio punto, con su
doble galería poblada de tiendas, asomando por sobre el tosco coro-
namiento la torre lejana del Colegio. Una calle empedrada dividía
la plaza desde la entrada del Fuerte hasta el Cabildo, cuyos balco-
nes se divisaban por el arco central de la Recova. Delante de ésta,
en Cías paralelas á la tiendas, se alineaban los puestos de verduras
y frutas invernales, bananas, batatas, naranjas, cuyas pirámides
rodaban por el suelo; un poco mas allá, los montones de gallinas,
perdices y mulitas, hacían manchas obscuras. Por el extremo nor-
oeste, frente al « Hueco de las Ánimas o (ya designado para Coli-
seo), un piquete de policía y las muías del Santísimo cohabitaban
en unas casuchas seculares, siempre rodeadas de gendarmes des-
harrapados y paisanos de poncho, cerca de sus caballos atados al
palenque (i). Allí^ próximos á unas tabernas de marineros, se
(i) Era lo que habla quedado del antiguo colegio do Jesuítas, trasladado en el siglo
XVII 4 la manzana de la Unirersidad. El señor Trelles (Revista de Buenos Aires, VIH) ha
referido la historia de ese « pedazo de tierra»; pero, para la época de queaqui tratamos»
U ANALES DE LA BIBLIOTECA
apiñaban los puestos de cigarreras y vendedoras de mazamorra^
maní, patas cocidas, tamales y otras «golosinas». Ocupaban el
lado opuesto del mercado» desde la acera de los « altos de Escalada »
cedida á los pulperos, las bandolas de ambulante mercería : espejos,
peines, pañuelos, alfileres, cuentas de colores y joyas de latón. En
el trecho contiguo, los carniceros sanguinolentos, junto á las carre-
tillas volcadas en su trasera, descuartizaban la res en un cuero fan-
goso, salpicando de rojo los calados calzoncillos ; más allá, cayendo
al bajo del río, cuyas toscas cubiertas de ropa lavada resplandecían
al sol, los pescadores despechugados revolvían sus banastas de
dorados y zábalos. Y por todas partes hervían como moscas, los
negros joviales con sus tableros de dulces y alfajores, las jóvenes
esclavas cocineras, « altas de pechos y ademán brioso », con su tipa
de provisiones sobre las motas, estacionándose en los tabancos de
su parroquia para tomar un mate ó encender en una brasa su ci-
garrillo...
Aunque el cuadro no era nuevo para el recién llegado, que años
antes viniera tantas veces á la \lameda de Yértiz, lo examinaba
con el interés que siempre despiertan en el hombre las huellas de
su pasado. Entre sus inseparables acólitos, orillaba ya el zanjón del
Fuerte, en cuyos poyos de ladrillo, algunos mendigos inventariaban
sus alforjas llenadas en el mercado; á su derecha, la cúpula de la
Catedral, la esquina de Azcuénaga y otros fragmentos entrevistos
de los barrios familiares, evocaban en su memoria escenas que creía
para siempre olvidadas. Pero allá, sobre todo, hacia el sud, la torre
cuadrada de Santo Domingo, que dominaba las azoteas, hizo volar
de su alma bandadas de recuerdos, más numerosas que las palomas
grises del campanario : la casa patriarcal de Sar ratea, que conociera
se limita á traducir (no muy exactamente) la noticia do Vidal, agregando solamente que
éste ora conocido con el nombre de Piquete de Snn Martin^ « no saberocMpor qué motÍYo n.
Paréceme que la explicación más sencilla sea la más probable : había allí un piquete
Cagaard-house, dice Vidal) j la calle (hoy Reconquista-Defensa) se llamó de Scui Martiu
basta 1807, eo que el Cabildo le puso el nombre de Liniers : de ahí sin duda, lo de Pt--
^aetede San Martin.
SANTIAGO LIMERS «5
por Liniers, los patios llenos de niños y de flores, los paseos á Ba-
rracas» las tertulias cordiales. — toda la plácida existencia ameri-
cana, con cuya perspectiva alegraba de antemano su destierro y
soledad. Y á punto de pisar el puente levadizo de la entrada al
Fuerte, se volvió hacia el joven, ansioso por saber de tantos seres
amigos, cuyos nombres y rostros se venían revelando en la placa
mental, cuando llamó su atención un alto tablado que por el arco
central de la Recova aparecía. A su pregunta en francés, Luis Li-
niers contestó en castellano : « Es para la jura de Fernando VII ».
Bruscamente parecióle á Sassenay que, por primera vez, se conden-
saban en sentido concreto varios indicios flotantes, que desde su
desembarco le chocaran : la actitud suspicaz del oficial uruguayo,
las reticencias del alférez y su marcada frialdad después de conver-
sar con un edecán del virrey que le aguardaba en el muelle, — todos
los detalles del extraño recibimiento que semejaba, más que la
cordial acogida de un diplomático, la captura y entrega de un de-
lincuente. Y entonces, pasó por su frente, como frío aleteo de
vespertilio, el presentimiento de ser este rincón plebeyo y las te-
chumbres divisadas, todo lo que de Buenos Aires volvería á con-
templar.
Cruzado el puente levadizo, donde un Patricio de facción pro-
sentó las armas, salvaron el portón del Fuerte y penetraron en ol
recinto. El inmenso palio poligonal se hallaba obstruido por edifi-
cios administrativos, dejando en su centro una estrecha plazoleta.
Por el lado derecho, el « palacio » extendía de este á oeste su vulgar
fachada, sin más adorno que sus pesadas pilastras y, en el piso su-
perior que correspondía á las habitaciones del virrey, una fila de
ventanas con balcón saliente y moldurado dintel ; las puertas del piso
bajo daban á la Audiencia y la Secretaría ; frente al palacio, por la
86 ANALES DE LA BIBLIOTECA
parte sud, se encontraban las Cajas reales. Cuadraban el patio por
el norte los almacenes y armería; al este, sobre el río, los talleres;
por (in,en el lado opuesto, que miraba á la plaza, se sucedían la capi-
lla y el cuerpo deguardia. Los tres hombres doblaron ala derecha y,
subiendo la ancha escalera, se encontraron en una antesala, desierta,
á pesar de ser la hora en que solicitantes y pretendientes solían in-
vadirla. El ordenanza que defendía la entrada se inclinó respetuoso
ante el hijo del amo, y como éste se dirigiese ala izquierda, hacia las
habitaciones, el negro farfulló una « orden de Su Excelencia » , con
una mirada al hombre de la maleta, y, abriendo la puerta del fondo.
dejó á (( sus mercedes » en una sala de recibo. Era ésta una espa-
ciosa pieza sencillamente amueblada y que recibía la luz de dos
ventanas al sud; algunos sofaes de caoba con respaldar y asiento de
damasco, una docena de sillas de igual estilo y una mesa redonda
componían el frío ajuar oGcial. Éntrelos descoloridos tapices que cu-
brían las paredes, se ostentaban grandes retratos al óleo de los virre-
yes antecesores: tiesos, solemnes, vagamente grotescos bajo su pro-
fusión de cruces y entorchados ; todos parecidos en lo inexpresivo de
la mirada y de la frente, vacíos de cuanto no fuera formalismo y
rutina, y presentando, mitad por culpa de la pintura, mitad por
causa del modelo, un comento abrumante de la decadencia espa-
ñola. Apenas sentados sus compañeros, Luis Liniers se ausentó,
volviendo luego para decirles que allí esperasen hasta ser llamados ;
después de lo cual, « desapareció sin que se supiese más de él »i (i).
Transcurridas dos horas, los hicieron pasar al despacho del virrey
« donde se encontraba Su Excelencia con varios miembros del Ca-
bildo y de la Audiencia, y después de dejar á Sassenay en manos del
virrey, el capitán se retiró ». Este mismo advierte expresamente en
su declaración jurada que « hasta entonces Su Excelencia no había
hablado y visto al francés » : lo que no obstará para que algunos
(í) Erpedienie de Montevideo^ declaraciones de Sassenay á Igarzábal. Conf Sassss&y,
obra citada, apéndice. Salvo algunos detalles, ambas declaraciones ante al fiscal ooncuer-
dan exactamente.
SANTIAGO LINIERS 87
historiadores argentinos insinúen que Liniers y el emisario tuvieron
conferencias privadas antes de la pública. Los detalles de esta ver-
dadera comparecencia de un reo ante sus jueces, han sido fíjados con
toda precisión en el dictamen de los fiscales de la Audiencia, el cual,
por otra parte, concuerda con las declaraciones insertas en la suma-
ria de Montevideo :
<r S. E. no quiso recibirlo por sí solo é hizo llamar al Fuerte tí los Alcaldes or-
dinarios, y Fiscales exponentes (Villota y Caspc) con el ministro snbdecano de este
Tribunal, y habiendo concurrido con solo la diferencia de que en lugar del Alcal-
de de primer voto (i) asistió el Regidor Decano, mandó S. E. entrar á dicho
emisario, que ¿ presencia de todos abrió la maleta donde venían los pliegos, y
reconocidos todos eran, etc. (Los ya enumerados)... A la primera vista de estos
pliegos, se mandó salir al emisario, y reflexionando sobre lo que debía hacerse
en un caso tan extraordinario, se adoptó desde luegoel parecer de que convenía te-
ner á dicho emisario incomunicado y hacerlo reembarcar inmediatamente que
hubiese proporción... Se le llamó de nuevo, se le preguntó si había entregado
papeles á alguna persona ó comunicado el estado de Europa ; contestó que ningún
papel había dado, pero sí las noticias al Gobernador* de Montevideo; y después
se le dijo que era necesario partiese á Europa inmediatamente... Manifestó en-
tonces el apuro v escasez en que se hallaba para retornar á Europa, pues había
perdido el equipaje y cuanto tenía en el bergantín, á que contestó S. E. que la
generosidad española nunca se bahía negado á los oficios de humanidad... Que-
daron los papeles encerrados en una caja, cuya llave se entregó por su S. E. al Re-
gidor decano, á pesar de las instancias que se hizo, con el Alcalde de segundo
voto (Gires), para no recibirla, teniendo una justa consideración á la persona del
Excmo. Sr. Virrey, y á la confianza que de ella debía hacerse. Esta es la rela-
ción puntual y exacta de lo acaecido con el emisario francés, y ella sola basta
para ilustrar el concepto y motivo con que S. E. puso la orden que contiene este
documento (á Elio para que embarque á Sasscnay en el primer bergantín espa-
ñol que saliera de Montevideo), y que ninguna otra cosa hizo que conformarse
con el parecer y dictamen de los que concurrieron al acto, procediendo con tal
cordura y precaución como si previese las cavilosidades y conjeturas malignas
á que había de quedar expuesta su conducta (a). »
(i) Aliaga, pretextando razones de salud, se habla marchado á Montevideo : allí
urdió con Elío y la futura Junta la trama separatista ; su ausencia duraría pocos dias,
pues asistió á la Jura y firmó el Acuerdo del 3 1 de agosto. — Según la legislación de
Indias (Lib. V, tit. i¿k, ley XIII) en tales casos u gozaba precedencia de regidor más
antiguo n el Alférez real, que lo era entonces don Olaguer Reynals.
(3) Visla de los fiscales de Sa Majestad Villoia y Caspe, sobre la Junta de Montevideo :
S8 ANALES DE LA BIBLIOTECA
Terminada la consulta del virrey, y dispuesto para esa misma
noche el viaje de Sassenay á la Colonia, en la propia zumaca
Belén que le trajera, el gentilhombre pudo pensar al fin en cumplir
como quien era con su desgraciado compatriota y amigo. Además
de su familia, invitó á comer en el Fuerte á varias personas de im-
portancia social y política : entre éstas, probablemente ásus íntimos
contertulianos Casamayor, Echevarría, Letamendi — y también
haría quedar prudentemente algunos actores de la escena anterior.
No conservamos detalles de esta reunión interesante y conmovedo-
ra : muy pocos eran entonces los que tenían ojos para ver, y pluma
para contar lo que vieran. Sólo la imaginación podría hoy restituir
el movimiento y la vida á los pocos datos incoloros de Sassenay.
No cuesta creer que el rumboso Liniers hubiera afinado bastante el
lujo algo tosco de la instalación virreinal : es probable que ciertos
restos del moblaje de Cisneros — que éste no trajo de España y
luego cedió á su vez al Presidente de la Junta y otros — provinie-
ran de su elegante predecesor. En esta ocasión, el fausto desplegado
en honor de un extranjero, desvalido y náufrago, era un rasgo de no-
bleza ; y si el buen gusto nativo le mandaba afectar relativa sencillez
en su traje de cincuentón enamorado, — delante de este pobre diablo
demarqués cuyo guardarropa cabía en su maleta, — hubo de desqui-
tarse con lo exquisito de la mesa y lo selecto de la compañía. Por
doble motivo de cortesía y prudencia, habría cuidado de colocar
á Sassenay en el grupo juvenil que hablaba decorrida el francés : Luis
Liniers y su cuasi pariente Manuel Sarratea (i) educado en Euro-
aprobada por la Audiencia en i5 de oclubre de 1808, se publicó en folleto por la Im-
prentado N. E. Para todo este incidente, es sin duda el documento mis exacto y
fidedigno. A falta de autoridades escritas, el doctor López (Historia^ II, aSa) dice que
apoya sus conjeturas en comunicaciones orales de don Vicente Lopes y Planes « que
las había tomado en fuentes intimas y bien informadas, como la del venerable fiscal don
Manuel Genaro de Villota ». Seria faltar á la venerabilidad del digno sujeto el admitir
un solo instante que sus palabras contradijesen sus escritos.
(i) Este hijo mayor de Liniers había nacido del primer matrimonio con la malagueña
doiia Juana de Menviel ; no era, pues, pariente de los Sarratea, pero se le tenia por tal.
liabiéndose criado con sus hermanos en casa de los abuelos de éstos.
SANTIAGO LINIERS 89
pa ; María del Carmen, la hija mayor del virrey y novia de Van-
denl : fresca y delicada criatura á quien le bastaba la flor de sus diez
y ocho años para rivalizar con su tía Melchora Sarratea, la reina de
la moda y de los salones coloniales. Por un contraste picante y sin
duda intencional, solía la descendiente de tanto caballero de San
Luis vestir la corta basquina española, forro de raso claro muy
ceñido al cuerpo y cuajado de encajes obscuros y pasamanería des-
de la rodilla ; en tanto que la heredera del castellano viejo y factor
de Filipinas lucía el traje Imperio de finísimo percal indiano, bor-
dados á mano el vuelo y las bocamangas, y apenas velado el atrevi-
do escote, casi lindante con el talle muy alto, por un bullón de
blondas de Malinas. Llevaban las dos muchachas el mismo peinado
semigriego de bucles caídos en la frente; pero, en Melchora, la ancha
venda bordada del tocado ya se encaminaba al famoso turbante de
M"** de Stael — cual si previera que, más tarde, se descubriría cierto
parecido entre aquel huevo franco-suizo y esta castaña criolla (i).
El marqués de Sassenay, que al principio enseñara la triste figu-
ra de un pájaro empapado por el aguacero, se animaba poco á poco
al calor de lacharla mujeril y de los vinos franceses : ya sacudía el
plumaje, y, de bajo del andante diplomático batido de la suerte, aso-
maba á ratos el cortesano de Ycrsalles y antiguo oficial de Conde.
A los postres, Liniers alzó su copa llena por el noble huésped ; en el
mismo instante una ráfaga violenta sacudió las ventanas y agitó las
llamas de los candelabros ; arreciaba el temporal que desde la tarde se
anunciara, tornándose más fuerte el ronquido de la marejada que rom-
pía en las toscas. La hora se acercaba; y, pensando en el contraste de
la tibia morada con la helada borrasca exterior que esperaba al pasa-
jero, elanfitriónagregó: «Aunque temo, mi querido marqués, que
vais á estar un poco sacudido. . . » Sassenay tuvo un gesto de desdén,
significando que otros chubascos tenía recibidos : uA la guerre corn-
al) RoEERTSOH, LelUrs on Soalh America, lU, no : « Doña Melchora Sarratea was Ihe
madame de Staíl of tíxe place ».
90 ANALES DE LA BIBLIOTECA
me á la guerrel^) Y después de apurar su copa, se levantó en actitud
de esperar las órdenes del virrey. Pero el comandante de la Belén,
que había salido minutos antes, volvió á decir que el práctico no creía
posible embarcarse con semejante tempestad. El virrey se dirig-ió á
la ventana del fondo quedaba sobre el rio, entreabrió las cortinas, pres-
tó el oído, sondeó con la mirada las tinieblas, y, pesando quizá en su
determinación más que la pericia del marino la inquietud del padre.
resolvió que se esperase al día siguiente. Un reloj de pared dio las
nueve, hora casi indebida paraaquellos tiempos: ((Marqués, dijo L¡-
niers : os hospedo esta noche; Luis os indicará vuestro dormitorio.»
Sassenay se despidió con ceremonia de los comensales que tratara
por primera vez, con mal reprimida emoción de los amigos que
veía por la última, y siguió al joven hacia el interior. A poco se
marcharon también los extraños, á quienes dejaría en sus casas uno
de los carruajes del virrey (i); luego se fueron en otro los Sarratea
con las dos niñas ; y Liniers pasó á su despacho, precedido por un
criado que encendió las luces de dos candelabros puestos en un es-
cptorio de caoba que ocupaba el centro de la pieza. Mandó llamará
su edecán, recibió el parte de la noche : (( sin novedad », y, salido
éste, dijo al sirviente : « Podrán retirarse todos, no necesito de na-
da». El virrey quedó solo.
En el silencio nocturno, sólo turbado por el rumor de la tormenta
y el ¡quien vive! de las centinelas, estuvo paseándose largo rato de
un extremo al otro de la amplia habitación. Luego se sentó á su
escritorio, escribió algunos renglones, dobló el papel sin sellarlo y
lo guardó en el bolsillo de su casaca. Tomó en seguida uno de los
(i) Entro el mueblaje que Liniers cedió á su sucesor figuraban dos carruajes con su»
correspondientes guarniciones, un juego de sala de 38 piezas u color de perla con filete
do oro », mesas do jaspe, etc. , y varias libreas sin estrenar : casi todo fué vendido par-
ticularmente en 1 8 1 1 por orden de Doña Inés de Cisneros. Las « guarniciones de tres
tiros, usadas » fueron adjudicadas por ao6 pesos al Presidente de la Junta. (Revista del
Rio de la Plata^ IV). La sencillez republicana que vino después no es aplicable al tren
gastado por los virreyes, quienes, además del elevado sueldo, disfrutaban otros prove-
chos legales, como, v. gr., una parte sóbrelos comisos.
SANTIAGO LIMERS 91
candelabros, después de apagar el otro, y salió á un pasillo conti-
guo: en frente de la puerta de su dormitorio, otra mal ajustada de-
jaba íiltrar un rayo de luz. El virrey golpeó ligeramente y preguntó
á media voz: Dormez-vons, marquis? La puerta se abrió, apareció
Sassenay. teniendo todavía en la mano el lápiz con que estaba es-
cribiendo en una cartera abierta sobre un velador. Liniers volvió á
cerrar la puerta, colocó en lamesita su candelabro y, sacando del
bolsillo la carta que acababa de escribir, la mostró á su huésped,
diciendo : «Ante todo no os preocupéis de pormenores materia-
les; esta carta es para D. Manuel Ortega, de Montevideo, que os
facilitará todo lo necesario para vuestro viaje. Pero, á todo evento,
quiero que mi hijo os la entregue mañana, en la Belén, en presencia
de todos» (i). Y sin atender las protestas efusivas del otro, el virrey
le indicóla silla que acaba de dejar, y se sentó en frente de él, de-
lante de la mesa. Enfin, seuls!
Es muy seductora, por cierto, la tentación de reproducir por con-
jetura el diálogo de los dos amigos que, después de larga separación,
volvían á encontrarse en tan extrañas circunstancias. La hora, el
lugar, Y hasta la tempestad de invierno que estremecía la vetusta
Fortaleza, acrecentaban lo intensamente dramático de la situación. ..
Pero el historiador no tiene el derecho de invadir el campo del no-
velista ; y si se tolera que pruebe á colorir (como acabo de hacerlo)
las lineas secas del testimonio, valiéndose de datos analógicos,
no le es permitido forjar un documentodel todo imaginario, por ve-
rosímil y probable que en sus términos generales aparezca. Sólo nos
han llegado dos ecos bastante vagos de aquel la escena. En sudeclara-
ción ante el fiscal de Montevideo. Sassenay manifiesta que « no ha-
biendo podido embarcarse en la B^/^n por causa del mal tiempo,
pasó en el Fuerte aquella noche y conversó á solas con Liniers de
la reconquista de Buenos Aires n. Se muestra naturalmente más
(i) Este acto de generoBÍdad — por otra parte acordado en la reunión de la tarde —
fué reprochado á Liniers como un paso sospechoso, figurando la carta A Ortega entre
los capítulos de acusación formulados por la Junta de Montevideo !
92 ANALES DE LA BIBLIOTECA
explícito en suinforme al ministro Chanipagny,ciiyos términos me-
recen atención^ aunque no hayamos de aceptarlos al pie de la letra.
Después de describir la conferencia pública de la tarde. Sassenav re-
sume así su entrevista nocturna con el virrey :
« Antes de embarcarme tuve sin embargo la ocasión de ver en privado á M. de
Liniers ; se disculpó (creo que sinceramente) por el modo con que me había reci-
bido, diciéndome que así lo exigía su posición, pues no tenía tropas de línea, su
autoridad (poder) dependía de la opinión, y perdería todo su prestigio en el mo-
mento de apartarse de lo que parecía ser el voto general. Me convenció de este
aserto la dependencia en que le vi respecto del Cabildo... Me afirmó que deseaba
ver cambiar un gobierno que se había mostrado poco agradecido con él, dejándole
virrey interino en vez de nombrarle en propiedad ; pero era fuerza obrar con pru-
dencia y esperar que las circunstancias le permitiesen pronunciarse; por de pron-
to, contemporizaría... Por su parte, su interés y alta estimación por el Emperador
le atraían más hacia la nueva dinastía que fijaría su suerte, en lugar de vivir en
esta incertidumbre. Estoy, pues, persuadido de que, si él hubiese tenido los rae-
dios de obrar, ó quizá mayor audacia, y que yo hubiese podido volver (inmediata-
mente) á Europa, los acontecimientos habrían tomado otro curso. La proclama que
dio después de mi llegada (y salida), en que aconsejaba al pueblo esperar tran—
quilo, como en la guerra de Sucesión, el desarrollo de los sucesos, prueba de un
modo irrevocable sus intenciones de servir al Emperador, pero se lo impidieron
las circunstancias. . . (i) »
Para reducir á sü verdadero alcance estas apreciaciones- del en-
viado Sassenay, es menester tener presente que las dirigía, después
de dos años de sufrimientos y penurias, en su calidad de subalterno
cuya misión había fracasado, á un ministro del soberano que meaos
admitía los fracasos. Procuraba evidentemente paliar el mal éxito
de su misión, exagerando las simpatías imperialistas de Liniers y
atenuando la forma indiscreta y poco meditada que la tentativa
había revestido. Es muy posible, por otra parte, y aun probable
(pues estos detalles no se inventan) que, delante de Sassenay, Liniers
se produjese en términos parecidos contra el gobierno español»
mitad porque eran tales sus opiniones, mitad porque las manifes
• i) Sasaenat, op. cí(., piezas justificativas. El documento original se encuentra en Ar-
chives da ministere des aff aires étrangéres; está datado en Sevilla, 3 3 de mayo de i8io.
SANTIAGO LINIERS 93
taba á un emisario que había de transmitirlas á sus mandantes
franceses. Juzguemos humanamente á los seres humanos. Sin po-
ner en duda la sinceridad con que, un año antes, manifestara su nin-
gún apego al mando, puede que ahora fueran muy otros sus senti-
mientos. La máxima de que « los oficios graves adoban el entendi-
miento » no es del todo cierta, ni aun para Sancho Panza, siendo el
efecto ordinario del mando engreir y marear al encumbrado : ya te-
nemos señalada de pasóla propensión del buen Liniers á virreinar.
Además, su despecho no carecía de fundamento, si se comparaba lo
que él y Sobremonte habían hecho para alcanzar premio tan desigual .
Por fin, á suponer que Sassenay no esforzara la actitud de su hués-
ped, — cuya conducta generosa echaba un poco en olvido, — hay
que tener en cuéntala circunstancia excepcional déla conversación.
Se dice en el mismo informe que pasaron juntos w toda la noche »: de
algo más que de los tristes Borbones hubieron de hablar. Parécenos
escuchar la pregunta ansiosa de Liniers, y el grito de su curiosidad
ardiente: «¿Le habéis visto? ¿cómo es, cuál es su voz, su figura,
su gesto ?. . . )) La fascinación universal que Napoleón ejercía y ejerce
aún en las almas, arrancando aclamaciones involuntarias á sus
mismos enemigos, no podía dejar insensible al Reconquistador,
francés, al cabo, y de extirpe militar. También vería alzarse desde
su modesta penumbra de gloria local, la imagen resplandeciente del
único teatro en que valiera ser actor (i). No se trataba para Liniers
— y bien lo mostraría á su hora — de entregar Buenos Aires á un
enemigo de España, sino de aceptar la perspectiva de tener poi*
«oberano al que, según las últimas noticias, era proclamado y acia
mado por la mayoría de la nación. Tal pudo y debió ser, en aquellas
horas inquietas, el estado de alma de quien, desde su madurez hasta
su muerte en tierra extraña, hubo de sufrir el doloroso conflicto en-
tre deberes inconciliables... Y si es admisible que en lo que faltaba
(i) Recuérdese al viejo Bernadotto, mirando sa corona de rey de Suecia y murmu-
x.indo entristecido: «/ V pensar que he sido mariscal de Francia! »
94 ANALES DE LA BIBLIOTECA
(le la noche el atribulado virrey lograra dormir, puede presumirse
que agitaran su sueño visiones heroicas que no atormentaban á los
dignos miembros del Cabildo y la Audiencia.
Sassenay se embarcó al día siguiente; pero el mal tiempo le
retuvo dos días en la rada, no llegando á Montevideo hasta el 19.
Apenas desembarcado, fué arrestado como prisionero de guerra y
encerrado en la Cindadela. Al cabo de diez meses logró escaparse,
— al parecer con la complicidad de algunos soldados, según el
expediente que tengo á la vista; nuevamente capturado, quedó
cinco meses con grillos. A fines de 1809, fué transportado á Cádiz
y arrojado á un pontón, del cual intentó evadirse en mayo de 1810.
En agosto, por fin, logró ser incluido en un cambio de prisioneros
ingleses y ver el término de su lamentable odisea. El trance de un
turón sorprendido en el campo por el galope furioso de un escua-
drón de caballería : eso era la existencia del hombre en aquellos
tiempos de bronce (i).
VI
Al día siguiente, t5 de agosto, se publicó la « famosa proclama»
de Liniers, como la apellidan nuestros historiadores, que exageran
sus consecuencias al par que tergiversan su espíritu, por no llevar
esa cuenta exacta de las fechas á que antes me referí, y es el único
cartabón que permite en cualquier momento medir el horizonte
político, divisable desde Buenos Aires. Aquel documento, acorda-
do con la Audiencia y el Cabildo (y que éstos dejaron de subscribir
por cobarde contemplación con el grupo de Álzaga), era todo cuanto
en la circunstancia podía y debía ser. Resultaba ambiguo é incier-
to porque reOejaba fielmente la ambigüedad é incertidumbre de la
(i) Coa todo, el ratón escapó. Sassenay, aunque maltrecho y envejecido, volvió»
como Gandide, a á cultivar su jardin ». Llegó á ser diputado en i83o, y murió á lo»
ochenta afios cumplidos.
SANTIAGO LINIERS 96
situación. Lo que procede, pues, para formular un juicio que sea
algo más que un prejuicio, es examinar sus principales cláusulas.
La proclama consta de cinco párrafos. En el primero se establece
claramente que, hasta la llegada de Sassenay, las noticias habían
quedado aquí con la abdicación de Carlos IV en favor de su hijo
Fernando VII (i4 de mayo) y « la traslación de toda la familia Real
á Francia» (io-3o de abril); posteriormente, la llegada del emisa-
rio francés había planteado otro problema, al que los magistrados
buscaron solución antes de atender las impacientes » vociferaciones
de los ociosos » . El segundo parágrafo comprendía el desembalaje de
la maleta : el Emperador reconocería la integridad de la monarquía
y sus colonias, respetaría la religión, las propiedades, fueros y cos-
tumbres de la nación ; por otra parte^ no estaba todavía decidida la
elección del príncipe, habiéndose convocado cortes en Bayona para
el 1 5 de junio. Pero en el tercer párrafo es donde se reconcentra
todo el bonapartismo de Liniers y sus asesores : el Emperador nos
ofrece auxilios, creo que debemos admitirlos « siempre que consis-
tan en armas y en tropas españolas » ; en cuanto á la actitud de
esta colonia, debe ser expectante, es decir lo que fué durante la
guerra de Sucesión, « esperándola suerte de la Metrópoli para obe-
decer á la autoridad legítima que ocupe la soberanía». Ello es
todo. Entre tanto, dice el cuarto párrafo, no teniendo el gobierno
u órdenes suficientemente autorizadas que contradigan las reales
cédulas del Consejo de Indias para la proclamación y jura de Fer-
nando VII, anunciada ya por bando de 3i dejulio», se resuelve
proceder ásu ejecución. El último daba cuenta de las órdenes im-
partidas en el virreinato para dicha jura, terminando con la caden-
cia de rigor sobre las glorias adquiridas por el « inexpugnable ba-
luarte de la América meridional».
Tal era el documento juicioso y esencialmente anodino que nues-
tros declamadores handescripto como una nube preñada de rayos y
centellas. Por cierto que, al disponer la jura inmediata de Fernan-
do,— para el domingo siguiente, 21, — después de conocerse, no
96 ANALES DE LA BIBLIOTECA
sólo la protesta y segunda abdicación de Garlos lY, sino la formal
renuncia del principe de Asturias y los infantes, incurría en g^rave
inconsecuencia; pero, á más de transparentarse el origen de la cláu-
sula y sus razones locales, debe repetirse que el ilogismo fluía lógi-
camente de la caótica situación. Ateniéndose á la protesta posterior
del rey padre, éste era á quien debiera jurarse de nuevo; por otra
parte, las comunicaciones de la junta de Madrid, y de los mismos ex-
ministros de Fernando, prescribían el reconocimiento del gobierno
provisional sometido á Napoleón. Empero, las cédulas expedidas el
lo de abril por el Consejo de Indias, único representante y órgano
legal del soberano ante las colonias, aunque muy anteriores á los
otros sucesos, no habían sido oficialmente anuladas ni substitui-
das (i). . . En ese laberinto vagaban á tientas las desconcertadas auto-
ridades, chocándose en las tinieblas intereses y pasiones, á merced
de las últimas noticias que trajera una barca de Cádiz : ¿ cómo exi-
(i) Todas ostas páginas do la Historia del señor López están llenas de incongruen-
cias : u Llegó (Sassenay) con cartas de la Junta de Madrid fechadas el 1U de junio (^11,
a6g). — (( El a3 do agosto^ recientemente jurado Fernando Vil (en Buenos Aires, sin
duda, pues en Montevideo se juró el 1 2) llegó á Montevideo D. José de Goyeneche » ( agS).
— u El virrey Liniers recibió el 2 de agosto las órdenes (para la jura) de la Junta de
Sevilla, con fecha de 3o de mayo » (a6g). ¿ Cómo fundar en tan enormes trocatintas la
historia de un episodio, en que son diarias las peripecias y dependen de horas las relacio-
nes de los sucesos antecedentes con sus consecuentes ? Respecto de Sassenay, el mismo
señor López transcribe y comenta (p. 6a a) su salida de Hayona en 3o de mayo ; y todo
el imbroglio nace precisamente de haberse embarcado antes de la proclamación de José
f junio) y cuando no podía tenerse en Bayona noticia alguna sobre la formación do la Junta
de Sevilla (aS de mayo). — Goyeneche desembarcó en Montevideo el ig, horas antes que
Sassenay (retour de Buenos Aires), y fué su primera bravata anunciar que venia á apre-
surar la jura — que se hizo aqui el ai. — Antes del 3o de julio, se habla dado principio á
los preparativos para la jura, cumpliendo órdenes, no de Sevilla, sino las muy anteriores
de la cédula expedida por el Consejo de Indias, com ) reiteradamente lo apunta Linier»
(proclama y carta á Carlota). Dice Torrente (Historia^ I, ao) que «el i4 de julio
llegó á Montevideo el bergantín Amigo fiel, y el a 5 de julio la barca Sonto Cristo,
conduciendo este último buquo la cédula del 10 de abril que ordenaba la jura». Con-
firma el dato (aun más irrefragablemente que la Gaceta de Madrid^ que también lo trae)
este pasaje del Acuerdo del Cabildo de Buenos Aires (ag de julio); « dos pliegos que
contenían... las R. Cédulas expedidas con fecha diez de Abril último». El primer «rei-
nado» de Fernando va del ao de marzo al g de abril, en que salió de Madrid para Ba-
yona.
SANTIAGO LINIERS 97
»
gir, entonces, que los hombres se mostrasen más lógicos que las
cosas ? (i) Por lo demás es absurdo suponer — pues todo ello no pasa
de suposiciones — que las tendencias bonapartistas de la proclama
irritasen las « pasiones patrióticas » del mismo pueblo que, la vispera
y al solo anuncio de la llegada de Sassenay, estallara en raptos de
entusiasmo — excesivos é inconscientes como todos los arranques
populares. El impreso pasó inadvertido en Buenos Aires; y aun en
Montevideo produjo mucho menos efecto que la circular del 17 que
lo acompañaba é iba dirigida á las autoridades subalternas (2). En
realidad, como luego se mostrará, ni uno ni otro documento tuvo
influencia apreciable en la separación de aquella provincia: el con-
flicto latente, que hemos visto próximo á estallar después de la Re-
conquista, obedecía á causas históricas en que los hombres con sus
pasiones no eran sino pretextos ocasionales.
La jura solemne de Fernando VII, fijada primero para el 12 de
agosto, « aniversario de la Reconquista », y luego para el 3o, « día
de Santa Rosa», se efectuó en Buenos Aires el 21. sencillamente
porque esta fecha correspondía al primer domingo después de los
incidentes narrados, y urgía terminar el enojoso asunto. En un
artículo de polémica revolucionaría — excesivo por definición, —
Mariano Moreno ha pintado en términos inadmisibles la indiferen-
cia con que este pueblo presenciara la ceremonia (3); y no ha faltado
(i) La única actitud prudente fué la del cabildo do Méjico, al prescribir k. su virrey
(i5 de julio de 1808) que siguiera gobernando «á nombre del reino» hasta constituirse
definitivamente el soberano legal «sin entregar el gobierno A la misma España, aunque
nombrase otro virrey S. M. Carlos IV, ó el principe de Asturias bajo la denominación
de Fernando, antes de salir de España ó después desde la Francia, ó el señor Empera-
dor ó el duque de Berg». (La Lealtad española, IV, 157.)
(3) La proclama no figura entre los i3 documentos reunidos en Montevideo como ca-
pítulos contra Liniers. Se aludía á ella en el n* la, que era la circular, y los fiscales de
Bueno» Aires decían, rebatiendo la calumniosa acusación: « menos hemos hallado (motivo
de sospecha), en la proclama que con fecha del 1 5 de agosto publicó S. E. con acuerdo y
parecer de los dos cuerpos ».
(3) Moreno (Eserilos^ ^ko) sólo se refiere al atrio de Santo Domingo, donde según él,
« fué necesario que los bastones provocasen en los muchachos la algazara, que las mismas
monedas no excitaban I » Quizá serian pocas. . . Pero aunque el hecho fuera cierto, poco
AHALSI »■ LA BlllUOTVC*. — T. II y
98 ANALES DE LA BIBLIOTECA
quien exagerase la especie, inventando no sé qué fantástico « sen-
timiento público )) que, desde aquella fecha, se mostraba casi tan
hostil á España como á Francia, en sus aspiraciones de indepen-
dencia. No hubo tal madrugón, y los supuestos anhelos separatistas
de aquel momento son anacronismos. A primera vista y sin
poseer datos positivos, el caso de que esta población meridional aco-
giera fríamente un programa de cohetes y faroles, parece tan ex-
traordinario como el de una masa de cal que tuviese contacto con
el agua sin entrar en ebullición : siempre y en cualquier parte, el
inmutable pópulo sólo pide panem €t circenses para alborotarse, —
y aun, á falta de pan, le basta el espectáculo. Asi las cosas ¡ mila-
gro fuera que naciese la excepción en un grupo de sangre española!
Pero nos consta por testigos oculares que, á pesar de los aplazamien-
tos y lo difícil de las circunstancias económicas, la jura de Fer-
nando YII se realizó con el mismo entusiasmo, si con menos
pompa y estrépito, que algunas anteriores — singularmente la de
Carlos III, en que el célebre Alférez Matorras echó la casa por la
ventana (i).
probaria contra la «algazara» general. Santo Domingo no fué sino una délas « estacio-
nes )> en que el Alférez dio sus tres gritos; el teatro del bullicio era la Plaza Major.
(i) En cambio, la jura de Carlos IV se realizó con muy juiciosos ahorros. El virrej
Arredondo, en su Informe al sucesor C/?evü(a de la Biblioteca [de Trellos], 111, Sia)»
consigna el hecho notable de haber dedicado los lo.ooo pesos recolectados en el comer-
cio al empedrado de las calles a en lugar de haberlo gastado en funciones y regocijos».
Acaso este plausible antecedente influyó también, fuera de las otras razones apuntadas,
para que la proclamación de Fernando se contuviera en proporciones modestas, no sa-
crificándose al vecindario ya muy postrado por las pasadas y presentes contribuciones pa-
trióticas ; lo mismo ocurrió en Chile. — Fuera del interesante, aunque descolorido esbozo
de Udaeta (Revista de Buenos Aires^ XV, i66) y de algunos datos de los acuerdos capi-
tulares (reproducidos en Hosa, Estadios numismáticos) j no creo que exista descripción
circunstanciada de la jura de Fernando VII en Buenos Aires. En esta última obra, ex-
celente en su especialidad, se encuentran reunidas, además de las anteriores de Buenos
Aires, todas las proclamaciones celebradas en América. Ello permite restaurar por inferen-
cia la fisonomía general de la que cerró la serie. Nada más legitimo que proceder aquí
por analogía : basta, para demostrarlo, comparar la descripción de la jura de Salta, no ya
con las de Lima ó Méjico, sino con la de Madrid (Gacela de septiembre 6 de i8o8). To-
das estas ceremonias observaban el mismo ritual, no diferenciándose más quoon detalles
SANTIAGO LINIERS 99
Desde el sábado á la noche, víspera de la jura, los alegres bo-
naerenses, abandonaron, sin distinción de americanos ó europeos,
sus casas iluminadas y empavesadas, para recorrer la ciudad llena
de cantos y músicas. Los edificios públicos resplandecían con ha-
chas y bombas de colores. En el aristocrático barrio del sud, las
calles de Unguera y Liniers (i) rivalizaban en lujo decorativo. En
la primera, además de las casas señoriales que hasta los Betlemitas
se sucedían, los atrios de San Francisco y Santo Domingo llamaban
la concurrencia en torno de sus orquestas colocadas en los ta-
blados de la proclamación : sobre todo junto al templo de las jor-
nadas memorables, á vista de la acribillada torre y las azoteas que
fueron cantones de Montañeses, era donde se glosaban á gritos los
episodios de la Defensa. Era el foco de atracción de la segunda
el cuartel de Patricios^ delante de la plazuela de la Ranchería, don-
de la banda del orgulloso cuerpo estremecía con acentos marciales
las Temporalidades, bajo un arco triunfal que ostentaba en su cen-
tro un escudo, formado por dos manos enlazadas entre nutridas co-
lumnas de versos (2). Pero en el barrio de la Catedral al norte, el
de ejecnción : claro está qae, v. gr., los cuadros decorativos, que en Madrid fueron pin-
tados por Goya, lo serían aquí por algún « Goyo» ; pero en lo substancial ^si tal puede
decirse) se parecían como una misa á otra misa.
(x) Así acababan de bautizarse las que se llaman hoy de la Defensa y Perú. La nue>
va nomenclatura, destinada á perpetuar nombres que se hicieron más ó menos famosos
en las invasiones inglesas, sólo duró hasta 182a. Estas inscripciones oficiales (que se leían
en tabÜllas fijadas en las esquinas) nunca fueron populares. Era uso muy frecuente,
como dije más arriba, designar la calle ó parte de ella, por un edificio notable : asi la
cuadra Belgrano-Moreno, de la calle Perú, se llamaba acalle del Pinoy)j la siguiente calle
del Correo y etc.
(a) Udacta, loe. cil. No deja de ser interesante este primer esbozo colonial del escu-
do argentino. Por lo demás, las dos manos unidas son de uso muy frecuente en he-
ráldica : Enrique V de Inglaterra, para afirmar sus pretensiones al reino de Francia, lle-
vaba en sus armas dos manos de justicia enlazadas ; en la lengua del blasón este «mueble»
se llama fe. En cuanto al gorro frigio sobre una pica, sabido es que procede de la Revo-
lución francesa ; pero mucho antes lo habían adoptado los Países Bajos y también los Es-
tados Unidos.
loo ANALES DE LA BIBLIOTECA
Real Consulado tanto se había excedido en esplendor y magnificen-
cia, que se encargó un artista inspirado de transmitirlos á la posteri-
dad ( I ). En el parapeto superior flameaba la inscripción ¡ Viva Espa-
5ía! simétricamente repetida ; sobre el balcón central, dominando las
armas de Castilla, un gran dosel de damasco cobijaba la eGgie real;
en la doble hilera de balcones laterales, altos y bajos, se distribuían
lemas análogos, cubriendo las ocho ventanas del frente otros tantos
bastidores con sendas cuartetas, en que se celebraban las virtudes del
adorado Fernando y la dicha inefable de América bajo tan sublime
monarca (2); los dobles cordones de lámparas innumerables reco-
rrían las cornisas, subían al frontón triangular, exageraban los
relieves de las pilastras, festoneaban las jambas y dinteles de las
ventanas, convirtiendo la venerable fachada colonial en una calada
pantalla puesta delante de una hoguera. En la acera del frente,
montaba la guardia al rey fantasma una compañía de Vizcaínos, al
(1) Un dibujo bastante caidado de la fachada, el día de la jura, ha sido reproducido
en la citada obra de Rosa ; está firmado E. Ceratti. El vasto edificio del Consulado ocu-
paba el sitio del actual Banco do la Provincia, y por sus pro{>orciones arquitectónicas, era
tan notable á principios del siglo xix, como lo fué el segundo allá por los añoa 70
y tantos, antes de multiplicarse las construcciones monumentales. Quiero abundar en
detallen precisos para obligar la gratitud de los investigadores futuros, ahorrándoles el
trabajo que cuestan estas rebuscas. Hasta 1833, ocupaba el piso alto del edificio el « Con-
sulado » propiamente dicho ó Tribunal de Comercio; en el piso bajo funcionaba la Cá-
mara de representantes ; había, además, una escuela de dibujo que se incorporó luego á
la Universidad. El i* de mayo de 183 a se inauguró la nueva Sala de representantes,
construida por el ingeniero francés Prospor CattoUn, en la calle del Perú, contigua á la
antigua Biblioteca, a fijando sus cimientos precisamente sobre el mismo lugar en que se
fabricaron los calabozos de Oruro en 1780». Resultando así disponible el antiguo lo-
cal, el gobierno dispuso que allí se instalase el novísimo Banco de Buenos Aires: las aulas
de dibujo y el primer patio se reservaron para la Bolsa mercantil, también de reciente
creación; y el Correo general se desahogó con dos salas en el segundo patio, continuando
ocupados los altos por el Tribunal Consular (Argos, de enero á mayo, 183a).
Ca) He aqui una muestra de estas coplas de ciego, — la que probablemente correspondía
«1 modesto despacho del secretario Belgrano :
Legítimo laccsor
De la corona y el mando:
JnramoB hojr i Fernando
Por nuestro rejr y señor.
SANTIAGO LINIERS loi
pie del tablado en que hacía de las suyas la charanga del batallón ;
en tanto que sus oficiales, más tiesos que en el Miserere (i), con
su lucida casaca azul de peto carmesí y el alto sombrero empena-
chado, revolvían, como moscas en panal, por las rejas voladas
donde formaban ramillete las familias vecinas Del Sar y Escalada,
flor y nata del barrio catedralicio. Con todo, nada era comparable al
espectáculo y bullicio de la Plaza Mayor, por cuyas cuatro esquinas
déla Cárcel, el Mercado, el Coliseo y la Catedral, desembocaban in-
cesantemente ríos humanos. Después de contemplar extático las
innúmeras luminarias que coronaban la Recova y su arco central
todo erizado de trofeos, el pueblo fijaba su admiración en la torre
y galerías del Cabildo, en cuyas archivoltas los festones de lámpa-
ras alternaban con las crestas bermejas de los hacinados estandartes.
No desmerecía de estos esplendores el arreglo del adyacente cuartel
de Miñones, debido á la esplendidez de su comandante — el mismo
Alférez Real y protagonista de la fiesta — que había agotado en el
adorno los recursos de su adinerada y catalana fantasía. A continua-
ción, hasta la esquina de Reconquista (Rivadavia), los altos de Ri-
glos daban otra nota social, más elegante, símenos estrepitosa que la
del vecino oficialismo : un solo cordón de globos encarnados y ama-
rillos bordaba la cornisa ; pero se exhibían por las ventanas abiertas
las famosas arañas de cristal encendidas en la sala ; y colgaban ricos
tapices de aquellos balcones de hierro forjado que, desde la capitu-
lación de Beresford y la entrega de las armas inglesas delante del
Cabildo, hasta la tumultuosa entrada de los vencedores de Caseros,
habían de ver desfilar un medio siglo de historia argentina... Den-
tro del inmenso marco de luz, seguía la muchedumbre colonial
(i) Saouí, op. cit., lia : u loa Vizcaínos, qiie tanta arrogancia mostraban antea del
ataque de Whitelocke, para después quedar hechos el blanco de zumbas y pullas ». Para
acallar estos rencores desfavorables, sus jefes solicitaron certificados de heroísmo que,
naturalmente, les fueron otorgados : á estas pretensiones infundadas los Patricios repli-
caron con la evidencia de su propia conducta, atestiguada por toda la población y los
mismos oficiales enemigos. Sobre estos gérmenes de discordia, que pronto fructificaron,
véase el tomo Vil de la Biblioteca del Comercio del Plata.
103 ANALES DE LA BIBLIOTECA
desarrollando en el ámbito de la Plaza sus lentas oleadas, que se
cuajaban en islotes compactos en torno de la bandas militares y las
mojigangas de gremios. De repente, al primer toque de las nueve,
estallaron las bombas y cohetes voladores, poblando el cielo obscuro
de centellas y penachos de fuego, en tanto que los castillos fantásti-
cos incendiaban uno tras otro sus arcos rutilantes y ruedas gira-
torias; y entonces un grito de diez mil pechos, un clamor unísono
de / Viva Fernando ! cubrió por un minuto las detonaciones y las
músicas. ¡ El eterno vagido del niño colosal que prefiere por ali-
mento la papilla de la superstición á la médula leonina de la verdad;
y, necesitando creer en un supremo dispensador de todo bien v
regocijo, se labra un fetiche simbólico con la primer materia que
á la mano le viene, ya sea el bronce de un Napoleón, ya el barro vil
de un Fernando VII (i) !
Al amanecer del día siguiente, las salvas de la Fortaleza y valizas
anunciaron al vecindario el acto memorable . Con los primeros
repiques de las campanas llenáronse las calles de pueblo endomin-
gado ; nobles y plebeyos, españoles y patricios, viejos y niños,
blancos y morenos, soldados y clérigos, ostentando todos — hasta
los frailes de los conventos — una divisa bordada de oro y plata con
el sagrado nombre. El solemne Te Deum era para el otro día en
la Catedral; pero sabíase que las autoridades concurrirían, aunque
no en séquito oficial, á la misa cantada de Santo Domingo. Y desde
las nueve de la mañana, las masas populares apiñadas en las aceras
se descubrían al paso de sus altos mandatarios: el Cabildo pleno, la
Audiencia, el Consulado, el obispo Lué con sus dignidades; por fin.
en un círculo de jefes y vecinos notables, el virrey Liniers vestido de
media gala, la negra cruz de Malta prendida á la solapa, dominando la
(i) Nada queda por decir de la abyección moral y nulidad intelectual de Fernando:
es máa sorprendente hallarle extraño á todo hábito palaciego. Talleyrand, testigo simpá-
tico en odio á Napoleón, nos refiere su asombro (Mémoires, I, 583) al descubrir en Va-
len^y que Fernando y los infantes no sabían disparar una escopeta, ni montar k ca-
ballo, ni bailar. En cuanto á los modales, á los detalles íntimos de mesa y tocador, son
casi increíbles: esos descendientes del Luis XIV no parecían europeos.
SANTIAGO UNIERS io3
comitiva con su cabeza blanca y su fino rostro de emigrado francés.
Muy pronto estuvo repleto el histórico templo, aglomerándose el
gentío bajo el pórtico, en frente de la obscura nave estrellada de ci-
rios, ó formando corros charladores, al tibio sol de invierno, en el
atrio cercado de postes. Y por instantes abríanse los grupos más
compactos ante una acometida femenina : frescas muchachas de
mantilla y estrecho guardapiés modelando el cuerpo esbelto (i);
enormes señoronasque llegaban jadeantes, con el rebozo en banda,
interrumpiendo el febril abaniqueo para alcanzar un coscorrón al
negrito de la alfombra. Por fin, al toque de las once terminó la mi-
sa solemne, alargada aún por una fogosa homilía del padre Greln.
que así ensillaba entonces el rocín monárquico como tomaría des-
pués la patriótica podadera ; y desfiló con paso lento la grave con-
currencia, disolviéndose en la Plaza Mayor, para reorganizarse á la
siesta y decentar el macizo programa.
A las dos de la tarde hormigueaba en la Plaza Mayor la alborota-
da muchedumbre, ávida de gozar al fin el diferido espectáculo. Es-
taban ya formadas en su sitio respectivo, y banderas desplegadas, las
tropas urbanas : los tercios de Patricios en la calle central que del
arco de la Recova al Cabildo dividía la plaza ; los Miñones delante
de su cuartel ; los Arribeños á lo largo de la Catedral , y en el resto
del cuadro los Andaluces, Vizcaínos y Gallegos. Debajo de los bal-
cones capitulares, levantábase á dos varas del suelo el escenario de la
simbólica loa : era un vasto tablado de nueve varas de frente, con
balaustrada corrida y escaleras laterales, — el mismo que sirviera
algunos meses antes para el sorteo de los esclavos manumisos, pero
(i) El inglés Vidal, muy pobre dibujante do ordinario, trae en su obra (Piclüresque
Ulustrations of Buenos A rref, Londres. i8ao) una interesante vista del atrio de Santo Do-
mingo con un grupo de porteños saliendo de misa : la de la izquierda, vestida de ne-
gro, es verdaderamente deliciosa. Podría deducirse del texto que Vidal tuvo& la vista
un croquis hecho «algunos años antes por un viajero inglés». ¿No sería el oficial au-
tor de los excelentes dibujos á pluma sobre la Reconquista y la Defensa P Así se explica-
rían á la vez los trajes de las mujeres (que parecen ser del año lo) y el mérito del
inusitado trabajo.
io4 ANALES DE LA BIBLIOTECA
nueva y ricamente decorado para la circunstancia. Las columnas
angulares, revestidas de trofeos y alegorías, dejaban ver un dosel
carmesí coronado por las armas de España, y cobijando el flamante
y todavía velado retrato del monarca en su marco de oro (i). De-
lante del sitial reservado al virrey, una mesa cubierta de cojines de
terciopelo esperaba el real pendón ; y por el fondo y costados del ta-
blado se distribuía la » rica sillería » con arreglo al ceremonial. Un
toque de clarines anunció la llegada de la comitiva ; y las músicas
rompieron á* tocar marchas, mientras la escolta de dragones desem-
bocaba del arco de la Recova, precediendo el séquito en dos alas que
formaban, con sus vistosos uniformes ó las insignias de su cargo,
los jefes de mar y tierra, los miembros del Cabildo y del Consulado,
los ministros de la Real Hacienda y la Audiencia; por fin, solo en el
centro de la calle, el virrey Liniers : alto, robusto, muy erguido en su
magnífico traje de capitán general, bordado de oro en las costuras
y las vueltas encarnadas, saludando con su galoneado bicornio al
pueblo que le aclamaba. Apenas ocupado el tablado por las autori-
dades, asomó por la calle de la Victoria un escuadrón de húsares,
anunciando el Real pendón que se traía de la casa del Alférez ; a poco
apareció este héroe del día, — á mil leguas de su escritorio de mer-
cader, — en su traje de corte, montando un magnífico tordillo en-
jaezado, seguido del diputado del Cabildo que traía el estandarte
en su funda de seda, entre los cuatro reyes de armas, maceros y la-
cayos de librea. Colocado en la mesa el pendón, se adelantó el Sín-
dico Villanueva, acompañado del Escribano Mayor, y leyó la pro-
clama de estilo : el Alcalde Álzaga descubrió el retrato ; el Regidor
decano desplegó el estandarte con los colores y armas de España,
ante el cual se postró el Alférez, jurando obediencia; y estallaron á
(i) Acuerdo del Cabildo (39 de julio) : v Ordenaroa se llamase en el acto al reirntisU
1). Ángel de Campugnesqui, alias el Romano, á quien se le encargó que sin pérdida de
instante y trabajando de día y noche, procurara sacar un retrato el más perfecto de nues-
tro Rey el señor D. Fernando Séptimo, á cuyo efecto se le franquearon copias graba-
das ».
SANTIAGO LINIERS io5
un tiempo las salvas de artillería, los redobles de los tambores y los
repiques de la campana municipal. En seguida, el Alférez Real hi-
zo frente al pueblo con el pendón alzado, mientras los reyes de ar-
mas reclamaban silencio desde las cuatro esquinas del tablado, y
arrojó al espacio las voces tradicionales : / Castilla y las Indias, por
nuestro Rey el Señor Don Fernando Séptimo que Dios guarde ! — De
repente vióse á Liniers dar un paso adelante, y, pálido de emoción,
extenderen solemne ademán de pleito homenaje, la desnuda espa-
da hacia la eGgie del príncipe. Un entusiasmo inexplicable arrebató
la gran alma instintiva de la muchedumbre, que prolongó como un
solo trueno sus aclamaciones al héroe todavía popular, en tanto que
Alzaga fijaba en el francés su recelosa mirada, y el noble Belgrano
percibía vagamente en la actitud de su jefe la tristeza de un adiós.
Pero, entre los testigos cercanos ni los oficiales patricios, — que, aca-
so, sintieron agitarse las banderolas del regimiento reconquistador,
como se estremecen las copas de los álamos mucho antes de la tor-
menta : — ninguno pudo entender el sentido profundo del gesto tea-
tral, que acababa de sellar entre un hombre y una dinastía, el pacto
de sangre que ya no lograrían romper ni las calumnias de los co-
rreligionarios, ni los halagos de los criollos, ni los recuerdos de la
patria nativa, — ¡ ni siquiera la clara visión del sacrificio consu-
mado por una causa indigna I
Mientras el virrey se retiraba al Fuerte con su escolta, y el Ayun-
tamiento se reunía en la sala capitular á extender « el acta de la
augusta ceremonia para constancia en todo tiempo » (i), el Alfé-
rez Real proseguía, en la misma forma y con el propio séquito, la
proclamación y paseo del estandarte en los ángulos de la Plaza Ma-
yor, y luego en los atrios de la Merced y Santo Domingo (¡ allí fué
el derramar de cuatros y pesetas por los reyes de armas que lie va-
ri) Acuerdo del 2/ de agosto ; se dice en él que quedaba á cargo del Alcalde de pri-
mer voto la « relación puntual de todas las circunstancias, que deberá formarse y dar-
se ¿ la prensa con la posible brevedad»; pero no creo que tal relación se haya publicado
ni exista manuscrita.
io6 ANALES DE LA BIBLIOTECA
ban llenos sus azafates !) (i); volviendo luego á fijarlo en el balcón
central del Cabildo, donde había de quedar enarbolado hasta el to-
que de queda. Finalmente, el Alférez se dirigió á su casa y, despoja-
do de sus arreos, volvió á ser el catalán ricacho D. Olaguer
Reynals, que ofrecía un suntuoso banquete á las autoridades y re-
presentantes conspicuos del vecindario, con música y refresco en
el patio para la concurrencia de menor cuantía. A la noche recru-
deció la pública algazara: nuevas y, si cabe, más espléndidas ilu-
minaciones (que dhailel que dhaile!), fuegos artificiales, ban-
das y orquestas por todas partes, cantos y bailes al aire libre; con
su obligado epílogo, al día siguiente, del Te Deum cantado en la
Catedral, y, por la tarde, su buena corrida de toros en la plaza del
Retiro, para que á estas últimas fiestas de la patria vieja nada les
faltara del sabor español. — Tal se realizó en Buenos Aires la jura del
nuevo monarca, álos pocos días de haber salido por las cal les el mis-
mo pueblo, con los mismos cohetes y vítores parecidos en honor de
Napoleón. ¿Acaso dejaba de ocurrir lo propio en España, y puede
darsealgo más semejante á la proclamación del rey Fernando en
Madrid, el 24 de agosto — casi el día de la jura en Buenos Aires —
que el alzamiento de pendones por el rey José, realizado un mes
antes en la coronada villa (2) ?
(i) Llegaron Urde Us medallas de oro y plata que m mandaroa batir en Chile, di»-
tribu vendóse tres meses después de la jura.
(3) La jura de José Napoleón I se efectuó en Madrid el i5 de julio de 1808, hacien^
do de Alférex Real el conde de Campo Alange. La describe la Gaceta de !MaJrid del 37,
en términos análogos i los que habla de emplear la misma Gaceta, el 6 de septiembre,
para la jura de Fernando Vil, sin omitir las protestas de fidelidad de los grandes, ni las
aclamaciones entusiastas de los chicos. Todo ello ha sido después atenuado, tergiversado,
cuando no rotundamente negado por los historiadores españoles ; pero la verdadera his-
toria, más que en la prosa gerundiana de Toreno, se encuentra en las actas y periódicos
del día, que no preven el dia siguiente: — sin que por esto disculpemos á Napoleón, y vea-
mos otra cosa que un acceso de delirio en la guerra de España, aunque se hubiera evita-
do el desastre moralmente irreparable de Bailen. El error funestísimo de Napoleón fué
la eliminación de Fernando : dominando á éste, que dominaba á España, quedaba reali-
sada la conquista pacifica. Allí fué, más que el crimen, la falta inexpiable, para re-
editar la frase de Talleyrand. Con Fernando como rey indolente, que se casara en su la-
SANTJAGO LINIEKS 107
EL CONFLICTO COLONIAL
I
No bien apagadas las luminarias de la jura, encendiéronse entre
Buenos Aires y Montevideo las teas de la discordia, cuyos conse-
cuencias, como ya lo tenemos indicado, acarrearon la escisión de la
provincia uruguaya. La ruptura del vínculo colonial era un acci-
dente en sí mismo reparable ; lo que agravó el divorcio hasta impe-
dir toda reconciliación, aun después que la aconsejara la mejor de-
fensa de la causa común, fué la subsistencia de los resentimientos
durante el cisma cultivados. Pudieron más tarde confundirse los
intereses: no se fundieron los corazones ; y la historia acentuó el
aislamiento creado por la geografía. De este divorcio, cuyas conse-
cuencias penden aún sobre el Estado más débil, la responsabilidad,
antes como después de la revolución, incumbe toda entera á Mon-
tevideo. No pudiendo negar la evidencia, los historiadores más jui-
ciosos de aquel país han intentado velarla, estableciendo entre
el pueblo y sus autoridades un dualismo que los documentos no
justifican. Ei más imparcial estudio de los hechos demuestra, por
el contrario, que si el navarrote Elío — para referirnos sólo á él
— pudo causar tantos disturbios en el Plata, fué por apoyarse
constantemente en el Cabildo y la parte más influyente de ese ve-
cindario.
AI día siguiente de la jura (22 de agosto), el cabildo de Buenos
Aires dio á luz una proclama firmada por todos sus miembros, in-
milia, ol Emperador habría realizado en España un protectorado tan seguro y tranquilo
como los que Inglaterra tiene en las Indias y Francia en Túnez, bajo la pantalla nominal
de un hej ó raja.
io8 ANALES DE LA BIBLIOTECA
cluso Álzaga, cuyos términos sensatos y conciliatorios comentaban
el acto recién realizado. Se lo presentaba como el cumplimiento de
una obligación anterior y ajena á los últimos trastornos de la Pe-
nínsula, cuya suerte debía dilucidarse en Europa ; entre tanto, sólo
procedía mantener en el virreinato el orden existente, y demostrar
que « regido por su digno jefe, el Excmo. Señor Virrey D. Santiago
Liniers y Brémond, ha sabido unir la conveniencia de sus intereses
á la justicia de su causa ». Sin examinar el grado de sinceridad de
estos últimos conceptos, resalta en la proclama del 2a el propósito
de comprometer lo menos posible la actitud futura, acogiéndose el
gobierno al homenaje que al soberano nominal acababa de prestar
para resistir otras innovaciones. Pero en la circular del 26, que el
mismo Cabildo dirige á los ayuntamientos y prelados del virreina-
to, todo aparece cambiado : estas provincias deben seguir en todo eJ
impulso de la Suprema Junta de Sevilla, « sujetándose á sus sabias
disposiciones y contribuyendo con cuanto penda de su arbitrio al
buen éxito de una guerra justa, emprendida en defensa de la reli-
gión hollada, del monarca perseguido, etc. ». ¿Qué había ocurrido
en tan breve intervalo? Sencillamente la arribada de un aventurero
de alto vuelo, improvisado brigadier al solo efecto de propagar en
estas provincias la buena nueva sevillana, y cuyas primeras proezas
en América merecen párrafo aparte.
Don José Manuel deGoyeneche y Barreda pertenecía auna buena
familia arequipeña. Teniente de milicias en el Perú, pasó á Espa-
ña en 1795, y se dice que allí, de sopetón, á los veinte años, obtuvo
el empleo de capitán en un regimiento formado por el limeño D.
José Antonio de Lavalle. Dióse luego á viajar por Europa, provisto
de una indecisa comisión militar que le permitió, nos cuenta el bió-
grafo Cortés (á quien lo ingenuo no quita lo valiente), presenciar,
entre otras maniobras memorables, las mandadas en « Bruselas y
Paris por Bonaparte » (!) : agudeza de visión que despertó el entu-
siasmo de Godoy. Lo más probable es que Goyeneche, buen mozo,
elegante, fanfarrón, sembrase por las capitales europeas su patrimo-
SANTIAGO LINIERS 109
nio, sin levantar otra cosecha que una notable habilidad para el
embvistc y la intriga. Al enturbiarse las cosas de España, acudió á
Madrid, seguro de hacer pesca ese el río revuelto. Por de pronto, lo-
gró introducirse en las antecámaras del gran duque de Berg, brin-
dándose para venir á estos virreinatos y enredar en favor de las ¡deas
napoleónicas : fué aceptado su ofrecimiento, y no es dudoso que del
trapicheo sacaría algún partido. Vino efectivamente á embarcarse en
Cádiz : pero al pasar por Sevilla, no pudo asistir sin entusiasmo pa-
triótico al asesinato del conde del Águila por las turbas feroces, y,
con la comisión de Murat en el bolsillo, abrazó en el acto la causa
que tan á lo vivo demostraba su legitimidad. La recién establecida
Junta provincial, — pues no era más por entonces la titulada « Su-
prema de España y las Indias», — no pudiendo aviarle en otra
forma más palpable, hizo todo un brigadier con el vago capitán de
milicias, que para ello bastaban tinta y papel ; y en los primeros días
de junio, le despachó á estas Américas, portador de instrucciones
y noticias tan auténticas como su generalato. Y lo más inaudito —
que pinta lo perturbado de los espíritus — es que todas las autori-
dades legítimas de dos virreinatos acogieron sin vacilación este pro-
consulado de contrabando, acatando sumisamente las usurpadas
atribuciones de la Junta de Sevilla, cuya supremacia no era por
ninguna otra de España reconocida; — y de este trampolín funam-
bulesco fué cómo saltó Goyeneche á las realidades más sólidas de
la fortuna y déla gloria (i).
En los dos días que Goyeneche pasó en Montevideo, además de
esparcir sus abultadas noticias sobre la situación de la metrópoli,
que, salvo en los bordados apócrifos, poco ó nada agregaban á lo
(1) Murió en Madrid, eD 18^6, siendo teniente general, grande de España, conde de
Hoaqui, etc. Siempre feliz, no estaba en el Perú cuando desembarcaba alli San Martín.
j liego á España después de terminada la guerra; fué nombrado gentilhombre de cámara,
para que alguna vez estuviera en su verdadero puesto. Sus panegiristas fervorosos ocultan
con exquisito celo los accidentes picarescos de su carrera; y Mendiburu se indigna contra
Punes que la condensó en cinco epítetos justicieros. Pero si faeil indignatio versuirif no
hace prosa documentada.
lio ANALES DE LA BIBLIOTECA
sabido ( I ), se dedicó á fomentar la discordia existente entre las
dos poblaciones : pintando á cuantos querían escucharle la eficacia
de las Juntas populares, y los resultados fulminantes del le>'anta-
miento de España, no sin agregar que la presencia de un jefe fran-
cés á la cabeza del virreinato era en tales momentos una mons-
truosidad. Con todo, no alcanzó gran predicamento con Elío, quien,
á todos sus defectos no juntaba el gusto de la tramoya hipócrita ;
también algo se susurraba ya, por el comandante del bergantín en
que vino Goyenecbe, de sus promiscuaciones en Madrid y Sevilla.
Todo ello, — agregado á que Montevideo no podía suministrarle lo
que anhelaba, que era seguir con tren rumboso la jornada al Perú,
— aceleró la marcha á Buenos Aires del industrioso brigadier. Llegó
aquí el 23 (2); y, con su descaro habitual, fué su primer ademán
precipitarse en los brazos abiertos del candoroso Liniers, que le ins-
taló en su casa, y durante algunas semanas absorbió como palabras
deevangelio las faramallas del arequipeño, que á los mismos andalu-
(1) El asi como daba por hecho consumado (á Bnes de majo ó principios de junio)
la prevista cesación de las hostilidades con Inglaterra, cuyo decreto, levantando el blo>
queo de los puertos españoles, es del 4 de julio. También presentaba como una solemne
declaración de guerra de España á Francia las primeras vociferaciones de Sevilla (6 de
junio). Era un rasgo curioso de esas proclamas de la Junta provincial no llevar más fir-
mas que las de los secretarios. £1 primero y más considerable era D. Juan Bautista E*-
teller, que vino luego al Brasil como subalterno de Casa Irujo: de suerte que este ino-
fensivo D. Juan Bautista era quien aparecía declarando la guerra y... toteando k Napo-
león!
(a) Goyeneche desembarcó en Montevideo el 19, estuvo allí dos días j llegó á Bne-
nos Aires el a 3 (dos días de viaje por la G>lonia). En esta cronología elonental, esta-
blecida por los textos y los hechos, encuentran como enredarse nuestros historiadores.
Ya hemos oidoá López, ( Historia, 11^ agS): «El a3 de agosto, recientemente jurado Fer-
nando Vil, llegó d Montevideo don José deGoyeneche». Mitre (Belgrano, I, a34): « La
solemne jura de Fernando VII se celebró el ai de agosto, presenciando este acto el
general D. José Manuel de Gojeneche ». Pudieron inducir en error al señor Mitre los
términos generales con que Liniers, en su comunicación á la Junta de Sevilla, daba
cuenU de la llegada de Goyeneche, a testigo presencial o de los sucesos recientes : pero
sobre lo de ser errónea la afirmación, no haj duda posible. Todas estas páginas de la ¿fis-
toria de Belgrano son bastante confusas ; por momentos dan á sospechar una transposición :
liaste decir que, después de enseñamos asi el fantasma de Goyeneche en Buenos Aires
en el capitulo VI, el autor nos dracribe su llegada á Montevideo en el capítulo siguiente.
SANTIAGO LINIERS iii
ees acababa Je embair. Por cierto que para él era juego harto sen-
cillo el captarse la voluntad del virrey, denigrando á Elío y excitán-
dole contra la rebelión de sus subordinados. Pero al propio tiempo
que tomaba parte activa en los consejos de gobierno, se lasarreglaba
para que Álzaga y el grupo europeo quedasen firmemente persua-
didos de que trabajaba con ellos contra el jefe sospechoso. Sin
atrevernos á decidir — que fuera intrincadísimo problema — en
cuál de las dos actitudes Goyeneche se apartaba menos de la since-
ridad, remataremos la silueta de tan singular personaje, diciendo
que, sin perjuicio de aceptar tal cual ayuda de costa de Álzaga (i),
obtuvo del virrey el nombramiento de coronel de Arribeños, con co-
misión en el norte del virreinato : vale decir que, bien abastecido y
recomendado como real funcionario á las autoridades del tránsito,
pudo transportarse cómodamente al Alto Perú, teatro de sus futu-
ras y más graves hazañas.
Por entre su aparato charlatanesco, el paso por el Rio de la
Plata de este Fígaro con entorchados, dejó esparcidas en la opinión
dos especies erróneas que, supuesto el encono de los ánimos, iban
á prosperar desastrosamente, suministrando base y pretexto, en apa-
riencia legales, á los movimientos subversivos. Era la una, tener por
válida y regular la representación nacional que la Junta de Sevilla
se arrogaba; la otra consistía en admitir como una forma viable de
gobierno, é imitable en las colonias, aquella pululación de jun-
tas provinciales que en la misma España iban á desaparecer. Co-
mo ya indicado se tiene, la Junta creada en Sevilla, á fines de mayo,
no difería por su origen ni por su carácter de las existentes en otras
ciudades, no siendo todas ellas sino la manifestación de la «anar-
quía espontánea », que diría Taine, surgida fatalmente de la ausen-
cia de todo gobierno en las provincias que no reconocían al «in-
truso ». Sin insistir en los sangrientos atentados contra las autori-
dades y exceso populares que en todas partes, — sin exceptuar, por
(i) Asi lo deja entender el honrado Sagui (Últimos eaatro (^os, iii), contemporá-
neo 7 testigo de los sucesos, que rara vex se equivoca y nunca miente.
na ANALES DE LA BIBLIOTECA
cierto, á Sevilla, — señalaron ese desborde de bandolerismo pa-
triótico : baste dejar asentado que, no bien retiradas al norte del
Ebro las tropas francesas después de Bailen, todos los esfuerzos de
los directores del levantamiento tendieron á la constitución de una
sola junta central, dejando suprimidas todas las locales, y desde lue-
go la de Sevilla, — la cual, sin mandato alguno, usurpaba funciones
soberanas que ella sola se habia conferido. Tal fué el propósito que
presidió á la erección de la Junta Central del reino, que se instaló
en Aranjuez, el 35 de septiembre de 1808. Hase puesto en duda la
legitimidad de esta misma Junta, formada por simple delegación de
las provinciales, y que asumía el gobierno en nombre de un prínci-
pe que, desde Francia, la repudiaba: examen sería este muy extraño
á nuestro asunto, tanto como el de comprobar la impotencia políti-
ca que demostró antes y después de su buida á Andalucía en di-
ciembre del mismo año. Pero loque está fuera de discusión y basta
á nuestro objeto, es que ninguna providencia de la primera Junta de
Sevilla debió valer para estas Indias (i): mucho menos las torpes
imitaciones quede aquélla se intentaron, con desprecio de la única
autoridad española que sóbrelos trastornos dinásticos quedaba aquí
subsistente y capaz de resistir á las insidias del Brasil. Ahora bien :
la hora misma en que la metrópoli suprimía sus pandillas tumul-
tuarias, sólo eficaces para la anarquía, era la que elegían el gober-
nador de Montevideo y sus prosélitos, en medio de las intrigas por-
tuguesas, para intentar una realización tardía y paródica de i as
juntas provinciales : movido aquél por su odio vizcaíno contra el
francés Liniers ; impelidos éstos por sus envidias lugareñas contra
Buenos Aires, y contando el uno y los otros con la absurda compli-
cidad de este partido español para cooperar á la ruina de España.
(i) Participaron de la aberración general todas las autoridades americanas, y desde
luego las del Rio de la Plata, como puede verse en el documento n* 3, dirigido en t^ de
septiembre por el virroy Liniers á la Suprema Junta de Sevilla u cpie en representación
de la nación gobierna estos dominios ». El mismo, en otra comunicación del dia i3.
á la infanta Carlota, le da cuenta de haber llegado el aS el brigadier D. Josof Goyene-
che, « diputado de la Junta Suprema Nacional convocada en Sevilla ».
SANTIAGO LIMERS ii3
Los incidentes de este conflicto intestino, complicados con las en-
contradas pretensiones de los príncipes brasileños y las maniobras
<le alg^unos platenses refugiados en Río, son los que llenan y agitan
lo que resta del virreinato de Liniers, hasta la venida del infeliz Cis-
neros que presidirá, aún más inconsciente que impotente, á la
incoercible avenida déla revolución.
II
Hemos visto iniciarse con la llegada de Sassenay la actitud in-
subordinada del gobernador Elío, y luego acentuarse esta con la or-
den superiorde aplazar la jura, que fué desobedecida. El tratamiento
salvaje, de que fueron víctimas el inculpable emisario y sus más
inocentes compañeros del Consolaleur, revelaba la fermentación
obrada por el fanatismo patriótico en esa alma violenta y espíritu
estrecho de castellano medioeval. La proclama del i5 de agosto, y
sobre todo la circular á ella adjunta, produjeron el estallido; al tiem-
po que, según se dijo, las pérfidas sugestiones de Goyeneche indi-
caban la forma conque pudiera cohonestarse el alzamiento (i). Elío
se estrenó dirigiendo al virrey, á quien debía su puesto, una carta
insolente y jactanciosa como todo él. y dándole publicidad aun
antes de que llegara á su destino. Pocos días después (principios de
(i) Entre los documentos remitidos por la Junta de Montevideo al enviado Guerra,
<|ue iba á gestionar ante la do Sevilla la desaprobación de Liniers, figuraba, bajo el
n" 1 5, una ((justificación prcxlucida para acreditar que Goyeneche dijo estar autorizado
para erigir juntas en la Capital y toda la provincia, y que asi lo practicaría luego de
llegado á Buenos Aires». Sabido es que Goyeneche dijo ó hizo en Buenos Aires todo
lo contrario que en Montevideo, como lo declara la misma Junta en sus instrucciones á
Guerra (Documentos de Lamas, I, ^79) : « Conviene se toque algo acerca de Goyeneche,
pues es remarcable la ligereza con que, á los tres días de llegado á la Capital, dio á Li-
niers por hombre justificado )>. La Audiencia de Buenos Aires (en su auto de i5 de 0(^
tabre) demostró que Goyeneche no traía tal autorización escrita : más categórico y ajus-
tado á la ley hubiera sido contestar que este gobierno, obedecía las órdenes emanadas
del Consejo de Indias, que todavía funcionaba, y ñolas do una Junta provincial.
AHALSA UC LA BtBLIOTCCA. T. II 8
ii4 ANALES DE LA BIBLIOTECA
septiembre), tomado el consejo de algunos capitulares, el Gober-
nador publicó una grotesca «declaración de guerra» á Napoleón,
cuyas fuerzas se componían en Montevideo de los infelices náufra-
gos franceses ; y, agregándole una nueva carta en que intimaba á
su jefe la cesación del mando (i), despachó ambas piezas con el sín-
dico Gutiérrez, que debía exigir no se abriese el pliego sino en pre-
senciadel virrey, de la Audiencia y del Cabildo reunidos, como re-
zaba el sobrescrito. Así se hizo, y, concluida la lectura, por unani-
midad de votos (no faltando el del inevitable Goyeneche), se resol-
vió ordenar á Elío que compareciese ádar cuenta de su conducta.
El rompe esquinas se cuidó mucho de cumplir la orden ; en conse-
cuencia, el virrey, en 17 de septiembre, le «relevó del gobierna
poh'tico y militar de esa plaza » . y nombró en su reemplazo al capi-
tán de navio Michelena, quien salió al día siguiente, llevando las
instrucciones del caso para las autoridades militares y civiles, v
bien resuelto á colgar el cascabel al gato navarro. Apenas llegado,
el 20 á la tarde, el gobernador in nomine se dio prisa para realizar
su empresa, — y con tal éxito, que el 21, á las cinco de la mañana,
venía galopando camino de la Colonia. Los jefes todos se habían
declarado enfermos ; Elío había recibido con los puños cerrados ¿
su reemplazante; el Cabildo estaba tomando en solemne con-
sideración el nombramiento, cuando, invadido oportunamen-
te por un grupo popular, aconsejó al candidato una prudente
retirada. El malparado mandatario sólo halló refugio aquella no-
che en la casa de Prego de Oliver, el inagotable cantor de las fun-
ciones patrias y administrador de la Aduana en sus ratos de prosa :
pero no dice la historia si abusó de la coyuntura para servir á su
(i) Bai'zí (op. eit., II, 559). El señor Mitre (Belgrano, I, 333) pone en duda esta
intimación : pero ella consta de una declaración algo posterior (5 de octubre) del misnia
Cabildo de Montevideo {Documentos de Lamas, I) : «Montevideo ha dicho y sostiene que
esta [felicidad] peligra, mientras el gobierno permanezca en manos de un jefe nacido en
el centro de ese imperio sacrilego... Por eso pidió su remoción». A renglón seguido,
escribe el señor Mitre : « Asi las cosas, Alzaga se trasladó á Montevideo bajo pretexto»
de salud ». La ausencia á que se alude es la del mes anterior, antes de la proclanoacirá.
SANTIAGO LINIERS ii5
descalabrado huésped alguna oda á lo Gallego acabadita de poner.
Entre tanto, recorría las calles de Montevideo una manifestación
lírico-popular, que con razón un historiador nacional califica de
« imponente i>: pues, á raíz de imponer al Ayuntamiento la convo-
cación de un Cabildo abierto, y á Elío su resolución de no dejarle
salir, se dirigió al domicilio de Michelena para imponerle de otra
resolución, según se desprendía de esta letra incorporada ala músi-
ca, y que el buen Oliver hallaría sin duda menos medida que la
suya :
; Muera Michelena !
; Muera el traidor I
¡ Muera Buenos Aires !
¡ Viva nuestro Gobernador!...
Felizmente, el beneñciado, harto de poesía, había ganado el cam-
po, no quedando sino el dueño de la casa para felicitar á sus deplo-
rables émulos. Así comenzó y terminó el gobierno de Michelena ;
mientras el de Elío se afianzaba sobre la primera de esas bellas deli-
beraciones populares que, andando el tiempo, serían un instru-
mento preferido de gobierno en las democracias hispano-america-
nas. — Entre nosotros, por haber naturalmente revestido esta forma
plebiscitaria la revolución de Mayo, la expresión de a Cabildo
abierto » ha quedado sacrosanta, y no aparece sino envuelta en una
como aureola de fantástica grandeza : es para muchos imposible
pronunciarla en otro tono que el ditirámbico y con doble sosteni-
do (i). Despojado de todo convencionalismo supersticioso, el tal
cabildo, ó mejor, concejo abierto (pues creo sea esta la denominación
niás habitual en los autores clásicos), nunca fué tenido por un proce-
dí miento regular entre los pueblos modernos, fuera de las cortas
^ I ) Asi, en la Historia de Belgrano, I, 3^8 : a Montevideo fué el primer teatro en que
se exhibieron en el Rio de la Piala las dos grandes escenas democráticas que constitu-
yen el drama revolucionario : el Gibildo abierto y la constitución de una Junta de pro-
pio gobierno nombrado popularmente >>. En cuanto á ser este el primer caso de cabil-
do Abierto, basta recordar, como el señor Mitre lo tiene explicado con insistencia (Op.
cit.t I. I Ai y pussim) que no tuvo otro origen el nombramiento de Líniers.
ii6 ANALES DE LA BIBLIOTECA
agrupaciones donde subsistía á la par de las costumbres pastorales.
Este ejercicio directo de la soberanía significaba un regreso hacia el
estado natural, no pudiendo. por lo tanto, aceptarse sino como re-
curso extremo — ultima ralio populi — del número y de la fuerza
contra un gobierno despótico. Háse dicho en son de epigrama que
(( un motín es una revolución vencida, y una revolución, un motín
victorioso »: acaso fuera más exacto y justo juzgar por sus causas á
las insurrecciones que fracasan, y por sus efectos á las que triunfan.
Sea como fuere, muy lejos de importar un medio de gobierno, im-
plica la interrupción localizada y momentánea de todo gobierno, la
tabla rasa política. En el mejor de los casos, substituye la tiranía
de las masas á la tiranía de los individuos. Viénese repitiendo por
nuestros historiadores que el « cabildo abierto » se encuentra en las
tradiciones y constituciones del antiguo régimen municipal : creo
que les sería difícil probar su afirmación, y exhibir un texto en que
se formulara, entre los derechos ó deberes de los avuntaraien-
tos, el de presidir á cualquier avance tumultuario contra su
propia autoridad (i). Que esto ocurra en la práctica, sobre
todo en los países donde la libertad y la licencia son las dos
(i; No ho encontrado mención del cabildo abierto en Solórzano, ni creo quo la haya en
lofl antiguos códigos españoles. En cambio una ley de Juan ti, año de i4a3(N. R., lib. Vil.
til. III, ley 1) previene que « las Justicias no consientan, que fagan levantamientos ni
ayuntamientos contra el Concejo y OBcialcs, ni comunidad do gente para embargarlo»
en regir y gobernar, ni á los Justicias en la execucion dello ..». Castillo de Bovadilla. el
gran expositor del derecho comunal español, trae dos menciones del u concejo abierto >>
(^Polllica para corregidores^ II, pág. laa y 127 de la edición de Amberes, 1750). En la
primera se dice que «aunque os verdad que en la congregación y universidad de todo un
pueblo (que se llama concejo abierto) residía la mayoría y superioridad, pero ya por co<$-
lumbre resido en los ayuntamientos y concojos...»; en la segunda se estiblecc que ulo$
Regidores representan al pueblo... sin que sea necesario concejo abierto para ello: e>lo
es en las ciudades y lugares populosos ; porque en las pequeñas villas e^oslumbre av de
juntarse el pueblo para algunas cosas señaladas ; y en el corregimiento de Vizcaya se jun-
ta y con:;rega para algunas ocasiones en el campo do dizen el árbol de Cárnica». Rous-
scjiu, quo seguramente no conocía á Bovadilla, tuvo á la vista la misma imagea del roble
de (luernira, al buscar un ejemplo de comicios agrestes entre poblaciones cortas y primi-
tivas {Conlral social, IV, I): « On voil chez le plus heureax peuple da monde des troapes
de paysans régler les aff aires de VLlaisous un chéne...n.
SANTIAGO LINIERS 117
caras de una sola medalla; y que allí mismo el empleo de ese pro-
cedimiento revolucionario haya sido alguna vez salvador, por otras
ciento en que resultara funesto: nadie ha pensado en discutirlo. Ello
no impide que representeuna simple variedad déla sedición. Todos
los casos de concejos abiertos, que en la historia hispano-america-
na se registran, son sediciosos en su origen ó en su realización»
cuando no en su doble fase. Como los de Buenos Aires y Montevideo,
á que antes se aludía, se inician con la invasión de las salas capi-
tulares por un grupo callejero, entre « ¡vivas ! » y « ¡ mueras ! » igual-
mente irracionales y subversivos, para rematar con un atropello á
la ley, mentidamente revestido de apariencias legales, — y sin que,
lo repito, el resultado benéfico de tal ó cual de esas ciegas impulsio-
nes modifique su carácter esencialmente antipolítico y antisocial:
del propio modo que el hecho de haber acertado por casualidad, al
hacer fuego contra un transeúnte desconocido, con la supresión de
un malvado, no modifica la moralidad del acto. Existen, sin
duda, para los pueblos como para los individuos, casos de legíti-
ma defensa, pero éstos quedan excepcionales, y no se establecen
principios para las excepciones. En lugar, pues, de celebrar ios
llamados « cabildos abiertos » como una conquista ó una manifes-
lación déla democracia, debemos tenerlos, á la par de las «mon-
toneras » , « puebladas » (pues Sud América se vanagloria de haber
bautizado con nombres nuevos esos* achaques viejos), motines,
pronunciamientos y otras materias de derecho inconstitucional, por
lo que son en realidad : simples erupciones del virus anárquico que
prospera, cual en sitio de elección, en las entrañas hispano-ameri-
canas; y que, sin gravedad para el organismo político si fueran acci-
dentales, lo mantienen, tornándose consuetudinarias, en un estado
de miseria fisiológica é incurable marasmo.
Celebróse al fin, el 21 de septiembre, el vociferado cabildo abier-
to, en la misma casa consistorial y bajo la presidencia de Elío. Lo
componían, además de los capitulares, jefes militares, funcionarios
civiles y unos veinte diputados del pueblo, quien, por las puertas y
n8 ANALES DE LA BIBLIOTECA
ventanas abiertas, asistía á la discusión, formando el público de esa
comedia. Sabiase de antemano el resultado, habiéndose distribuido
pasquines^ firmados por el alcalde Parod i (¡nombre simbólico!),
que contenían la invariable consigna, entre alabanzas á Elío é insul-
tos á Liniers. Pero, como abundaran en la asamblea los togados y
teólogos, salieron á relucir las argucias legales, sosteniéndose la
doble tesis contradictoria de que, por una parte, el relevo de Elio
era nulo por no haber sido consultada la Audiencia, y por la otra,
había caducado la autoridad de Michelena, por haberse ausentado
sin anuencia del Cabildo ! Menos vergonzosa que esta sofistería de
leguleyos fué la moción de los diputados, que al fin se impuso, y
consistía sencillamente en desconocer la orden del virrey y mante-
ner á Elío, elevándose el expediente de protesta á la Audiencia de
Buenos Aires, á la vez que á la Junta de Sevilla. Entonces intervi-
no el « pueblo soberano » , — compuesto de unos doscientos mirones
reclutados por el Cabildo : oyéronse desde afuera los gritos de / J«/i-
la como en España! I Abajo el traidor Liniers! Y este patriótico
programa fué puesto en deliberación y aprobado por la asamblea,
nemine discrepante. La primera parte era de realización inmediata :
quedó erigida una Junta de gobierno, independiente del virreinato
y presidida por Elío. La ejecución de la segunda cláusula parecía
más laboriosa ; pero se dio hacia ella un paso importante, decre-
tando que ninguno de los jefes y oficiales existentes en la provincia
debía obedecer las órdenes del virrev. Para la consecución del resto
del programa, ó sea echar abajo á Liniers, se despachó á Sevilla al
ya nombrado don José Guerra (¡ otro nombre simbólico !), j)orta-
dor de un expediente de cargos pueriles ó calumniosos contra
el virrey, — el cual, agregado á otras denuncias elaboradas en
Buenos Aires, había de surtir á su tiempo el efecto apetecido.
Así quedó erigida en Montevideo la Junta de desgobierno, é
inaugurada en ese suelo fecundóla serie de alzamientos y motines
que, mejorando lo presente, había de dar tan alto color local á la
historia uruguaya. Respecto del hecho mismo, como acertadamente
SANTIAGO LINIERS 119
lo apunta su historiador nacional (1), « sería inoficioso extremar
comentarios » . Aun prescindiendo de su desastroso funcionamiento,
cuyos ejemplos se exhibían en la metrópoli con sobrada elocuencia.
esta pretendida imitación americana de las juntas españolas des-
cansaba en un error grosero, que ni en la vista fiscal antes citada ni
en la carta del oidor Cañete (2) se evidenciaba bastantemente. Por
sobre los argumentos generales, fundados en la entidad monárquica
y la única delegación legítima del soberano en el jefe del virreinato,
contra cuya constitución se atentaba abiertamente, se formulaba
una objeción tópica y patente en los mismos ejemplares que se in-
vocaban : y era que en ningún reino ó provincia de la Península
había ocurrido el caso de fraccionarse la autonomía poli tica que cada
uno de éstos representaba, intentándose multiplicar esos organis-
mos parásitos. En todas partes el furor anárquico habíase detenido
ante la mutilación de los moldes seculares que, vacante el trono y
secuestrado el príncipe, eran todo lo que de la estructura nacional
quedaba subsistente. No se habían creado juntas provinciales sino
en las capitales ó ciudades con voto en Cortes; y por esto, cuando
un experimento de pocos meses bastó á revelar los estragos y peli-
gros de su coexistencia, fué posible refundirlas — á la hora misma
que en estos rezagados las discurrían — en la Central de Aranjuez,
que revistió cierto viso de legalidad por componerse de delegados de
aquéllas, ó sea de supuestos representantes de dichas ciudades (3).
(i) El historiador Bauza, que nunca se sonríe, consagra treinta páginas compactáis
á la prolija exposición do este acto memorable, cuya « importancia fundamental no
necesita comentarios». Allí podrá el lector empaparse hasta la saturación en los inQni-
tos detalles de esa marimorena, que se consignan infatigablemente, gastándose, para trans-
mitir á la posteridad la actitud respectiva de fray Francisco Carvallo ó del capitán Mi-
lar de Boó, mayor solemnidad que la de Montesquieu al referirnos las vicisitudes de los
imperios .
(a) Carta consaltiua apologética de los procedimientos del Excmo. señor virrey D. San-
tiago Uniers, por D. Pedro V. Cañete, Oidor honorario de Charcas, etc. Imprenta de
Niños Expósitos, 1809.
(3) En realidad la Junta central de Aranjuez, y más tarde de Sevilla, carecía de
poderes legales, no habiendo precedido elecciones en forma.
120 ANALES DE LA BIBLIOTECA
El propio criterio informó la representación de las colonias en
• las asambleas de la Península, así en la Junta Central cooio en las
Cortes de Cádiz ; aun bajo el influjo de la corriente innovadora, á
nadie le ocurrió fragmentar territorios que, en sus relaciones políti-
cas con la metrópoli, constituían otras tantas unidades indivisibles:
fueron los virreinatos y las capitanías generales, en globo y perso -
niñeados en los ayuntamientos de sus capitales respectivas, ios que
hubieron de elegir y mandar diputados á España. Ahora bien : á
ser admisible, en estas dependencias directas de la corona, la exis-
tencia de juntas populares, no puede ponerse en duda que hubiera
regido para ellas el mismo principio que allá: vale decir, que no se
habría erigido sino una en cada virreinato, y esto, naturalmente,
en su capital y única ciudad con voto en Cortes. Reconocido el
principio, huelga enseñar las consecuencias lógicas que de su vio-
lación se desprendían : la erección de una junta en Montevideo, no
era más ni menos arbitraria que la de otras tantas en las Intenden-
cias,— aun suponiendo que hubiera razón legal para negar igual de-
recho alas subdivisiones departamentales. Sin extremarla conjetu-
ra, y ciñéndonps á la realidad, basta advertir que el funcionamiento
de una junta «suprema » significaba la reasunción por ésta de todo
el poder público y la proclamación de la autonomía local (i). Tal
ocurrió efectivamente en Montevideo : la provincia oriental se dis-
gregó del virreinato; y la semilla separatista caía en terreno tan
bien preparado, que echó raíces definitivas.
En lo que respecta al escándalo inaudito del gobernador de Mon-
tevideo, que aparecía fomentando y dirigiendo abiertamente la su-
blevación de una provincia contra la autoridad del virrey, el
. desacato administrativo se agravaba singularmente por la condición
personal del culpable, militar en servicio activo y subalterno de
(i) En rigurosa lógica, la Junta de Montevideo no podía reconocer la autoridad de
la de Sevilla : las provinciales de España negaron á ésta toda supremacía mientras exis-
tieron : una vez creada y reconocida la Central, tuvieron que desa{)arecer. La coexisten-
cia era incompatible.
SANTIAGO LINIERS 121
aquél. Aunque fueran más positivos y menos estúpidamente for-
oiulados los pretextos de «sospechada infidencia» con que, tanto
el Cabildo como el Gobernador, quisieron justificar su alzamiento,
nunca pudo éste erigirse, con insultos y jactancia, en juez del supe-
rior; mucho menos sentenciarle con su espeso discernimiento de
soldadote ignorante, después que la misma Audiencia pretorial
— cuya autoridad y luces invocaban los rebeldes — había demos-
trado lo infundado de la acusación. Pero, supuesto el caso de ser
impermeable á la razón y á la evidencia ese duro casco navarro,
no llegaba su insipiencia hasta ignorar que en circunstancias tales,
las leyes de Indias y las Ordenanzas le prescribían obedecer y elevar
su queja ó protesta al Soberano. (jQué viento de delirio le arrebató!*
Conociendo el fondo de honradez obstinada y brutal que caracteriza
aquellas almas medioevales, dudo de que la envidia y la ambición
del mando dirigieran la actitud de Elío. Creo más bien que, exa-
cerbado por las circunstancias el fanatismo patriótico que arde en
la sangre scmiafricana de la raza, se sintió presa del mismo delirio
sanguinario que impulsó colectivamente á sus paisanos, de toda
edad y condición, á cometer contra los franceses aislados, prisione-
ros y hasta heridos en los hospitales, las atrocidades que indignaron
á Wellington. Poco le hubiera importado la elegancia, la nobleza,
la superioridad jerárquica y social de Liniers : todo le perdonara
¡ menos el ser francés! Este calificativo fué el trapo rojo que enfu-
rece al toro y le hace acometer, con la cabeza baja y los ojos inyec-
tados, hacia la muleta que oculta el acero. El absurdo y valiente
Rodomonledel absolutismo evitó aquí el castigo reservado á los jefes
« que .se levantan en armas para desmembrar alguna parte del terri-
torio nacional »; pero lo logró en su tierra, catorce años después :
á consecuencia de otra insurrección militar, fué condenado á garro-
te vil por los liberales de Valencia (dqué suplicio le hubieran in-
fligido á no ser liberales ?). — Entre tanto, el solo hecho de consu-
marse en un virreinato español tal atentado administrativo y jerár-
quico, y contando de antemano, no sólo con la complicidad de re-
123
ANALES DE LA BIBLIOTECA
gidores y funcionarios, sino con la aprobación del soberano (pues
eso era la Junta Central), la que se manifestó por el ascenso del cul-
pable y la desgracia del inocente : este solo hecho, decimos, revelaba
el desquicio profundo del régimen colonial. De muy antiguo habían-
se denunciado vicios en el sistema y abusos criminales en sus
agentes ; pero nunca jamás había trascendido la corruptela al des-
conocimiento flagrante de las leyes en que el mismo edificio político
se asentaba. El rebelde premiado osó intentar la vuelta á Buenos Ai-
res, como Inspector general de las tropas que había ultrajado; y fué
necesario que la mayor y mejor parte de su oficialidad le infligiese
la humillación que merecía, declarándole indigno del mando (i).
Pero también esto era un signo de los tiempos; y en el desprecio de
las autoridades, aún más que en su impotencia, se revelaba el sín-
toma precursor de su caída.
III
Dejamos suficientemente indicados, en páginas anteriores, los
puntos doctrinales que entre Buenos Aires y Montevideo se debatían ;
por lo demás, carecen de importancia actual los lances del paso retóri-
co que los togados de una y otra banda durante meses prolongaron,
con gran acopio de citas ciceronianas, y sin queá ninguno le ocurrie-
ra la de Silent legcs ínter arma (2), que en aquellos momentos parecía
serla única pertinente. La Audiencia pretorial, á cuya decisión pro-
testaban apelar los revoltosos, sostuvo enérgicamente al virrey, sobre-
(i) Véanse los docamoutos 5 y siguientes.
(a) CicEHO?!, Pro Milone^ IV. Una de estas citas fué tan repetida y comentada quo
quedó como estribillo de gaceta en esta forma más ó menos correcta : u La República siem-
pre es atacada bien y es defendida mal ». Supongo que el pasaje apuntado sea el princi-
pio del S ^7 do la Oratió pro Sextio ; Majoribus prsesidiis et eopiis oppugnatar respubliea^
<¡uam defenditar. Es lugar común muy traído por autores griegos y latinos.
SANTIAGO LINIERS 128
Garlando su precedente oficio, que ordenaba la disolución de la Junta
y comparecencia del Gobernador, sin que la segunda intimación
surtiera más efecto que la primera. Elío redobló sus insolencias y
atropellos, y á su influjo la Junta extremó en la población el régi-
men terrorista; en tanto que ese Cabildo (aunque de hecho estaba
refundido en la Junta) dirigía al de Buenos Aires una exposición de
supuestos agravios, que sólo se componía de soeces desahogos contra
Liniers. Esta incitación á la anarquía no podía tener otro alcance
que publicar el acuerdo existente entre ambas corporaciones; así lo
puso de manifiesto el grupo de Alzaga. urdiendo un complot mili-
lar que debía estallar á mediados de octubre, y fracasó por la actitud
resuelta de Liniers, apoyada en los tercios urbanos de Saavedra y
García (i). Entre tanto el virrey despachaba para España á su ayu-
dante Quintana, con una exposición documentada de los aconteci-
mientos, sin mucho confiar, probablemente, en el meditado estudio
que de ella harían las vagas autoridades peninsulares. No había de
escapársele que el documento más influyente en las resoluciones
oportunistas de aquella Junta fuera el anuncio de haberse pacifica-
do, por la razón ó la fuerza, el virreinato: demuestra, en efecto, que es-
to mismo se intentó, una proclama del virrey al vecindario de Mon-
tevideo en que le avisa, en noviembre de 1 808, los propósitos de cier-
ta expedición armada al mando del brigadier Velasco (2). Hay prue-
(i) Véase el documento número 9, en que consta la junta de Guerra tenida el 5 de
octubre por los comandantes de los cuerpos, con excepción^ naturalmente, del de Re-
zábal. que debia sublevarse.
(3) Ningún historiador menciona esta expedición, y pudiera creerse que se detuvo
en sus primeros pasos, si no en sus preparativos. Sin embargo, además do la proclama
(impresa el 36 de noviembre en los Niños Exjiósitos), Liniers en su carta de enero 3o de
1809 á doña Carlotji ^publicada en La Biblioteca^ iV, 3o8), alude á u la proclama que
tuve por conveniente dirigir al pueblo de Montevideo, y el destacamento que hice pasar d
la baadn septentrional de este Bio i>. Por otra parte, ésta respondía al mismo orden de ideas
que en ia presentación do García (documento citado) asi se formula : « Fué la mayoría
de votos (en la Junta de guerra) ser un Gobernador (alzado) contra la autoridad sobe-
r.ina, y que habiendo fuerza debía atacársele y sujetarlo como á un insurgente». No
« había fuerzas », ni probablemente se produjo allí el pronunciamiento con que se con-
taha, y Velaaco tuvo que envainar su espada.
la/i ANALES DE LA BIBLIOTECA
bas de que el proyecto pasó de veleidad y tuvo un principio de rea-
lización; pero no hubo de ir muy adelante, no contando Liniers con
uñábase sólida en aquella banda, donde hasta los buques del Apos-
tadero eran en su mayoría hostiles; ni pudiendo tampoco despren-
derse de los cuerpos urbanos que eran en Buenos Aires su principal
apoyo. Tuvo que aceptar resignado su poco airosa situación, hasta
tanto que las órdenes superiores ó los mismos sucesos la resolvieran,
y por lo pronto atender á las intrigas que por el lado del Brasil ve-
nían á complicar los peligros internos.
Fué la primera consecuencia de las discusiones plalenses renovar-
se las veladas intimaciones del Brasil, por conducto del mariscal de
campo Curado que permanecía siempre en Montevideo, persiguien-
do, so color de una misión diplomática que no acababa de deOnirse,
una campaña sorda de espionaje é intriga. Con todo, el nuevo esta-
do de las relaciones entre Inglaterra y España, quitando al Príncipe
Regente el concurso efectivo de su « poderoso aliado », atenuaba
singularmente el alcance de sus amenazas que, así reducidas á la
eventualidad de una conquista portuguesa, no pasaban por lo pronto
de belicosas baladronadas. Cobraron allí mismo viso más inquie-
tante otras repercusiones de los acontecimientos europeos, que ha-
llaron un foco de vibrante resonancia en la ambición enfermiza de
la infanta Carlota; y se complicaron con las maniobras, ya concu-
rrentes, ya encontradas, del príncipe Juan, — y sobretodo del mi-
nistro inglés Strangford y del turbulento almirante Sidney Smith:
tutores altaneros, aunque felizmente antagónicos, de la desvalida y
menesterosa dinastía.
¡ Cuadro lamentable y melancólico, si bien desprovisto de trági-
ca grandeza, había sido aquel lanzamiento de toda una corte por de-
creto imperial, al través de dos mil leguas de mar, con su caótico
arrumaje de personas y cosas hacinadas en el / sálvese quien pueda !
de la fuga, y su deshilado desembarco en esta vasta aldea colonial. —
tan mal apercibida para servir de termino al éxodo palaciego que,
después de seis meses, la instalación no había perdido aún su aspecto
SANTIAGO LINIERS ia5
de campamento ! — Quince mil desarraigados de todos oficios y con-
diciones habíanse hacinado en los sesenta buques que formaban la flo-
ta de mudanza, fuera de los emigrantes que á la rastra llegaban dia-
riamente por embarcaciones inglesas: tal era la multitud que se aba-
tía en los malecones de Río, con sus equipajes y pacotillas salvadas
del naufragio, en demanda de víveres y refugio que no todos halla-
ron desde las primeras horas. Los dignatarios, cortesanos y demás
privilegiados habían encontrado alojamiento más ó menos cómodo,
aceptando la generosa hospitalidad de los vecinos ; otros se insta-
laban sin escrúpulo en los hogares cuyos dueños habían sido violen-
tamente lanzados por orden del virrey; pero, á millares se conta-
ban los grupos de expatriados que, por el pronto, buscaron abrigo
en las barracas y choupanas de los suburbios. Aunque no faltaron los
artículos de primera necesidad, merced á las proveedurías organiza-
das en las vecinas capitanías, todo fué al principio desorden y penu-
ria, en medio de la abundancia del país y á pesar de las enormes ri-
quezas, en moneda y joyas, extraídas de Lisboa. No obstante, el
ardor de los sentimientos monárquicos se sobrepuso á todos los in-
convenientes y privaciones materiales; los príncipes fueron acogidos
con delirante entusiasmo y recibidos bajo arcos triunfales, entre sal-
vas y aclamaciones. La fe ardiente é ingenua del pueblo miraba en la
presencia real de sus soñados monarcas un gaje de imperturbable
felicidad ; y apenas si fué notado, en el alborozo de la arribada, el
paso furtivo de un grupo de servidores que llevaban en un sillón y
metían en un coche cerrado auna demacrada anciana que, la mirada
extraviada, las greñas blancas en desorden fuera de su toca negra,
arrojando aullidos y voces incoherentes, forcejaba desesperadamen-
te para escaparse : era la reina demente doña María, tétrico emble-
ma de lamina nacional, á quien arrancaran de su habitual estupor
el tumulto y traqueo del desembarco.
La misma familia real tuvo primero que acudir para instalarse á
la munificencia de algunos subditos; tanto más, cuanto que en Río,
como en Lisboa y abordo, formaba dos grupos distintos. Por el
136 ANALES DE LA BIBLIOTECA
pronto, los monjes carmelitas cedieron su convento; pero luego fué
regalada al Regente la hermosa quinta de Boa Vista, que vino á ser
el palacio de Sao Christováo, donde aquél se instaló con la reina ma-
dre, su hijo don Pedro y su sobrino don Pedro Carlos, hijo del in-
fante de España don Gabriel y de la infanta portuguesa Mariana. La
princesaCarlota ocupó una villa pintoresca en el retirado arrabal del
Engenho Velho, con sus dos hijas y el infante don Miguel (i). De
años atrás la separación de los consortes era absoluta y definitiva,
no juntándose sino en los minutos de las ceremonias oficiales. Pero
desconocería el carácter del bastardeado retoño de los Braganzas,
quien atribuyera tal acti tuda sus justos resentimientos de esposo mil
veces y en las formas más viles ultrajado : era sólo el pusilánime
soberano quien procuraba defenderse contra las arterías de la prin-
cesa, que en Lisboa no dejó nunca de mover contra el Regente y
heredero del trono, un partido de frailes y nobles absolutistas. Aquí,
en el Brasil, lejos de la corte española, y substraído á su mirada el
objeto de su pesadilla, el pobre don Juan se atrevía á respirar. Si
bien era tan pazguato y para poco el infeliz, que ocurría presentarse
en palacio la desterrada tarasca, atropellando guardias y ministros,
hasta dar con el escondido Menelao y arrancarle, con injurias soeces
diante dos fámulos^ loque por resolución gubernativa se le negara.
Así y todo, sentíase relativamente dichoso, bastándole que los días
de tormenta fuesen en Río tan excepcionales como los de calma
en Lisboa.
(i) En las Memorias Secretas de Presas, se dice siempre el ((palacios por la morada
de Carlota ; pero es fácil ver que no se trata del ocupado por el Regente. Esto mismo se
afirma y prueba categóricamente por Pereira da Silva (Historia da fundado do Imperio
brazileiro^ I, a6a — déla segunda edición, muy superior a la primera) : « Separados con-
tinuaram a vi ver no Rio de Janeiro, como o praticaram em Lisboa... No palacio de Slo
Christováo fíxou o principe a sua morada, acompanhado da rainha Marjsa, do principe
D. Pedro seu fílho. e do infante Don Pedro Carlos, seu sobrinho. Em uma vasti propie-
dade entre o Engenho Velho e o Rio Comprido, situada sobre um outeiro pittoresco, fixou
Carlota o seu domicilio, cercada das filhas e do infante D. Miguel do Braganza. Viam-se
os dous consortes juntos únicamente em festas publicas e no theatro, afim de guardaren
as apparencias precisas diantc do povo » .
SANTIAGO LINIEUS lay
La hermana mayor de Fernando VII sólo tenía á la sazón treinta
y tres años ; pero, desairada, prematuramente envejecida, achacosa,
medio tísica, consumida de ambición y lujuria, ofrecía el espectáculo
tres veces repugnante del vicio femenino unido á la perfidia y á la
fealdad. Comparado con este cínico desenfreno, el real ménage á
trois de Madrid cobraba aspecto burgués y casi regular. La pasividad
vacuna de María Luisa parecía virtud, junto al furor impúdico de
su hija, intencionalmente agresivo y degradante para el Regente y el
pueblo portugués. Habíasela visto, en Lisboa, colmar sus escándalos
privados con el atentado público de encabezar una conspiración con-
tra su marido; y, fracasada ésta, tomar bajo su íntima protección
á los individuos de la soldadesca y frailería más comprometidos.
Su vulgaridad de gustos y grosería de modales hubieran chocado
en un cuerpo de guardia. Entregábase con su secretario Presas (i) á
confianzas tales, que el digno rodrigón omite relatarlas « por no ofen-
der la moral y la decencia »; — y por el matiz de lo que cuenta,
infiérese el color délo que calla. Al paso que la edad y la pérdida del
poder la obligaban á descender más y más en sus elecciones, vengá-
(t) El doctor José Presas, cuya gracia principia, como la de Montalbán.con el nombre
y titulo, era una especie de Gil Blas gerundense que vivió en Buenos Aires á principios
del siglo, graduándose aqu i do «doctor en teología », dice el Diccionario enciclopédico
(¡pues figura entre los ilustres!), quince años antes de fundarse la Universidad. Por
supuesto que nunca figuró entre los alumnos ni examinandos del colegio de San Carlos.
Por no sé qué trapicheos políticos tuvo que marcharse de Buenos Aires, á principios do
1808. Liniers, en una carta á doña Carlota, le denuncia <í «este individuo, maligno por
carácter, hombre inquieto y revoltoso á quien el gobierno le formó causa». En justicia
debe advertirse que la «causa» no parece que afectara la probidad de Presas. Tampoco
carecía éste de tal cual bagaje corriente y facilidad plumaria que deslumhrarían á esa
analfabeta señora, de quien fué secretario á tonl faire más de tres años. Las curiosas Me-
morias secretas^ que contal motivo escribió, deben, naturalmente, ser consultadas con pre-
caución y desconfianza, como las Anécdotas de Procopio, y en general todas las denuncias
clandestinas de los criados contra sus amos. En cuanto se relaciona con su interés y
supuesta importancia, el divertido personaje miente con absoluto candor (asi, v. gr. el
cuento de su llegada á Río y entrada en funciones tiene que ser fantástico); pero muchos
de los chismes que refiero han de ser ciertos. Por lo demás, creo innecesario prevenir al
lector que no es en el oficio ó la antecámara donde hay que proveerse de apreciaciones
políticas y juicios morales.
ia8 ANALES DE LA BIBLIOTECA
base villanamente de quien la desdeñara, — á no disponer de las
carroñadas de Sidney Smith; — y en Río de Janeiro, empleaba su
resto de influencia en pedir el castigo de un oficial que, decididamen •
te ¡ prefirió la cárcel á los favores de la real bruja ! — Sus senti-
mientos hacían juego con sus gustos, así como éstos se amoldaban
á su desequilibrada mentalidad. Entre aquéllos, los de hija y de ma-
dre, que se tienen por inherentes al ser humano, aparecían en Car-
lota desviados hasta el extremo de referirlos deslices de María Luisa
á un fámulo ; en tanto que, para quitar al desnaturalizado don Miguel
cualquier vestigio de escrúpulos — si los tuviera — respecto de su
padre y hermano, dábale á entender que era hijo adulterino. En
cuanto á su inteligencia, era la de Fernando VII, con la misma
ignorancia unida á la misma perversión de criterio, resultante de la
raza enteca y del medio corruptor. Sus cartas incorrectas no reve-
lan un asomo de cultura literaria ó información histórica; pero no
carecen de cierta salpimienta desvergonzada y manolesca, que, bajo
la pluma de una princesa real, escandaliza como un j por vida! en
boca de un clérigo. Por lo demás, una incapacidad absoluta, no di-
gamos para formarse un concepto cabal de las cuestiones políticas
que á tontas y á locas barajaba, sino para dominar su histerismo y
desempeñar exteriormente, con prudencia y aparente discreción, el
papel que, conocido su prurito de mando y su fervor de intriga, de-
biera de años antes saberse de memoria. Sus faltas de tacto eran en
realidad faltas de concepto; en otros términos: la revelación de un
estado de inconsciencia mental no menos completa que la moral ;
por eso, en un momento dado, encontraba siempre la palabra, ó to-
maba precisamente la actitud, que más podía perjudicarle. Además
de los muchos ejemplos que refiere el amanuense Presas, — y de
otro enorme que habré de mencionar luego, pues caracteriza el imbro-
glio platense, — recuérdese la carta inaudita que la misma Carlota
dirigió á las cortes de Cádiz (i), en i8i i , para desahogarse contra su
(i) A pesar de su compostura monárquica, Toreno (Historia^ III. 5 a 4) no puede
dejar de reconocer que el paso probaba « por lo menos imprudencia extraña y sama».
SANTIAGO LINIERS 139
esposo el Regente de Portugal, y que terminaba con pedir á sus dos-
cientos confidentes ¡ la mayor reserva ! En resumen, y dejada á
un lado toda superstición monárquica, tratábase de una mujerzuela
extravagante, cuya verbosidad é inquietud enfermiza encubrían la
garrulería y el instinto errabundo que son propios de la meretriz
orgánica : gárrula el vaga, qaietis impatiens (i), . . Pero ¿no basta
acaso, para fijar el eslabón que en la cadena degenerativa de los
Borbones ocupa la infanta Carlota, recordar que, bija y hermana de
quienes sabemos, dio á luz y crió con predilección al monstruoso y
grotesco don Miguel de Portugal : impulsivo sádico que á los diez
años se embriagaba, á los quince torturaba á las negras por él vio-
ladas, y á los diez y nueve no sabía leer, — por cuyas relevantes con-
diciones fué llamado de dos mil leguas para ceñir una corona, y ejer-
citar sus talentos sobre todo un rebaño nacional ?
Tal era el augusto mamarracho, mezcla de Mesalina y Maritornes,
cuya candidatura eventual, para el gobierno ola regencia interina de
estas provincias, mereció la adhesión entusiasta, no sólo de los Pa-
dilla. Saturnino Rodríguez Peña, Contucci, Presas y demás corre-
dores de empresas intérlopes ; sino también de patriotas tan sinceros
ó socialmente considerados como Belgrano, Passo, Moreno, Funes,
Pueyrredón, etc., cuyo grupo ha recibido y en parte merecido, se-
guramente.por iniciativas políticas mejor acordadas que la presente,
el apelativo enfático de « Precursores de la independencia ». A juz-
gar por los resultados, no ha de ser tarea fácil la de dilucidar des-
pués de tantos años este episodio histórico, siendo así que su teje
maneje, más que á realidades tangibles, correspondía á veleidades y
proyectos no muy clara ni siempre sinceramente expresados por
los corresponsales. Sabido es como se prolongó, después de la revo-
lución, hasta empalmar con los conflictos de la independencia uru-
guaya. ?ío tenemos felizmente que tocarlo sino en su primera parte.
Véase también la carta infantil á Goyenecho (citada on Belgrano^ II, 706) recomendán-
dole qae « cuanto antes » venga á reducir á Buenos Aires.
(i) Peotehb. va.
ASALV8 DB LA BIBUOTBCA. T. III Q
1 3o ANALES DE LA BIBLIOTECA
para demostrar, en forma tan concisa como posible sea, y contra la
tesis generalmente admitida : i° que la aventura de la princesa Car-
lota, no sólo en razón de la persona sino en sí misma, era una cala-
verada quetenia por teatro un castillo de naipes ; s'^quela oposición
franca y tenaz de Liniers — noindecisani discutible, como gratuita-
mente se aQrma — fué la que más contribuyó á salvar estas pro-
vincias de tan costoso cuanto estéril experimento.
No bien confirmadas en Rio de Janeiro las renuncias de los Bor-
bones y la proclamación de José, la inquieta Carlota, que se devo-
raba en el vacío de esta nueva é insoportable existencia colonial, se
abalanzó sobre la presa — ó la sombra — que las circunstancias le
deparaban : inmediatamentehizosolicitary obtuvo del Regente, por
intermedio del contraalmirante Sidney Smith, la autorización nece-
saria para hacer públicas su protesta contra el usurpador y la rei
vindicación de sus derechos eventuales al trono de España. Fuera
de no poder negarse á un pedido del jefe de la escuadra inglesa, — á
no cruzarse otra disposición del plenipotenciario lord Strangford(i),
— el real fantoccio no debía de ver, supuesto que algo viera, sino
ventajas en estas distracciones inofensivas de la princesa, que, sea
cual fuere su éxito, ocupaban el lugar de otras peores. El manifiesto
á los (( vasallos de las Españas é Indias » se mandó imprimir en Río
y distribuir profusamente en América, no habiéndose publicado en
Europa, según Llórente, hasta abril de 1810. Este documento, en
cierto modo privado, y curioso bajo tantos aspectos, era datado del 19
de agosto de 1808; y desde luego presentábala singularidad deque,
siendo firmado por La Princesa doña Carlota Joaquina de Barbón,
(i) Al poco tiompo de encontrarse ambos en Rio, se produjo entre al diplomático j el
almirante una honda desavenencia, a bitler qaarrel, que terminó con el llamamiento del
último á Inglaterra, á mediados de 1809. En el fondo elconQicto provenia, una ves máf,
de haber dado á un agente instrucciones públicas que contradecían las secretas dadas i
otro. Después de producido el escándalo, Sidnej Smith probó que su conducta se ajustaba
en el fondo á las instrucciones secretas de Canning. Por lo que respecta á la fomu
extravagante, nadie ignora que su famosa defensa de San Juan de Acre contra Napoleón
quedó como una insolación crónica en el cerebro del exuberante y fantástico marino.
SANTIAGO LINIERS i3i
sin alusiÓQ alguna á sus títulos matrimoniales, aparecía refrendado
por don Fernando Josef de Portugal ; quien era nada menos que el
ministro del Interior y Hacienda del Brasil ! Ello se explica, si no
se justifica, aceptando la versión de Presas, según la cual « este ne-
gocio fué tratado en consejo de Estado presidido por el mismo prín-
cipe Regente, y en él se acordó que se escribiese el manifiesto d.
I Quién lo escribió ? Pocos días antes estuvo en Río el elástico Go-
yeneche, gozando gran privanza con la princesa, y no es imposible
que sugiriera ó fomentara el pensamiento de la proclama ; pero no
veo razón para despojar á Presas de la paternidad que se atribuye.
Éste declara que fué su estreno de secretario, mejor dicho el coup
íessai que motivó su nombramiento de secretario privado (i). Es lo
cierto que la mediocridad del escrito admite todas las hipótesis. Este
se limita, en medio de una fraseología pomposa y hueca, á indicar
vagamente á doña Carlota como a depositaría y defensora » de los
derechos de su familia, para a cuidar muy particularmente de la
tranquilidad pública y defensa de estos dominios, hasta que mi muy
amado primo el infante don Pedro Carlos, ú otra persona llegue entre
vosotros... í) A más de esquivar toda declaración precisa sobre su
t( candidatura », la pretendienta incurría en la doble falta política de
referirse con insistencia á los derechos de su « señor padre y rey
don Carlos IV », los cuales debían, por el contrario, óonsiderarse
caducos, y sobre todo de equiparar á los propios los muy lejanos y
(i) Memorias, 7: c< Me granjeó el mayor concepto con SS. AA. RR. y con los secre-
tarios de Estado, quienes concibieron la idea de que yo podria servir para el manejo de
negocios de alta monta » ( ! ). Presas nos dice que, á los pocos días (por consiguienio en
agosto), entró en funciones, aunque en el certificado de Carlota (p, 100) se lee que
sólo fué 'desde noviembre de 1808, focba que concuerda con las primeras esquelas de la
princesa. Pero no hay que pararse en pelillos con este personaje. La historia de sus pri-
meras relaciones con Sidney Smith y la corto no soporta el examen. Dice que álos pocos
días de llegará Río el almirante, éste llamó á Presas y le mostró las proclamas de la
Junta do Sevilla : Sidney Smith estaba ya en la corte brasilera á principios de junio,
faltando dos meses para recibirse tales comunicaciones, etc. Todo se concibe con admitir,
una vez por todas, que Presas arregla las fechas según sus conveniencias. Lo probable
es que el pobre diablo anduvo intrigando algunos meses y ofreciendo á diestra y siniestra
sus servicios, hasta que la necesidad de un u tinterillo» español los hizo aceptar.
i3a ANALES DE LA BIBLIOTECA
problemáticos del infante Pedro Carlos. Evidentemente, la petu-
lante princesa ignoraba todavía los términos de la cuestión dinás-
tica en España ; en cuanto a sus términos en América, babía de
ignorarlos siempre, — si bien no los conocían mucbo más los « pre-
cursores ') que desde el Plata fomentaban sus miras.
Reservando la situación de hecho creada en España por Napoleón,
los derechos eventuales de Carlota á la corona eran incontrovertibles,
y ocupaban el lugar inmediato á los de Fernando y sus hermanos
varones (i). Así lo habían sancionado por voto unánime las corles
de 1789 (que juraron á Fernando como príncipe de Asturias), con
la particularidad de que, al hacer derogar el Auto acordado con que
se introdujo la Ley Sálica por Felipe V, fué el ánimo de Carlos IV
aproximar á las gradas del trono á Carlota y su descendencia, ó sea
propender á otra reunión ibérica. Aunque no publicada la pragmá-
tica, nadie ignoraba su existencia. El 22 de junio de 1808, la Junta
de Murcia recordaba el hecho en una circular á las demás del reino,
redactada por el mismo Floridablanca que promovió dicha san-
ción (2); de suerte que, más tarde, las resoluciones de las cortes de
Cádiz, que se condensaron en el artículo 180 de la Constitución, no
hicieron más que confirmar lo establecido y notorio. La autorizada ex-
posición del ex ministro y futuro presidente de la Junta Central causó
tanto mayor regocijo en el círculo de la princesa del Brasil, cuanto
que esta cabeza de chorlito le dio en el acto una interpretación exa-
gerada y errónea (3). Floridablanca emitía dos proposiciones dis-
^1) PostériormoDte (i8 de mano de i8i2^ las Cortes habíaa de anular los derechos
del infante Don Francisco de Paula. « En su consecuencia (decía el decreto), á falta del
infante Don Carlos María y su descendencia legitima, entrará á suceder en la corona
la infanta doña Carlota Joaquina, Princesa del Brasil o.
(3) La carta circular de la Junta do Murcia se encuentra en la colección ya citada :
Doñoslración de la lealtad española ^ II, i6. Consta que Carlota la recibió, aunque sin duda
después de publicar su proclama (Memorias Seeretas^ 9): y también, allí mismo, que ella
y Presas tomaron el rábano por las hojas.
(i) Ibid, nota: u Escribió S. A. R. á todas las supremas juntas de provincias, y al
conde de Floridablanca dándole las gracias por el manifiesto que publicó en Murcia,
SANTIAGO LINIERS i33
tintas y que sólo en el papel se aproximaban. Con la primera fijaba el
derecho de sucesión eventual al trono, en previsión de algún accidente
posible por el lado de Valengay (i) : producida la catástrofe temi-
da, convenía que no mediara una hora de interregno, por cuyo in-
tersticio pudiera colarse la legitimación del « intruso ». La otra
providencia tendía á remediar el desquicio actual con la instala-
ción de un verdadero gobierno. Ahora bien : está á la vista que una
y otra proposiciones eran en la mente de su autor tan independien-
tes, que cualquier tentativa para relacionarlas sólo revelaría su incom-
patibilidad. Estas miras del político experimentado se impusieron
sin esfuerzo á sus colegas y sucesores, subsistiendo como axiomas
para el grupo dirigente hasta la vuelta de Fernando. No fué tomada
en consideración, ninguna propuesta de infante ó allegado dinástico
para inmiscuirse en la Junta; y cuando, más tarde, la misma Car-
lota, valida de su reconocimiento de princesa heredera, lo invocara
como un título á la Regencia del reino, no sólo tal pretensión fué
rechazada sino que, después de votada la Constitución, se decretó
expresamente que « en la Regencia no se ponga ninguna persona
real (2). En suma, la teoría que vaga y obscuramente venía despun-
tando en la tierra del absolutismo y por la sola fuerza de las cosas,
invitando á los españoles á centralizar la autoridad suprema é indicando que la princesa
del Brasil era la inmediata heredera, etci>.
(1) La catástrofe del duque de Enghien había quedado como una obsesión general,
j DO era el menor castigo de Bonaparte el que, para todos, entrara en el orden de las cosas
probables la muerte violenta de Fernando y los infantes en Valenpay. Wellington dis-
cute fríamente la eventualidad en varios lugares de su correspondencia ; asi : v. gr. DU—
patches, VI, 69: u In either case (irmníen ó no \o9 franceses), il is most probable that
Ferdinand andhis brolher would be mnrderedn. Nunca pensó en tal cosa Napoleón, poro
on fie prite qa'aux riehes !
(a) Sobre el pedido de doña Carlota, dice Toreno (Historia, ÍH, SaB) : « La proposi-
ción á pesar de lo mucho que se había maquinado, no fué siquiera admitida á discusión ».
Véase La discusión sobre la moción de Arguelles en el Diario de las Cortes: XI, 53 y siguientes,
sesión del i* de enero de 181 a. — Mucho antes (abril de 1810) Wellington caracteri-
zaba esta misma incompatibilidad en su admirable carta ya citada sobre las cosas de Es-
paña, y dirigida á su joven hermano Enrique, ministro británico on Cádiz : As I believe
there is no doabi bal that, by law, Carlota eannot be Regenta if she is deelared succetsor tO'
ifte croum, the objeet of tke Poriaguese Goverment will be eqaally disappoinledí).
iá4 ANALES DE LA BIBLIOTECA
era la distinción moderna, base del régimen constitucional, entre
reinar y gobernar. Basta para representar la ficción real cualquier
muñeco dinástico, aunque sea mujer ó niño inconsciente (los ingle-
ses han tenido durante años á un Jorge III demente sin reparar en
esta desgracia de familia), siempre que se ponga el gobierno efecti-
vo en manos viriles y responsables.
Sentadas estas premisas y conocida la obsesión ambiciosa que,
como mosca en botella vacía, no dejaba de zumbar en la cabeza hue-
ca de la Infanta, creo que pueden caracterizarse en pocas palabras los
principales papeles é incidentes de aquella parodia política del Lega-
tario universal; cuyo inextricable quid pro quo nacía de estar bata-
llando los personajes en torno de un simulacro proteico, á quien,
según la hora y el punto de vista, cada cual encontraba forma dis-
tinta. Es ridicula la aquiescencia del cortesano de Hamlet, sobre lo
de parecerse la misma nube á un camello y á una comadreja, por-
que se trata de un solo instante : concédasele un cuarto de hora, y
el viejo Polonio tendrá razón. En nuestra caso, la nube era la situa-
ción movible de la Península. En mayo de 1808, la caída de los Bor-
bones aparecía definitiva y España amarrada al carro de Napoleón.
En agosto, después de Bailen, todo había cambiado, y la retirada
de los franceses sobre el Ebro prestaba viso triunfal al alzamiento
popular. Pasan algunos meses, éste se disipa como polvo al paso
del Emperador : en enero de 1809, José entra por vez segunda en
Madrid. La guerra continúa con algunas alternativas, pero los pa-
triotas pierden terreno en todas partes, y la batalla de Ocaña prepara
la invasión de Andalucía. A principios de 18 10, la causa de la in-
dependencia se considera en general como perdida : la deplorable
Junta Central huye á Cádiz, más desacreditada aún que impotente ;
el general Wellington pronostica oficialmente la inminente evacua-
ción del país por las tropas inglesas, dejando á las francesas en pose-
sión de la Península (i); y es la hora en que Fernando, sin que
(i) Carta citada (34 do abril de 18 10): « Iflhe allies should fail and ihe Freneh should
SANTIAGO LINIERS i35
nadie le incite á ello y sólo movido por su bajeza de alma, felicita
a José por su triunfo y se exhibe públicamente en la postura de lamer
la mano que azota á su pueblo. Sin duda, todo cambió después.
Cuando se sentía perdido, Wellington no podía prever que Napoleón,
urgido por la campaña de Rusia, se encargaría de salvarle, sacando
de España sus mejores tropas en vez de reforzarlas... Pero estos
acontecimientos pertenecen á época posterior á la que nos ocupa.
Tan nebulosa é instable como aquella situación europea se pre-
sentara, su influencia, más que nunca decisiva en la de estas pro-
A'incias, se complicaba con la connivencia ó conflicto de los factores
locales ya señalados : de suerte que, volviendo á la anterior imagen,
para el historiador no se trata ya de conjeturar la forma de la nube
política en tal momento preciso, sino la de su reflejo trémulo en una
onda inquieta. De ahí las obscuridades y contradicciones que en los
varios relatos de este episodio abundan, y de que no me jacto esté
del todo exento el presente, á pesar de las pesquisas é investigacio-
nes que, me atrevo á decirlo, sirven de substructura invisible á este
ligero ensayo.
A íines de i8o8, al tiempo de exteriorizarse con la citada procla-
ma las pretensiones de la princesa Carlota, varias eran las influen-
cias personales que en este grave asunto se dejaban sentir. Desde lue-
go, al lado de la arrebatada infanta, y casi tan desequilibrado como
ella, el contraalmirante SidneySmith,jefe de la división naval de Sud
América, secundaba enérgicamente las ambiciosas miras de aquélla.
— A pesar de ciertos indicios graves que de las Memorias secretas
parecen resultar, preferimos creer que el valiente marino supo de-
fenderse en Río como en San Juan de Acre, y hasta prueba en
contrarío, debemos lavar su buen gusto de toda injuriosa sospecha.
Era otra aventura la que él perseguía en el Plata : probablemente un
desquite de la derrota de Whitelocke. Contrarrestó las maniobras de
<Ataín possession of tke Peninsaht which is, I am sorry to say, the most probable event a
presentí).
1 36 ANALES DE LA BIBLIOTECA
Sidney Smith, y por tanto, las de la princesa, el ministro lord Strang-
ford, cuyo comedimiento y prudencia profesionales formaban con-
traste con los raptos impulsivos de su compatriota. Lord Strangford
tenia la persuasión de servir mejor á su país, procurando la inde-
pendencia política, y por lo pronto comercial, de estas provincias;
fomentaba, pues, las intrigas revolucionarias de los americanos emi-
grados, defendiéndoles contra las denuncias de las autoridades pía-
tenses y, más tarde, del plenipotenciario Gasa Irujo. Ya hicimos
alusión á su violenta polémica epistolar con Sidney Smith, que ter-
minó con el llamamiento del marino, á mediados de 1809 ; en tanto
que el diplomático logró ver sus designios realizados, asistiendo á
los primeros actos de la revolución y entrando en relaciones cordia-
les con Mariano Moreno (i). Entre estos dos factores poderosos y
encontrados, que representaban la suzeraineté de Inglaterra sobre
el inerme Portugal, la actitud del Regente no podía ser sino vaci-
lante como su carácter y tímida como sus medios de acción. Reque-
rido por Sidney Smith, autorizó primero á la Infanta para lanzar
sus proclamas y aun preparar su viaje al Plata ; pero desbarató lue-
go, por consejo de Strangford, esta parte activa de la calaverada mu-
jeril, que, sobre ser arriesgada y temeraria, entrañaba, supuesto el
(1) En realidad los dos adversarios de Rio llevaban el mismo doble apellido; el diplo-
m&iico Sé llamaba Percy C. Sydney Smythe (ó Smith), vizconde Strangford; y el profe-
sor J. M. Laugthon piensa qneéste y el célebre marino sallan de un solo tronco. Lord
Strangford había nacido en 1780; después de brillan les éxitos escolares (tuvo la medalla
de oro en el Trinity Collegede Dublin), entró en la diplomacia y fué nombrado en iSoa
secretario en Lisboa. Publicó el año siguiente un tomo de poesías imitadas de Camoént
(Poems from the Portuguese of Camoéns), que se encuentra analizado con severidad en la
Edinburgh Rev¿eu\ abril de i8o5 ; en el mismo número se halla una critica del Lay of
the last Minstrelt de Walter Scott. Strangford ha sido satirizado por Byron en su EnglUk
Bards^ en la excelente compañía de Walter Scott, Southey, Wordsworth, Colerid-
Ke, etc.: vale decir, pues, que exifda, como literato. En 1806 fué nombrado ministro
plenipotenciario en Lisboa, y, siendo persona grata^ pesó mucho su consejo en la resolu-
ción que tomó el Regente de emigrar al Brasil. El mismo Strangford fué confirmado en
su puesto en Rio, á dondo llegó en abril de 1808; tenía, pues, á la sazón, sólo a8 años.
Sus principales puestos fueron después las embajadas de Constan ti nopla y San Peter»-
burgo; en i8a8, volvió al Brasil con misión especial, con lo que terminó su carrera.
Era par de Inglaterra desde iSaS. Murió en i855.
SANTIAGO LIMERS 187
buen éxito, graves complicaciones y hasta peligros para el Brasil :
ya pretendiese la flamante Zenobia asociar ambas regencias, ó ases-
tar la nueva contra la antigua. Por fin, aunque no como factores
influyentes sino como instrumentos, habíanse puesto al servicio de
doña Carlota algunos extranjeros refugiados, americanos ó europeos,
que solían juntarse en un café de la rúa do Oavidor. No estaban
todavía en Río, Pueyrredón, Sarratea y otros, que más tarde darían
mejor tono á los conciliábulos; Saturnino Rodríguez Peña y Ani-
ceto Padilla eran por entonces los directores del reducido grupo es-
pañol, al que adherían ciertos agentes de no menos dudosa ortodo-
xia, tales como los italianos Contucci, Guezzi y otros intrigantes —
sin omitir al amigo Presas que, con hidalgo disimulo, mascaba filo-
sófícamente á dos carrillos. Con estos elementos y entre aquellas co-
rrientes encontradas, emprendió doña Carlota su campaña política ;
felizmente sólo se trataba, por lo pronto, de propaganda epistolar ;
pues, para otro género de operaciones, escaseaba bastante el nervio
de l^i guerra (i).
Ya \ irnos cómo el manifiesto, publicado en agosto de 1808 por la
pretendienla, no manifestaba gran cosa, limitándose á estimular la
fidelidad de las autoridades y de los pueblos á su legítimo soberano.
No hubieron de ser mucho más explícitas las cartas que en aquellos
meses se dirigieron á muchos sujetos de posición é influencia, no
sólo de este virreiníito. sino del Perú y Chile. Según declaración
de su mismo redactor, « el contenido de estas cartas se reducía á
incitarlos á mantenerse fieles y adictos á la madre patria, y á de-
fender los derechos de su augusto hermano Fernando Vil, y los de
sus legítimos sucesores (2)...» Confirman esto mismo algunas res-
(i) Sabido es que más tarde, á imitación do Isabel la Católica, envió & Montevideo
Qoa remesa de joyaa, estimada por ella en 5o. 000 pesos, para que con el producto de su
venta <f se atendiese á la defensa de los derechos de Fernando Vil » . Huelga decir que
estas joyas contribuyeron tanto á la defensa de Montevideo como las de Isabel al descu-
brimiento de .\méricá : son gestos teatrales que impresionan al pueblo papamoscaa» y
nada cuestan á los actores. Las alhajas fueron devueltas.
(a) Presas, Memorias ^ 9.
i38 ANALES DE LA BIBLIOTECA
puestas que conocemos, como la de Liniers y la (muy posterior) de
la Audiencia de Chile : sus autores se manifiestan altamente favore-
cidos por los augustas y serenísimas epístolas, pero consideran en
substancia que su lealtad se ha patentizado con la jura de Fernan-
do Vil y el reconocimiento de la Junta de Sevilla, « sin que se pueda
innovar nada (escribe Liniers) á nuestra presente Constitución n.
A este tenor serían las más de las contestaciones oficiales ; si bien
las particulares dejaban entrever, como habríamos de suponerlo sin
que nos lo dijeran las Memorias, la profunda emoción plebeya con
que eran recibidos los formularios de Presas, copiados por la real
mano de su S. A. ! Había, sin embargo, otro grupo de correspon-
sales que, por cierto, no pecaba de frío ni desabrido : y era el de Ro-
dríguez Peña, que esparció entre sus amigos de Buenos Aires el
panegírico más ardiente y arrebatado de la « heroína » de Amé-
rica (i). exhortándolos áque le suplicasen trasladarse al Río déla
Plata para ser aclamada Regente. Esta circular, resultado evidente
de un previo acuerdo con la interesada, lleva la fecha del 4 de octu-
bre. Tres semanas después, el i** de noviembre, la Infanta denun-
ciaba á Liniers una conspiración de facciosos y traidores, encabezada
por Rodríguez Peña ¡á quien se proponía remitir preso á Buenos
Aires ! La explicación, muy sencilla, se encuentra en el contexto de
dicha circular. Junto á los grotescos ditirambos dedicados á la su-
blime Infanta, se descubría á las claras el verdadero propósito de los
conjurados, el cual consistía en « aprovechar la oportunidad de sa-
cudir una dominación corrompida » : era, pues, el antiguo plan
del gobierno inglés el que salía nuevamente á luz, perseguido ahora
(i) La carta do don Saturnino Rodríguez Peña se encuentra en la Historia de Bel-
granot I« 538. Está fechada en Rio de Janeiro, ^ de octubre de 1808. En el Archivo Ge-
neral, a* serie, XIV, luñ, lleva la fecha del 4 de septiembre. No hallo en el coniexlo
indicación alguna para preferir una fecha á otra; pero, tratándose de una circular profu-
samente repartida, no parece natural que tardase mucho en conocerla la Infanta; ntc
inclino pues, como más probable, á la fecha de octubre. Entre las efusiones casi místicas
de ese himno á la divina Carlota, se le dice : <( Esta mujer singular, la única cd §n
clase, me parece dispuesta á sacrificarlo todo por servir de instrumento á la felicidad de
sus semejantes». Y acaso esta proposición, mirada bajo cierto sesgo, sea la única exacta.
SANTIAGO LINIERS 189
por lord Strangford, que naturalmente empleábalos ¡nstrumenlos
por aquél comprados (i).
Dicho se está que los « traidores » de Río, protegidos por el mi-
nistro británico, no fueron entregados alas autoridades españolas;
pero la doble reacción de doña Carlota, ya en presencia de los co-
rresponsales que, como Liniers, no aceptaban novedades, ya de los
que, como Rodríguez Peña, las querían de tomo y lomo, revela lo
que sus nebulosas epístolas no decían, permitiéndonos definir in-
equívocamente su actitud. Desde 1808, — si bien las circunstancias
no toleraban todavía las pretensiones del año siguiente, — algo per-
seguía la Carlota : y era una suerte de superintendencia provisional
sóbrelos cuatro virreinatos, que le permitiera entremeterse, aunque
sólo fuese con dimes y diretes, en los negocios de Estado, y satis-
facer al fin sus anhelos de mando é intriga : de ahí su sorda irrita-
ción contra el virrey, que fingía no entender el velado envite (2).
Al pronto, estas viarazas de mujer histérica parecían bastante in-
ofensivas ; pero no faltaba en Río quien procurase enderezarlas á sus
miras ocultas y más prácticas. Ya tenemos indicado el dominio abso-
luto que Sidney Smilh ejercía sobre la revoltosa Infanta (3); no era
tanta ni con mucho su influencia cerca del Regente, combatida co-
mo estaba por la de lord Strangford y el ministro Sousa Coutinho.
Con todo, el osado marino logró fascinar al Príncipe, haciendo es-
(i) Ya se ha dicho que Pona, Padilla y acaso algún otro recibían pensiones de
Inglaterra.
(a) Memorias secretas , 10: «El virrey Liniers contestó en términos generales de
urbanidad y política, porque era natural que quisiese continuar en el mando».
(3) No por esto debe aceptarse lo que dice Pereira da Silva (Historia^ I, a83) : a O
vice almirante concordoa eom a prineeza, e prometteu-lhe a sua eoadjavafdo recebendo della
mimos de propiedades, e presentes de subido valor n. (Agrega en nota: Beceben ama chácara
na Praia Graaide, e joiasj. La casado campo (Chácara Braganza) fué regalo del Regente,
V el único regalo de la Princesa, poco antes de volverse Sidney Smith á Europa, fué
una espada de honor. Véase Memorias secretas ^ a5. Cf IS'aval Chronicle, XXI, ^98
(Carta de an oficial de Sidney Smith) ; « Sir Sidney has a pleasant house on the opposite
side of the river^ with a gooddeal of land. Jt was a present of the Piince, and is called Cha-
cara Braganza ».
ilio ANALES DE LA BIBLIOTECA
pejear á su vista las propias visiones de conquista y engrandeci-
miento que por cuenta de Inglaterra perseguía, — sin arredrarse
por los recientes consejos de guerra en que, bien le constaba, se
había castigado, más que las empresas temerarias, su mal éxito. No
sólo arrancó al iluso Regente la autorización que doña Carlota nece-
sitaba para presentarse como infanta española en el Plata, sino que le
hizo consentir en una acción combinada (bajo su alta dirección) de
la escuadra británica con las tropas portuguesas de Río Grande. Aun-
que no se decía claramente por qué ni contra quién el nuevo Marl-
borough se iba á la guerra, no parecía dudoso que, con pretexto de
restablecer el orden en estas provincias ó defenderlas contra un
ataque fantástico de los franceses, entrara en sus designios apode-
rarse de la Banda Oriental, entregando acaso al aliado portugués la
zona fronteriza y estratégica que á éste le tocaba y convenía cubrir.
Ahora bien : esta piratería, combinada por el antiguo compañero
del bajá Yezar (y que en el fondo acaso tuviera más de extravagante
quede cínica), poco es decir que la aceptó sin pestañear la « heroí-
na », defensora y depositaría de los sagrados derechos de Fernán-
do : en una carta delirante que dirigió á Liniers, — y ¡ colmo de
inconsciencia ! le hizo llevar por un coronel Burke, harto conocido
en Buenos Aires (i), — le proponía candorosamente que sometiese
(i) Esta carta, fechada en Rio de Janeiro, igde octubre de 1808, ha sido publi-
cada en la Historia de Belgrano^ IL, 788: tiene un anexo ó posl-srríptam del 8 de noviem-
bre : por consiguiente, fué ésta la que llevó Burke, según lo establece la esquela de Car-
lota, dirigida á Presas el mismo día 8 (Memorias, 9) : « En la del virrey, parece que
el portador de la carta es el coronel don Santiago Borgh (Burko) que es el de mi con-
fianza, y que él mismo le dirá la comisión de que va encargado ». Consta por el docu-
mento número 2a que no sólo Liniers no quiso recibir & Burke (aunque si la carta
de la Princesa), sino que llamó á junta para decidir sobre prenderle ó mandarle
embarcar inmediatamente en el buque en que vino : se resolvió lo último « por venir
revestido del carácter de emisario del almirante de su nación Sidign^ Esmiiw. Ya se
dijo que este coronel, cuyas campañas parece que consistían sobre todo en esta clase de
misiones, había estado varias veces en Buenos Aires desde 180&; disfrazado de oficial
prusiano, penetró en la tertulia familiar de Sobremonte y sirvió de espia i Pophara.
(( De este oficial (dice Manuel Moreno, Prefacio^ LVI) se conservan en el pais anécdotas
curiosas : sus galanteos de una dama francesa, que estuvo en relaciones con Liniers: un
SANTIAGO LINIERS i6i
á Sir Sidney Smíth sus « quejas » como virrey contra el gobernador
de Montevideo, tanto más cuanto que, marchando dicho Almirante
para el Rio de la Plata, « las tropas portuguesas de aquella vecindad
(Río Grande) han sido desde ayer puestas á su orden, etc. ». Y la
inaudita misiva, con aires de real orden, para demostrar mejor el
desequilibrio ó la ausencia de sentido moral de su autora, ¡ termina-
ba poniendo al virrey bajo la dependencia directa de un jefe inglés
que ni siquiera de su propio gobierno tenía instrucciones ! Un conato
de desmembración territorial, para reconocer proezas de alcoba : tal
era el estreno de la pretendienta, cuya anunciada venida estreme-
cía las übras patrióticas de los « precursores » . ¡ Y lo que se proyec-
taba desde el primer día, era tender en ese fango palaciego los lau-
reles de la Reconquista y la Defensa, para que sirvieran de juncia
triunfal al paso de una serenísima ramera !
La monstruosidad, felizmente, con ser tan evidente y flagrante,
provocó la inmediata represión. La indignada respuesta del vi-
rrey (i), á quien lograra apenas contener su respeto por el sexo y la
sangre de la ofensora, encerraba ya, para quien sabe leer, una repa-
ración moral del ultraje inferido, no sóloal mandatario sino al Recon-
quistador, y con éste á la población dos veces victoriosa de aquellos
mismos ingleses, con cuya bandera de contrabando se pretendía
ahora rendirla sin combate. En cuanto á la reparación material, si-
guió muy de cerca á la otra. Las protestas enérgicas de Liniers.
promovieron las de Strangford, no sólo ante el Regente del Brasil,
sino ante su propio gobierno, resultando de todo ello : por una parte,
el retiro de la autorización dada á Carlota para trasladarse á.Buenos
Aires y convocar sus desatinadas Cortes; y por la otra, el llama-
miento de Sidney Smith á Inglaterra, á pedido del diplomático y
después de una polémica en que éste no llevó la peor parte.
desafío, etc. » Es do suponer, como cosa muy humana, que esta circunstancia no con»
tribuiría á hacerle persona grata ante el virrey. ¡Oh dessoüs de la historia I *
(i) Con fecha i5 de noviembre; también se halla en la obra citada, á continuación
del documento anterior.
n
i&a ANALES DE LA BIBLIOTECA
Con esta malograda intentona, puede decirse que tuvo principio y
fin la (( campaña electoral » de la princesa del Brasil en el Río de la
Plata. Por cierto que ésta continuó dando pábulo imaginario á su
neurosis con misivas á sus prosélitos, cada día menos entusiastas,
de Buenos Aires y el Perú, ó con enredos inconsistentes en el propio
Río de Janeiro ; ya con motivo de la presencia y reunión de algunos
« argentinos » en casa de la Périchon; ya por la llegada de la fragata
Prueba, que traía á su bordo al antes marrado gobernador Huido-
bro, ahora nombrado virrey ¡ por la Junta suprema de Galicia !...
En suma, nadie supo jamás á ciencia cierta, y mucho menos ella
misma, lo que la infanta Carlota persiguiera en América, fuera déla
satisfacción pueril que consistía en meterse donde no hacía falta, y
prodigar á diestra y siniestra ese estúpido tuteo real, que hasta ayer
caracterizaba la enmohecida y rutinaria etiqueta española. Vivos don
Fernando Vil y el infante don Garlos, nunca pudo ocurrirle, ni le
ocurrió, no más en América que en España, trastornar los derechos
dinásticos ni desmembrar los dommios de la corona. So pretexto de
defender contra la usurpación francesa cualquiera parte amenazada
del imperio colonial, lo que anhelaba esta maniática ambiciosa era el
goce inmediato del poder, siquiera no fuera más que su vano y fugaz
simulacro : y no sería calumniarla, el admitir, como lo insinúa su
secretario Presas, que en la proximidad al Brasil de la región cuyo
gobierno interino codiciaba, la perspectiva que sonreía á su perver-
sidad era la de tener en jaque y quizá destronar á su infeliz y odiado
esposo. Sea como fuere, el progreso de las armas francesas en Es-
paña, y, por otra parte, la constitución de una Junta Central más
ó menos legítima, tuvieron la doble consecuencia de asegurar los
derechos eventuales de Carlota como heredera del trono, al propio
tiempo que se decretaba oficialmente su inhabilidad para la Regen-
cia. Pero, cuando esto ocurrió, tiempo hacía ya que nadie en Amé-
rica seguía con interés el movimiento en el vacío de esa quinta rueda
del carro monárquico. Continuó existiendo una cuestión portuguesa
en el Plata, después como antes de la Revolución; pero ya no com-
SANTIAGO LINIEHS i43
pHcada con la regencia de doña Carlota, que sólo pasó como fuego
fatuo por la historia. Si me he detenido en este episodio algo más de
lo necesario, es porque, además de sus rasgos curiosos, al poner en
relieve la lealtad inalterable de Liniers, anuncia claramente cuál será
su actitud postrera. Si algo resulta del indicado proceso, es la evi-
dencia de haber sido Liniers el primer y principal obstáculo á la
realización de los proyectos de doña Carlota y Sidney Smith. Esta
actitud insospechable, que resulta de los documentos y se adapta,
no sólo al carácter del personaje sino á sus intereses, es la que, sin
embargo, ha sido declarada sospechosa : hales bastado á nuestros
historiadores trastornar los datos para interpretar á su antojo las
intenciones ; y los mismos que gastan tesoros de indulgencia para el
españolismo de Moreno ó el monarquismo impenitente de Belgra-
no, se han armado de severidad ante un fantástico « carlotismo » de
Liniers, sólo fundado en su propio desconocimiento de los he-
chos (i).
(i) El señor Mitre (Historia de Belgrano^ I, 274) dice que Liniers, «no había des-
conocido explícitamente I09 derechos eventuales de la Carlota á un trono en la Ame-
rica española » y nos pinta (c la fluctuaciones de su carácter indeciso... » El primer miem-
bro de la frase no tiene sentido histórico ni el segundo lo tiene jurídico : los derechos
eventuaJesde Carlota no podían ser desconocidos sino por quien ignorase las cortes de
1789: además, acababan de ser confirmados por el manitiesto de Floridablanca; «un trono
en América », distinto del trono en España, era una novedad que hemos visto no había
sido por nadie formulada, ni siquiera por Carlota . Lo de las « fluctuaciones » es una hipó-
tesis gratuita, desmentida por las mismas cartas dadas á luz en la obra del señor Mitre.
Tam{>oGO la causa formada á Presas, en Buenos Aires, pudo tener nada que ver con
la Carlota, á quien el futuro secretario vio por primera vez seis meses después. En
cuanto al historiador López, instruye la causa sumariamente: unas veces (Historia^ 11,
398) dice que Liniers aceptó la proclamación de la Carlota, sin decirnos en qué se funda;
otras (Jbid, ^^T)» ^* ®1 mismo virrey quien denuncia en 1808 «las intrigas y manejos»
de aquélla al marqués de Casa irujo, embajador español en el Brasil — el cual llegó á
Rio el 36 de agosto de i8og, cuando Liniers ya no era virrey ni se hallaba en Buenos
Aires.
>
\NALES DE LK BIBLIOTECA
Entre los parlidarios plateases de la infanta Carlota, era notable
la ausencia casi completa del grupo español : habíanse retraído, des-
do luego, don Martín de Alzaga con sus adictos del cuerpo capitular.
y Irás de éstos los individuos más visibles del comercio y del clero,
que afirmaban personificar la opinión, amén de los jefes militares
fluropeosquepudieran representar la fuerza. Esta general abstención
de los peninsulares, si bien signiñcativa, no requería largo comen-
lario, conocido el acuerdo existente entre los cabildos de una yolra
banda del Plata. Aspiraban los de aquí al mismo gobierno munici-
pal que los de allá habían conseguido, y por el procedimiento idén-
tico de un motín popular. Así las cosas, la mal deCnida propaganda
da la princesa del Brasil no podía ser aceptada de los que pretendían
ajustar su conduela poUtica ala actitud de la metrópoli. ¡Junta co-
mo en España! tal era la secreta contraseña y, muy pronto, el grito
sedicioso, en cuya breve fórmula hallaban cabida la ambición de al-
gunos, el sentimiento antiamericano de otros, — sobre todo el odio
antifrancés de la mayoría, enardecido hasta el rojo candente por las
patrañas de las gacetas de Cádiz que en cada barca llegaban, y reli-
giosamente se reimprimían por la imprenta de Niños Expósitos (i),
liroclamat de lo* vccíndiríoa, en que reiulUba cadi guerrilla laerenilíaitaK dbrii-
laraUi un» cuidIoi mileí de gibachot. Prcciumenta en la; dii» de que IralamiH (di>-
Mfiubra de 1808) reimprimió» en Bupdi» Aire< giorU Proclama di la Mancha, que i
l'unrto Lapiche. lestigoi en otro tiempo de Ut proeíai del iagoniom Caballera. Iiin
Jidmirndo abura el valor de lot descead ¡entes do aquel bíros,..» y negnian oirás «spin-
tibln aieaturai do los carneros, con cita cundusiÓD : h Dado on nuoilro cuartel gen<-
ral ambulanle. Por Dunduto del señor Diego Lopeí Membrilla (el genenlj que m
•nbe «cribir». Ea cuanto á la aorpreu de Boilén /Aon ii^e causa led líne fine landalti
une rerreicabl uD poco lai localareí reminiscencia] de Roncesvalles j San Quinlio.
SANTIAGO LINIERS i&5
Frustrada, como vimos, la intentona de octubre, Álzaga empleó
los dos meses siguientes en preparar el éxito de una segunda y mejor
combinada contra el odiado virrey. A los batallones urbanos de
Catalanes, Vizcaínos y Gallegos, con que contaban siempre los con-
jurados, se agregaban muchos dependientes del comercio, y también
algunos elementos cedidos por Elío : así, varios oficiales de la fra-
gata Prueba, á quienes instigaban, si no mandaban directamente,
el jefe de escuadra don Pascual Ruíz Huidobro y el brigadier don
Joaquín de Molina, — de paso éste para el Perú y revolucionario
por pura afición (i). Habitualmente, teníanse los conciliábulos noc-
turnos en la casa de Álzaga; otras veces en el palacio episcopal,
como que el obispo Lué y Riega figuraba entre los más ardientes
conspiradores. Aunque los más de éstos eran españoles, no habían
dejado de adherirse al complot unos cuantos americanos, y algunos
de tanta significación social como los doctores don Julián de Leiva
y don Mariano Moreno, — con la particularidad de haber sido éste
último uno de los primeros y más entusiastas partidarios de doña
Carlota. Las causas de la animosidad personal del futuro secretario
de la Junta contra Liniers han sido indicadas alguna vez, pero sin
fundamento suficiente para que pertenezcan á la historia ; tampoco
es permitido afirmar que los rencores privados pesaran más tarde
en la terrible resolución del repúblico, aunque sí debe deplorarse
que suscite tales sospechas la actitud implacable del biógrafo que
siempre reflejó las pasiones de su modelo, y, en el doble sentido
propio y figurado, sólo fué un hermano menor de Moreno. Sea co-
mo fuera, en la última reunión celebrada en el obispado, se fijó para
el motín la fecha del i** de enero de 1809, por efectuarse este día la
produjo oa interminable romancero en verso y prosa; pero las gacetas comentaban con
««pecial entusiasmo los insultos con que los jefes españoles habían sazonado la viola-
ción salvaje de la capitulación.
(1} Existe en el Archivo general un largo expediente sobre la fragata Prueba y el
brigadier Molina ; sabido es que el buen Cisneros absolvió á éstos como á los otros auto-
res de los escándalos del i* de enero, creyendo con sus concesiones tener la fiesta en paz :
luyo el a 5 de Mayo !
AlAtiBS m LA BIBUOTBCA. T. III lO
lUñ ANALES DE LA BIBLIOTECA
elección anual de los capitulares, que congregabaal vecindario en la
Plaza Mayor. El programa de la función no difería del recién reali-
zado en Montevideo, síno en un detalle, — á la verdad de cierta
importancia, sobre todo para Liniers : y era que en lugar de presi-
dir — como allá Elio — la Junta surgida del tumulto popular, el
virrey quedaría depuesto y sin ingerencia en el nuevo gobierno, va
por renuncia voluntaria del empleo, ya por aclamada destitución.
Estos planes subversivos eran conocidos del virrey y bus adictos.
que tenían agentes suyos entre los mismos conjurados y seguían día
por día el desarrollo de la conspiración. Con el fin plausible de evi-
tar un conflicto sangriento, los jefes de los cuerpos fieles habían
dirigido á Liniers una representación colectiva, denunciando el pe-
ligro y poniendo sus fuerzas al servicio de la autoridad (i). El man-
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Bulariwl»
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SANTIAGO LINIERS i47
datarío había agradecido y aceptado ostensiblemente el ofrecimiento,
aunque manifestara no creer en la realización del atentado, ya por-
que confiase en una reacción patriótica de los conspiradores, ya en
los sanos consejos de la prudencia, siendo notoria la adhesión de los
tercios criollos. Las almas generosas son fácilmente optimistas; y,
como escribía Saavedra treinta años después, « aquel hombre de
carácter bondadoso », solía apreciar los sucesos con el sentimiento
más que con la reflexión. Por eso, sin duda, no juzgó que la efer-
vescencia callejera debiese trascender á su vida doméstica, hacién-
dole diferir el anunciado casamiento de su hija Carmen con el mayor
don Juan B. Périchon, el cual se realizó en la Catedral, el 26 de diciem-
bre (i). Corroborando estas disposiciones conciliadoras del gobierno,
circulaba el rumor de que, para quitar todo pretexto á los revoltosos,
el virrey había resuelto aprobarlas elecciones del i** de enero, « fue-
ren quienes fueren los nombrados para el Cabildo » . Pero no había
ya providencia ni actitud de Liniers que lograse atenuar el vicio in-
sanable de su nacionalidad; y el sábado, 3i de diciembre, víspera
de las elecciones, los batallones conjurados recibieron cartuchos á
bala, con orden de concurrir al día siguiente con sus armas á la
Plaza Mayor, al toque de la campana del Cabildo.
Por su parte, los jefes délas fuerzas adictas al gobierno las tenían
citadas para la mañana del día i" en sus respectivos cuarteles (2).
(i) Encuentro algunos datos interesantes en la partida de matrimonio, cuya copia
legalizada he sacado de la Merced. Ck)n licencia del obispo, celebró el acto en la Catedral
el cura de Morón, doctor don Juan Manuel Fernández de Agüero, el antiguo profesor de
&losofía escolástica del colegio de San Carlos, más tarde filósofo racionalista en la Uni-
versidad. El novio se designa asi: « D. Juan Périchon j Vandebil (sic), natural del reino
de Francia, hijo legitimo de don Esteban Périchon y de doña Juana Magdalena Avello ».
Fueron padrinos el virrey y la madre del novio; firma la partida, como cura de la
Catedral, don Julián Segundo de Agüero, el futuro ministro de Rivadavia. — El ^isa-
niento se realizó á poco de volver Périchon de Europa, pues á fines de octubre, las
instrucciones del Cabildo de Montevideo al enviado Guerra le dan como preso en Cádiz
— por francés, naturalmente.
{3) Respecto de los informes que se tenían del complot, habla el doctor López (II, aBiü)
del ((grande sigilo que los conjurados habían procurado guardar... » pero, á renglón se-
guido: (c era tan pública esta voz por la jactancia de los conspiradores, etc...» I
1 48 ANALES DE LA BIBLIOTECA
Las componían : la fuerte legión de Patricios, al mando del coronel
Saavedra; el regimiento de artillería déla Unión, con su coronel,
don Gerardo Esteve y Llach ; los cuerpos de Montañeses y Arribe-
ños, respectivamente mandados por el coronel don Pedro A. García
y el capitán (2** jefe) don Francisco Ortiz de Ocampo ; el batallón
de Pardos y Morenos, también al mando provisional de García; por
fin, los Húsares de Pueyrredón que, en ausencia de este jefe, tenían
por comandante interino á don Martín Rodríguez. Estos cuerpos ur-
banos, formados de combatientes de la Defensa, y que representaban
un contingente respetable por su número y calidad, debían salir de
de sus cuarteles y converger á la Plaza en cuanto sonaran los tres
cañonazos de la Fortaleza, según la señal convenida con el virrey;
pero veremos luego cómo dicha señal fué omitida, lo que no impi-
dió á los tercios moverse en la hora precisa, con excepción de los
Húsares que quedaron hasta la tarde en el Retiro, y délos Pardos y
Morenos que siguieron ocupando la plaza de Monserrat.
Desde el amanecer habían tomado sus puestos estratégicos los
cuerpos españoles, delante del Cabildo y en torno de la Plaza (i).
no dejando libre el acceso de las galerías capitulares sino al « pueblo »>
europeo. Las elecciones municipales se efectuaron a la hora y en la
forma acostumbradas, resultando reelegidos sin discrepancia los ca-
pitulares salientes. Redactado el acuerdo correspondiente, pasó al
Fuerte una diputación encabezada por el Alcalde de primer voto, don
Martín de x4lzaga. y acompañada degrupos tumultuarios, para solici-
tarla ratificación de los nombramientos. La guardia dejó entrará los
capitulares, perocerró el paso al populacho, que quedó revolviendo
por la plaza del Mercado en hervidor oleaje. A poco salía el grujK)
concejil, con aspecto entre satisfecho y cariacontecido, pues si bien
(i) López, Historia, II, 3a6 : u Al frente de l<i arquería del Cabildo extendían so
linea los Catalanes que mandaba el rico hombre Rozaba!... » Don Ignacio de Rezibal cri
comandante do los Cántabros de la Amistad. Ya tenemos repetido que el comandanie de
los Catalanes era el regidor don Olaguer Reináis, y sabemos que la razón de estar for-
mados delante del Cabildo era tener su cuartel contiguo. Pero, ya so tratara de Rezál>^
ó do Reináis, no le es permitido á un historiador llamar rico hombre k un tendero rico.
SAxNTIAGO LINIERS 1/^9
era cierto que triunfaba, habiendo el virrey firmado el auto de con-
fírmación sin mirar la lista, no lo era menos que faltaba ya el mejor
pretexto para el motín. Pero la vacilación fué de pocos minutos;
apenas llegados al centro de la plazoleta, uno de los diputados —
Alzaga, según algunos, Villanueva, según otros, — arrojó al aire el
primer grito sedicioso de / Junta como en España ! ¡ Abajo el francés
Liniers! que fué repetido por la muchedumbre. Al mismo tiempo
que la campana del Cabildo tocaba á rebato, formábanse los tercios
europeos, y los conjurados empezaban á llenarlas galerías de la casa
consistorial, donde había de realizarse el acto más importante del
programa revolucionario.
A mediodía, el comandante de Patricios recibía la orden de diri-
girse con su cuerpo á la Fortaleza por la poterna de la playa, estan-
do ya interceptadas por las fuerzas españolas las cuadras inmediatas.
Mientras cumplía personalmente esta disposición, Saavedra man-
daba á los Arribeños que ocupasen la u casa de Mixtos » , frente á
las Catalinas, y se mantuviesen sobre las armas. Dejando su regi-
miento formado en el recinto, el coronel Saavedra penetró en el des-
pacho del virrey, á quien el obispo Lué, el jefe de escuadra Ruíz
Hnidobro, el brigadier Molina y otros oficiales formaban un círculo
de traidores. Después de un vivo altercado, el comandante de Pa-
tricios aceptó la proposición de volver á su cuartel, pero no por la
puerta de Socorro, sino por la Plaza Mayor, en columna formada y
áUmbor batiente, comprometiéndose por su parte el prelado á con-
seguir que los españoles despejasen la plaza y calles adyacentes. Así
se hizo ; pero tan poca confianza tenía el soldado en la palabra del
obispo, que hizo llamar al cuartel de Patricios á los Montañeses,
Arribeños y Artilleros de la Unión, con el convencimiento de que
iba á ser necesario desalojar por la fuerza á los contrarios.
Entre tanto, el vecindario español, congregado en las galerías
del Cabildo, realizaba al fin por aclamación el nombramiento de
una Junta Suprema, compuesta exclusivamente de europeos, con
excepción de los doctores don Julián de Leiva y don Mariano Mo-
1 5o ANALES DE LA BIBLIOTECA
reno, únicos americanos notables, hay que decirlo, que hubieran
participado en esta empresa esencialmente antiamericana. Encabe-
zaban la lista los nombres de Álzaga, Reináis, Villanueva. Santa
Coloma y demás capitulares, y la cerrábanlos de Leiva y Moreno,
que habían sido designados para secretarios. Así organizada la Jun-
ta, que nunca volvería á juntarse, y redactada el acta de instalación,
que quedaría como el único vestigio de su existencia, trasladáronse
al Fuerte algunos miembros del flamante cuerpo, — entre éstos Ál-
zaga y Moreno, — para significar al virrey su destitución. Recibió
éste sin gran sorpresa la noticia, y por ser día en que todo el mundo
iba y venía entre la Fortaleza y el Cabildo, no le costó tiempo re-
unir un abigarrado consejo de notables, en que, además de los capi-
tulares y la Audiencia, entraban el obispo y los mencionados jefes
de marina. Nadie ponía en duda lo que del sanhedrín tenía que salir»
— y menos Liniers, que acababa de dar aviso á Saavedra para que
entrasen en escena los Patricios y terminase la larga función. Para
ganar tiempo, y también porque tal hubiera sido en último caso su
conducta, el virrey admitió la idea de resignar el mando, si el
« pueblo » así lo exigía ; pero en favor del jefe más caracterizado,
como lo prevenía la real orden, y de ningún modo en manos de una
junta anárquica. Conseguido lo principal, que era la dimisión —
pues para lo demás había tiempo — extendióse el acta de la renun -
cia, y ya Liniers acorralado tomaba la pluma para firmarla (otros
dicen que estaba ya firmada), cuando Saavedra y otros jefes de cuer-
po hicieron irrupción en el despacho. Aquello fué un cambio tea-
tral : sin amedrentarse por las declaraciones de los curiales ni los
aspavientos del mitrado hipócrita, Saavedra protestó contra la abdi-
cación y el abuso que en nombre del pueblo se cometía, concluyen -
do por proponer al virrey que se mostrase á la concurrencia, y escu-
cliase salir de miles de pechos el sentimiento popular. Tal se hizo,
on efecto; el virrey se presentó en la plaza, acompañado por Saave-
dra; y una inmensa aclamación de / Viva Liniers ! salida de la masa
criolla, que ahora rebullía junto á los Patricios formados en batalla»
SANTIAGO LiNIERS i5i
probó á los conjurados que ea el verdadero pueblo de Buenos Aires
vivía aún el prestigio del caudillo francés que — como á esta oca-
sión lo recordaba Saavedra (i) — había reconquistado para España
la ciudad cobardemente entregada por un virrey y oñciales espa-
ñoles. Vuelto Liniers á su despacho, rasgó, en presencia de los w con-
sejeros » que allí habían quedado, el documento que acaso firmara
por persuasión el mandatario saturado de intrigas y calumnias, pero
no por intimidación el soldado que acababa de ver en frente al ene-
raigo. Así resuelta la cuestión doctrinal, confió á Saavedra la prác-
tica, que consistía en disolver sin demora ni contemplación las fuer-
zas sediciosas que obstruían el frente oeste de la plaza y las cuadras
adyacentes. En vano, por sugestión de Álzaga, acudieron los conju-
rados al recurso de desplegar en el Cabildo el real pendón en señal
de paz : Yiamonte, García, Martin Rodríguez, se pusieron al frente de
sus respectivos cuerpos á lo largo de la Recova, y Saavedra mandó
rendir las armas á los tercios formados en el lado opuesto... Podría
suscitarse duda sobre si los estimables horteras de don Olaguer Rei-
náis persistieron hasta la segunda intimación en su propósito de dar
la vida por la Junta : pero es muy seguro que no esperaron la tercera,
constándonos por varios testimonios, tan fidedignos como pintores-
cos, la galantería con que accedieron al deseo del comandante de
Patricios (2). — Aquella misma noche formó acuerdo la Audiencia,
presidida por el virrey, y, calificado el caso de atentado y traición,
fueron condenados sus autores principales á la pena relativamente
leve de extrañamiento. Para evitar nuevos desórdenes, fueron apre-
hendidos en el acto los cinco capitulares, Alzaga, Reináis, Villanue-
va, Santa Coloma y Neira, y embarcados para Patagones, — sin
(i; S4ATEDaA, Memoria : «Se olvidaban estos ingratos que sólo el francés Liniers
rdíiusó juramentarse ante Beresford... etc.
(2) SiATEpaA, Memoria: «A la segunda intimación arrojaron las armas y corrieron
por las callea como gamos...» — Saguí, op. ctt., 117 : «Amanera do las aves de rapiña
que sintiendo al cazador, se desbandan y buycn precipitadamente. » Los tres cuerpo
insurrectos quedaron di sueltos.
i5a ANALES DE LA BIBLIOTECA
perjuicio de seguirse en la forma ordinaria la causa formada álos
autores y cómplices de la rebelión (i). A pesar — ó en razón — de ser
relatores de la Audiencia, ni Moreno ni Leiva fueron perseguidos.
No obstante, el alma tierna de Manuel Moreno sangraba todavía á
los tres años por el destierro de los culpables, que en rigor duró un
mes, y en su conocida obra protesta indignado contra la crueldad del
tirano Liniers ¡ por haberse defendido al verse atacado ! Y cuando se
recuerda que el objeto de tantos dicterios y calumnias era la más ilus-
tre de las cinco víctimas recién caídas en la Cruz Alta (2), — de or-
den del hermano del declamador y por un delito más discutible que
el del 1° de enero, — ocurren tristísimas reflexiones sobre la mora-
lidad humana.
Tal fué en substancia — y omitiendo pormenores sin gran interés
— la frustrada revolución de los españoles. Pero no es dudoso que
el fracaso del tumulto municipal tuvo consecuencias históricas, mu-
cho más positivas que las perseguidas por los conjurados ó las entre-
vistas por los vencedores. Fué sin duda la más inmediata y patente
la que apuntan los historiadores argentinos (3), esto es, la prepon-
derancia militar del elemento nativo, — como que en adelante la le-
gión de Patricios y demás batallones criollos compusieron exclusi-
vamente la fuerza acuartelada. Pero, sobre ser precarioeste resultado,
y depender de la venida (tan reclamada por los últimos virreyes) de
una fuerte división veterana, no constituyó sino el elemento más
externo de la nueva situación. Por lo que ésta en realidad se carac-
terizaba, y contenía el anuncio de un cambio inminente, era por el
«
(i) El acto verdaderameote arbitrario y abusivo fué la confiscación de los caudales
efcctiTos, que se encontraron en las casas de comercio de algunos desterrados; asi se
apoderó el gobierno de Soo.ooo pesos fuertes pertenecientes al sindico Villanneva. Pa-
rece, sin embargo, que esta extorsión tuvo el carácter do un impuesto forzoso, pues se
empleó en gastos administrativos, dejándose la constancia que, más tarde, permitió al
interesado recuperarla casi en su totalidad.
(a) La Vida de Moreno se publicó en Londres, en agosto de i8ia; es presumible que
se principiara á mediados del año anterior.
(3) López, Historia, II, 3a 4: MrrnE, Belgrano, I, a 70.
SANTIAGO LINIERS i53
estado de caducidad de los órganos gubernativos, que un simple
amago de conflicto acababa de revelar. Tal era su incurable vetustez,
que bahía bastado un ligero rozamiento para ponerla de manifiesto,
aun ante los testigos más ingenuos (i). Tras el solo ademán de
un motín abortado, salían todas las instituciones estropeadas é invá-
lidas. ¿Qué quedaba del virreinato, desconocido por el* Cabildo y
sólo amparado por los cuarteles ensoberbecidos y ya incapaces de
obedecer? ¿Qué del Ayuntamiento, cuyos miembros dispersos eran
públicamente infamados y convencidos de traición? La misma Au-
diencia, tímida y temblona, acordaba con el vacilante mandatario
resoluciones que era la primera en denunciar al gobierno ambulante
y confuso de Aranjuez ó Sevilla, cuyo simulacro estaba en todas
partes y su realidad en ninguna. Nada, pues, del antiguo régimen
había quedado en pie. El solo hecho de ser los propios gobernadores
y capitulares, los que venían encabezando motines en estos dominios,
con el pretexto de conservarlos á un rey cesante, demostraba á las
claras que estas provincias no podían ya ser colonias. La lealtad y
la fe eran el cemento que antes mantenía adherentes las piedras del
edificio monárquico : los mismos españoles eran los que aquí ha-
bían escandalizado á los vasallos, enseñándoles cómo las desprendi-
das hiladas se desplomaban al solo empuje popular. No sería lección
perdida. Los criollos sabían ya que no era atentado inaudito expul-
sar virreyes ó dispersar cabildos y audiencias. Lo que los españoles
atacaran con monstruoso ilogismo, intentando rasgar sus únicos
títulos al predominio, los hijos del país iban á emprenderlo con ló-
gica evidente, proclamándose dueños de la tierra que ellos bastaban
á defender. Y esa misma Junta gubernativa, en cuyo nombre alza-
ran los peninsulares pendones de anarquía, los americanos iban á
erigirla en señal de emancipación. Con toda verdad puede decirse
que, al día siguiente de declararse sediciosos los españoles de Buenos
(i) SAGuf, op. eil.f 119: i(De aqui es que los ánimos cancerados, ya no curaron
más ».
1 54 ANALES DE LA BIBLIOTECA
Aires, la obra de la independencia estuvo iniciada. Que se cortara
allá por la espada de los invasores, ó se desatara aquí por la mano de
los patriotas, — ó, como aconteció, por ambos extremos á la vez, —
desde principios del año 9 ya no existía virlualmente el vínculo de
vasallaje. La revolución estaba hecha en la conciencia americana :
la cuestión de pasar á los hechos, sólo dependía de que los franceses
empleasen años ó meses en invadir la Andalucía.
No bien avisado Elío de los sucesos ocurridos en Buenos Aires,
despachó para Carmen de Patagones uno de los buques del apostade-
ro, al mando del capitán de fragata don Francisco Javier de Yiana»
con orden de extraer por la fuerza álos capitulares desterrados y con-
ducirlos á Montevideo. La comisión fué prontamente cumplida,
á pesar de la resistencia que opusiera la débil guarnición del presi -
dio (i); y, ya reunidos en la ciudad sublevada, pudieron los enemi-
gos de Liniers proseguir á mansalva su ruin empresa de descrédito
y calumnia. Multiplicaron, en efecto, sus denuncias contra el virrey
ante la Junta suprema ; aunque, como luego veremos, « lo que
abundaba, ya no podía dañar », y á la hora en que aquéllas llega-
ron á su destino, estaba decidido el reemplazo de Liniers.
Éste, entre tanto, luchaba contra la fortuna con la resignada
energía del marino que manda la maniobra imposible á bordo
(i) En una nota de su comunicación al Rey, de 5 de agosto, escribe Liniers: << Este
es el que insultó con las armas en la mano el pabellón de V. M. en el establecimiento de
la costa de Patagonia » (Calto, Anales^ I, i35). — El capitán Viana era el
mismo oficial que, veinte años ^ntes, se encontró en la expedición de Malaspina y
dio de ella un Diario interesante (impreso en el Cerrito de la Victoria. 18^9). Las dos
corbetas Descubierta y Atrevida formaban parte del apostadero, con la tristemente célebre
fragata Medea que, cuatro años antes, condujo á los dos Alvear. Regularmente, el servi-
cio de la costa patagónica é islas Malvinas se hacia por los tres bergantines de la plaza :
pero, dado el carácter militar de la comisión, es probable que Viana montara su vieja
Deseabierta. Cf. Anales de la Biblioteca , I.
SANTIAGO LIMERS i55
de la nave en perdición, resuelto á quedar firme en su puesto
hasta el minuto supremo. Bien sabía él que su reciente triunfo á lo
Pirro no significaba sino una tregua en la inevitable derrota. To-
dos sus merecimientos anteriores, todos los esfuerzos v sacrificios
de su dolorosa lealtad presente, por mil testigos reconocida, tenían
<{ue estrellarse en la pared de hierro de la preocupación patriótica,
que no razona y sólo siente, no pudiendo, por lo tanto, ser permea-
ble al convencimiento. Aun suponiendo que, para cada conciencia
individual, resplandeciera como la luz del sol la evidencia de su hi-
dalguía, ésta no valdría para la conciencia colectiva : espurio con-
g^lomcrado de impulsos c instintos atávicos, cuya lógica implacable
y ciega es la del alud que se desploma de la montaña. Aunque fuese
un santo ó un héroe, — que no era ni lo uno ni lo otro, — su san-
tidad ó su heroísmo no le lavara por entonces del delito, inexpia-
ble ante almas españolas, de ser francés, es decir : compatriota
délos que allá herían y ultrajaban á la madre venerable, cuyos su-
frimientos hacían correr lágrimas de sangre en los rostros de sus
más rudos hijos. La misma pasión bravia que arrojaba al vecindario
de Zaragoza ó Valencia contra indefensas familias francesas, allí
arraigadas de veinte años atrás, y hasta ayer queridas, era laque aquí
rugía contra el paisano de Napoleón : sentimiento regresivo y feroz,
que nos retrotrae á la barbarie de los conflictos medioevales entro
las razas, y parece que revolviera en la moderna humanidad los ape-
titos sanguinarios que prolongaron la lucha de las especies ; pero
imponente en sus mismos excesos y exento de egoísmo sórdido :
puro, al cabo, como el fuego, si como éste devastador, — y que ha-
ría absolver al pueblo indómito que contra todo cálculo y esperanza
lo alimentaba, si bastase lo noble del fin para borrar lo innoble de
los medios ante la incorruptible historia !
Pocos días después de sofocado el motín (i), el virrey dirigió á
(i) El 4 cío enero; otra proclama había pablicado la víspera, sólo encamiaada á de-
mostrar lo ilegal de la proyectada Junta y ensalzar la actitud de los u cuerpos pa-
trióticos />.
i56 ANALES DE LA BIBLIOTECA
los habitantes de Buenos Aires una importante proclama, que re-
fleja el estado de su ánimo y se aparta bastante, en su segunda
parte al menos, del estilo enfático y hueco harto usual en este gé-
nero de literatura. A raíz de algunas alusiones, acaso poco útiles,
á los capitulares extrañados, pero que siquiera muestran la poca
animosidad que les conservara, Liniers discurría con gravedad filo-
sófica sobre la iniquidad del juicio contemporáneo : u En vano,
decía, se precia el hombre más feliz de haber granjeado por gran-
des acciones y actos de benevolencia la voluntad universal de los
que manda; pues la envidia, la calumnia y la malevolencia, ver-
tiendo sobre él su ponzoña, lo convencerán muy en breve de que
la única satisfacción que debe esperar el hombre de bien, es el tes-
timonio de su conciencia »; y entrando luego en lo que él mismo
llamaba las « aplicaciones », presentaba un análisis de los sucesos
recientes, que puede tenerse por el resumen más claro que de
aquéllos poseamos. Huelga reproducirlo, habiéndoselo tenido pre-
sente en las páginas anteriores ; con todo, transcribiré los renglones
relativos al incidente de la renuncia, que ha sido tergiversado, y
cuya versión por el principal actor, y destinada á un público en
su mayoría hostil no debía apartarse un punto de la verdad :
«... Tuve que detener varias veces la justa indignación de los defensores de
la buena causa. Últimamente lleve la moderación, pensando que tal vez evitaría
la efusión de sangre, y hacerles conocer un desprendimiento que en toda otra
circunstancia podía caracterizarse de criminal, hasta hacer dimisión del mando,
siempre que por este medio se lograse borrar aun el nombre de Junta, quedando
en su integridad las sabias leyes que en tres siglos habían regido estos dominios;
cuya proposición se admitió á pluralidad de votos... Pero vi con admiración
exaltarse hasta lo sumo los que (Saavedra y los jefes) consideraban, que derriba-
da la autoridad emanada de la Suprema y el Jefe revestido de la legitima, el
que ellos eligiesen no subsistiría más tiempo que el en que cesase de adherir á
sus siniestras y desarregladas ideas... (i) Pero la energía y el patriotismo de los
( I ) No necesito advertir al lector que las impresiones sueltas del tiempo traen muchas
incorrecciones ; aquí y en otra frase anterior debe haber algún error ; el sentido evidente
es : « no subsistiría en cuanto dejase de adherir, etc. ». El golpe era certero, teniéndose
á la vista lo que en las juntas de España ocurría. Como curiosidad literaria, señalo ha-
SANTIAGO LINIERS 167
cuerpos y jefes va citados me sacaron de este conflicto con el mayor denuedo. La
autoridad real se ha radicado, y los malvados y mal intencionados están abandona-
dos á sus remordimientos (!) y bajo el yugo de las leyes.»
En esos mismos días (i), ya fuese porque temía realmente un
atentado de los portugueses por Río Grande, ó. más probablemente,
para contener nuevos desmanes de su «insubordinado», Liniers
le dirigió un oficio redactado en tono conciliador, el cual á la pri-
mera lectura sólo parece ingenuo, si bien, á la segunda, bastante há-
bil. Invocando la lealtad y patriotismo de Elío, invitábale á disol-
ver aquella « pretendida Junta de gobierno», y entregar el mando
de Montevideo al gobernador propietario Ruíz Huidobro; «con
esto, agregaba el virrey, V. S. daría una prueba irrefragable de
que, si alucinado por un falso concepto ha prevaricado contra las
leyes y autoridades, al momento que le ha parecido [correr] un
riesgo inminente la integridad de los dominios del Rey, ha desis-
tido...» Seguramente, Liniers no confió un momento en la efica-
cia de su intimación; pero si quiso provocar, como es probable, un
documento que demostrase en forma inequívoca la indisciplina é in-
solencia del alzado subalterno, es innegable que vio colmados sus
deseos. No cabe, — no digamos en el oficio de un jefe que se pro-
ponga desacatar al superior sin olvidar lo queá sí mismo se debe,
sino en la carta de un soldado desertor que injuria desde lejos á su
sargento, — una retahila de insultos más soeces y necios que los
contenidos en esa respuesta del gobernador « Fracaso», quien, ade-
más, daba en gracejar con la finura de un Sancho Panza navarro! (2)
cta el fin de la proclama una reflexión sobre u faltas á la caridad con afligir al afligido»,
^e parece ser una reminiscencia del Quijote (a* parte, prólogo al lector) : « sabiendo que
no se ha de añadir aflicción al afligido » .
(i) En BU contestación, Elio decía que la carta de Liniers debía de ser posterior á la
fecha que traía (3i de diciembre/; ello no es imposible aunque poco probable. No parece
admisible que, al dar ese paso después del i* de enero, se abstuviera el virrey de aludir
al motín que, sofocado, dejaba su autoridad robustecida. Ambos oficios han sido publi-
cados en la Colección de Limas y, posteriormente, en los Anales de Calvo, I, 110.
(a) Sobre la proverbial testarudez vizcaína, Elio llevaba un unto personal de vanidad
iSB ANALBS DE LA BIBLIOTECA
Por cierto que el virrey remitióá España esta nueva bellaquería
del gobernador rebelde, lo propio que otros documentos reUlívos á
la conducta escandalosa de los capitulares, del brigadier Molina y del
comandante de la fragata Prueba : todo ello en vano, como que el
simulacro de autoridad vacilante que allá se traslucía, acerta-
ba apenas á demostrar su existencia efectiva en la misma Península.
Multiplicando las órdenes y proclamas, bajo la cubierta de una fic-
ción en que pocos creían, — pues en todo pensaba el suspirado Fer-
nando menos en resistir áNapoleón, — la Junta suprema de Sevilla,
presa ella misma de disensiones intestinas, poco podía estudiar la
cuestión del Río de la Plata. No funcionaba ya el Consejo de In-
dias (i) cuya justicia, si bien coja y tardía, se ajustaba al cabo á
reglas tradicionales, que en el caso actual se presentaban abierta y
monstruosamente transgredidas. En las denuncias y acusaciones
contradictorias que venían amontonándose en el despacho de los
ministros Escaño y Gornel, respectivamente encargados de la mari-
na y de la guerra, el único punto concordante era el que liaciu
arrancar, justa ó iniustamente, los disturbios del virreinato de la
nacionalidad del virrey. Y armonizándose por demás este an-
tecedente con las preocupaciones reinantes, que cada victoria
de los ejércitos franceses exasperaban, la Junta resolvió cortiir
por lo sano, separando del mando de estas provincias al que
aparecía como causa directa de díclios disturbios. — Es fuer-
za confesar que la providencia, inicua en si misma, fluía irre-
sistiblemente de las circunstancias políticas. Colocado por el
destino entre las dos masas nacionales que corrían á chocarse, el
desgraciado virrey tenía fatalmente que ser aplastado. Esta mis-
fanfirrons qua le hacia impermuhle á toda raaeiíóa wnsata. Doce aSoí dnpué* de estos
<uc«i». ; i los diei del ettéril Hcrificlo de Linier.. hillándoie encerrado ea nn calaba-
» de ValeneL» j próiimo i >iirrir la úllinu pena. r«laclal>a un Manieesto lleao do
errores y jactapcias. en que repelií !at miimai aUardas acuucione* contra tu aoliguo
jt-re, {.\fMÍJIaU< jní aeribió tí general don Fruncí™ X. Elía, Valencia, i8a3J,
(1) Sólo a.i « eiplica la .¡oguIarLdid, cuya oira ra>én » n« eKapa. de qae por en-
Lonces el .¡rrey so comunican oficial ) directamente con el ministro de U guern Cornol .
SANTIAGO LINIERS iBg
ma Audiencia pretorial, enérgica defensora de Liniers en sus cues-
tiones con Elío y Álzaga, á quienes denunció reiteradamente como
autores de los males sobrevenidos, no pudo dejar de reconocer que
«en tan crítica situación, no había otro recurso que separar del man-
do á don Santiago Liniers, substituyéndole un jefe español, que
por serlo removiese el pretexto en que se apoyaron aquellos aten-
tados)) (i). Todas las consideraciones que hoy llamaríamos « opor-
tunistas )) concurrían, pues, para designar al boac émissaire de la
situación, — siendo así que la noción eterna de justicia, feliz ó
desgraciadamente, no íigura entre aquéllas (2). Con todo, tan fla-
mante estaba aún en España y América la gloria del Reconquistador,
que, antes de inmolarle, la Junta le había condecorado con un títu-
lo de Castilla,. señalándole una pensión anual de cien mil reales de
vellón sobre estas cajas (3), — al modo que se cubrían de ínfulas y
guirnaldas las victimas llevadas al sacrifício.
{i) Representación al virrey Cisneros^ octubre 37 de 1809. (Publicada en la B16/10-
teeOf VII^ . En ella se hace alusión á las varias comunicaciones anteriormente dirigidas á
la Junta de Sevilla. He aquí en qué términos so produce el alto Tribunal respecto dcElio
j Álzaga : u Se atreve el tribunal á asegurar que habría [el país] conseguido el fruto de
sus tareas (la Defensa), si la desgracia no hubiera conducido ú estos dominios al briga-
dier don Francisco Javier Elio : este hombre fanático y osado, que se arrojó atropellado
é imprudente á mudar la forma del gobierno en la plaza de Montevideo que interina»
mente mandaba... Abroquelado de un escudo imaginario que hacia consistir en sospechas
hacia el Jefe Superior do estas provincias, cometió cuantos atentados son imaginables...
u Uno de aquellos genios inquietos, á quien da orgullo su riqueza, es don Martin do
Alzaga. etc. »
(a) A propósito — ó despropósito — de est« decreto, el historiador López, extravia-
do por Torrente, inventa de tóales piéees (Historia^ II, 363 y sig.) un complicado y
divertidísimo enredo diplomático, á cargo del marques de Casa Irujo, futuro ministro de
España en Rio de Janeiro : « Las ideas y las indicaciones d^l marqués de Casa Irujo
fueron las que obtuvieron aceptación en los acuerdos de la Junta Central... Ella resolvió
separar á Liniers del mando y sustituirlo con Cisneros o. Creo haber dicho ya que Casa
Irujo desembarcó por primera vez en Rio de Janeiro el a 5 de agosto de i8og; fué nom-
brado (estaba antes en Estados Unidos) el la de mayo (Gaceta de Gobierno), y se embarcó
en Cádiz el i a de julio, en la corbeta de guerra Mercurio. El primer decreto reempla-
zando á Liniers es de 8 de febrero.
(3) Cree el señor López (II, 365) que la Junta Central « al separar & Liniers » le dio
el titulo de Castilla: esta recompensa formaba parte de los grados y premios acordados
i6o ANALES DE LA BIBLIOTECA
No he visto indicado en historia alguna el curioso trámite que su-
frió el reemplazo de Liniers : en puridad, puede decirse que se le
quemó á fuego lento, si bien fuera sólo en efigie y á dos mil leguas
de distancia. Después del fantástico nombramiento de Ruíz Huido-
bro por la «Suprema» de Galicia, algo se susurró de otras candida-
turas (acaso propaladas por los mismos interesados), hasta que, por
febrero de i8og, la Junta Central produjo un decreto que pinta á
maravillad estado interior déla andaluza behetría. El mismo núme-
ro de la Gaceta de gobierno de Sevilla (3 de marzo) publicaba el nom-
bramiento (con fecha del 8 de febrero) del Excmo señor don Antonio
Cornel para virrey de Nueva-España y del Excmo señor don Antonio
Escaño para virrey del Río de la Plata, — y á continuación (con fe-
cha 9) las renuncias motivadas que de estos empleos presentaban
los nombrados. Hemos dicho ya que ambos Antonios eran miem-
bros de la Junta y respectivamente ministros de la guerra y de ma-
rina; el decreto del 8 (firmado por don Martín de Gara y) y las re-
nuncias del 9 eran igualmente datadas del Real Alcázar de Sevilla ;
y no se sabe qué hipótesis favorezca más la buena opinión delaSu-
por la Junta Suprema « á los individuos militares y particulares que concurrieron á la
Reconquista y Defensa de Buenos Aires », cuya lista se lee en la compilación de Lamas,
637. El decreto de Sevilla, i3 de enero de 1809, fué recibido y cumplido aqui en i5
de mayo. En seguida se nos explica que « condecorado (Liniers) con un titulo de Casti-
lla, se le decretó una pensión anual de cien mil reales ó 6000 pesos (sic). pagadera por
las cajas de Buenos Aires : pero semejantes favores eran ilusorios más bien que reales ;
Liniers sabia muy bien que el tesoro del virreinato estaba exhausto, etc.». Dejando el
calembour por cuenta del doctor López (y sin insistir en la errata de 6000 pesos por
5ooo), apenas necesito advertir que la condición de pagarse la pensión por estas Cajas
era precisamente la condición de su efectividad. Los únicos funcionarios exactamente
pagados en toda la monarquía española eran los de los virreinatos, que primero cobraban
lo suyo y remitían el sobrante. Tan reales fueron los reales aquellos, que Liniers (V. do-
cumento n* 36) en 18 10 pudo hipotecar su pensión, percibiendo por adelantado 8000
pesos de las Cajas de Córdoba. Podría admitirse que las Cajas del virreinato estuvieran
relativamente « exhaustas » en 1809, para significar que de las entradas anuales de 5 ó 6 mi-
llones de pesos, ya no quedaba como años antes un millón sobrante para la metrópoli :
pero, decir que no dispusieran de 5ooo pesos para cualquier evento, es desconocer por
completo el movimiento de caudales que (fuera del Situado del Perú) tenían estas tesO'
rerías. En 18 10, los revolucionarios de Córdoba tomaron en una sola vez más de 77.000
pesos en aquella caja.
SANTIAGO LTNIERS i6i
prema : si la tentativa de desalojar simultáneamente á dos de suá
miembros sin noticia de éstos, ó contra su voluntad. A primera
vista parecía que la resolución gubernativa entrañaba un alto honor
para estas colonias ; si bien, ai recapacitarlo, la idea de decapitar, en
tales momentos, los ministerios de guerra y marina para que acu-
diesen sus titulares á levantar subscripciones y presidir audiencias
coloniales, podía inspirar alguna desconfianza respecto al valor del
regalo. Sea como fuere, los agraciados lograron persuadirá la Jun-
ta de que eran indispensables sus servicios ministeriales, y Buenos
Aires se vio privado de contemplar en el Fuerte á un ministro de
desecho. Pero estaba de Dios que este virreinato daría la piel á un
•cartagenero — quisquís erit Carthaginensis ! Por decreto de 1 1 de
febrero, fué nombrado virrey del Río de la Plata, don Baltasar Hi-
dalgo deCisneros, no menos teniente general é hijo de Cartagena
que el ministro recalcitrante. No parece que tampoco el valiente mari-
no admitiera con entusiasmo el mando de este buque en perdición,
pues aquel vecindario mostró oponerse á la partida de su capitán
general ; y es muy sabido que estas protestas nunca son espontá-
neas. Tuvo la Junta que repetir la orden soberana, no sin enco
miar á los paisanos de Gis ñeros las relevantes dotes del sucesor, que
lo era el ilustre jefe de escuadra y futuro regente, don Gabriel de
Ciscar. (¡Puros grandes hombres, y el diablo se lo llevaba todo !)
Al fin logró arrancarse de tantos brazos amigos el buen Cisneros y
montaren Cádiz, el 2 de mayo, la fragata Proícrpma, que había de
depositarle sano y salvo en estas playas, — de las cuales saldría apo-
co, menos triunfante que de Cartagena, después de revelar la suma
de impericia y flaqueza de ánimo que puede caber en un héroe de
Trafalgar.
Mientras cruzaba el océano su anunciado sucesor, el desairado
Liniers consumía en forzosa inacción las últimas semanas de su
agonizante virreinato. Vago lugarteniente de un rey fantasma, es-
bozaba gestos administrativos que á ninguna realidad corres-
pondían. Pasaba informes á un soberano inhallable con trata-
AMAtSa DB LA mBUCrBCA. T. I» II
1 6a ANALES DE LA BIBLIOTECA
miento de « Majestad », que resultaba ser don Antonio Cor-
nel, cuando no sus anónimos secretarios; levantaba en Buenos
Aires subscripciones patrióticas que no llegaban á Cádiz por no ha-
ber en el apostadero un barco que obedeciera al virrey. De vez en
cuando publicaba automáticamente blandas proclamas para pintar,
sin mucba convicción, el giro favorable délas cosas de España, las
cuales, bien lo sabía, iban cabeza abajo. Resuelto como estaba, v
muy pronto había de demostrarlo, á cumplir hasta el fin su jura-
mento de fidelidad, no podía, sin embargo, contener en su corazón
la efervescencia de su sangre francesa ; ¡y érale forzoso anunciar co-
mo una catástrofe la caída de Zaragoza, ó como una victoria la toma
de Oporto por Wellington ! Este doloroso conflicto de un alma no-
ble, colocada entre el sentimiento y el deber, y dispuesta á no per-
mitir que éste sucumbiera jamás ante aquél; esta angustiosa lucha
interna, que Liniers sostenía con no afectado estoicismo, era pre-
cisamente la que. con sólo ser sospechada, se le imputara á cñmen
é infidencia ! ¿ Qué mérito había en ser patriota bajo lasbanderasde
su patria? El esfuerzo abnegado y sublime, al contrario, era el que
consistía, una vez caído en la asechanza del destino, en ahogar á so-
las el grito de la raza, y permanecer leal con una máscara de trai-
ción. Pero estos combates ocultos se traban ignorados en la noche
de la conciencia, y más vale así, por cierto, pues al traslucirse á la
mirada del vulgo, en lugar de palma sólo merecerían la corona de
espinas. Tal fué la larga tortura secreta que constituyó, mucho más
que su previsto desenlace en la Cruz Alta, la faz realmente heroica
de un soldado valiente que, por otra parte, no era un héroe, y cuya
inteligencia rápida y fina solía padecer repentinos ofuscamientos,
asi como su carácter ofrecía una extraña amalgama de viril entereza
y ligereza casi mujeril.
Por aquel tiempo tuvo también su brusco epílogo aquella aventu-
ra (( pericholesca » que, hasta por el apellido de la heroína, evoca
irresistiblemente el recuerdo de otro virrey famoso en Lima; y no de-
jó de influir desfavorablemente en el buen nombre del mandatario.
SANTIAGO LINIERS i63
aunque en realidad muy poco en sus actos administrativos. Varias
veces hemos aludido á ella; y según un dicho de Sainte-Beuve, la
monografía de Liniers resultaría incompleta á faltarle la página fe-
menina. Por no admitir la majestuosa historia estas ojeadas indis-
cretas á la vida íntima, es por lo que permanecen inexplicables cier-
tos acontecimientos políticos ó inconsecuencias de sus protagonis-
tas: no debemos siempre despreciar el chisme del u ayuda de cá-
mara » para quien no existen héroes. Paracitar un solo ejemplo ilus-
tre, y no sólo contemporáneo de nuestro relato, sino casi vincula-
do con él por su teatro : es imposible darse cuenta de las faltas co-
metidas porMasséna en la campaña de Portugal, si se ignora que,
además de faltaren su estado mayor el admirable edecán Sainte-
Croix, sobraba en su a estado menor » la mujer de cierto capitán de
dragones. Cherchez la femme ! Y esto, á que no se atreven Thiers
ni Napier.lo hacen Thiébault, Marbot y hasta esa cotorra de duque-
sa de Abrantes, que también cultivó con su indiscreción las deplo-
rables desavenencias (i). Ahora bien : estos pasos furtivos por en-
tre bastidores, que se admiten en las Memorias, no creo que sean
tampoco vedados al estudio biográfico; todo el toque está en que-
darse á igual distancia de la excesiva complacencia (a) y del aspa-
viento ridiculo.
Fué á principios del siglo, — si tengo buena memoria, — cuando
causó general sensación la llegada de una familia francesa, com-
puesta de los padres, dos hijos varones y una deliciosa muchacha
de veinte años. El jefe, M. Jean Baptiste Périchon, — más ó menos
de Vandeul, ó Vandevil, según dieron en escribir el segundo apellido,
— traía algún capital ; la familia gastaba lujo, — sobre todo la jo-
(i) Mémoires du general Thiébault^ IV, xni. Mimoires de Marbot, II, xxtiii. Mimoires de
la daehesse d* Ábranles, 111, iii.
(3) Ello, por otra parte, no seria fácilmente compatible con la exactitud: son esca-
sísimos los datos auténticos que acerca déla seductora criolla y su familia he logrado encon-
trar. Los pocos que aqui hallará el lector han sido extraídos de muchos impresos y ex-
pedientes manuscritos : forman por todo una docena de jalones muy espaciados, que
me he permitido unir por un rasgo continuo y un tanto ad libitam.
1 64 ANALES DE LA BIBLIOTECA
ven Anita, cuya elegancia estrepitosa daba realce á su belleza, ar-
diente y volcánica como la isla Mauricio donde había nacido. Por lo
demás, nada que trascendiera á bohémica aventura : Périchon, que
traía licencia y pasaporte en toda forma, puso una casa de negocio;
y la familia forastera, de modales mundanos y ribetes nobiliarios,
salvó sin gran esfuerzo el círculo de reservas y rancias preocupacio -
nes de la severa aldea colonial. Con todo, no se borró por completo
el matiz de exotismo que diferenciaba esta gente de la española ó
patricia ; y la encantadora criolla, brillantemente educada y muy
desenvuelta con su graciosa media lengua, — conservando la aureola
poética de su isla de Francia ya popularizada por Pablo y Virgi-
nia ( I ) — gozaba decididamente de mayor prestigio en las tertulias de
hombres que en los estrados mujeriles. A poco murió el padre, y,
aunque dejó algunos bienes, tuvo necesariamente que reducirse más
y más el tren de la casa. Anita Périchon quedaba soltera ; á pesar
(digámoslo así) de sus éxitos de « crónica social », ningún galanteo
había cuajado en noviazgo. Al íin, cayó por estos mundos, allá por
i8o/*, un joven irlandés, Edmundo O'Gorman, sobrino de nuestro
protom'édico. que traía «real licencia de seis meses para arreglar
asuntos de familia». Encontrarse Paddy con la bella Anita y encen-
derse la hoguera, fué todo uno, resultando casada la pareja antes de
concluida la licencia. ¡ Así arregló el infeliz sus asuntos de familia !
Que pronto no bastó Edmundo — tratémoslo con española con-
fianza — para realizar por sí solo el ideal de su mujer, no exigirá el
lector que lo demostremos palpablemente. Pero digamos en elogio
del protomarido que, modesto y digno, nunca dejó de atribuir á la
suerte, y cuando más á su don de gentes, la marcada simpatía que
inspiraba á personas tan notables como el coronel Burke, el tesorero
(i) Circulaba mucho entonces una Iraducción española (en 8* con liminaB), con esta
recomendación del traductor (anónimo) : « Historia verdadera : su lectura arranca lágri-
mas do placer, y la naturaleza pintada con colores tan vivos, que parece que U pluma
del autor se ha cortado precisamente para aterrar á los incrédulos... » Precio : is
reales.
SANTIAGO LINIERS i65
Casamayor, y otros que fuera indiscreto enumerar Hemos visto
cómo, á raíz de la invasión inglesa, Liniers consiguió por él la
licencia de permanecer algunos días en la ciudad. Beresford, tam-
bién pagado de sus aptitudes, le confió el ramo de Tabacos y Fili-
pinaSy á cuya cobranza se dedicó con tanto esmero que, firmada la ca-
pitulación, tuvo que ponerse en u cobro » en un buque de Popham :
pudiendo así los vencedores ver rendidas las fuerzas inglesas, mas
nunca las cuentas del irlandés. Felizmente para él y para todos,
quedaba en tierra la socorrida Anita, quien, no menos entusiasta
déla reconquista que de la conquista (como que, al cabo, todoera con-
quistar), de pie en aquel célebre balcón de la calle de la Merced y San
Nicolás, arrojó su bordado pañuelo al jefe vencedor — que lo reco-
gió, si hemos de prestar oído al estribillo que cantaban los mucha-
chos del refocilado virreinato :
¿ Qué es aquello que relumbra
Por la calle e la Merced P. . .
Pues bien, demos que todo ello sea cierto: devaneos del virrey
(por otra parte tan interinos como su virreinato), tertulias de juego
encasa de la favorita, paseos, cacerías, etc., — hasta la monstruo-
sidad, que refiere un sabroso cronista á quien ya tengo puesto á
contribución (i), de presentarse alguna vez á su « jefe d la loquilla,
vestida de coronel, con espada y charreteras... Y después de ha-
cemos algunas cruces por el qué dirán : pregúntemenos sinceramente
si, una vez probado que el enamorado cincuentón bajó del gobierno
tan pobre como subiera ¿ todos sus deslices equivalen á los excesos
y concusiones de otros mandarines coloniales. — fuera de que al-
gunos de ellos, como Amat que volvió á España millonario, le da-
ban quince y falta al nuestro en materia faldamentaria P Desprenda-
monos de todo fariseismo : en suma, viudo y dueño de sus actos él, y
no mucho menos suelta ella (pues existente ó no en Buenos Aires, el
(i) VicToa Gal VEZ, Memorias de an viejo, 11, 3oa.
i66 ANALES DE LA BIBLIOTECA
vago Edmundo brillaba por su ausencia (i)), creo sea permi-
tido pensar que, socialmente considerado, era su delito venial. No
comete el escándalo el que se recata para pecar, sino quien se vale
del espionaje para descubrir y divulgar el pecado ajeno. En
cuanto al único punto que pudiera rozar de veras la delica-
deza, ignoramos qué circunstancias mediaron para que el virrey
diera su hija á un oñcial de buen nombre pero sin fortuna, y además,
hermano menor de Ana Périchon... Bástenos saber que, poruña
parte, dichas relaciones habían cesado al tiempo del matrimonio, y
por la otra, que la joven pareja vivió en la intimidad de la familia
Sarratea, que no pecaba por la anchura de manga.
Para concluir con la n Périchona » (como entonces llamaban á
laque no deja de pertenecer á la historia, siquiera quede entre sus
bastidores diplomáticos), refiere ese hurón de Presas (2) que
cierta noche unos españoles, al pasar por la casa más bulliciosa del
barrio de la Merced, oyeron cantar a una canción contra la España,
con el inmundo é impío estribillo siguiente» — que sólo en nota
me atrevo á hacer seguir (3), Y agrega el quisquilloso correvedile
de la Carlota : a Semejante desacato y desmedida insolencia exas-
peró los ánimos de los españoles (¡ mejigaro !), á tal punto que, para
(i) A partir de la Defensa, no he vuelto á encontrar más vestigio del marido que
una alusión contenida en una carta do Liniers á Echevarría (D. n* 17), á propósito de
cierto enredo de cuentas con un señor Marcó (que sospecho fuera don Ventura), y de la
cual resulta que, en 18 10, Eduardo 0*Gorman, aunque separado de su mitad, pertenecía
al mundo de los vivísimos. Por lo demás, Ana Périchon sale desterrada, está en juicio por
sí ó por apoderado, corresponde con su tíoO*Gorman, sin que nombre jamás á Edmondo.
¿ Había éste abandonado á su consolable consorte para ir á arreglar otros «asuntos de
familia » P Misterio para mí impenetrable.
(a) Memorias secretas, 30. Presas no precisa la fecha del destierro de Ana Périchon,
pero dice que fué en momentos en que Elio urdía la asonada de i* de enero : por otra
parte, entre las denuncias formuladas, en octubre de 1808, por el Cabildo de Montevi-
deo contra Liniers (Instrucciones d Guerra. Y ¡qué preciosas instrucciones!) se menciona
lo do sus relaciones con una francesa casada. Ello ocurría, pues, en noviembre ó diciem-
bre: por consiguiente, como en el texto »c indica, antes del casamiento de Carmen Li-
niers, — y acaso ambos hechos se relacionen.
(3) Era el parodiado u coro » de cierta Canción marcial que se encuentra en la De"
SANTIAGO LIMERS 167
apacig'uarlos, se vio Liniers precisado á mandar que su querida con
toda su familia saliesen inmediatamente de los dominios de Espa>
ña I). Por cierto que no merecía menos tamaña desvergüenza ; sin
que logre atenuarla lo estúpido de la Canción marcial, que por lo
mismo se había vuelto intolerablemente popular, y déla cual tendría
u hasta aquí » la nerviosa francesilla. Y tan es así. queá estas horas
y á semejante distancia del delito y su condigno castigo, dudo haya
lector que contemple serenamente la poco colonial escena, tal cual
yo mismo la evoco, reprimiendo á duras penas mi virtuosa indigna-
ción : de pie, delante (si no encima) de la mesa en desorden, la loca
escandalosa, — y por desgracia, irresistible, — un si es no es en
tren, chispeante el ojo negro, el labio ardiente como un ají, — acaso
¡ proh pudor ! vistiendo el traje militar y, echada á la oreja la gorra
coronela, soltando aquella atrocidad erizada de erres francesas;
en tanto que afuera, parado en la obscura acera de ladrillo, el grupo
trágico de los gallegos y vizcaínos, rechinando los dientes, apre-
tando los puños, escupiendo improperios, junto á los cuales aque-
llos otros parecerían letanías, se disponía á escalar el balcón para
hacer picadillo á la grandísima gabacha !...
De veras, como dice Presas, que el desacato no era tolerable: y
con harta razón los enfurecidos paisanos de Elío arrancaron al ato-
londrado virrey el decreto de expulsión. La pobre cigarra se fué á
cantar en Río, donde, como en todas partes, levantó roncha en los
corazones (si es que esta viscera las admite) y hasta, según se dijo,
en el del noble lord Strangford. De las Memorias secretas se induce
matiraeián de la lealtad española^ 11, i45, á continuación, precisamente, déla deliciosa y
ya citada Proclama de la Mancha ; he aquí el texto original :
\ A la guerrot á la guerra, españole* I
/ Muera Napoleón !
¡ Y viva el rey Fernando
La patria j religión I
Fuera de la transposición sacrilega del viva y del muera, lo más grave de la parodia,
en el primer verso, consistía para los españoles en no mandarlos á la guerra, sino mu-
cho más lejos!
i68 ANALES DE LA BIBLIOTECA
que SU casa era un punto de reunión para los u argentinos » refd-
giados; estas intrigas sirvieron de pretexto á Carlota (pues según su
secretario, la verdadera razón nació de celos mujeriles) para exigir
la salida de la « Perisona )>, quien, durante más de un año, anduvo
yendo y viniendo, como lanzadera, entre los dos países, á bordo de
los buques ingleses. El embajador Casa Irujo hacía de ello un asunto
de Estado, casi un casas belli (i) ; y por la nueva Helena, estuvo
á punto de arder alguna Troya americana. Terminó la lamentable
odisea después de la revolución, con la licencia que dio esta Junta
Gubernativa, en noviembre de 1810, y á intercesión del comandante
Ramsay, de la famosa goleta Misletoe, para que «Madama O'Gor-
man pueda bajar á tierra... con la precisa calidad de no fijarse en
esta capital, sino transferirse á su chacra, ^onde deberá guardar la
circunspección y retiro que le encarga el Gobierno y observará por
si mismo.,. » (2) — Visible está que esta singular mujer, con ser
persona de avería distaba mucho de la vulgar Perichola que nues-
tros jacobinos han pintado. Poseía, desde luego, algunos bienes, y
nada prueba que traficara con sus encantos; conservó relaciones
con gente tan importante como Letamendi, Marcó, Pueyrredón, su tío
el médico O'Gorman, el doctor Echevarría, que era su apoderado.
— además, por cierto, — del malferido Liniers, que en sus cartas
al último hablaba de la « desgraciada )> con una indulgencia caba-
lleresca en que se percibe veteris vesiigia Jlammx. Tenía talento, —
bastarían á demostrarlo sus cartas, de letra elegante y de giro tan
suelto á pesar de los galicismos, — y esa gracia ligera que ahu-
yenta las tristezas del hombre; por fin, la seducción suprema que
todo lo absuelve ó atenúa: aquella belleza inmarchitable de la hija
del cisne, que estremecía á los ancianos congregados en las puertas
Ci) Véase el documenio número a3, que principia asi : «Volvió aquí M"* Pérí-
zon con sus dos hermanos... En su casa se han juntado por supuesto los españoles des-
contentos de ese gobierno j prófugos de ese país... » Estos eran Puejrredón, Peña, Ar-
gerich (F.), dos hermanos Picarro, Padilla, etc.
i a) Documento número i6.
SANTIAGO LINIERS 169
Scéas, haciéndoles verter, al paso de la autora fatal de sus desgra-
cias, palabras de mansedumbre y perdón (i).
No es dudoso queLiniers sintiera doblemente el sacrificio cruel,
si no del todo injusto, que su situación le había impuesto. Lo más
doloroso de estos achaques seniles, es tener, como las heridas de
punzón, que sangrar por dentro: divulgados, se toman fácilmente
ridiculos ¡cuánto más, siendo su causa indigna! Pero, viejo ó joven,
el corazón poco se cuida de jerarquías morales; y la pasión idealiza
idénticamente su quimera, al modo que los rayos del sol extraen el
mismo purísimo vapor del charco fangoso y del virgen ventisquero.
Desvanecida la ilusión que le trajera un minuto de olvido, felicidad
suprema del c(ue ya no puede ser feliz, — el oscilante virrey quedó á
solas con su melancólica vejez. Cruzaba entonces el período som-
brío de la existencia en que se cuentan los pasos por los tro-
piezos, trayendo cada hora su amargura. La vida ó la muerte aca-
baban de arrancar de su lado á dos seres queridos: su hija predilecta,
recién casada, y tal vez no tan bien como pudiera; su hermano
mayor, cuyo sentido fallecimiento dejó el mandatario trascender
en su lenguaje oficial con una ingenuidad en ternecedora (2). Mira-
ba alejarse de él con injurioso recelo sus antiguos compañeros de
carrera. Calumniado y deprimido aquí por la envidia implacable, allá
por la incuria administrativa, una y otra ingeridas en el fanatis-
mo nacional, — hasta parecía que su pasada gloria se le tornara ene-
miga, y el último homenaje con que la Junta doraba su desgracia se
volvía ocasión de rencillas y sinsabores.
Recibidas á mediados de mayo las promociones generales á que
nos hemos referido, y promulgadas inmediatamente, conforme á
la real orden que u permitía desde luego el uso y exenciones de ellas
(1) ¡liada, lU.
(a) El conde de'Liniers, jefe de la familia, murió en Buenos Aires á principios de
Janio de i8og. Véase la proclama de junio la de 1809, á propósito de un libelo contra
el TÚrroy, y que comienza asi: «En el momento en que la Providencia acaba de con-
tristarme con la pérdida de mi hermano mayor... n
I70 ANALES DE LA BIBLIOTECA
á reserva de expedirle oportunamente los despachos », juzgó el vi-
rrey ser aplicables estas instrucciones al título de Castilla que la
Central en la misma fecha le confería. En consecuencia, por circii-
iardel día 1 5, hizo publícala merced concedida, « con la advertencia
de que, por decreto del mismo día, había tomado el título de Conde
de Buenos Aires, en tanto S. M. no se digne resolver otra cosa ». El
Cabildo protestó con tanta mayor energía contra la denominación,
cuanto que algunos capitulares anteriores quedaban pospuestos.
En el fondo, el virrey no había incurrido sino en un acceso de pueril
vanidad, circulando á deshoras en el virreinato un anuncio prema-
turo: era indiscutible, por una parte, que no podía usar (ni de hecho
usaba) aquella denominación, mientras el soberano no la aprobara;
pero, por otra parte, no era menos sabido que el soberano nunca de-
jaba de confirmar la designación elegida por el agraciado. En cuan-
to á la teoría del Cabildo sobre la ofensa inferida al señorío por el
título de (( Conde de Buenos Aires », era un absurdo que la Audien-
cia no tomó en cuenta y que el virrey refutó en 3o de mayo, con
buen tino y no escasa altivez (i). No pasó adelante la insubstancial
(i) Estos documentos han sido publicados en La Biblioteca^ IV, 3i4 y V. 3i5. Es
un error muy difundido el creer, eomolo repiten López {Historia^ U, 365), Torrente
(I, 38) y otros, que Liniers u fué condecorado con el titulo de conde de Buenos Aires »
Con ello se muestra ignorar la tramitación de esta investidura. Lo que ocurrió con Li-
niers y con iodos los titulados de siglos antes, fué conferirle el monarca (ó su represen-
tante) la merced de Titulo de Castilla : en esto, como lo establece gravemente Berni
(Antigüedad y privilegio de los titalos de Castilla, gS) estriba la gracia positiva. Recibida
la merced, el agraciado manifestaba su deseo de ser conde ó marqués (titulos equivalentes
en España, no en Francia) de tal ó cual cosa, y la Cámara consultada (en el caso de
Liniers la de Indias) expedía la Real Cédula auxiliatoria, siempre de conformidad, como
lo decía la fórmula de estilo : « Por tanto, y porque habéis elegido la denominación
de conde (ó marqués) de... mi voluntad es que vos y vuestros hijos, etc. » En suma ocu-
rría con esto algo parecido á lo del bautismo, en el cual la Iglesia consagra los nombres
que los padrinos eligen libremente. El punto flaco, en cl caso de Liniers, era la dadora
facultad de la Junta para conferir titulos, en ausencia del Consejo de Indias. Sin em-
bargo, después de medio siglo de gestiones, y con motivo de la traslación á España de
los restos de las victimas, en i86a, la reina Isabel ratificó el decreto de la Junta v la
denominación elegida por el agraciado, firmando los despachos de u conde de Buenos
Aires » en favor del heredero del titulo y sus descendientes.
SANTIAGO LINIERS 171
querella, y sólo contribuyó á que el atribulado Liniers, un mes
después, acogiera con mayor alivio y júbilo la llegada á Montevideo
de su deseado reemplazante.
Con el virrey Cisneros venía, para substituir á Elío nombrado
Inspector de armas, el mariscal de campo Nieto, á quien esperaba
en el Alto Perú un fin no menos trágico que el de Liniers. Disuelta
la Junta de Montevideo y restablecidas las autoridades regulares, no
se apresuraba Cisneros á tomar el camino de Buenos Aires, que
Elío y sus secuaces le representaban alzado, con el virrey depuesto
y el cuerpo de Patricios, contra el gobierno de la Metrópoli. Por más
que las primeras comunicaciones de Liniers, de quien era amigo de
muchos años, disuadieran á Cisneros de todo movimiento subversivo
en la capital, no dejaron de pesar en su ánimo las sugestiones de los
contrarios, — si bien, poruña contradicción que pintaba su carácter
desconfiado é inconsistente, mantenía á Elío alejado de su intimi-
dad y hasta de las funciones con que acababa de investirle. Así fué
cómo, dispuesto á dirigirse á la Colonia con un cuerpo de 700 hom-
bres, dio el mando de éste á Viana, dejando á Elío en Montevideo.
Por lo demás, las primeras providencias de Cisneros mostraron á
las claras lo quede sí podían dar su inteligencia y energía. Receloso
de Buenos Aires, juntó en la Colonia un destacamento militar que,
si venía en son de guerra resultaba ridiculamente insuficiente, y en
caso contrario acentuaba su propio desprestigio. A poco destacó de
allí á Nieto, portador de una proclama pacificadora, y con el encar-
go de tomar el mando militar de esta ciudad, mientras él disponía,
contra todos los precedentes legales, que fueran de aquí las autorida-
des civiles y militares á reconocerle en la Colonia. Todo ello, por
insólito que fuera, se cumplió con aparente espontaneidad, merced
álos esfuerzos de Liniers que logró vencer todas las resistencias. No
bastaron estas manifestaciones para tranquilizar al inquieto virrey :
filé necesario que el mismo Liniers atravesara el río, sin otra es-
colta que Martín Rodríguez, y emplease una noche en convencer
al mandatario malgré lui de que podía efectuar sin peligro su en-
173 ANALES DE LA BIBLIOTECA
trada solemne en la buena ciudad de Buenos Aires, — como efecti-
vamente la realizó el 3o de julio (i), á las tres de la tarde, en medio
de las infalibles Ovaciones populares. <
¿ Qué fundamento real tenían los rumores propalados acerca de
la actitud hostil de Buenos Aires ? No es dudoso que el grupo de los
(( precursores )> pensó en aprovecharla coyuntura para intentar un
movimiento emancipador; y aun que Pueyrredón (2), Castelli, Bel-
grano. Rodríguez Peña y otros contaban con el concurso de algunas
fuerzas urbanas. Hubo reuniones, conferencias de jefes, proposicio-
nes hechas á Liniers : todo se estrelló en la resolución inquebran-
table del virrey, cuya consecuencia fué la abstención no menos in-
flexible de Saavedra. Ahora bien : el movimiento revolucionario que
no se apoyara en los Patricios y no se legitimara con la bandera de
la autoridad, era un motín sin programa ni éxito posible. Con
razón, pues, habiendo' faltado desde el principio aquella con-
dición indispensable, Liniers y Saavedra han podido protestar, como
lo han hecho, contra la realidad de un plan subversivo que se redu-
jo á declamaciones. Según la expresión de Saavedra : aun no esta-
ban las brevas maduras. Esto establecido, creo que sea poco útil
discutir la hipótesis de si pudo ó no la presencia de Liniers, apo-
yado en el partido criollo, lograr la independencia sin la revolución;
así como huelga dilucidar la evidencia de que la Junta de Sevilla,
al separarle del mando, aventuraba un acto ilegal y absurdo que
aquél debió desconocer (3).
(i) Calvo (Anales, 1, ii6) y Mitrb (Belgrano^ I, 28a) dicen ideáticamente : a El 3o
de junio de 1809 entró Gisneros en Buenos Aires... » Parece indudable que el error del
primero procede del segundo: pero es tanto más notable en aquél, cuanto que se lee al
principio del capitulo en que transcribe la nota de Liniers de 10 de julio, que alude á
la demora de Cisneros en la otra banda.
(a) No bien escapado en Rio del buque que le llevaba preso á España, y vuelto á
Buenos Aires en junio de 1809^ Pueyrredón fué denunciado á Nieto cono conspirador,
á raiz de dicha reunión, y llevado al cuartel do Patricios. I^gró evadirse en julio y re-
fugiarse en Rio, donde permaneció hasta fines de mayo de 18 10.
(3) Los documentos más sólidos para este incidente son las notas de Liniers y la Me-
moria de Saavedra. mucho más precisa que la borrosa Autobiografía de Belgrano. El
LA CATÁSTROFE
Guando Liniers, en agosto de 1809, entregaba á Cisneros el go-
bierno de estas provincias, quedábale un año de vida. Pero, por bre-
ves y contados que fueran sus días, había de sobrevivir á su frágil
herencia, y estaba escrito que el penúltimo virrey caería envuelto en
la mortaja del virreinato. Por un contraste tristemente irónico, el
plazo que el destino le deparaba fué casi todo de envidiable tranqui-
lidad, apenas perturbada por los recelos de su caviloso sucesor, que
de todo se acordaba menos de agradecer á Liniers su desprendi -
miento. No escribiendo, pues, la historia de un pueblo (que acaso
nos toque luego acometer), sino la biografía de un hombre, podre-
mos limitarnos á reseñar los principales sucesos que durante este
lapso ocurren, sin participación directa del biografíado y lejos de
la residencia campestre por éste elegida ; hasta llegar los días so-
lemnes en que los trastornos públicos, arrancando al veterano de su
pacífico retiro, confundan de nuevo y por última vez su deplorable
suerte con la de la colonia española para envolverlas en la misma ca-
tástrofe.
general Mitre sólo le consagra una página, y no daba para máo; pero el doctor López des-
arrolla toda una filosofía déla historia conjetural (1, xxxvii), con rasgos lógicos y consis-
tentes como estos (367) : «Los historiadores [españoles] han venido á convenir después
que los hechos les han abierto los ojos^ que el mayor de los errores que pudo cometer la
Janla fué la destitución de Liniers... Para espiritas vulgares no hay duda que esa presunción
aparece bastante racional...» Luego, página 871 : « No hay uno solo de los historiadores
españoles que al escribir después que los sucesos les abrieron los ojos, no haya lamentado
como un error capital y funesto, ese que cometió la Central separando d Liniers, y en vtrdad
que tienen razón » .'/
174 ANALES DE LA BIBLIOTECA
I
Como en sus recientes comunicaciones al « rey » lo anunciaba (i),
Liniers había pedido, y obtenido déla Audiencia, — contra el pa-
recer de Gisneros que insistía en despacharle á la Península, —
üjar en Mendoza su residencia provisional, en espera de las superio-
res resoluciones. No había de pasar de Córdoba, donde contaba
amigos seguros, como Concha y Allende, — y otros que quizá no lo
eran tanto, como los hermanos Funes (2). Mientras concluía sus
preparativos de translación, tocóle en los dos meses siguientes asis-
tir como testigo callado, aunque no indiferente, á las primeras pro-
videncias gubernativas de su sucesor, las cuales, sólo hijas de su des-
acierto algunas, inspiradas otras por las graves circunstancias del
país, pronosticaban igualmente el fatal desenlace y, puede decirse.
cx)n tenían el programa de la revolución.
Dejando aparte las proclamas y reglamentos policiales, en que el
buen vejete revelaba apreciables aptitudes para alcalde de barrio (3),
fué su primera medida de reacción contra el régimen anterior, reor-
ganizar los batallones « del comercio », disueltos á raíz del motín de
enero : con el doble propósito de socavar el predominio de los cuer-
pos criollos y de halagar al partido español. Luego dio en el mismo
(i) De 10 de julio y 5 de agosto de i8og ; publicadas por CaWo, op. ci'l.. I, ia3
y «g-
(3) Uno de los últimos pasos que dio Liniers como virrey, fué interceder (réase el
documento n* 4) con el Deán Funes, á quien él mismo nombrara rector de Monserrat el
año anterior, para que concediera una beca dotada al sobrino del comandante don Francisco
A. OrtizdeOcampo, « por la amistad y cariño que le profesa ». Señalo la triste coinciden-
cia sin intención denigrante para el futuro Jefe de la Comisión Auxiliadora j aprehen-
sor de Liniers, quien es muy sabido intentó salvar á éste j sus compañeros suspendiendo
su ejecución.
(3) Asi, el interminable reglamento de 18 de septiembre sobre juegos, carretillas, ba-
suras, cerdos sueltos, etc., etc.
SANTIAGO LINIERS 176
sentido un paso más aventurado, avocando el proceso seguido á los
revoltosos, y pronunciando un fallo injurioso para los partidarios
de Liniers ; pues, sobre restituir á sus hogares y anterior condición
á los desterrados, — acto de clemencia muy plausible, — prodiga-
ba á los subversores del orden mayores alabanzas que á sus defen-
sores. Esta actitud impolítica, además de ilegal, bastaba para de-
mostrar que en el apocado virrey la inteligencia corría parejas con
el carácter : hiriendo á la vez el principio de autoridad y la noción
de justicia, revelaba en su autor el propósito agresivo de procurar
el apoyo de los europeos en detrimento de los criollos, cuando preci-
samente los hechos más tangibles acababan de enseñar la imposibi-
lidad de gobernar el país sin el concurso de sus hijos (i).
Otros acontecimientos, ocurridos en el confín del virreinato, iban
á cavar la zanja ya existente entre españoles y nativos, transfor-
mándola poco á poco en abismo insalvable. El 25 de mayo de 1809
(fecha fatídica), había estallado en Ghuquisaca un tumulto popular
sin programa definido, y originado, al parecer, por el mismofunes-
lo Goyeneche que iba á tener luego la parte más odiosa en la re-
presión. De paso para el Cuzcx), el incoercible intrigante había
inoculado su «carlotismo » al presidente Pizarro y al obispo Moxó
— el de las pastorales — lo que, sentido por la Audiencia, la mo-
vió á destituir y prender á su jefe (2). La Audiencia asumió el
mando de la provincia, confiando al comandante Arenales — el
futuro general patriota — la organización de las milicias. Al pronto,
este conflicto de autoridades giró en el mismo círculo realista que
el de Montevideo, enarbolando los sublevados la bandera de
fidelidad á Fernando VII; con todo, áimpulsode un grupo america-
(i) Asi caracteriza el doctor López la insuficiencia política de Cisneros (Historia^
II, 4o5) : « No era capaz de penetrar en las profundidades con que las leyes de nuestre
revolución venian elaborándose al favor de aquella lógica latente con que las evolucio-
nes sociales marchan y se realizan por la fuerza intrínseca de los elementos que las en-
gendraron ». ¡ Seguramente I
(a) REMé-MoBEHO, Últimos (Uíos coloniales del Alio Perú^ SSg y sig. Consúltense, ade-
más, los documentos inéditos anexos á la obra.
176 ANALES DE LA BIBLIOTECA
no, — en el cual Monteagudo hacía su aprendizaje de conspirador, —
agitóse luego en la masa indígena un fermento de emancipación. A
poco la importante ciudad de La Paz imitaba el ejemplo de Charcas,
acentuándolo con el nombramiento de una Junta abiertamente re-
volucionaria, y el incendio se propagaba á Quito. Pero la tentativa,
inconsulta y prematura, corría al fracaso inevitable. Mientras el
virrey del Perú mandaba á Goyeneche con las fuerzas del Cuzco
contra La Paz, Cisneros disponía que otra expedición, al mando de
Nieto — de la que formaban parte algunas compañías del disuelto
batallón de Patricios (i) — fuera á reducir á Chuquisaca. El resul-
tado no podía ser dudoso : después de algunos encuentros, los re-
beldes de La Paz quedaron desbaratados, y prisioneros sus cabecillas
que sufrieron el último suplicio. En Charcas, la represión fué me-
nos bárbara, habiéndose sometido los sublevados á la intimación de
Nieto que, nombrado Presidente, no quiso inaugurar con sangre
su gobierno. Goyeneche comunicó jactanciosamente á Lima y Buenos
Aires sus fáciles victorias, empapadas en sangre de prisioneros iner-
mes ; y Cisneros incurrióen la culpable debilidad de hacerse cóm-
plice de los actos y declaraciones de sus subalternos (2). Evidente-
mente, no era ya con las ¡deas y los elementos de Tupac Amaru.
con lo que la revolución americana debía iniciarse; y por eso,
mientras se cruzaban entre el Plata y el Desaguadero las entusiastas
felicitaciones por el éxito de las armas españolas en el Alto Perú, el
incauto virrey, en sus frecuentes paseos á las quintas con su noble
esposa doña Inés de Gaztambide, pasaba sin recelo delante de una
casa del barrio de San Miguel, en cuyo comedor se tramaba una
(i) Por decreto de ii de septiembre de (809. el cuerpo de Patricios había quedado
reducido á dos batallones, en lugar de tres que desde el origen lo formaban.
(at Partes fechados en la Paz, noviembre de 1809, y publicados en Buenos Aires el 34
de diciembre, precediéndolos un preámbulo del virrej de Buenos Aires á sus habitan-
tes que terminaba asi : u si en cualquier paraje de estos dominios existiese algún hombre
perverso que abrigue la idea de atentar contra la autoridad Real... es seguro que se re-
traerá con este ejemplo en cabeza ajena... » Sobre la parte que Cisneros tuvo en las
ejecuciones, V; Mithe, Belgrano, I, 287.
SANTIAGO LINIERS 177
conspiración mucho más temible para los españoles que las de Ghu-
qtxisaca y La Paz (i).
No hay viento propicio para la nave rodeada de escollos. En tal
situación se hallaba el gobierno colonial, que todo impulso nuevo,
siquiera fuese en sí mismo benéfico y plausible, conspiraba también
sil desenlace fatal. Si hubo providencia digna de encomio, fué sin
duda la que las críticas circunstancias del Tesoro, tanto como la
elocuencia de Mariano Moreno, arrancaron á la incuria de Cisneros,
respecto del comercio libre. Pero llegaba tarde para salvar un ré-
g-ioien condenado, y sus excelentes efectos inmediatos sólo sir-
vieron para poner en realce el espíritu de ignorancia y rutina que
A sus adversarios todavía animaba, á fuer de adalides del puro sis-
tenia prohibitivo (2). La angustiosa situación económica* á que las
trabas fiscales tenían condenadas estas provincias, había llegado ya
al extremo límite de lo tolerable con la invasión de la metrópoli : vale
decir, con la interrupción casi absoluta de toda actividad fabril y de
todo tráfico comercial, á lo que se agregaban las exacciones pa-
trióticas para el socorro de la madre patria y los gastos extraordi-
narios acarreados por la propia defensa. Bajo el peso agobiador de
tales circunstancias, parecerá increíble que los monopolistas ga-
ditanos persistiesen estúpidamente en su política de « perro del hor-
telano ))* y, con el agua á la garganta, protestasen con furioso ademán
contra los salvavidas coloniales. La imperiosa necesidad, felizmen-
te, si no abrió los ojos de Cisneros, empujó su mano para que fir-
mara maquinalmente el decreto libertador. Los hacendados que
confiaran á Mariano Moreno la defensa de sus derechos, sólo aten-
dían á sus intereses privados ; pero, sobre el abogado se alzó el tri-
(i) Entiendo que la sociedad secreta, de que formaban part« Belgrano, Rodrigues Peña.
Pftseo, Vieytes, Irigoyen, Castelli y otros, solía reunirse, no en la quinta de Rodríguez
Peña, como dice el señor Mitre, sino en su casa de la callo de la Piedad : también
eran puntos de reunión la casa de Hipólito Vientes (calle de Vonesuela) y la quinta
de Orma.
(a) Véase, en este mismo tomo, la Refutación del escrito de Moreno por don Miguel
de Agüero.
A9ALBB OZ LA naLIOTKGA. T. til 13
178 ANALES DE LA BIBLIOTECA
buno ; la causa de un gremio vino á ser la de un pueblo, y la me-
morable Representación del 3o de septiembre señaló á la par el
advenimiento de la Ley nueva y del genio encargado de promul-
garla. No tengo que insistir en el extraordinario mérito de aquel
escrito, que en otras páginas tengo señalado ; ni tampoco en
la reacción benéGca que el triunfo de la doctrina produjo. Aquello
fué la ventana bruscamente abierta en un recinto cerrado: los pul-
mones dilatados absorbieron con avidez el aire y la luz reparadores.
La salida de los frutos del país y la entrada correlativa de losproduc.
tos ingleses duplicaron en los primeros meses el tráfico de las adua-
nas : llenáronse las cajas reales, y por vez primera la riqueza del fisco
nofué el rescate de la miseria indiana, sino el reflujo de la pública pros-
peridad (i). Empero, el primer paso dado impelía irresistiblemente
(i) No se debe, sin embargo, exagerar los efectos fiscales de una medida que fué prin-
cipalmente benéfica para Io« hacendados y el público consumidor, que era sin duda lo
más importante. Como buen abogado, Mariano Moreno se propasó en la pintura de U
penuria presente y la futura abundancia ; y su hermano Manuel lanzó al vuelo cifras mi-
ríficas que han sido piadosamente recogidas por todos los historiadores. « La Tesorería
de Buenos Aires necesitaba para sus gastos mensuales en 1809, la cantidad de sSo.ooo
pQsos; esto es, tenia que pagar tres millones de pesos al año: de esta suma no podía
reunir, en el estado exhausto en que so hallaba, sino apenas 100.000 pesos al mes, ó
1. 300. 000 pesos al año. Abierto el comercio, no sólo ha pagado sus deudas, sino que
ha quedado en su favor un residuo de 300.800 pesos al mes, etc. ». (Vida^ 1,35, Cf
Mitre, BelgranOy I, 388; López, Historia^ 11, 436; Domínguez, Historia Argentina {\B6i),
p. 197) A primera vista, aquellas cifras de Moreno, aunque endosadas por trra his-
toriadores nacionales, me inspiraron desconfianza. Para sólo citar las anteriores más co-
nocidas (publicadas por Torrent y Calvo) en i8o3, las rentas del virreinato de Buenos
Aires fueron de 3. 908. 535 pesos, y sus gastos de 3.og3.588 pesos. Es difícil admitir,
salvo el caso de una catástrofe, que en tan breve lapso bajen las rentas de una nación ,
lo propio que el peso de un hombro, á menos de sa tercera parte ! Me puso en procura de
documentos, y encontró en el Archivo general lo que buscaba. Tengo á la vista, en co-
pia legalizada, los tres Fenecimientos de las cuentas del virreinato para los años de 1808
1809 y 1810; he aquí su resumen (en cifras redondas, y englobando los cortos saldos
que pasan al año siguiente) :
Año Rentas Gastos Data (remitido ó
pagado de R. orden)
1808 4-350.870 3.073.778 1.378.09*
1809 6.283.867 4-oi3.6o6 9.370.361
1810 6.368.533 4.763.673 i.3o5.86i
Dejando para otro lugar el interesante comentario que estas cifras sugieren, está á la
SANTIAGO LIMERS 179
á dar el segundo. No sólo era ya evidente que los pulmones hechos al
aire puro no soportarían en adelante el ambiente confinado, sinoque
los anudados miembros anhelarían ahora el libre movimiento y el
espacio : después de la ventana voluntariamente abierta iba á tratarse
(le echar abajo la puerta que no se quería abrir. Desde fines de
1809, la revolución estaba en marcha.
Háse atribuido á otro hecho casi concomitante una importancia
á mi ver exagerada en el proceso revolucionario: me refiero á la
fundación por Belgrano del Correo de Comercio , innocuo periódico
cuyo primer número salió á luz el sábado 3 de marzo de i8og.
Era simplemente la continuación del Semanario de Agricultura, de
Vieytes, que quedó como colaborador, lo mismo que el naturalista
Haeake, de Gochabamba. Por el tamaño, el número de páginas, la
materia y el espíritu, ambos semanarios son idénticos, habiendo
sólo mejorado la impresión, con tipos nuevos. En uno y otro
llenaban regularmente las ocho páginas en cuarto menor uno ó
dos breves artículos sobre educación, agricultura ó industria, y en
seguida el movimiento de entradas y salidas del puerto. Algunas
veces, — harto raras para nosotros, — un « suelto » reflejaba un
fragmento de realidad: v. gr. la visita del virrey Cisnerosá San Fer
nandopara ordenar la continuación del canal, ó la fundación de
una « academia de música por don Victor de la Prada, conocido
por el gusto y expresión con que toca la flauta, sin embargo deque
•
mta: i* que, may lejos do haber caído en el marasmo aterrador que- anunciara la rui-
na, las rentas del virreinato habían seguido, hasta fines de 1808, la ley natural de creci-
miento; a" que se sintió realmente en 1809 (sin duda desde octubre hasta fines de di-
ciembre) el efecto benéfico del decreto libertador. Entre tanto, ¿de dónde provenia o\
innegable déficit que á mediados de 1 809 se denunciaba á grito herido P De esto, senci-
llamente : mientras Io« gastos administrativos y las remesas ó giros de la metrópoli eran
efectivos é imperiosos, figuraba en las entradas un descubierto por <c deudas á cobrar »
en el comercio, que pasaba de medio millón de pesos (exactamente, para 1808 : 533. ^o5
pesos). — Por lo demás, no cesó el contrabando inglés; y en julio de 181 o, con motivo del
c(nniiK> de la fragata JanCt es curioso encontrar, bajo la pluma del autor de la Represen-'
iaeión^ ahora secretario de la Junta, esta declaración : « Lx>s apuros del erario precisaron
Á este Gobierno k adoptar un franco comercio provisorio con la nación inglesa, (raspa-
sondo las leyes qne lo prohiben^ etc. »
(8o ANALES DE LA BIBLIOTECA
posee el clarinete, fagot y octavín » : con su acompañamiento
obligado del elogio de « nuestro Excmo. Jefe en cuyas dignas ma-
nos, etc... » Por supuesto que, al olor del papel de imprenta, acudió
como ratón al queso, el infaltable Prego de Oliver, con alguna oda
artificial á la Luna ó al Himeneo. Pero habíale salido al encuentro
un émulo criollo con el joven V. L. (Vicente López), quien, si menos
entonado que su fecundo rival, hacia sonar por casualidad — lo
que al otro ni por descuido le ocurría — la flauta sencilla que algo
visto ó sentido interpretaba, como en esta amable estrofa á lo Fray
Luis, que casi sabe á llanura argentina :
El sol que ya se asoma
Con la faz matizada de oro y grana,
Dora el verdor de la vecina loma;
Y cl aura matinal, el aura sana
Preñada de fragancia
Empapa en vida y en placer la estancia... (i)
En suma, un papelito incoloro, inodoro, sin un vestigio de la
vida contemporánea, como todos los americanos y la mayoría de
los españoles (que parecían escritos en una celda para leídos en un
sótano), el cual resultaría de una absoluta y desesperante vacuidad
para el evocador de lo pasado, á no traer en suplemento — ya que
no los preciosísimos avisos del tiempo de Rivadavia y Rosas — las
listas de precios corrientes. El ilustre historiador de Belgrano, que
descubre al héroe de Salta hasta en su pacífica literatura, piensa que
los artículos del Correo repercutían hondamente en la opinión. Sin-
gularizándose con el que lleva este título formidable : Causas de la
des tracción ó de la conservación y engrandecimiento de las naciones (2)
— el único, por otra parte, cuya paternidad sea constante, — nos
(i) De una oda deplorablemente bautizada: Delician del labrador 'hoy le pondríamos :
La tierra ó Arando) ; también hay que confesarlo : cela se gdte muy pronto, y no tarda en
comparecer la «Musa», con el « rubio Apolo ».
(a) Al mencionarlo más tarde en bu. Autobiografía^ Belgrano lo tituló (sin duda por cru-
xarscuna reminiscencia de Montesquieu, y también por indolencia criolla ): Origen de la gran-
deza y decadencia de los imperios^ encabesamiento que el señor Mitre ha reproducido sin recu-
SANTIAGO LINIERS 18 1
lo describe como una suerte de ariete (i) que abriera brecha en la
muralla colonial... Es un inofensivo « deber » escolar, un sermón
cívico zurcido de lugares comunes, cuyo único efecto, si lo tuviera,
sería estimular en los soñolientos lectores la adhesión á la madre pa-
tria, como que en realidad se inspiraba en un a editorial» análogo del
Correo de Sevilla, reimpreso meses antes en Buenos Aires. Belgra-
no no poseía en grado alguno el Os magna sonataram. Basta el
encabezamiento antes reproducido para mostrar que no había na-
cido escritor. Su estilo desmayado recuerda, más que el retumbante
trompetazo de Mariano Moreno, el « clarinete » de ese excelente don
Víctor de la Prada. Su voz literaria se parece á la natural que, se-
gún el irreverente Dorrego, carecía de timbre imponente y vibrante
acentuación. — Considero, además, que se ha exagerado la parte
que realmente tomó en la redacción del Correo. El mismo nos dice
que « redactó el prospecto del Diario (sic) de Comercio, que se
publicaba antes de nuestra revolución, o agregando que «en él sa-
lieron sus papeles». Esto indica, desde luego, que los números á
que alude, los suyos, eran los anteriores al 25 de mayo: y ello con-
cuerda con los hechos históricos, pues es muy sabido que Belgrano
se ocupó en seguida de su expedición al Paraguay. Ahora bien:
rrir al original. También proviene de la i4ato6io^ra/?a la extraordinaria importancia que 5e
concede al articulo, el cual, dice su autor : « salido en las vísperas de la revolución, asi
contentó á los de nuestro partido como á Cisneros, y cada uno aplicaba el ascua á su
sardina, pues todo se atribula á la unión y desunión de los pueblos». En general es
tendencia irresistible dd los biógrafos (y acaso }ro mismo ha^ra sufrido este espejismo)
considerar los acontecimientos como convergentes á su u héroe », al modo que antigua-
mente se hacia girar el mundo alrededor de la tierra. Está muy visible, sobre todo en lo
relativo al período anterevolucionario, que el general Mitre exagera la parte de influencia
decisiva que sú personaje tuvo en los sucesos políticos, y que, para repetir la imagen de
Belgrano. arrima el ascua á su venerable sardina. QuÍ2á esta ilusión óptica nazca del gé-
nero mismo, y no convenga dar á la biografía las proporciones de la historia, para no
incurrir en el inconveniente que en pintura tenia el llamado « paisaje hbtórico », en
que la naturaleza y los objetos ambientes eran accesorios sacrifícados á la figura central.
(i) Hay que decir, para ser del todo justo y exaeto. que lo del ariete pertenece á
don Juan M. Gutiérrez (Primera imprenta, a33j ; al señor Mitre le basta que la prosa
de Belgrano fuera « un instrumento anodino que contribuyó á minar el edificio colonial ».
i82 ANALES DE LA BIBLIOTECA
hasta la Revolución sólo alcanzaron á sal ir doce números del Correo,
cuya lánguida existencia se prolongó hasta febrero de 1811, sin
que llegase jamás á sus acolchadas columnitas un eco de la ruido-
sa actualidad. La mejor prueba de ser imaginaria la a conspiración
sorda » del periódico, y el misterioso sentido que sus artículos so-
bre industrias ó plantíos envolvían, está en que no modiGcó en ab-
soluto su prédica ¡nocente cuando muy á las claras y sin temor de
censura podía hablar. El número de 26 de mayo contiene un frag-
mento de Haenke sobre los indios yuracarés, los precios corrientes
y el movimiento del puerto; los siguientes de junio « continúan la
materia de los números anteriores, » con el aditamento de una sá-
tira en endecasílabos sobre la « perfidia de Circe » y los peligros del
Amor, por nuestro amigo Prego, hoy tan español y administrador
de aduanas como ayer. Sigue el Correo su pasitrote habitual que
no asusta aun gato; y no sospecharíamos que. entre el número 12
y el 5o, se ha consumado una revolución, con sus fusilamientos, ba-
tallas, organización y desorgani/.ación de la Junta Gubernativa, á
no salir cada jueves de la misma esquina de Temporalidades, é im-
presa con los mismos tipos, aquella Gaceta de Moreno que alborota
la calle y, como dicen los franceses, saca chispas de los cuatro pies.
— No hubo, pues, tales « segundas intenciones » en la impercepti-
ble propaganda del Correo — y mucho será concederle las primeras.
Empero, tuvo verdadera importancia política la empresa de Bel-
grano, y ella consistió, como él mismo lo apunta en su Autobio-
grafía y lo señala su historiador (i), en permitir que, bajo el pro-
texto periodístico, pudieran reunirse con frecuencia, y sin inspirar
sospechas, los beneméritos iniciadores de la emancipación, que sólo
esperaban para proclamarla el previsto acontecimiento europeo que
marcara la hora propicia.
Esta hora no podía tardar. A. despecho de la precaución policial
con que el gobierno filtraba las noticias de España, que le llegaban
(i) Historia de Belgrano, \, agS y l^\2.
SANTIAGO LINIERS i83
de Río de Janeiro por conducto del ministro Casa Irujo (i), desde
abril susurrábanse en Buenos Aires rumores alarmantes, que las mis-
mas reticencias del virrey venían confirmando. A principios de mayo.
fué imposible ocultar á la población que la batalla de Ocaña había
tenido por corolario la invasión de Andalucía. Después de una últi-
ma junta de los afiliados, el circunspecto Saavedra, que se marcha-
ba al campo, declaró que estaba pronto para encabezar el movi-
miento revolucionario con sus Patricios, debiendo serla señal de
haber caducado el régimen colonial la entrada de los franceses en
Sevilla.
II
En septiembre de 1809, hallábase Liniers en Córdoba con toda
su familia, no de paso para Mendoza, como lo tenía prometido á
Cisneros y anunciado á la Junta de Sevilla, sino instalado provisio-
nalmente y ya resuelto á no aceptar aquel otro destierro. Así lo co-
municó al virrey en una carta confidencial, á laque su « apasionado
amigo y compañero » (2) contestó con recriminaciones, entre afec-
tuosas y resentidas, instándole á que marchase á su destino, pues
(i; Todavía á principios de mayo, el buen marqués de Casa trujo procuraba v tapar
el cielo coa un harnero », transmitiendo á Cisneros las noticias oficiales más halagadoras
(publicadas aquí en 1 1 do mayo^ sobre el estado de la Península : u Los franceses no
progresan en Cataluña, aunque ha caído Gerona : también han tomado algunos puntos
de la Sierra, pero ¡por Despeñaperros, vela Areizaga!... La Junta Suprema ha resuello
trasladarse á la isla de León para presidir las cortes, etc., etc.» Sin embargo sus cartas
privadas al virrey eran más melancólicas. El 3 de mayo (véase el documento n* 3o) le
escribía: « Desde la desgraciada batalla de Ocaña, esto gobierno parece haber perdido
el respeto y consideración que debe al nuestro » . Tratábase de una reclamación enta-
blada para prender á Rodríguez Peña y Puoyrredón por conspiradores, y á la cual el
gobierno portugués, por instancias de lord Strangford, hacia oídos de mercader.
(a> Compañeros de armas, no u de infancia » como ridiculamente suele decirse: hemos
visto ya que Liniers era hombre hecho — y teniente de caballería en Francia — cuando
por primera vez (1776) tomó servicio en España y conoció, en la escuadra de Castejón,
al guardia marina Cisneros. Las cartas mencionadas se encuentran en (]alvo. Anales,
I, i4i.
iHh ANALES DE LA BIBLIOTECA
no era « juego de muchachos ». Replicó reciamente Liniers en es-
tilo oficial, poniendo cosas y gentes en su debido lugar : reprocha-
ba á (( Su Excelencia » sus concesiones á los facinerosos que, no
contentos con haber evitado con la separación de Liniers el castigo á
que eran acreedores, « querían aun asesinarle civilmente » ; protes-
taba contra las acusaciones calumniosas dirigidas á su administra-
ción, reconocida y apoyada por la parte más sana y culta del virrei-
nato, y manifestaba en conclusión que estaba dispuesto á marcharse,
no á Mendoza, sino ala Península, con su hijo Luis, alférez de navio,
dejando en Córdoba á su familia y cortos intereses bajo la custodia
de su yerno Périchon y u la protección de la Providencia que, aun-
que gran pecador, nunca le había desamparado ».
Sobrado justas eran las quejas de Liniers contra su apocado suce-
sor. Para halagar los rencores del partido español, después de
amnistiar á los fautores de los desórdenes recientes, habíase apresu-
rado á declarar libres de culpa y cargo á los militares cómplices de
aquéllos y acusados por Liniers, á quienes se tributó públicos elo-
gios por su comportamiento, á vista del acusador. Al propio tiempo,
era él quien agitaba en Sevilla el llamamiento de Liniers, — y tam-
bién de Elío, cuya presencia le inspiraba recelo, — pues no había
razón urgente que lo aconsejara, mucho menos cuando Sobremonle.
que tenía causa abierta por su entrega de Buenos Aires, había per-
manecido tranquilo en el Río déla Plata (i). Por cierto que en la
deplorable actitud de Cisneros, respecto del predecesor á cuya leal-
tad debía la posesión del mando, entraban por mucho la pusilani-
midad de su carácter y su cortedad de vistas, pero no parece dudoso
que él también participase ahora de las preocupaciones nacionales,
más que nunca exasperadas por las últimas victorias francesas.
Entre tanto, y sin gastar prisa en los preparativos del viaje á
(i) En i6 de enero de iBio, el ministro Cornel (R. R. Órdenes en el Archiro General)
pedia á Cisneros que se activara la causa formada al marqués de Sobremonte. Fué tanta
la actividad desplegada, que el consejo de guerra se celebró en CádÍ2, en i8i3, recayendo
sentencia absolutoria.
SANTIAGO LINIERS i65
España, Liniers disfrutaba en Córdoba del bien ganado reposo que,
según lo muestra su correspondencia, le sabía á rejuvenecimiento
físico y redención moral después de tamañas agitaciones. — Encruci-
jada de las provincias interiores, contaría entonces la doctoral ciu-
dad unos nueve mil babitantes (i), cuya aristocracia, goda de espí-
ritu si no de nacimiento, era formada de empleados reales, clérigos
ó frailes, letrados y mercaderes, casi todos ellos estancieros por aña-
didura. En torno dé éstos, además de la numerosa servidumbre, la
plebe urbana de negros y mestizos, esclava ó liberta, se ocupaba en
oficios manuales c industrias primitivas, cuyos productos poco ex-
cedían el consumo local. La principal fuente de riqueza provenía
de las faenas agrícolas, y desde luego del comercio de muías, cuyas
tropas invernadas en los potreros de la provincia se despachaban
anualmente á las ferias del Perú. En suma, reinaba un bienestar re-
lativo, fundado, masque en la abundancia délos medios, en la mo-
destia de los gastos, aun éntrelos que pudieran tenerlos más rumbo-
sos. Del catolicismo intolerante que de arriba abajo imperaba, daban
aviso al viajero, que desde la barranca contemplaba la población ten-
dida entre la sierra y el sinuoso río, las numerosas torres de las iglesias,
capillas y beateríos, que á todos lados emergían del caserío. Es muy
sabido que era otro rasgo proverbial déla sociedad cordobesa, la índole
(i) Es nn cálculo conjetural (pues no conozco empadronamiento para dicha década),
pero de una aproximación suficiente. El Censo de 1869 deduce la población probable de
toda la provincia, en 1809, de los vagos empadronamientos de 1779 y i8i3, llegando i
la cifra do 60.000; por otra parte, la población de la ciudad en 1869 (aS.SaS h.) repre-
sentaba 0,1 4 de la total (*jio.5o8 h.) : aceptando á bulto esta proporción (sin engol-
farnos en distingos) resultarían S./^oo habitantes. Ello concuerda bastante con los prome-
dios de Núñea j Caldeleugh : 14*000 habitantes en i8a3. Corroboran estas afirmaciones
US cifras resultantes del procedimiento que he discurrido más arriba para calcular la
población de Buenos Aires. El plano de Córdoba por Díaz do la Fuente (1790) le da
Qiias 4o manzanas edificadas ; reduzcámoslas prudentemente á 36 atendiendo al exceso do
Iglesias y capillas, lo que nos dará unas 1000 casas, y, á razón de 6,9 individuos por casa
(promedio del censo de 1869), 6900 habitantes en 1790 ; es decir, con el aumento de 1
por ciento acumulativo, que admite el censo para dicho periodo, una población de 8'i3o
nabitantes á principios do 18 10. Este cómputo es estadísticamente probable, siendo harto
conocido el lugar distinguido que la estadística ocupa entre las ciencias inexactas.
i86 ANALES DE LA BIBLIOTECA
pleitista, la que bastaba ya en tiempos del Lazarillo de ciegos cami-
nantes para « mantener por sí solos los abogados, procuradores y
escribanos de la ciudad de la Plata » . Por fin (para concluir con los
defectos), como conexo del humor procesal, señalábase por los fo-
rasteros, el tufo nobiliario que á ningún cordobés faltaba, comen-
zando en el funcionario real de autentica ejecutoria, para no terminar
en el negro criollo esclavo de monjas, que así trataba al congénere
leñador como éste á su borrico.
Pero la pequeña ciudad, recién embellecida por Sobremonle.
alegraba la vista ; la existencia Quía sosegada y plácida en los case-
rones coloniales de anchos corredores y patios llenos de flores ; el
clima es delicioso, y encantadora la accidentada campiña con sn
tierra cubierta de bosques y cruzada de arroyos. Sobre todo, para
Liniers, Córdoba ofrecía el inapreciable atractivo de un grupo so-
cial distinguido y amigo : el gobernador Concha, su antiguo com-
pañero de armas, á quien él mismo había nombrado; el coronel
Allende, conocido suyo desde la Reconquista; el culto y verboso Deán
Funes que le debía el rectorado de Monserrat; el hermano Ambrosio
que se perdía de vista, pero tanto más cordial y afable cuanto más
dispuesto á barrer para adentro; el obispo don Rodrigo Antonio de
Orellana, quien, al fin y al cabo era obispo ; el ilustrado doctor don
Victorino Rodríguez, asesor de gobierno y competidor de Am-
brosio en las cosas concejiles, — como Orellana lo era de Gregorio
en las episcopales ; y muchos otros vecinos importantes, que reci-
bieran del ilustre refugiado servicios ó atenciones. La población
entera le era adicta; con la sola excepción, quizá, del bando fran-
ciscano encabezado por fray Pantaleón García, que le guardaría al-
gún rencor por la reciente secularización de la Universidad. De su
correspondencia privada se deduce que Liniers, á los pocos días de
hallarse en Córdoba, formó el propósito de establecerse en la provin-
cia, y aun de dejar allí á su familia en el caso probable de tenerque
realizar su viaje á la Península.
Por lo demás, sus primeros actos confirman sus declaraciones á su
SANTIAGO LIMERS 187
amigo y confidente Echevarría. Apenas llegado, quiso que su hijo Jo-
sé ingresara en la Universidad de San Carlos; y él mismo asistió á los
exámenes de matemáticas que rindieron el 18 de diciembre, en la
iglesia del Colegio de Monserrat, los alumnos de esta cátedra fun-
dada por el doctor Funes (i) y dictada por don Carlos O'Donnell.
Constan por un documento rarísimo, y que en esta Biblioteca he
encontrado, los interesantes pormenores de aquella función universi-
taria, que parecería desdecir un tanto del ponderado atraso colo-
nial, si no supiéramos que las sociedades deben apreciarse, como los
yacimientos mineros, por la « ley » de la masa común (2). En pre-
sencia de la mejor sociedad cordobesa y « la mayor parte del cuerpo
del comercio»), veinte y tres examinandos, entre colegiales de Monse-
rrat y externos, rindieron pruebas que, si no resultaron rigurosas,
no sería por la incompetencia de jueces como el obispo Orellana,
antiguo profesor de matemáticas en la Universidad de Valladolid.
los dos marinos Liniers y Concha y el catedrático O'Donnell, fuera
del Deán Funes, el médico Pastor y algún otro. Los estudiantes per-
(i) Gareo, La Universidad de Córdoba, a3o : « El Dean Funes fué un genio ben^iico
para la universidad de Córdoba... Fundó, á fines de 1808, una cátedra do aritmética,
álgebra y geometría, dotándola con la renta de 5oo pesos anuales sobre su patrimonio».
La autorización fué dada por el virrey Liniers en términos precisos y plenos que un fiU>-
sofo poeitivista de nuestros días no desaprobaría : u La aritmética, sea la vulgar, sea 1»
álgebra, que trata más generalmente de las cantidades, debe ser.de uso continuo en una
vida como la nuestra, en que fluctuando siempre entre la probabilidad y la du^, nun-
ca podremos asegurar nuestros juicios sin el auxilio del cálculo ». Algunos años después
el mismo fundador solicitó la nulidad de su donación de 10.000 pesos, motivándola en su
cambio de fortuna, lo que era cierto. Fué uno de los rasgos honorables de Funes no sa-
ber calcular (.¿por esto sería que creó la cátedra?) : á pesar de la tutela económica de
su hermano Ambrosio, oí Deán anduvo siempre u de la cuarta al pértigo » ; y ciertas
gestiones suyas, allá por los años a5 y siguientes, revelan, más que codicia, sus apuros
domésticos, — sobre todo cuando sufrió en Buenos Aires otra tutela poco avenida con
sus años y estado.
(a) Véase, como contraste, el estado de la educación común en el virreinato, según
los articulos del Correo de Comercio. Sin embargo, de ese mismo estudio que parece ser
de Belgrano, resultaría que en esto también Córdoba hacia excepción, merced á los
esfaerxos del marqués de Sobremonte. quien, al mirar do cerca las cosas, va resultando
tan buen gobernador como pésimo virrey : Tel brille au second rang^ qui s' eclipse au
premier.
1 88 AN\LES DE LA BIBLIOTECA
teaecían á las mejores familias de todas las provincias, sin excluir la
de Buenos Aires, confundiéndose apellidos porteños, como los de
Gallardo y Pinedo, con los provincianos de Fragueiro, Ocampo, Lo-
zano, Zorrilla, Bustamante, etc. Entre los premios ofrecidos, figu-
raba un anteojo de larga vista, regalo de Liniers, que fué adjudi-
cado (¡ y qué falta le haría en el Tío !) al estudiante José María Paz.
Para el segundo premio, — un ejemplar del Systtme de la nature^
de Paulian, — descollaban inter bonos Mariano Fragueiro, José
Liniers y Ladislao Martínez : y consultada la suerte, ésta tuvo el buen
gusto de no favorecer al hijo del virrey (i). Pero, era el príncipe
del curso el joven Melchor La vi n, que mereció pronunciar la ora-
ción de circunstancia ; y se tiene gusto en comprobar que el eximio
estudiante, y arengador de Liniers y Funes, era el mismo heroico
muchacho de diez y siete años que, seis meses después, se ofreciera
para llevar al primero (no al segundo, como por desgracia ocurrió)
las comunicaciones de Gisneros, y, solo, devoró por la posta, con
velocidad pasmosa, las i5o leguas de desierto que mediaban entre
Buenos Aires y Górdoba.
Vemos por la correspondencia privada de Liniers, que procuraba
entonces la formación de una sociedad anónima para explotar las mi-
nas del Famatina, sobre la base de 5oo acciones á 200 pesos, « con
la perspectiva de un incalculable lucro « . El proyecto contaba sin du-
da con el apoyodel gobernador Goncha, que propendía administrati-
vamente al desarrollo de aquella industria, habiendo sido autoriza-
do á destinar cierta cantidad del a situado » del Perú para el rescate
de plata pina riojana (2). Dicho se está que los acontecimientos
(i) El alumno Liniers, que en el documento citado aparece recompensado entre don
Mariano Fragueiro y don Ladislao Martinei, era José Atanasio, nacido en Monterideo
á a de mayo de 1798, y primer hijo varón de Martina Sarratea. Siguió la carrera diplo-
mática y, en 18 17. por muerte de Luis, quedó como jefe de la familia: él fué, por tanto,
quien persiguió la revalidación de los derechos y títulos de su padre, que fueron reco-
nocidos en 1 86a, en favor de su hijo Jacques Alexandre, jefe de la r^nia francesa La
rama española procede del quinto hijo Mariano Tomás, nacido en Montevideo el ao de
diciembre de 1801.
(7) En abril de 1810, se autorizó al gobernador intendente de Córdoba para que « de
SANTIAGO LINIERS 189
políticos interrumpieron los trabajos, haciendo cavar hoyos más es-
tériles que los del Fama tina. Otro negocio, pero éste realizado y
concluido, fué la adquisición de la estancia de Alta Gracia, que
Liaiers compró en 3 de febrero de i8io al doctor don Victorino
Rodríguez, por la suma de 11.000 pesos, reservándose el ven-
dedor una legua de campo sobre el río Anisacate. Allí se ins-
taló inmediatamente con su numerosa familia, según resulta de
una carta suya de 2 de marzo al doctor Echevarría, en que el ex-
mandatario se exhibe entregado alas faenas campestres y saborean-
do deliciosamente esta existencia nueva, que sólo sería un breve des-
canso entredós períodos de hondas agitaciones.
Situada á unas diez leguas al sudoeste de Córdoba, la estancia de
Alta Gracia es una antigua posesión jesuítica cuyo caserón conven-
tual se levanta, todavía intacto, en una ondulación de la sierra que
domina la moderna población. Delante del ediñcio principal, un
espacioso estanque cercado de piedra se llenaba y desaguaba por
acequias sacadas del vecino arroyo. Salvado el portón de entrada,
aparecía el inmenso patio lleno de plantas y circundado por la doble
arquería claustral, cuyas losas habían gastado durante dos siglos los
pasos de la negra y taciturna milicia. Una ancha escalera de piedra
conducía al piso superior, sobre cuya galena dábanlas abovedadas
habitaciones, grandes y chicas, que abundaban en el cenobítico cas-
tillo : refectorios, salas de estudio y reunión, dormitorios, biblioteca,
cuartos de huéspedes, — invariablemente blanqueados á cal y sola-
das con roja baldosa. Y al evocarlo ahora después de muchos años
(y sin duda muy inexactamente), siento de nuevo el gran silencio fres-
ios caudales que conduce de Potosí el situadista don Manuel Sanfranco, que se halla on
camino (había quedado empantanado en Guasayan) queden en esa Tesorería cincuenta
mil pesos para atender por ahora al rescate de la plata pina que se extraiga del mineral
de Fama tina ». Esta suma era « un aumento sobro las existencias anteriormente aplica-
das al mismo objeto )>. Existe, en el Archivo General, todo un expediente acerca del
rescate de pinas, de cuyo precio (7 pesos 2 reales marco) protestaban los riojanos ante
los ensayadores de Potosí, por la ley superior del metal. Sobre los primeros trabajosdcl
mineral de Famatina so encuentra una interesante reseña de don Guillermo Dávila en
la Revista de Buenos Aires, XXllI, 66.
igo ANALES DE LA BIBLIOTECA
co de las deshabitadas viviendas, que tan gratamente me impresionó
la mañana de verano en que las recorría. Mostráronme la vasta pieza
de Liniers, por cuyo balcón de madera él hubo de contemplar tantas
veces el paisaje encantador que á su vista se desarrollaba, desde las
alegres rancherías y las arboledas vecinas hasta las verdes colinas
que festonean el poniente. ¡ Qué honda sensación de paz y rejuveneci-
miento refrescaría su alma, á raíz de tantas zozobras y fatigas, al
encontrarse con los suyos tan cerca de la tierra cariñosa, tan lejos
de los tumultos callejeros ! Y luego, al recorrer yo mismo la pinto-
resca y rica campiña, surcada de arroyos y vertientes, hasta el
espeso mu rallón construido por aquellos maestros colonizadores,
cuyas antiguas reducciones señalan todavía en estas provincias sus
sitios más amenos y fértiles : ¡ cuál revivían para el peregrino, tam-
bién cansado de los hombres y nostálgico de soledad, las efusiones
del viejo marino, que se creía libre al fin de las tormentas civiles,
peores que las del océano, y rebosan en su correspondencia fami-
liar, desaliñada y repentina, pero impregnada de olor á monte y
jugo de la gleba, - al modo de la Res rústica de algún Varrón que
escribiese en incorrecto latín! No resisto al deseo de transcribir
algunas líneas de su carta de 2 de mayo al doctor don Vicente Anas-
tasio Echevarría :
...Ya me tiene usted hecho un hombre campestre, ocupado sólo del arado, del
buey, del caballo, del molino; dando órdenes al albañil, al hortelano, al capataz,
al peón, al domador y al carretero, — con más gusto que cuando las dictara á
una Provincia y á un ejército. Entonces la mayor parte de las noches la pasaba
en vela : amanecía con nuevos cuidados ; y ahora duermo pasmosamente y ama-
nezco lleno de satisfacciones. .. Miro con la mayor lástima los desgraciados mor-
tales, que tanto anhelan por un poco do humo que el menor viento disipa : á
semejanza de esos globos (i) que en nuestra niñez formamos con agua de jabón, que
nos causan admiración por la brillantez de las refracciones de la luz, pero que á
(1) Le viene nataralmente al espíritu la mÍBina imagen que al viejo Varrón, i quien
seguramente no habría leído : qaod (ut dieiturj si est homo ballüy eo magis tenex. (De re
rasticüf I.)
SANTIAGO LINIERS igi
mitad que van engrosando y cuando nos parecen más hermosos, se convierten
en un sutil vapor. El corroo de arriba ha avivado en mí estas reflexiones... (i). »
¡ Ay ! sí : llegaba el correo de arriba, trayendo las comunicacio-
nes de Goyeneche y Abascal, para luego llevarse — aunque cueste
confesarlo — los parabienes de Liniers por las ejecuciones de La Paz
ó las prisiones de Chuquisaca. — que, seguramente, él no hubiese
ordenado! Y venía también el correo de « abajo », portador de no-
ticias sólo desagradables todavía, pero que luego se tornarían com-
prometedoras y para él funestas. En sus cartas á Echevarría, alude
repetidamente al « mandarín n Cisneros, <( quien tan pronto abo-
rrece como estima, exalta y humilla, premia y castiga )>. La con-
ducta del débris de Trafalgar para con Liniers seguía en efecto siendo
inexplicable, con parecerse mucho á la que con Elío observaba.
Siempre vacilante entre buscar apoyo en el partido español y hala-
gar al criollo (cuyas intenciones, por otra parte, desconocía por
completo), el pusilánime virrey se obstinaba en solicitar de Cádiz
el llamamiento de los dos ex gobernantes, cuya presencia alarmaba
su mediocridad asombradiza, sin prever la hora cercana en que
había de mendigar el concurso del uno y deplorar la ausencia del
otro. Al fin el proteiforme gobierno español cumplió sus votos, en la
forma incoherenteque acostumbraba y que tan en alto dejaba su serie-
dad administrativa : en i6 de enero, la Junta de Sevilla ordenaba
í'on urgencia el embarco de Liniers y Elío ; y el 24 de febrero, la
Regencia de Cádiz nombraba á éste capitán general de Chile, diri-
(ij Documento n' 3i bis. Esto doctor Echevarría es el mismo que, con los doctoro»
<lon José Darregueira, don P. Medrano y don Simón de Cossio, fué designado para inte-
grar la Audiencia el dia (a 3 de junio de 1810, G<Kela^ n' 4) en que eran embarcados Io<«
oidores con el virrey. Echevarría hLeo larga y provechosa figuración, aunque nunca en
primer término, sin duda por su falta de carácter. En 181 1 fué colega de Belgrano en su
mifiónal Paraguay, y con este motivo escribe el señor Mitro (&«/^pano, U, 19) : « Belgra-
no representaba en ella el candor, la buena fe, la altura de carácter : Echevarría la
habilidad... ». Perfectamente pensado y dicho; por eso el « hábil » no llegó nunca á la
gWia. Ix» pueblos no consagran sino á los tipos sencillos y « de una piesa » : la fuerza,
con Napoleón : la santidad, con Vicente de Paul ; la honradez, con Washington — 6
Belgrano.
193 ANALES DE LA BIBLIOTECA
giéndole á Montevideo las instrucciones para que se trasladara, sin
pérdida de momento á su destino. Naturalmente, EHo cumplió la
primera orden, embarcándose á principios de abril, y cuando, un mes
después, llegó la segunda, se encontraba cruzando u urgentemente »
el ecuador (i).
En cuanto á Liniers, que también recibió á fines de marzo una nue-
va intimación para trasladarse á España, muy pronto hubo de com-
prender que serían vanos sus efugios dilatorios. Con inaudita acti-
vidad y no menos admirable complacencia, Cisne ros aceleró los pre
parativosdel embarco como si en el viaje de su predecesor cifrara una
victoria : á todo hallaba fácil respuesta; no había exigencia que en el
acto no satisficiera. Desde principios de abril, los escribientes del
Fuerte no hicieron sino extender y copiar oficios relativos á la di-
chosa marcha. Después de la prevención general, en que avisa al
comandante de marina que « debiendo trasladarse á España el
Excmo. Virrey que fué de estas Provincias, le ha ofrecido la corbe-
ta Descubierta para que pueda transportarse con toda la comodidad
y distinción que es correspondiente ásu rango»; el i6: oficio al
comandante del bergantín Belén, para que conduzca á Montevideo
al Excmo; el i8 : oficio al comandante del falucho Fama para que
aguarde en San Nicolás y conduzca al bergantín Belén al, etc. ; el 2 1 :
oficio al gobernador interino de Montevideo, don Joaquín de Soria,
para que reciba de paso con todos los honores debidos al Excmo.
señor... ut sapra, Pero, á última hora, el presunto viajero manifes-
tó ser retenido por ciertas dificultades económicas, sólo salvables
(insinuaba) mediante un auxilio de 8000 pesos, « sin perjuicio de
la liquidación de los 55oo pesos del pago de Alta Gracia, quedando
(i) Véaaae loa documontos ig, i^bisy a^. Dice Elio, en su Manifiesto citado, pá^na >> '
« ¿ Cuál seria mi sorpresa cuando, al presentarme en Cádiz á la Regencia y Ministros*
unos y otros me preguntaron la causa de mi venida... [pues] me habían enviado tres
meses hacia los despachos de Capitán general de Chile ? » La ignorancia de los ministros
es explicable... en Cádiz, pero no la sorpresa del embustero que traía en su maleta U
orden anterior de la Junta. Sabido es que el incorregible navarro volvió al Plata, en
enero del año siguiente, como virrey in partibas infidelium.
SANTIAGO LINIERS 198
hipotecada la pensión [de su título] y la misma hacienda )>. ¡Nunca
lo insinuara! Todo fué en el acto concedido y facilitado; en 3o de
abril, el gobernador de Córdoba comunicaba haberse entregado á
Liniers, por aquellas cajas, la suma acordada, quedando autorizado
donjuán Périchon para percibir allí mismo, de los fondos de Taba-
cos, la pensión de cien mil reales dejada por Liniers á su « benemé-
rita familia »... Cisneros gastaba en verdad para su « inolvidable
amigo » el puente de plata que debe ponerse, según el refrán, al
enemigo que huye.
Sea cual fuere el propósito de Cisneros y sus consejeros, no es
dudoso que con sus instancias y providencias trabajaban sin saberlo
por la salvación de Liniers. Hubo así, durante dos meses, una
conspiración inconsciente de los hombres y las circunstancias para
substraerle á su suerte fatal ; tanto que, comprometida su palabra, ya
en posesión de su viáfico y, por decirlo así, arrastrado á la puerta de
salida, el infeliz virrey, casi salvado á pesar suyo, se apercibió seria-
mente para su viaje de ultramar, empleando en los últimos arreglos
y preparativos aquellas semanas de mayo. Podía embarcarse tran-
€[uilopara la Península, en demanda de reparación y justicia. Nin-
guna inquietud le quedaba respecto de los suyos ; bajo la protección
de su hijo maypr y su yerno, rodeada de parientes y amigos, su
familia había de compartir entre la estancia y la ciudad la cómoda
existencia, teniendo bien asegurado su bienestar. A última hora, se
resolvió amigable y satisfactoriamente un asunto relativo á su pro-
piedad de Alta Gracia : el antiguo propietario consintió en cederle
la legua de campo que se había reservado sobre el arroyo de Anisa-
cale, y Liniers tuvo que irá Córdoba para extender la escritura (i).
(i) De unaioieresante carta, que el doctor Julio Rodríguez escribió sobre el asunto al
doctor Ramón J. Cárcano, y que éste se ha servido comunicarme, extraigo estos datos com-
plementarios y extraídos de las mismas escrituras de venta : a Del precio (de Alta Gracia)
se deja en poder de Liniers SSoo^pesos para pagar lo que aún debe Rodrigues al rei por
capital é intereses de su compra (que fué por 8000 pesos). Es cláusula del contrato
que Liniers tendrá el patronato de la iglesia, como lo tenia Rodrigues. En 26 de marzo
de i8ai, doña Carmen Liniers de Périchon y doña Enriqueta Liniers, por sí y como
AVAUS DB Vk BIBLlOraCA. T. lU 1 3
194 ANALES DE LA BIBLIOTECA
Consta por ésta que el acto se realizó el 25 de mayo de 1810: al
pronto, esta fecha fulgurante sólo significó para él una formalidad
de escribanía. Allí le sorprendió, álos cinco ó seis días, el anuncio
formidable, en casa de su amigo Concha, en la Plaza Mayor (i).
Vanos habían sido todos los esfuerzos de los hombres y de las cosas
para arrancar del libro fatídico la página de sangre: nadie se libra
de su destino, y era el del penúltimo virrey servir de víctima propi-
ciatoria á la Revolución.
III
El 1 3 de mayo de 18 10, arribó á Montevideo la fragata inglesa
Parts, capitán Wichard, con cincuenta y tres días de navegación
de Gibraltar, y trayendo por consiguiente noticias de Andalucía
hasta el 20 de marzo. El virrey Cisneros miró imposible ocultar
esta vez los hechos materiales. El 18, dirigió álos « leales y gene-
rosos pueblos del virreinato » una proclama en que pintaba á las
tropas francesas « derramándose por las Andalucías como un torren-
te que todo lo arrastra »; agregaba que España, á pesar de estos de-
tutora de sus hermanos menores José, Santiago *, Mariano, Tomás y Dolores, por inter-
medio do su apoderado don Juan B. Echevarría, venden en remate público, con autori-
zación é intervención del gobierno, á don Manuel J. Solares la estancia de Altagracia por
iSooo pesos; del expediente consta que estaba abandonada ».
(i) López y otros historiadores aceptan la versión del capellán don Pedro A. Jiménez
(transcripta eri Torrente, I, 6g) según la cual «el joven Lavin, portador de las comunica-
ciones de Cisneros, salió de Buenos Aires el a 5 á la noche y llegó á Córdoba á las once
y media de la noche del aS ». Veremos luego cómo el viaje de Lavin no se refere ¿este
primer anuncio, pero no es admisible que nadie hiciera en tres días el trayecto. De
Buenos Aires á Córdoba hay 700 kilómetros, ó 163 leguas argentinas, que serian más
por el antiguo camino del Perú (las postas cobraban entre 170 y 180. s^^n fuera la
tolerancia de los gobiernos) : un término medio diario de 5/i leguas, durante tres días,
sería una hazaña apenas creíble do varios jinetes que se relevasen y con tropa de caba-
llos: de un hombre solo, por la posta, con las demoras inevitables, es imposible. En
realidad, las primeras noticias, que se tuvieron el 3o, sólo alcanzaban al a3.
* Estos dos eran mayores y ausentes : por ellos estarla el apoderado.
SANTIAGO LINIERS 196
sastres, estaba muy distante de abatirse y « rendir su cerviz á los
tiranos ». El enfático documento terminaba con la peligrosa decla-
ración de que, aun en el caso de haberse perdido España, le queda-
rían á la independiente monarquía a estos vastos continentes ».
Precisamente la faz más grave de la situación peninsular, y que
en esta capital se comentaba aunque Gisneros la desmintiese, era lo
de haberse acogido al rey José y sus tenientes, en las principales
ciudades de Andalucía, con muestras inequívocas de adhesión y
rendimiento : Sevilla y Málaga habían abierto sus puertas sin resis-
tencia ; el general Sebastiani fué recibido en Granada por una di-
putación del clero y de u hombres prudentes » ; en Górdoba el rey
José hizo una entrada triunfal : « salieron diputaciones á felicitar-
le, cantóse el Te Deum, hubo fiestas públicas en celebración del
triunfo, y (dice el historiador clásico del Levantamiento) esmeróse
el clero en los agasajos (i) )). Enfrente délos vencedores, apoya-
dos ahora, más que en sus ejércitos, en el acatamiento y la resig-
nación de los vencidos, sólo quedaba un fantasma de gobierno ilegal,
refugiado en la Isla de León ya batida por el enemigo : una Regen-
cia heredera de la desacreditada Junta, que sólo había podido legar-
le su impotencia y gérmenes de anarquía (2). Tal era la situación
presente y evidente de la Península, en los primeros meses de 18 10;
y si, como lo hemos visto, el mismo Wellington la juzgaba deses-
perada, no había de exigirse á estos coloniales que adivinasen ádos
(i) ToneNO, Historia del levantamiento ^ II, /ioo.
(a) El historiador López coafecciona aquí un extraordinario baturrillo (Historia, II,
'i58) : « El pueblo de Sevilla se había sublevado contra la Junta Central. Los miembros
de ella habían tenido que huir del furor popular. En Cádiz habían sido depuestos y
perseguidos como traidores. Los unos habían sido encarcelados y los otros deportados,
mientras el pueblo creaba, de su propia autoridad, nada menos que una Hegeneia de Es-
paña y de las Indias... í> Es pura fantasmagoría. La translación de la Junta á la Isla de
León estaba decretada desde el i3 de enero: al acercarse los franceses, los vocale» se
pusieron en viaje upara no caer en manos del enemigo o (Toreno). En Cádiz, cierto es
que estalló un tumulto contra la Junta, el 3o de enero, pero el 3i fué su último acto
gobernativo designar é instalar una Regencia de cinco individuos, uno de éstos ameri-
cano (¡ á buen tiempo I) ; sólo entonces se disolvió la Central, sin que el pueblo tuviese
la menor parte en la creación de la Regencia.
I 96 ANALES DE LA BIBLIOTECA
mil leguas lo que se ocultaba al general inglés. Sobre la base, pues,
de la pérdida de España ó sea su ocupación, al parecer definitiva, por
los franceses, se levantaron los proyectos de los patriotas y se ini-
ciaron sus primeros ensayos de realización ; no sin muchos errores
y contradicciones, si bien con un propósito emancipador, vago y
mal formulado al principio, pero que reaparecía y tomaba consis-
tencia á raíz de cada desacierto hasta imponerse á todos como el
único fin de sus esfuerzos.
La noche misma del 18, en que las gravísimas noticias circularon
por la ciudad, reuniéronse en casa del coronel Martín Rodríguez
varios patriotas (i) ; pero estaban ausentes de la ciudad algunos de
los principales, y desde luego Saavedra, el comandante de Patri-
cios, de cuyo concurso dependía cualquier determinación. Encar-
góse el mayor Viamonte de llamar á su jefe, quien, efectivamente,
llegó de San Isidro el día siguiente. Después de enterarse de los su-
cesos, manifestó sin ambajes que labora era llegada, y, por pronta
providencia, ordenó á las fuerzas de su mando permanecer en sus
cuarteles « completamente municionadas » . La « Sociedad de los sie-
te » citó á sus afiliados y algunos más para la noche del ig, en casa
de Rodríguez Peña. Allí concurrieron, en número de doce ó catorce
entre militares y civiles, los promotores de la independencia, Saa-
vedra, Belgrano, Peña, Passo, Ghiclana, Vieytes y otros, — con
excepción de Moreno, á quien indebidamente se ha hecho figurar
entre los obreros de la primera hora (2). La actitud de la junta y la
(i) Para estos preliminaros ocultos de la revolución, suministran algunos detalles inte-
resantes la Memoria de Saavedra y el Fragmento de Rodríguez ; pero uno y otro docu- J
mentó deben usarse con reserva y precaución, pues se resienten de la falta de memoria
de los testigos envejecidos. Asi, para el detalle á que esta nota corresponde, siendo se-
guro que hubo una reunión preparatoria y parcial el i8 & la noche, parece mis
probable que ésta se realizara en la casa do Rodrigues (Cangallo, frente á Catalanes),
que en la de Viamonte, como afirma Saavedra : éste estaba ausente, y aquél dos veces pre-
sente, si tal puede decirse, como actor y dueño de casa.
(a) Más extraño aún es ver. según el señor Mitre (Belgrano^ 3o4)« á don Juan Mar-
tin Pueyrredón, en mayo de 18i0, «convocando sigilosamente á su casa á todos los jefes
militares, entre los cuales se encontraban algunos jefes españoles. . . » Agrega el historia-
SANTIAGO LINIERS 197
índole de la prolongada discusión se infieren Je algunos documen-
tos — si bien contradictorios en los detalles — y, sobre todo, de los
hechos posteriores. ¿ Cuál fué, con efecto, la resolución unánime-
mente acordada? La de obtener del Cabildo, y por éste del virrey, lá
autorización necesaria (mantenido el principio legal) para convocar
al vecindario pacífico, al objeto de decidir si era ó no llegado el caso
de subrogar á dicho mandatario por una Junta gubernativa. Esta
conclusión resultaría, evidentemente, del examen que se hizo, á la
luz de los últimos sucesos, de la situación que el estado de la metró-
poli creaba para las colonias. Confesado por el mismo virrey el ani-
quilamiento de la causa por él representada y el indiscutible predo-
minio déla contraria, no quedaba para las colonias americanas más
alternativa que someterse al poder establecido de José, como lo ha-
cían todos los gobiernos que con España no estaban en guerra, ó si no
reasumir cada una de éstas su autonomía, según el ejemplo de las
provincias peninsulares. Siendo el primer partido sentimental y
politicamente impracticable, — y por cierto que de Cisneros abajo
no había español que lo aconsejara, — sólo quedaba el segundo,
cuyas dificultades y riesgos no debían tenerse en cuenta, si resulta-
dor qae «era la repetición de la Junta que nueve meses antes habia tenido lagar en la
misma casa...» No hay repetición sino en el texto del señor Mitre. Pueyrredón estuvo
ausente del Rio de la Piala sin interrupción, desde agosto de i8og hasta el nueve de ju-
nio de 1810. en que volvió del Brasil y tomó tierra en la costa argentina, u veinte y cin-
co leguas al sur de esta capital». (V. el folleto do Pueyrredón : Refutación d ana atroz
calumnia). Zinny y Guido confirman el hecho, pero su testimonio no tiene valor : cuando
no copian á Pueyrredón, incurren en paparruchas como la escena patética entre doña
Juana P. de Sáenz Valiente y Cisneros en el Fuerte, en julio de i8oy. cuando el virrey
estaba todavía en la Colonia. — Sóbrela estancia de Pueyrredón en Río de Janeiro, véase
la carta de Casa Irujo, documento número 33. El señor Mitre ha sido inducido en error
por M. Rodríguez, cuya página (10, en la Biblioteca del Comercio del Plata^ V) ha
transcripto casi literalmente, en el mismo capitulo en que nos pone en guardia contra las
inexactitudes del Fragmento, dictado casi in articulo mortis. Empero, á falta de cualquier
documento, ¿cómo no bastó el sentido critico, el simple buen sentido, para dar el alerta
ante el absurdo de estar en Buenos Aires, á principios de mayo de 18 10, un personaje
como Pueyrredón. que junta en su casa á los jefes patriotas, y luego se desvanece, sin
qae se halle en parte alguna quince días después, durante la revolución, ni siquiera
entre lo« vecinos del cabildo abierto?
1 9» ANALES DE LA BIBLIOTECA
ba ser el único posible. ¿ Merecía tomarse en consideración el arbi-
trio, propuesto naturalmente por el virrey, de seguir como antes,
afectando las colonias desentenderse de un acontecimiento que tras-
tornaba el principio de su existencia, y continuando amarradas á
un cadáver ? Dos años hacía que el virrey no era sino el represen-
tante de un rey fantasma : ahora, desaparecida la Junta Central,
aquél venía á ser la ñcción de una ficción, un título vano, un simu*
lacro verbal, — y las colonias, pobladas de seres reales y conscien-
tes, á convertirse por tiempo indefinido en satélites de un astro
ausente !
Tales fueron, sin duda, las cuestiones que en aquella noche se abi-
taron, y en cuya solución no dejarían de pesar las circunstancias
individuales del mandatario apocado é impopular, que aparecía re-
sumiendo en su persona la incurable caducidad del régimen agoni-
zante. Con todo, debe observarse, — según del primer cabildo abier-
to se deduce, — que la opinión de la mayoría no se adelantaba
entonces á la instalación de una Junta de gobierno y vigilancia que
no excluía de su seno al virrey, análoga á la de Montevideo y tam-
bién á un proyecto anterior de Moreno. Pero no se camina á pasos
contados por la pendiente revolucionaria; una vez abierta la menor
brecha en la vetusta muralla de la tradición, ella había de ensan-
charse y ahondarse más y más hasta dar paso libre al pueblo des-
bordado.
Por lo pronto, en cumplimiento de lo resuelto en la reunión de
la víspera, Saavedra y Belgrano tuvieron el día 20 una conferencia
con el Alcalde de primer voto don Juan José Lezica sobre el pro-
yecto de cabildo abierto, mientras Castelli se acercaba con el mismo
objeto al Síndico procurador don Julián de Leiva, cuya influencia
en el Cabildo era más decisiva aún (1). A pesar de ser americanos
ambos capitulares, la solicitud de la junta fué acogida por Leiva
con cierta frialdad, y por Lezica con marcada repugnancia; sin
(i) Esta designación de los diputados es la que da Saavedra : puede que se agregaran
algunos otros, según se dice en el Acta Capitular del ai.
)
SANTIAGO LINIERS 199
^^mbargo, dominados por la enérgica insistencia de sus interlocuto-
^»*es, fueron el mismo día á consultar al virrey, quien, después de
'«Huchas objeciones, se mostró dispuesto á ceder á un pedido escrito
<3el Ayuntamiento. Con todo, Cisneros convocó aquella misma tar-
de i los jefes de cuerpos en la Fortaleza para sondar sus intenciones,
íl mismo confiesa, en su Informe al Rey ^ que sintió el terreno mi-
nado por los « facciosos » : Saavedra, en nombre de todos los crio-
llos, manifestó la urgencia de un congreso popular que estatuyese,
no sólo sóbrela actitud, sino sobre la composición de la autoridad
que las circunstancias demandaban (i). El Cabildo se reunió al día
siguiente. 21, alas 9 de la mañana; y hallábase tratando con cierto
^lesgano de «lo conveniente á la república», cuando vinoá estimu-
lar su celo « un número considerable de gentes que se agolpó á la
\ ^^laza Mayor (2) », pidiendo á voces el cabildo abierto : eran eviden-
*eniente los exaltados del conciliábulo que comenzaban á pesar en las
\ ^"^'^raciones de las autoridades, lanzando á la calle sus elemen-
tos T . ' .
' ^'^mediatamente se redactó el oficio al virrey, pidiéndole con-
/ ^Ose <, permiso franco para convocar, por medio de esquelas, la
ft/ucip^ y más sana parte del vecindario, á fin de que, en un con-
^tef^o Publico, exprese la voluntad del pueblo. Y se sirva disponer
0^& en ^1 ¿{g^ jgi congreso, se ponga una reforzada guarnición en
Xa^av^j^jj^g de la plaza, para que contenga todo tumulto y sólo per-
^í^trar á los que con la esquela de convocatoria acrediten que
^^^^ llamados (3) » . El oficio fué llevado á Cisneros por los cabil-
Cl^ 13*1
^'^ señor Mitre continúa aceptándola versión de Martin Rodríguez que, visible-
. . * ^Qt la breloqae en todo este episodio, confundiendo esta entrevista con otra po»-
fp, ' Plasta se apropia y coloca fuera de lugar este rasgo tintamarresco de Rodríguez
^^^nlo, 9. Cf. Belgrano^ 1, 3o9) que pertenece á una conferencia de principios de
<< Martin Rodrifuez diio con marcada intención : Eso se verd mañana ! — Cisneros
^ sordo no le oyó : pero los oidores quedaron pálidos... » Naturalmente, los oido-
^oiaui oído !! Cf. López, Historia^ 11, t^^i■ No parece sino que la sordera de Cisne-
^^ra el rasgo característico de la situación.
^^) Acta capitular del ai de mayo. En general la edición del Registro es mejor que
^ Angelis, plagada de errores.
v^) Ibid. AUi también se transcriben el oficio del Cabildo y la contestación del virrey.
aoo ANALES DE LA BIBLIOTECA
dantes Ocampo y Domínguez, con pedido de pronta contestación ;
ésta llegó antes de la hora, conforme á lo solicitado, aunque en-
vuelta la aquiescencia en fórmulas entonadas que ocultaban mal la
entrega á discreción. Entre tanto, no se disolvían los grupos de la
plaza ; á las explicaciones que daba el Síndico desde el balcón del
Cabildo, contestaban ya clamores insólitos exigiendo la deposición
del virrey. Sólo Saavedra, llamado átoda prisa, logró apaciguar el
tumulto con la promesa del cabildo abierto para el día siguiente.
Entonces aplaudieron y se retiráronlos manifestantes, llenos de jú-
bilo, aunque ninguno de ellos tuviera esquela ni formara parte
del sano vecindario.
El cabildo abierto del 22 de mayo señala el acto decisivo de la
revolución argentina. A él concurrieron para combinarse ó comba-
tirse, las fuerzas varias, añnes ó refractarias, que de años atrás ve-
nían trabajando el complejo organismo. Tendencias atávicas, pri-
vilegios de sangre y casta, rivalidades profesionales, antagonismos
de fortuna y condición, fanatismo religioso ó político, sedimento
de desprecio en unos, de rencor en otros, depositado por dos siglos
de abusos ; aspiraciones democrátix^as, en que el impulso social á
la igualdad no se divorciaba del prurito antisocial de indisciplina y
anarquía: apego rutinario á la tradición, que con ser mera sumi-
sión al hábito se apellidaba « experiencia » ; vagos deseos de trastor-
nos, disfrazados de anhelos reformistas ; cálculos del interés y la am-
bición, junto á los purísimos ideales del patriotismo ; sed de nove-
dad en los jóvenes, aprensión de lo desconocido en los viejos (i);
que principia asi : uAcabo de recibir el oficio de V. E. de esta fecha, ahora qae son
las diez de la mañana, y enterado de su contexto, estoy desde luego pronto á acordar
á V. E., como lo ejecuto, el permiso que solicita para el fin y las condiciones qae me
indica... » Sean cuales fueran, pues, las resistencias internas y muy naturales del manda-
tario español, no se puede decir, como lo hace el señor López (UI, 7) que «Cisneros
se había opuesto hasta más no poder... » Es apenas si su oposición, más oficial que per
sonal, llegó hasta el cumplimiento de su deber.
(i) TAcito, Ánnal. XV, xlvi : Ut est [pópalas J novaram reram enpiens pañdus"
qae.
SANTIAGO LINIERS aoi
en todos, la conciencia de un cambio necesario, aunque sólo subs-
tituyese en el escudo nacional el símbolo popular al antiguo emble-
ma dinástico; en nadie, la visión, siquiera confusa y aproximativa, del
edificio futuro que de los escombros coloniales podía y debía surgir :
tales eran los móviles encontrados, caótica amalgama de preocupa-
ciones heredadas, sentimientos sugeridos é ideas reflejas, que im-
pelían hacia la Plaza Mayor, en aquella mañana de invierno, á la
mayoría de los pacíficos vecinos por el Cabildo convocados. Con to-
do, de tan diversos y contradictorios componentes, había de resul-
tar, por la curiosa ley de las compensaciones, un compuesto lógico
Y prácticamente superior á cualquiera de ellos, á manera de ciertas
aleaciones, que sólo presentan las propiedades útiles, sin los defec-
tos, délos metales constituyentes (i).
Desde las nueve de la mañana del martes, 22 de mayo, halláron-
(1) El documento capital, para el estudio de este prólogo revolucionario, es el Acta
del Congreso general anieniicsíáa por el Escribano de Gibildo. Por cierto que os incomple-
ta y no reproduce toda la realidad ; pero sólo allí está la verdad, siquiera descolorida y
fragmentaria, y todo ensayo de reconstrucción que no se funde en aquélla, flota en plena
conjetura. Mucho podría extraerse de dicho documento minuciosa y severamente anali-
zado : repito que en esto esbozo no me toca sino indicar las lineas generales, si bien to-
mada» directamente del único testimonio irrefragable, con las reservas que la crítica acon-
seja. Hemos visto ya cómo todas las deposiciones individuales, de testigos oculares ó de
oídas, adolecen de vicios insanables ; en sus páginas finales el Fragmento de Rodríguez es
una perpetua divagación ; la Memoria de Saavedra tqu^ ^n esta parte mejor se llamaría
Desmemoria) es un tejido de errores : baste decir que, después de fijar para el Cabildo
abierto el día 7o (« El 2 a [la Junta] principió sus sesiones, y nada se hizo en ellas que
mereciese la atención >*>!), dice que «la generalidad del numeroso concurso» se decidió
por el voto de Ruiz Huidobro ; el cual importaba el reconocimiento de la Regencia ! —
Manuel Moreno (Prefacio, cxxviii) para hacer más negra la n traición )> del Cabildo,
dice que la Junta del a4 « se componía del virrey y dos vocales europeos» ; sabido es que
los vocales de dicha Jui)ta eran Sola (clérigo), Castelli (abogado), Saavedra (militar) é In-
cháarregui (comerciante) : sólo el último era europeo, y había votado en el Cabildo
abierto con Sola, es decir, como Bclgrano, Castelli, Moreno, Passo, etc. De esta laya
Km los demás testimonios con parcial excepción del Informe de Cisneros. Sin embargo,
nuestros historiadores lo usan paralela, si no preferentemente, al único digno de fe. En
cuanto á las pinturas locales y fragmentos de discursos intercalados, son de pura fanta-
úa ; por lo que dan los escrit^ts, puede el lector juzgar lo que serán las « conversacio-
nes» reproducidas á medio siglo de distancia y con tres ó cuatro intermediarios.
303 ANALES DE LA BIBLIOTECA
se reunidos» en las galerías altas de la casa consistorial, los funciona-
rios y vecinos invitados para el cabildo abierto. La tarjeta de convo-
cación llevaba la doble advertencia de a asistir sin etiqueta algu-
na » y « manifestar esta esquela á las tropas que guarnezcan las ave-
nidas de esta plaza, para que se les permita pasar libremente n. De
los 45o invitados que, á juicio del Ayuntamiento, componían « Ja
principal y más sana parte del vecindario », concurrieron 244 exac-
tamente, fuera de los capitulares que, por supuesto, no tenían >oz
ni voto. El doble hecho de ser en su mayor parte españoles los abs-
tinentes y pertenecer las guardias de las bocacalles á la legión patri-
cia, motivó protestas y acusaciones de parcialidad contra Saavedra
y sus amigos ; éstos replicaron denunciando la formación sobrada-
mente europea de las listas municipales : probablemente unos y otros
tenían razón — como que á las maniobras electorales se preludia-
ba. Fué comentada la ausencia de Álzaga, Santa Coloma, Yillanue-
va y otros españoles notables, la cual tuvo por consecuencia la de sus
numerosos partidarios : á concurrir este grupo compacto y dócil, el
triunfo de los conservadores estaba asegurado... por algunas horas.
A la tentativa de escamoteo electoral, los patriotas contestaron con
el escamoteo de los electores adversos ; los centinelas cerraron la
entrada de la Plaza á la mitad de los españoles, dejándola abierta
para grupos populares que formaron un público borrascoso á la fun-
ción : Cisneros deja entender que algunos de estos « manólos » se
colaron entre los convidados. Sea como fuere, la composición del
cabildo abierto, que nada tuvo de plebiscito, reflejaba con bástanle
fidelidad la del vecindario « decente »; y si, aun con la poda antedi-
cha quedaba algo frondosa la sección española « de este comercio «n
no puede decirse que hubiera sido excluido un sojo criollo deviso e
importancia en razón de sus opiniones políticas (i). Respecto de la
nacionalidad, confieso que no he intentado un pointage riguroso
(¡ son tantos los obscuros « vecinos y de este comercio » !) ; pero no
(i) De los futuros miembros de la JunU gubernativa, sólo faltaba el español Larrea,
y ello, probablemente, por causa de ausencia de la ciudad ú otro inconveniente persoiMl
SANTIAGO LINIERS so3
parece dudoso que los americanos formasen la mayoría. Los prin-
cipales estados sociales se hallaban en esta proporción representa-
dos : Jefes y oficiales de mar y tierra, 6o : empleados civiles (inclu-
sos alcaldes y cónsules), 89 ; clérigos y frailes, 25 ; profesiones libe-
rales (dominando los abogados), 26 ; comerciantes, hacendados y
vecinos sin designación, 94 (i). La concurrencia, como hemos
dicho, ocupaba la galería superior de la casa consistorial ; el largo
balcón corrido quedaba abierto sobre la plaza, á vista del público
subrepticiamente introducido, como el escenario de aquella vasta
platea. Sentábanse los congregados en bancos traídos de las igle-
sias y puestos en filas transversales, haciendo frente al entarimado
del extremo norte» donde se colocaron, en sillas de brazos y delante
de la mesa con carpeta de terciopelo, el obispo, la Audiencia, los
altos funcionarios y el Ayuntamiento que presidía el acto (2). No
había orden prefijado en los asientos, y pudieron los concurrentes
(i) Sólo en el grupo de los empleados civiles tenían los españoles mayoria : entre.
I06 mismos militares dominaban los criollos, gracias á los cuerpos urbanos.
(3) Afirma Manuel Moreno {Prefacio^ cxxv) que « no se permitían espectadores
que no fueran de las personas convidadas, ni congregarse gente al interior del edificio
y cercanías do la plaza». Asi suele ceñirse á la verdad el «gravo escritor contemporá-
neo», como le llaman los que son menos graves que él. Consta por todos los testimonios
de griegos y tróvanos que la Plasa Mayor fué llenándose poco á poco de grupos popula-
res, muchos de ellos con armas ocultas, que ejercían presión en la asamblea, prorrum-
piendo, á una señal convenida, en aplausos á los votos adversos al virrey y rechiflas á
los favorables. (Oígase á Belgrano, Saavedra, Cisneros, etc.) Los patriotas, aunque due-
ños de la plaza, pudieron temer una intervención violenta del cuartel de Miñones, con-
tiguo al Cabildo (V. Bklgraüo, Aulobiografla) ; pero nada se intentó, y, fuera de
alguna gritería, todos los testigos (incluso Cisneros, que lo atribuye á terror) convienen
en que no se produjo el menor desorden en la población. Saavedra (Memoria^ 38) habla
de la cinta blanca y azul (?) que pusieron en su sombrero muchos espectadores : corres-
pondería sin duda, como señal de ralliement^ al pañuelo blanco que, según Belgrano, de-
bía agitarse, en caso necesario, desde los balcones del Cabildo. En un manuscripto anó-
nimo de esta Bibliotoca, titulado Diario de varios sucesos^ veo el dato confirmativo
siguiente : « El día a a se vieron porción de Patricios y otros con cintas blancas y el re~
trato de Fernando VII; y estos mismos al siguiente día aparecieron con un ramo de
oliva en el sombrero. Hubo quietud en todo el pueblo todos los días, sin que se obser-
vase en él otra cosa que unidad y concordancia en las ideas, habiéndose notado que una
|>arte crecida de Patricios estuvieron armados de pistolas y puñales debajo de sus vesti-
dos, los cuales sostenían se depusiese el virrey ».
ao4 ANALES DE LA BIBLIOTECA
agruparse según sus afinidades y simpatías, como se deduce de la
votación, en que los votos idénticos y consecutivos al de un corifeo,
forman series más ó menos prolongadas.
Sin embargo, del acta capitular, atentamente analizada, se infiere
que, fuera de la deposición del virrey, en que todos eran unánimes, no
había precedido acuerdo general de los patriotas, acerca déla forma
de gobierno que provisionalmente había de substituirle; y los núcleos
uniformes áque he aludido parecían resultardejuntas privadas, cuan-
do no de simples relaciones amistosas. Mucho menos habrá de ad-
mitirse con los filósofos a posteriori de la historia, que uno solo de
los presentes llevara en su cabeza un plan de organización política,
aplicable al día siguiente de la emancipación^ que los más resueltos
de esos letrados entreveían bajo su forma jurídica, muy compatible
con el amor de la madre patria y su prolongada tutela. El brutal
hachazo, que dividiera para siempre este miembro de aquel tronco,
haciendo dos cuerpos independientes y luego enemigos de los que,
durante siglos, fueron partes solidarias de uno solo, con la misma
sangre, las mismas fibras nerviosas, el mismo sentir y el mismo
querer, — no lo preveían entonces los mismos que allí se sentaban
y serían llamados á descargarlo pocos dias después: ni Saavedra,
ambicioso frío, sin más arrojo en los actos que en las ideas, muy
viejo ya para revoluciones, y que brindaba su prudencia á los sucesos
queexigían audacia; ni Belgrano,inteligenciacrepuscularpoblada de
quimeras, alma blanda que el deber y el patriotismo tornaron he-
roica, á modo del puñado de arena que el fuego convierte en puro y
duro cristal ; ni Passo, orador firme y vacilante político, como que
su elocuencia fogosa envolvía un núcleo de escepticismo, y quien,
diez y seis años después, llegó á negar la grandeza de su propia obra,
con tal de combatir el primer ensayo de mitología revoluciona-
ria (i) ; ni Rivadavia, futuro protagonista del drama en cuyo pró-
(i) En el Congreso constituyente de i8a6. sesión del a 4 de mayo : proyecto para
levantar en la plaza del 25 de Mayo (no de la Victoria, cuya pirámide existia desde 1811
y se respetaba) un monumento á los autores déla revolución. La interesantísima discusión
SANTIAGO LINIERS ao5
logo no era sino comparsa : innovador fecundo si balbuciente
expositor, — vir bonos dicendi imperitas, — vigoroso forjador de
utopías, que tenia del estadista laautoridad, la energía activa y el
ascendiente moral, sin el sentido superior del realismo oportunista :
cerebro efervescente cuya radiación, sólo visible al porvenir, reme-
daba esas fogatas de leña verde que levantan nubes de denso humo
para los circunstantes, pero, fulgurando á la distancia, guían en In
noche al viajero perdido; ni Moreno, por fin: Saulo de la indepen-
dencia, antes de hallar el camino de Damasco que le tornara su
apóstol más eficaz y violento: hipóstasis genial de la revolución que
necesitó demoler para poder edificar, y á quien la posteridad per-
dona sus errores en gracia de sus inspiraciones, como la flota salva-
da del escollo por los relámpagos nocturnos, olvida el rayo que hi-
rió algunas víctimas... Y si estos jefes de fila marchaban asi á la
ventura, en vísperas de la maniobra decisiva, dicho se está que el
grueso de las tropas no sospechaba siquiera lo que del choque de
las pasiones ó intereses podía surgir. Con todo, realizóse tres días
después la imprevista maniobra, y en tal forma que apareció como
el corolario calculado y lógico de la situación. Tres días: el plazo
mismo en que debe ser destruido y reedificado el templo místi-
co (i). ¿ Será verdad que en cíertes recodos déla historia, brote del
frotamiento eléctrico de las masas una luz más intensa que la del
mayor cerebro individual, y que hay días cuyas horas preñadas de
virtud creadora valgan semanas para que en su breve término ger-
mine, florezca y madure aquel fruto inmortal de la idea? ¿O será,
más modesta y simplemente, que nos pasmamos, en nuestra igno-
rancia de las causas y los efectos^ ante nuestra propia plasticidad
para adaptarnos á los moldes impuestos por las circunstancias ?
se empeñó sobre la palabra subrayada como en torno de ana bandera. El canónigo Gorriti
estuvo admirable de penetración incisiva y filosófica despreocupación, no exenta de iro-
nía. ¡ LÁstima que no fuera porteño ! Hoy, el mismo asunto se trataría á trompetazos, v
en lugar do razones tendríamos todas las fanfarrias de las canciones de gesta : Sire Bo-
alnd, sonnez votre olifani!...
(i) Matth. XXVI, 6 1 : Possam destruere templante ei post tridaam reedificare illad.
3o6 ANALES DE LA BIBLIOTECA
El acto se inauguró con una breve proclama del Ayuntamiento,
leída por el escribano Núñez, y que trazaba en esta forma el pro-
grama del cabildo abierto : « Ya estáis congregados : hablad con toda
libertad, pero evitad toda innovación ó mudanza». Después délo
cual, lo único que lógica y evidentemente procedía era que cada ve-
cino se encasquetara su sombrero « de pelo inglés legítimo», que
seguramente á ninguno faltaba, y volviese á dormir la siesta en su
casa. Pero los notables no aceptaron el programa, — que recordaba
el del niño á quien se regala un tambor con la condición no meter
ruido, — y pudieron quedarse sin faltar á la lógica. Careciéndose
de toda experiencia de las asambleas deliberantes, no se habían for-
mulado previamente las proposiciones puestas á votación, de suerte
que, desde el arranque, salióse de madre la facundia meridional,
amenazando eternizar la plática (i). Abrió el fuego el obispo Lué,
excediéndose procazmente en celo realista, según el mismo Cisneros
lo deja entender, y provocando una réplica no menos violenta de
Castelli. Felizmente intervino el prudente y respetado síndico
Leiva para encaminar el extraviado debate, fijando el primer punto
en discusión, á saber: a si la Autoridad Soberana ha caducado ó
no en la Península » . Sobre esta disyuntiva no podía prolongarse
la discusión, asintiendo en lo primero los oradores, pero sien la
consecuenciaquedeesta premisa debía sacarse. Emprendieron al pa-
recer esta demostración, con argumentos contradictorios, el fiscal
Villota y el abogado Passo, sosteniendo el primero (según se dice)
que la reasunción de la soberanía, provisional ó definitiva, compe-
tía por igual á todos los cabildos del virreinato ; afirmando el
segundo que sólo en el de Buenos Aires quedaba depositada
dicha soberanía, hasta la reunión del Congreso por aquél convo-
(i) Parecería deducirse del Acta capitular, del Informe de Cisneros y aun de laJIÍ^*
mona de Saavedra, que los concurrentes sólo hablaron al fundar su voto; sin embargo, los
historiadores concuerdan en que precedió una discusión general, y sin duda tenían el
dato por tradición de algunos actores. Sea como fuere, los discursos é incidentes anali-
zados ó comentados en las obras de Mitre y López son meras inducciones de sus autores
y carecen de autenticidad.
SANTIAGO LINIERS 207
cado (i). Este paso de armas dialécticas contribuyó, más que á
ilustrar la cuestión ó arrastrar opiniones indecisas, á templar el
ambiente de la asamblea, que hasta entonces se había mantenido en
equilibrio con la fría temperatura exterior. Después de rechazarse
varias mociones, fué aprobada la siguiente : a Si se ha de subrogar
otra autoridad á la superior que obtiene el Excmo. señor Virrey, de-
pendiente de la soberana que se ejerce en nombre del señor don
Fernando VII, y ¿en quién?». Sobre estas dos proposiciones se
pronunciaron los votos individuales, habiéndose decidido que
éstos serian públicos, es decir, dictados en voz alta al actuario y
según el orden sucesivo de los asientos.
Resultaría muy instructivo é interesante un análisis razonado de
aquella votación que demuestra, más elocuente y sólidamente que
todas las frases retóricas, el estado fluctuantede los espíritus, — aun
de los que poco después afectarían rigidez jacobina ; pero es labo-
rioso y no favorece el énfasis : doble razón para que no se haya
realizado cumplidamente (2). Aunque no me toca ensayarlo aquí,
señalaré^ sin embargo, los votos más significativos ó los que se
emitieron por fracciones importantes de la Asamblea.
Fuera del obispo Lué, el brigadier Orduña, el contador Oromi
y un par de acompañantes que se opusieron á cualquier innovación.
''i) Dado que Villota» órgano de la Audiencia, sostuviese la tesis que nuestros
glosadores le atríBuyen, pues era contraria á la teoría histórica que más do un año an-
tes (decreto de 33 de enero de 1809) había presidido á la convocación de las Cortes ; allí
se establecía (como ya lo tenemos indicado) que cada virreinato formaba nn distrito
electoral para elegir aa solo diputado á cortes, resultando éste de la designación hecha,
entre los candidatos presentados por los cabildos, por la Junta de gobierno de la capital. En
todo caso, ni el voto de Villota (conforme al del oidor Reyes : el virrey asesorado por
el primer alcalde y el sindico) ni el de Passo (conforme al del doctor Chorroarin) : el
cabildo hasta la formación de una Junta, con voto del sindico) aluden á un congreso de
delegados de las provincias interiores, siendo asi que formulan esta condición muchos
otros votantes.
(3) Sólo el historiador Domínguez ha esbozado este análisis, pero tan incompleta é
inexactamente que no puede sino extraviar á quien le siguiera. Hoy por hoy, no existen
&iao sus materiales en el Acta capitular : documento de primer orden que, debidamente
estudiado, daría la mejor explicación del movimiento de Mayo.
3o8 ANALES DE LA BIBLIOTECA
no había entre los concurrentes quienes no admitieran la conve-
niencia de modificar el personal gubernativo : desde los que con-
sentían apenas en asesorar al virrey, hasta los que querían residen-
ciarle, cabiendo entre ambos extremos todos los matices interme-
dios. Los patriotas saludaron con aplausos — que en cierto modo
duran todavía — el voto del jefe de escuadra Ruíz Huidobro(i),
quien, por ambición personal, pidió la destitución de Cisneros y
su reemplazo interino por el Ayuntamiento ; le acompañaron ^3
votantes, principalmente militares, pero también algunos crio-
llos de nota : entre otros, Ghiclana, Yieytes, Balcarce, Viamonte,
Rodríguez Peña... Más honorable fué la actitud del oidor Reyes que
personificó la resistencia lógica de los empleados españoles, acep-
tando condicionalmente el término medio que antes indiqué; vo-
taron como él por la permanencia del virrey, acompañado del Al-
calde de primer voto y el Procurador, no menos de 44 españoles,
togados y funcionarios en su mayoría, además de los antiguos ca-
pitulares y comerciantes ricos: era el grupo compacto de la reac-
ción. Por la otra parte, eiLceptuando una docena de opiniones singu-
lares, algunas de las cuales merecen atención^ puede considerarse
que todos los votos restantes, que pasaban de 120 con predominio
de los patriotas, eran asimilables al de Saavedra y sus íntimos,
como que en substancia lo repetían expresamente.
Además de la importancia política de su autor, es notable el
voto de Saavedra, por cuanto refleja fielmente, con su mezcla de
acierto y error, de sentido práctico y ambigua fraseología, el es-
píritu vacilante del futuro Presidente de la Junta. Opinaba por la
deposición del virrey y la entrega del mando al Ayuntamiento
(( Ínterin se /orma la corporación ó junta que debe ejercerlo, cuya
/ormac/ondebe ser en el modo -^ forma que se estime por elExcmo.
(1) El señor Mitro (Belgrano, I, 826) le llama u personaje respetable» ; era, según
Presas, un marino de antecámara, « cuyo cuerpo exhalaba más olores que una perfume-
ria. Sus mayores hazañas en América fueron entregar á Montevideo, y persegnir el go-
bierno por la intriga y la traición. Pero, ¡ traicionó á su país por la buena causa : y
helo hecho ya todo un varón de Plutarco !
SANTIAGO LINIERS aog
Cabildo, y no quede duda de que el pueblo es el que confiere la
autoridad». El último inciso, que acaso no fuera en la mente de
su autor sino una simple frase de proclama, dejaba entrever pro-
pnSsitos de independencia, que excedían y por mucho el programa
actual ; mientras el anterior, confiriendo al Ayuntamiento facul-
tades al parecer omnímodas, abría la puerta á la interpretación
abusiva que le dio el Cabildo, y que no pudo reprimirse sino rom-
piendo la valla de la legalidad. No adoptaron literalmente la fór*
muía de Saavedra sino diez y seis votantes, frailes ó burgueses los
más, no figurando entre ellos ningún revolucionario acentuado, ni
oficial de Patricios. Tampoco acompañaron éstos al inmediato co-
ronel Pedro Andrés García, que hasta en su voto se mostró ver-
boso y sólo conquistó á once descoloridos vecinos (i). Quienes
juntaron la mayoría patriota verdaderamente representativa, fueron
el comandante de Arribeños,. Ortiz de Ocampo, y el comandante de
Húsares, Martin Rodríguez, cuyo dictamen, análogo al anterior,
« reproducía el de don Cornelio Saavedra en todas sus partes,
añadiendo que tenga voto decisivo el señor Síndico procurador ge-
neral », Esta moción única, con dos autores distintos, reunió 63
sufragios, contándose entre ellos los nombres más ilustres de la re-
volución : Moreno, Rivadavia, Relgrano, Castelli, López, Tagle,
Echevarría, Campana, Darregueira, Escalada, etc., etc. (2).
Si bien el peso de esta masa más ó menos homogénea fué lo que
(i) El voto de García, que ocupa ai renglones del Registro, agrega al de Saavedra
U presencia del Sindico procurador en el gobierno: es idéntico al de Ortiz de
Ocampo.
(a) Merece señalarse la particularidad de que, aun al aceptar la misma fórmula, los
▼otantes hacían constar sus preferencias personales, mencionando, no al primer autor
de la moción, sino á tal ó cual de sus adherentes : asi, además del grupo que « se con-
formaba con el parecer del señor Saavedra » (Belgrano, V. López, Castelli, etc.), habia
los cpie reproducían el dictamen del señor don Martín Rodríguez (Moreno, Riva-
davia, Echevarría, etc.); también tenían su núcleo Terrada (Matheu, Campana, Ara-
na, etc.), Belgrano (Pinedo, Donado, Pinto, Beruti, etc.) y hasta el atropellado French
(Qrma, Dupuy, Arzac). Por fin, no escaseaban los incoercibles charladores, como Az-
cuénaga ó Escalada, que, para mostrarse conformes, derramaban su arenga, logrando asi
que Uegaran las doce de la noche sin terminarse la votación.
A9ALBS DB LA B»LIOTBCA. T. lU I^
aio ANALES DE LA BIBLIOTECA
obró decisivamente en el resultado inmediato, deben, con todo, to-
marse en euenta ciertas iniciativas que, al parecer, no cayeron en
vago, puesto que las hallamos incorporadas al programa de
los patriotas. Entre estas mociones fué la más importante la del
doctor Sola, cura de Monserrat, sujeto de grandes virtudes y pres-
tigio, cuya edad, sin duda, le impidió desempeñar en la Junta de-
finitiva el puesto que tuvo en la provisional: consistió la novedad,
que no reunió menos de i8 adherentes (i), en agregar á la fórmula
de Ortiz la condición de convocarse en brevedad un congreso de
delegados provinciales. También ofrece algún interés la cláusula
introducida por el doctor Colina sobre asociarse al virrey cuatro
consejeros, representantes respectivos de la milicia, el clero, la
justicia y el comercio. Pero lo tiene aún mayor el voto de don
Manuel Hermenegildo Aguirre, que propuso asociar al Cabildo á
los vocales Saavedra, Moreno, Passo, Castelli y Leiva, constitu-
yendo así de antemano (con excepción del último) el verdadero
núcleo gubernativo de la Junta futura (2).
Con motivo, — ó pretexto, — de haberse prolongado la votación
bástalas 12 sin terminarse {3), el Ayuntamiento suspendió la sesión
hasta el día siguiente, negándose á practicar el escrutinio que los
americanos exigían. El triunfo evidente de estos últimos explicaba,
si no justificaba, el « obstruccionismo » de los capitulares. Disol-
vióse, pues, la reunión en medio de protestas y comentarios contra-
dictorios. Pero los patriotas estaban en la verdad : el cabildo abierto
(i) Mochos de eUos clérigos, como los doctores Belgrano (D.), Sáeiu, Viejtes (R).
Alberti, Grela, etc., y también algunos grosbonnets del comercio, como Léxica, Letamen-
di, Incháurregui, etc.
(a) En 18 1 7, don Manuel H. Aguirre fué nombrado por Pueyrredón agente cod-
fídencial del gobierno argentino en Estados Unidos para gestionar el reconociau«ato
de las Provincias Unidas y adquirir cuatro fragatas ; entre mil obaticulos j pennrias,
desempeñó con inteligencia é integridad su patriótica misión. Otra página honrosa de la
vida de Aguirre, fué su moción sobre las facultades extraordinarias de Rosas, en la le-
gislatura de I 83 I.
(3) Veinte vocales se habían retirado sin votar por lo avanzado de la hora, entre és>
tos, el cura de la catedral, don Julián Segundo de Agüero.
SANTIAGO LINIERS su
había revelado su fuerza, á pesar de la dispersión de votos- que los
había debilitado. Sin duda era deplorable que, por falta de acuerdo
previo, hubiéranse incorporado á Huidobro algunos de los princi-
pales inspiradores del movimiento, y sobre todo que, casual ó
intencionalmente, apareciese dividido el grupo saavedrísta; pero
bien se preveía que la actitud del Ayuntamiento le baria pronta-
mente apretar las filas, y ya disciplinado se tornaría incontrasta-
ble (i).
Junto al éxito colectivo de los patriotas, hemos visto acentuarse
netamente en el Congreso el gran prestigio personal del procurador
Leiva. Este triunfo tenía que ser efímero: hombre de transición y
término medio, no podía Leiva. con sus previsiones y advertencia de
hombre maduro, responderá las exigencias de esas horas violentas;
al intentar una transacción conciliadora entre el régimen antiguo y
(i) No es, pues, del todo exacto decir (Mitrk, Belgrano^ \, 3a6), qae « el voto de
Saavedra arrastró la mayoría », y luego que con su voto Castelli se alejó de Saavedra más
que Belgrano : para esto, ha necesitado el señor Mitre alterar la fórmula del primero.
Eftte no dijo <( que la elección del nuevo gobernador se hiciese por el pueblo, janto el
Céfildo abierto sin demoran sino: «junto (el pueblo) en cabildo general sin demora»
No se trataba del presente cabildo abierto, sino de otro, á la mayor brevedad : y asi
restablecido el texto, el voto de Castelli (fuera del sindico agregado) casi se confunde
oon el de Saavedra : en todo caso se le aproxima más que el de Bolgrano. En suma,
como en el texto decimos, Belgrano, Castelli y sesenta más coincidieron con Saavedra en
lo principal, y sólo disintieron en un detalle accesorio. Pero en el párrafo siguiente
(ibid, 337), es donde incurre el historiador en graves errores, que os imposible dejar de
rectificar. Dice el señor Mitre que, al suspender el acto, en la noche del a a de mayo,
c< el mismo Cabildo (transcribo literalmente), reconociendo que la voluntad manifiesta
del pueblo era que el virrey cesase absolutamente en el mando y se constituyese un go-
bierno propio que determinara sobre la forma definitiva, lo formuló en estos términos :
« En la imposibilidad de conciliar la tranquilidad pública con la permanencia del virrey
y régimen establecido, se faculta al Cabildo para que constituya una Junta del modo
más conveniente á las ideas generales del pueblo y circunstancias actuales, en la que se
depositará la autoridad hasta la reunión de las demás ciudades y villas». Indica una
nota : Acta capitular del 23 de mayo. — Antes de acudir al documento invocado, salta á la
vista que el Cabildo no ha podido formular tal declaración (mucho menos en la noche
del a 3), diametralmente opuesta á sus propósitos y actitud ulterior. Pero ni en el Acta
capitaiar del 23 (cuando precisamente estaba el Cabildo urdiendo el escamoteo del voto
popular) ni en otra alguna so encuentra nada parecido á la supuesta declaración, cuyo
principio reproduce el voto de Martin Rodríguez.
a 13 ANALES DE LA BIBLIOTECA
el nuevo, teaía fatalmente que volverse sospechoso á uno y otro. Por
última vez, en las galerías consistoriales, españoles y americanos
habían procurado uniformar sus voluntades y hablar el mismo
lenguaje; la tentativa había fracasado : ya no quedaban frente á
frente sino dos enemigos formados en batalla, y quienquiera que
se pusiese en medio tenía que recibir el fuego de uno y otro bando.
La intolerancia sectaria desechó la experiencia luminosa y templa-
da; fué una injusticia y una desgracia : Leiva hubiera completado i
Moreno. Teniendo éste en la Junta quien le amase y á quien respe-
tar, no habría tal vez incurrido en sus excesos ni en sus faltas, igual-
mente funestos; y el carro de la revolución hubiera marchado á
la victoria, llevando, como la cuadriga homérica, un combatiente
y un conductor... (i)
Tal resultado dio el congreso del 22 de mayo; hizo mucho más,
como se ha visto, que plantear el problema, dejando prontos todos
los elementos de la inminente solución. Podré mostrarme mucho
más breve en el resumen de los acontecimientos inmediatos, no sólo
porque presumo que sea mejor conocido el alumbramiento que la
gestación, sino también porque el objeto propio de este estudio es
el fin del régimen colonial, no el principio del régimen moderno.
Gomo lo expresa el señor Mitre en el párrafo final de la misma
página citada, con una gravedad conmovida que tiene su belleza :
(( El reloj del Cabildo daba las doce al tiempo de terminarse la vota-
ción. Aquella fué la última hora de la dominación española en el
Río de la Plata. La campana que debía tocar más adelante las alar-
(i) A propósito del gran movimiento de opinión que en favor de Leiva se produjo
en la asamblea del a a, es curioso recordar que la única mención que del cabildo abierto
sehaco (según creo) en la Recopilación de Indias^ sea la de la ley II, tit. XI, lib. IV, pan
prohibir precisamente que se designe al procurador de la ciudad por cabildo abierto. El
historiador López, que ha hablado do Leiva en términos simpáticos (Hisloriat III, 65).
explica su completo effacemeni después de la revolución, diciendo que u perdió la vista a
los muy pocos meses ». Entiendo que esta desgracia fué bastante posterior ; en todo caso,
Leiva fué confinado á Catamarca por la Junta, con otros capitulares, después de sa des-
titución en octubre do 1810.
SANTIAGO LINIERS 3i3
mas de la revolución, resonaba en aquel momento lenta y pausada
sobre la primera asamblea popular que inauguró la libertad y pro-
clamó los derechos del hombre y de la patria: el 22 de mayo de
1810 es el día inicial de la revolución argentina ». A otra mano,
pues, ó por lo menos á otra obra, corresponde el desarrollo y dis-
cusión de los hechos que en ésta sólo puedo indicar.
IV
A estilarse aún los encabezamientos con moraleja, la historia de
los días 23 y 24 de mayo se titularía: De cómo el Cabildo intentó
burlar al pueblo y salió burlado. Por lo demás, la maquinación
resultó tan torpe en su misma audacia, que cuesta creer haya tenido
en ella el doctor Leiva la parte principal que se le atribuye. No fue-
ron sino desaciertos é incoherencias; y debe afirmarse que la acti-
tud ilegal y revolucionaria del Ayuntamiento, erigiéndose en Co-
mité de salud pública ó a Consejo de los diez » , para reponer ó
deponer al virrey y fijar las atribuciones de la Audiencia, sirvió de
pauta justificativa de la revolución. Cuando los candidatos patrio-
tas vacilaban aún en poner la mano sobre el símbolo secular de la
autoridad real, fueron los capitulares quienes públicamente desnu-
daron al pobre maniquí de mimbre y lo tiraron de su balcón á la
plaza. Gracias á las cabildadas, los delegados del pueblo no tuvie-
ron que desalojar á los representantes de la monarquía : estaba el
sitio despejado; el 24 á la noche, ya no había gobierno; y como,
bueno ó malo, es fuerza que lo haya, el 25, la revolución ocupó tran-
quilamente la sede vacante.
Apenas reunido en la mañana del 28, el Ayuntamiento resolvió
dejar sin efecto la convocación del congreso para esa tarde; luego,
se puso á regularlos votos «con el más prolijo examen »; y resul-
tando del escrutinio, «á pluralidad con exceso, que el virrey debía
3I& ANALES DE LA BIBLIOTECA
cesar en el mando y recaer éste provisionalmente en el Cabildo con
voto del Síndico procurador, hasta la creación deuna Junta que ha de
formar el Cabildo en la manera que estime conveniente, mientras
se congregan los diputados provinciales que han de establecer la
forma de gobierno » (i): por todos estos motivos, dicho Cabildo
empezó por comunicar al virreyque quedaba en el mando, con algu-
nos « acompañados » que ulteriormente se designarían ! De este
modo interpretaban los capitulares la cláusula imprudente de Saa-
vedra : cierto era que el virrey debía cesar en el mando; pero, li-
brada al Cabildo la elección de la Junta, nada más lícito que
hacerla presidir por el mandatario depuesto (2). Tan evidente
era el sofisma, que el prudente Cisneros, en su respuesta á la
notificación, «juzgó muy conveniente que se tratase el asunto
con los comandantes de los cuerpos, pues la resolución del Cabildo
no parecía en todo conforme con los deseos del pueblo n . Los jefes
consultados declararon que la efervescencia popular sólo se calmaría
con la deposición del virrey, anunciada por bando aquella misma
tarde, dejándose para el día siguiente el nombramiento de la Jun-
ta (3). El Cabildo cedió aparentemente; el pregonero, á son de ca-
jas y con una escolta de Patricios, dio al pueblo de Buenos Aires la
sorprendente noticia — que á nadie sorprendió — de haberse desti-
tuido un virrey por un ayuntamiento; y el vecindario pasó la noche
en sosiego, no quedando otros síntomas alarmantes que los conciliá-
bulos de los patriotas y las órdenes impartidas por el Alcalde Ma-
(i) Acta capitular del a3. He quitado algunas redundancias. Para no repetir las mis-
mas llamadas de notas, entiéndase que, faltando otra indicación, las palabras entre co-
millas pertenecen á las Actas capitulares.
(a) Tan clara era la intención de volver al stata quo, que en el Acta del a4 se dice
sencillamente : « Que continúe en el mando el Excmo. seRor Virrey^ asociado, etc. i>
(3) El señor Mitre acepta la versión de una segunda démarche hecha por Saavedra y
Belgrano ante el Cabildo, posteriormente á la de los comandantes. Nada dice el Acia de
este paso improbable, sólo referido en la Memoria de Saavedra, que en esta parte es
toda confusión, principiando por fijar la fecha del ao para el cabildo abierto y la del ai
para el nombramiento y recepción de la Junta. ¿Cómo edificar historia sólida con esos
materiales de cartón y sin aplicarles una critica rigurosa P
SANTIAGO LINIERS ai5
yor, de no dejar salir « posta ni extraordinario á ningún destino n .
En la mañana del a 4 de mayo, á pesar del bando de la víspera y
de las secretas aprensiones personales que suelen constituir la úni-
ca pradencia de los imprudentes, el Cabildo se apresuró á dictar
una verdadera constitución política en trece artículos, revoluciona-
rios sin saberlo sus autores, tan atentatoria á la corona como
á los estatutos coloniales, y cuyo revoltillo inconexo, mal re-
medo del Reglamento para la Regencia de Cádiz, ha sido burlesca-
mente comparado por un historiador nacional á la Magna Carta li-
bertatam! El primer artículo disponía en esta forma la creación de
la Junta : « Que continúe en el mando el Excmo. señor virrey, don
Baltasar Hidalgo de Cisneros, asociado de los señores doctor don
Juan M. de Sola, cura rector de Monserrat, doctor don Juan J.
Caslelli, abogado de esta Real Audiencia, don Cornclio de Saave-
dra, comandante del cuerpo de Patricios, y don José Santos de In-
cháurregui, de este vecindario y comercio : cuya corporación ó Junta
ha de presidir el Excmo. señor Virrey con voto en ella, conservan-
do en lo demás su renta y altas prerrogativas de su dignidad, mien-
tras se erige la Junta general del virreinato». Pero, muy lejos de
considerar terminado con esta instalación el mandato político que
el pueblo á este solo objeto le confiriera, el Cabildo se erigía en Su-
premo Consejo de vigilancia, enumerando con complacencia sus
facultades ultramunicipales : tocaba al Cabildo integrarla Junta, en
caso de muerte ó ausencia de algún miembro, y deponer al que fal-
tase á sus deberes ; sólo aquél tenía atribución para imponer pen-
siones ó pechos en el virreinato... y así continuaba la « Magna car-
ta », trazándola línea de conducta de sus « empleados » con más
prolijidad y estrictez que el Código de Indias.
Por ridicula que nos parezca 'esta tentativa de dictadura concejil,
que, como dije, desconocía á la par las tradiciones administrativas
y los votos recientes del pueblo, no iban tan descaminados sus auto-
res al contar con la vanidad ó el ofuscamiento de los favorecidos para
prestarle su apoyo. Después de algunas vacilaciones, Saavedra y
3i6 ANALES DE LA BIBLIOTECA
Castelli admitieron como viable un conato de escamoteo revolucio-
nario, que tendia á ocultar bajo un mal revoque las grietas profun-
das del torreón colonial. Todos los jefes de cuerpos, reunidos en el
Cabildo, « ofrecieron concurrir de su parte á su plantificación » ; j
aquella misma tarde, los flamantes cuatorviros, con el infeliz virrey
por unas horas redivivo, concurrieron á la sala capitular revestida
de sus viejas colgaduras, y, « por su orden, hincados de rodillas y
poniendo la mano derecha en los Santos Evangelios, juraron des-
empeñar legalmente sus respectivos cargos, conservar íntegros estos
dominios al señor don Femando VII y sus legítimos sucesores, y
guardar puntualmente las leyes del reino » . Abreviemos los detalles
del empalagoso ceremonial : después de arengar Cisneros al entre-
sacado concurso, que por última vez aplaudió su acento murciano,
la Junta se dirigió al Fuerte, entre los inevitables repiques de cam-
panas y salvas de artillería. Todo esto ocurría en la tarde del a 4 de
mayo.
En lugar de insistir en esta hora de desfallecimiento y extravio,
que parecía dejar nuevamente hundido en un pantano el carro de
la revolución, admiremos lo inmediato y espontáneo de la reacción
popular que, arrancándolo de cuajo, lo arrastró contra todos obs-
táculos y asechanzas á su marcado y glorioso destino. Hay que de-
cirlo una vez, para no repetirlo más : en la tarde del 2^, los conduc-
tores del movimiento habían abdicado ; es más honroso para su
memoria admitir un corto eclipse de su razón que un subterfugio
de su conciencia, cual sería un juramento prestado con la segunda
intención de quebrantarlo. Sea como fuere, el instinto de los igno-
rantes no ratificó la capitulación de los sabios. Había llegado el
momento crítico de las discordias civiles en que, como dice Táci-
to (i), los soldados valen masque los jefes; y aquéllos bastaron
para reconquistar el terreno perdido. Por eso, todo monumento con
inscripciones nominativas que se consagre á los « autores » de la
(i) Tlcrr. Hist. II, xxix: eivilibtu bellis, pías milibitus quam dncibtu lieere.
SANTIAGO LINIERS 217
revolución de mayo, tiene que cometer la inmensa injusticia de
omitirá sus verdaderos héroes — que son anónimos. Ese rugido
popular que, partido de los suburbios, repercutió en los barrios cen-
trales y los cuarteles, es el que retumba sordamente en la nota
apremiadora y como jadeante que la Junta, á instigación de Saave-
dra y Castelli arrepentidos, dirigió al Cabildo, « á las g y media
de la noche », encareciéndole la urgencia de admitir sus renuncias
colectivas (i).
Entonces los patriotas se recobraron. En tanto que las oleadas
populares batían las murallas de la Fortaleza y las arquerías del Ca-
bildo, alzando clamores de protesta contra el virrey : en el cuartel
de Patricios, los jefes y oficiales contenían á duras penas los solda-
dos enardecidos ; en los arrabales, los chisperos y manólos se or-
ganizaban para el ataque, encabezados por Berutti y French, pres-
tigiosos agitadores de las capas sociales á que ellos mismos
pertenecían (2) y los promotores de la revolución se reunían en la
casa de Rodríguez Peña para discutir y fijar definitivamente las
resoluciones del día siguiente (3). De la borrascosa deliberación
(i) Áela del a5 : « Esta Junta ha sido informada, por dos de sus vocales, do la agita-
ci<»i en que se halla alguna parte del puehlo por no haberse excluido al Presidente
(Virrej) del mando de las armas... [Debe V. E.j proceder á otra elección en sujetos
que merezcan la confianza del pueblo... creyendo que será el medio de calmar la agitación
y efenrescencia que se ha renovado entre las gentes».
(a) Por lo menos Domingo French, que figura en la Guía de i8o3 como cartero
(¡único!) de la administración de correos. Berutti era empleado subalterno en la Con>
laduria.
(3) Saavedrano asistía á la reunión, pero le representaban Castelli y el « terrible
Chidaua». Tampoco es probable que estuviera Mariano Moreno, con quien el sefior Mitre
encabeza su lista, confundiéndole quizá con su hermano Manuel ; por éste mismo sabemos
que Mariano se abstuvo hasta el grado de ignorar su nombramiento de secretario « muchas
horas después de la elección». Para este episodio, el señor Mitre ba seguido preferente-
mente á Guido, cuja Reseña contiene errores tan enormes como el de suponer que hubo
el a 4 otro cabildo abierto, del cual salió nombrada la junta del a3. Sólo alli se hace
también mención del rapto teatral de Belgrano (« Juro á la patria. . . ! ») no muy avenido
con su carácter ni acaso con la situación. Sin embargo, el hecho nada tiene de imposi-
ble, supuesto el estado de exaltación que, según el señor Mitre, dominaba aquella noche
4 hombres habitualmente tan reposados como Belgrano y Vieytes.
ai8 AiNALES DE LA BIBLIOTECA
que, según 4íce un testigo, se prolongó hasta cerca del alba, salió
trazado en su conjunto y partes principales el programa completo
del día siguiente. Una vez acordes los directores del movimiento,
que contaban con las fuerzas y las voluntades, no había obstáculo
que pudiera estorbar su cabal realización. El virrey no tenía el
poder ni la intención de oponer resistencia ; el partido español no
salía á la calle, temblando por sus personas y bienes; el Cabildo es-
taba á merced de los comandantes de cuerpos, cuya opinión era
unánime — como que estaban casi todos presentes en el conciliá-
bulo. Siendo asunto entendido que el partido patriota era ya el
arbitro de los acontecimientos y haría el 22 lo que quisiera hacer,
la cuestión única que por entonces se planteaba, era la de decidir
(T qué se debía hacer ?
Fué seguramente en el examen de esta gran cuestión, que impor-
taba el programa del día siguiente, en el que se emplearon las
horas de la noche ; y el hecho de que ninguno de los autores de
Memorias ó Reseñas consignara con claridad esa discusión, induce
á dudar de que estos mismos tomaran parte en ella (i). Muchísi-
mos eran los que iban y venían, entre el zaguán de Rodríguez Peña y
las casas de los añliados ó los cuarteles, llevando órdenes, trayendo
informes, noticias ó chismes : muy contados fueron sin duda los
huéspedes del comedor donde se trataba el asunto importante. Al
grupo central de la Sociedad de los siete (Rodríguez Peña, Belgrano,
Passo, Donado, Alberti, Castelli y Vieytes), que durante el mes de
mayo concurrió allí mismo casi diariamente, habíanse agregado,
desde luego, algunos jefes : Torrada, Ocampo, Azcuénaga, Martín
Rodríguez, Enrique Martínez, Díaz Vélez, Balcarce, etc., además
(i) Puede tambiéa que, por ser muy jóvenes cuando la presenciaron ó muy viejos
cuando intentaron repararla, no recordaran sus más importantes incidentes. En general
ha sido la plaga de la historia argentina esa multitud de memorias personales, cartas y
chismes particulares, debidos á personas orgánicamente inexactas y aceptados por escri-
tores sin crítica, que vacian en sus obras « el baúl de la parda Marcelina Orma ». Sera
el principal trabajo del futuro historiador argentino, rozar el terreno de toda e^a
maleza.
SANTIAGO LINIERS 319
de algunos patriotas de consejo, como Darregueira y Echevarría, ó
de acción, como Cbiclana y Larrea (i). El primer punto por fijar era
la actitud de los cuerpos el 25. A lasdoce, súpose porLeiva que el Ca-
bildo, antes de considerar la renuncia de la Junta, convocaría á los
jefes para pedirles que sostuvieran por la fuerza al gobierno estableci-
do (2) : los jefes presentes, en su nombre y en el de los ausentes, se
comprometieron á exigir la exclusión absoluta de Cisneros y la
renovación de la Junta ; en cuanto á las tropas, quedarían acuarte-
ladas hasta recibir la orden de marchar. Establecido este primer
punto, no quedaba por tratar sino la cuestión de la forma de gobier-
no. En substancia, esta cuestión había sido resuelta por el cabildo
abierto; bastaba, pues, atenerse áella; pero, con el fin de evitar
toda nueva interpretación dolosa del voto de la mayoría, era indis-
pensable imponer al Ayuntamiento, por medio de una delegación,
la fórmula completa é invariable que expresara la voluntad popular.
El procedimiento era revolucionario ; pero se estaba en plena revo-
lución, y en caso de resistirlo los capitulares, teníase el recurso de
otro cabildo abierto, cuya conformidad no era dudosa. En cuanto
á la fórmula que debía presentarse, ello se reducía á elegir aquí
mismo la lista de vocales de la Junta gubernativa, que el pueblo
aceptaría por aclamación.
En ese momento entró el asunto en su faz práctica, y es presu-
mible que la discusión se acentuara. No creo, sin embargo, que se
produjeran disidencias fundamentales. Es muy probable, desde
luego, que la Sociedad de los siete y núcleo de la reunión, sirviera
de pauta, no solamente para el número de los vocales de la futura
(i) Aunque español. Larrea se afilió desde el priacipio al partido patriota ; sus
grandes relaciones como armador y su práctica de los negocios le designaban natural-
mente {Mira ser el hacendista de la Junta ; pero poseía además, una « exquisita sagacidad
política», j según el doctor López (Historia, UI, 807) que tenia el dato de su padre, su
^oto pesaba mucho en los acuerdos de gobierno. Fué más tarde ardiente unitario, como
«u hermano Ramón, y Rosas los persiguió hasta hacer quebrar la casa.
(a) Acta capitular del 35. La cita en el Cabildo fué para las nueve y media de la mana-
to' Gf. la Reseña de Guido, sobre la entrevista con Leiva á las doce de la noche del a4-
230 ANALES DE LA BIBLIOTECA
Junta (es sabido que al principio los secretarios no tuvieron voto),
sino para la designación de los nombres, recomendados por su no-
toriedad y los servicios prestados á la causa. Tanto por esta razón,
como por su reciente resonancia en el cabildo abierto, después de
Saavedra, que se imponía para la presidencia, los nombres de los
miembros de la famosa sociedad surgirían inmediatamente. Pero
algunos de éstos — entre ellos, sin duda, Donado y Vieytes, — por
su edad ó su carácter, hubieron de rehuir las responsabilidades
del gobierno ; por otra parte, era regla observada en la formación
de las numerosas juntas españolas y americanas (inclusa la reciente
de Montevideo) dar representación á las principales clases sociales,
como en el mismo cabildo abierto se había expresado. Represen-
tados en la lista provisional el clero por Alberti y el derecho —
con exceso — por Gastelli, Passo y, si se quiere el ambiguo Bel-
grano, faltaban un militar y un comerciante : ausente ó presen te,
el honrado Azcuénaga era designado por su calidad de jefe vete-
rano y 6u posición social; así también Larrea, por las razones di-
chas. Era político, por fin, agregar á la Junta un representante
genuino del numeroso grupo español, que se había mostrado sim-
pático ó neutral en los sucesos recientes (i) : el nombre del catalán
Matheu, muy amigo de Terrada, con quien votara en el cabildo
abierto, se presentaba naturalmente para substituir á Incháurregtii.
Por el doble motivo de sobrar abogados en la Junta, y necesitarse
de hombres ilustrados y activos en las secretarías, que eran verda-
deros ministerios, hubo de ser propuesta á Passo la honrosa trans-
ferencia, y el mismo, ó Darregueira, indicaría á Moreno, ya de-
signado por un voto del cabildo abierto (2).
Por cierto que esta reconstrucción conjetural carece en sus de-
(i) Los Larrea eran vascos ó catalanes, pero acaso de origen francés. Juan pidió ser
cónsul argentino en Francia, y su hermano Ramón fué en iSag comandante del batallóla
Amigos del orden, compuesto de franceses y que tanto dio que hacer al oónsut u
deville. V
(a) Podrá parecer extraña la no designación de Rodrigues Peña ; no coaoMcck \
biografía intima. Alguna razón hubo para que no figurase nunca en primer léis^^
\
SANTIAGO LINIERS aai
talles de base positiva ; puede que otras causas, hoy ignoradas,
hayan influido en la elección de los últimos nombres ; pero la pro-
babilidad raya en certeza para los primeros. En todo caso, la lista
fué evidentemente discutida y acordada por lo que llamaríamos hoy
el « comité « . — Cuando la aceptación literal de un documento con-
duce al absurdo, es de buena critica desestimarlo, sea quien fuere
su autor. Ahora bien : la versión contraria sobre la confección de
la lista, sólo fundada en la Reseña de Guido (vagos recuerdos de la
primera juventud, escritos medio siglo después de los sucesos),
tiende á establecer hechos que abiertamente repugnan á la razón ;
debería, pues, rechazarse, aunque no contuviera los monstruosos
errores materiales que tenemos señalados. No es admisible en grado
alguno que los organizadores de un movimiento, cuyo objeto único
era la creación de una junta gubernativa, discutiesen durante toda
una noche de invierno sin entrar á tratar del asunto que los re-
unía, dejando que una « inspiración de lo alto » iluminase al chis-
pero Beruti! Y menos aún, si cabe, que al día siguiente, en el mo-
mento de presentarse ante el Ayuntamiento los delegados que iban
(mientras los jefes estaban tomando mate en casa de Azcuénaga)
á imponer la voluntad del pueblo, ignorasen completamente en qué
dicha voluntad consistía, — hasta que el iluminado Beruti « tomó
una pluma y definió la situación » (i). Triste historia nacional
(i) Más insostenible aún es esta corrección propuesta por el señor Mitre á la ver-
sión de Guido, y que naturalmente ha sido acogida con avidez porque halaga el instinto
mitológico de la muchedumbre : según él, fué al día siguiente, en el acto mismo de ha-
llarse la delegación popular en presencia del Cabildo (sin saber lo que iba á pedir),
cuando, « ol fogoso Beruti iluminado por una do esas inspiraciones, etc., tomó una
ploma y escribió unos nombres en un papel ». Para demostrar que Guido se ha equivo-
cado, el señor Mitre se funda : i* en el testimonio de Guido, el cual afirma, que Moreno
y Belgrano estaban presentí» : a* en el testimonio de Moreno y Belgrano que se decla-
ran ausentes! — Ello recuerda aquel sofisma famoso en las antiguas escuelas : Demócrito
dice que los abderitanos son mentirosos; pero Demócrito es abderitano : luego, Demó-
crito miente : luego, no es cierto que los abderitanos sean mentirosos, luego, Demócrito
no miente ; luego etc., hasta la consumación de los siglos. Como cualquier patraña suele
arrancar de un fondo de realidad, es posible que Beruti, á fuer de escribiente que era,
se encargase la vispera de copiar algunas listas electorales, y acaso también la solicitud
aa2 ANALES DE LA BIBLIOTECA
•
sería la que, para resultar interesante é instructiva, necesitara fun-
darse en tales patrañas ; y no alcanzo á percibir lo que gana el acto
más trascendental déla revolución argentina — fuera délo que
pierde la verdad — en aparecer como un palo de ciego ! — Tam-
bién hubo de decidirse en la misma junta nocturna aquella expe-
dición ((auxiliadora » á las provincias interiores, que introdujo una
nota imprevista y amenazadora en la fórmula del Cabildo, y cuya
exigencia se formuló, al otro día, en nombre del (( pueblo » — aquel
niño incapaz, de que habla José de Maistre, eterno ausente de
las resoluciones y sólo presente para cumplirlas. Después de dejar
así arreglado el programa completo que el 25 había de realizarse
sin obstáculos ni variantes, los antiguos ((precursores » ahora pro-
tagonistas del drama que empezaba, se separaron por pocas horas :
al triste alborear de aquel día de invierno, lluvioso y frío, pero que
la imaginación del gran poeta anónimo se encargaría de idealizar,
¡unto con sus escasas peripecias, fijando un sol simbólico, más
refulgente que el real, en el inmutable azul de un cielo de le-
yenda.
Desde el amanecer del 25 de mayo, empezaron á tomar su
puesto respectivo los actores y público del drama, en el vasto esce-
nario de la Plaza de la Victoria (i). La lluvia persistente hacía re-
fluir los grupos populares en las arquerías de la Recova y del Ca-
bildo; se había apostado en la fonda de la Vereda \ncha, á vista
de los balcones consistoriales, el coro de los manifestantes, cono-
cibles por una cinta en el sombrero (2) y prontos á entrar en esce-
cargada de firmas que se presentó al Cabildo y deide la n<x:he anterior circulaba, tegua
la versión de Dominguec que ha de ser la buena : de ahí el cuento de la iluminación.
(i) AI emplear esta designación, en su relato de los sucesos de iSio, el doctor Ló-
pez (111, 309) se disculpa por el «anacronismo» . Asi se llamaba la Plaxa Mayor desde
1808.
(a) Dice precisamente el testigo anónimo ya citado (Diario de varios sucesos ) : « «o
dicho día (aS) se vio que en lugar de las cintas blancas del primer dia (a a), se pusie-
ron los de la turba en el sombrero cintas encarnadas». El señor Mitre dice que uel
SANTIAGO LINIERS aa3
na á una señaldeBeruti, French, Dupuy y otros caudillos: mu-
chos de ellos llevaban cintas de coloren el sombrero; desde la es-
quina diagonal, los directores del movimiento, reunidos en la casa
de Azcuénaga, observaban la ejecución de las maniobras. A las
ocho, el Ayuntamiento se halló reunido en la Sala de acuerdos, y
la función comicial (en que, como hemos dicho, todo estaba pre-
visto, hasta las entradas tumultuarias del pueblo) se desarrolló ccn
la precisión de ima pieza bien sabida. El Cabildo comenzó por
rehusar la renuncia de la Junta, despachando al Fuerte su resolu-
ción. A los pocos minutos, un primer grupo popular invadía la
sala; su orador, u previo el competente permiso», exigió la depo-
sición inmediata del virrey ; Leiva sostuvo el ataque y logró neu-
tralizarlo, consiguiendo una tregua que iba á ocuparse « en el me-
jor bien y felicidad de estas provincias ». Retirados los asaltantes,
la tregua se empleó en discurrir otra escapatoria, — y en tales circuns-
tancias, conocida la general pusilanimidad de esos burgueses, tanta
pertinacia reviste un aspecto casi heroico. A las nueve y media, se
presentaron los jefes de los cuerpos; á la pregunta del sindico
Leiva : « si se podría contar con las armas de su cargo para soste-
ner el gobierno establecido», todos contestaron unánimes con la
negativa, á excepción de Orduña, Lecoq y Quintana, que,
como españoles, guardaron dignamente el silencio. En esto «las
gentes que cubrían los corredores dieron golpes á las puertas de la
sala capitular, o vendóse voces de que querían saber de lo que se tra-
taba (i). El popular comandante Rodríguez salió á contener á los
más exaltados que, como suele ocurrir en estos casos, empezaban á
desempeñar su papel al natural. Terminó la sesión con reiterar los
jefes su declaración de que la renuncia de Cisneros era necesaria y
pueblo enarboló los colores de su cielo, ya popularuados por el anifórme de los Patri-
cios n. Süb jadiee lis esl. Por lo demás, casi todos los cuerpos de la Defensa estaban uni-
formados de calzón blanco y casaca azul, con faja, cuello y mangas ó peto encarnados.
^i) Áeta capitular áe\ a5 de mayo. A ésta se refieren todas las palabras entre comillas
que no llevan otra indicación.
334 ANALES DE LA BIBLIOTECA
urgente. Al fin comprendió el Ayuntamiento que era fuerza cor-
tar por lo sano y pedir al virrey su dimisión lisa y llana, sin pro-
testa de ninguna clase. Pero era tarde ya (siempre lo hubiera sido),
y cuando llegó la resignada renuncia, se presentó la verdadera de-
legación popular encabezada por Beruti, manifestando categórica-
mente que (( no se tenia por bastante que el Excmo. señor Presidente
se separase del mando, y que el pueblo reasumía la autoridad que
depositó en el Excmo. Cabildo». Y entonces, en medio de las pro-
testas de los capitulares y el « alboroto escandaloso » de los mani-
festantes, el orador formuló el programa de la revolución, que ya
conocemos : « una junta gubernativa compuesta de Saavedra como
Presidente y comandante de armas, de los vocales Gastelli, Bel-
grano, Azcuénaga, Alberti, Matheu y Larrea, y los doctores Passo
y Moreno como secretarios : con la precisa cualidad de que, esta-
blecida la junta, debería publicarse en el término de quince días
una expedición de 5oo hombres para las provincias interiores, cos-
teada con la renta del señor virrey, señores oidores, contadores
mayores, etc. ». Y la intimación terminaba con la amenaza de « re-
sultados muy fatales », si no se le hacía inmediato lugar. Con eslo y
todo, el síndico Leiva, más fértil en recursos que el griego Ulises, pi-
dió que se presentara por escrito y firmada a por el pueblo^) la formi-
dable petición. Fué un entreacto de respiro (un « largo intervalo»
dice el Acta), después del cual volvieron los revolucionarios, tra-
yendo en efecto un pliego « con las mismas ideas que manifestaron
de palabra, .y firmado por un número considerable de vecinos, re-
ligiosos, comandantes y oficiales » . Asimismo no se dio por ven-
cido el admirable procurador: expuso que el Cabildo, para ase-
gurar la resolución, debía oir al mismo pueblo congregado en la
Plaza. Y entonces fué cuando, al encontrarse Leiva con los rari
nantes que chapoteaban en el lodo y personificaban al ficticio so-
berano, se le escapó la fatal pregunta : ¿ Dónde está el pueblo ? —
más funesta para su prestigio americano que todas sus tretas y resis-
tencias anteriores. Calmados los furiosos clamores que la imperti-
I
SANTIAGO LINIERS aa5
nente pregunta desencadenó, pudo el escribano leer en alta voz, y
hacer ratificar por los presentes « la primera constitución del pueblo
argentino», la cual no era sino la Magna Carta de la víspera, con
la mudanza de retener la Junta las atribuciones que antes el Cabil-
do se reservaba. Incontinenti fueron llamados á prestar juramento
ios miembros de la Junta, que se hallarían en casa de Azcuénaga,
pues « sin haberse separado déla sala capitular los señores del Cabil-
do » se repitió con el aparato habitual laya descripta ceremonia (i).
Así se realizó, sin una gota de sangre derramada, sin excesos ni
violencias personales, el primer acto de la revolución argentina.
Si ello fué posible porque los patriotas disponían de la fuerza arma-
da, no es menos justo reconocer que se abstuvieron de ostentarla
en los comicios, procurando, y consiguiendo, que la iniciativa po-
pular conservase ante la historia la actitud ennoblecedora de un
movimiento de opinión. Los batallones quedaron en los cuarteles ;
y sus jefes sólo acudieron al llamamiento de la autoridad para sig-
nificarle que las tropas no coartarían la reivindicación de los dere-
chos cívicos por el mismo Cabildo reconocidos y en seguida vulne-
rados. Nadie que no abdique su puesto en la región superior de las
ideas, puede desconocer el sello de grandeza moral que esta mode-
ración imprimeen quienes la observaron, y que todos los errores
subsiguientes no lograrían borrar. Y si se recuerda que el pacifico
iniciador de la más tarde sangrienta cruzada, era el único pueblo
hispano-americano que se hubiese señalado al mundo por recientes
victorias europeas, no se sabe qué es más admirable, si la lógica ó
la justicia de esta sentencia lapidaria, que sólo el extravío pudo dic-
tar : (( Los oídos de Buenos Aires están vírgenes de esa música de
la muerte que conduce á la gloria. Sólo ha oído las balas de la gue-
rra civil : en la revolución del 25 de mayo de 1810 contra el virrey,
(i) Manuel Moreno nos cuenta que « muchas horas después de la elección», su her-
mano la ignoraba y que «le sorprendió la noticia»; lo propio apunta Belgrano, y sin
dbda sofrieron el mismo género de sorpresa los otros siete, que se encontraron todos
ápoint nommé para colocarse bajo el dosel. Debilidades humanas de ayer, hoy y
mañana.
AXALSS DS tX KBUOnCA. — T. Ul 1 3
3a6 ANALES DE LA BIBLIOTECA
en que tomó parte el virrey mismo (?), no se quemó un grano de
pólvora, sino lade las salvas » (i).
Al engrandecer, pues, el levantamiento de Mayo, no yerra el sen-
timiento popular; sólo que, obedeciendo al antropomorfismo inven-
cible que ha creado las mitologías y las épicas leyendas, personi-
fica en algunos hombres vacilantes y falibles, apoderados incons-
cientes del destino, las energías y virtudes del alma nacional. Em-
pero, si fué la obscura razón colectiva, lógica como las fuerzas na-
turales, la que marcó la hora y el carácter de la revolución, fueron
hombres los que luego la recibieion y aplicaron ; y, aunque de las
mismas contiendas políticas surgiera el predominio de los más dig-
nos, como por diferente concepto lo eran sin duda Moreno, Puey-
rredón, San Martín y Rivadavia, tenían fatalmente que dejar estam-
pado en su obra imperfecta el estigma de las pasiones y los errores
humanos. De estos errores, cometidos ó sufridos por dos genera-
ciones, apenas si me toca mencionar de paso los que desde el origen
descaminaron la empresa hasta comprometer su existencia. Seña-
lémosloSj no obstante, con indulgencia, — y sin perder de vista las
corrientes históricas y sociales á que hubieron de resistir para ha-
cerse libres, aquellos criollos, que habían nacido vasallos españoles»
subditos de una monarquía absoluta que era un edificio de preocu-
paciones jerárquicas, fieles de un catolicismo estrechado por la igno-
rancia y la superstición; y vivido, por fin, del todo extraños á la prac-
tica, no sólo de las instituciones que anhelaban fundar, sino de las
disciplinas intelectuales que vigorizan y emancipan la mente.
La intolerancia es en todos nosotros una actitud natural, que sólo
por la educación de la vida se corrige ó atenúa : yes, además, acha-
que muy humano que, al verse libres, los oprimidos se tornen
opresores. ¡ Son amos duros, dice el poeta griego, los avezados
á servir! Pero la intolerancia política, con ser en los revoluciona-
rios una herencia de la raza y de la historia, asumió en el acto el ca-
(i) Albbhoi, Escritos postamos, V, Sy.
SANTIAGO UNIERS «7
rácter de un fanatismo casi religioso que no admitía disidencias. Y
á no mediar cierta generosidad innata y blandura de fibra del alma
argentina, hubieran revestido las formas atroces del patriotismo
español. Al día siguiente de la incruenta victoria, comenzó á des-
puntar y tomar forma una suerte de derecho divino de la Revolu-
ción, tanto más absoluto é indiscutible en la mente de sus defenso-
res, cuanto menos fundado en derechos positivos. Desde el 25 de
mayo, el ser español en estas provincias fué tenido por un defecto
sospechoso, y el ser realista, por un delito ; lo mismo que ocurrió
en la Reconquista con los moros de España, que al ser vencidos se
hicieron objeto de escarnio y vilipendio. Fuera de la novísima co-
munión revolucionaria, no hubo ya salud ni perdón : en nombre
de la pasión excluyente que, al punto de estallar, se propagó rápi-
damente, como un incendio de verano en la pampa, fueron mu-
chos perseguidos y otros sacrificados — éstos, felizmente, en corto
número en este virreinato — v ello, no á manos de malvados, si-
no de patriotas rígidos y puros que entendían cumplir un doloroso
deber. Y tan indeleblemente impregnó este pueblo el venenoso so-
fisma, que después de un siglo de experiencia histórica, enseñanza
en mucha parte perdida, esta es la hora en que se escribe y se en-
seña á las nuevas generaciones por escritores argentinos ; que no son
los sectarios impulsivos los que necesitan disculpa, sino los « ajus-
ticiados » los que esperan su rehabilitación ! — Por cierto que con-
tribuyeron no poco á difundir tan deplorable doctrina el ejemplo
y la prédica de Moreno: suerte de Casio enfermizo y genial (i),
cuya inflamada elocuencia no era, al modo del rojo penacho que
ondula sobre la chimenea del horno, sino el indicio y reflejo de la
combustión interior. ¿ Pero éste no la creó ; brotó directamente de
las entrañas populares á raíz del cabildo abierto, y denuncian su
presencia ciertas precauciones de la llamada » constitución » del
24, inspiradas por el prudente Leiva. Un anglo-sajón no com-
(i) Sbaebspbarb, Jüliíu Caetar, 1, 11 : Yond Cassiut has a lean andhungry look ; he Oiinla
too maeh...
aa8 ANALES DE LA BIBLIOTECA
prendería que fuese necesario « amnistiar » á un grupo de vecinos
por las opiniones libremente vertidas en un congreso (i). No sólo
este Ayuntamiento juzgaba indispensable proteger á la minoría,
sino que, más avisado, pudiera prever que su protección resulta-
ría ineficaz contra los arrebatos revolucionarios ; con amnistía y to-
do, los oidores y funcionarios mal pensantes fueron perseguidos,
despojados y, antes de cumplirse un mes, desterrados con el vi-
rrey, y prueban los documentos que entre los capítulos del proceso
figuraban sus opiniones vertidas en el cabildo del 22 (2). Por lo
demás, es harto conocido el sistema inquisitorial que la Junta esta-
bleció en Buenos Aires, levantando un censo político en que los ve-
cinos eran clasificados por sus opiniones, imponiendo las denun-
cias de sus amos á los esclavos, a castigando con rigor al que de
obra ó de palabra pretenda sembrar divisiones ó descontentos », y
dictando, por fin, una a ley de sospechosos » imitada de la francesa
que caracterizó al Terror de 1798, y que Rosas no necesitó inventar
ni copiar de modelos extraños : tan cierto es que todos los fanatis-
mos son hermanos, y que la intolerancia de Robespierrc sólo difiere
de la de Torquemada por la materia y el punto de aplicación.
(i) Acta capitular del a4 : «Lo sexto, que los referidos señores (de U Junta), inme-
diatamente después de recibidos de sus empleos, publiquen una general amnistía en to-
dos los sucesos ocurridos el día 2 3, en orden á opiniones sobre la estabilidad del gobier-
no ; y para mayor seguridad este Cabildo toma desde ahora bajo su protección á todos
los vocales que han concurrido al Congreso general, ofreciendo que contra ninguno de
«líos se procederá directa ni indirectamente por sus opiniones, cualesquiera que hayan
sido». Ya sea por omisión, ó resistencia do la Junta, esta cláusula no figura en la dcons-
titución» del aS, que reproduce todas las otras.
(a) Gaceta extraordinaria del a3. El virrey y los oidores fueron deportados el a a i
la noche ; días antes el fiscal Caspe habia recibido « una formidable palixa » por haber-
se presentado en un acto oficial a escarbándose los dientes con un palito». Cisneros e»-
cribió luego : u lo echaron por tierra á sablazos y lo hubieron de matar », y otros (entre
«líos Liniers) refirieron el «asesinato de Caspe» ; asi escriben la historia los partidos!
Los manifiestos de la Junta son tan parciales como el informe de Cisneros y necesitan la
misma critica. En éste, por ejemplo, es inadmisible que Cisneros u estuviese escribiendo
dicho parte », como dice su mujer, á las siete y media de la noche del a a, cuando le lla-
maron del Fuerte, siendo tanto el apuro que no tuvo tiempo para firmar el Informe, ya
concluido y fechado.
SANTIAGO LINIERS aag
Fue, á mi ver, otro pecado original del gobierno revo-
lucionario, el falso concepto de la situación, que le indujo á dis-
frazar bajo la « máscara de Fernando » sus propósitos de radical
independencia. Bien sé que la política se rige por otros principios
que los de la moral absoluta — y acaso, muy á menudo, por una
moral sai generis que carece de principios ; pero, aun concediendo
el deplorable postulado, es fácil demostrar que la actitud ambigua
no podia reportar, como no reportó, ventaja alguna para la causa
patriótica, y sí funestas consecuencias. Y no se nos objete que es
harto cómodo profetizar después de los sucesos. Pasadas las pri-
meras semanas, y cuando repercutieron aquí las impresiones exte-
riores del levantamiento de Buenos Aires, no pudo escapárseles á
Moreno y sus colegas que sus fórmulas engañosas no engañaban á
nadie. Así en Europa como en América, la creación simultánea de
las Juntas de Buenos Aires y Caracas significó para todos la eman-
cipación de estas colonias, á quienes desde luego la Regencia de
Cádiz trató como rebeldes (i). Concretándonos á lo nuestro, huel-
ga recordar cómo los mandatarios de Montevideo, el Paraguay y
el Perú acogieron las protestas de « conservar estos dominios á
nuestro amado Fernando » : con más ó menos eficacia, pero con igual
resolución, declararon la guerra á los singulares doctrinarios que
juraban ser más realistas que el rey, y lo demostraban, proscribien-
do — ó fusilando — á sus legítimos representantes. Lo propio
(i) Por olra parte, la Gacela de Madrid, órf^^no oficial del rej José, celebraba la su-
blevaciÓD. Ensu número de 8 de octubre de 1810, publicó una carta de Buenos Aires,
con fecha del i* de junio, confirmando otra llevada por el bergantín inglés Piti que, se-
gún Temos en el Correo de Comercio zarpó el a8 de mayo. El autor es un comerciante
inglés, admirablemente informado ; después de reseñar los acontecimientos recientes, dice :
« Los cabezas de la revolución mantienen una correspondencia seguida con las provincias
del Perú y esperamos que no tardarán en declararse independientes »; y luego agrega :
« Si los deseos de los españoles se hubieran cumplido, ya nos hubieran echado de aquí,
porque siempre han deseado que se diesen leyes severas contra los extranjeros. El último
virrey se propuso publicarlas, á pesar de la libertad que se habla concedido al comercio,
pero la Junta nos ha hecho saber que podemos seguir aquí con entera libertad...
Don Juan Josef Castelli, doctor en derecho, hombre de gran mérito, es uno délos prin-
cipales autores de esta importante revolución y oeapa el segundo lugar en la Junta ».
aSo ANALES DE LA BIBLIOTECA
ocurrió al punto, como luego veremos, en las más importantes de
las provincias interiores. Todo el Informe de Cisneros, del 22 de
junio, no es sino un desarrollo de esta proposición fundamental:
(( el objeto [de tan escandaloso atentado] es la absoluta independencia
de estas Américas » ; y es muy sabido que un concepto idéntico ins-
piró la entonces célebre Proclama de Casa Irujo, que Moreno refutó
en la Gaceta. \ Tal éxito alcanzáronlos según ella maquiavélicos disi-
mulos de la Junta ! Seria, pues, tiempo perdido el que empleára-
mos en discutir largamente las razones de una actitud equívoca que
á nadie persuadieron y, por tanto, no pesaron para nada en el re-
sultado. A despecho desús juramentos de fidelidad, la Regencia
asumió contra Buenos Aires la misma actitud hostil que contra
Caracas, y si no lograron aquí una efímera reconquista, fué por fal-
ta de elementos, no de intenciones. — Tampoco resistía al más lige-
ro examen el pretexto de contenerse así las sublevaciones interiores,
teniéndose á la vista las tentativas de Córdoba y otras provincias :
. no se contuvieron los españoles por las palabras de la Junta, en las
cuales no creían, sino por sus actos enérgicos que desmentían sus
palabras. Por fin, en la hipótesis, por todos admitida, de afianzarse
el trono de José, — lo que desde luego ahuyentaba el fantasma de
Cádiz, — era á todas luces evidente que el nuevo gobierno español
tendría mejores derechos para imponer la sumisión á unas provin-
cias que se declaraban ellas mismas « parte integrante déla monar-
quía )), que á un Estado independiente. Con mayor lógica y funda-
mento que Venezuela, pues, pudo y debió Buenos Aires proclamar
francamente su independencia, al día siguiente de la revolución y en
nombre délas provincias del antiguo virremato, no escapándosele
á nadie que la expedición auxiliadora, como muy bien afirma el
señor Mitre, llevaba sus argumentos « en la punta de sus bayo-
netas ».
Si la falsa posición por la Junta asumida sólo contenía ventajas
ilusorias, sus inconvenientes positivos no se hicieron esperar. En 6
de junio esta Audiencia comunicaba al gobierno, « por si acaso no
SANTIAGO UNIERS aSi
hubiera llegado á sus manos >i, el decreto del Consejo de Regencia
que disponía la elección de diputados á Cortes, é importaba la obli-
gación previa de prestar juramento y obediencia á dicho Consejo,
como representante de Fernando YII. Cogida en sus propias redes.
la Junta tuvo que apelar al sofisma para establecer distinciones en>
tre los deberes actuales de estas colonias respecto de la Regencia, y
su anterior reconocimiento inmediato de la Central. Promovióse un
expediente al parecer interminable, pero que la Junta terminó, á
falta de buenas razones, con el destierro de los adversarios. Así fué
conducida al primer acto de violencia que, hábilmente explotado
por los reaccionarios de Córdoba y otras provincias, tenía que defi-
nir netamente las respectivas posiciones y precipitar los desenlaces
trágicos : veremos luego cómo este primer conflicto, no el mismo
movimiento de Mayo, fué lo que determinó la actitud decisiva
y la resolución extrema de Liniers. No es dudoso, para concluir con
estas consideraciones, que la engañosa bandera enarbolada por la
Junta, muy lejos de allegar recursos á la revolución, atrájole sus
primeras dificultades, entibiando el ardor de los partidarios y sem-
brando la desconfianza entre los indecisos, sin desarmar una sola
resistencia. La patriótica propaganda de Moreno quedó al pronto
desvirtuada por el imprudente compromiso ; y hasta en sus últimas
páginas, al esbozar la futura constitución de su pueblo libre, vésele
detenerse y reprimir el vuelo del atrevido pensamiento para colgarle
el grillete de un fantástico vasallaje (i). En tanto que la intolerancia,
del autoritario tribuno alzaba ante su propio paso los obstáculos en
que había de estrellarse, aquella impostura inicial esterilizaba en
parte su acción política, en otros campos tan fecunda. Y si al cabo
y contra todo antagonismo se realizó la independencia, y es justísi-
mo que la posteridad coloque en el Panteón argentino al glorioso
(i) Miras del Congreso. Gaceta del i3 de noviembre: «Más adelante eiplicaré cómo
puede realizarse esta constitución, sin comprometer nuestro vasallaje al señor don
Femando » . Casi no hay página de esos admirables artículos sin alguno de estos correc-
tivos pegadizos que debilitan y deforman el pensamiento.
a3a ANALES DE LA BIBLIOTECA
patricio, cuyos éxitos y merecimientos cubrieron con exceso sus
errores, no podría la historia dejar de señalarlos sin abdicar su más
alta misión, que es la de extraer de lo pasado lecciones aplicables
al porvenir. Resultaron harto prolífícas las simientes de falacia é in-
tolerancia por el gran hombre depositadas en el surco revoluciona-
rio ; pero fué más tarde la peor de las calamidades morales, el que
pudieran los más cínicos mandones autorizarse, con razón aparente,
en los ejemplos de Moreno, para violar sus juramentos y perseguir
de muerte á sus opositores (i).
El 3o de mayo, comenzaron á circular en Córdoba rumores de
las novedades ocurridas en Buenos Aires, los días 21 y 22 (2). Sólo
(i; Monteagndo, que fué sin duda el discípulo más vigoroso y personal de Moreno, no
dejó de señalar los extravíos de su maestro, á quien con toda justicia atribuía lo IraeDO
j lo malo de la primera Junta. Entre muchos otros pasajes significativos, puede citarse
respecto de la intolerancia, el que principia asi, én las Observaciones diddclieas (Gacela,
1 3 de mayo de i8ia — mal fechado en la colección de Pelliza) : u Se instaló el aS de
Mayo la primera junta de gobierno : ella pudó haber sido más feliz en sus designios,
si la madurez hubiese equilibrado el ardor de uno de sus principales corifeos, y si en
vez de un plan do conquista se hubiese adoptado un sistema político de conciliación con
las provincias». Y el párrafo siguiente: a Tampoco es dudable que la tendencia del pri-
mer gobierno provisional era el despotismo, etc. ». Y luego : « Sigamos con la máscara
de Fernando Vil, dicen algunos : las circunstancias no permiten otra cosa. ¡ Oh circuns-
tancias, cuando dejaréis de ser el pretexto de tantos males!...»
(2) Para el estudio del conilicto de Córdoba, los documentos del Archivo general (pu-
blicados é inéditos) ocupan el primer puesto. Las historias de Mitre y Domínguez lo tra-
tan muy á bulto : la de López os un tejido de errores y afirmaciones gratuitas : sólo rec-
tificaré, do pasada, los más visibles. La Crónica de Córdoba, por 1. Garzón, trae interesantes
pormenores locales, pero muy pocos relativos á la crisis de julio y agosto de 1810.
Fuera de su intolerable parcialidad, la versión del capellán Jiménez (publicada en Torrente)
resulta ala par incompleta y errónea. Considero de importancia capital la relación anónima
que en este tomo de los Anales se publica bajo el número ^7» y que debo á la amabilidbd
de la familia de Liniers. El manuscrito que posee ahora la Biblioteca es una copia mo-
derna, hecha con gran cuidado sobre el original, por un francés : algunas trocatintas de
lengua y ortografía no son indicios respecto del autor, proviniendo evidentemente del
SANTJAGO LIMERS a33
se sabia que la deposición del virrey había sido votada en el cabildo
abierto ; pero las versiones de los sucesos resultaban incompletas y
contradictorias, como transmitidas de posta en posta por viajeros,
habiéndose suspendido de orden superior toda salida de correo.
Realizóse aquella misma noche una primera junta en la casa parti-
cular del gobernador Gutiérrez de la Concha, á la que asistieron
Liniers, el obispo Orellana, el coronel Allende, los oidores Mosco -
so y Zamalloa. los alcaldes Piedra y Ortiz, el asesor Rodríguez, el
deán Funes y el tesorero Moreno.
Algunos de los presentes formaban parte de la tertulia diaria del
gobernador ; pero otros, como Funes y los alcaldes, habían sido
invitados en vista de las circunstancias ; en cuanto á Liniers, se ha-
llaba en la ciudad, como dijimos, por su negocio de Alta Gracia
con dicho doctor don Victorino Rodríguez, su futuro compañero
de infortunio. La conferencia se redujo á comentar los aconteci-
mientos y preparar los ánimos en previsión de otros inminentes.
El correo general del 4 de junio trajo impresos y oficios relativos
copista. La más ligera critica comprueba que no pudo cometer galicismo tan grosero
como el de incroyahle (por increíble) quien usa de corrido un estilo genuinamente espa •
ñol. 8Í bien con las incorrecciones de gramática y ortografía que eran entonces frecuentes.
Toda tentativa de atribución precisa sería hipotética; se puede, sin embargo, encerrar en
un circulo bastante estrecho la conjetura. De la lectura del documento se infiere (como lo
advierto en las notas correspondientes) : i' que el autor era español y sacerdote : a' que no
asistió á las ejecuciones, si bien puede haber sido actor en los primeros episodios de la
fuga ; 3* que, además de conocer el medio cordobés, allegó los datos más seguros y cir-
cunstanciados de los sucesos (probablemente de los actores sobrevivientes Luis Liniers,
AUogaray, García, etc.) en vista de la publicación — aunque no creo que ésta se rea-
lizara. Si el autor no es el mismo capellán don Gregorio T. Llanos, ha recibido, segu-
ramente, las confidencias de éste. A pesar de cierta exageración en lo referente á la acti-
tud de los patriotas, la novedad y exactitud del relato lo colocan, como dije, en el primer
puesto después de los documentos oficiales. Para la pintura del trágico episodio, nos
vemos condenados á emplear testimonios espúreos, llenos de detalles apócrifos ó visible-
mente deformados por la pasión partidaria ; croo, sin embargo, que el presente merece
en su mayor parte ser exceptuado. Sin aceptar la versión en su espíritu y tendencia, la
tengo por generalmente fidedigna en lo material. En todo caso, considero que deben
publicarse hasta las más absurdas de uno y otro bando, aunque sólo fuese para mostrar
á qué grado de aberración puede conducir el fanatismo patriótico y sectario. — En las
referencias, designaré por «el Anónimo » al autor de este relato.
a34 AN\LES DE LA BIBLIOTECA
á la instalación del nuevo gobierno : pliegos del Cabildo de Buenos
Aires^ déla Junta y de la Audiencia, además de muchas cartas par-
ticulares; por fin, la circular de conciliación arrancada á Gisneros.
Volvieron las citadas personas á reunirse de noche en la misma ca-
sa del gobernador, quien expresó sin ambajes su propósito de des-
conocer á la Junta, contando con el apoyo del Ayuntamiento y el
vecindario. Todos los presentes asintieron por lo pronto ai parecer
de Concha, con excepción de Funes que aconsejó se aceptasen los
hechos consumados, ó, por lo menos, se resolviese en cabildo abier-
to tan grave asunto. Combatida esta opinión, y al parecer con gran
vehemencia por Liniers, el Deán se retiró de la junta reaccionaria,
adhiriéndose desde entonces pública y activamente á la revolu-
ción (i). Esta actitud del doctor Funes, agravada sin duda por otras
manifestaciones posteriores, es la que ha servido de base para que
algunos escritores nacionales y extranjeros le aplicaran el dicterio de
traidor. Estudiados los hechos que motivan la acusación, la reputo
infundada por excesiva, si bien considero muy difícil apartar del
todo el cargo de delación é infidencia. Funes no fué propiamente un
traidor, por cuanto manifestó su disconformidad con los proyectos
de Liniers y Concha, y se retiró de los conciliábulos ; pero el solo
hecho de haber concurrido á ellos le imponía guardar silencio sobre
su objeto y personas presentes. Ahora bien : no sólo esparció por
Córdoba el secreto jurado, sino que remitió á la Junta de Buenos
Aires, en 'lío de junio, su insidioso Dictamen, que importaba una
delación, tanto más vituperable cuanto que fué conocido aquí estan-
do aún sin marcharse la expedición, y hasta se publicó en la Gaceta
(7 de agosto) antes de haberse insistido en la sentencia irrepa-
rable.
¿ Cómo caracterizar sin injusticia tal extravío, en un hombre cuyo
nivel moral no era seguramente inferior al de la generalidad? —
(i) Dice el Anónimo qae el dictamen de Funes se produjo en la junta del hl p«ro
creo que en este caso debe tenerse por decisivo el testimonio de Funes, publicado á niz
de los sucesos. Hubo sin duda varias conferencias : de ahí la confusión.
SANTIAGO LINIERS 335
Ei doctor don Gregorio Funes, que ala sazón contaba sesenta años,
era un sacerdote instruido y liberal, no destituido de talento lite-
rario ni de moralidad : sólo que su talento ciceroniano consistía en
diluir ideas cortas en frases largas, y su moralidad fluctuaba á
merced de sus pasiones. Entre éstas, eran dominantes la vanidad y
la ambición. Después de bachillerarse en Alcalá, volvió á su patria,
allá por 1780, provisto de una canongia, y desde entonces compar-
tió su vida entre borrajear y pretender. Sus escritos todos (antes
del Ensayo Histórico) pertenecen al género amorfo de las oracio-
nes fúnebres ó congratulatorias, informes doctrinales, polémicas
de claustro y batallas de sacristía; sus pretensiones giraban, natu-
ralmente, en el circulo de las prebendas y dignidades eclesiásticas.
Su correspondencia privada, que tengo á la vista, arroja luz curiosa
sobre esa existencia de canónigo vanidoso é intrigante, que se agita
sin tregua en torno de su campanario colonial, al modo de un cetá-
ceo dejado por la marea en un charco de escaso fondo, donde se
revuelve incansable en espera de otra gran creciente libertadora.
Mantenía á dos agentes en Madrid, ocupados en comprarte libros,
música, baratijas, — sobre todo en mover ante los consejos penin-
sulares sus instancias y candidaturas. Conseguido el deanato, cons-
tituyóse en pretendiente perpetuo á todos los obispados vacantes de
América y hasta de Filipinas. Fué el Tántalo de la mitra, gastando
en untos y propinas la renta del obispado que no logró jamás. Des-
pués de cien decepciones, que no eran tales para sus agentes, éstos
hicieron espejear ante el deslumhrado Deán ¡ nada menos que la
vacante de Córdoba ! Fueron meses de febril correspondencia : el
licenciado Flores, su condiscípulo de Alcalá, teníale asegurados
varios votos en la consulta. Y tan seguros los tenía el amigo Flores,
que en abril del i8o5 salió con la chuscada de haberse nom-
brado — ¡pero fuera de consulta I — al premostratense Orellana, ca-
tedrático en Yalladolid, — y sobre todo hermano de un togado muy
arrimado al candel^ro. No insistamos en la caridad evangélica que
los dos compadres gastaron con el favorecido catedrático, sin que
a36 ANALES DE LA BIBLIOTECA
bastaran para desagraviar al cordobés los dos años de gobierno en
sede vacante que Orellana le dejó, antes de resolverse al sacrificio,
que sin duda algún presentimiento le anunciara. Sea como fuere,
hay indicios claros de que, hasta 1810, Funes quedó resentido
contra Orellana, é impaciente por verle salir — ó caer.
Otras rencillas locales habían cavado hondas divisiones entre
los Funes y el grupo gubernista. A consecuencia de rivalidades con-
cejiles, Ambrosio Funes había vivido casi desterrado en Buenos
Aires por las persecuciones reales ó imaginarias de Concha, el ase-
sor Rodríguez, Allende y otros cabecillas del bando adverso. Volvió
á fines de 1809, merced á la protección de Cisneros, pero dispues-
to, nos dice la crónica local, a á lanzarse contra una autoridad que
le era antipática de mucho tiempo atrás » (i). En suma, los dos her-
manos Funes, con encabezar el partido de oposición colonial, tenían
medio andado el camino revolucionario ; las instancias y promesas
de la Junta hiciéronles andar el resto (2). Sabido es cómo su celo fué
prontamente recompensado ; pero probablemente cifraron su más
inmediata recompensa en la caída de sus adversarios, — sin que
esto importe decir que previeran ni desearan el sangriento desen-
lace. Así es como se puede explicar, sin debilidad ni acrimonia, la
conducta del célebre Deán. Parala inmensa mayoría de los hombres,
las conveniencias personales se anteponen á los intereses de gremio
ó vecindad, y éstos, á su vez, á los de la república, — á pesar de
ser máxima corriente que debieranseguiv una progresión contraria.
Entre los dos polos morales, habitados por los santos y los mons-
truos, la muchedumbre intermedia sólo obedece al egoísmo; su
conducta es una serie de actos neutros, ni meritorios ni perversos.
Ci) loHACio Gakzúii, Crónica de Córdoba, 1, 117.
(a) Consta por la correspondencia de Funes que Moreno había sido su alx^aclo
en 1807. De esto nacieron sus relaciones cordiales que, por supuesto, pesaron tao
poco en la actitud del Deán como diputado, como su vieja amistad con Liniers en »u
conducta respecto de su protector. Funes practicó siempre la a independencia del
corazón ».
SANTIAGO LINIERS 2Íj
como que casi nadie hace el bien ni cometed mal gratuitamente,
sino á impulso de la vanidad ó el interés .
El 7 de junio, llegaron déla capital varias cartas particulares de
vencedores y vencidos para los reaccionarios de Córdoba. Saave-
dra, Belgrano y otros escribían á Liniers, pintando á su modo la si-
tuación é invocando en sus misivas el nombre de Fernando VII, cu-
yos derechos juraban á todo trance defender. Otra cuerda más ín-
tima hacia vibrar el desconsolado Sarratea, temeroso ya de las
consecuencias funestas que los ímpetus de su yerno podían acarrear
á su familia. Sin decidir cuál fuese el peso respectivo de unas y
otras instancias en la resolución de Liniers, no es dudoso que en di-
cha fecha tenía determinado abstenerse de toda participación directa
en Jos proyectos del brigadier Concha, — y acaso éste mismo vaci-
lara en presenciado las protestas conciliadoras de la Junta. Prue-
ba de lo primero es la carta de Liniers al doctor Echevarría (i),
anunciándole terminantemente su salida al campo para el sábado
siguiente (9 de junio) ; y no tenemos fundamento para pensar que
este viaje no se realizara. Por otra parte^ es indiscutible que la acti-
tud de Concha y del Cabildo, cuyas sesiones de junio aquél siguió
presidiendo robustece mi conjetura. En la sesión del 8, tomáronse en
consideración los oficios pasados por el Cabildo de Buenos Aires y
por la Junta Gubernativa, resolviéndose contestar al primero que
este pueblo estaba pronto á designar un diputado al congreso de
las Provincias, y á la segunda que no n debe dudar por un momen-
to que este Cabildo siempre ha reconocido las autoridades legal-
mente constituidas » (2). Sin dejar de manifestar su recelo por la
(ij Documento número 29. « El sábado me voy con toda mi familia á Alta Gracia,
á cavar mi tierra, sembrar y plantar árboles ». La concisión de esta carta parece rela-
cionarse con la adhesión de Echevarría al nuevo gobierno.
(3) Actas del Cabildo de Córdoboy publicadas en Archivo general de la B. A., I, i34
7 Big. El manuscrito existente en el Archivo de Buenos Aires es evidentemente la copia
solicitada en agosto de 18 10 por el comandante Ortix de Ocampo upara calificar la
culpabilidad de los vocales». Era natural que el Cabildo» al cumplir la orden, se esfor-
ttae en atenuar las responsabilidades, omitiendo ó alterando quizá ciertos pasajes de
338 ANALES DE LA BIBLIOTECA
expedición armada que la circular del 27 de mayo anunciábanlas
autoridades de Córdoba no habían, pues, asumido aún una actitud
irrevocable ; y pudo liiniers conciliar las súplicas de los suyos coa
el pedido de Saavedra que « le exigía únicamente se retirase á su ca-
sa de campo » .
Esta calma aparente no era sino el breve y angustioso silencio
que precede el estallar de la tormenta. El correo del i4de juaio
trajo un oficio de la Audiencia, avisando la constitución del Con-
sejo de Regencia, á los efectos de su reconocimiento y jura por las
provincias del virreinato ; el mismo día llegó de Buenos Aires el doc-
tor don Mariano Irigoyen, cuñado del gobernador y enviado confi-
dencial déla Junta para gestionar un acomodamiento (i). Las mis-
mas circunstancias se encargaban aquí de formular el dilema en una
forma aún más perentoria y punzante que la que en otras partes
asumía. En el Río de la Plata, especialmente, muchos eran los je-
fes españoles que habían cedido al atractivo del medio social y al
encanto de la mujer americana , emparentándose con las familias
principales. Estos vínculos de la sangre eran los que unían estre-
chamente á los adversarios ; y para todos los que obedecieran ai
austero dictado del deber, la cuchilla de acero, que sólo aparecía
separando bandos políticos, desgarraba en realidad la carne viva,
mutilando los corazones y dispersando los hogares.
Por no haber querido sentir, ó haber acallado, ese estremecimien-
to de las entrañas, es por lo que nuestros historiadores han
desconocido la trágica grandeza de la protesta realista, y negá-
dose á cobijar bajo el mismo dosel de gloria á los apóstoles arma-
dos de dos creencias enemigas, pero igualmente sagradas y venera-
bles en sus confesores. — Se pronunciará algún día la sentencia re-
paradora sin mezquinas reservas; se ensanchará á la medida de un
las actas. No he podido cotejar los dos textos, pero espero hacerlo al reimprimir este
trabajo.
(i) E4 doctor Mariano Irigoyen era decidido patriota; en el cabildo abierto del as,
había votado con Martin Rodriguei.
SANTIAGO LINIERS 289
gran pueblo la noción de justicia^ para confundir en un mismo culto
admirativo, no á los verdugos con las victimas, sino á los soldados
de una y otra causa que cayeron en buena lid al pie de su bandera :
reconoceremos á nuestros vandeanos, y miraremos alzarse entonces,
en una plaza de la ciudad reconquistada, la estatua de Liniers junto
á la de Belgrano, como se han alzado en otra parte, á impulso de
un solo patriotismo, las de Hoche y La Rochejacquelein...
La misión de Irigoyen iba particularmente dirigida al goberna-
dor Concha, y también al a&esor Rodríguez que gozaba de gran pres-
tigio social y universitario. Fueron vanos los llamamientos del pa-
rentesco y de la amistad : Concha declaró que la instalación de la
Regencia de Cádiz le dictaba su deber de mandatario y soldado ; y
el día 1 5 remitió al Cabildo, para su consideración, los oficios de la
Audiencia. Además de la minoría opositora, no faltaban en el
Ayuntamiento ánimos prudentes que aconsejaban la abstención, si
no la sumisión á la Junta : pero aquellos mismos, puestos entre las
amenazas lejanas de Buenos Aires y las más próximas del poder lo-
cal, cedieron á las últimas, con la misma lógica conservadora con
que, al acercarse Ortiz de Ocampo, habían de formar una mayoría
revolucionaria. El 20 de junio, el Ayuntamiento, presidido por el
gobernador, resolvió que se reconociese y jurase la Regencia « en
el modo más solemne y á la mayor brevedad » (i). Por aquellos
mismos días, Liniers había recibido comunicaciones secretas de
Cisneros, traídas por « un sujeto de su confianza)) (que sería proba-
blemente el joven Lavín), y en las cuales el virrey le confería ple-
nos poderes para organizar la resistencia en todo el virreinato,
obrando de acuerdo con las autoridades del Perú (2). Hubo devolver
(1) No consta por las Actas capitulares que se haya realizado la jura. Pero, por las ra-
zones apuntadas, esta publicacióu es muy deficiente : no es admisible v. g. que en esas
circunstancias criticas, el Cabildo estuviese sin reunirse desde el ao de junio hasta el 7
de julio. El mbmo señor Garzón nota la falta de varias actas. El Anónimo da sobre
u jura detalles que inducen á creer en su realización.
(3) En el relato del Anónimo se dice que Liniers recibió u en el mismo correo del 7 »
las eomanicaciones de Cisneros u por conducto de un sujeto de su confiansa y de la del
94o ANALES DE LA BIBLIOTECA
inmediatamente de Alta Gracia, pues desde fines de junio le vemos
tomar la dirección de los preparativos ; y si pudiera vacilar aún su
actitud, debieron de decidirla las violencias ejercidas por la Junta
Gubernativa contra el virrey y la Audiencia de Buenos Aires (i).
La suerte estaba echada; y cuando, á principios de julio, su amigo
y apoderado Letamendi llegó á Córdoba para unir sus súplicas á
las déla familia, los esfuerzos del amigo y las últimas prevenciones
de la Junta se estrellaron en lo irrevocable (2).
La defensa de la causa española en el virreinato ofrecíase á Liniers
bajo dosaspectos distintos: el general, que consistía en alzar con-
tra la revolución las fuerzas movilizadas de todas tas provin-
cias, desde Montevideo y el Paraguay hasta el Alto Perú ; el
particular, que por lo pronto se limitaba á esperar en Córdoba la
llegada de la división de Buenos Aires, y batirla en un punto favora-
ble, á inmediaciones de la ciudad. De los varios documentos y da-
tos dispersos que he podido consultar, se desprende que el primer
plan fué el de Liniers : áél obedecen sus numerosos oficios al virrey
Abascal, áGoyeneche, Nieto y demás autoridades del norte, instán-
doles á que reconcentraran sus milicias hasta formar un ejército de
virrey» : hay evidentemento contradicciÓD en los térmioos. Además, del mismo texto
se deduce que estas comunicaciones no fueron leídas en la reunión del día 7, sino en
otra posterior á que no asistió Funes. Estas cartas reservadas serian las traídas á caballo
por el joven Melchor Lavin, con toda la celeridad que la urgencia del caso exigía y ^e
hizo proverbial en Córdoba, sin asumir las proporciones fantásticas que el capellán Ji-
ménez (versión de Torrente) ha propalado. Consta por el relato del Anónimo que Lavin
quedó al lado de Liniers como ayudante.
(i) Háse atribuido la resolución de Liniers á este destierro de Cisneros, que le devolvía
de hecho y derecho el mando superior del virreinato. Todas las presunciones y los ante-
cedentes expuestos son contrarios á esta conjetura : pudo Liniers considerarse más obli-
gado ahora á defender una causa que había perdido su jefe legitimo : pero seguramente
no se movió á impulsos de la ambición, quien acababa de expresar tan espontánea y
enérgicamente su repugnancia y desprecio por el mando.
(a) Véase el documento número 3o. La prontitud con que Moreno ordenó el mismo día
la entrega del pasaporte pedido, muestra que se esperaba todavía convencer á Liniers. Entien-
do que don Francisco de Letamendi era socio de Sarratea, y es interesante comprobar con
BU solicitud la opinión que tenían los mismos amigos y allegados de Liniers acerca de sn poca
firmeza de carácter. Véase también la carta (documento número 3i) que Liniers escribió
á su suegro Sarratea, y constituye la apología más ingenua y sincera de su conducta.
SANTIAGO LINIERS a4i
observación en el Alto Perú : en tanto que despachaba, el 3o de ju-
nio, á su hijo Luis con instrucciones análogas páralos jefes de Mon-
tevideo. Su intención, según el documento anónimo, era salir de
Córdoba con algún cuerpo respetable, que se engrosaría en el tra-
yecto, y reunirse con las fuerzas peruanas para mover luego Bue-
nos Aires un poderoso ejército, dejando á retaguardia todo el
norte pacificado. A este concepto americano de la contrarrevolución
respondía (aunque se produjo algo tarde) la actitud del Cabildo de
Córdoba que, á mediados de julio, reconoció provisionalmente la
superior autoridad del virrey de Lima en lo político, y de la Audien-
cia de Charcas en lo judicial — si bien mandó archivar la grave re-
solución en (da alacena de tres llaves». Conocidos los recursos con
que contaban los jefes del Perú, y el campo favorable que allí en-
contró la reacción española, parecía bastante plausible el phm estra-
tégico de Liniers. Pero fuera vano epilogar sobre un proyecto que no
tuvo siquiera un principio de realización : sabido es cómo triunfó el
plan de Concha, que consistía en localizar en Córdoba la resistencia,
sin perjuicio de sublevar contra la Junta los pueblos interiores, es-
pecialmente los de Cuyo que estaban dispuestos á pronunciarse.
Cediendo, pues,á consideraciones locales, cuya poca solidez no se
le ocultaba, Liniers hizo suyo el plan del gobernador; y sólo aten-
to ya á sus ventajas posibles, aplicó toda su actividad y experiencia
en organizar los elementos déla provincia. En pocas semanas las mi-
licias de Allende llegaron á formar una división de unos mil hom-
bres de caballería, cuya educación militar hubo de reducirse al ma-
nejo del arma; la infantería, escasa y mala, constaba de un batallón
provincial que apenas prestaría servicios apreciables en. la plaza mis-
ma ó sus cercanías. Encarece el Anónimo la cooperación eficaz que
como instructor prestó el tesorero Moreno, antiguo oficial español,
sin duda más activo que el respetable Allende, quien, de puro vete-
rano, resultaba inválido. Ni el armamento ni las municiones es-
caseaban, como tampoco las buenas « caballadas », — sobre todo las
muías de carga y tiro, cuya falta absoluta haría tan lentas y penosas
AKAUS DB Uk BiaUOTBCA. T. in iG
a43 ANALES DE LA BIBLIOTECA
las marchas del enemigo. Liniers dirigió personalmente el montaje
de la artillería, logrando dejar listos catorce cañones sacados del
fuerte San Garlos ; también fabricó 600 granadas de mano, « con
un barro muy duro, y se experimentó haciendo mucho estrago » .
En suma, á mediados de julio, el estado de la defensa parecía satis-
factorio, tanto más cuanto que se anunciaba la incorporación de los
destacamentos salidos de Mendoza y San Luis, que casi habían de
duplicar el actual efectivo. Si á las ventajas del número y «le los
medios de movilidad se agregaban las de la situación, — apoyadas
las fuerzas en la ciudad y auxiliadas por una población campestre
toda adicta al gobierno, — y también del prestigio que rodeaba el
nombre del Reconquistador, parecía asegurado el triunfo contra
la división auxiliadora, que todos los rumores circulantes mostra-
ban diezmada por las deserciones y rendida por las fatigas. En to-
do caso, no se ponía en duda que cada día transcurrido reforzaba
los augurios propicios ala causa realista, mermando proporcional-
mente los favorables á la revolución . . .
Amenazada por el norte, desconocida en Montevideo y en el Pa-
raguay, casi exhausta de recursos (i) é imposibilitada para despren-
der de la capital los pocos batallones que mantenían el orden preca-
rio, la Junta Gubernativa no había conseguido sin grandes esfuer-
zos organizar la expedición alas provincias interiores, que ella mis-
ma inscribiera en su programa. La sola actitud de Górdoba hacía
más que justiñcar políticamente la medida arbitraria, demostrando,
al par que su necesidad, lo insuficiente de sus primitivas proporcio-
nes. Para internarse en el virreinato estremecido é imponerse á las
autoridades vacilantes ú hostiles, no era un contingente de quinien-
tos hombres, sino uno doble ó triple el que era indispensable mo-
Ci) En los cinco primeros meses do xSio, lo recaadado por estas tesorerías daba un
promedio mensual (en cifras redondas) de 65o. ooo pesos : en junio (según los estados
publicados en la Gaceta) la renta fué de 537.000 pesos : en julio, cayó á 311.927 pasos:
desde entonces voItíó á subir paulatinamente, alcanzando en diciembre A 4 16.000 pesos.
La revolución causó, pues, un notable malestar económico cuyos efectos se prolongaron
bastjinte : no hay declamaciones que valgan contra las cifras.
SANTIAGO LINIERS a43
vilizar. ¿De dónde sacarlo a en quince días », uniformado y disci-
plinado? ¿A qué jefes expertos confia ríase la misión de vencerá
generales ilustres ó jefes prestigiosos como lo eran Liniers, Concha,
Nieto y Goyeneche? ¿De qué arbitrios se valdría el gobierno
para pagar el armamento, los suministros y sueldos de la división
paesta encampana?... Los arduos problemas que estas preguntas
entrañaban fueron resueltos con una decisión y, en general, un
acierto admirables. Si otras faces de la acción revolucionaria son
discutibles y hasta condenables, es justo reconocer que su energía
venció todos los obstáculos y dominó las circunstancias. No sólo la
actividad contagiosa de Moreno galvanizó la Junta Gubernativa ,
sino que se propagó á la población entera, con virtiéndola en cola-
boradora activa de sus designios. De los departamentos de Gobier-
no y Guerra, que Moreno directamente manejaba, salieron en aque-
llas semanas febriles, y minutados de su puño y letra los más, cen-
tenares de órdenes y decretos, cada uno de los cuales resolvía una
duda, allanaba una dificultad, doblaba una resistencia, llevando en
su brevedad imperativa, hasta los confínes del territorio, una mis-
teriosa virtud de obediencia y adhesión.
Formóse la llamada « Expedición auxiliadora », distrayendo una
ó dos compañías de los cuerpos existentes (cuyos vacíos se llena-
ron inmediatamente con reclutas), en la proporción siguiente : dos
compañías de cada uno de los batallones números i y 2 (Patricios),
número 3 (Arribeños), números 4 y 5 (antiguos Montañeses y Anda-
luces) y de Castas, esto es, diez compañías que sumarían unos 600
hombres, fuera de oficiales y agregados (i); llevaba, además,
cuarenta artilleros veteranos y sesenta de la Unión (artillería volan-
te) ; cincuenta soldados del Fijo, otros tantos dragones y húsares, y.
por fin, cíen blandengues (en todos éstos estaban inclusos los oficia-
les) ; el total efectivo no pasaba de mil hombres el día de la revista
(25 de junio) en la Plaza Mayor. Componían la plana mayor: el
(1) Una sola compañía de Patricios (la 7* del 3" batallón) alcanzó, durante la Defensa,
¿ tener 65 hombre«, inclusos tres oficiales. El término medio ora de 60 hombres.
Hk
ANALES DE LA BIBLIOTECA
coronel don Francisco Ortíz de Ocampo, primer comandante; el
teniente coronel don Antonio Balcarce, segundo comandante; don
Hipólito Vieytes, comisionado de la Junta ; el doctor don Feliciano
Chiclana, auditor de guerra (i); don Juan Gil, comisario de
guerra ; por fin, dos cirujanos y dos capellanes. Para todas las re-
soluciones Y providencias relativas uá la conducta política con los
pueblos y el gobierno militar de la expedición » , constituíase una
Junta de, comisión formada del primer comandante, el Auditor y el
Comisionado. Es sabido que fué secretario de esta junta don Vicen-
te López (2). Al fin logró moverse del Monte de Castro el pequeño
(i) Chiclana no desempeñó estas fuaciones (Archivo^ ^«90) • ol ^8 de julio, alcanxó á
la expedición en Fraile Muerto, pero fué sólo para reforzar su escolta y seguir riaje á
Salta con misión do la Junta (Ibid.; 106). No tuvo nunca, pues, que «apurará los per-
8e£[UÍdos » (que d la sazón, mandaban todavía en Córdoba), y lo que hizo, al contrario, con
sus doce blandengues, fué desviarse prudentemente de la ciudad.
(2) La página (lll, iqS) en que el doctor López nos instruyo de la expedición es
un buen espécimen del método descansado que gastaba en sus historias : transcribiré al-
gunas de sus afirmaciones notables, con un breve comentario al frente :
« El Pueoto de Marqaex, colocado rntoncei d
las márgenes del rio de ¿o/an, como á diez le-
guas al oeste de la capital, fué el lugar donde
so formó el campamento de reunión de los
cuerpos. . .
c (Nota). — El total efectivo se componía de
dos batallones de Patricios con 36o hombres ;
del batallón de arribeños con a5o ; de soo par-
dos j morenos; i5o correntinos ; como acó
dragones j 76 artilleros con ocho piesas de
campaña... ■
< Mandaba la expodicion el coronel Ortix de
Ocampo que como comanelante del batallón de
Arribeños había hecho sus primeras armas en
la Defensa... Entre los jefe* de cuerpo se dis-
tinguían D. Martin Rodríguez. Viamonte, ¡Haz
Velez j otros... La secretaría era servida por
el doctor Don Vicente Lopes. Además acompa-
ñaba al ejército... el vocal de la Junta guber»
nativa don Hipólito Vieytes... •
El cuartel general fué el Monte de Castro (Fio-
resta), mny distinto j distante del Puente de
MirquoK ; éste, por otra parto, nunca estuvo d las
márgenes del río de Lujan sino «o6re el río de las
Conchas (como todos los puentes), á una legua
de Morón jr, por cierto, no á diez de Buenos
Aires. — El regimiento de Patricios constaba
entonces de dos batallones con nuera compañías
cada uno : era dtíTcil, pues, confundir la com-
pañía con el batallón. (Sobre la formación de
ejército véase la página anterior). La artillería
se componía de cuatro piexas volantes j dos
obuses. — Ocampo era capitán de Arribeños en
la Defensa : el comandante era don Pío de Gama
j el sargento major L Pazos. — Martín Ro-
dríguez no estuvo nunca en la expedición :
quedó en Buenos Aires, hasta que en novicm'
brc pasó á SanU Fe j Entre Ríos rArchivoJ.
Viamonte no se incoporó á la expedición hasta
enero de 181 1, en Potosí. Díaz Veles estaba
en Buenos Aires cuando fué nombrado, en 11
do septiembre, tercer jefe de la expedición, *
la que también se incorporó en el Alto Per¿.
— El licenciado LtSpcz nunca fué doctor ni to«
mó este título... Lo de Viejrtes no prueba qx
el historiador de la Revolución ignorase 1<>*
nombres de los siete vocales de la primer*
Junta, sino sn incurable y desastrosa Ugeress.
SANTIAGO LINIERS a45
ejército, llegando el i4 de julio á Lujan, donde completó sus pre-
parativos y recibió su comandante nuevas instrucciones de la Junta
— que no serían las últimas, pues la infatigable vigilancia de More-
no había de seguir etapa por etapa la marcha de la expedición.
De las órdenes impartidas y recibos otorgados por los jefes, se
infiere que las fuerzas iban regularmente uniformadas y provistas,
con anticipo de sueldo oficiales y tropa, buen armamento y muni-
ciones abundantes : todo ello, que representaba un gasto crecido,
se había pagado en parte con un empréstito subscripto por el co-
mercio, bajo la garantía de Larrea y otras casas importantes, y los
primeros donativos espontáneos del vecindario. Esta contribución
patriótica, que añadía á su valor propio el mucho más import^^nte
de su significado moral, había sido encabezada por Mariano Moreno
con seis onzas de oro ; y tras de él el pueblo entero, sin distinción
de clase ni sexo, iba llevando su óbolo á esa « patria nueva » : vaga
abstracción que comenzaba á diseñarse por entre las nubes tumul-
tuarias de la revolución, y que tan extraña forma real revestiría con
los años en las imaginaciones populares. Algunas subscripciones
sorprenden por lo considerables, — como la de don Gervasio Po-
sadas, que pasa de i5oo pesos, fuera de seis meses de sueldo, —
otras por su relativa parsimonia, como la del presidente Saavedra
(oo pesos) (i); y las hay también más conmovedoras aún que las
ofrendas humildes de los negros esclavos para una cruzada de eman-
cipación que no era todavía sino la de los blancos : y son las de los
españoles que, al enviar sus ahorros á la Junta, formulan votos in-
genuos por la causa del Rey ! Pero, en general, el arranque de inde-
pendencia fué tan consciente como espontáneo; y así lo demuestra,
mejor que las subscripciones, el concurso eficaz que, á impulso del
magnético Secretario, las poblaciones todas prestaron al levanta-
miento.
(i) Saavedra, sobre ser hombre de forinna, percibía 8000 pesoa do sueldo como
Presidente ; sabido es que Bolgrano, Matheu y Larrea, renunciaron al que como vocales
|es correspondía (3ooo anuales).
a46 ANALES DE LA BIBLIOTECA
A pesar de las deserciones inevitables, supuesta la organiza-
ción apresurada y allegadiza de algunos cuerpos, la división expe-
dicionaria avanzaba sin graves tropiezos hacia su destino, causando
no poca sorpresa á sus jefes las pruebas inequívocas de adhesión que
los vecindarios le prodigaban, asi en la provincia de Buenos Aires
como en las de Santa Fe y Córdoba (i). Esta actitud presagiosa
respondía sin duda á un sentimiento profundo del alma popular; pe-
ro era también consecuencia de Fa incesante propaganda y disposi-
ciones decisivas de la Junta. En pocas semanas, por la persuación ó
el terror, la liga délas autoridades realistas, formada por Concha y
Liniers, había quedado desarticulada ; San Juan, La Rioja, San Luis
y las provincias del norte aceptaban la situación y nombraban sus
diputados al Congreso; en Mendoza, que era el centro reaccionario
de Cuyo, había abortado una tentativa de resistencia encabezada
por el comandante Ansay y los ministros de la Real Hacienda, y
estos (( reos » marchaban bajo escolta á Buenos Aires.
Pero en Córdoba, sobre todo, era donde el derrumbe de la frágil
empresa reaccionaria se pronunciaba día por día. Al principio in-
sidiosa é hipócrita, la oposición del grupo de los Funes tomábase
más briosa y audaz, al paso que venía minando las autoridades y
desprendiendo de la causa realista á los individuos más influyentes
del clero, del foro y del comercio — que no eran por cierto los de
alma mejor templada .
Bajo este trabajo persistente y sordo de desorganización, dirigido
desde Buenos Aires por el influjo de Moreno, se disgregaban á ojos
vistas los batallones movilizados : aparecían cada mañana los claros
dejados en las filas por los desertores de la noche, que habían gana-
do el monte ó la sierra, favorecida su fuga por manos ocultas. A
medida que se aproximaba el enemigo, la resistencia de Córdoba
se derretía como masa de nieve bajo los rayos del sol. El fogoso
Cabildo de días antes no había esperado la última hora para poner
(i) Archivo^ I ; comunicaciones del Salto, Pergamino, Esquina y Fraile Muerto, fe-
chadas del 20 al 3o do julio.
SANTIAGO LINIERS aA?
sordina á su intransigencia : en las últimas sesiones de julio, se
manifestaba ya el cambio del viento por las abstenciones. Ig-
noramos lo que se discutió en la del 27, todavía presidida por
el Gobernador, pues el acta correspondiente ha sido á todas
luces mutilada ; pero es probable que la actitud de los capitula-
res presentes corroborase en la mente del infeliz mandatario el
convencimiento del fracaso inevitable (i). AI día siguiente, Liniers
y Concha prepararon la retirada á las provincias del norte, con las
fuerzas que, al parecer, quedaban adictas y algunos de los perso-
najes más comprometidos. La salida se verificó el 3o de julio (2).
El I *" de agosto, los señores del Cabildo, desprendiéndose de todo
quijotismo municipal, seapresuraron á estudiarla situación á la luz
del « número uno ». Del estudio concienzudo resultó clarísimo ( ¿en
qué estábamos pensando ?) que los oficios de la Junta y los papeles
públicos de Buenos Aires a no respiraban otros sentimientos que los
de fraternidad y unión» : por consiguiente, se imponía, ajuicio del
Alcalde de primer voto, el envío de un diputado al general de la expe-
dición, para pintarle el estado de consternación y orfandad en que la
huida de los jefes militares y del obispo había dejado al vecindario,
que sólo anhelaba abrir sus brazos á los emancipadores. Y como el
segundo Alcalde se distinguiese por la energía con que apoyó la
moción, este elocuente orador se encontró honrado, á gran pesar
suyo, con el delicado encargo de ser el san León del Genserico rio-
(i) Faltan las actas de las sesiones, que seguramente se realizaron entro el at y el
37 de julio : en ésta dejaron de asistir varios vocales, y se deduciría del acta que se
cerró la sesión apenas abierta ¡«por no haber nada que tratar»! Fué la última que
presidió Concha.
(a) Gahzóh (obra eitadat I, ia4) dice, que el 3i de julio el Cabildo abrió pliegos
del Gobernador, ude fecha aS, avisando que se ausentaba». Aceptando el dato, ello no
indicaría que hubiera salido el día mismo en que lo comunicaba, si es admisible que el
Cabildo esperase tres días para ocuparse de tan grave asunto. Por otra parte, la nota
de Ocampo á la Junta, de fecha i* de agosto, no deja lugar á duda: «ayer i medio
día han salido de Córdoba...» Aunque se contaba 3o leguas del Paso de Ferreira (de
donde escribía Ocampo), no hay dificultad en admitir que el chascpie salido en la tarde
del 3 1 llegase á cualquier hora al campamento. Concuerda con la fecha fijada por el
Anónimo.
3^8 ANALES DE LA BIBLIOTECA
jano.el cual, por otra parte, era bastante manso y bonachón. Dictá-
ronse las providencias encaminadas al más digno recibimiento délos
libertadores : autoridades y vecinos se disputaban la gloria de alo-
jarlos como á su clase correspondía ; y no fué porculpa del Cabildo
si el colegio de Monserrat no se vio convertido en cuartel. El 8 de
agosto. Ocampo y Vieytes tomaron posesión de la ciudad en medio
de las aclamaciones y repiques de campanas. Aun antes de depurar
al Cabildo de sus elementos reaccionarios, la Junta de Comisión
quiso recompensarlos buenos servicios del deán Funes, proponién-
dole para Gobernador interino (i); pero ya estaba designado don
Juan M. Pueyrredón, que se recibió el i6. El 19, Funes fué elegido
diputado al Congreso « por su patriotismo y literatura », como decía
la Junta al aprobar el nombramiento , y el electo justificó inmedia-
tamente los términos de la aprobación, dirigiendo al Cabildo una
solicitud en que exponía u que era muy del caso se tuviera en cuenta
al fijársele la dieta, que iba á abandonar su cátedra de matemáticas
dotada con quinientos pesos en cada año, y que no podrían ser sino
muy crecidos los gastos de su establecimiento en la capital » (2).
Así terminó, entre premios á la delación y la intriga, la co-
media política de la resistencia cordobesa : nos resta ahora asistir
á su tragedia.
Antes de caracterizar la actitud de la Junta Gubernativa respecto
de los vencidos, cúmplenos tributar justicia á las disposiciones opor-
(i) Oficio á la Junta de ii de agosto. Don Joan Martin Pueyrredón había sido
nombrado por decreto de 3 de agosto ; para que todavía el 1 1 se ignorase en Córdobi
este nombramiento, debe suponerse alguna demora en la comunicación. Creo que pue-
de explicarse del modo siguiente. El borrador de la comunicación al Cabildo de Cór-
doba (Archivo General^ inédito) no se referia primitivamente A Pueyrredón, sino al señor
coronel del regimiento del rey, don Martin Bodriguez ; aparece tachado lo aquí subrayado,
y puesto entre renglones teniente [coronel] don Juan Martin Pueyrredón. El decreto hubo
de retardarse algunos días, ya por renuncia de Rodríguez, ya por reconsideración de U
Junta: pero quedó la fecha primitiva.
(a) Garzóh, obra citada, I, i35. Todas las cosas de Funes están llenas de recovecos.
¡ Resulta ahora que era él mismo quien percibía los 5oo pesos de la cátedra por el
fundada ! £1 señor Garzón dice que recibió como diputado 3ooo pesos anuales : era el
sueldo de los vocales de la Junta.
SANTIAGO LINIERS =49
tunas y decisivas con que hizo tan fácil el triunfo de los inconscientes
vencedores. Mientras la expedición cumplía sus etapas por las hon-
das rodadas del camino al Perú, la Junta — mejor dicho. Moreno,
que la personificó para lo bueno y lo malo en aquellos días — ence-
rraba á los realistas en un círculo de aislamiento que desbarataba sus
planes, así para esperar auxilios exteriores como para salir á bus-
carlos. No sólo estaban sometidas todas las autoridades délas pro-
vincias limítrofes, sino ganadas a la causa revolucionaria y conver-
tidas en cooperadoras suyas. Partidas armadas custodiaban los pa-
sos de los ríos y las encrucijadas de los caminos, desde el Paraná
bástala Cordillera y desde la Pampa hasta las abras del Alto Perú.
El alférez Liniers que, con el doctor Alzogaray, se dirigía á Montevi-
deo, había caído en una de las diez trampas que á orillas del Paraná
se le tenían armadas. La actividad de la Junta no tuvo un instante
de vacilación ni desfallecimiento. Ya en 8 de julio, los cabildos ó
comandancias de Cuyo, Santa Fe, Gatamarca. Santiago, Tucumán
y Salta tenían orden de aprehender á los a fugitivos n; y el coronel
don Diego Pueyrredón vigilaba la línea de Jujuy. Apenas conven-
cido Moreno de que la resistencia cordobesa quedaría reducida á
sus propias fuerzas, no la tomó en cuenta sino para castigar á sus pro-
motores ; y el 17, cuando éstos alardeaban en Córdoba con sus ardo-
rosas milicias, á vista del Cabildo entusiasmado, era el día en que el
terrible secretario decretaba que « irremisiblemente deben venir
presos á esta ciudad, con segura custodia: el Obispo, Concha,
Liniers, Rodríguez, Allende, el oficial (tesorero) Moreno, el alcalde
Piedra y el Síndico Procurador » (i).
Lo atrevido de la actitud era tanto más admirable cuanto que
(bien lo mostraron los resultados, contrato aparentemente difícil y
(1) Árdiivo general^ I, 19. Oficio de la Janta, i3 de julio de 1810. En 18 de julio
(faltando casi tres semanas para que la expedición llegara á Córdoba), la Junta fijaba
los detalles de la prisión: « no debe (enesto) oírse la voz de Funes ni relación alguna.
Bino «/Malar d ciegas y d todo trance la prisión de esas personas y remitirlas con toda
seguridad. . .n Ni el alcalde Piedra ni el síndico Mier siguieron á los fugitivos ; el pri-
mero se ocultó y el segundo fué indultado.
95o ANALES DE LA BIBLIOTECA
adverso de las circunstancias), nacía de un sentimiento exacto de la
situación. Sea cual fuere la legitimidad de los medios empleados,
es así como una causa se defiende y vence ; y, aceptada la responsa-
bilidad de la lucha política, no es dudoso que fuera el primer deber
de la Junta perseguir á todo trance el afianzamiento de la revolu-
ción. Lo consiguió, desde luego, ostentando fe tan inconmovible
en su triunfo, que logró comunicarla no sólo á sus adictos, sino tam-
bién á sus adversarios, que se sintieron vencidos antes de pelear.
Empero, si la necesidad de vencer autorizaba en cierto modo el em-
pleo de ciertos medios delictuosos, debieron arrojarse después déla
victoria aquellas armas prohibidas, apenas tolerables en el combate é
indignas de ser instrumentos de gobierno. Antes señalé aquella men-
tira sistemática que envenenó la fuente de la revolución ; hablaré lue-
go délas ejecuciones que salpicaron su frente de manchas tan indele-
bles como las del Terror francés : quiero únicamente referirme aho-
ra á la prédica inmoral y á la práctica corruptora, que consistieron
en glorificar la traición y la apostasía, en tanto que se ultrajaba á las
víctimas, sólo culpables de fidelidad á su patria y á su rey. Por un
monstruoso sofisma, que hubo de perturbar hondamente las con-
ciencias, inventóse una linea de división fantástica que se trazara el
25 de mayo : una suerte de nuevo ecuador político que, así como el
físico cambia las estaciones, trastornaba bruscamente los principios
morales, presentando como único criterio de lo justo y lo injusto la
adhesión ó la resistencia á una causa muy legítima en el fondo,
pero que necesariamente no podía ni debía aparecer como tal á
funcionarios españoles. Por efecto de una aberración ingenua, que
excluye toda intención sarcástica, los que se atenían al orden tra-
dicional fueron perseguidos como «revolucionarios» (i) ; y los
jefes de la Reconquista española cayeron arcabuceados por suscom-
(i) Son abominables las comunicaciones cambiadas entre la Junta y los Allende
(2 y 3 de septiembre de 18 10), con motivo de los grados militares conferidos 4 éstos
por haber delatado á su tio. Véase también el articulo de la Craeeki de 16 de agosto
en que se difama i Liniers, ya preso y condenado á muerte.
SANTIAGO LINIERS aSi
pañeros de armas, porque servían sinceramente la bandera real que
los otros sólo llevaban de disfraz... Todo ello, debe la historia do-
cirio, si aspira á ser la conciencia de la posteridad, no un vano pane-
gírico de lo pasado, inferior á la pura novela en arte literario é in-
vención. Por eso también habrá de enseñarnos lo bueno después de
lo malo, é invocar las circunstancias que atenúan la acusación, re-
pitiendo que Moreno y Gastelli eran dos hombres de bien, — all
honourable men! como dice el Marco Antonio de Shakespeare, —
dos caracteres austeros, servidos por inteligencias cultas (que por
cierto no comparo) y perjudicados por pasiones implacables aunque
exentas de móvil sórdido. Y acaso pudiera el historiador psicólogo
aventurar una última conjetura, opinando que, si fué una suerte
para la revolución argentina ser dirigida por dos hombres moral ó
intelectual men te superiores, quiso su desgracia que fueran ambos
enfermos: pues si es infantil mirar, como lo hicieron algu-
nos piadosos monárquicos, un castigo del Cielo en el fin prematuro
de Moreno y Gastelli, considero mucho menos absurdo buscar en
ello una explicación de su carácter irritable, y también de su ener-
gía exasperada, que tuvo seguramente algo de mórbido y convulsivo
en su pasmosa actividad.
El 3 1 de julio salieron de Córdoba los jefes realistas y demás
funcionarios españoles, acompañados de unos 4oo hombres de tro-
pa, y con el propósito de ganar el Alto Perú según el antiguo plan
de Liniers. Pero era tarde ya para realizarlo; la mayor parte de los
oficiales estaba en connivencia con los patriotas para provocar la
dispersión de los soldados y retardar la marcha de los fugitivos. En
la misma noche del 3i desertaron cincuenta hombres, y la desban-
dada se pronunció en los días siguientes hasta el grado de no quedar
sino una compañía de blandengues de la Frontera. En vano se sem-
braba el dinero para contenerla deserción incoercible (i): entre el
(i) Por orden del gobernador Concha, y dejando constancia, el tesorero Moreno Ile-
^'«ka So ó 4o mil pesos de las cajas reales. En el desfalco de 77.000 pesos que se de-
nanció, estaba evidentdmente incluido lo gastado en la moviliaación y preparativos de
a5a ANALES DE LA BIBLIOTECA
Totoral y Tulumba, la compañía restante abandonó en masa á sus
jefes con gritos é insultos. Allí también se incendió el carro de mu-
niciones; y como los maestros de posta, instigados por varios patrio-
tas que ocultamente seguían la expedición (i), se negaban á facili-
tar caballos, hubo que clavar los cañones y quemar las cureñas. El
4, entre San Pedro y el Río Seco, un chasque despachado por un
amigo de Córdoba les dio aviso de haber entrado en la ciudad la ex-
pedición, y salido Balcarce con yS hombres en seguimiento de los fu-
gitivos (3) : tan lentamente se había efectuado la retirada, que éstos
no llevaban sino una jornada de ventaja á sus perseguidores. En
consecuencia resolvieron dividirse, despidiendo á los pocos oficiales
que habían quedado fieles al infortunio. Dejaron los coches y mon-
taron á caballo, llevando cada grupo sus muías de carga : Liniers,
con su ayudante Lavín y el canónigo Llanos, tomó por la izquierda,
hacia la sierra ; el obispo Orellana, con su capellán Jiménez, en rum-
bo opuesto se dirigió á la casa de un cura amigo, que resultó otro
Allende ; en tanto que Concha, Rodríguez y los demás seguían el
camino de las postas. Tenían todos que caer infaliblemente en po-
der de las partidas perseguidoras, pues Balcarce, informado á las
defensa. Sobre la desaparición de la suma tomada á Moreno, véase el documento n* 47-
La denuncia de Ocampo (Archivo, I, 39) sobre que los «malvados meditaron también sa-
quear el situado del comercio que transitaba por aUíu, fuera de no tener fundamento, no
puede evidentemente referirse al situado del rey (como ha creído el doctor López) sino
á caudales particulares que seguramente ninguno de los fugitivos meditó asaltar. Hemo»
visto ya que el situado del rey había pasado por Córdoba en mayo, dejando 5o. 000
pesos en esas cajas ; este mismo dinero era el que sin duda se gastaba en el camino. A
esta denuncia de Ocampo hace pendan! la del Anónimo, sobre los 3o. 000 pesos tomados
á los fugitivos y que desaparecieron.
(i) Fuera de alguna discordancia en las fechas, los datos del Anónimo concnerdan
hasta en los nombres con el parte de Balcarce (Gaceta de ai de agosto) : entre los pa-
triotas que éste cita para alabarlos y aquél para vituperarlos, figuran el doctor Rivadi-
via, don Gaspar Gorro, don Santiago Carrera, don Faustino Allende, etc.
(3) Por denuncia de Ambrosio Funes y Faustino Allende. Véase el documento n* 3S
también publicado en la Gacela del 9 de agosto. Ocampo destacó á Balcarce con 3oo
hombres, pero éste explica en su parte cómo,, por falta de caballos y tener aviso dei
u desgreño » en que se efectuaba la retirada, resolvió perseguirlos con sólo 7^
hombres.
SANTIAGO LiNIERS a53
pocas horas de estas disposiciones, había lanzado varias comisiones
sobre las pistas señaladas.
Refiere en su parte el comandante Balcarce que en la noche del 6,
al llegar á una estancia (que sería la de las Piedrilas, cerca del Cha-
ñar), (I descubrió una lumbre dentro del bosque y que, dirigido á
ella, encontró la mantenían dos hombres á la puerta de una cerca de
ramas de árboles». Los paisanos estaban guardando unas muías;
interrogados, en la forma eficaz que se supone, dieron al pronto res-
puestas confusas. Pero luego uno de ellos confesó ser las muías de
don Santiago Liniers, que se encontraba en una choza escondida en
el monte, á tres cuartos de legua. — El delator era un negro, peón de
la estancia, que había recibido dinero de Liniers para ocultarle : sir-
vió de guía para descubrirle; y regocija el alma el saber, poruña tra-
dición fidedigna, que el sentimiento popular, infalible en sus impulsos
instintivos, reivindicó los derechos de la humanidad ultrajada, re-
chazando para siempre como un leproso al traidor (i). Se encargó
de sorprender al indefenso general el ayudante de campo don José
María Urien, joven que se distinguía, dice un testigo ingenuo, « por
estar adornado de todos los vicios » ; y á fe que en esta ocasión no
desmintió su buena fama. Rendidos por el cansancio déla jornada,
Liniers y su corta comitiva estaban durmiendo, cuando, á media no-
che, fueron bruscamente despertados por la partida que rodeaba el
rancho y les ponía sus bayonetas al pecho. Urien contó á su jefe
que Liniers, al sentir que se abría la puerta, habíale disparado los
dos tiros de su escopeta, escapando á la muerte por la doble y ex-
traña casualidad de haber u fallado las cebas ». Ello no es imposi-
ble, aunque muy improbable ; pero parece más seguro lo de ha-
ber sido tratado el preso por aquel malvado con inaudita brutalidad,
después de saquear sus equipajes y despojarle de cuanto dinero y jo-
yas llevaba (2). Los prisioneros pasaron el resto déla noche « atados
(1) Debo estos interesantes apuntes, que reflejan evidentemente la verdad, á una ama-
ble deferencia del doctor don Ramón J. Circano que los recogió en la villa del Cbañar.
(a) AreIúvOf U, a6o: oficio de la Junta, de septiembre a, ordenando procesar á Urien,
a54 ANALES DE LA BIBLIOTECA
con los brazos atrás », y, al amanecer, fueron conducidos al campa-
mentó de Balcarce. El obispo Orellana, aprehendido á ocho leguas de
allí por el alférez Rojas, fué tratado poco más ó menos como Li-
niers. En cuanto á Concha, Rodriguez, Allende y Moreno, fueron
sorprendidos en la travesía de Ambargasta por el teniente Albariño ;
y el hecho de que el narrador anónimo consigne la mejor conducta
observada con éstos por dicho oficial, hace presumir que no miente
ni exagera al pintar el indigno tratamiento de que los otros fueron
víctimas (i). En poder del tesorero Moreno fueron hallados So.ooo
pesos, que desaparecieron. Sin duda en seguimiento de esta última
partida, el comandante Balcarce habíase adelantado cuatro ó cinco
leguas más al norte, hasta el Pozo del Tigre, de cuya posta mandó
á Ortiz deOcampo su parte triunfal del 7 de agosto. En él anun-
ciaba también que hacía conducir á « los reos á un paraje donde se
reuniesen y pudieran seguir á la Capital sin hacer rodeos, ó á esa
ciudad si se conceptuase lo más conveniente». Estas palabras, uni-
das á otros datos oficiales, permiten establecer la verdadera versión
acerca de la actitud respectiva que la Junta de comisión y los Fu-
nes observaron en el doloroso conflicto.
La sentencia de muerte (( fulminada contra los conspiradores de
por (' no haberse manejado con la purexa y honor que debía en la prisión de Don San-
tiago Liniersi). Dice el Anónimo (que sospecho sea el capellán Llanos, allí presente)
que Liniers « fué atado con tal crueldad, que le reventó la sangre por las yemas de lo»
dedos. Correspondiente á este tratamiento era el que de palabra le hacia Urien, tuteán-
dole y no llamándole sino : picaro Sarraceno n. Podría admitirse alguna erageración : pero
ciertos detalles no se inventan : por otra parte ^ qué no debe esperarse de un oficial
capaz de robar á su prisionero ?
(1) Documento N* ^7 : u Albariño, degenerando do sus compañeros, trató con algu-,
na distinción á sus presos». Poro agrega en seguida : <t Remacharon una barra de gri-
llos al tesorero Moreno y se apoderaron de más de 3o mil pesos fuertes que llevaba en
dinero, pertenecientes al erario público, para loe gastos de la tropa : de los cuales
hasta ahora no se ha podido averiguar el paradero, por más que lo ha solicitado el Tribunal
de cuentas de Buenos Aires, y se quedó en disculpas de Ocampo'y demás que comp^H
nian la Junta de comisión y los que hicieron las prisiones». — Sin aceptar á ci^;as la
insinuación, pueden cotejarse, en lo referente ¿ Ortiz deOcampo, las gravistmas aca-
saciones que contra él formuló oficialmente Belgrano (Archivo, VIII, i3i), y repitié
también en su Aaiobiograjia.
SANTIAGO LINIERS aSS
Córdoba » por la Junta Gubernativa, lleva la fecha del 28 de julio.
A este respecto conviene, desde luego, desvanecer la leyenda que
atribuye á un voto de mayoría ¡ y un voto español ! la terrible reso-
lución (i). Por lo pronto, á suponer el empate, el voto decisivo hu-
biera sido el del presidente Saavedra. Pero el decreto está firmado
por todos los vocales (ya los secretarios tenían voto) con excepción
de Alberti, impedido por su carácter sacerdotal ; y hasta descubrirse
un documento fehaciente en contrario, la historia debe rechazar esas
anécdotas de efectismo teatral que chocan con la lógica y la razón.
Ahora bien : tal documento no se ha encontrado ni creo que se en-
contrará. Concedo que poco ó nada pruebe la afirmación de Manuel
Moreno (2), quien tenía interés en distribuir por igual las respon-
sabilidades; pero Belgrano y Saavedra, que redactaron sus autobio-
grafías casi en las puertas del sepulcro, pudieran haber confesado
la verdad: nada dijeron, porque nada tenían que decir. Y más vale
así para su memoria ; pues, al cabo, es muy comprensible que todos
ellos hayan padecido sinceramente la ilusión contagiosa del jacobi-
nismo francés : lo que sería imperdonable, lo que no se debe admi-
tir, es que un solo miembro de la Junta fuera capaz de firmar una
sentencia de muerte que su conciencia le declarara injusta.
Firmada, pues, por la Junta unánime, la orden dirigida á la Co-
misión hubo de llegar á Córdoba el 4 ó 5 de agosto : seguramente
después del 3, pues la nota de Ocampo de esta fecha no la menciona.
Ya se había destacado á Balcarce en persecución de los fugitivos,
pero Víeytes y Ocampo no podían abstenerse de comunicarle en el
actola sentencia tremenda que no admitía réplica ni dilación (3). En-
tre tanto, la Comisión conferenciaba con Funes y otros notables :
(i) óigase entre otros á Calvo (Anales^ I, ihk) : « Pero ¿ cuál fué ese voto que deci-
<^ó de la suerte cruel, etc. . . ? ¡ Este voto fué el de un español!. . . »
(}) Vidaf 3^0; <c Todos los individuos de la Junta fueron unánimes... »
(3) Archivo t I, a5: uEn el momento en que todos ó cada uno de ellos sean pilla-
das. sean cuales fuesen las circunstancias, se ejecutará esta resolución, sin dar lugar á
minutos que proporcionaron ruegos y relaciones capaces de comprometer el cumpli-
miento de esta orden y el honor de V. E. »
a56 ANALES DE LA BIBLIOTECA
todos retrocedieron ante el acto irrevocable, y se decidió mandar
un chasque para suspender la ejecución y la marcha hasta segundo
aviso. Pero cuando llegó, el 9 de agosto, el parte de Balcarce (i), se
impuso urgentemente una resolución definitiva. De días antes cir-
culaban en el pueblo rumores siniestros sobre la suerte reservada á
los prisioneros, cuyas familias pertenecían á la aristocracia cordo-
besa. Guando la noticia de su captura mostró inminente el desenlace
fatal, que no excluía al mismo obispo, la ciudad entera se levantó en
un solo movimiento de protesta, al que Ocampo, Vieytes y los Fu-
nes cedieron sin esfuerzo, como que ellos mismos, sin duda, con-
sideraban inejecutable la bárbara sentencia. Entre las dos responsa-
bilidades gravísimas que ante ellos se formulaban, eligieron la de
desobedecer á la Junta ; y Ocampo tuvo la energía ó la debilidad
de asumirla solo, en vex de exigir que los otros firmaran también la
comunicación que el 10 dirigió á los déspotas del Fuerte, la cual,
además de ineficaz, acarreó lamina de su autor. Desde aquel día
Ocampo cayó en completo descrédito revolucionario : fué declarado
inepto, incapaz de llenar su misión, responsable de la indisciplina y
deserciones que comprometían el éxito de la campaña ; sobre él llo-
vieron denuncias y vituperios ; negósele cuanto pedia, hasta el cas-
tigo de un oficial insubordinado ; y cuando, harto de humillaciones
y disgustos, quiso aprovechar su nombramiento de diputado por la
Rioja para resignar un mando desautorizado, la Junta le ordenó
continuar, «reservándoseelusodel sobredicho nombramiento » (3).
En agosto 18, la Junta Gubernativa apercibió á la Comisión en
(i) Del Pozo del Tigre á Córdoba se contaban US leguas por el camino de postas.
(a) Archivo f I, aoo. Véanse también (Ibid., ao4) las prevenciones á la Junta de
comisión, y el oficio de Pueyrredón (Documento n" ¿i4) que motivó aquéllas. El jui-
cio que Belgrano balbuceó contra el infeliz Ocampo, al fin de su Aatobtograjia (Bel"
granOf I, 444) tiene algo de delirante : a Soy delincnente ante toda la nación, de haber
dado mi voto por que [Ocampo] fuera jefe. / Qué horrorosas consecuencias trajo esta pre-
cipitada elección ! » El papel militar de Ocampo fué siempre secundario, y por cierto
que él no mandaba en Vilcapugio ni Ayohuma ; sin embargo, alguna parte de verdad,
que por ahora no puedo graduar, han de tener tantas acusaciones ; pero no es dudoso
que arrancaran de la lenidad que Ocampo demostró en Córdoba.
SANTIAGO LINIERS 357
términos imperiosos y hasta ofensivos (i), reiterándole la orden
perentoria de ejecutar sin demora á los reos, único medio de des-
vanecer la <( amargura ocasionada por su anterior procedimiento ».
Pero cuando ésta llegó á su destino, sus presuntos ejecutores ha-
bían tomado disposiciones para substraerse á ella ; y para encontrar
los verdugos dóciles que sus doctrinas exigían, tuvo la Junta que
extraerlos de su propio seno. — Hallábase el triste convoy, el 1 1
ó 12 de agosto, por el Totoral, á unas veinte leguas de Córdoba,
cuando Balcarce recibió la orden de no pasar adelante y remitir á
los reos bajo escolta segura directamente á Buenos Aires. Los pre-
sos, víctimas de los saqueos de las partidas, venían casi desnudos y
privados de todo alivio á su miseria. Con pretexto de reparar el co-
che que un vecino había cedido al obispo Orellana, se demoraron
en aquella ranchería algunos días ; y sus familias pudieron mandar-
les de Córdoba, por intermedio del teniente coronel don Manuel
Derqui, « una carretilla de bastimentos y ropa » que en su mayor
parte fué á parar á manos de los soldados (2). Al ausentarse Bal-
carce había cometido el desacierto (probablemente sin la mala in-
tención que el Anónimo le atribuye) (3) de designar como jefe de la
(i) La nota publicada (Archivo^ I, 3a) no contesta propiamente á la «anterior» de
Ocampo : holx) sin dada, en la misma fecha del 10, otro oficio de éste á la Junta á
qaeee refiéreoste pasaje : « Dice V. E. en su oficio, que á las tres horas de mandar eje-
cutar la sentencia fué preciso despachar un chasque para la revocatoria, por el movi-
miento de dolor que se observaba en todo el pueblo » ; no hay nada de esto en la
nota de Ocampo. Dicha comunicación ha desaparecido del expediento que, actualmente,
úlo contiene las publicadas.
I (a) Núñez (op. eit. aoi) había inventado la entrada do los presos en Córdoba, y el
doctor López (III, 303) tenia que sacar del csboxo un cuadro patético : u Conducidos
, loe presos al arrabal llamado el Pueblito... Salió el clero presidido por el Dean Funes,
el Ayuntamiento y los principales vecinos, las señoras, entre ellas haciendo cabeza la
madre del que fué después el general Paz, que era una matrona respetabilísima, etc. »
1 1' Todo ello es pura fantasía : los presos quedaron á veinte leguas y nadie los vio, fuera
>.' I de Derqoi. — El Anónimo llama u Los Ranchos » al punto mencionado. Sólo conozco
*"£ un logar de este nombre al norte de Córdoba, pero muy recostado á la sierra, por Cruz
¿el Eje.
(3) También refiere (véase el documento número l^^) los insultos á que se vieron
expuestas las familias de los presos, y especialmente las hijas de Liniers, de parte de la
AW A.XMM am LA BISUOTBCA. — T. 111 1 7
a58 ANALES DE LA BIBLIOTECA
escolta al desalmado Urien : esto fué motivo para que se empeorase la
suerte délos desgraciados, quienes, ya sin sus acompañantes y cría-
dos (i), quedaron á merced de la soldadesca. Felizmente, los
mismos hábitos crapulosos de aquél daban lugar á que se relajase
la vigilancia, permitiendo que las buenas almas del agreste vecinda-
rio deslizasen á los presos sus humildes y preciosas dádivas. Eq los
peores eclipses de la sensibilidad y la razón, del ingenuo y sano
fondo popular es de donde brotan las flores caritativas que nos recon-
cilian con la humanidad. Cuando Urien había derretido en noc-
turnas orgías las joyas ó el dinero que hasta entonces habían salvado
los infelices, y estaba fermentando su borrachera, era el momento
que aprovechaba algún gaucho para poner estribos á las monturas 6
alcanzar un paquete de cigarrillos á los fumadores ; y tampoco faltó
allí la Verónica legendaria de todos los calvarios, en forma de una
chinita compasiva que compró con sus ahorros seis pañuelos de al -
godón, y « bañada en lágrimas » los ofreció á su virrey.
Otro beneficio de mayor trascendencia discurrieron (según el
Anónimo) dos sujetos del lugar, que contaban, al parecer, con la
complicidad de algunos soldados : y era nada menosque un plan de
fuga al desierto, con baqueanos seguros y amigos de los indios, y
llevando los fugitivos los doscientos caballos de la escolta que, asi
dejada á pie, no podría intentar la persecución. Todo estaba pron-
to ; examinado el proyecto, no presentaba ninguna dificultad mate-
rial ; pero fué abandonado á instancias de Liniers que demostró «se
interesaba más la buena causa en que siguieran viaje á Buenos Ai-
res », pues su presencia allí podía conmover al pueblo de la Recon-
quista y detenerle en la pendiente revolucionaria. ¡ Ilusión cando-
rosa, pero nacida en un alma noble que no podía incluir, entre las
soldadesca de Córdoba ; es casi tan difícil creer en tanta perversidad como admitir qu»
sea todo invención : la verdad ha de estar entre los dos extremos.
(i; De dicho punto fueron despachados á Córdoba, con excepción del padre Jiménei»
capellán del obispo. Alli también tuvo qpe separarse de Liniers el canónigo Llanos, á
quien, hasta prueba en contrario, tengo por autor probable del tantas veces citado do-
cumento.
SANTIAGO LINIERS aS^
más siniestras previsiones, la suerte que sus antiguos- amigos y
protegidos le tenían preparada !
Fueron tantos los excesos de Urien, que, por fin, y á solicitud de
la misma tropa, fué relevado y substituido por el capitán don
Manuel Gara yo, digno militar que trató á los presos con los
debidos miramientos. Al mando de éste, pues, el 19 de agosto»
la caravana siguió viaje á Buenos Aires, por el despoblado,
rumbo á Santa Rosa y Fraile Muerto, sin acercarse á Córdoba.
Iban los seis prisioneros tan ajenos de la catástrofe cercana, que,^
libres de vejámenes y mortificaciones, sentían sus espíritus re-
cobrarse poco á poco, á impulso de esa invencible esperanza
que nunca afloja del todo su resorte en el elástico ser humano. La
víspera de marcharse habían sabido que, con motivo de la elección
de Funes como diputado al Congreso, el vecindario había solici-
tado y obtenido de Ocampo, Vieytes y el mismo gobernador
Pueyrredón, la libertad del síndico Pérez Mier (i): era imposible
no ver en ello un síntoma favorable. ¿ Quién sabe si la Junta, incli-
nada á la generosidad por la victoria, no procuraría con la clemen-
cia atraerse las voluntades que le enajenara el rigor, ahorrándole»
el destierro á España ó Canarias ?. . . Así transcurrían los días, do-
blemente aliviados ya por lo menos ingrato de las etapas y la pers-
pectiva de su término cercano. Habían caído al antiguo camino de
las postas que costeaba el río Tercero ; y ahora, cada noche, des-
pués de la jornada^ los seis amigos prolongaban la velada de invier-
no al amor del fogón que atiza los recuerdos. El 26, después de cru>
zado el Saladillo, hicieron noche en la Esquina de Loba ton, casi
fronteriza de Santa Fe; y para esos españoles piadosos fué noticia
grata y consoladora la que les dio el obispo, de que al día siguiente,,
domingo, podrían oir misa y comulgar en la capilla de la Cruz Alta.
De acuerdo con el jefe de la escolta, que tomó sus medidas para salir
muy de madrugada, los viajeros se recogieron temprano, sin duda
(i) La Junta Gubematíva aprobó esta medida de clemencia el a6, el mismo dJa en
qne se compila la otra.
36o ANALES DE LA BIBLIOTECA
mecido su sueño por el anuncio en que miraban un buen presagio.
Cuando se levantaron, al amanecer del 26, vieron á un oficial
desconocido en conferencia con el capitán Garayo ; al rato, éste \í-
no á despedirse de los presos, pues no pasaba adelante, y era el co>
mandante don Domingo French quien tomaba el mando de la escol-
ta. Antes de seguir viaje, el nuevo jefe mandó quitar á Liniers la
escopeta de caza que Garayo le devolviera, yá otros los cuchillos
((que se les había permitido para comer»: entonces tuvieron el
presentimiento de su suerte. A las 10 de la mañana llegaron á un
punto que distaba dos leguas de la Cabeza del Tigre ; allí encontra-
ron al teniente coronel de húsares don Juan Ramón Balcarce, her-
mano de Antonio y amigo de Liniers: éste dispuso que quedasen
en dicho punto los criados con los equipajes, y mandó que los pre-
sos se internasen en el bosque vecino llamado el Monte de los Papa-
gayos (i). Al notar que el coche se desviaba del camino, preguntó
Liniers : « ¿ Qué es esto, Balcarce? » Éste contestó : « No sé : otro es
el que manda » . A poco hallaron « al que mandaba » : era el vocal
Castelli, al frente de una compañía de húsares del rey, formada y
con el arma al pie; le acompañaba como secretario el doctor Rodrí-
guez Peña. Hicieron bajar á los presos, amarrándolos á la hila con
los brazos atrás, á excepción del obispo : entonces Castelli leyó la
sentencia de muerte. Fueron tan vanas las protestas de los condena-
dos como las súplicas del prelado, que escapaba solo ala hecatombe:
tenían tres horas para sus disposiciones supremas ; pero Castelli
creyó mostrarse generoso, prolongando una hora más su agonía.
La pasión partidaria y el mal gusto del capellán Jiménez le han
inducido á recargar con pormenores odiosos é inverosímiles su re-
lación de la catástrofe, que resultaría mucho más conmovedora en su
trágica desnudez. Aunque no arguyese en contrario la presencia de
Rodríguez Peña y de Balcarce (para no mencionar al funesto pro-
(i) Este punto está incluido ahora en la colonia Juárez Celman ; según mis informes,
no ha existido nunca la «tupidísima selva », de que hablan algunos historiadores, y el
mismo montecillo do talas y espinillos ha desaparecido.
SANTIAGO LINIERS a6i
cónsul que, sin cobrar horror á tamaños atentados, pudo repetirlos
en el Alto Perú) (i), bastaba la sombra de la muerte, que se
i^ernia sobre las víctimas ilustres ó venerables, para infundir en los
más rudos sayones un sentimiento de sagrado respeto : nada hubo
de producirse, en tales momentos, que se pareciese á escarnio y ul-
traje (2). Liniers y Allende se confesaron con el obispo, y con el
padre Jiménez los otros tres. Cumplidos estos deberes (que no se-
rían de poco consuelo para creyentes fervorosos), y conGados á los
que habían de sobrevivir los mensajes supremos á sus familias,
esperaron los condenados el momento fatal. El prelado tentó
el último esfuerzo, invocando las leyes divinas y humanas que
prohiben las ejecuciones en día domingo ; Castelli se limitó á pedir-
le que se apartara del sitio donde su presencia no era ya necesaria.
Orellana se retiró, y es casi seguro que hiciera lo propio su secreta-
rio : esta circunstancia quita mucho interés á los novíssima verba
que á los ejecutados se atribuyen, supuesto que si los testigos patrio-
tas los refiriesen años después, hubieran empleado términos muy
distintos. Las declaraciones de Liniers y sus compañeros, que el lec-
tor hallará en el documento citado, carecen, pues, de autenticidad ;
pero en su sentido general son verosímiles. Si los condenados ha-
blaron, como es probable, hubieron de protestar en voz alta contra
la sentencia inicua y atestiguar por última vez su fidelidad á su na-
ción y á su rey.
(i) Ea 181 3 el cirujano don Juan Madera declaró ante la comisión de residencia
como público y notorio (Archivo^ VIII, 197) que, á no haberse apresurado Castelli á eje-
cutar á Sanx, Nieto y Córdoba, éstos hubieran escapado, « pues inmediatamente que
salió el doctor Moreno y se incorporaron los diputados, se remitió un expreso en que
se perdonaba á dichos reos y se mandaba á Castelli no ejecutase más á nadie». La eje-
cución se realizó el i5 ; Moreno se retiró de la Junta el 18.
(a) El doctor López que, por cierto, no admite tampoco la versión del padre Jiménez,
dice (III, ao8) que después de «indagar la verdad», puede afirmar que la ejecución no
fué mandada por French, sino por Urien, y hasta parece indicar esto como un argu-
mento contra los cargos calumniosos de Jiménez. Mandó el fuego quien debia mandarlo,
que era Balcarce, y sabemos que Urien habia quedado en Córdoba. Por lo demás, se-
ria esta una buena razón para que no se produjeran, á espalda de los jefes, los escán-
dalos denunciados.
i6a ANALES DE LA BIBLIOTECA
A las dos y media de la tarde, Castellí mandó cumplir la orden
de la Junta. En un descampado del monte, los reos fueron puestos
en línea, acierta distancia uno de otro, al frente de la tropa forma-
da. Después de vendarles los ojos, los piquetes de ejecución se ade-
lantaron á cuatro pasos, teniendo cada cual su blanco humano. En
el universal silencio de aquella soledad, percibíanse algunos respiros
angustiosos. Al levantarse la espada de Balcarce todos los fusiles
se bajaron, apuntando al pecho : hubo dos terribles segundos de es-
pera para asegurar el tiro, y luego, al grito de ¡fuego! un solo
trueno sacudió el bosque, y los cinco cuerpos rodaron por el suelo.
Algunas aves huyeron de los árboles, y fué el único estremecimien-
to de la naturaleza impasible por la muerte de los que habían man-
dado provincias y conducidoejérci tos. Fueron rematados individual-
mente los que se retorcían aún en horribles convulsiones, y se dice
queá French, soldado de la Reconquista, le tocó descargar su pis-
tola en la cabeza del Reconquistador (i).
De orden de Castelli , los cadáveres fueron llevados en carretillas
á la Cruz Alta, y enterrados en una zanja que abrieron al lado de
la iglesia algunos húsares dePueyrredón. Al día siguiente, cerciora-
do de que los ejecutores habían emprendido la vuelta á Buenos Ai-
res, un fraile déla Merced, teniente cura de la parroquia, exhumó
los cadáveres para darles más cristiana sepultura ; y dejándolos se-
parados, puso sobre la tumba una sola cruz con las iniciales de los
apellidos, según el orden que los cuerpos ocupaban : L. R. C. M. A.
— «para que pudieran algún día su familias recoger las reliquia^ de
tan ilustres víctimas o (2). — Allí debían de yacer olvidadas por más
(i) El padre Jiménez (Torrente^ I, 72) consagra un largo párrafo indignados este
<( nuevo acto de ferocidad». Son raptos de elocuencia para oración fúnebre que debili-
tan la emoción en vez de provocarla. Sabido es, por otra parto, que el «golpe de gra-
cia » implica lo contrario de la ferocidad ; existe todavía en el código militar y debe darse
á indicación del cirujano presente. Y lo más curioso es que el almirante Pavía tran»>
cribe los aspavientos del fraile sin recordar que manda la ordenanza «rematar al reo »>.
'^ Q ) A esto se reduce la leyenda de la inscripción Clamor que « á los pocos días ap»-
rcció en un árbol de la Cruz Alta». Es invención muy posterior de algún fabricante
SANTIAGO LINIERS 263
de medio siglo, sin queBelgrano las invocase al pisarlas nueve años
después ; ni los caudillos de tes discordias civiles se dieran cuenta
de la atracción magnética que señalaba obstinadamente el campo
de la Cruz Alta y Arequito para sus citas de anarquía : érala planta
sacrilega, la mandragora brotada déla sangre inocente, allí vertida
en nombre de un mentido ideal de patria y libertad, la que llama-
ba á los extraviados hijos de Mayo para brindarles su fruto de mal-
dición. Al ñn, en 1861, un hallazgo fortuito hizo dar con los res-
tos, que fueron exhumados y, confundidos esta vez para siempre,
depositados provisionalmente en un sepulcro del Paraná. El cónsul
de España los reclamó en nombre de su gobierno ; y fué al día si-
guiente de la victoria que parecía cerrar, casi en el mismo sitio don-
de se abriera, el ciclo de las luchas fratricidas, cuando el vencedor
de Pavón interrumpió su discurso inaugural déla estatua de San Mar-
tín, para firmar el decretoque enajenaba las glorias de la Reconquis-
ta (i). Las reliquias de las víctimas, llevadas por el bergantín Gra-
vina, recibieron en Cádiz grandes honras militares : descansan hoy
en el Panteón de marinos ilustresde San Carlos, juntas en la gloria
como lo fueron en el infortunio.
de acrósticos, quizá del mismo Núñes que la puso en circulación. La O estaba demás,
pues el obispo no fué ejecutado ; y si bemos de dar crédito á lo que de Alberti se re-
fiere, el verdadero clamor bubiera debido, según él, levantarse por la exención de Orellana.
(i) El 3o de junio de 1863. el señor Fillol, cónsul de España en el Rosario, pidió
en nombre de la reina Isabel que los restos de Liniers y sus compañeros le fuesen
entregados para trasladarlos á la Península. El 3 de julio, el encargado del Ejecutivo
nacional accedió á lo solicitado. El i5 de julio, la familia de Liniers protestó en tér-
minos poco felices (decia, entre otras cosas, que hubiera sido distinta la aotitud del ex-
virrey al conocer el alcance del movimiento de Mayo !). El ig, el gobierno, visiblemente
agaeé, y no sin razón, se desentendió del asunto: y el cónsul español logró persuadir á
los deudos de que, siendo ya imposible entresacar los restos por que tan tardíamente se
interesaban, resultaba su oposición un tanto excesiva. Por su parte, el mandatario ar-
gentino no supo desligarse del panegirista de Belgrano, pronunciando por decreto esta
sentencia histórica muy sujeta á revisión : « después de un silencio de cincuenta años
vinieron (los deudos) á pedir los restos de pemonas que murieron eonirariando la revo"
Ituióiiy sin que sa memoria haya sitio rehabilitada n. Véanse los periódicos de las fechas
citadas, especialmente La Tribuna. La estatua de San Martín en el Retiro fué inaugu-
rada el 1 3 de julio.
II 64 ANALES DE LA BIBLIOTECA
Así murió y vivió lejos de su patria nativa — al parecer tan des-
ligado de ella en lo moral como en lo material — un soldado valiente
y un hombre bueno que, sin ser propiamente un grande hombre,
llenó un gran destino, y, con no alcanzarla estatura heroica, tuvo
sus horas de heroísmo que le aseguran la inmortalidad.
He procurado pintarle como le veía, y he puesto todo esfuerzo en
verle bien, en su marco hispano-americano: ya sufriendo la influen-
cia de las circunstancias con la docilidad de su carácter impresio-
nable, ya reaccionando contra ellas á impulso de ciertas secretas
energías atávicas que formaban su fondo de reserva moral. Muchas
de sus aparentes inconsecuencias provinieron sin duda, más que de
accidentes idiosincrásicos, de su adaptación incompleta á este medio
social. Casi todos los emigrados remedamos á actores que, después
de echarse sobre los hombros, en el vestuario á obscuras, el primer
traje hallado á mano, saliesen á improvisar en la escena el corres-
pondiente papel. A despecho de su larga carrera española, Liniers
nunca se despojó del « hombre viejo « (i), el cual era esencialmente
un noble francés del antiguo régimen. Alegre, intrépido, ligero,
pródigo de su sangre y de su bolsa, sincero hasta la imprudencia y
bueno hasta la debilidad, repentista incurable, coronel eximio y me-
diocre general, capaz de volver á ganar con su arrojo la batalla
perdida con su irreflexión, devoto del Rosario y amigo del
cotillón y no destituido de talento y lectura, un tanto pagado de su
elegancia y nobleza, pero con un don de simpatía irresistible, y
asentando todas estas prendasamables sobre un fondo inconmovible
de honor y probidad, á manera deesas plantas de adorno criadas so-
bre un subsuelo de granito : tal era el airoso « aventurero » que una
calaverada juvenil arrojó al servicio de España, y una inspira-
ción feliz sacó más tarde de la obscuridad para elevarle al mando
de un virreinato. Nacido para ser un brillante oficial de Conde,
tocóle tramitar expedientes coloniales, entrecapitulares y oidores que
( i) S. Pablo, Eph. IV, a 2 : Deponere veterem hominem...
SANTIAGO LINIERS a65
le entendían á medias, y á quienes nunca entendió del todo, que-
dando siempre un poco adventicio y exótico.
Con todo, y á pesar de las borrascas que sin tregua asaltaron la
nave del Estado, hemos visto cómo el improvisado piloto no se
mostró indigno de su fortuna : á dificultades menores se rindieron,
no sólo el antecesor, sino también el sucesor. Al cabo, tuvo dos ho-
ras grandes, deesas que llenan una existencia : la primera, cuando
el bajel, con viento en popa y guiado por las estrellas, salvó triunfal-
mente el canalizo en medio de frenéticas aclamaciones ; la segunda^
más grande aún, cuando vencido por el temporal, prefirió embicar
contra el escollo antes que guarecerse en puerto enemigo. Llegado
el momento en que el conflicto moral, que torturara su vida entera,
se exteriorizó y magnificó en la forma tremenda de una guerra á
muerte entre sus dos patrias, permaneció leal á la segunda, si bien
su alejamiento le ahorró la amargura de tomar las armas contra la
primera ; no hubo un francés de honor que no aplaudiera su actitud ;
y aquí mismo, el único recelo de españoles y americanos fué que el
representante del rey no considerase estar su deber donde estaba su
juramento. Todo cambió muy luego, menos el juramento y el de-
ber, y entonces fué declarado traidor el que no había cambiado.
Renació con carácter más angustiosa la fatal disyuntiva, cuando la
revolución triunfante pretendió arrancar á sus adversarios legales
una aquiescencia imposible. El anhelo emancipador de los ameri-
canos era por cierto legítimo, y fuera santo á no cobijarse al pronto
bajo un engañoso estandarte; pero en ningún caso era dudosa la
obligación que á cualquier soldado español se imponía. Liniers y
sus compañeros murieron por ser fieles á su nación y á su rey, y
su descubierta resistencia no debe equipararse á las conspiraciones
de Álzaga y sus cómplices. Cayeron como buenos al pie de su ban-
dera; y el solo hecho de ser ésta la misma que sus enemigos tremo-
laban, nos enseña que fué inicua su condena. Aunque la causa de
la metrópoli fuera políticamente tan injusta como era justa la de
las colonias, no tenían que averiguarlo los jefes españoles, sólo Ha-
366 ANALES DE LA BIBLIOTECA
¡nados á defenderla. Los prisioneros de guerra, fusilados sin juicio
en la Cruz Alta, fueron mártires de su lealtad, y no necesitan ser
rehabilitados.
Por lo demás, esa rehabilitación innecesaria, se la tributaron á
pesar suyo los mismos ejecutores. Un estremecimiento de horror
•corrió por el cuerpo de los proceres del pacífico Mayo ; y en la pro-
clama tardía con que la Junta Gubernativa intentaba denigrar á sus
víctimas, se percibe un conato balbuciente de justificación. Muy
pronto acabó de caer la venda ofuscadora. El prestigio de Moreno
no resistió á la repercusión del atentado ; y sabemos que, no bien
alejado el genio terrible de la Revolución, la Junta procuró desan-
darla Via scelerata por aquél abierta, y que ¡ ay ! dos generacio-
nes argentinas estaban condenadas á recorrer. Aquel funesto sofisma
por los sectarios formulado, y según el cual eran justos todos sus
pasos, y criminales los contrarios : ellos mismos se iban á encargar
de destruirlo, persiguiéndose los unos á los otros, arrojándose mu-
tuamente á la cárcel y á la proscripción, en nombre de un ideal re-
volucionario por todos proclamado y por ninguno realizado ni defi-
nido, — hasta que, veinte años después, los últimos sobrevivientes
de la Junta de Mayo, cansados de luchas sangrientas y estériles
. represalias, se resignaron á saludar en don Juan Manuel Rosas al
salvador de la República.
Pero ahora, en vísperas del centenario de Mayo, no basta ya que
cada nación haya recogido á sus grandes muertos para glorificar-
los á solasen sus Panteones. Á ésta le toca el augusto deber de adop-
tar á la par de los suyos á los contrarios, como que las primeras
víctimas de la patria nueva eran los últimos héroes de la patria vie-
ja ; y en la mezcla de verdades y errores por los cuales unos murie-
ron y otros mataron, no descubre la historia un solo elemento
egoísta é impuro, sino el móvil idéntico del patriotismo, cuyos cho-
ques sangrientos han sido y serán durante siglos la condición ge-
neradora y el rescate de la civilización.
P. G.
DOCUMENTOS INÉDITOS
RELATIVOS A LINIERS
N'» I
LIQUIDACIÓN DEL SUELDO DE LINIERS
Junio ag de 1807.
•
Habiéndose posecion'*** del mando Político Militar y Presid' déla
R* Aud' el S®"^ Brigadier D" Santiago Liniers á consecuencia de lo
prevenido en W orn de 2 3 de Oct" de 1806 ha declarado el B}
Acuerdo que mediante q' p* este caso no esta determin"**" el suel-
do que debería gozar el oGcial en q° recaiga el mando se satisfa-
gan a dho S^' Liniers durante este encargo el q" esta declarado á
los Gefes q" entran en el p' Pliego de Provid' ó nombrara*** Int° de
S. M. Lo q" comunico á V. S. p* q" se sirva dar las orns conven***
al efecto — Dios gue a V. S. m" a* B* A* y Junio 29 de 1807 —
Man^ de Velasco, — S*' Reg** Superint** de W Haz^* — B' A' 3o de
Jun" de 1807 — Tómese razón en el tnal de C*** y Cax" W de esta
Gap* y fho tráigase para proveer lo demás q" corresponde.
B* A" 21 de Julio de 1807 — Pase al S*'' Mtro encarg**" délas re-
gulaciones de Mediannata p* q' tome la correspond** délo q* debe sa -
a68 ANALES DE LA BIBLIOTECA
tisfacer á dho B} dro el S®' Brigadier D" Sant** Liniers — Muñoz y
Cubero — Gallego,
Regulación del B} dro de Media anata q^ adeuda el S' Brigadier
D" Santiago Liniers, por la Interinida q* exercede la Capitania gral
y Presid** de la W Aud' Pretorial por R' Cédula de 2 3 de
Oct^ de 1806, la cual regulación va ajustada alas reglas 8 y 4i
délas generales dadas en i664 para goviemo del Ramo y Real or-
den circular de 24 de Febrero de 1799.
Por 365o p* dedho R* derecho deducido de la 4' parte
de los 14.600 q' han sobrevenido al espres***" S' de
aumento en el sueldo de los 20 m' q* le corresponden
aora porquanto disfrutaba 5. 4oo, como Capitán de Na-
vio de la W Armada embarcado 3 . 65o
0/T 657 pesos del 18 p "^'o de la antecedente partida por
razón de su conduc'**" á España 657
Son Quatro mil Trescientos siete pesos. Total 4 . Soy
los que pertenecen al W derecho de media anata y su conduc***
que deben satisfacerse en los 5 primeros años del servicio de dha
interinidad alrespecto de ochocientos sesenta y un pesos, tres y un
quinto r" encada uno, ó si antes cesare, lo q* corresp"*' aprorrata
conforme á la W Cédula de 26 de Mayo de i .774. Buenos Ayres 23
de Julio de 1807.
B* A' 34 de Julio de 1807.
Apruevase la anteced*® regulz" y tómese raz' de ella y del oficio
q* la precede en el tral de C*** y las Cax" R* de esta Capital — Mu-
ñoz y Cubero — Man} Gallego,
Tomóse razón en el Tribunal y Audiencia Real de Cuentas de
este Virreynato — Buenos Ayres 24 de Julio de 1807.
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 369
N' 2
NOMBRAMIENTO DE VIRREY INTERINO
Al Exmo S"" D, Santiago Liniers,
Titulo
de Vlrey interino de las
Provincias del Rio de la Plata
Dic' 3 de 1807.
D. Garlos por la gracia de Dios Rey de Castilla, &'. Por quan-
to atendiendo al particular mérito, y distinguidos servicios de vos
el Gefe de Esquadra de mi Real Armada D. Santiago Liniers, he
venido en elegiros y nombraros como en virtud del presente os eli-
jo y nombro interinamente Virey, Gov**', y Capitán Gral de las
Provincias del Rio de la Plata, y Presidente de mi Real Audiencia
de Buenosayres con el sueldo de veinte mil pesos al año mitad del
que está asignado á estos empleos en propiedad conforme á mi Real
resolución de treinta y uno de Enero de mil setecientos noventa y
nueve. Por tanto os doy cumplido poder y facultad p' que como
tal Virey, Gov""^ y Capitán Gral interino de dichas Provincias
podáis ordenar en mi nombre general y particularm** lo que os pa-
reciere conveniente y sea necesario á su buen govierno, castigo de
los excesos de la gente de guerra, y administración de justicia en
que pondréis particular cuidado : y mando á los tenientes Generales,
Mariscales de Campo, Governadores de Plaza y á los demás cavos
y gente de guerra de Infantería Caballería, Dragones, Milicias y
demás personas Militares, que al presente sirven y en adelante sir-
vieren en las referidas Provincias guarden y cumplan las Ordenes
que les diereis de mi R^ servicio por escrito y de palabra, sin repli-
ca ni dilación alguna en todos los casos á este cargo pertenecientes,
de la misma forma, que lo harian y deberían hacer si yo lo man-
370 ANALES DE LA BIBLIOTECA
dase. Y que los Intendentes, Comisarios Ordenadores, y de Gue-
rra, Proveedores y tenedores de bastimentos y demás oficiales de
Sueldo que sirvieren en las mismas Provincias os den, como lo or-
deno y mando todas las veces que lo pidiereis y os pareciere con-
veniente las noticias que dependan de sus oficios p'que podáis apli-
car las providencias que conduzcan á mi W servicio por ser asi mi
voluntad ; y que el ministro de R^ Hacienda á quien tocare dé la
orden conveniente p' que se tome razón de este Despacho en la Con-
taduría principal donde se os formará asiento de este Empleo con
el mencionado sueldo que haveis de gozar como lo tengo resuelto
por punto general en mi Real orden de diez y seis de Abril de mil
setecientos noventa y dos. Y para que se cumpla y execute todo lo
referido mando despachar el presente titulo firmado de mi R' mano,
sellado con el sello secreto y refrendado del infrascrito mi secreta-
rio de Estado y del Despacho Universal de la Guerra de España é
Indias, debiéndose también tomar razón de él en las Contadurías
generales de la distribución de mi Real Hacienda y del mi Consejo y
Cámara de las Indias. Dado en San Lorenzo á tres de Dic"* de mil
ochocientos siete — Yo el Rey — Hay vn sello Real — Antonio
O laguer Feliv.
Tomóse razón del título de S. M . en la Contaduría general de la
distribución de la W Ilac*** Madrid diez y siete de Dic* de mil ocho-
cientos siete — Luis GazéL
Tomóse razón en la Contaduría Oral de la America Meridional.
Madrid diez y nueve deDic' de mil ochocientos siete- /?Van~ Vi<iña
- Queda tomada razón del antecedente R* Titulo en el Libro respec-
tivo de este Tribunal de la B} Avdiencia, a consecuencia de haver
prestado S. Ex* el juramento acostumbrado en R* acuerdo de este dia
como consta de Certificación que doy por separado con esta fecha.
Buenosayres y Mayo diez y seis de mil ochocientos ocho — D"'
Marcelino Callexa Sanz.
DOCUMENTOS SOBRE UNIERS 371
Buenos ayres 17 de Mayo de 1808 — Cúmplaselo que S. M.
manda, y tómese razón en el Tribunal de Cuentas y R* Cajas de
esta Capital — Santiago Liniers,
Tomóse razón en el Tral y Avd' R' de Cuentas de este Vireynato.
Buenos ayres y Mayo 18 de 1808 — Ramón de Oromi,
N'» 3
SOBRE LA LLEGADA DE GOTEIfEGHE
Serenis"*** Señor.
El 23 de Agosto próximo llegó á esta capital el ilustre Brigadier
D. José Manuel De Goyeneche, conduciéndonos las noticias Del
estado De esa Metrópoli, Délos acaecim**** De Madrid, Déla opre-
sión en q* se halla va nuestro Augusto Soverano el S*"^ D. Fern****
7*" con toda la R' Familia, y q^ el mando del Reyno estaba en esa
Suprema Junta, que en representación Déla Nación, y á nombre
Del S**' D. Fernando 7° govierna esos Dominios. Este comisiona-
do se presentó precisam** quando este fiel vecindario se hallava aun
enlos transportes De gozo en que le havia hecho prorrumpir la pro-
clamación De su nuevo Soberano verificada dos dias antes, en me-
dio déla incertidumbre q* nos hacian tener las noticias vltimam** re-
cividas, y fué testigo Del singular gozo q* causó á este Pueblo-
haver visto prevenidas con sus demostraciones de fidelidad las mis-
mas ideas, los propios sentimientos De esa Suprema Junta, y Deto-
das las Provincias de España. Yo escuso manifestar á V. A. los
pormenores De estos sucesos, porq* supongo que dicho S*"' Goye-
neche los detalle, como testigo presencial de ellos, pero incluyo á
V. A. baxo el num° i"" testimonio Déla Junta Del Tribunal déla
R^ Audiencia, y Cuerpo municipal celebrada en i4 del citado Agos^
^^2 ANALES DE LA BIBLIOTECA
to con motivo de la llegada Devn Emisario Francés con Pliegos para
mi, y para todos los Gefes Déla America, dando noticia Déla re-
unión Déla Familia R* en Bayona, y Déla abdicación del Trono he-
cha por el S' D. Carlos 4° en el Emperador Buonaparte, y en q* se
demuestran los sentimientos q* desde los principios animaron álos
Magistrados, y fiel Pueblo de esta Ciudad y cuya noticia comuni-
qué al Virey De Lima, Presidente de Chile, Gefes, y Prelados de las
Provincias de mi mando por la circular cuya copia es la del n"" 2.
La distinguida conel n*" 3 q* lo es de vna carta dirigida ala Sra Prin-
cesa Del Brasil D' Carlota Joaquina de Borbon en contextacion Déla
que con fha de 27 del citado Agosto me ha escrito desde el Janeiro,
impondrá á Y. A. y á esa Suprema Junta de todo lo ocurrido con
la llegada del enunciado Emisario Francés, y posteriores aconteci-
mientos ; asi como por el testimonio Déla Junta señalada con el n""
4 y celebrada con motivo del arrivo del S°' Goyeneche, de ios sen-
timientos de fidelidad, lealtad, y entusiasmo del Pueblo, q* tengo
el honor de mandar ; deviendo asegurar á Y . A. que no oigo sino
expresiones de la mas alta lealtad, ni otros sentim^ que los de se-
guir inviolablemente las superiores disposiciones de esa Suprema
Junta, conformándose en vn todo con las ideas Déla Nación q* ve
representada en ella.
Igualmente dirijo á Y. A. baxo el n° 5 la circular con que co-
muniqué á todas las Provincias interiores la noticia déla llegada del
precitado Sr. Brigadier y del establecimiento de esa Suprema Junta,
deseoso de anticiparles las q^ nos havia conducido Ínterin se pre-
scnciava en ellas, y las tenian por su conducto, y con los números
de 6 á 1 7 las relaciones, que desde los sucesos gloriosos del diaS
de Julio del año próximo pasado, he dirigido alos Ministerios res-
pectivos acerca de todos los individuos q* concurrieron á ellos, y se
distinguieron en las acciones con los premios á q* los he considera-
do acrehedores, y délos q® solo los han obtenido los correspon-
dientes alos cuerpos Déla Armada, y Artillería, asi para q'esa Jun-
ta Suprema pueda enterarse de los méritos y servicios de cada vno,
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 373
como por si es de su agrado confirmar los q* supongo se conce-
dieron i^almente á todos los demás Cuerpos y cuyos Despachos
aun no se han recibido, aunq*han llegado los de aquellos, conside-
rándolos yo tan acrehedores á esta demostración De haber sido acep-
tos sus servicios, como conveniente para mantener y aumentar el
noble entusiasmo con q* hta ahora se han conducido por sostener
los dros déla Soberania Española.
Dios gue á V. A. m' a'. Buenos Ayres i4 de Sept" de 1808.
Santiago Liniers.
Serenis"^** S" Presida y vocales déla Suprema Junta de Goü'"' de Es-
paña.
N« 4
LI5IERS RECOMIENDA AL SOBRINO DE OGAMPO
S"' Dean Doctor D" Gregorio Funes,
Buen' Ayres y Junio a 6 de 1809.
Muy Sor. mió y Amigo : la amistad y cariño q* profeso al Coman-
dantede Arribeños D" Fran*"* Antonio Ortizde Ocampo, y alos vivos
deseos, q* me asisten de servirle, me estimulan solicitar de V. S. q* en
atención al parentesco q** el Sobrino de dicho Comandante D" Josef
Gabriel Ocampo tiene con el finado Dean Garay, Fundador de una
Yeca dotada en este real colegio de Montserrat á beneficio de sus
descendientes, sea este atendido en ella, con exclusión de otro qua-
lesquiera solicitante, en consideración del mas immediato grado
de Parentesco, q* este posee, y p' q* el logro de esta pretenc" pende
del asilo de Y. S. pasa mi confianza á suplicarle, q^ mirándole pro-
picio, favorezca al mencionado Ocampo, según lo exige la justicia,
ASAtS* UB LA aZBUOTBCA. — T. 1(1 l8
374 ANALES DE LA BIBLIOTECA
y acredite mí mediación, facilitando el obten to de esta gracia q* re-
conoceré ala galantería de V. S. en las ocaciones de sii mayor servi-
cio, cuya yida gue Dios m' a' como lo desea sumas apasionado Q.
S. M. B.
Santiago Liniers.
N» 5
PROTESTA DE LOS PATHIGIOS CONTRA ELÍO
Sor Comandante
Los Oficiales q* subscribimos, con la atención debida, y en
vso de los Sagrados derechos q* nos permiten la R^ Ordenanza y
Leyes del Rey no manifestamos á V. que la Sup"' Orden p* recono-
cer p' Inspector y 2"* Comandante délas Trop' de este Virrey*** al Sor
D" Fran''" Xavier de Elio era suplicable, y p' lo tanto nos Reserba-
vamos representar en el particular p' q* V. se sirviese elebar ala inte-
ligencia del Exmo Sor Virrey la exposición y motibos denuestra
Súplica.
Ella está con trahida á rogar a S. E. con nuestro mayor rendimien-
to se digne suspender el cumplim^ y posesión déla R* Orn q* le ba-
vilita á tales Empleos la que obedecemos con el maior acatam^ hta
q* mejor informado S. M. de nuestro recurso y motibos en q* se
funda resuelba lo q* estime combeniente.
Quando los R* Rescriptos son ganados con falsas preces, con los
vicios de obrrepcion, y subrreccion, ó q* aparejan un daño publico»
y tocan al perjuicio comunal, manda y quiere S. M. q* se obedezca
su mandato y no se cumpla^ y al efecto se le suplique: Este pues es
el caso precisam^ en q* nos hallamos con respecto á la Inspección
y Seg**' Comandancia dada al Sor Brigadier Elio.
Quando las desgracias agovian á una Provincia ó aun Reino»
suelen multiplicarse alas veces con los mismos remedios q* se creían
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 37^
á proposito p* SU alibio ; De esta naturaleza son los q* nos ha pre-
sentado el mismo Sor Elio desde el momento en q^ se personó en
esta Capital el año de 807, creyéndole un remedio a la Necesidad y
Escasez de Gefes Militares, que pudiesen conducirnos á una defensa
como la q" necesitábamos.
Los Enemig" entonces ocupaban la Ciudad de MonteY"" y Colonia
del Sacram*^, y la Junta de Guerra determinó q" el Sor. Elio pasase
a los Campos déla Colonia, formase en ellos sus partidas de guerri-
lla y protegiese á los moradores de aquellas Campañas, observando
las fuerzas y disposición' de los Agresores sin empeñar acción con
ellos: Estos y otros mas estrechos mandatos fueron los q* sele im-
pusieron p' economizar la sangre de los fíeles vasallos de esta Capi-
tal q"* llevaba á su mando : El Sor Elio abrió la campaña con la de-
sovediencia y desprecio á aquellos Mandatos, fuerza su marcha y sin
detenerse, ni dar descanso alas Tropas, desordenadam** asalta ala
Plaza, el éxito correspondió alas disposicin'p' q' recobradas del es-
panto las guardias Enemigas, hacen vso del cañón y con el mismo
desorden, tienen precisión de retirarse aquellos vecinos honrrados,
dejando escarmentada la temeridad del Sor Elio con perdida de mu-
chas armas enlos Soldad*, en la necesidad de huir p' sendas p' ellos
desconocidas, aumentadas sus dudas y confusión' p' las lobreguezes
déla noche (aqui ciertam^ un profesor Militar esclamaria contra el
intrépido Elio,) lastimándose de su impericia, y del sacrifício de
unos vecinos q* p' el servicio del Rey sacrifícaban sus vidas y fami-
lias . ¿ Pero quien dijera q* este sufrimiento y silencio del crasisi-
mo error Militar no bastara á sellar los labios del Sor Elio, p' q° el
también lo guardase y contemplase con aquellos mártires de la obe-
diencia ? Pero sucedió mui al contrario, p' q' este Xefe se desaze en
dicterios contra aquellos miserables sacrifícados p* cubrir su igno-
rancia y temeridad; Acaso las circunstanc' estrechantes de aq^ tpo
dejaron de llebar á un Consejo de Guerra la falta de subordinación
y excesos cometidos p' el Sor Elio.
Si este primer Ensayo costó tan caro á los vecinos, trop' vrban'
376 ANALES DE LA BIBLIOTECA
de B' Air", aun fué mayor el segundo en el campam*^ del Arroyo de
S" Pedro, donde le atacó el enemigo p' sorpresa en termin' que per-
dió todo su equipaje y Tesorería, hta su propia Espada : descuido
tan crimin^ como escandaloso en un Gefe de q^ hai causa pendiente,
y q* tampoco p' ello sufrió Consejo de Guerra, sin duda p' q* se rea
grabaron los cuidados déla Capital con el Asedio posterior délos Ene-
mig*; los muertos y hqridos quedaron abandonados ala Providencia,
y estas dos pruebas primer* q* en clase de Gefe nos dio dho Sor.
han costado las vidas de much' honrrad* vecinos de B'Air*, cuias
viudas, huérfanos i mutilad* lloran hta hoy estas desgraciadas Cam-
pañas del Sor Elio, quien al fin abandonó el Campo trasladándose á
esta Capital, infamando á aquellos victimas de su impericia con
otros muchos hechos atroces q* empleó contra aquellas Trop* mani-
festándoles su oposición y Odio implacable acia estas Tropas y ve-
cin* atribuyéndoles delitos q* no cometieron p'labar los enorm* de
su ignorancia y Responsabilidad.
Se presenta en esta Capital con un denuedo como si fuese Victo-
rioso : todos saben q^ aunq* debió asistir al Campo de Miserere con
su División el dia dos de Julio no pareció en el : El dia cinco per-
dió p' su tenacidad y capricho dos cañón*, y q* dejó al Enemigo su
ca vallo huyendo p' no caer en sus manos, vio en fin cantar la vic-
toria y obserbó de espacio á los Enemigos después de prisioneros :
Esta ha sido su conducta Militar Publica, q*en lo Político como
Gov**' de Montev" presenta el quadro mas melancólico q* no tiene
semejante en las Américas, y en la actual desgraciada constitución
déla Metrópoli acaso podrá igualarse con los mas prevaricadores de
ella.
El se substrajo de la obediencia deeste Govierno Sup"% formó
una Junta subversiba del orn Publico, atentó contra la B} Autori-
dad, conspiró contra este Pueblo y Govierno con libelos infamato-
rios y calumnias las mas atroces al abrigo délos muros déla Ciu-
dad de Montev*, apoyado en las Trop* de su guarnición y en alg*
parciales q* en aquella y en esta Ciudad tenia, con miras de depo-
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 377
ner á las Autoridad', y establecer un Govierno Popular como se in-
tentó el dia primero de Enero en él tumulto é insurrección formada
p' sus aliados i á quien' sacó con infracción de las LL. del confina-
miento en q* se hallaban, atentando contra el R* Pa vellón en aq^
Establecim*^ como lo hubiera hecho un Enemigo déla Corona^ ha-
ciendo salba R^ al Triunfo conseguido q**** arribaron á Montevideo
los confinad*, haciendo particip' á las Iglesias p' q* con sus Campa-
nas manifestasen Regocijo á este hecho. ¿ Quando hemos visto con
semejante escándalo celebrar los Atentados cometidos contra la So-
verania y hacer alarde de ellos p' confundir y abatir mas la Supre-
ma Autoridad? Encastillado eu su Plaza, y aprovechándose de la
humanidad del Govierno procuró seducir Provine* interiores deque
son funestos resultados las turbación* q* padecen, por todo declaró
un odio implacable á las Tropas y Vecindario de esta Capital tra-
tando á los Tribunales, y Trop* de ella de insurgent* trahidores al
Rey y sequaces del pérfido Napoleón, con cuias preces falsas es de
creer recabó déla Junta Central la Insp*"" y Segunda Comandancia
de las Tropas de este Virrey*** y de q* reverentem** reclamamos.
Es prueba nada equiboca del odio vengativo y sanguinario q*
ha tenido y tiene contra las Tropas y havitant' de B* Air* el empeño
q* manifíesta su esquela ó memoria de veinte y tres de Julio escrita
á don Josef Guerra, corre en Testimonios Públicos, alli quiere q*
se amenaze con oreas, y q* luego se ejecute, alli se ofrece mas q*
aconsejar á ejecutar estos sacrificios á la frente de mil hombres :
alli renuncia la docilidad ó humanidad p^ empaparse en nuestra san-
gre ; alli p' tres veces manifiesta ser inflexible, y la dureza de co-
razón en el Gefe p' q* se conozca la benignidad : no se leerá de Ti-
to ni Vespaciano mas horror á sus semejantes y bien ¿ q* le ha he-
cho esta Jerusalen cibil defender con sus nobles pechos q* sirvieron
demuralla álaimbasion délos Enemig*p' sostener estos Dominios del
Rey, es delito q* merece una pena tan cruel sobstener estos mismos
Ciudadanos fieles la Autoridad y Soverania q" quisieron arrebatar
con las Armas en la mano el desgraciado dia primero de Enero,
^78
ANALES DE LA BIBLIOTECA
puede ser delito? Enfín el haber dado un Exemplo q* no tiene seme-
jante la Nación en las tristes y desgraciad' combulcion* q* ha pade-
cido y sufre la Metrópoli, ¿Será p"" ventura delito ? Nosotros cree-
mos q*nó.
Gomo el Señor Elio no pierde momento de herir alos havitant*
defensores de esta Capital, hecho un Misionero de la blasfeoiia con-
tra ella en sus cartas pribadas, en sus Proclamas publicas, y en to-
dos sus sentimientos, quedan como la del dia doce sellados sus de-
seos con la invectiba, con la injuria y la calumnia de q^ hace fre-
quente vso.
Todos estos son Docum***' y razones q* constan de hecho, resal-
tan de causas y piezas calificatibas en la secret*, con ellas están dada
cuenta al Rey en mucha parte, á quien en vso de ntros dhos pro-
metemos recurrir instruidam^ ; y considerando q* entretanto son
bastantes los motibos dhos á suspender la posecion, ocurrimos á V
p* q* se si rba hacerlo presente á S. E. en el modo mas sumiso y
atento que corresponda y combenga, exforzando ntros sentimient* p*
q^ no podemos sobrevibir á ntra infamia y vi trajes después de haber
sacriñcadonos p' sostener las Autoridades del Rey y su Soberanía,
p*^ cuia conserbacion rendiremos como lo deseamos ntro espíritu
contratos q" la atentaren.
B* Air' y Ag" 2 a de 1809.
Fran'''' Diaz
Juan Simón Gómez
José Balentin Garda
Juan Albaro de Ossorio
Lorenzo Alvares
José Ignacio González
Fern^"* de la Gándara
Anselmo delRial
Fernando de Arrióla
JW Ant de la Puebla
Josef de Zeballos
José Gabriel de la Oyuela
Fran^"" Xavier Garda
Manuel de Horna
Vicente Diaz
Man^ Sánchez De Cosió
Sebastian Casas
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 379
N» 6
SAA YEDRA APOYA LA PROTESTA ANTERIOR
Exmo Señor.
Persuadido intimam^ de que la sobordínacíon, obediencia y
respetos devidos al Superior, son compatibles con la súplica y
reclamo reverente del subdito al mismo Superior, quando sus man-
datos, ordenes ú preceptos, le son gravosos y perjudiciales, que
este alivio por nuestras mismas Leyes esta concedido al Vasallo aun
quando el Soberano es que manda, establece, ú ordena por medios
de Sus Reales rescriptos. Cédulas y Decretos, quando estos son de
aquella clase, no he dudado poner en manos de V. Ex' la adjunta
representación de los .oficiales del cuerpo de Patricios de mi cargo,
relatiba á suplicar á V. Exa se suspenda hasta la resolución de S. M.
dar cumplimiento á la orden superior que en oficio de 16 del corr**
se ha publicado sobre la Inspección general y segunda comandan-
cia de las Tropas de este Vireynato. que la Suprema Junta Cen-
tral ha concedido al S"" Brigadier D" Fran*" Xavier de Elio.
En dha representación indican los oficiales las razones justas que
creen asistirles confiados en que la justificación de V. Exa, las pon-
derará y pesará confórmelo exigen nuestras circunstancias. Aellas
he creído dever añadir otra que en mi concepto al paso que es mas
publica que la luz del día, obra mas inmediatam^ al proposito de su
solicitud, y es el odio y aversión con que aquel Gefe mira principal-
mente alos hijos del Pays. Esta Señor Exmo. no es una imaginaria
sospecha, no es cavilación de celebros exaltados, es una verdad pu-
blica, notoria y constante : Y. Ex' ha visto vajo la firma del mismo
S"*' Elio en 22 de Julio ultimo su deseo y empeño en que se nos
amenaze con la horca, y que efectibam^ se nos haga esta caridad.
a8o ANALES DE LA BIBLIOTECA
que se nos hace duro, duro, duro : Tal vez habrá visto íguaUn^
V. Exa. la proclama, ó alocución de aquel mismo Gefe que el 12
del corr^ hizo a sus tropas, en que después de usar de muchas
expresiones equibocas que manifiestan aquien lo entiende los respi-
ros del veneno que abriga en su corazón contra nosotros, al final de
ella ya sin embozo manda hacer la ultima salva por el exterminio de
los malos Españoles.
Señor Exmo. estos malos Españoles en concepto del S*^ Elio y
de sus partidarios en esta, somos nosotros. Quando habiamos
crehido llenos nuestros deveres como Soldados y vesinos, desde
que por defender nra Patria Rey y Religión abandonamos nuestras
atenciones, quando por tan sagrados motibos expusimos nuestras
vidas, en la gloriosa Reconquista y defensa de esta Capital y en
ellas de toda la America del Sur; quando muchos de los nuestros
aun conserban las cicatrices de sus heridas, y no falta quien las
mantenga abiertas, quando en el dia i** de este año sostuvieron nues-
tras armas la Real Autoridad que se pretendió exterminaren esta
Capital, sostituyendo en ella un goviemo popular, quando final-
mente no se nos puede acusar de delito alguno en nra conducta
Civil y Militar, entonces es que el S"' Elio y sus Partidarios nos
tienen por malos Españoles.
Nosotros Señor Exmo. acabábamos de jurar fidelidad y vasallage
á nuestro amado Soberano el S*"^ D" Fern*** 7" estábamos y esta-
mos firmemente persuadidos que un Govierno Monárquico como el
de España solo el Rey es la fuente y origen de las demás autorida-
des subalternas; que solo el Rey es el que crear Juezes, Magistrados
y Tribunales nuebos : Que en fuerza del juramento de fidelidad y
vasallage solo devemos obedecer al Rey, y alos que este ha confiado
su autoridad y potestad; que devemos desconocer y despreciar
toda otra que no emane de aquella fuente, ni tenga aquel legidmo
origen, y de consiguiente que seriamos verdaderos traidores no re-
sistir estas y qualesquiera otras innovaciones que en este punto se
quisiesen intentar, como se intentaron escandalosam^ en aquel
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS a8i
desgraciado dia en esta Capital. Esta es la verdadera causa de
reputársenos por el S""^ Elio y sus Partidarios, por malos Españoles,
y la que acabo de exitar sus iras contra nosotros. De todo se ha dado
cuenta á la Suprema Junta Central, y no dudamos que este Savio y
Regio Tribunal aprovará nuestra comportacion.
Por lo mismo, tampoco dudo de la integridad y justifícado cora-
zon de V. Exa. atenderá las reverentes suplicas de la representa-
ción de mis ofíciales, y las razones que expreso es está, esperando
de su bondad tenga á bien decretarla como corresponde, con el fín
de salir de la opresión que nos amenaza, ú de dirigir nuestros cla-
mores al mismo Soberano único alibio y apoyo de sus vasallos.
Dios gue. á V. Exa. muchos años.
Bueno» Ayrea Agosto a a de iSog.
Exmo Señor
Cornelio de Saavedra,
Exmo 5**' Virey D" Baltasar Hidalgo de Cisneros.
N- 9 (I)
Exmo Sor.
Los oficiales del cuerpo de voluntarios de mi mando me han he-
cho la representación que es adjunta suplicando á Y. E. se sirva
suspender el cumplimiento y posesión de la R*. Om. comunicada
para exercer los Empleos de Inspector, y Seg**'. Comandante de
las Armas de este Virrey nato conferidos al S'*^ Brigadier D**. Fran-
cisco Elio, cuya Soberana disposición obedecen y acatan, suplican-
do en forma de ella, hasta que S. M. mejor instruido por el re-
curso que han á hacerle resuelve y determina lo que sea de su
R^ agrado.
(i) Se ba considerado innecesaria la publicación de los documentos N** 7 y 8, que
contenían, en términos análogos, las protestas de otros cuerpos.
aSa ANALES DE LA BIBLIOTECA
Los motivos y causas en que mis oficiales apoyan la suplica son
harto notorias por los desgraciados sucesos resultados de la con-
ducta del S^ Elio, y como ademas de su dolorosa publicidad, es-
tan pendientes muchos ante V. M. documentadam^. remitidos p'
los correos de Febrero y Mayo parece S"'. Exmo. que pendientes
aquellos recursos y causas de Estado rozándose con la alta traición
y atentados contra ia Soberania nada tiene de abanzada la reverente
Suplica que hacen afianzada en hechos y causas calificadas.
En la Junta de Guerra celebrada el cinco de Octubre del año
pasado áque asisti con los demás Comandantes y Gefes de todos
los cuerpos que existian en esta Plaza fue la mayoría de votos de
ser un Governador contra la Autoridad Soberana, y que habiendo
fuerzas devia atacársele y sugetarlo como a un insurgente: Este
voto lo dimos por escrito y de palabra; y pendiente la resolución
de esta causa, como podrá ser Juez, mandar ni obtener Empleo al-
guno Político ni Militar, y mucho menos délos mismos que según
nros juicios hemos resuelto declararnos enemigos suyos por mi-
nisterio déla Ley por serlo el del Estado ?
Ya para esta resolución havia negado la obediencia á la autoridad
de este Govierno, habia desobedecido esta R'. Audiencia después
de haverse sometido a ella en sus imposturas criminales, y ya este
Tribunal havia manifestado que no podia proceder vlteriorm^. (sin
duda porque no tenia en su mano la fuerza) y que el Superior Go-
vierno tomase las medidas de su resorte. Todo este procedimiento
y causa en testimonio se leyó y tuvimos ala vista en aquella Junta,
es decir Sor. que nuestro juicio estaba yá prevenido y calificado por
el pronunciamiento de el de aquel Regio Tribunal que habia pre-
cedido.
Esta resolución Soberana esta pendiente, las causas en sufuerza
y vigor, parece de justicia Señor que no solo no se le deve poner en
uso de exercicio de la R^ Orn. sino asegurar su persona ; Porque
si se dá el caso de declararse Reo de Estado, aquella provisión dada
sin los conocimientos de sus causas queda ineficaz, como sucede
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS aSS
tx>n cualquier otro agraciado, que cometió delitos obstatibos de
exercerla al tiempo de darle su cumplimiento.
Vltiniamente Sor. yo me veo ejecutado con mis oficiales, y aca-
so con toda la parte sana de este Vecindario y Tropas de esta Guar-
nición en exercicio de nuestra fidelidad y conocimientos délos deli-
tos del S^ Elio, a rogarle no abenture la seguridad y tranquilidad
de estos Dominios, que han estado y aun se hallan al borde del
precipicio por su seductora é insurgente conducta.
Nos ha costado Señor mucha sangre y fatigas librarlos délos Ene-
migos externos y délos internos concitados por el S^ Elio, y estos
tristes conocimientos nos hacen explicarlos con el lenguaje déla
verdad sin afectación y en el preciso Castellano como brotes délos
mas leales sentimientos. Crea V. E. que están muy lejos de nues-
tro corazón la ruin venganza y la bajeza para difundirnos en dicte-
rios ni otras expresiones descompuestas por que ademas de de-
vernos a nosotros mismos por naturaleza honrroso y noble
proceder, seríamos muy criminales en faltar al respeto ; y á la
alta dignidad de Y. E. al Rey, y á Dios en nras conciencias.
Acaso tendremos ocasión de manifestar a V. E. nuestra generosa
comportacion y deseos de tranquilizar y desterrar la discordia que
ha sido capaz de perder el S^ Elio y algún otro espiritu rebolucio-
nario. Creemos que la Providencia que muy singularmente ha ve-
lado sobre este Pueblo há elegido á V. E. para serenar la tormenta
que corremos ; Pero esto sin duda deverá conseguirse quitando los
resortes primordiales que la han formado.
Hé aqui Señor nros deseos y anhelos : Conservar la Soberania
de nro amable Joben y desgraciado Monarca el S^ D°. Femando en
estos sus Dominios : Que sus autoridades se respeten en todo el
Heno délas LL. para conservar según ellas nuestra Sagrada Reli-
gión, y sellar con nuestra sangre esta obligación jurada. Bajo es-
tos inalterables principios puede y. E. descansar, contando, que
mientras nosotros tengamos existencia capaz deobrar ensu desem-
peño no le faltaremos, y con tanta más energia, quanto conocemos
38& ANALES DE LA BIBLIOTECA
en estos turbulentos calamitosos tiempos la urgentísima necesidad de
conservar en respeto y decoro la primera autoridad de \ . E. para no
i ncidir en las miserables confusiones que nos ofrecieron los melan-
cólicos dias de i4 de Agosto de 806, y 1°. de Enero de este año.
Hablo Sor. Exmo. por mis oficiales y por el Cuerpo de mi
mando y sin exponerme puedo también firmar por todas las tropas
de la Guarnición que el dicho dia i^. asi lo executaron con el ma-
yor y mas respetable vecindario de esta Capital que aspira y Dora
por la paz y detesta las novedades, é insubordinaciones.
Parecióme Señor que devia no silenciar los sentimientos genera-
les de mis compañeros de armas y conciudadanos, y que el mani-
festalos a V. E. devia ser no solo como subdito a Superior, si no
como hijo á Padre, y creyéndole tal ; pues este es el oficio de V. E,
representando la viva Imagen denuestro Cautivo natural Padre el
Sor D". Femando 7*.
Pero Sor Exmo. aun quando ningún motivo hubiese fundado
que llenase ó convenciese el animo de Y. E. con respecto á la
Inspec**. esta no deveria estar al cargo del Sor Elio, si está en su
vigor y fuerza la R^ disposición que prescrivey señala con respecto
á las Milicias Vrbanas de Indias. Colon en sus Juzgados Militares y
la R^ Orn. que deve obrar en esta Secretaría de Gov"**. en igual so-
licitud del S''^ Marques de Sobremonte siendo subinspector de es-
tas Tropas ; pues las Vrbanas están sugetas solo á la Capitania Ge-
neral que es decir á V. E. aquien deseamos queremos y pedimos si
es compatible con la justicia y con lo basto de su mando.
Interesa á nuestra pública tranquilidad la vida de Y. E. por la
que rogamos al Señor la conserve muchos años. Buenos Ayres y
Agosto 24 de 1809.
Exmo Sor.
Pedro Andrés García
Exmo, 5**'. Virrey D. Balthasar Idalgo de Zisnero,
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS aSS
PJO gbÍB
EliO ACUSA RECIBO DE LAS PROTESTAS DE LOS CUERPOS
Exmo Señor ;
He recibido el Superior oñcio de V. E. en que se sirve prevenir-
me que (c habiéndole representado los comd*^ y oGciales de los
cuerpos urbanos de esa Capital los inconvenientes que hay para
que yo exerza respecto de ellos la Inspección que me esta consedi-
da por R* orden asta que S. M. resuelva acerca délas representa-
ciones que dicen le tienen dirij idas y deseando evitar todo motivo
de alteración y conservar la tranquilidad y sosiego publico que es
la suprema ley de toda sociedad ha determinado V. E. que la Ins-
pección de los citados cuerpos urbanos de esa Capital quede refun-
dida en la persona de V. E. con quien únicamente han de enten-
derse sus Comandantes». En contextacion á esta determinación
digo que nada me queda que hacer en la materia sino manifestar
á V. E. como lo executo que me confirmo en todo y por todo gus-
tosisimamente con susuperior expresada resolución aun quando
ella fuese mas humillante para mi crédito y reputación, hallándome
bien persuadido de que á V. E. consta del modo mas notorio haber
reconocido nro Supremo Govierno que lodo mi interés y conducta
se cifran en la salud, y quietud publica y defensa de nro adorado
Rey y Señor D" Fernando 7° é integridad de sus dominios ; á mas
de que siendo la muy respetable persona de V. E. la que se hace
cargo de exercer en esta parte la comisión que el Soberano se ha
dignado confiarme, nunca podra llenarse con mayor dignidad ni yo
podre tener un motivó mas plausible de dar exemplo de sumisión
respetuosa que quando la disciplina militar de esos Comandantes y
oficiales urbanos ha tocado en él extremo de poner condiciones ó
negarse al cumplimiento délas r* resoluciones, y siendo V. E. el
386 ANALES DE LA BIBLIOTECA
primer representante del Rey en estas Provincias á V. E. toca
esencialmente el hacerlas respetar.
Dios gue á y . E. m*. a" Montevideo 3o de Agosto de 1809.
Excmo señor :
Xavier Elio.
Exmo S^\ D" Baltasar Hidalgo de Cisneros,
N" 10
LINIERS Á ECHEVARRÍA (l)
Mi mas estimado Dueño y Señor he recivido con la mayor
complasencia y satisfacción, las expresiones de su Cariño de la que
me tiene dado tantas repetidas pruevas si amigo estoy persuadido y
convencido que la Providencia me tiene destinado para la defensa
de Buenos-Ayres contra toda clase de Enemigos : los Malvados de
Montevideo han empleado todos los resortes, y han puesto enjuega
todas las maquinaciones del Enemigo del Genero humano para
Manchitar el Alto honor de estos habitantes : pero en valde ; yo
creo haverle dado una prueva nada equivoca de mi Amor en mi
yda á la Colonia, y en mi detención en ella, asta el arribo del Nuevo
Virrey mucho podria decir sobre el particular pero me oprime el
tiempo : remito á Y la Copia de mi Confidencial al Virrey de fecha
del 24 que cito para que atienda V que la infernal Esquela de que
V me hace referencia es del 23, que la Providencia solo hizocaher
en mis manos el 29.
Adiós mi Amado Amigo viva V persuadido que en todos tiempos
y en todas fortunas puede V contar sobre el invariable afecto de este
su Servidor y Amigo
Santiago Liuiers.
P. S. Devuélvame V la Copia después de Leida.
S' /)' D" Vizenle Anastasio de Echevarria,
(i) Sin fecha. ¿Córdoba, septiembre de 1809?
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 387
N" H
EL MISMO AL MISMO *
GordoYa y Octubre 16 de i8og.
Mi Estimado Amigo solo dos palabras porque el tiempo no per-
mite otra cosa ; ay va la certificación que quisiera fuesse escrita con
la Sangre de mis Venas ; ese ombre no a resollado, naturalmente
el asunto le ba paresido digno de consulta aunque muy
de todas maneras pienso dirigirme, á S° Ni colas, y de allí a
de la Fragata de que me a proporcionado Letamen-
dy — A Dios Amado Amigo páselo V bien, ofrescame V. A. L. P.
de esa Señora y disponga Y. de todos los individuo dees ta su casa y
muy particularmente de su mayor apasionado y Amigo Q. S. M. B.
Santiago Litviers.
S' D' £)° Vizente Anastasio Echevarría.
N* 12
EL MISMO AL MISMO
Gordova y Noviembre 3o de 1809.
Mi mas Estimado Amigo la mala combinasion de los Correos me
priva del gusto de ha ver recivido las suyas, que ya deven estar
Caminando, antes de Escrivirle esta, y aunque me vendría muy
al caso no puedo dilatar el comunicarle mi ultima resolución, no
dudando que tanto por las Reflexiones que le hize en mi ultima^
como por las que le voy hazer en esta no meresca su aprobación.
Yo veo que las Noticias de Europa pronostican y prometen mas
ventajosas resultas que lo que quieren persuadimos los que forman.
388 ANALES DE LA BIBLIOTECA
el partido revolucionario mas generalisado de lo que parece, por
otra Parte, la Corte de Brazil, y los comerciantes de Londres que
tienen intereses en B' A' por sus miras particulares, procuran siem-
pre inspirarnos terrores infundados sobre la suerte de la Metrópoli
para sorprender nuestra buena Fé, los unos para que fomentados el
Espiritu de Rebellón en los unos y la desconfianza en los otros,
pueden lograr los fines de su pérfida Politica, y los últimos para sa-
carnos el Dinero y salir de Guapos, de toda suerte mi situación es
Escabrosa, nada adelanto con Escritos, y solo puedo esperar justi-
cia de la voz viva, y quando no tenia mas que mi desengaño, siem-
pre habria adelantado mucho, mi demora me expone a mil contin-
gencias, padece mi concepto, y me veo expuesto de un momento á
otro á nuevos ultrajes del i"" Mandarín : combinado todo e tomado
la invariable resolución de Marcharme, pero no en drechura, a
España, de tratar segretamente con un Buque ingles, o Americano
para que me lleve a la ysla de la Madera, y desde alli enviar a mi
Luis con el duplicado del Escrito que embio a Y, paraque después
que lo lea, me haga el gusto de serrarlo y echarlo al Correo, mi hijo
lleva cartas de este Señor Obispo Consejero de Castilla quien le
podra guiar en el modo de conducirse, como instruirle del Espiritu
que Reine en el Govierno que exista h su llegada, puede decir que
yo me e quedado enfermo en la Madera, y abisarme del semblante
de las Cosas para mi determinación me parece que por este medio
todo se consília, pero el Secreto es de toda entidad, pues si mis
contrarios Podrían penetrar este Plan Se me podrían seguir graves
perjuicio, y asi trate Y el asunto verbalmente con Letamendí a
quien solo escrivo que se entenda con Y sobre el particular de mi
Yiage, este por segunda manopodria tratar de mi pasaje a la citada
ysla &'.
A Dios mi Amado Amigo, páselo Y bien y mande quanto sea de
su agrado a este su aP""" de corazón Q. S . M. B.
Santiago Liniers,
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 189
P. S. Reciva Y. finas expresiones de todos los de esta su casa ofre-
ciéndome A. L. P. deesa Señora.
A llegado mi comisionado de Famatina con minerales de Veinte
Bocas Minas ya abiertas y que no piden mas que fomento para aro-
jar imensas Riquesas — en primera ocasión remitiré a V. unas
Piedrecitas, y un prospecto que he hecho para una Gompañia com-
puestas de Quinientas acciones de a Dos Cientos Pesos. Y a de ser
uno de los accionistas y a de Buscar entre sns Amigos algunos que
lo sean se va a arriesgar bien poco con la perspectiva de un incalcu-
lable lucro.
S' D^ D' Vizente Anastasio de Echevarría.
N° i3
EL MISMO AL MISMO
Cordova y Diciembre 16 de 1809.
Mi mas Estimado Amigo las Almas generosa exaltan siempre mas
los procederes ágenos que los propios, quanto hazen les parece poco
y qualquiera demonstracion de gratitud un exceso, porque la ver-
dadera la única remuneración que apetesen es el Plazer de hazer
bien. V esta positivamente en este caso : me a dado V las pruevas
mas acrisoladas de su Cariño dedicando sus Luces y Tarreas al des-
empeño de mis deveres y aun quiere V ser el Beneficiado por ha-
verle occupado no Amigo mió yo le e de agradecer y estimar sus fa-
vores desinteresados, por todos los Medios que consiva que le pueda
acreditar estos sentimientos sin errir su delicadeza.
Que le Párese de esta Mudanza repentina del Principal Mandarín
quien tan pronto aborece, como Estima, Exalta y umilla, premia y
Castiga según Amaneze, ne le suceda lo que a la Mujer Coqueta, o
AÜAIJU DI Ul BIBUOTVGA. T. lO ig
9go ANALES DE LA BIBLIOTECA
Borreguera quien después de haver sido pretendida de mucho se ha-
lla despreciada de todos — en quanto a mi es imposible que yo pue-
da tomar sobre mi el pedirle cosa alguna, si me reconviene sobre
mi demora con responderle que es involuntaria y subordinada el de-
fecto de proporción, no le diré mas que la verdad, pero pedirle yo al-
gún favor para exponerme al Bochorno de una negativa, no alcanza
a tanto mi virtud, ni mi Amor al sufrimiento.
Yo creo que el desembarco de la desgraciada familia en la Ban-
da oriental esta sujeto a mil contingencia, si no se puede lograr que
vuelvan a su Casa es preferible el Rio Grande, particularmente per-
suadido como estoy que en todo Febrero estará en B*, A". D". Tho-
masOgorman a quien tengo escrito con la mayor fuersa sobre el par-
ticular.
Las noticias llegadas oy del Perú son satisfactoria, todos los in-
surgentes de la Paz están presos, menos doz de que han hecho jus-
ticia los yndios evitándoles el fastidio de la formación de Causa por
el Cordel, entre estos parece que fue un tal Castro Piloto del comer-
cio que havia hecho de Comandante de Artillería en la oposición á
Goyeneche. e tenido Carta del Pobre Presidente Pizarro hia puesto
en libertad, me dice que la Cholada le ha prodigados tantos Cariños
como lo Colmo de oprobio la Noche del 25 de Mayo todo su resenti-
miento es contra la Audiencia dice siguiendo su humor que sus in-
dividuos tienen todo menos Jaris y Prudencia. Nielo estara en Po-
tosí con sus doz Divisiones, ha viendo recibido diputasiones con to-
das las Muestras de Sumisión, pero no creo que sera tan tonto que
se fie de semejantes demonstraciones sin corroborarlas con el acom-
pañamiento de sus voluntarios — de todas maneras se puede consi-
derar terminadas las revoluciones por esta parte — quia noticia que
tendrá B'. A', antes del i" de Año pondrá un poderoso freno á los
mal intensionados y por consiguiente me parece que no tienen
Vmd" nada que rezelar por esta Parte.
Yo no creo los asuntos de la Península tan deplorables como los
^ngleses quieren pintarlos los yngleses interesados a hacernos tra-
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS agí
gar sus trapos y llevarnos el Dinero : de que el ))ueno de Elio Tra-
niolla alg-o con los Lusitanos no lo dudo pues por limitado que sea
no puede ser tranquilo sobre la suerte que le espera, y el rompi-
miento del Virrei con sus Compadres podría muy bien accelerar su
infernales Miras.
Nada me contesta V. sobre Famatina — Amigo cada dia se au-
mentan los Prodijios : estos Dias trajo una Piedra un vezino de aqui
diziendo tenia acopiado Dos Gaxones de ygual Mineral, dicha Pie-
dra contiene ^/^ Partes de Metal fino, si esto es Cierto siendo el Ca-
xon de 5oo qq* con lOO qq' de Mineral que redusidoa Plata con
solo el desfalco de una V4 parte, resultarían i5ooo Marcos esto es
120,000 pesos, ay remito a V. el prospecto que he formado para
nna Compañia vea V. si algunos Amigos quieren entrar en ellas,
por mi parte entre yo y mis hijos emos subscrito por 20 acciones^
el obispo con aplicación á obras pias, y dotación de Cátedras para
le universidad toma sobre sesenta, yo creo que este Pueblo solo en-
trara por mas de la mitad.
Mucho me alegrare que ya libre de tarreas extraudiciales me pro-
porsione V. el gusto* de leer sus Lusidos y amenos Conceptos ya
que la suerte me priva de la satisfacción de oyrlos de su boca que a
lo menos los produsca la Pluma, yo aunque toscamente procuraré
contestarles, bien que con la desconfianza que entienda V. mis ga-
rabatos.
A Dios mi Amado Amigo reciba V. finas expresiones de todos
los individuos de esta su Casa, ofrescame V. A. L. P. de esa Señora
quedando como siempre su invariable amigo Q. S. M. B.
Santiago Liniers.
S' D' D" Vizente Anastasio de Echevarría,
293 ANALES DE LA BIBLIOTECA
N' l4
EL BQSMO AL BUSMO
Córdoba y Diciombre de 1809.
Mi mas Estimado Amigo veo por la favoresida de Y. del lo del
Corriente Gozaba Y. de perfecta salud ygualmente que esa Señora
A o* P* me ofresco con las veras a que le haze acreedora su Mérito y
ser consorte de un tal estimable Amigo, aqui paso vegetando aunq*
sumamente agitado mi Espiritu, de Mil contradicciones no sién-
dola menor, mi detención a la qval me conformo como el pasiente
a quien los facultativos mandan amputar un miembro, si Amigo
conosco q* el Partido el mas prudente, es el quedarme pero no me
negara Y q* no es el mas decoroso después de haberme explicado
con tanto desembaraso en mi repulsa : conosco el riesgo imínente
en que me expondría en presentarme en España mientras dure la
preocupación y el influjo de los Malvados^ pero este mismo peligro
es un alisiente y un estimulo para mi, hirse un Sobremonte, y que-
darme yo a exemplo de un Elio es una Reflexión que me atormenta
de Dia y de Noche y me quita todo sosiego... este Pueblo que me
alusino en Los Principios, me va subministrando Cada dia nuevos
desengaños supe a hier que Sobre Monte lleva consigo Muestras del
Mineral de Famatina y el resaltado de la visita de este Asesor sino,
nada mas Natural que un semi Pariente, y un deudo se muestren -
agradesidos, pero nadie puede ser autorisado, para abusar de la
buena Fé de un ombre honrado.
Si Concha y D' Yitoríno me ubiesen manifestado su pensamien-
to lo ubiera aplaudido, pero unas Almas pequ3ñas y Mesquinas no
son capaces de comprender ni apresiar un pensamientos generosos
que no son de sus resortes Porque Negarme que D° Yictorino había
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 39$
traído Piedras, porque dejarme costear en traherlas yo, y ultima-
mente consentir en que sería yo el portador de tan Lisonjeras espe-
ranzas, siento verdaderamente el Chasco en mismo tiempo que me
•
alegro que este Pobre Diablo lleve este Emplastio sobre la Postema
Esquiroza, de que adolece.
La noticia de la perquizia sobre ser yo el Autor de la insurrección
es original y digna de la Cabeza mal organizada q*lo formó.
Tubimos en la Armada quando yo empese a servir un Capitán de
navio muy Bárbaro quien quando oya hablar delante de el ydiomas
Estrangeros que no entendia = decia entre sus dientes, Esto mismo
te digo yo, y de mas, a mas Cabrón = puede que Alzaga que nunca
ha entendido mi lenguaje ayga oydo este Cuento, y me lo aplique ;
a proposito de ese gran Barón tengo que Sitarle un parágrafo de
una Carta que tengo en mi poder, del Obispo de Salta a un Amigo
mió = (( Ahora le sacaré de una curiosidad y V"* sacara a los demás
— Mil motivos se figuran Vms para la ida de Funes a B* A* y no
tocan Pelota. Oyga V, y sepa la oculta y misteriosa causa. El omni-
potente Alzaga ha alvorotado el Pueblo y Clero.de B* A* contra mi
hermano adulterino, digo uterino el pobre Señor Lúe, dice en tono
Ambrosiano q** va a quitarlo y poner otro Obispo a satisfacción del
Pueblo, Esto se porque solicito boluntad de lo que estoy mas Lejos
que de bolverme Turco, yo creo que mi repulsamiento en el Amigo
Gregorio y que este va hacerse presente como los Novios p' gran-
gear la voluntad de la Novia, Diosse la dé que no tardaría mucho en
arepentirse »
que le Parece Amigo de esta Pillada pero no me conten-
to con este documento el obispo de Salta es Amigo mió y le
voy a Escribir para Pedirle me subministre los demás que lo com-
pruevan y no dudo de que me los franquea : bien dice V que mas
que se agiten estos Perversos no harán mas que ensenagarse mas en
el muladar en que se hallan hasta el Pescueso.
Nada nada me dice Y de la desgraciada familia, tampoco me han
escrito lo que me pone en quidado, digame Y le ha dirigido el anillo
i94 ANALES DE LA BIBLIOTECA
que le Embie : por mi hermano Político Juan José Embiare las pie-
dras que le ofreci : me dice este que Goyeneche á Escrito á Sans
que no a tomado una declaración ni visto un. documento sobre la
Causa del alsamiento de la Paz, en que no fuessen comprometidos
los Golillas de Chiuquizaca : eleido con gusto la representación del
agente del Presidente que me a paresido muy bien, pero me queda
la Curiosidad de saber si a correspondido la providencia a la justi-
cia de la Petición.
A Dios mi Amado Amigo, reciba V finas expresiones de todos los
yndividuos de esta su Casa mandando como puede a este su af"*"
Amigo y Ser»' Q. S. M. B.
Santiago Liniers
P. S. la Carta de Londres que me incluio Letamendi y me dice
comunico a V es sumamente interesante, su Autor es el Famoso
Peltier, autor del mejor Periódico de Europa (i). Era gran Amigo
de mi hermano p* q° era la Carta : nos anuncia el Embio de varios
Papeles y Libros curiosos, solicita subscriptores y yo espero que V
sea vno de ellos ? que bello objeto, se me presenta p' la Atalaya de
Malaga q* voy al golpe a presentarle al Foco de su microscopio.
N*» i5
EL MISMO AL MISMO
Córdoba y Enero lo de 1810.
Mi mas Estimado Amigo : aprovecho de la occasion de mi herma-
no Juan Josef para remitir a V un Caxonsito con algunas Piedras
Minerales de nuestras famosas Minas de Famatina : Estimare a V
(i) Peltier publicaba entonces el AmbigUt en coyas columnas apareció ana corta bio-
grafía de Liniers.
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS agS
me a bise sin dilación del Nombre y Numero de acciones de los accio-
nistas que V habrá reclutado para incluirlos en la lista pues ya ten-
go a qui ya mas deCiento. Bastara tenga los de esa a qui nombrados
sus apoderados, pues el desembolso de las acciones no se yra ha/ien-
do que a propprcion de los Gastos que occuran — significando por
una Regla de Proporción, la cota que corresponda a Cada acción,
verbigracia se nesecitan Comprar Cien Negros y diez Negras a 260
pesos Cada Pieza quio importe son 28.600 pesos = quia Cantidad
corresponde a 67 pesos i'* Y5 por cada acción.
Remito a V ygualmente una Petaquita que contiene una Pava de
Plata unos jaros y unas figuritas de China que mi Señora D°' Ana
Ogorman havia dejado a mi custodia y que a hora me reclama ; es-
timare a V que se sirva mandárselas á bordo, si aun esta en Ba-
usa, o al janairo si acaso se ha hecho á la Vela, recomendándole
muy encaresidamente me aga V este nuevo favor con su acostum-
brada eficacia, mi citado hermano entregara a V asi mismo un Ne-
gro llamado Anibal de la propiedad de esa Señora que ygualmente
debe seguir la suerte de la Petaquita dispensando V tantas moles-
tias.
Espero con impasiencia la llegada del Correo que sali oy de esa
esperando me trahira la noticia de hallarse todo tranquilo, no soy
mas Largo en esta ocasión por hallarme muy contraydo a cordinar
una memoria, documentada, para el famoso Diarista nuestro Amigo
Peltier, dándole las Armas necessarias para Rosinar al autor de La
Atalia — A Dios mi Amado Amigo ofrézcame V. A. L. P. de esa
Señora reciva V finas Expresiones de todos los yndividuos de esta
su Casa Mandando como puede a este su aP"" Amigo y Ser*" Q. S.
M. B.
Santiago Lijíiers.
S' D' D° Vizente Anastasio de Echevarría.
996 ANALES DE LA BIBLIOTECA
N' 16
LLAMAMIENTO DE LUflERS T ELÍO
Exmo. Sor.
El Rey N. S. D. Fernando Séptimo, y en su R* Nombre la Supre-
ma Junta de Gobierno de estos y esos Reynos, que cada dia consi-
dera mas necesaria la venida á España del antecesor de V. E. D*
Santiago Liniers, y el Brig' Xavier Elio, ha resuelto lo exprese asiá
y . E. para que haga disponer el embarco, y viage de esos dos suge-
tos del modo que dixe á V. E. en i3 del prox" anterior.
Al propio tiempo ha resuelto S. M. que desplegando Y. E.
la energia propia de sus conocimientos y carácter, hasta el punto-
en que dejaría de ser compatible con la justicia, se dedique Y. E. ¿
cortar de raíz todo motibo de cuidado ó que se oponga á la seguridad
publica, y á la respetable representación de Y. E. á quien lo comu-
nico de R^Ord" para su inteligencia y cumplim**.
Dios gue. á Y. E. m. a. R^ Ale' de Sevilla 16 de En* de 1810.
Cornel
Sr, Virrey de Buenos Aires.
N° 17
LINIERS Á EGHEVARldA
Cordova y Enero 17 de 1809.
Mi mas Estimado Amigo, aunque por corto momento puedo
contestar a la muy apreciable de Y. del 10, si no consultare mas
que mi gusto desde luego me determinaría para la vida Campestre»
pero tropieso en primer lugar con una Casa independiente en la
que pudiese alojarme con mi dilatada familia, y en el caso que la
hallase todavia me seria de mucho embarazo transportar a ella todos
DOCUMENTOS SOBRE L1N1ERS 397
mis trastes, pues no tengo criados de confianza a quien dejar el
cuidado de la Gasa en la Ciudad — y aunque los tubiera sería siem-
pre muy expuesta a ser robada, bien lejo que mi retiro produjiese
el efecto apetesible de ponerme al abrigo del Rebuzno y gragido de
los Burros, y Excuersos que me rodean, se aumentarían mas per-
diéndome de vista : sobre todo se me a puesto en la Cabeza que no
pasa este Mes, o a lomas la mitad del p"* febrero sin que tengamos
noticias que me proporcione el poder emprender mi deseado Yiage.
Yo pongo en Quarentena lo que me dice García sobre Guiezzi;
los ombres cometen maldades que le pueden ser provechosas pero
esta era inconducente bajo cualquier aspecto yo e servido mucho
a tal sujeto, y lejo decreerlo interesado en perjudicarme creo que
tendría motivos para lo contrario, mucho siento la nueva determi-
nación aunque tal vez se verán presisadas a ellas falta de proporción
proporción para el Rio grande, los Procedimientos de Marco son
infames si fuera cierto que ledeviesse una Gama, un Cla-
ve, quatro Trapos no ; le haviande indemnizar, pero aunque estos
efectos fuessen de algún especial valor, quien le ha dicho al Señor
Marco que el ajuar de la Mujer es solidario del Marido, quando las
Leyes exentan auntodo'su Dote a menos de haverse comprometido
por especial Escritura de fianza, sobre quyo documento aun hay
algunas Zancadilla — vera V por la adjunta carta del Marido de
D"* Anita que distante esta de que debe á Marco, enfin mi Amigo
en ninguna mano mejores que las suias puede estar un tan intere-
sante negocio obre V. como le paresca y quente sobre mi entera y
apsoluta aprobación = no Escribo a esas Señoras por creer que mi
carta no les Alcansara ni soy mas largo. por falta de tiempo — Re-
ciba Y finas expresiones de todos los individuos de esta su Casa
ofres"' Y. A. L. P. de esa Señora (ininteligible) aten" Ermano
quedando de Y. su finisimo y invariable Amigo que S. M. B.
Santiago Liniers.
S' D' D" Vizente Anastasio de Echevarría,
agS ANALES DE LA BIBLIOTECA
N» l8
EL MISMO AL mSMO
Córdoba y Febrero i8 de :8io.
Mi mas Estimado Amigo ya habrá visto V por mi anterior mi
■entero restablecimiento de la corta indisposición que me privo el
correo pasado de Escrivirle ; a quien nada ha provado este tempe-
ramento es a mi Luis, pero espero que los Ayres saludables de Alta
' Gracia le provaran mejor.
Estimare a V que en primera ocasión me remita mi Negro Ber-
nabé que me haze suma falta sintiendo que no se ayga aprovechado
de la ocasión de mi Cuñado Mariano.
Recivi y entregue ai Dean el Paquete que V me dirijio p' El.
Siento la determinación de nuestra Amiga en tocar a Montev*.
Si el Nuevo RobersPierre la descubre no dejara perder la ocasión
de hacerle algún desaire, de que el tal Bribón siga atropel lando
todos los respetos, no lo Extraño, pero que la debilidad de nuestro
Govierno no quite del medio por qualquiera a que autorisan sus
atrosidades a semejante Monstruo es lo que se hace
Amigo Rianse enorabuena los que piensa que la España sucom-
bira bajo el Poder del Goloso que la oprime, yo debajo mi Coleto
me Rio de unos Ombres que nunca juzgan que por las apariencias,
si subsistiera el mando de la junta no habria duda pero establecida
la Regencia todo mudaría de aspecto, donde hay valor para ver cada
dia un Gefe nuevo a la Cabeza de nuestros Exercitos los que se an
señalados por increibles victorias separados del Mando y ombres
bisónos Excelentes Partidarios pero malditos Generales mandando
en Gefes, sin combinasiones ni conocimientos necesarios para dar
impulsos a esas grandes Masas, contra los ombres mas expertos en
el gran Arte de la Táctica la Guerrilla, la Guerra de puesto es la
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 399
que nos conviene V. habrá visto varias veces todo el Furor y la
Fortaleza de un Poderoso Torro sujeta por la astusia y Ligereza de .
un par de Perros de Presas, enfin amigo ya le tengo a V manifes-
tado varias veces que mi confianza en la Providencia es inalterable
y que quando veo mas apurados los Lances es quando se acrisola
mas mis Esperanzas, fundándome en un precepto de S" Pablo y
en la rason fisica que los extremos se tocan.
Con las nuevas Armas que le remití a V. y sin ellas no dudo que
pondrá Y a buen recado el Astuto Gallego acostumbrado a alucinar
y corromper con su dinero ombres tan despreciables como el.
Ofrescame V. A. L. P. de esa Señora, reciva afectuosisimas
expresiones de todos los yndividuos de esta su Gasa mandando
como puede a este su apasionado Amigo
Q. S. M. B.
Saütiago Liniers.
S*" D' D" Vizente Anastasio de Echevarría,
N° 19
ELÍO ^lOMBRADO CAPITÍ?I GE?(EIiAL DE CmLE
Al Capitán Gral. de Ghile digo hoy lo siguiente :
tt El Rey ntro. S' D° Fernando 7** y en su Rl nombre el Consejo
de Regencia de estos yesos Dominios» se halla muy satisfecho de
los buenos servicios y méritos de V.E : y necesitando S. M. de sus
conocimientos en esta Peninsula para emplearlos según convenga á
la defensa de la Patria en las circunstancias actuales, se ha servido
nombrar para la Presidencia y Gapitania Gral. de ese Reyno que
V. E. sirve actualm** al Brigadier D" XavierdeElio; siendo su So-
berana voluntad que á reserva de que oportunamente se expedirá
al mencionado Elio el R^ Despacho que corresponde, le entregue
V. E. ese mando luego que se presente con abono de los sueldos que
3oo ANALES DE LA BIBLIOTECA
le pertenezcan, trasladándose V. E. á España sin perdida de tiempo ».
Lo traslado á V. E. de real orden para su govierno y satisfacción
y á fin de que inmediatamente marche á tomar posesión del impor-
tante mando que S. M. le confiere y espera desempeñara V. E. con
la actividad, discreción y fírmeza que le son características. Dios
gue. á V. E. m. a. Isla de León 24 de Febrero de 1810
Eguia
S' D» Xavier de Elio.
N° 20
LINIERS Á ECHEVARRÍA
Alta Gracia y Ifario a de iSio.
Mi mas Estimado Amigo : ya me tiene V hecho un Ombre
campestre, ocupado solo del Arrado, del Buey, del Novillo,
del Mancarrón, del Molino, dando ordenes al Albañil, al Ortelano,
al Capataz, al Peón, al Domador y al Carretero, con mas gusto que
quando las dictara a una Provincia, y a un Exercito, entonces la
mayor parte de las Noches, las pasava en vela, amanezia con nue-
vos quidados, y a hora duermo pasmosamente y Amanesco lleno
de satisfacciones, mirando con la mayor lastima los desgraciados
Mortales que tanto anelan por un poco de humo, que disipa el me-
nor soplo de viento, semejantes a estos Globos que en nuestra Niñez
formamos con Agua de Jabón soplando en un tubo de Paja o de
Pluma que nos causan admiración por la Brillantes de las Refrac-
ciones de la Luz, pero que a mitad que van engrosando, y quando
nos paresen mas hermosos, se convierten en un sutil vapor, el co-
rreo de Arriva a avivado mas en mi estas Reflexiones. Goyeneche
me escrive y me manda los adjuntos Papeles : que los de Montevi-
deo se miren en este Espejo, como los del Dia primero, y Giman de
ha ver dado el exemplo que a llevado a tal desdicha tantos infelices,
los Reos de Ghiuquizaga (sic) se hallan ygualmente presos. — cada
DOCUMENTOS SOBRE UNIERS 3oi
momentos doy mas gracia a la Divina Providencia que me a propor-
cionado una quietud á la que no era acreedor por lo mal que e co-
rrespondido a los infinitos favores que no a sesado de dispensado
desde el primer momento de mi existencia.
A Dios mi .amado Amigo ofrescame Y A. 1. P. de su Señora
reciva Y finas expresiones de todos los yndividuos de esta su casa
contando con el invariable afecto de este su mayor apasionado y
mas fino Amigo
Q. S. M. B.
Santiago Liniers.
S^ ly Z)' Vicente Anastasio de Echevarría,
N*» 22 (i)
SOBRE EL VIAJE DE ELÍO k ESPAÑA
Exmo S"
Por el oficio de Y. E. de 7 del corriente, y en virtud de la salida
que hizo para España el Señor Brigadier D. Xavier Elio, quedo
enterado que por disposición de Y. E. há recaido interinamente el
Govierno Militar de esta Plaza, en él Brigadier D. Joaquin de Soria,
igualmente que la subdelegacion de Real Hacienda, y demás que Y.
E. tiene á bien referirme : asi mismo quedo impuesto que él Alcalde
de primer Yoto de esta Ciudad, queda encargado por ahora del man-
do político de ella, y de lo correspondiente al vice Patronato Real y
Subdelegacion de Correos.
Dios gue á Y. E. muchos años Montevideo 1 1 de Abril de 18 10.
Exmo Señor
Fraw*" Antonio Luages.
Exmo S^\ D. Baltasar Hidalgo de Cisneros.
(1) Falta el docainento N* ai, á que correspondería este acuse de recibo.
3oa ANALES DE LA BIBLIOTECA
N*» 23
OFICIO DE CASA IRUJO Á CISNEROS
Excmo. Señor
Bol vio aqui Mad™"" Perigom con sus dos hermanos, después de sa
inútil perseverancia, para desembarcar en ese Rio. En su casa se
han juntado porsupuestolos Españoles descontentos de eseGovierno,
y prófugos de ese Pais ; pero donde sus Juntas han sido mas fre-
quentes, ha sido en una casita de campo donde vive Puigredon (i),
á un quarto de legua de esta Ciudad. Es bastante natural, que perso-
nas de la misma Nación victimas como ellos se llaman por la misma
causa, y lo que es consiguiente de conformidad de ideas, se junten
viviendo en un Pais extranjero; pero las Juntas de la Gamboa, han
sido demasiado frequen tes para no sospechar, tenian algún objeto
particular. Por esta razón yo denuncie áS. A. el S*' Principe Reg**
estos conciliábulos, á que parece asistir también D° Josef Proget
Administrador interino, que fue de esa Aduana, y que según me
han dicho se venia por aqui, para transferirse á España por la via
de Portugal, por donde como Francés de Nombre, y Nacimiento,
creia correrla menos riesgo su Persona. La Señora Princesa D* Car-
lota tubo también noticia de estas Asambleas é informó de ellas ál
conde de las Galveas, Ministro de la Marina, y del ultra Mar, y aun
habló también al Principe sobre la importancia de asegurarse de re-
pente de dichas Personas. Yo esforzé este paso con el S' Principe
Regente, y le convencí tan completamentede su importancia y utili-
dad tanto con relación á las Posesiones inmediatas del Rey, como
(i) Caía Irnjo usa habitoalmente esta forma catalana del apellido (tambiéa tegaiéi^
por Dom(ngaec) : pero no es dudoso que la forma francesa Píuyrredon. sea la correcta jr
acorde con loa autógrafos del personaje.
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 3o3^
eventualmente á las suyas propias, queme prometió rotundamente,
que todos serian arrestados, tomados y examinados sus papeles, co-
locadas sus personas en diferentes Fortalezas dexando á estos malos
vasallos del Rey ámi disposición, para embarcarlos y dirigirlos á
la de V. E. por el paquete correo, que seg" loque me tiene escrito,
espero pMnstantes. Este negocio estaba tan adelantado, que había-
mos formado una nota de sus moradas, y estaba determinado el dia,
y hora que debían ser arrestadas estas personas. Para trabajaren
este negocio con la perspectiva de algún éxito, habia sido necesario
dirigirse al Principe en derechura, y no al Secretario de Estado,
pues sabiamos muy bien, que éstehera un patrono y defensor de
Peña, asi por haber este servido á los Ingleses (recomendación muy
distinguida p* con el Conde de Linhares) como por haber ayudado
con sus consejos, y noticias los proyectos de invacion de Montevi-
deo, y sus campañas, quando esta corte muy resentida de la de Es-
paña, se transfirió [al] contin^. Por otra parte, se tenian sospechas
fundadas de que el Lord Strangford|que como Ministro de Inglaterra
tiene aqui la mayor influencia, pues han imbuido al Principe la idea
de que, solo déla Gran Bretaña, es de quien tiene que temer ó que
esperar, hera succesor de cierto oficial de IVIarina, en el afecto de
Mad"* Perigom, y no podrá dudarse que asi el Ministro de Estado,
como el de Inglaterra , si tenian noticias de lo que se tramaba, desi-
ciesen por esta razón nuestra tentativa de coxer á toda la trinca, y
sus papeles. Pero sea q* el S*^ Principe Regente se olvidase de la im-
portancia del secreto, y comunicase á alguna persona, ó sea que al-
guno de los criados interiores de Palacio, oyese mi combersacion
con S. A. pues el parage donde suele ponerse en tales ocasiones dá
bastante facilidad p' ello, el hecho és, que un tal Guesy italiano,
que debia haber sido arrestado también, y cuyo nombre es provable-
mente familiar áV. E. por sus intrigas ai, dixo á una Persona, sa-
bia muy bien todos mis esfuerzos p* arrestar á ciertos Españoles en
esta Ciudad, y á él entre ellos. Apenas supe esto, reconoci la inuti-
lidad de pretender yo se sorprendiese y arrestase á todos, como el
3o4 ANALES DE LA BIBLIOTECA
Principe me lo habia prometido. Este Guesy ha sido también espía
áy, del Conde de Línhares, y está también baxo su protección, y
patrocinio. No podía quedarme ya duda habrían ya quemado, ó es-
condido sus papeles estos conjurados, y me inclino á crérqueel
Conde de Linhares mismo, habiendo penetrado el misterio, p* la
extremada facilidad del Principe, hubiese dado alg*" avisoá los inte-
resados. Quando bolvi á hablar k S. A. sobre el asunto, le hallé
lleno de dudas, y del terror de ofender k la Inglaterra entregando á
Peña, que decía estaba baxo la protección Inglesa. En vano le repre-
senté, y le presenté con vigor, la obligación que le imponía los trata-
dos existentes entre nuestras Naciones, en que la estipulación sobre
este punto hera clara, esplícita y que no podía admitir tergiversa-
ción : que la buena fé, su gloría, y su propio ínteres dictavan la nece-
sidad de la resolución que yo tan justamente solicitaba : que no po-
día esperarse, ni temerse que la Inglaterra hiciese á su Soberanía el
insulto de intervenir en el cumplimiento de parte de S. A. , con los
empeños que habia contrido : En una palabra que la Inglat* había
exercido el derecho que la daba una estipulación semejante en su
tratado de 1796, con los Estados Vnidos de América, que había re-
clamado y obtenido alli, algunos de los Marineros de la Fragata
Inglesa La Hermiona cuya tripulación después de asesinar á sus ofi-
ciales había llevado, y entregado el Buque en Cartagena de Indias.
Todo, todo fué inútil, el Principe convenía en la justicia de mi de-
manda ; pero el terror á la Inglat', que seguram** no se había mez-
clado en este Negocio, me dexaba poco, ó nada que esperar. Con
todo, viendo no existian ya los motivos de reserva que le habían
impedido dar á este Negocio la forma Ministerial, me determiné á
pasar ál Secretario de Estado, la Memoria deque tengo el honor de
enviar á V. E. adjunta una copia, limitándome á la demanda de las
dos cabezas principales Peña y Puigredon ; pues aunque mi animo
está bien convencido de las intenciones siniestras de los demás, no
existia prueba alguna en mi poder con que justificar mi reclamación
sobre ella.
DOCUMENTOS SOBRE LINIEHS 3o5
El Secretario de Estado recivió esta mi Memoria p^ manos del
Secretario de esta Legación. La leyó en su presencia, y se atortoló
en términos que dirigiéndose al citado Secretario de Legación, dixo
del modo mas claro, y positivo, como podemos entregar d Peña que
esta baxo la protección de la Inglaterra ? y que ademas por la inter-
vención de esta Potencia está gozando de una pensión del S*" Prin -
cipedeiOO $ Reix? A estos se han seguido varias tentativas, para
con migo, de parte de este Secretario de Estado, para reducir el
asunto á conversación, según dice él, para discutirlo ; pero yo me
he negado á perder el tiempo de este modo, y embrollar el negocio,
diciéndole que el Asunto hera tan claro como una demostración de
Euclides: que no admitía discusión, y que le rogaba me diese la
respuesta prescrito. Me está prometiendo de un día p' otro esta
respuesta, pero si se pasa él termino que el decoro requiere en tales
casos, le haré un recuerdo, que renovaré, si este no fuese suficiente :
en una palabra, quedará la injusta negativa de este Govierno autori-
zada del modo mas completo para los usos que eventualmente pue-
dan convenir.
Me es imposible concluir esta Carta sin hacer la devida justicia al
zelo; y actividad personal conque la S" Princesa D°* Carlota, ha
sostenido p*" su parte mis diligencias en el Asunto ; pero p*" desgra-
cia, aunque su talento devería darla una grande influencia en el
Govierno esta es muy pequeña p* una desgraciada convinacion de
circunstancias, de que V. E. se hallará probablemente informado.
Dios gue. á V. E. m" a% Rio de Janeiro de Abril de 1810
Exmo. Señor
El Márquez de Casa Irujo
Exmo. S"*^ D"" Balthasar Hidalgo de Cisneros
AVAUS DI LA BtBUOnCA. T. III aO
3o6 ANALES DE LA BIBLIOTECA
N° 26 (l)
AUXILIOS CONCEDIDOS Á LINIERS PARA TRASLADARSE Á ESPAÑA
Debiendo trasladarse a españa el Exmo S*"' D" Santiago Liniers
Virrey int"* que fue de estas Provincias, en cumplimt** de la soberana
resolucioa que se meha comunicado porla via reserbada déla Gue-
rra, y le be trasladado del efecto, me ha expuesto con fha de siete del
corr** necesitar quese le auxilie con 8fi¡) p' por esas R" cajas, áifin de
poderse habilitar y dejar asu benemer^ familia alg* fondos con que
pueda ocurrir á su subsistencia, sin perjuicio de la liquidación de
los cinco mil y quin**** del pago de la Hac"** de Alta Gracia, quedan-
do hipotecada la pensión que es transcendí asu posteridad, y la mis-
ma Hac*'* a la Seguridad de las expresadas cantidades ; y no ocu-
rriendome el menor embarazo en acced' en tales términos a su jus-
ta solicif*, prebengoá V. S. disponga desde luego que se enterca
dho S°' exmo déla exprés*** suma de Sfji p' p"" esa caxa Pral reser-
bandome comunicarlo ulteriorm^ la ord" que estime oport"' en
quanto á la s*** parte de la solicit** del expresado xefe reducida aque
la pensión de cien mil r* v**" anuales que le está asignada p' S. M.
sobre estas R" caxas, y dexa para alimentos de su dilaf*' familia» se
le pgue hoy asu Yerno D° Juan Perichon de los fondos de tabacos»
cuya operación no yndica puede simplificarse mandando q' porla Te-
sorería G"^ de esta capital se abonen á la Dirección de aquella
renta las cantidades que se pagaren en esa ciudad, puesto que sin
perjuicio de tal desembolso pueden cubrirse hoy con superabun-
dancia los caudales que se libraren contra esas cajas por la compra
de tabacos del Paraguay.
Dios gue a V. S. m* a* B* A" 16 de Abr^ de 1810.
S°' Gobernad' Intend^ de Córdoba.
(i) Se omito la publicación de los documentos N** a4 y 3 5, (pie son otras cartas de-
Irujo sin relación con Liniers.
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 807
N** 27
GASA IRUJO Á GISNEROS
Desde la desgraciada Batalla de Ocaña, este Gobierno parece ha~
berperdido el respeto y consideración que debe al nuestro. En rea-
lidad las circunstancias desgraciadas, asi de los sucesos Militares
y délos incidentes de nro. Gobierno han influido también sin duda
en la conducta menos favorable y justa de este Gabinete. Esta mu-
danza ñola advierto yo con relación á mi persona, pues se me trata
con el mismo decoro y atención, pero es muy visible en los Nego-
cios. V. E. puede verificarlo por las resultas de mi justisima recla-
mación délas personas de Peña y Puigrredon. Mi ultima memoria
sobre este asunto, al paso que demuestra de un modo irresistible la
obligación en que se halla el Gob** Portuguez de entregar estos trai-
dores no ha tenido replica y las cosas permanecen en el mismo esta-
do, esto es, burlándose ios interesados déla inutilidad de mis
esfuerzos.
En el asunto del Navio llevado áPhernambuco (i) también se he-
chan el cuerpo fuera y en carta separada aviso á V. E. del modo
poco decoroso conque se trata aqui nuestra bandera, afín de que por
ahi se siga lareciproca sobre este asunto.
Dios gue. á V. E. much* a'. Rio de Janeiro á 3 de Mayo de i8io-
Exmo. Señor
B. L. M. de V. E. su at^ y seg* serv*»'
El Marques de Casairujo
Exmo. S"" /)° Baltazar Hidalgo de Cisneros.
(i) Antigua ortografía : de ahi la doble forma francesa con P ó F inicial, que hasta,
aixora subeiste.
3o8 ANALES DE LA BIBLIOTECA
N*» 28
o'gORMAN Á ANA PÉRIGHON
*S" Z)* Ana Perichony 0-Gorman.
Mi querida Sobrina : Por hallarme todavia detenido en casa,
tuve q* remitir al S***^ de Marcó las cartas de Vm, con otra mía sobre
el cobro de lo que Vm ha pedido. Dho S*"^ en vista de ellas vino á
verme diciendo en primer lugar q" no tiene mas Llaves que la de la
Sala y el Quarto que sigue. En quanto á los art°* pertenecientes á
Guillermo P. White, q* no losdaria, respecto á q" diceq* él és pri-
mero q® nadie. Tampoco quiere dar el Forte Piano, por conside-
rarlo en poder de una Señora que es responsable por Escrito de
entregarlo en el mismo estado que lo recivió, y por lo tocante á la
cama dice que Vm es Dueña de sacarla quando le dé la gana, siem-
pre que esté en la Sala ó en el quarto que le sigue. Además pensava
dicho S"*' Marcó pasar ayer á la chacra de Vm p* despedir todos los
Peones, dejando solo el capataz con los criados p* cuydar de ella.
Querida Sobrina, estimare mucho de Vm q* en adelante los asump-
tos de Vm con Marcó corran p*^ su Apoder'* el D**' Echeverria, res-
pecto q'' mi estado de salud no permite incomodarme con gestiones
con este cavallero. Lo demás puede Vm mandar como quiera y guste
á su affmo TioQ. B. S. P.
Miguel Gorman .
Día" 9/809.
P. D. Me ha sido de mucha complacencia el saber del S*' Marcó
q" la S'* su Madre deve vajar á Tierra p* su curación, á q" como á
mis estimados sobrinos dará Vm las mas finas expresiones.
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 309
N« 28-"
ANA PBRIGHON Á ECHEVARRÍA
De la fragata inglesa Euex (i).
Muy Estimado D' y amigo : tomo la pluma, aun consternada
con la Carta q* acabo de recibir de mi Tío D" Migue) = Cuya Copia
no remito á V** por el corto espacio de tpo q* tengo p' escribir.
El contenido de la Carta es sollicitar de mi; retracte de Vd el po-
der mió; que le tengo dado á Vd. tocante a mi Casa, bienes y pro-
piedades que poseo en Buenos r— Aires = Vea Vd Estimado 0*^=
qual debe ha ver sido mi sorpresa al recibo de Esta Carta.
Pero Creha Vd q* en lugar de hacer caso de su suplica ; le remi-
ttiré a Vd. un poder mucho mas fuerte q* el q' Vd tiene ya, authori-
zado aqui por los escribanos.
Mientraz tanto Operé Vd= Y siga Vd operando sobre mis pro-
piedades ; según las facultades q'' le da el poder mió dado a Vd.
«
antes de mi salida = ; El primer artículo de la Carta de el ; es que
tenía celebrado Contrato de alquiler de mi casa con D" J" Larrea ;
y que los dos cientos p" q"" me habia remittido aqui eran á buena
C** de otro alquiler de mi casa ; sobre este artículo; suplico a Vd.
reclame y haga q*** sea en su poder, para no permittir q* se alquile
mi casa, por ningún motivo.
Recomiendo á Vd. mis intereses como suyos y en consideración de
su Amistad y Justo modo de pensar por primera occasion le remi-
tiré á Vd el Poder y la Copia de la Carta de mi tío p' que le sirva de
Govierno.
(i) Sin focha ¿diciembre de 1809?
3io ANALES DE LA BIBLIOTECA
Quedo rogando á Dios güe su vida por muchos para Deffensa de
los opprimidos.
Soy suaffecf-^Q. S. M. B.
Ana Perichon de OGormaji .
S**'. D". Vicente Anasf de Echevarría.
N^ 29
LINIERS k ECHEVARRÍA
Cordova y Junio 7 de 1810.
Mi mas Estimado Amigo no puedo menos que pensar que la falta
de cartas mi as de que V se queja no prosediesen de que D" Fran-
cisco de Lezica no a sacado del Correo un Pliego bajo del qual
escrivi á V según me parece ó que mi carta se habrá traspepado ísicj
en el correo pues positivamente he escrito á V por mas seña que le
suplicava, como a hora lo repito que me mandase V simplemente
por el Correo la Encomienda que V tiene para mi que es un sello
gravado sobre Piedra — que tengo muchos deseos de tener en mi
Poder como memoria de un Amigo de mi mayor aprecio .
Mucho podría decirle sobre el suceso intempestivo y estraordi-
nario del dia 26 y 26, Dios quiera q*. orégano Sea y que no se
le pueda aplicar lo de la Ormiga que crio Alas para su Mal, y lo de
que bien esta y mal ecoje (sicj del Mal que le venga no se enoje todo
esto y mas diria Sancho Panza, pero me acuerdo que dice también
q^en boca serrada no entran moscas.
El Sábado me voy con toda mi familia á Alta Gracia, a cavar mi
tierra, sembrar y plantar arboles, reciva V fines expresiones de todos
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 3ii
los individuos de esta su casa, ofrescame V. A. L. P. de esa Señora
disponiendo como puede del fmo afecto de este su apasionado amigo
Q. S. M. B.
Santiago Liniers.
S' D' D' Vizente Anastasio de Echevarría.
N*^ 3o
LETAMENDI Á LA JUNTA
Exmo. Señor
Tengo la gloria de haber manifestado alguna vez, que amo áeste
Pais ; y no puedo negar la afección que me inclina acia la persona
del Exmo. Señor Don Santiago Liniers, pOr antigua amistad, por
sus servicios Militares, y porque siempre he sido, y soy su Apode-
rado : Todo esto ha causado en mi espíritu un terrible contraste á
las noticias qüasi ciertas que yá corren de que el Govierno de Cór-
doba le ha inclinado á que siga tenazm^ su opinión, contra el Sa-
vio movimiento de este Pueblo.
Por el conocimiento que me asiste délas sorpresas que regular-
mente suele padecer éste recomendable militar por su docilidad, he
determinado, si ésta Superior Junta me lo permite, trasladarme á
Córdoba en marcha precipitada, para ver si logro, como lo espero,
desimpresionar al enunciado Señor Liniers, detodo el orrible aspec-
to con que aquel Govierno le abrá presentado éste movimiento. Sé
que la Capital, no debe contar con ningún estorbo en sus designios,
por la justicia de ellos, y por el sosten que indispensablemente han
de hallar en los demás Pueblos : pero la prudencia parece aconsejar
el aorro, y alejamiento de todo tropiezo por la via menos exprepi-
3ia ANALES DE LA BIBLIOTECA
tosa (sicj quese adapte : Tanto más en nuestro caso, qüanto que la
persona del expresado Señor Liniers debe merecer á éste publico
distinta consideración que la de qüalesquier otro. Suplico pues seme
concedan Pasaportes.
Dios guarde á Y. E. muchos años.
Buenoe Ayres, 3o de Junio de iSio
Exmo. Señor
Fran'^ Antonio de Letamendi
Exmo. Señor Presidente, y Vocales déla Sup"*^ Junta Gabernatiba.
N*» 3i
DE LINIERS Á SARRATEA
Cordova y Julio ik de iSio
Mi Amado Padre y Sr; no puedo ponderarle á Vmd. el senti-
miento que me ha causado el verle alusinado por los falsos princi-
pios de unos hombres que olvidando los principios mas sa-
grados del honor, de la Religión y de la Lealtad se han levantado^
contra el Trono, contra la Justicia, y contra los Altares ; bien
. veo que rodeado de las bayonetas, el carácter honrado y pací-
fico de Vm le hace proferir solo por el cariño y amor que,me profesa,
igualmente que á sus nietos. Ojala hubiese Ym admitido la oferta
que le hice de venirse á Alta Gracia, y no tuviese el disgusto de
verle rodeado de Tigres que no respiran mas que sangre y codicia.
El asesinato del Sr Gaspe, el Estrañamiento del Yirey y de los mi-
nistros arrancados del seno de sus familias, son un débil preludio
de lo que intentan hacer ; estos eroes de nueva creación que claman
contra el despotismo y tropelia de los Gefes Europeos que han go-
bernado la América han cometido estos jamas semejante tropelia ni
DOCUMENTOS SOBRE UNIERS 3i3
acto de arbitrariedad que se asemeje o aproxime á ese P pero guales
son los autores de semejante novedad? Frailes Fanáticos quienes
olvidados de los preceptos los mas sagrados y mas sencillos de la
Moral, abusan de su ministerio para seducir los hombres sensillos ;
de Abogados cuyo único estudio es el de embrollar las verdades mas
claras, y fundan su mayor gloria al abrigo de sus soRsmas en con-
fundir el buen derecho y hacer prevalecer la iniquidad ¿ de quien
se han valido estos para lograr sus pérfidos designios ? de hombres
que no tienen nada que perder, y los mismos que sacrificarian ma-
ñana á la hora que se apartasen de sus deprabadas ideas. A uno
de los corifeos de esta obra de iniquidad, á quien he amado y dis-
tinguido creyéndole otro modo de pensar, le digo en esta ocasión
entre otras cosas : que nada acredita mas la inepcia, la ignorancia y
la presumpsion de los autores de esta execrable revuelta, que de
pensar que todos los demás Pueblos del Yireinato y del continente
seguirían sus criminales huellas; por decontado, Montevideo y Cor-
4
dova se han explicado con energia en contra ; Mendosa quien al
primer momento se habia dejado alucinar, ha abjurado un error
momentáneo, y se ha reunido á la buena causa ; á Salta le sucede
lo mismo; El Tucuman y Santiago del Estero (á pesar del fanático
é infernal promotor de la insurrección el Padre Guerra) anuncia el
mismo arrepentimiento; desde luego Potosi, Chuguizaca, Cocha-
bamba, Y la Paz no solamente nos han comunicado su adhesión v
fidelidad, pero mandándonos la primera cuantiosa Remesa de Di-
nero nos anuncia las fuerzas armadas, á las que con la misma acce-
leracion se reunirán las del Cusco, Arequipa y de todo el Alto Perú.
Cuando Tupamaro quiso sacudir la dominación Española, principio
por asegurarse la voluntad de todos los Indios. La revolución Fran-
cesa se efectuó en un mismo momento, y un mismo dia y hora en
todo el reino ; Cuando bajo el reinado de Felipe quarto la casa de
Braganza trató de sustraerse de la de Austria, hubo igualmente una
unidad perfecta y un consentimiento universal antes de la execu-
cion del plano proyectado etc etc etc. Pero mi amado Padre nadie
3i4 ANALES DE LA BIBLIOTECA
conoce mejor que Vd que nada es mas presumptuoso que la igno-
rancia. Ahora en cuanto á mi individuo ; como siendo yo un gene-
ral, un oficial quien en treinta y seis años he acreditado mi Gdelidad
y amor al soberano, quisiera Vd que en el ultimo tercio de mi vida
me cubriesse de ignominia quedando indiferente en una causa que
es la de mi Rey ; que por esta infidencia dejase ámis hijos un nom-
bre hasta el presente intachable con la nota de traidor? ha mi
padre yo que conosco también la honradez de sus principios, no
puedo creer que Vd piense, ni me aconseje de motu propio seme-
jante proceder. Cuando los Ingleses invadieron á Buenos Aires en
buena guerra, yo era un Gefe muy subalterno del Vireinalo ¿quien
me obligaba á tratar de su reconquista y á arrojarme con un puña-
do de hombre á acometer unas tropas veteranas, y defendidas por
su situación local. Entonces no trepide un momento en emprender
una azaña tan peligrosa y abandonar mi familia bajo el auspicio de
la Providencia en medio de los enemigos. Guando traté de defender
á Buenos-Aires con soldados visónos y oponerme á las gigantes
fuerzas victoriosas ya de Montevideo y de las fuerzas manda-
das por Elio. Cuales fueron los resultados ; el ver triunfar Ja
buena causa ; pues mi Padre cuente Vd que si entonces era buena,
la que defiendo en eldiano solamente es buenisima, sino santa y obli-
gatoria, no digo de un militar asalariado por su Rei. honrado con las
mas Altas distinciones de que puede decorar á un vasallo, pero que
reclama la de todo subdito bajo la pena de caer en el delito de per-
juro habiéndole jurado fidelidad. Que son mil, dos mil, ni mas mil
hombres mercenarios y viles instrumentos de la perfidia, contra
un puñado de ellos visiblemente protegidos por un Dios amigo de
la justicia y enemigo de la iniquidad. David era bien pequeño y
tenia unas armas muy desiguales á las de Goliat. Judas Macabeo
tenia unas fuerzas muy desiguales, á las de los enemigos del de
Dios, pero no titubearon un momento en pelear y la victoria fué el
premio de su fee. Sito solo estos ejemplos para decirle á Vd que
por despreciables que sean las fuerzas de Cordova, respecto á las de
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 3i5
Buenos Ayres, Dios que deja obrar las causas segundas, ha premia-
do ya la constancia y virtud de Cordova, proporcionándole ya unos
auxilios que superan con superabundancia las fuerzas de los rebel-
des.
Descanse Vd mi amado Padre y ponga como yo su confianza en
el Señor, el que sabe mejor que nosotros los que no conviene el
que me ha precavido en tantos peligros, me precaverá en los pre-
sentes, si asi me conviene y es arreglado á su justicia* pero si por
sus altos decretos hallase en esta contienda el fin de mi agitada vida,
creo que me tendría en cuenta y descargo de mis innumerables cul-
pas ese sacrificio, á el que estoy constituido por mi profecion, pero
fiado en las promesas del Señor que dice que aun nos tendrá
cuenta de la obediencia y sumisión á lo que es de nuestra obli-
gación. Por ultimo Señor el que nutre á las aves, á los reptiles, á
las fieras y los insectos proveerá á la subsistencia de mis hijos, lo
que podran presentarse en todas partes sin avergozarse de deber la
vida á un Padre que fuese capaz por ningún titulo de quebrantar
los sagrados vínculos del honor, de la lealtad, y del Patriotismo y
que si no les deja caudal, les deja á los menos un buen nombre y
buenos exemplos que imitar. Celebrare se mantenga Vd con salud,
Y expresiones á mis hermanas, y hermanos, á mi tio D° Martin
José, a mi tia Mariquita, reciba Vd los cariñosos y respectivos afec-
tos de sus nietos y de mis hijos quedando con las veras de un res-
pectuoso hijo agradecido. Q. S. M. B.
Santiago Liniers.
Señor estimaré comunique Vd la presente á cuantos le pregunten
por mi que quiero que todo el mundo conosca mi modo de pensar,
en la inteligencia que con el dogal al cuello, ni con la cuchilla so-
bre la garganta desmentiré estos sentimientos.
Padre y Señor D" Martin de Sar ratea.
3i6 ANALES DE LA BIBLIOTECA
La carta anterior lleva la siguiente autenticación :
Don Baltasar Hidalgo de Cisneros caballero pensionado de la
Real y distinguida orden Española de Carlos III Teniente General de
la Real Armada, Capitán General del Departamento de Cádiz pre-
sidente de sus Juntas etc etc.
Certifico que la firma que se halla en la carta anterior es del pro-
pio puño y letra del S' D' Santiago Liniers Ge/e de Escuadra de la
Real Armada (ya difunto) por habérsela visto usar en todos sus
papeles y actos públicos, mas particularmente en los muchos en que
como su sucesor en el mando del Vireinato del Rio de la Plata he
tenido ocasión de verla y por tal la reconozco, asi como el contenido
de la carta el honor, patriotismo y amor al Rey que siempre han
distinguido á este desgraciado General y muy particular y heroica-
mente en el último año de su vida y para que hagafé donde conven-
ga á su hijo /)" Luis Liniers Teniente de Fragata de la Real Armada
doy á su instancia la presente firmada de mi mano y refrendada
del primer Ayudante Secretario de esta Capitanía General en San
Fernando a treinta y uno de Mayo de Mil ochocientos y quince.
Balthasar Hidalgo de Cisneros.
Como primer Ayudante secretario que soy de esta Capitanía Ge-
neral del Departamento.
Francisco Xavier de Mendinueta.
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 317
N° 32
SOBRE LA PRISIÓN DE LUIS LITIIERS
Excmo Sor.
Inmediatam^ q* este Cavildo recivio la requisitoria dirixida
ala aprehencion (si posible fuere) de los q" en ella se anunciaban
D" Luis Liniers, y el Doctor Alsugaray; se tomaron las providen-
cias mas escrupulosas citiando todos los pazos, y paragesde la juris-
dicción áfin de ver sisé puede verificar su arresto, los q* se mantienen
en ia actualid'^en esta misma dilig*; y del resultado daremos á V. E.
el compet** aviso.
Dios gue á V. E. m" añ*. Sala Capitular de esta Villa de S'" Dom*
Sor** y Julio 28 de 1810
Exmo Sor.
Josse y/z** Gallegos. Juan José Viera Lovo.
Juan José Gadea
El Sind''° provis'^ Josef Faustino González.
Exmo Sor Presid^ y Junta Provicion^ de Buenos Ayres.
N^ 33
OCAMPO Á LA JUNTA
Exmo S**'
Acabamos de saber por D" Faustino Allende y carta de £)" Am-
brosio Funes (i) que ayer á medio dia han salido de Cordova camino
del Perú el Gobernador Concha el S°' Liniers, el Obispo, el Coronel
(1) Lo subrayado ha sido saprimido en la publicación que se ha hecho de esta nota en
el Archivo general^ I, 107.
3i8 ANALES DE LA BIBLIOTECA
Allende, D" Vitorino Rodríguez, y el Oficial Real Moreno, llevando
consigo nueve piezas de Artillería volante del calibre de 4, 6, y 8,
con algunos carruages, y trescientos, á quatrocientos hombres con
fusil, y chuzas, y aunque todo este aparato creemos podría ser des-
baratado con trescientos hombres de nuestras Tropas, como veni-
mos escasos de Caballada, y no podemos, aun haciendo los mayores
esfuerzos, montar regularmente este numero de gente, y como por
otra parte podria ser ardid p* q" dividiendo nuestras fuerzas pu-
diesen hallarse en estado de aventurar alg"' acción con q* creyesen
ventaja, hemos determinado acelerar á toda costa la marcha unida
del Exercito, y mandar desde Cordova en su alcanze trescientos
hombres, que con los auxilios q* ya nos ofrecen de aquella Ciudad
se podrá sin duda conseguir el alcanzarlos, antes de q* lleguen á
Santiago del Estero, ó Tucuman. Por otra parte la marcha q* llevan
es muy larga, los caminos fragosos, y el trabajo desproporcionada
á los auxilios del camino, cuyas consideraciones han pesado tanto,
q* no hemos temido resolvernos á tomar decididam** la deliberación
indicada.
Comunico áV. E. esta noticia, asi porque V. E. quede impuesto
de este fatal, y desgraciado suceso, como porque podria suceder que
estos prófugos tomasen el camino del Paraná, donde acaso tengan
buques q" los aguarden p* pasar á Montevideo.
V. E. debe reposar tranquilo en la seguridad deque se están to-
mando desde ahora mismo todas las mas eficaces medidas, p* q^ no
se internen ál Perú, donde serían tan perjudiciales, como lo han
sido en Cordova, causando de consiguiente los indecibles males, (f
son inseparables de sus depravadas miras :
D* gue á V. E. m* a'. Quartel Gral del Paso de Ferreyra i** de
Agosto de i8io
Exmo Señor
Fran"* An(? Oríiz de Ocampo.
Exmo S°' Presidente y Vocales de la Junta.
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 3 19
N*» 34
OFICIO DÉLA JUNTA (l)
La vindicta pública y la tranquilidad interior de estas Provincias
perturbada por la escandalosa combulsion suscitada y sostenida con
capricho en esa Ciudad, hacen preciso tomar estrecha cuenta
al Governador D" Juan Gutiérrez de la Concha de estos acaeci-
mientos : por lo mismo há resuelto la Junta su separación, y nom-
brado de Governador Intendente Interino de esa Provincia al
Ten** D" Juan Martin Puirredon, á quien con esta fecha se le há ex-
pedido el competente Despacho. La Junta que en todas sus dis-
posiciones no tiene otro obgeto que el bien del Estado y la felicidad
particular de estas Provincias, de que está encargada, espera que
V. S. poseido délos mismos sentimientos, propenderá por su par-
te ai exacto cumplim*** de esta resolución, dando con su obediencia
el exemplo devido al Pueblo á quien representa.
Dios gue á V. S. m" a* Buenos Ayres 3 de Ag*** de 1810.
Ilt Cabildo, Justicia, y Regim^ de la Ciudad de Cordova.
N'' 35
SOBHE LA PRISIÓN DE LUIS LINIERS
Exmo Sor.
En vno de los impresos q" V. E. ha tenido la vendad de remi-
tirme en el presente correo he hallado el parte q" dio áV. E. desde-
(1) M. S. del Archivo omitido en la publicación correspondiente.
Sao ANALES DE LA BIBLIOTECA
Areco el Alférez D. Fran'* Antonio de Larramendi de haber apre-
hendido al Alférez de Fragata D. Luis Liniers y D**^ Alsugaray; y
no debiéndome quedar la menor duda desu aserto dispuse (confiado
en la aprobación de V. E.) el retiro délas Partidas q* cubrían los
pasos del Yruguay, campos destinadas al mismo Efecto, recibida la
orden de V. E. de q* di cuenta en 21 de Julio anterior.
Dios Gue áV. E. muchos años. Villa de la Concep*" del Uruguay
4de Ag*«de i8io.
Exmo S*"
José f de Vrquiza.
Exmo S" Presida* de la Junta Gubernatiba délas Probincias de
Rio déla Plata.
N» 36
SOBRE LO MISMO
Exmo S^^
A esta hora q* es la una, y tres quartos del dia acabo de recibir la
feliz noticia de haber caido en poder de nras armas todos los revolu-
cionarios de esta Ciudad á excepción del Obispo de q" dice el Mayor
Gral Balcarce haber ya mandado por el : sobre este particular hay
otras varias circunstancias dignas de la consideración de V. E. q* no
las puntualizo por anticipar con la aceleración posible esta noticia
interesante.
D" gueá V. E. m" a'. Quartel Gral de Cordova 8 de Agosto de 1 810
Exmo Señor
Franr A nt* Ortiz de Ocampo.
Exmo S^ Presidente y Vocales de la Junta.
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS Sai
N^ 37
OGAMPO Á LA JUNTA
Exmo S»^
Como uno de los mas fírmes apoyos del actual Gobierno y de la
Exped'*'' auxiliadora es la adhesión y amor de todos estos Pueblos,
es absolutam^ indispensable no chocar descubiertamente la opinión
publica. Las preocupaciones q" aun prevalecen en ellos en las ma-
tei* de Religión principa Im^, han producido á nuestra vista el mas
declarado sentim^ con solo la presunción de q" el Obispo seria una
de las victimas de nuestra fuerza. Los mas de los delincuentes enla-
zados en esta Ciudad con los vínculos mas estrechos, serian llorados
p*^ aquellos mismos q* acaban de hacer los mayores esfuerzos por
auxiliarnos, y entrar con nosotros á la parte en la gloria de su pre
hension. La mayor parte de este Pueblo se cubriria de luto, y de
este modo previniéndonos en todas las ciudades la consternación y
el terror, no hallaría entrada en los corazones de sus havitantes la
alegría, y el regosijo q"* debiamos esperar : Los dominaria la fuerza
y no el amor, q* es por tantos titulos la base mas segura para
cimentar el nuebo sistema de Gobierno, y el inevitable escollo en q*
debe estrellarse la esperanza de los opresores del Períi.
El haber palpado muy de cerca mucha parte de los tristes efectos
q* ha causado una simple presunción, ha dado motivo á q* unani-
mem** resolviésemos la suspensión de la orden, q* con fha de 28 de
Julio ultimo se sirvió V. E, dirigir k esta Junta de comisión, y cree
firmem** que ala sabiduría y prudencia de V. E. no se le ocultará
el medio de conciliar aquella indispensable execucion con las ideas
exteriores de suavidad paternal q^ es necesario mantener en este y
demás Pueblos á favor de ese Superior Gobiomo.
V. E. conoce mejor que nadie la necesidad en q* todos nos halla-
A%XIMB DI LA MBtlOTICA. T. Ilt 31
383 ANALES DE LA BIBUOTECA
mos de ganar el afecto de todos estos oprimidos compatriotas, ha—
ciendoles ver que, contrarios en todo á los sanguinarios Despotas,
q" se complacian anteriorm** en derramar su sangre, se pone exL
execucion todos los medios de dulzura para hacer conocer las ven-
tajas desuabe y sabio Gobierno q" unanimem** conñeran en V. E^
Jamas se hubiera separado esta Junta un solo instante de las me-
ditadas y superiores ordenes de V. E. si p' el convencimiento in-
terno de los males q' trahia aparejados su execucion, no se hubiera
visto en la indispensable justa precisión de obtemperará las circuns-
tancias, q" inevitablemente le han conducido, á su pesar, á suspen-
der en esta parte el }ustoexercicio de la justicia, q^ el brazode V. E^
habia casi descargado contra los mas criminosos conspiradores de-
la tranquilidad y sociego de la America.
Esta Junta espera q" la sabiduriade Y. E. se serbirá aprobar una
conducta, q^ no ha tenido p' base mas q"* el crédito de las armas,.
la gloria y el buen nombre de V. E. y la unión conforme de los.
Pueblos q"* tengan la fortuna de obedecer al dulce y sabio gobierno
de V. E.
Dios gue á V. E. m* añ' Quartel General de Córdoba i o de-
Agosto de 1810.
Exmo Señor
Fran*** Ant** Ortiz de Ogampo
Vicente López
Secret*
Exmo S' Presidente y Vocat de la Junta.
^- 38
RESPUESTA DE LA JUNTA AL 11^ 33
La Junta ha visto con placer las medidas tomadas por V. S. para
la aprehensión de los conspiradores de Córdoba, que han profuga—
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 3a3
do: espera que serán presa del zelo y vigilancia déla columna, que
los persigue, y dando á V. S. las gracias por tan acertadas provi-
dencias, le recomienda la detención enlas resoluciones, por que
á veces un deseo excesivo de terminar una empresa, apresura las
determinaciones, y aventura la felicidad del éxito.
A la Junta de Comisión &*.
Agosto lodeSio.
N- 39
OGAMPO Á LA JUNTA
Exmo S'
Incluyo áV. E. el Parte dado á esta Junta de comisión p*^ el
Mayor Gral D° Ant*" Balcarce relativo al arresto, y prisión de lo»
Gefes revolucionarios. El mérito contrahido p^ aquel Comandan-
te crece en proporción de los riesgos de q* ha libertado á la Expe-
dición Auxiliadora impidiendo que esos criminales introduxesen
en lo interior del Perú el veneno de sus sentimientos, y el fuego de
sus ideas incendiarias. Solo su actividad, su zelo, su Patriotismo
pudo allanar todos los tropiezos q" dificultaban una empresa de tanto
vulto. Desentendiéndose de las fatigas del camino emprendió una
violenta marcha que puso en peligro su existencia, aunq" desde lue-
go aseguro el éxito mas feliz. Todos creian inasequible el proyecto
p' los muchos dias transcurridos desde la fuga ; peni ha dado el
mas irrefagable testimonio de q* su zelo, y su actividad no conocen
las difícultades. El relevante mérito de esta acción no se ocultará á
V. E. que desea premiar los servicios importantes que se rinden á
la Patria, entre cuyos servidores deben seguramente enumerarse
los individuos que recomienda el mismo Parte.
3a6 ANALES DE LA BIBLIOTECA
Dios gue á Y. E. muchos años. Gordova ii de Agosto de
1810.
Exmo Señor
Fran"* Ant" Ortiz de Ogaicpo
Vicente López
Secret*
Excma Junta Provisoria Guvernat^ de estas Provincias
N^ 4o
LA JUNTA GUBERNATIVA Á LA COMISIÓN
Ha sido muy sensible á esta Junta la resolución que tomó V. S.
en orden á los reos de Córdoba, y que comunica en ofício de diez
del corriente. Los compromisos que há producido á este goviemo,
habrían echo balancear su firmeza, si no se hubiesen expedido fe*
lizm^ providencias capaces de allanar el terrible constraste en que
se ha visto ; pero no será igualm** fácil reparar el descrédito q* ha
resultado, al ver que las Gefes de esa Expedición han atropellado las
ordenes de esta Junta, dando entrada á consideraciones, que se ha-
bian mandado anteriorm^ no fuesen escuchadas. La obediencia es
la primera virtud de un General, y la mejor lección que ha de dar
á su Exercito, de la que debe exigirle en el acto de un combate. El
goviemo superior reúne y concentra relaciones, que no deben co-
municarse, y los executores no necesitan saberlas, para cumplir
puntualm** lo que se les ordene.
Dice Y. S. en su oficio, que á las tres horas de mandada execu-
tar la sentencia, fue preciso despachar un chasque para la revoca-
toria por el general movimiento de dolor, que se observaba en todo
el Pueblo; y la Junta extraña, que unas deliberaciones tan impor-
tantes transcendiesen á el publico tan fácilmente, pues el secreto
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 3a5
debe ser la primera qualidad de esa Junta de Comisión, y el único
medio de adquirir la dignidad y decoro q"* hagan respetables sus
resoluciones.
La Junta espera, que la amargura ocasionada por este procedi-
miento será satisfecha con una puntual execucion de quanto ella
ordene en lo sucesivo; y que sus ordenes no sufrirán el examen y
desaire que en esta ocasión han padecido.
Dios &* Agosto 1 8 de 1810.
A la Junta de Comisión &*.
N« Hi
LA JUNTA Á PUETRREDÓN
Se ha enterado esta Junta de la razón que la ha pasado el com^
gral delaExped" con of** de 10 del corr**del enorme gasto de
7 7 . 484 p' 3 f/g r* disipados por los criminales Gefes que fue [ron] desa
Prov* ó autores del temer" proyecto de opresión de sus habitantes ;
i no debiendo servir los caudales del R* Erario á los delinq** capri-
chos de los que abusando del poder q* les daba el mando, lo han
convertido á fines destructores de los que en la instrucion reglaron
sus destinos, ha resuelto la J** i previene á V. S. que proceda in-
mediatam^ á reintregará la R^ Hac*'* de la suma desta importancia
con la de los bienes de los criminales autores y cómplices pH**
dése infame proyecto, arreglandoseensuprocedim^a los dispuesto
en dro y comunicado en instrucciones, dando c^á esta Superiori-
dad con lo que obrare.
D* g"" i8deAg'«dei8io
S^ Gov' Intendente interino de Córdoba.
Of" ala Junta de comisión acusándola el recibo del que motiba el
anteced'*' y contest"'.
3a 6 ANALES DE LA BIBLIOTECA
N^ 42
PUETRREDÓN Á LA JUNTA
Exmo S"*' Presidente y S S. Vocales
Enterado del oficio de V. E. de i8 de Agosto en que me coniu<-
nica el cargo hecho por el Gral déla Expedición del gasto de setenta
y siete mil quatro cientos ochenta y quatro pesos tres, y tres octa-
vos reales» que han hecho a estas R* Cajas los Gefes que fueron de
esta Provincia, procederé inmediatamente a reintegrar ala R' Ha-
cienda la suma de esta importancia con la de los bienes de los reos.
Diosguea V. E. m'aV Cordova 2 de Sept* de i8io.
Exmo Señor
Juan Martin de Pubtrrbdon
Santiago Rivadavia
Secret*
Exma Junta Guvernar del Rio de la Plata.
N° 43
PUEYRREDÓlf i LA JUNTA
Adjuntas dirijo a V. E. originales dos actas cdebradasen esta
Ciudad por los principales reos de su conspiración q* han llegado
a mis manos después de la salida de los Oficiales Gorordo y Lafinur
p' esa Ciudad, p* q* V. E. les de el mérito q* juzgue conveniente.
No puedo menos que hacer presente a V. E. que D" José XaV
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS Sa?
Diaz, que parece haber sido uno de los actores, se ha particulariza-
do en hacer demostraciones publicas de contento por la ruina de
los Opresores de esta ciudad ; ha hecho servicios especiales desde el
instante que entró la expedición ; y aun antes, pues luego q' los
reos decidieron su salida, el declaró, que no lo haría ; y aunque
quedó con el mando de las armas, fue su conducta toda en ntro
favor, desde q' vio q^ podia hacerlo con libertad, o sin temor. El
estuvo en las secretos mas graves de los mejores patriotas cordove-
ees, y les fue escrupulosam** fiel, según informes q* de todos he te-
nido : No cesa de hacer visibles esfuerzos p* acreditar su adhesión á
ntro Gobierno ; ha prestados q^ auxilios ha podido con sus caba-
lladas p' la expedición ; y pa ntro Señor, apesar de su conducta an-
terior, el tiene la confianza, y la amistad de toda esta Ciudad : Está
relacionado con todo lo pral de ella ; y es un Paisano, q* por debi*-
lidad suscrívió a q*^ le mandaron.
Estas razones contuvieron alos Sres de la Junta de Comisión, p*
no incomodarlo en cosa alguna ; y yo las hago presentes a Y. E. p*
q* en su vista disponga lo que estime conveniente. '
Exmo Señor.
Diosguea V. E. m' a'. Cordova 7 de Septiembre de iSro.
JuAR Martin de Puetrrbdon
Santiago Rivadavia
Secret*
Exmo S*' Presida y S"" Vocales de la Junta Guvernativa.
En la Ciudad de Córdoba á veinte y seis de Julio de mil ocho-
cientos diez, el S°' D*" Juan Gutiérrez de la Concha Brigadier de
la Real Armada, Gobernador Intendente de esta Provincia, abien-
dose juntado en la Casa de su morada el exmo S"" D*" Santiago
Liniers Gefe de Esquadra de la W Armada, el Señor Coronel de exto
SaS ANALES DE LA BIBLIOTECA
D" Santiago Alejo de Allende» que lo es del Regim^ de Voluntarios
de Córdoba, D° José Xavier Diaz Teniente Coronel D" José Julián
Martínez Comandante de esquadron, y D° Simón Gorordo Sargento
maior Veterano, á presencia demi el Secretario, propuso dicho Se*
ñor Gobernador Que vna Persona que merecia confianza, se le abia
ofrecido á introducirse entre las tropas que vienen de Buenos Aires,
y que dándole ocho mil pesos en oro depronto y hasta cinquenta
mil si cumplía su Empresa, prometía ganar mucha parte de los
ofíciales y tropas, y hecho cargo dichos Señores de la ventaja del
proiectovnanimescombinieron en quese le franqueasen los ocho mil
pesos en oro, y se le prometiesen y entregasen los cincuenta mil siem-
pre que verificase la total destrucción ó imposibílitacíon de operar
ofensibamente las citadas tropas por qualquier medio que lo logra*
se ; Y también determinaron que á la tropa descínada al mando del
S^' Coronel don Santiago Alejo de Allende no se le haga descuento
alguno por la carne que consuma durante su Comisión, como toda
lademas que se halla en la campaña y que sepaguen las reses de
quentade la Real Acienda. Y para que conste lo firmaron en dho
dia mes y año.
Juan Gutiérrez de la Concha. Santiago Liniers.
Sanf* Alexo de Allende. Josef Xavier Diaz,
Simón de Gorardo. José Julián Marlinez.
Luis Lajinur.
En la Ciudad de Córdoba á veinte y cinco días del mes de Julio
demil ochocientos diez años, el Señor D" Juan Gutiérrez de la Con-
cha Brigadier de la Real Armada Gobernador Intendente de esta
Provincia, con motibo de aber llegado el día de oy D" Dámaso Pie-
dra Buena que se á conducido á la ligera de Buenos Aires, y también
el Soldado Isidro Quiroga Desertor de las Tropas déla expedición
que desde Buenos Aires se dirije á estos destinos, después de ohidos
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS Sag
á los referidos dispuso dicho Señor Gobernador que á la Oración de
este dia se juntasen en la Gasa de su abitacion el Ilf"*" S"" D" Rodrigo
de Orellana Obispo de esta Diócesi, el Exmo S""^ D° Santiago Linicrs»
Gefe de Esquadra de la R* Armada, el S*' D" Santiago Alejo de Allen-
de, Coronel de los R' exlos y del Regim*" de Voluntarios de esta
Provincia D" José Xabier Diaz Teniente Coronel del mismo D" José
Julián Martinez, Comandante de Esquadron y D** Simón Gorordo
Sargento maior Veterano, y con asistencia demi el Secretario D"
Luis Lafínur Aiud** maior Veterano, expuso dicho Señor Goberna-
dor que por las noticias déla dos Personas referidas y las que dirijio
el Teniente D" Diego Rápela Comandante devn Destacam*^de obser-
bacion situado por el Rio Tercero se sabia que la expedición com-
puesta según noticias de vn mil y doscientos hombres y ocho piezas
de Artillería, que se dirije de Buenos Aires a estos destinos se aliaba
á poca distancia de los conñnes de esta Jurísdicion, Y teniendo prc-
senté los Estados del Armamento y Municiones que esta Plaza tiene
existentes para su defensa, y que acompañan á este Documento,
vnanimes resolbieron dichos Señores. Que el dia demañana sepon-
gan en marcha ochenta hombres de Fusil y veinte de Lanza, con
dos Cañones de Campaña y sus correspondientes municiones; Que
Uebe el mando de esta Tropa el S**' Coronel D° Santiago Alejo de
Allende, y por su segundo el Comandante de Esquadron D° José
Julián Martínez, elijiendo el Gefe á su satisfacción y según sus co-
nocimientos los demás oGciales subalternos. Que se remitan cin-
quenta Lanzas al Teniente D° Diego Rápela para Armar la Tropa
que tiene á su cargo. Que el especial encargo debe ser procurar
portodos los medios posibles en haser entender á la Tropa de la ex-
pedición de Buenos Aires, que a todo Desertor que se pasase, se le
darán imediatamente que se presente á nuestras Partidas cinquenta
pesos por cada vno, y si fuese con Fusil, y municiones veinte y
cinco pesos mas. Y si alguno de dichos Desertores lograse pegar
fuego á algunas de las carretas dedha expedición especialmente las
que conduzen la Polbora y Municiones, ó hiciese alguna otra acción
33o ANALES DE LA BIBLIOTECA
que pueda perturbar ó atrasar á la expedición se le gratificará á pro-
porción de lo que la acción mereciere como también si por su per-
suasión é Industria trajese algunos mas Desertores. Y para que
conste lo firmaron dhos S"^ antemi el Secretario en el referido dia
mes y año.
Juan Gutiérrez de la Concha. Santiago Liniers
Rodrigo obpo de Cord*. Sant* Alexo de Aliénele
Josef Xavier Diaz. José Julián Martínez
Simón de Gorordo,
Luis Lajinur.
Con oficio de V. S. de 7 del corr^, ha recivido esta Junta las
dos actas que en 25 y 26 de Julio habian celebrado los princimales
actores déla cospiracion de esa Civdad al intento de fustrar la Expe-
dición despachada de aquí á esa Provincia, y acepta la Junta la
recomendación que hace Y. S. á fabor de D" José Xavier Diaz que
parecia ser vno de ellos por haber acreditado con su buena conduc-
ta y particulares servicios la falta de libertad con que subscribió a
quanto le mandaron ; lo que aviso á Y. S. de acuerdo déla misma
en contextacion.
Dios gue &'. Sept" 27 de i8io.
Sor Gover' Intend^ inter"""* de Cordova,
La Junta se ha impuesto del oficio de Y. S. de 1 3 del corr** en q*
participa la deserción q* se experimento en la Tropa déla Exped*' au-
xiliadora luego q* se acercó el dia de su marcha ; y ensu conseq* en-
carga a Y. S. la Junta el cumplim** déla orn q* se le dirige en este
Correo sobre su aprehensión, que dando pasadas las corresponda
alos demás Gov"°" p* el mismo efecto.
Dios &', Sep** 26 de 18 10.
S"' Goxf' Intend*^ Inf de Cordova,
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 33 1
N» 44
PUEYRREDÓN Á LA JUTITA
Exmo señor
Yo seña un verdadero delincuente contra el estado» si por po*
Uticos miramientos ocultase á Y. E. ios males, en que nos halla-
mos, y que piden el mas eficaz, y pronto remedio.
Contraído enteram^ al enorme peso de los negocios de mi cargo,
separé mi atención desde mi libada a esta Ciudad de todo otro
asunto ; y aunq* presenciaba algunos desordenes efectos de poca dis-
ciplina en las tropas déla Expedición auxiliadora, ni estuvo en mi
facultad remediarlos, ni temi q^ se aumentasen al extremo q* hoy
tocamos.
La deserción q" empezó a experimentarse, desde q"* las Tropas su-
pieron, q* se acercaba el dia de continuar su derrota, obligó ala
Junta de Comisión, a adoptar por medio de preservación la me-
dida, de imponer la ultima pena a todo desertor, q' se separase de
sus Yanderas después de estar^resolucion ; Como se imponia igual
pena a toda persona, q* encubriese ó fomentase la deserción, pare-
ció conveniente publicarlo por Bando, para q' llegase a noticia de
todos; y asi loegecuté con fha de i" del pres^ mes. Ni aun asi se
ha podido contener ; y desde q* la Expedición se puso en movi-
miento, ha sido enorme, y continúa con tan criminal escándalo «
q* me hace temer muy funestos resultados.
La razón q* se me ha pasado de losq' desertaron antes de salir de
esta Ciudad pasa de sesenta individuos y por las noticias generales
q* ha adquirido, de lo q' sucede después q* están en marcha, quiza
no exagere si estiendo su numero a dos cientos.
He despachado varias partidas, p* perseguirlos ; y en efecto a
BÍ2 ANALES DE LA BIBLIOTECA
costa de sacrificios se me han traido varios, en quienes contaba, q*
se harían egemplares, p' imponer temor y ovedienciaa los demás,
pero veo con desconsuelo, que se sacan de las prisiones, en que yo
los pongo p^ darles entera libertad, sin que uno solo hasta ahora
haya servido de provechoso escarmiento.
Estoy convencido de q* el origen de todo este desorden es el
abandono de los Oficiales, que ocupados de su comodidad, prosti-
tuyen sus obligaciones, y desamparan sus compañias en medio de
los campos, por no sugetarse al corto trabajo de custodiarlas. De
aquí la horrorosa deserción, el descrédito de nuestras armas y el
inmenente riesgo de nuestra sagrada causa.
Nada me hará callar, quando mis voces lleven el objeto de
hacer respetable la autoridad de V. E. y asegurar los intereses de
la Patria y aun quando no fuera de mi obligación comunicar i
V. E. estas noticias, pasaría por encima de todos los respetos, por
seguirlos impulsos de mi corazón, que clama a gritos por la publi-
ca seguridad.
Uno de los sujetos, q' me han informado del triste desorden de
nuestras fuerzas es D" Hypolito Videla natural de esa Ciudad,
que baja del Perú, y conduce este pliego á V. E. El podra dar rela-
ción circunstanciada, de lo q* ha visto en los caminos de su transito
desde Santiago a Esta ; y si Y . E. halla exagerada mi relación, crea»
q'' el vivo interés y el rabioso empeño por el bien de nuestra causa
ha dado la fuerza a mis expresiones, para hacer patente la necesi-
dad del remedio.
Dios gue a V. E. m* a' Gordova i3 de Sept* de 1810.
Exmo Señor
JuAn Martin de Pueyrredoic.
Exmo S"*^ Presid^ y Sres vocales déla Janta GavernaC .
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 333
N'» 45
AlfA PÉRIGHON AL D'' ECHEVARRÍA
Muy S*' mió : Las adiccíones y trabajos que he padecido con mo-
tivo de haber barado en punta de Piedras la Fragata en que me
conducía con toda my familia desde el Rio-Janeiro á esa Cap^ y el
recio temporal q^se ha experim'''' en estas Balisas desde que Arribé á
ellas, no me han permitido comunicará Vm con mas anticip" la no-
ticia de mi Venida é implorar en conseq* el favor de Vm p* que
usando del Poder que le tengo dado, me alcanze de los SS"* que
componen la Junta de Goviemo de este Reino la Licencia necesaria
p* mi desembarco y recid' en mi Chácara ó donde tengan por Con-
ven^ pues mi salud quebrantada con los trabajos de la naveg" y al
falta de auxilios con que me hallo p*" sustentarme con mi crecida fa-
milia exijen de necesidad la pronta ascención de dho permiso, el
qual si seme negase (que no lo Espero de la Justifica" de los Expre-
sados SS"*) completaría la amarga Carrera de mis infortunios y
maritimas perigrinaciones, reduciéndome a lasituacion de lamas
lamentable que Vm. puede imaginarse. Los gastos que he sufrido
son incalculables, ya en el pago de mis transp^" de esa Ciudad al
Rio-Janeiro y ya de este destino á ese, ademas de los q* he tenido
durante my mansión en aq^ que son execivos y sise me obligase de
nuevo a regresar á el no podria realizarlo por no asistirme ya me-
dios con que pagar un nuevo flete y mucho menos p* sostenerme
con solo el alquiler de my Casa con mi larga familia en un Pais ex-
traño en donde los articules de prim* necesidad son extremadam**
Carros.
P. D. Espero que Vm. como quese hallabien instruido de todos
mis asuntos girará el presente con la eficacia propia de su Carácter
334 ANALES DE LA BIBUOTEGA
y en los términos que le parescan mas propios. — entre tanto q^
sumuy humilde Servidora &.&.&.
Ana Perichoh de OGormah.
S*»' D" Vicente.
N« 46
LA JUNTA AL CAPITÁN DEL PUERTO
La Junta ha permitido que Madama O -Gorman pueda bajará
tierra con el objeto de reparar su salud quebrantada, pero con ia
precisa calidad deno fíxarse un momento en esta Capital, sino trans-
ferirse inmediatam^ásuChacra, donde deberá permanecer por ahora
guardando la circunspección y retiro q* le encargo el Govierno y
observará por sí mismo. Y lo prevengo á Vm. p' su cumplim** y
q* lo haga entender á la Interesada en el acto en q* quiera verificar
su desembarco.
Dios g* Nov* 3 de i8io
Al Capitán de este Puerto
N« 47
RELACIÓN DE LOS l<IMOS HECHOS T FIN HEROICA DEL GENERAL LÜVIERS.
El 3o de Mayo de i8io se supo en la ciudad de Cordova del Tu-
cuman el movimiento que empezó á manifestarse en la de Buenos
Aires el ai del mismo mes. Inmediatamente dispuso aquel cavallero
Govemador Intendente el Brigadier déla Armada D. Juan Gutiér-
rez de la Concha formar una Junta para oir el parecer de las per-
DOCUMENTOS SOBRE UNIERS 335*
soaas mas caracterizadas del pueblo en tan criticas circunstancias ;
a este fin convocó al lU"* S•^ Qbispo D. Rodrigo de Orellana, al
ExcmoS**'D. Santiago Liníers Gefe de Esquadra Ex- virrey interimo.
de las Provincias del Rio de la Plata, y á los SS. D. Santiago Ali-
xa de Allende Coronel de Exercito y del Regimiento Provincial de-
Cordova» D.* Miguel Sánchez Moscoso Oydor Jubilado de la Au-
diencia del Cuzco, D' D. Miguel Gerónimo Zamalloa Asesor Jubi-
lado del govierno de Montevideo Oydor honorario de la Audienciai
de Buenos-A yres, D^ D. Gregorio Funes Dean de aquella Santas
Iglesia, D. Joaquín Moreno Ministro Tesorero de Real Hacienda de-
la provincia de Cordova, D' D. Victorino Rodríguez Teniente !e-
trado del mismo govierno e intendencia, Oydor honorario de la^
Audiencia de Buenos-Ayres y Juez conservador del Mineral de Fa-
matina, D. José de la Piedra y D' D. José Ortizdel Valle Alcalde-
de I® y 3** Voto, y D. Lorenzo Marza Diputado del Comercio (i) ;
manifestóles las noticias recividas, y su firme resolución de derra-
mar hasta la ultima gota de su sangre, por defender y conservar la.
integridad de los derechos de la Nación y autoridad que estaban á.
su cargo ; todos animados del mismo zelo aprovaron esta conducta,
y se prestaron á auxiliarlo con quantos medios estubiesen en su
poder, y S""" Liniers se ofreció a organísar todas las fuerzas y recur-
sos que pudieron oponerse á los rebeldes, de que resultó alos con-
currentes la maior satisfacción por ver las armas al cargo de un Ge-
neral que siempre habia vencidos los enemigos del Estado. Desde*
este momento no perdonó el S' Liniers ninguno de trabajo al in-
tento.
El 7 de Junio llegó á Cordova el correo general de la Capital que
confirmando las noticias citadas conducia los manifiestos y documen-
tos de la instalación del govierno revolucionario en Buenos-Ayres
el 25 de Mayo, y los oficios circulares que lafuerza hizo firmar al.
Exmo S**' D. Baltasar Hidalgo de Cisneros Virrey de aquellas pro-
(i) No vuelve á encontrarse este apellido en la crónica. local,. ni figura entre los de»--
titaidoa ó peneguidoa por la Junta de Comisión.
336 ANALES DE LA BIBLIOTECA
vincias, y al Exmo Cavildo de la Capital dirigidos á sorprender
á los Gefes de las Provincias, y generalisar la revolución, exigien-
do el reconocimiento y obediencia al nuevo goviemo quien permi-
tía todo de oficio al de Cordova.
El mismo correo condujo cartas particulares para los S.S. Li*
niers, Concha y Allende, en las guales aconsejándoles la adhesión
al nuevo sistema, les hacian las mas lisonjeras ofertas, y concluian
con las mas terribles amenazas caso de oposición ó resistencia: todo
produjo en estos 111"* Españoles un mismo efecto, el desprecio.
La noche de dicho dia 7, convocó el Governador Intendente nue-
vamente á junta, alos mismos que compusieron la anterior, y lei-
dos en ella todos los papeles de oficio, después de haberse hecho so-
bre todos y cada uno de ellos las mas sabias reflexiones fundadas en
derecho y en las sagradas obligaciones de todo buen Español, uná-
nimemente juraron sacrificarse por defender la justa causa de la
Nación Española y de nuestro monarca el S' D. Fernando 7'.
El Dean Funes ya en este acto no pudo ocultar su decidida opo-
sición aeste modo de pensar, y se singularizó defendiendo alos re-
volucionarios, pretendiendo a fuerza de sofismas persuadir la obe-
diencia y unión ala capital ; y aun viendo destruidos sus argumentos
por las sólidas razones que le opusieron, no por eso dejaba de tocar
nuevos medios de hacer prevalecer su iniqua opinión, con lo que
irritó tantoel delicado patriotismodel S' Liniersque apesar de la amis-
tad con que lo distinguía, después dehaberesforzado todaslasrazones
en contra le dijo que todo aquel que adhiriese al partido de la Janta
revolucionaria de Buenos Aires, y aprovase la deposición del Virrey
y demás que se habia hecho, debia ser tenido por un traidor alos in-
tereses de la Nación que la conducta de los de Buenos Aires conlü
Madre Patria en la critica situación en que se hallaba por la atroz
usurpación de Napoleón, era igual ala de un hijo que viendo á su
padre enfermo, pero de un mal que provablemente salvaría, le ase-
sinaba en la cama por heredarlo ». Todo fue inútil para el Dean
Funes que desde este momento quitó la mascara asu hipocresía, y
DOCUMENTOS SOBRE UNIERS 337
nada dejó de hacer por se^ir lo que le dictaba su ingrato y co-
rrompido corazón.
El S"' Liniers que en el mismo correo había recibido por conduc-
to de un buen Español, sugeto de su confianza y de la del S^ Virrey
Gisneros las ordenes de este en que después de manifestarle el por-
menor de los sucesos (i) : la violencia conque le habian obligado á
renunciar el superior mando : la con que le habian arrancado su fir-
ma ; y la que habia padecido para los mismos objetos el Exmo
Gavildo cuia conducta y accendrada fidelidad y patriotismo califica-
ba ; le mandaba oponerse á la Junta Revolucionaria, resistiendo la
fuerza con la fuerza ; que esto mismo lo hiciese entender al S' Go*
vernador Concha, y ambos atodos los Governadores Intendentes
del Rey no; que el S*"' Liniers lo noticiase particularmente al Exmo
S*' Virrey de Lima D. José Fernando Abascal, y al S' Presidente
interino del Cuzco el Brigadier D. José Man* Goyeneche, anadien-
do al S' Liniers que obrase como correspondía a un General que
estaba en plena libertad, y al S"' Concha como debia por su empleo.
Estas ordenes en que el S"^ Gisneros se estendia con la generosi-
dad y confianza que exigía el distinguidísimo mérito de los Gefes
que debían obedecerlas y auxiliarlas produjeron en los SS. Liniers
y Concha, la satisfacción de ver aprovada la conducta que habian
adoptado, y no desmentido el concepto que tenían de Gefe supe-
rior y del Cavildo de la Capital; lo qual manifestaron atodos los de
la Junta (menos á Funes) y obrando en ellos el mismo efecto, man-
daron quemar todos los papeles que el subversíbo govierno de Bue-
nos-Ay res dirigía alos de las demás Provincias.
Comunicaron Liniers y Concha dichas ordenes atodos los Go-
vernadores y demás sugetos indicados, con tal brevedad que en 9
de Julio se recívieron en Lima acompañadas con las representacio-
nes de los Governadores y Ayuntamientos de Cordova y Salta del
Tucuman, Potosí, la Plata y la Paz pidiendo socorros y algunos
(i) Probablemente e«te ha de ser el celebradlo riaje del joven Lavin.
Aa4U> 0> LA BIBtlOTBCA. — T. III H
338 ANALES DE LA BIBUOTECA
anadian aesta suplica, la de ser admitidos bajo el mando de aquel
benemérito Virrey el S"' Abascal quien con todos los buenos Espa-
ñoles de que abunda Lima, tubieron en medio de su dolor, el sin-
gular placer de ver que la revolución no tenia mas dominio que en
Buenos-Ayres, y se pronunciaban con alegría y respeto los nombres
de Cisneros, Liniers, Concha, Sanz, Cavildo de Buenos-Ayres y
demás Geíes que manifestaron ser acreedores de la confianza con
que el Rey y la Nación los habia honrado.
¡ Quanto alcanza la actividad de los Gefes !
A la con que obró e hizo obrar en esta ocasión el S' Liniers cir-
culando la expresada orden, se debe que en Ss dias(desde7 de
Junio á 9 de Julio) se corriesen sobre 700 leguas que median desde
Gordo va á Lima, con las paradas que se adbierten : que se supiese
en Lima la verdad de este interesan tisimo suceso y que no hubiese
penetrado en el territorio de aquel Virreinato la revolución, pues su
digno Gefe el Señor Abascal mandó inmediatamente el Señor Go-
yeneche con tropas al Desaguadero y aquellos limites fueron los de
laRevolucion .
Desgraciadamente se vio que la infidelidad pudo llegar a domi-
nar en algunos pueblos y con demasiada rapidez aumentarse los
revolucionarios, sacrificar tan distinguidos Españoles y hacer succe-
der el sentimiento al gozo.
Para realizar en Cordova una fuerza capaz de (ponerse alos insur-
gentes, se tomaron las medidas mas activas* y como se necesitase
Artillería en igual numero ala que estoe podian conducir, se mandó
recoger la que habia en el fuerte de S" Garlos que estaba todo des
montada; y no habiendo ningún carpintero capaz de hacer los
montages. tubo el S' Liniers que delinear todas las piezas de car-
pinteria y herrería, y presenciar en ambos oficios la execucion lo-
grando con su eficacia y viveza montar y dejar listos el i4 o i5 de
Junio 1 4 cañones; formó dos compañías de esta arma instruiendo
por sí mismo alos soldados y aun alos que nombró oficíales ; y auxi-
liado por el tesorero D. Joaquín Moreno que fué el que mas sccfc-
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 339
ting-uióentre los subalternos, concurriendo simultáneamente alo
que estaba encargado en su actual empleo y ala instrucion de la
tropa cuia carrera babia seguido, logró reunir ig^ hombres de
todas armas, incluso el regimiento provincial de Gordova con los
cuales sin duda se hubiera hecho temer de los enemigos, y cuando
no los hubiese derrotado al menos hubiera impedido sus pro-
gresos.
Esto mismo puntualmente temieron los insurgentes, y su partido
en Gordova que regían el Dean Funes y su hermano D. Ambrosio,.
y adoptaron los medios de devilitar esta fuerza ; no entrare por aho-
ra en el por menor de los sugetos que los auxiliaron, ni en todos
los pasos que dieron para conseguirlo, y solo me contraeré aque
nada perdonaron para realizarlo, y se vieron pronto los efectos en
la deserción de esta tropa que sedugeron y ganaron afuerza de di-
nero.
Observado esto por el S' Liniers, de acuerdo con el S' Goncha^
teniendo noticia de que en Buenos Aires se preparaba una expedi-
ción de I g) hombres bajo el pretexto de auxiliar el Perú, cuio nu-
mero se habia duplicado al que se habia asignado en el acta que se
publicó por bando a la instalación de la Junta. Determinó mandar á
su hijo el alférez de Navio D. Luis de Liniers á Montevideo á soli-
citar algún socorro de tropa de aquella Plaza para hacerse respetar
y sugetar con ella el resto que le quedaba y tomaí otras providen-
cias necesarias.
A pesar del sigilo y prontitud con que executó D. Luis Liniers su
salida de Gordova aprincipios de Julio (i) no pudo escaparse al zelo
del Dean Funes quien dio parte ala Junta de Buenos Aires y aun-
que por esta se interceptaron los caminos, logró aquel embarcarse
en una balandra que salia de Santa Fé para Montevideo, pero al
pasar por San Nicolás de los Arroyos fué detenida y el preso por
un oficial Larramendi subteniente de Blandengues de Santa Fé y
(1) Salió el 3o de junio.
34o ANALES DE LA BIBLIOTECA
conducido con el maior rigor á Buenos Aires en compañía del
respectable Presvitero D' Alzugarai que lo habia acompañado hasta
su embarque y a quien prendieron por esta sola razón ; sufrió D.
Luis una prisión de 76 dias con incomunicaciones repetidas, sin
que el mui mal estado de su salud, ni la responsabilidad que pres-
taba por su persona el Padre Prefecto del Hospital Betlemitico para
que le permitiessen pasar a el á curarse hubiesen podido ablandar á
aquel inhumano govierno para que le concediese algún alivio.
Este oficial no se descuidó en el momento de su prisión en salvar
la correspondencia que conducía, y se aprovechó de un honrado
Español que en el mismo buque seguia viage á Montevideo aquien
encargó la entrega, que se verificó inmediatamente de su arrívo.
Este es entre otros uno de los graves males que de esta revolución
se siguieron al Estado.
El S^ Liniers (nótese que cuando hablo de este S*^ en materia de
disposiciones, se entiende de acuerdo con los S"^*' Concha, Allende,
Moreno y Rodríguez y con el 111"*** S**' Obispo, pues que todosanima-
dos de unos mismos sentimientos, y dotados de conocimientos no
comunes, nada dejaban de comunicarse para el mejor acierto) el
S' Liniers, pues que tubo noticia de que se aproximaba el Exercilo
auxiliador déla revolución que habia salido de Buenos-Ayres el 7
de Julio, al mando del Coronel Francisco Antonio Ortiz de Ocam-
po, en numero de i ^ hombres de todas armas con 4 ó 6 piezas de
Artillería ; que supo la prisión de su hijo ; que no vio venir de
Montevideo el socorro, sin embargo que se remitió de Cordova otro
sujeto con el mismo objeto y que vio crecer la deserción de sus tro-
pas al paso que se acercaban las enemigas ; que su fuerza se ha-
bia reducido á solos 4oo hombres, con los cuales no podia. ni
debia aventurarse á la defensa ; no queriendo dar motivo a que las
tropas de los insurgentes saqueasen á Cordova, se resolvió en Jun-
ta que celebraron el 27 de Julio, dirigirse al Perú á reunirse con la
tropas que debia enviarles el Gobernador de Potosi D. Francisco de
Paula Sanz.
DOCUMENTOS SOBRE LIMERS 34i
El 3 1 del mismo verificaron su salida de Cordova entre la cons-
ternación que causó en la maior parle de aquel pueblo, la separa-
Clon de unos Gefes que con su bondad se habian ganado su amor ;
y de su Ill« Prelado aquien tiernamente amaban por sus virtudes, y
<pje sabian se via precisado aesta ausencia por no exponerse á los
insultos y violencias que justamente temia de los rebeldes como
lo acreditó la experiencia. Solo los corifeos de la revolución
níianifestaron serenidad y satisfacción en medio del dolor y llanto
publico, sin atreverse por temor á manifestar lo contrario los pocos
qwe pensaban bien y no estaban unidos con el Dean ; Señor D. Gre-
gorio Tadeo Llanos Canónigo de Merced de aquella Santa Yglesia
yelD'D. Fernando Garcia Pres> itero tubieron bastante patrio-
tismo para no abandonar su Prelado y Gefes; el i° en clase de
Capellán del S' Liniers aquien acompaño con distinguido zelo en la
Reconquista de Buenos-Ayres; y el 2° en la de Capellán déla tropa ;
este sigue en el dia el ejercito del S' Goyeneche y aquel está depues-
to de su canongia.
La noche del mismo dia que salieron de Cordova se desertaron
5o hombres y sucesivamente los demás, en tal grado que á los qua-
trodias, solo algimos oficiales acompañaban á los Gefes. La com-
pañía de veteranos partidarios de la Frontera en que fundaban
maior confianza, se desertó toda junta al medio dia y a vista de los
Gefes á quienes no solo insultaron con gritos y voces, si no que dis-
pararon tres tiros de fusil, y corrió mucho riesgo la vida del S'
obispo que estaba rezando el oficio Divino.
A este estado de insubordinación e insolencia los habian reducido
la seducción, y promesas que les habian hecho en Cordova, no
menos que á su Comandante el Subteniente D. José González agre-
gado al Regimiento de Infantería de Buenos-Ayres que al siguiente
dia se desertó.
En la Aguadita lugar distante 5o leguas de Cordova la noche del
3 de Agosto se incendiaron casualmente dos carretillas cargadas de
pólvora y municiones y 600 granadas de mano que la falta de otras
342 ANALES DE LA BIBLIOTECA
hizo idear y mandó fabricar el S*" Liniers de un barro mui duro que
se experimentó bacian mucho estrago. Este succeso y la imposibili-
dad de conducir la Artillería porque los Maestros de postas y demás
vecinos pudientes, igualmente vencidos por la seducción negaban
los auxilios, les obligó á clavarla y quemar las cureñas para que no
sirviesen á los enemigos.
Los cavallos que en crecido numero sacaron de Cordova para
atender atodo lo necesario, se habian ya perdido por que Gaspar
Corro, Pedro Juan González, José Arguello y el D*^ Manuel Rivada-
via que seguian ocultamente este pequeño exercito de noche los
habian hecho huir, y por este servicio fueron premiados el prime-
ro con el empleo de Sargento mayor, los dos siguientes con los de
capitanes todos con sueldo, y el último con el de secretario de go-
vierno de Cordova. Algunos vecinos fieles prestaron alos Gefes
quantos auxilios pudieron, pero no fueron bastantes para poder
seguir su marcha con brevedad.
Quando llegaron ala Parroquia del Rio Seco tubieron noticia de
quel el Exercito insurgente habia entrado en Cordova en medio de
aclamaciones de los revolucionarios y que su llamado General Ortiz
de Ocampo antes de entrar en la ciudad, bien asegurado de que no
podian continuar su marcha con presteza por falta de auxilios, ha-
bia destacado 200 hombres al mando de su Mayor General el Te-
niente Coronel Antonio Valcarce en su seguimiento; en esta inteli-
gencia determinaron, pues, los Gefes caminar divididos del modo
que pudiesen, acordando un punto de reunión ; dejaron en libertad
atodos los oficiales que les acompañaban para que pudiesen retirar-
se y quedaron algunos que no quisieron abandonarlos : despacha-
ron dos sugetos á Potosi con credenciales para dar noticias al Go-
bernador Intendente de su estado y resolución, uno de estos fué el
Capellán D' García.
La opinión del S** Liniers habia sido desde el principio pasar á
Potosi ala ligera acompañado de su hijo D. Luis y reunirá las fuer-
xas que tenia el S*^ Nieto en Chiquiraca ó la Plata (en las cuales ha-
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 343
bia algunas tropas Veteranas) todas las que alli considerase útiles,
y así se loescrivióal S*^ Abascal, quien en su circular de ii de
Julio manda á todos los Gefes de las Provincias que se le habian
reunido, obrar de acuerdo con el S^ Liniers; pero habiéndole hecho
presente en Gordo va que su persona podía ser mas útil alli que en el
Perú, se prestó á desistir de su viage pues este gefe como buen mi-
litar nunca conoció utilidad propia, si no la de la Nación y del
Rey.
A consecuencia de lo que acababan de acordar; el S' Liniers con
su ayudante D. Melchior Labin y su capellán el canónigo llanos,
tomó un camino estraviado á la izquierda : el 111"° S*' obispo con su
familiar y secretario el recomendable Padre Premon trátense D.
Pedro Ximenez que lo habia acompañado desde su salida de Gordo-
va, auxiliados del cura de aquel partido D' D. José Domingo de
Allende, vestido S. I. de simple clérigo y dejando en su poder las
vestiduras Episcopales y ifj) pesos en oro para que se lo librase o
remitiesse según su destino y circunstancias; se dirigió por el ca-
mino de la derecha a casa del Eclesiástico Maestre D. Juan José
Espinosa; los quatro S. S. restantes siguieron el camino común de
la posta acompañados de aquellos oñciales que no habian querido
desampararlos sin embargo que les dieron libertad para que lo
hiciesen.
Al dia siguiente de esta separación, llegó al lugar de ella la divi-
sión que los insurgentes habian despachado, la que habia hecho
una marcha extraordinariamente ligera, que solo hubieran conse-
guido con las caballadas apostadas al intento por Mariano Usan-
dibares, José Irasa y Esteban Bustos que con Gorro y dema^
citados, habian contribuido a que faltasen estos auxilios á los Gefes.
La Junta premió a Usandibares haciéndolo Gomandante con sueldo
del Regimiento que se lebantó en Gordova ; a Irasa lo nombró Mi-
nistro Tesorero de aquella caja cuio empleo obtenia Moreno y á
Bustos Alcalde ordinario de i" voto.
Antonio Valcarce fué instruido inmediatamente de los caminos que
á'
i
344 ANALES DE LA BIBLIOTECA
habían tomado y despachó tres partidas en su seguimiento, orde-
nando un punto de reunión caso de ser alcanzados y presos.
El 5 de Agosto hizo noche el S' Liniers con los que le acompa-
ñaban en una infeliz choza y rendidos del camino y fatiga que les
causó haber caminado 20 leguas á caballo por caminos ásperos y
quebrados se entregaron a un profundo sueño ; a media noche los
sorprendió la partida que los perseguía mandada por el teniente
José María Orien, joven que siempre se ha distinguido por estar
adornado de todos los vicios, los recordó poniéndoles las bayonetas
al pecho, los precisó a vestirse y en seguida los ató con los abrazos
atrás, pero con tal crueldad al S^ Liniers que le rehén tó la sangre
por las yemas de los dedos. Correspondiente aeste tratamiento era
el que de palabra le hacia Oríen tuteándolo y nolla mandóle sino
picaro Sarraceno. Sarracenos llaman los rebeldes alos que por fieles
á la buena causa son opuestos asu sistema.
Tres horas permanecieron atados que fueron las que tardó en
amanecer el dia y parte de este tiempo se ocupó Orien en saquear
los equipages de los presos, siendo de bastante valor el de S. E. (i)
Luego que amaneció dispuso Orien conducirlos al lugar señalado
por Valcarce, y montando el en la silla y con las armas del S' Li-
niers, le puso á este una indecentisima é incomoda montura.
De este modo fué conducido en medio de soldados el Reconquis-
tador de Buenos-Ayres, el libertador de la America del Sur. . . un Ge-
neral, y llegó aaquel sitio con griteria y escarmio(^ííc^; pero nada de
esto, ni la suma incomodidad que le resultaba de ir mal montado ;
ni quantos actos de humiliacion le hicieron sufrir, fueron bastantes
para abatir su heroico animo, y nunca le desamparó su presencia
de espiritu, con la que guardó el cordel con que fué atado, diciendo
que lo apreciaría siempre como una señal gloriosa de su fidelidad á
la nación Española y d su Rey Fernando 7**.
La partida que fué aperseguir al 111"*** S°' Obispo mandada por el
(1) Véase en Arehivo, II, s6o, el decreto ordenando el proceso de üríen.
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 345
oficial Manuel Roxas se dirigió a casa del Cura Allende, quien lle-
vando ropas Episcopales fué con el ala casa del Eclesiástico en que
estaba hospedado S. I. que fué insultado en tal grado por el oficial,
que irritado el dueño de la casa, intentó convocar sus criados para
impedir la prisión y lo contubo el Cura Allende sin que le advir-
tiesse el oficial, lo qué fué una felicidad para que este buen Eclesiás-
tico no padeciese.
Si se atiende aque todos los vicios parecen naturales en todos los ■*,,
oficiales de los revolucionarios, y que se distinguen mas en la irre-
ligiosidad, se concibirá fácilmente quanto padeció este respetabilísi-
mo Prelado; el oficial Roxas le registró indecorosamente, le quitó
la esposa y tres onzas de oro que tenia en el bolsillo, y diciendole
S. I. con su natural dulzura Apostólica (quando lo intentó) que
adbirtiese que habia excomunión mayor reservada al Papa, para el
que pusiese las manos en su persona, le contestó con expresiones
tan obcenasque el pudor no permite repetir. Aunque su S. I. esta- |
ba convaleciente de una grave enfermedad, le obligó non solo á mon-
tara caballo (vestido como ya lo estaba con sus ropas Episcopales)
sino y lo que es mas, a galopar; fué tal el cansancio de S. I. que en
una posta aque llegaron á mudar caballos se iba á tirar en el suelo
por no poder mantenerse en pie, y una virtuosa mujer le puso una
alfombra. Rogó por Dios S. I. con el maior encarecimiento al ofi-
cial, le diese un rato de descanso, pero su respuesta compuesta de
blasfemias atormentó al Prelado mas que el cansancio y la fatiga*
Y por que no volviesen a repetirse montó nuevamente á caballo, y
este monstruo ú oficial tubo el bárbaro placer de castigar el por si
mismo el caballo en que iba S. I. para que corriese hasta llegar al
lugar de reunión.
El Cura Allende pasó á Cordova y entregó á aquel govierno los
I f¡¡^ pesos de su obispo, y ademas denunció el lugar en que S. I.
tenia ocultos 800 marcos de plata pina que habia destinado para
una obra pia, los quales con todos los demás vienes fueron seqües-
trados, ó mejor se dirá robados porque no se sabe el paradero de la
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3)^6 ANALES DE LA BIBLIOTECA
maior parte. Este cura que asi correspondió alas distinciones y con-
fianzas de su Prelado, quiso justificarse, diciendo que el temor de
incurrir en la excomunión que los revolucionarios obligaron al
Provisor de Gordo va apublicar para que se manifestaron todos los
vienes de los 111** fugitivos, como si el creiese que esta censura saca-
da ala fuerza y sin las previas diligencias que ordenan los cañones,
siendo ademas local y no habiéndosele comunicado podía com-
prenderlo ; si lo creyó es lamentable creencia en un Párroco (2).
Los cuatros S.S. restantes que caminaban juntos como se ha di-
cho llegaron hasta la puerta de la travesía de Ambargasta,perono
pudiendo ya continuar su viaje por estar Qacas y debilitadas lis
caballerias fueron afletar otras acasa de un buen vecino de aquel
lugar ; el cual no solo se prestó gustoso, si no que los guió aun bos-
que en que pudiesen estar ocultos mientras las aprontaba : al si-
guiente dia llegó hasta esta misma casa la partida que los seguia
mandada por el teniente Domingo Alba riño, quien examinó al
Dueño de la casa y este le dijo que la tarde anterior hablan entra-
do en la travesía ; y como no pudiese pasar de es.te lugar este ofi-
cial según las ordenes que tenia de su gefe, se retiraba con su par-
tida quando encontró á Santiago Carrera que (era uno de los oficiales
del Regimiento Provincial de Cordova, que habia merecido distin-
ción y confianzas de su Coronel y que habiendo seguido a los Gefes
se retiró el dia que resolvieron caminar separados) hizo regressar la
partida, y con los conocimientos que tenia en aquel lugar de donde
era vecino, pudo averiguar que no hablan pasado : y dirigiéndose
ala misma casa no hallaron al dueño, que andaba recogiendo ios
caballos en que habia de introducir á la travesía á sus ocultos hues-
pedes; lo esperaron, escondiendo la partida de tropa, y quando
llegó con los caballos en la persuasión que esta se habia retirado el
dia anterior, fué inmediatamente preso, y nuevamente exanimado
por Albariño, se ratificó en su primer dicho; pero habiéndolo desnu-
(a) El autor parece ser clérigo.
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS $^^
dado y atado a un árbol para azotarlo, haciendo al mismo tiempo
el aparato de preparar los fusiles para arcabucearlo después de azota-
do, no pudo ya menos de confesar y lo obligaron á señalar el lugar
en que estaban ocultos.
Se entregaron los SS. Concha, Allende, Rodríguez y Moreno sin
resistencia y ciertamente fsicj Albariño el que degenerando de sus
compañeros trató con alguna distinción a sus presos ; pero no por
esto es decir que no fueron robados ; el Asesor Rodríguez al ir á mon-
tar á caballo halló le faltaban losestrivos de plata, y mandado á su
criado le pusiese los de palo que el llevaba, no lo permitió el Dueño
de la casa y tomando estos, le puso los de su uso también de plata;
lo reusaba Rodríguez pero aquel le dijo mas justo es que yo baya
con estos de palo que no Vd. Tengo el sentimiento de no poder es-
tampar aqui el nombre de este honrado y sensible ciudadano, que
con sus operaciones y armago ísic) llanto manifestó su bondad.
Es de advertir que en el acto de esta prisión remacharon una
barra de grillos al Tesorero Moreno y se apoderaron de mas de 3o
gj pesos fuertes que llevaba en dinero pertenecientes al Erario pú-
blico, para los gastos de la tropa, de los cuales hasta ahora se ha
podido aberiguar el paradero, por mas que lo ha solicitado el Tri-
bunal de cuentas de Buenos-A y res y se quedó en disculpas de Ocam-
po (i) y demás que componían la junta de comisión, y los que hi-
cieron las prisiones.
Debe notarse que si estos SS. hubiesen escapado de esta persecu-
ción, no por eso hubieran podido llegar al Perú, pues Diego Puey-
redon vecino de Jupuy con mucha anticipación por ordenes de
Buenos-Ayres, con partidas quel el mismo pagaba de su bolsillo,
compuestos de gentes muí practicas del pais, les tenia tomados
todos los caminos desde Salta hasta Jupuy y era imposible el paso,
y asi es que caieron en sus manos el D' García y el Teniente D.
Manuel Sánchez Moscoso Ayudante del S' Liníers que por su orden
(i) Esta suma formaba parto de los 77.000 pesos tomados en las caja» v que fueron
reintegrados con los bienes de las victimas.
i.
/
348 ANALES DE LA BIBLIOTECA
c orno se ha dicho iban á Potosí, y aunque no les halló ningún papel
ni el mas minimo motivo de sospecha, los mando presos á Salta
cuio gobernador los puso en libertad dejándolos seguir su viaje.
Diego Pueyrredon se jactaba de que no entrarían en el Perú los
demás SS. y estos buenos servicios se los pagó la Junta haciéndolo
Coronel y sucesivamente Governador de Cordova en lugar de su
hermano Juan Martín que fué nombrado Presidente de Charcas.
El tal Santiago Carrera que fué como queda expresado el autor
principal de la prisión de estos SS. había intentado por si mismo
prenderlos, y desde que se separó de ellos solicitó gente que le
acompañase, que no pudo hallar ; pero en el acto de la que habló
se apoderó de algunas alhajas y plata labrada que aun mantiene
ocultas, y se apropió un coche que creió ser del Tesorero Moreno,
pero su legítimo dueño se lo quitó. Estos distinguidos y honrrosos
servicios y otros muí parecidos que hizo en el exercito del Perú, lo
han elevado á Sargento Mayor del regimiento n** 4 y en el día i
Governador de Cordova (i).
Juntos los 111^ presos en el lugar ó punto de reunión, escoltados
ya de toda la división dirigida á su alcance, los volvieron acia Cor-
dova adonde avisaron luego de su prisión. En los días siguientes
a esta nada se les había preparado de comer y solo tomaron con
escasez un poco de fiambre que sus criados pudieron escapar de la
rapacidad de los sóidos.
Al tercer día llegaron ala Aguadita que fué en donde al ir se
incendiaron las carretillas de municiones que es hacienda de aquel
D' Rivadavía (que se ha dicho seguía con otros la expedición para
hostilizarla de noche) el cual tenia preparado un abundante convite
para los oficiales y tropa, y mientras duró estubieron los presos
custodiados en los coches, sin permitirles bajar ni ofrecerles de
comer. El S' obispo obligado de la debilidad por su mala saludí
hizo pedir una taza de caldo y se le contestó que nada se había pre-
(i) Carrera fué nombrado gobernador el 3 3 de diciembre de 1811 : resulta, pues,
auténtica la fecha del escrito.
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS
3^9
parado para el : Rivadavia no podía ignorar que no habían comido
en dos días, y aun quando lo ignorase es indisculpable en no haber-
les dado de comer, mayormente habiendo sido su Maestro en la
Carrera de la Jurisprudencia el D' Rodríguez, pero le debieron la
atención de que hubiese hecho pedazos un Zepo que tenia en su
casa y en el que había dispuesto el Comandante de la tropa durmie-
sen aquella noche.
En este mismo lugar debieron ser pasados por las armas los 111'*
presos incluso el S' obispo conforme a la sentencia que la Junta de
Buenos-Ayres habia remitido al llamado general Ocampo que era
presidente al mismo tiempo de la Junta de comisión que iba con
el propio exercito y de la que eran vocales Antonio Valcarce é
Ipolito Vieites, y secretario Vicente López cuia sentencia recivieron
antes de entrar en Cordova.
Efectivamente luego que esta junta de comisión recivío la noticia
de hallarse presos los SS. referidos despachó un oficial con dicha
sentencia que según se prevenía en ella debía executarse alas tres
horas de su intimación ; pero los Funes á quienes nada se reserbaba,
luego supieron la salida del oficial y su objeto, y se empeñaron con
la Junta de comisión para que se suspendiese la execucion, y se diese
parte á Buenos-Ayres adonde ellos se ofrecieron escrivir. No le s
fué dificíl conseguir la suspensión que acaso les seria conveniente
por sus fines particulares entonces, y hay motivo de creer que la
Junta de Comisión tenia orden de la gubernativa de no obrar nada
en Cordova sin acuerdo de los Funes (i) ; y alas 809 horas de haber
salido el oficial para la execucion, salió un expreso, con la orden de
suspensión que felizmente alcanzó antes de la intimación. Esta sus-
pensión, su tardanza, y quanto entonces se hizo es una tramoya y
no se halla sinceridad.
Es evidente que los Funes supieron la sentencia día antes que
llegase á Cordova y tubieron demasiado tiempo de impedir los pri-
(i) Véase efectivamente en Archivo^ I, 31, la nota de la Junta. El Anónimo está mny
bien informado.
i
35o ANALES DE LA BIBLIOTECA
meros pasos, y evitábanlos segundos cuio éxito era contingente; es
verdad que esto tubo un resultado ventajoso qual es el baberse ex-
cluido de esta barbara execucion al S' obispo, y aunque también lo
es que ya entonces la Junta de Buenos-Ayres habia revocado su
sentencia en ^sta parte, no habia llegado esta resolución á Cordova y
no podia tener efecto, y pudo tenerlo la primera : es incroyable(i}
que los Funes se glorian de haber salvado la vida del obispo ; acaso
fue este el único objeto de la tramoya ¿ pero por que no se glorian
asi los Funes de haber salvado á los demás ? Este cargo no les mas
pesado que otros que tienen de igual naturaleza. No se crea que esta
excepción tubo otro objeto que el de evitar las consecuencias que
debian seguirse de matar á un obispo.
Con la citada orden de suspensión dio la Junta de comisión de
conducir los lU*" Sentenciados á Buenos-Ayres, y que el Canónigo
Llanos y demás oficiales con todos los criados se llevasen á Cordo-
va ; cumplióse asi dejando aquellos SS. sin mas criados que los sir-
viesen que un esclavo cocinero del S' Liniers. Para cumplirla pri-
mera parte se entregaron los lU** presos al oficial Orien que pren-
dió al S' Liniers, dándole una escolta de 5o hombres; sin duda en
esta disposición se consultó la mortificación de estos SS. ; la prime-
ra diligencia de este oficial al recivirse de ellos fué un registro ge-
neral, en que los quitó quanto habian podido conservar, ó les habian
dejado los mismos oficiales que los prendieron y otras personas del
transito, de modo que iban casi desnudos, pues al que mas le dejó
tres mudas de ropa blanca excepto del S' Liniers aquien le dejó
únicamente la que tenia vestida, de forma que para limpiarla se
ponia la de otros, y hubo ocasión en que por labar toda la suya se
quedó enteramente desnudo metido en la cama.
Es necesario interrumpir esta relación para introducir otra no
menos interesante. Desde el momento en que el Exercito revolucio-
nario entró en Cordova, mandó en junta de comisión embargar
(i) Es galicismo del copista, como otros machos.
DOCUMENTOS SUBRE LIMEHS 3S>
lodos los vienes de lo? expresados SS. lo que se hizo con indicible
prontitud, pero fué para saquearlos, pues lo realmente embar-
gado no pasa de las casas y escalvos porque están despreciable
el valor de alguna otra cosa que se puede decir ninguno i'es-
pecio de lo robado, pues ni aun los uniformes parecen; ade-
mas exigieron la excomunión de que he hablado que no lubo
otro objeto que el de que pareciesen las alhajas ocultas para
robarlas.
Esta disposición no era mas que cumplir la de laJunla de Buenos-
\yres quien la acompañó con la horrorosa y hasta ahora nunca
oída entre naciones civilizadas, y quiza ni aun entre ninguna de las
mas barbaras, de qae permitUssen y autorizasen toda especie de in-
sultos a la familia del S' Liniers, se oyó ó viá tal ? Eran una parte
de esta sus dos hijas las Señoras Doña Carmen y Doña Enriqueta
de Liniers. esta soliera de i/| años, y aquella casada, de la de 17.
Menos bastaba paca una oficialidad lan corrompida, pero la provi •
dencia veló sobre ellas. Con el carácter de verdad con que obró en
estas exposiciones que solo sirven para demostrar hasta que punto
los insurgentes llevaban su odio contra el S' Liníers y todos los
demás que se oponian á su sistema, diré que el Gefe Ocampo tomo
todas las medidas para que no tuhiese efecto esta atroz orden, que
original conserva en su poder, y por el contrario, dispuso que las
personas de esta desgraciada familia fuesen respetadas; pero no
pudo impedir que sus oficiales y otros golpeasen furiosamente una
noche de música y borrachera la casa en que vivían estas dos seño-
ras en Cordova y el temor causase el hacer abortar á Doña Carmen
que estaba embarazada de pocos meses.
En este intermedio sabiendo la familia del S' Liniers el estado de
su respetable Padre, le enviaron al camino alguna ropa blanca que
caió en manos de Orien y nunca la llegó á ver S. E.
La prontitud con que se les hizo caminar desde la Aguadila y U
escasez de cabalgaduras, les obligó á caminar muchos días sin ca-
mas, y apasar las crueles noches de fcio del.mesde Agosto en esto-
35a ANALES DE LA BIBLIOTECA
esmiferio del Sur (i) envueltos en sus capotes. En uno de estos dias
hicieron noche en casa de una probre mujer, que se afanó en prepa-
rar para el S' obispo una cama la menos incomoda y mas decente
que pudo, pero habiéndolo observado Orien, usando délas expresio-
nes obcenas que precedían y acompañaban siempre atodo quanto
hablaba dijo á la mujer ¿ y que deja V. para mi ? y tomando el la
cama dejó a S. I. pasar aquella noche como los demás.
Los frecuentes registros que Orien hacia á sus presos los obligó a
entregar al negro cocinero algunas cosas que les ofreció la compa-
sión y les obligó á aceptar la necesidad; pero duró bien poco este
asilo por que habiéndolo observado Orien lo registró también y le
quitó todo y i3 pesos que tenia para comprar alimentos.
Otra probre mujer del transito que llegó á entender la desnudez
en que venian y que ella sin duda se figuro aun maior, compró
seis pañuelos de narices, mui ordinarios pero que acaso le costarían
todo quanto poseia, y bañada en lagrimas se lo distribuyó, y los
recibieron con el aprecio que en su sensibilidad merecian las de-
mostraciones de esta alma no menos sensible ; bien poco les duró su
posesión pues al siguiente dia fueron presa de Orien en el registro.
El D' Rodríguez era en estremo fumador en papel y por absoluta
falta del caminaba con mucha mortificación y compadecido de esta
uno del transito, le dio dos pliegos que por mas que el procuro
ocultarlos con el maior cuidado, también fueron presa de Oríen,
que se mostró con su acostumbrada fiereza, por mas que le encare-
cía aquel virtuoso hombre su necesidad, y solo consiguió rescatar-
los dando por ellos un par de charreteras de oro de calzón que habia
conservado hasta entonces por que les ocultaban las botas.
Se estrañará la franqueza con que algunos trataban y socorrían
alos presos por estar en oposición con el mal trato que digo recivian
de Orien, pero se satisface con decir que no era efecto de su
indulgencia, si no de sus vicios que precisándolo estos a que siempre
(i) El autor es europeo : ¿ un americano no se le ocurriría la observación.
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 353
que tenia ocasión jugase, y bebiese hasta ponerse ebrio y otros
desordenes menos decentes, abandonaba enteramente los presos á
otro oficial, quien con los soldados los miraban con alguna mas
atención y cuando Orien se llegaba á verlos, era solo para insultar-
los con obcenidades e injurias ; de este modo desahogaba el calor
del vino y el de la perdida en el juego ; no contento con lo que les
robó, y con presentárseles vestido con las mismas prendas, llegó á
tal grado su bajeza que hasta los pantalones del cochero del S*^
Liniers no se exceptuaron y los usaba.
Sabiéndose en Cordova que debian pasarlos por el lugar de los
Ranchos que dista 20 leguas de la Ciudad salió de ella con licencia
del General Ocampo el teniente coronel Urbano D. Manuel Derqui
sobrino politico del D' Rodríguez y secretario del Gobernador Con-
cha con una carretilla de bastimientos y ropa que enviaron las espo-
sas y familias de los 111'* presos, y con los criados que les quitaron
quando los prendieron ; todo les entregó y les suministro algún di-
nero propio, para lo cual los esperó en este lugar adonde llegaron
el 10 de Agosto y teniendo que demorarse para componer un coche
que se les habia descompuesto se alojaron en casa del respetable
Presvitero el maestro D. Felipe Ferreira quien desplegando su
fidelidad á la Nación, usó con estos SS. toda generosidad y nada
perdonó para obsequiarlos y servirlos.
Para proporconarles algún descanso se retardó la compostura
del coche; ni daba esto ningún cuidado a Orien que ocupado en
dar á sus vicios el pasto que le proporcionaba la tal cual población y
civilizasion de aquel lugar, y por otra parte obsequiado del presvite-
ro Ferreira que pudo vencer aparentemente la oposición y disonan-
cia que habia entre sus costumbres y las de Orien para merecer su
amistad y confianza a beneficio délos presos, y que logró obtener-
las con algunos sacrificios pecuniarios, franqueándole gratis reses y
cavallos para la tropa, no tubiera cuidado Oríen de permanecer
algunos meses en este lugar.
Por otra parte habia quien regalaba á los soldados y los tenia
AÜALSS DB LA BtSLIOTBCA. T. Itt a3
á
354 ANALES DE LA BIBLIOTECA
contentos y todo produjo el deseado efecto de que en los g dias que
permanecieron en los Ranchos fueron visitados y tratados de todos
quantos lo solicitaban, llegando hasta el punto de que S. I. acom-
pañado del Presvitero Ferreira y de un religioso de la Merced salió á
visitar la iglesia parroquial y otra que se estaba edificando á mas de
un quarto de legua de distancia, pero el párroco de este lugar D.
Manuel Aguirre nunca se presentó á saludar á su obispo. En la
misma tarde el presbitero pidió á Orien una hermosa escopeta de
dos cañones del S' Liniers á quien la presentó para que saliese á
cazar como lo verificó ; pues era su pasión dominante.
En el propio lugar se presentó al S' Liniers un soldado que ser-
via á Orien con una caja de oro guarnecida de brillantes propia de
S. E. que estaba tasada en el Rio- Janeiro en ySoo p* fuertes (i) di-
ciendole que aquel se la mandaba vender 4oo p* y que de ellos
pudiese rebajar 5o y que sabiendo era de S. E. creiendo que balia
mucho mas le proponia si quería tomarla; agradeció elS' Liniers
esta propuesta y temiendo que fué alguna trama de Orien se balió
del presbitero Ferreira para que facilitase el dinero y la comprase
como para si ; sin embargó el soldado lo comprendió y al tiempo de
recibir el dinero pidió á S. E. se le entregase lo p" menos que Orien
le habia ofrecido para el si la vendia. No podia la generosidad del S*^
Liniers admitir esta noble acción, y haciendo que se le entregasen los
I o pesos, le manifestó con toda la emoción de su sensibilidad la pena
que tenia en no haberlo conocido en el tiempo de su mando y tomando
su nombre le ofreció tenerlo presente quando las circunstancias le
fuesen mas favorables y premiarlo como merecía su buen corazón .
A los dos dias el mismo soldado hizo igual venta en dos onzas de
oro de un alfiler de pecho de un solo brillante abaluado en 1 200 ;
p* también de la propiedad de S. E. y que por su orden tomó el pres-
bitero Ferreira. Del valor y aprecio que hizo Orien de estas dos
alhajas se pueden deducir sus conocimientos.
(1) ¿No sobrará un cero ?
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 355
Estas alhajas las tenia en su poder el S*^ Liniers quando lo pasaron
por las armas y no se ha sabido su paradero, que no lo ignoran
Castelli (i) y sus socios en aquella horrenda acción.
La libertad que se ha dicho gozaban en los Ranchos los presos; la
buena disposición en que se hallaban los soldados para con ellos
particularmente con el S' Liniers á quien era imposible tratar y no
amarlo y á quien siempre llamaban nuestro libertador, hizo ocurrir
a dos sugetos de aquel lugar la idea de proporcionarles la fuga á
tierra de los Indios Pampas que amaban en extremo al S' Liniers
por el buen trato que de el recibieron mientras fué Virrey y por la
misma razón al S' Concha desde que le conocieron Gobernador;
debe adbertirse que en el tiempo del mando del S*^ Liniers vinieron
á visitarlo infinidad de Indios por conocer al vencedor de los ene-
migos que atacaron aquel pais.
Convinado perfectamente el plan de fuga se lo manifestaron á
los 111^ presos haciéndoles ver que en dos o tres dias podian llegar
pues estaban auxiliados con mas de 200 caballos excellentes, de
prácticos ó baqueanos del camino, dinero y armas y que ellos mis-
mos los acompañarían; añadiéndoles que entre los Indios estarían
con seguridad hasta ver con el semblante que tomaban las cosas a
donde podian pasar con utilidad del estado : Ninguna objeccion
hicieron ala facilidad y total seguridad del plan, pero hubo diversi-
dad de parecer entre ellos en favor y contra la fuga, y por fin todos
convinieron enque se interesaba mas la buena causa en que siguie-
ron viaje á Buenos-A yres, pues la presencia del S' Liniers, sus
conexiones y el ascendiente que tenia sobre las tropas como lo esta-
ban observando y aun sobre algunos individuos de la Junta (tal
creian) podría producir que se córtasela revolución o de moderarse
en los sangrientos efectos que calculaban. En almas tan nobles no
podian caber las intenciones de las de los infames, que estaban
(i) Parece inadmisible respecto a Castelli ; sin embargo, en su proceso de residencia,
además de los cargos contra su crueldad ó fanatismo patriótico, los bay también contra
su probidad .
i
356 ANALES DE LA BIBLIOTECA
metidos en la revolución y el que reflexione sobre el contenido de
este parágrafo y el anterior no podrá dudar que si las tropas del
mando del S*^ Liniers en Cordova llegan a permanecer reunidas
hasta presentar acción á los revolucionarios, reporta ( i) sobre ellos
la victoria.
Si el Dean Funes y su hermano no tubiesen un particular in-
terés en las muertes de estos 5 SS. no no atropellaran lo que les
dictaba la gratitud respecto del S^ Liniers y la caridad y obligación
respecto de todos, pues pudieron hacerles avisar del riesgo en que
se hallaban para que procurasen librarse de el (y hubieron aprovecha-
do la anterior propuesta) sin que temiesen quedar comprometidos
por ser descubiertos pues asi Derqui, como el presviteroD. Gonzalo
Mitanes sobrino y familiar del S' Obispo que de Cordova pasaron
alos Ranchos averíos no eran sugetos capaces de descubrir el secre-
to. Nadie ocurra al pretesto de que lo ignorarían pues se sabe que el
Dean Funes antes de executarse la sentencia la confió al D** Don
Alejo Martines y a otros. Su sabiduria aunque no sea tanta como
algunos la suponen es la bastante para no ignorar que no estaba obli-
gado aguardar el sigilo y que debia impedir la execucion de una
sentencia que aun supuesta justa (que el sabia no lo era) infringía el
derecho natural y... sigamos los hechos.
El 1 5 de Agosto solicitó el presvitero Ferreira permiso de Orien
para que celebrase el S*" Obispo el Santo sacrificio de la Misa en
aquella festividad cuia privación mortificaba infinito á S. I. que es
mui espiritual y solo consiguió por respuesta que el reo de estado no
podía decir misa. Viendo Ferreira que sus esfuerzos habian sido
inútiles se valió de una mugerzuela aquien obsequiava Orien y por
este conducto de ignominia se consiguió que al siguiente dia i6
digese Misa el S' obispo y en ella comulgaron con especial devoción
y recogimiento interior los 5 SS. restantes y luego todos junios
renovaron entre si el Juramento que habian hecho de fidelidad á
(i) No es, como pudiera creerse, un galicismo : reportar tiene en castellaao el mismo
sentido de conseguir ó alcanzar que el francés femporter.
DOCUMENTOS SOBRE LLMERS 357
Fernando 7'' y ala nación Española de defender sus derechos y de-
rramar su sangre por la justa causa que seguian. Esta comunión
sin pensarlo ellos fué el sagrado viatico con que á los 10 dias entra-
ron en la eternidad.
Antes de salir de los Ranchos se sacaron los grillos al Tesorero
Moreno por lo mui enfermo que estaba de las piernas ; se ere que el
habérselos puestos fué efecto de personalidad de Norverto del Signo
natural y vecino de Cordova á quien la Junta Guvernativa habia
nombrado Auditor de Guerra de aquella expedición ó llámese exer-
cito y dictaba todas las providencias ( i).
El 19 : siguieron el viage á Buenos-Ayres mandando ya la escolta
el Ayudante mayor de Dragones de Buenos-Ayres graduado de ca-
pitán D" Manuel el Garajo(2)por haberse relevado á Oriená solici-
tud de la tropa ; Este nuevo comandante apesar de que olvidado de
sus obligaciones de veterano militar reconocióla Junta y obedecien-
do la custodiaba á tres Gefes á quienes debia por ordenanza obede-
cer contra ella, les trató con todo el decoro debido, esmerándose en
asistirlos con toda puntualidad; si sabia su destino (como es de
creer) hacia lo que los antiguos sacerdotes de los Ídolos que cuida-
ban mucho la victima que habian de sacrificar.
Sin cosa digna de notarse caminaron hasta el 25 que hicieron
noche en la posta de Gutiérrez (3) que dista 67 leguas de Cordova y
10 1 de Buenos-Ayres, bien ágenos que esta era la ultima noche de
su vida.
En esta posta los esperaba un oficial y escolta de la tropa que ha-
bia sacado de Buenos-Ayres el feroz D' Juan José Castelli vocal de
la Junta ; la mañana del Domingo 26 de Agosto se recivió de ellos
(i) La exactitud del dato es tanto más significativa, cuanto que el nombramiento (en
reemplazo de Chiclana) es del 10 de agosto, os decir de muy pocos dias antes del hecho
relatado. Chiclana pasó á Salta con misión especial (luego fué gobernador) y nunca des-
empeñó sus funciones de auditor.
(3) Manuel Garayo.
(3) Seria el nombre del dueño ; era la Esquina de Lobatón.
358 ANALES DE LA BIBLIOTECA
el coronel Domingo Frenche intimando orden á Garuyo de que no
diese un paso adelante y guardase aquel punto. Frenche antes de
marchar pidió á cada uno de los SS. una nabaja pequeña que se les
habia permitido para comer y entonces el D' Rodríguez dijo á los
demás compañeros hoi compareceremos en el tribunal de Dios,
A las ocho y media de la mañana de este dia salieron de esta
posta y llegaron después de las lo a poco mas adelante de un para-
ge llamado el Puesto distante tres leguas de la posta : aqui los en-
contró el teniente coronel Juan, Ramón, Valcarce que también salió
de Buenos-Ayres acompañando á Castelli : en el mismo lugar en que
Valcarce los encontró hizo quedar sus equipages con todos los cria-
dos y dirigió los coches acia un pequeño bosque llamado el monte
de los Papagayos distante del camino cosa de un quarto de legua y
dos leguas de la posta llamada la Caveza del Tigre.
Valcarce iba al lado del coche del S'^ Liniers quien viendo que
los separaban del camino le preguntó Valcarce que es esto ? y el le
contestó no lo sé otro es el que manda : Llegados al bosque hallaron
la tropa formada ; esta se componía de 4o usares del esquadron
llamado del rey, todos estrangeros (i) que se habían desertado délos
Ingleses en las acciones de Buenos-Ayres, pues no se atrevieron
allevar españoles : Mandáronles bajar de los coches y conforme ba-
jaban les amarraban los brazos atrás de lo que solo fué exceptuado
el S' Obispo. El S' Liniers que bajó el tercero presentó al soldado
que iba a atarlo, el cordel con que antes lo habia sido diciendole
asegúrame con este para que ya que el empezó mi ignominia la con-
sume, ((Estando ya todos asegurados se acercó el cruel Castelli y les
hizo leerla sentencia concevida en estos términos. La Junta Supre-
ma Gubernativa de las provincias del Rio de la Plata ha determina-
do que dentro de tres horas sean arcabuceados el General Liniers el
Brigadier Concha, el Coronel Allende el Asesor D' Rodríguez y d
Tesorero Moreno » . A dicho terminó agregó una hora mas de su
( i) El dato tiene que ser exagerado ; nunca se dijo que en el escuadrón de los Há»-
res de Puejrrredón (mandados ahora por M. Rodríguez) fuesen Unto> los ingleses.
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS SSg
parte el sanguinario Castelli. Quiso hablar el S*" Linicrs pero tomó
ia palabra el S' Obispo y derramando muchas lagrimas se puso de
rodillas para abogar por ellos, y apenas habia dicho que como se
les condenaba á muerte sin oírlos ? que porque se les pribaba de los
auxilios espirituales como es la sagrada comunión, y se profanaba
la festividad del Domingo?... quando le interrumpió Frenche
diciendole Calle Vd Padre que aun no sabe la suerte que le espera.
El D' Rodríguez con voz Grme y su inalterable serenidad dirigién-
dose al denaturalizado Castelli a quien conocía le dijo « D°' Castelli
«sesto conforme á la Jurisprudencia que Vd ha estudiado? ¿ Quería
V" que adoptásemos un sistema que empieza de este modo? Aun
qaando no hubiera el motivo de fidelidad á Dios, al Rey, y día Na-
tion, me considerarla feliz, en morir por no ser testigo de los horro-
res que anuncian estos principios : Castelli se desentendió y tomando
la voz el S'Liniers dijo « Todo es en vano, estamos en la mano de
la fuerza; conformidad ; mucho mas merecen nuestras culpas; mas
glorioso no es morir que suscribir alas miras de la Junta; Morimos
por defender los derechos de nuestro Rey y de nuestra Patria, y nues-
tro honor ba ileso al sepulcro »> . Calló y pidió al S' Obispo le sacase
de su bolsillo el rosario y paseándose lo rezó y continuó paseándose
preparándose para la confesión, todo con tal nobleza y entereza que
aseguran algunosde losque estaban presentes (i) que en aquel estado
de ignominia y con los brazos atados, parecia mas glorioso que en
sus victorias de la Reconquista y defensa en que con heroica intre-
pidez despreciaba las balas enemigas. Este Señor y el Coronel Allen-
de hicieron su confesión con el S"' Obispo y los tres restantes con su
secretario el Padre Ximenez.
Habian atado con tanta crueldad al S" Concha que no pudiendo
sufrir el dolor rogó al P* Ximenez pidiese al oficial que lo custodiaba
le hiciese aflojar un poco la ligadura mientras se confesaba para
hacerlo con sosiego; el Padre lo executó con lagrimas que solo ob-
(i) El aator no fué testigo ocular.
36o ANALES DE LA BIBLIOTECA
tubieron una insolente y barbara repulsa la que oyó el S*' Concha
en medio de sus dolores con la serenidad que nunca le desampa-
raba.
Castelli retiró al S*"' Obispo á quien dijo que no podia serle grata
aquella trágica escena e hizo la señal de haberse cumplido las cuatro
horas siendo las dos y media de la tarde y se executó la atroz sen-
tencia.
Quisiera poder satisfacer la curiosidad del publico que siempre
manifestó el maior interés en saber las ultimas expresiones que
salen de los labios de los hombres grandes en el momento de sufrir
una muerte de esta naturaleza, porque las considera como una pre-
ciosa emanación de su heroicidad ; no hai duda que atendido el ca-
rácter de estos 5 Ilustres Mártires déla fidelidad Española, en estas
quatro horas habría sucesos mui dignos de la historia, pero hasta
ahora me ha sido posible recoger todas las noticias individuales y
me linsogeo que las expresiones que referiré son ciertas en el
todo (i).
El S**' Liniers en el acto de vendarle los ojos dijo, quita nunca he
temido la muerte y mucho menos guando muero por mi fidelidad ala
Nación y al Rey ! ! En voz perceptible imploró el auxilio de Mana
Santísima (bajo el titulo del Rosario de quien siempre fué mui de-
voto) incado de rodillas y con la vista fija en los soldados que es-
taban con las armas preparadas les dijo « ya estoy muchachos » y
haciendo a este tiempo la señal el oficial Juan Ramón Valcarce se
hizo la descarga por impericia ó perturbación de los soldados, sin
embargo de los seis tiros que le dirigieron, caió en tierra con todas
las señales de vida, le dispararon dos tiros mas, y no murió hasta
que Frenche le disparó una pistola en la frente.
El D*" Rodríguez con la serenidad que le inspiraba su vida
exemplar con que edificó al pueblo de Gordo va, muchos años (2) á la
(i) El autor ha procuradlo recoger datos fidedignos, procediendo como historiador.
(a) Parece que falta algo ; podría corregirse asi ; ateniéndome á la relación etc. Sio
duda se refiere al P. Jiménes.
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 36i
dirección de uno de los sa cerdotes mas espirituales que hai alli, a)
tiempo de vendarle los ojos dijo en alta y firma voz « declaro que
muero mui gustoso por Dios, por el Rey y la Nación; prefiero esta
ignominia alas grandezas que me ha ofrecido el intruso gobierno :
el Rey y la Nación atenderán d mi familia infeliz !!
El Tesorero Moreno después de vendados los ojos pidió reconci-
liarse y habiendo concluido dijo en alta voz « En este momento de
dar cuenta d Dios, declaro que tengo por injusta y revolucionaria la
Junta de Buenos Aires : muero por la justa causa y cito para ante el
tribunal de Dios alos que son causa de mi muerte.
El que 0} ó estas palabras no pudo dar razón de las que dijeron el
Brigadier Concha y el Coronel Allende, y apenas se puede decir
aquien corresponde la preferencia en el valor y religiosidad que tan
heroicamente se disputaban entre estos 5 Mártires.
El 111"'* S*"" Obispo aseguró que envidiaba la disposición con que
se presentaron ala muerte pero a pesar de no haber podido recivir los
últimos alientos de sus Ilustres compañeros por el paréntesis que
como se ha dicho parece hizo la ferocidad de Castelli ; fué tal la im-
presión que causó en S. I. la descarga que le ocasionó un temblor
general que parecia mortal el que le duró tres dias en los cuales
no pudo tomar otro aliento que agua. Esta preciosa vida que Dios
quiso conservar dará noticias mui circunstanciada é interesantes pues
su Secretario el P" Ximenez que no se separó de ellos hasta después
de [su] muerte puede (i) darle todas las que no presenció y la Nación
tendrá todos los conocimientos que la confianza en el alto grado
de aprecio que tiene la memoria de esas victimas aunque llorará la
perdida irreparable que experimentó.
Concluida la horrible e inaudita carnicería fueron algunos solda-
dos atraer las carretillas de los equipages que como se ha dicho
quedaron en el camino con los criados, para conducir los cadáveres
ala Iglesia del lugar de la Cruz Alta que dista sobre 5 leguas, mas
(i) ¿Podo?
36a ANALES DE LA BIBLIOTECA
acia Buenos-Ayres. Sin embargo del tiempo que medió en esta
diligencia y en la descarga de las carretillas que debió ser de alguna
consideración ; quando los criados alzaron los cadáveres para po-
nerlos en las carretillas advertieron que el Brigadier Concha aun
estaba vivo, boqueaba y se estremecia y habiéndolo avisado al ofi-
cial encargado de acompañarlos hasta darles sepultura, contestó
con serenidad no importa, echadlo que el se morirá; No es admira-
ble la exactitud con que los rebeldes han aprovechado todas las oca-
siones de acreditar que exceden en ferocidad alos maiores tiranos?
Llegados ala Cruz Alta se hizo abrir una zanja en el campo al lado
déla Iglesia, con intervención del Teniente cura que era un religio-
so de la Merced para quien iba una orden de Castelli, y el oficial no
se separó hasta que los vio sepultados y se asegura que el Brigadier
Concha espiró en el sepulcro. Este religioso al siguiente dia los hizo
desenterrar y abriendo una sepultura mas amplia en el mismo
lugar en que antes los hablan hechado unos sobre otros, colocó to-
dos los cadáveres con separación y poniendo una cruz á la cavezera
puso en el brazo derecho de ella las iniciales de los apellidos por el
orden en que estaban y es asi : L. R. C. M. A. para que pueden al-
gún dia sus familias recoger las reliquias de tan ilustres victimas (i).
Este virtuoso religioso desempeñó su ministerio rezándoles el oficio
de Difuntos y bendiciendo el terreno déla sepultura pues el orden de
Castelli le prevenia fuese sin pompa alguna.
Quando se supo en Buenos-Ayres estos asesinatos mandó la Jun-
ta uno de sus Ayudantes adar orden en todos los templos de la ciu-
dad que por ningún pretexto hiciesen exequias por alguno de los 5
difuntos.
Este cumulo de atrocidades que tanto excita á la Nación al justo
castigo parece que ya mereció en parte el Divino, pues el D' Maria-
no Moreno secretario que fué de la Junta y uno de los mas sangui-
narios murió casi á la vista de Inglaterra (adonde iba en comisión)
(i) A esto queda reducida la famosa leyenda de Clamor.
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 363
de una violenta enfermedad y sin ningún sacramento manifestando
hasta el ultimo suspiro su impenitencia. Esto acaeció alos 7 mes
poco mas ó menos de aquellas muertes, y con poca diferencia de
tiempo murió en Buenos-Ayres el presvitero Manuel Alberti (i),
Tocal de la Junta sin recivir ningún sacramento apesar de que por
tres veces le anunció el medico su próxima muerte y le mandó se
dispusiese.
Este fué el ñn que los dignos Españoles Liniers, Concha, Allende,
Moreno y Rodriguez prefirieron alas lisongeras ofertas que les hi-
cieron por escrito y de palabra, pues con este objeto pasó á Cordova
á mediados de Junio el D^ Mariano Irigoyen hermano politico del
Brigadier Concha y recivió por respuesta general, después de las
mas enérgicas repulsas individuales el presenciar el solemne jura-
mento de reconocimiento y obediencia de Supremo Consejo de Re-
gencia establecido en la Isla de León que entonces exercia la So-
berania de las Españas cuio juramento se hizo con la maior
Solemnidad y pompa posibles, y no teniendo formula que seguir
pues no tenia n mas que la noticia de haberse instalado siguieron la
instrucción remitida para el reconocimiento de la Suprema Junta
Central y lo prestaron sobre los Santos Evangelios, todos los Gefes
en manos del S°' Obispo y luego todas las corporaciones y la maior
parte del Pueblo en las del mismo y del Governador Concha. El
S***" Obispo pronunció con este motibo una oración en que ostentó
su acendrado patriotismo y erudición ; lo mismo repitió en todas las
festividades de aquella corta época, y este fué el asunto de sus con-
versaciones y la causa de sus padecimientos; la infracción de este
Juramento es un crimen mas que tienen sobre si varios de los revo-
lucionarios del Tucuman, menos perdonable en el Dean Funes y
otros Eclesiásticos y seculares de instrucción. Parece que este mismo
Juramento hicieron á imitación de Cordova los demás pueblos del
Virreinato aquien dieron noticia de su resolución.
(1) Alberti murió el 3 de febrero de i8ti ; sabido es que no votó por U muerte.
Castelli murió el 13 de octubre de 1813.
364 ANALES DE LA BIBLIOTECA
La misión de Irigoyen se dirigia particularmente á los SS'* Con-
cha y Rodríguez juzgando por sus connataciones con el primero y
antigua amistad con el segundo podria venzerlos y atraerlos á su
partido pero solo sacó nuevos convencimientos de la heroica cons-
tancia de aquellos, y de los demás citados pues el Señor Allende que
habia mas de 3o años obtenia el empleo de Coronel de Exercito con
un sueldo, no haciendo aprecio del olvido del antiguo goviernopara
su ascenso, escrivió á un amigo suyo á Buenos-Ay res diciendole (» me
acreditarla de indigno dios gracias y distinciones que desde mi juven-
tud gozo, si en estas circunstancias trepidase un momento en seguir la
causa de la nación y oponerme d los revolucionarios » y esto se hizo
tan publico como su desidida resistencia atodos los que intentaron
seducirlo. Estas pretenciones eran obra del temor y asi fueron maio-
res las que hicieron con el General Liniers que era á quien mas te-
mian y la Junta no perdonó medio para hacerlo entrar en su partido
ó separarlo del contrario. Le mandaron un o&cial con las mas lison-
geras ofertas ; obligaron á algunos de sus amigos de Buenos-Ayres
aque le escriviesen haciéndolo también con ellos, últimamente el
Presidente Cornelio Saavedra esigiendo deel únicamente que se
retirase á su casa de campo y fuese un tranquilo expectador, pero
como eso no estaba en sus principios, contestó únicamente á todos
y con mas ostensión y firmeza á los Gefes militares a que nunca po-
dria suscrivir ó reconocer un govierno que desconocía el superior de
la Nación, que separándose de la Madre Patria no veia en ellos mas
que infractores de los sagrados derechos que unen ambos Mundos
que como oficial general, mas que otro alguno se consideraba obli-
gado d declarar abiertamente contra todo individuo ó corporación
que se separase de la unidad de la nación Española, cuios derechos
sostendría hasta derramar la ultima gota de sangre d Vista por la
Junta de Buenos-Ayres esta heroica declaración determinaron á
toda costa asesinarlo, y con este objeto salieron tres asesinos de
Buenos-Ayres que fueron encontrados por Irigoyen quando regresa-
ba en las cercanias de Gordova y habiéndole comunicado su intento
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 365
procuró disuadirlos dándoles por imposible la empresa, y logró se
retirasen como el lo hacia bien desengañado de que eran incorrupti-
bles los que el soñó vencer.
No fué este el ultimo atentado que porlas razones expuestas adop-
taron contra el General Liniers; poco satisfechos Ipolito Vieites y
Antonio Yalcarce de la suspensión de la execucion de la sentencia de
muerte que se hizo en la Aguadita, mandaron al Cirujano de su
exercito F. Madera disponer un veneno, y efectuado lo mandaron á
la Villa de los Ranchos para que alli se le diese al S^ Liniers en la
comida ; quando llegó á los Ranchos el veneno, ya habían salido los
SS. y fué en su seguimiento pero con la feliz casualidadde no haber-
los alcanzado, y quando llegó á la Posta de Gutiérrez ya se sabia su
muerte y retrocedió á Gordo va dirigido á la Junta de comisión : lo
recivió Ocampo, que ignorando lo que contenia llamó un boticario
paraquelo reconociese y habiéndolo hecho y dicho lo que era, entró
Vieites que preguntado por Ocampo aque se dirigia aquel veneno,
contestó « lo hemos dispuesto para acabar con el picaro de Liniers,
pues V" no quiso dar cumplimiento alas ordenes que traia ; pero ya
no es preciso » Ocampo quedó asombrado al ver esta atrocidad ; que
no era posible poner por obra sin que muriesen todos los demás
pues todos comían igualmente, y no hubieran gozado de los auxi-
lios espirituales que después tubieron.
La Junta de Buenos-Ayres declaró vacante el obispado de Gordo-
va y se hizo tocar en Gordova a sede vacante por el Dean Funes que
en ausencia de los demás canónigos se hizo el solo Gavíldo Eclesi-
sastico y dio cumplimiento al orden que se dirigió al Guerpo.
El S""^ obispo desde el momento del asesinato de sus compañeros
fué conducido preso á la Guardia de Lujan que es una de las de la
frontera de Buenos-Ayres en donde permaneció sobre i4 meses que
sufrió con su mansedumbre Evangélica y le asignaron una corta
pensión para su alimento que creo no le pagaron. S L no perdió el
tiempo durante su prisión usando de su Sagrado Ministerio con
consentimiento del Señor obispo de Buenos-Ayres y aun de la Junta
366 ANALES DE LA BIBLIOTECA
hasta que en últimos de Octubre de 1811, sin que el lo solicítase
fué llamado á Buenos-Ayres por el nuevo gobierno executivo en
donde una Junta de Teólogos y Juristas que nombró el mismo go-
vierno declaró que todo quanto se había obrado contra S. I. era
violento é ilegal y en Enero después que se cerró la comunicación
entre Buenos-Ayres y Montevideo pasaron á S. I. orden para resti-
tuirse á su obispado en donde será de general utilidad particular-
mente á las 4 viudas y 19 huérfanos que pueden gozar las gracias
que esperan de la magnánima e invencible Nación Española se hallan
en la maior necesidad por subsistir embargados todos los vienes sin
exceptuar los dótales, y no haberlos dado los rebeldes el mas míni-
mo socorro ni aun permitidoles gozar del Monte pío á que tienen
derecho.
En conclusión ; los Gefes de Cordova todo emprendieron y nada
omitieron para consolidar la opinión publica contra la revolución.
Quantas reflexiones pudiera hacer sobre estos hechos me parecen
inútiles pues las harán los justos y sensibles, y serian inútiles ales
iniquos y perversos á quienes conviene manchar el honor que claro
como el sol a medio dia han manifestado siempre todos y cada uno
de los 5 mártires del Patriotismo Español pues que solo á esta som-
bra pueden mantener laque cubre sus delitos... y sobre todo la ver-
dad y la justicia no necesitan apologistas.
No puedo pasar en silencio la no menos recomendable memoria
de los SS. D. Vicente Nieto Mariscal de Campo y Presidente de la
Audiencia de Charcas, D. Fransico de Paula Sanz Caballero de la
Real y distinguida orden Española de Carlos tercero Intendente de
exercito y Governador Intendente de Potosí y D. José de Cordova y
Roxas Capitán de Fragata de la Armada y Mayor General del exer-
cito Nacional del Perú que el 1 5 de Diciembre de 18 10 fueron muer-
tos en la Villa de Potosí.
La distancia y la incomunicación no me permiten dar una relación
circunstanciada, pero si me consta que estos SS. desde el principio
manifestaron la mas decidida adhesión ala causa de la Nación y del
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 367
Rey ; que particularmente el S**' Sanz prestó auxilio de dinero alos
Gefes de Cordova y fué el conducto principal de [la] comunicación
de estos con los demás del Reyno y con el Señor Abascal y socorrió
en quanto pudo alos otros gefes con especialidad al S** Nieto.
Después que el feroz Castelli regresó á Buenos- Ay res adar cuentas
de los asesinatos que acababa de cometer, se resolvió que el exercito
que hasta entonces habia permanecido en Cordova continuase su
marcha al Peni, en donde habia crecido el partido de los reveldes.
Se le confió su dirección y mando con el pomposo titulo de vocal
Plenipotenciario, y haciendo retirar al General Ocampo cuia mode-
rada conducta estaba en oposición con las miras sanguinarias de la
Junta, dejaron el mando inmediato de las Armas en Antonio Val-
caree ya entonces Coronel, y ambos haciendo jurar con la fuerza
alos pueblos del transito reconocimiento y obediencia ala Junta lle-
garon hasta Santiago de Cotagaita.
Son bien sabidas las disposiciones que tomó el general Nieto para
poner aquellas provincias en estado de defensa. Una victoria que
reportaron sus tropas sobre las de los insurgentes en Santiago de
Cotagaita fué el fruto de aquellas y el efecto de las fortificaciones que
lebantó en aquel punto D. José de Cordova. No duró mucho el de
esta victoria, pues la persecución de los insurgentes que intentaron
después les ocasionó una pequeña derrota en Suipachia. El general
Nieto resolvió abandonar las fortificaciones de Cotagaita y el resul-
tado de esta disposición fué quemar todo el campamento y las muni-
ciones y se retiraba á la costa por el despoblado sin entrar en Potosí.
Cordova pasó á Chuguisaca y fué preso en el camino y apenas se
supo en Potosi lo acaecido trató el Intendente Sanz de abandonar
aquel punto que le era ya imposible sostener y pasar al Desaguade-
ro á reunirse con el S°' Goyeneche (que por orden del S' Virrey de
Lima se habia situado alli desde el principio de la Revolución) lle-
vando 200 g) pesos en oro del Erario para salvarlos y fué preso por
el Cavildo quien lo presentó á disposición del cruel Castelli y gefes
del exercito insurgente quando entraron en aquella villa, lo mismo
368 ANALES DE LA BIBLIOTECA
que hizo con Cordova aquien pasaron alli inmediatamente que fué
preso. Este Cavildo después de este delito cometió el de obsequiar
á Gastelli hasta pasarle 5oo pesos oro diarios para la mesa todo el
tiempo que permaneció en dicha villa.
El general Nieto por su abanzada edad no pudo hacer largas jor-
nadas y á los i6 o 1 8 dias de viaje aun se hallaba á i8 o 20 leguas
del primer pueblo de la Costa perteneciente al Vireinato de Lima,
y aqui fué vendido por el baqueano ó guia que lo conducia, que
quitándole las muías y dejándolo imposibilitado de poder seguir su
marcha lo denunció al Alcalde del Pueblo de Colcha, anejo de S"
Cristóbal de Lipis, quien se apoderó de su persona, equipage y
criados y de su Ayudante y secretario el teniente del regimiento de
Infantería de Buenos- Ay res D. Joaquin Teran. El D' Sánchez Cura
de Tomari Capellán de dicho General pudo escapar por no estar
comprendido en la requisitoria que ya tenia el Alcade aprensor. La
misma noche de la prisión llegó una partida de tropa despachada de
Potosi a perseguir aeste desgraciado General que se recivió del y
demás expresados y lo condujo adicha villa. Se cree que el teniente
Cura de Tomari en donde tomaron el guia, fué quien ganó a este
para la entrega y quien dio parte á Potosi del camino que llevaban.
En el transito hasta Potosi fué bien tratado el General Nieto por
el oficial que mandaba la tropa, pero lo insultó altamente un oficiaK
Joven de Buenos-Ayres llamado José María Echauri que no respeto
ni la graduación ni la edad.
Llegados á Potosi los pusieron en la casa de moneda donde se
hallaban los SS. Sanz y Cordova, á este le dejaron en un cuarto, y
en el del S"^ Sanz metieron al S*^ Nieto, y en uno bajo á Teran a acom-
pañar a D. Manuel Sánchez Moscoso ya relacionado que fué Ayu-
dante del S' Liniers y sucesivamente a Cordova, y al padre Prefecto
del Hospital Betlemitico de aquella villa que estaba preso por que
auxilió la fuga de algunos oficiales del exercito de Nieto; estando los
tres con tanta incomodidad que no cabian acostados.
Todo el tiempo que duró la prisión fué del maior tormento para
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 869
los SS. Nieto, Sanz y Cordova, pues cada media hora de la noche
un oficial que iba de ronda, no se contentaba con verlos, si no que
les recordaba.
Sin formarles mas proceso que una declaración que se tomó á
cada uno en que solo seles preguntó por su dinero y el del Rey (sus
propiedades particulares, lashabian robado al tiempo de las prisiones
respetivas) alas diez de la noche del i4 de Diciembre se les intimó
sentencia de muerte concevida en estos términos « En atención alos
delitos de Alta traición que contra el Rey y la patria han cometido
el General Nieto, el Gobernador Sanz y el Capitán de Fragata
Cordova, serán pasados por las armas dentro de diez horas que se
le dan de termino para disponerse. Al oiría el S' Sanz dijo « que era
falso qiianto se suponía que en mas de 30 años que servia d S.
M. no le arguia su conciencia haberlo seroido mal, que antes por
el contrarióse lisongeaba haberlo servido lo mejor que habia podido,
y mas particularmente en la ocasión presente y... queriendo conti-
nuar se lo impidieron los frailes que estaban presentes, diciendole
que debia prescindir de todo y aprovechar los momentos para dis-
ponerse como católico, y oido esto dijo « que moria presente y libre
de todos los crímenes que se le imputaban; que su delito no era otro
que el de haber caido en tales manos, pero que su posteridad venga-
ría su muerte » Pidieron mas termino para disponerse, y que se les
tragesen, al S*^ Sanz su confesor que lo dirigia habia muchos años ;
al S' Nieto uno que eligió y al S' Cordova un clérigo con quien ha-
bia hecho confesión general desde el siguiente dia que entró preso
en Potosi. El feroz y sanguinario Gastelli que fué el que dio esta
sentencia, les concedió dos horas mas de vida, y les negó la elección
de confesores, precisándoles á que todos fuesen confesados por los
Capellanes de su Exercito, que lo eran entre otros dos Frailes de la
Merced de Buenos- Ay res que escandalizaron todos los pueblos don-
de han estado por sus vicios y desordenes ; y siendo la irreligión su
principal distinto, sin duda quiso Gastelli que le revelasen las con-
iesiones, y no se puede dudar lo hiciesen.
ASALIS DI LA BIBLIOTECA. T. Itl sd
370 ANALES DE LA BIBLIOTECA
Alas I O de la mañana del siguiente día i5 fueron sacadas estas-
III''' victimas ala plaza publica de Potosi en donde estaba formada
la tropa con vanderas, y haciéndolos hincar al pie de ellas les vol-
vieron á leer la sentencia que lo hizo el oficial Máximo Zamudio y
se acidentó al concluirla. El S*^ Sanz repitió en alta voz todo quanto
habia dicho en la prisión en el acto de la notificación que queda re*
ferido. El S' Gordova que aunque iba con los ojos vendados pudo
ladeando la cabeza ver las vanderas dijo « Estas vanderas no son del
rey mi Señor » le contestaron que si lo eran y añadió no las conoz-
co ¿está aqud el banquillo ? y contestándole que estaba mas adelante
dijo paes llévenme ael; lo hicieron asi con sus dos compañeros y los
tres fueron arcabuceados, dejando admirados atodos los especta-
dores por la religiosidad y valor con que se presentaron á la muerte,
no necesitando que los auxiliasen pues ellos mismos lo hacían.
Es de notar que todos los Indios amaban tiernamente al S' Sanz
que siempre los trató como á hijos y desde que supieron su prisión
no se apartaban un momento de sus cercanias para lograr verlo por
una ventana de su prisión que caia ala Galle y cuando lo conseguían
le indicaban con sus desmostraciones, su pena y sentimiento por
el, á tal grado que llegó atemer intentasen alguna cosa, y se pribó
de recivir este agradable homenage de gratitud y ciertamente fué el
partido mas prudente, pues como sabia Gastelli que si podia culpar-
se á Sanz seria por algún exceso de bondad, temió algún movimien-
to popular y dio la orden para que en el acto de percivirse el mas
mínimo rumor que indicase revolución, pasasen por las armas alo-
dos los presos ; y para facilitar mas la operación tenían en el palio
dos cañones cargados a metralla, y cualquiera acción mas viva de
los Indios podía producir la execucion.
Seis sugetos mas estaban condenados á muerte y exceptuados en
un yndulto general que publicó Gastelli pero á ninguno de ellos
pudo aprender. El Gonde de Gasa Real de Monedo, D. Indalesio
González de Socasa Goronel del regimiento provincial de Potosi y
el D' Gánete Asesor del Govierno de Potosi, son tres de los 6 que
DOCUMENTOS SOBRE LINIERS 371
felizmente se han reunido ai Exercilo del S' Goyeneche y solo han
padecido sus intereses que fueron del todo presa de los revolucio-
narios.
Es necesario hablar del Gobernador Intendente de la provincia
del Paraguay, el Brigadier de Infanleria D" Bernardo de Vclasco.
Exige una larga relación la digna conducta de este benemérito Es-
pañol, pero no teniendo las noticias suGcientes me contraeré alas
positivas que tengo; Para resolver este Gefe sobre los documentos
que la Junta de Buenos-Ayres remitió al Paraguay, lo mismo que á
todos los demás pueblos, formó un congreso general en la Asunción
capital de la provincia, y en el se leyeron; El administrador de
Correos D. Bernardo Jovellanos presentó el oficio circular que el
Administrador General de Buenos -Ay res D. Antonio Romero de
Tejada, aprovechando la demora de la Junta que no remitió susfolle-
tos adicha provincia hasta el 19 de Junio, le dirigia insertándole la
orden de la Direcion de esta renta para el reconocimiento y obedien-
cia al Supremo Consejo de Regencia instalado en la isla deLcon
por la central ; y en su vista antes de resolver otra cosa se determi-
nó en el mismo congreso prestar juramento de obediencia a dicho
supremo Govierno sin perjuicio de repetirlo con mas solemnidad;
asi se hizo acto continuo, en manos del III™'* S"' obispo Fr Pedro
Panes cuio patriótico zelo se distinguió en esta ocasión; y en segui-
da se resolvió no obedecer ni reconocer la Junta de Buenos-Ayres ;
Esta a solicitud de algunos rebeldes ocultos en aquella provincia
dispúsola remisión de i g) hombres de tropa, cuio mando confirió á
Manuel Belgrano vocal de la Junta. El Governador Velasco con
algunos auxilios de Montevideo, formó un pequeño Exercito con el
cual rechazó v derrotó el de los rebeldes cuio comandante Bel^ra-
no capituló con un oficial de los de Velasco no intentar nada contra
dicha provincia.
Quando ios Paraguayos debian gozar tranquilos los frutos de la
victoria ; los mismos á quienes su Governador dirigió á ella, cedie-
ron ala intriga de los de Buenos-Ayres formaron una revolución;
I
373 ANALES DE LA BIBLIOTECA
establecieron una Junta, prendieron á su Governador y entraron
en relaciones con el govierno insurgente, cuios por menores contan
en los papeles públicos de Buenos-A yres.
Algunos buenos Españoles cuio numero no es corto en aquella
Provincia, que conocieron el mérito y virtudes del Governador, le
propusieron la fuga y para estimularlo le recordaron los sucesos de
la Caveza del Tigre y de Potosi y su respuesta ha sido « La Nación
me ha confiado el mando de esta provincia, y aunque esta en revo-
lución, hai muchos que siguen la buena causa, y no puedo ni debo
abandonarlos, ni a aquella; y cuando me asesinen como d los demos
gefes, habré llenado mi deber, como ellos llevaron el suio, y asi no
admito ninguna propuesta de fuga » . Este Gefe hace seis meses que
sufre una estrecha prisión e incomunicación, y por su parte hizo el
mismo sacrificio que los demás que solo falta consumar. No permi-
ta el todo Poderoso que tal suceda, para que existan Españoles que
tanta gloria dan á la Patria.
Montevideo i5 de Enero de 1813.
DIARIO
DE LA SEGUNDA PARTIDA DEMARCADORA DE LÍMITES
EN LA AMÉRICA MERIDIONAL
Por nv Comihabio D0!>1 DIEGO DE ALVEAH
1783- I 79 I
(ConclusiónJ
CAP. 10.
\avegacio:í y recoüocimiejíto del Pararía, Iguazi t Sanajit" co!« las
dudas del comis'* portug* qie embarazaro?i la demarcación de es-
TOS Ríos.
Restablecido el Coron' Roscio de su grave y dilatada enfermedad,
llegado el tpo de la buena estación, y verificados los preparativos,
emprendieron las dos Partidas la navegación y reconocim** de los
rios Paraná, Iguazú y Sanantonio : embarcándose el 26 de Ab^ de 88
en 6 Barcos, exguifados ( i ) al estilo de los Pueblos, tripulados de indios
Guaranies, con 12 Canoas y viveres para 4 meses. Los Ministros de
R* Haz**' quedaron en Candelaria, encargados de aprontar nuevo aco-
pio de provisiones, á cuya conducion regresarían oportunam*' dos
de dhos Barcos desde el Rio Yguazú ; donde sepensaba establecer el
Cuartel ó Campo gral.
Para combinar en lo posible la derrota q^ hacian los Barcos por
el Rio, trazando con mas exactitud su proyección : y para determi-
(i) Asi parece escrito: pero creemos que debe leerse: esquifados =pToyÍBiM, abas-
tecidos.
376 ANALES DE LA BIBLIOTECA
nar la situación délos Pueblos, q' sehallan no lexos del Paraná, nos
transferimos por tierra el astrónomo Portugués loachim Feliz da Fon-
seca y yo, con la colección de instrumentos, hasta el del Corpus, q*"
es el mas Septentrional : observando la lat^, asi en este como en los
Pueblos intermedios, Santana,Loreto y Sanignaciominy. Todas estas
Aldeas secolocan en nro plano según el resultado de nras operacio-
nes. Sinembargo paraq* en todo tiempo se puedan estas verificar, \
para seguir uniforuicm** el sistema q" nos hemos propuesto en este
diario, q*" sereduce, como sepuede haber observado, aq* por él sepue-
da sin dificultad construir de nuevo y las veces q* sequiera, la Carla
del Pais ; entraremos en el detal délos trabajos, y en la descripción
de los terrenos : exponiendo sucintam*" las marchas consecutivas y
ligadas, las distancias y rumbos de unos puntos á otros, con las ob-
servaciones de latitud y longitud, donde las hubiere, y evitando cuy-
dadosam*' q^ sea dable, la excesiva y cansada prolixidad.
La mañana del 27 de Abril, dia después déla salida délos Barcos,
salimos también nosotros de Candelaria, y andadadas ( i ) poco más do
4 millas como al E. N. E. encontramos sobre unas lomas suaves la
tapera ó ruinas dv\ Pueblo viejo de Sáneosme, donde el celebre
Jesuíta Buenaventura Suarez(2) hizo sus observaciones astronómicas
construyéndose por su mano los instrum*"* propios. Anteojos Pén-
dulo, y Quadrante y dando áluz un Calendario ó Efemérides, im-
preso en Lisboa; para el Siglo que corre desde 1740 a 84 1 con
reglas practicas p" poderlo continuar. = En dhas lomas hay una
^ ^^**' copiosa mina de cobre, nativo o puro, de color encendido ; algo granu-
loso, pero bastante dulce, y debuena calidad, con excelentes propor-
ciones de agua y leña p' su beneficio. No ha muchos años q' sctrato
de ponerlo en obra, mas la falta de industria y sobra de ignorancia
obligaron ásu abandono, por haber dado en agua y no habiendo sa-
cado otro fruto q* 19 lib" de dho metal. En la Capilla de Sanantonio
( 1) En el manuscrito : andadadas.
(2) Del mismo P. Suáreí, que parece haber sido un sabio do verdadero mérito, «
noticia más detallada el mismo Alvear en su Relación de Misiones (Akgelis, IV>.
Mina de Cobre
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR Z-jh
del Otro lado del Paraná entre Itapua y Trinid**, se encuentra tam-
bién otra veta abundantísima de flor de cobre, q* nace entre las
grietas délas Piedras á manera de unos arbolitos pequeños y ramo-
sos. Cerca de Itapua sehabla asimismo de una mina de Plata en el
cerro Isobyty, á orilla del Paraná, mas tampoco seha trabajado. Los
P" q* están mas á mano deberían hacer alg** experiencias, y ensayar
estas minas p" continuar su cultivo, si el lucro y calid** del" meta-
les correspondiesen ál" costos.
Dos millas después está la capilla de Sanserapio, sobre la horque- sanum.
ta del Aguapey, que baxa de la Serranía del Peyuré, no distante ala
derecha, y entra en el Paraná, siendo el lindero délos dos Pueblos.
El mismo dia llegamos á Santana, situado entre las dos piernas del
Cochuy ó Caachuy á 5 millas de Sanserapio, y 1 2 cortas de Cande-
laria, baxo la dirección gral de 78° N. E. rumbo corregido ya de
Variación magnética, como losdamos de costumbre. El 28, por me-
dio de dos estrellas la i' 3 del Navio, y la 2* Regulo, que pasaban casi
equidistantes del Zenit, á Sur y Norte, y por esta circunstancia se
corregia el error q* pudiera tener el Quarto de Circulo, se observó
lalatid** de Santana de 27^ 28' 4*. Este Pueblo sevé rodeado de
asperezas, entre las q'** descolla al Sur un Cerro inmediato de notable
mole, enq" abundan los Cristales de varíos colores y fíguras, y aun el
cobre de superior calidad. El 29. pasamos á Loreto, distante solo 5 ur«to.
millas cortas al ángulo de 4o° N E. y su latitud obserbada p*^ las es-
trellas fue de 27® 19' 44". El 3o hicimos mediodia en Sa/i/V//iac/o-
miny 4 ^ millas álos 7° N. O. cortando antes en Canoas el Cauda- saníg*.
loso y manso labebiry, termino natural, y á igual distancia de am-
bos Pueblos, y donde tienen sus Barcos, y ala tarde descabezando
los pequeños arroyos Guatirapd e Igaugüy entre los qles sehallan
también las dos Capillas limitrofes, vinimos finalm'* á parar al del corpu».
Corpus, 8 millas largas álos i4° N E. y en la lat** de 27"^ 7' 36*.
Los Barcos q* como ya sedixo, dieron la vela en Candelaria el
26, no lograron los mejores tiempos. Muy desdeluego lescargó la
lluvia : y con la oposición y variedad délos vientos, perdieron aque-
Eitopt de Ca-
376 ANALES DE LA BIBLIOTECA
Ua prim' unión, conq* salieron, y sehabian propuesto conservar.
Obligados áseguir su ruta recostados ala orilla para vencer la Co-
rriente, muchos de ellos baraban con frecuencia, y eran forzados á
quedarse atrás, tomando el puerto q* estaba mas amano, quando les
cogia la noche : no pocos tuvieron q* alijar parte y aun el todo desu
carga, poniéndola en tierra por medio délas Canoas, hta conseguir
voyar : y para doblar varias puntas, montar algunos arrecifes y re-
basar otros pasos estrechos, enq' aumentaba la rapidez délas aguas,
tenian todos q' auxiliarse unos á otros con Silgas y gente. De este
modo no pudieron llegar al puerto del Corpus sino dispersos, y con
algún descalabro : los déla Partida Portug* el i * de Mayo, y el 4 y
5 los de la Española. Todos necesitaron dereparo, ya de hecharles
algún rumbo, ya de tomarles alguna costura, y aun fue preciso ex-
cluir el de Candelaria, q*" trahian los Portugueses, remplazandolo
con el Segundo del Corpus, ápeticion de nro Concurrente.
El Rio hasta aquí da diferentes bueltas, bastantes parecidas alas
del Camino, siendo su proyección gral éntrelos 26® y 87** N. E. y
su distancia, como de 33 millas ú 11 leg*. Le entran varios arroyos,
délos q'~ el mas señalado es el Capibary sobre la altura de 37** 10 ',
q" viene de Occidente entre los Pueblos de Jesús y Trinidad, sirvién-
doles de puerto y dando fácil entrada ásus Barcos. El labebiry lada
también muy cómoda álos de Loreto y Sanignacio ; y sobre su boca
hay dos pequeñas islas, y otras dos algo mayores, con un Arrecife de
gran corriente y mal paso, llamado el laguary^ antes del Igauguy,
tabacal del Corpus. Poco arriba de estas islas del laguary liace el
Paraná un serco como de una legua al¿S. E., en cuyo fondo se halla
el Arroyogrande, astillero del Pueblo, donde entraron los Barcos a
carenarse, y fueron prodigiosos los esfuerzos de actividad q* hicie-
ron los indios, guiados desu Administrador D** Juan Bautista Florez,
en esta laboriosa faena, q" concluyeron en solo una semana.
Los ingredientes q' emplean en estas Carenas, son sebo mezclado
con carbón molido, y una estopa, q*' sacan del Cardo Caraguatá
cocido ó podrido en agua, y después majado, loq* comodiximosen
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR 377
otra parte, es de muy buena calidad, especialm*^ para los fondos, ú
dcbaxo del agua, donde siendo incorruptible, y teniendo la propie-
dad de entumecerse, 6 incharse, apretando por esta razón notable-
m^ las costuras, esescusada labrea ó Sebo. Las amarras ó Silgas de
estos Barcos son también de bastante duración y resistencia, con
particularidad dentro del agua : y serian mejores, si fuesen mas bien
hechas y torcidas. La materia de q' las hacen es la cascara delgada
ó corteza délas raizes fibrosas de cierta planta parasítica llamada
Güembe q secreia (sic) comunmente y engran abundancia sobre los sugaideGoembe.
arboles, sobre las piedras y otros Cuerpos estraños. Sus hojas son an-
chas, hendidas en grandes lobos y medioabroqueladas con un pezón
largo y rollizo. El fruto, una mazorca, semejante ala déla Zea ó
Maiz, con multitud de estambres ó hilos largos, y los pistilos infe-
riores, pulposos ó amanera de granos y de buen gusto. Las velas
deq'' usan dhos Barcos, son de lienzo grueso de Algodón, con drizas
y demás cabos de torzales de cuero ó huascas : y p* defensa del sol y
(lela lluvia, los cubren de popa á proa con una Carroza de cueros
en forma del caballete de un tejado con sus alas ó caidas, q" suben y
baxan quando lo requiere la necesidad, y á q"* llaman Casaderioarri-
ba. La Casaderioabaxo es arqueada y defirme.
El 1 4 reparados los Barcos, desbastados algunos desús Palos y
Canoas, q* estaban demasiadam^ cargadas, y compuestas las casas ó
Carrozas, nosembarcamos todos, y siguió de nuevo la navegación,
noobstante de estar el tiempo muy metido en agua, con fuertes tur-
bonadas, y los vientos variables. Desde el Astillero, áq" los antiguos
demarcadores llamaron Muruard vuelve el Rio al 4^ qte describien-
do un área (i) de 20 millas delargo, y déla figura de una C, hta el
Ibiray ó Rio de Sanfrancisco de Paula, y recoge por la banda
oriental las aguas délos pequeños arroyos, Yacaré, Yaguagüyguazu,
Yaffuagüymiri, Yaguaracapy y el Piad, ypMa Occidental, las délos
Guarumbey, Guacacays miny y guazú Pirapó, Yaguy Ytano, y los
(1) Asi en el roanuscrito : probablemente por arco.
378 ANALES DE LA BIBLIOTECA
dos Mandubys, Nros dos barcos de Loreto é Itapua, sin embar-
go de estar tripulados con los Milicianos del Paraguay en q""^ se te-
nia mayor confíanza q' en los Guaranies, seatrazaron de dos dias en
este tramo del Paraná, y no alcanzaron álos demás hta 19 en la ba-
rra del Ibiray.
Guayiná». Al dia siguicute sallamos en tierra, y acompañados de Fr. Nico-
lás de Alcaraz, religioso de S*° Domingo, Cura Doctrinero délos
Guayanas, fuimos á visitar la Reducción de estos indios, nombrada
de Sanf raneo de Paula, y situada sobre las margenes meridiona-
les del Ibicuy á i ^ leg* del mismo Paraná. El pais es todo montuo-
so y cerrado : tiene pocos campichuelos ; pero el terreno no es de
mala calidad, y lleva bien toda laya de frutos. La Reducción está
poco adelantada, p"" falta de auxilios. Cuenta solam**" 27 familias de
Neófitos, q* no pasan de 70 personas. Su primer reunión fue del
otro lado del Paraná, poco después de la expulsión délos Jesuítas :
y se debió al zelo cristiano de otro Dominico, Fr Bonifacio de Orliz,
quien la trasladó á este parage muy desde sus principios, dexandola
por su fallecim*** el año de 78, al reP*" P. Alcaraz. La Nación délos
Guayanas es de un carácter tan parecido al de los Guaranies, q'
sepuede tener por cierto, no ser m* q* una desús parcialidades, sin
otra diferencia esencial, q* la del idioma, alterado por el tiempo, la
falta de comunicación, y la pequeña variedad de costumbres, natu-
ral aun en las Provincias inmediatas. Habitan dispersos los raonles
de ambas orillas del Paraná, y en num°, alo q* se cree, de 800 á 1 Q
familias. Se alimentan de batatas, mandiocas, maiz, porotos, zapa-
llos y otras legumbres y verduras q** siembran en sus rozados v
chácaras : de fnitas y miel silvestre, deq** abundan los montes : déla
Caza y de la pesca. Recogen no pequeña cantidad de ceravirgen, q'
l)enefician y mezclan con sebo para el uso desu iglecia ; y podrían
hacer de ella una recogida, considerable, no menos q*" de Yerba, ma-
íleras, resinas, plantas medicinales &". Su trato es fácil y frecuente
ron los indios délos Pueblos, q** navegan el Paraná, y suben álos
su reducción. bcueficios dcla Yerba. No seria dificultoso, despertar su industria, e
ar
DIARIO DE DOS DIEGO DE ALVEAR 879
inclinarlos poco apoco al comercio de aquellos renglones. La suavi-
dad y el agrado, con alguna dadivas anticipadas, q' pagarian bien,
de hachas, machetes, sierras y algunos ponchos ó ropas de Lien-
zo de Algodón, serian los medios mas oportunos : y el fruto consi-
uienle seria su total reducción, y un servicio no pequeño al Estado.
Los Pueblos del Departam*" de Candelaria, por mas inmediatos,
tienen la mejor proporción para poner en planta esta idea, pero su
entero logro loconseguiria con mayor facilidad el Comercio déla
Nación, si seledexasc la libertad de penetrar en lo interior de esta
Provincia de Misiones.
El 2 1 refocilados algim tanto con el refresco de algunas reses, q*'
<le antemano sehicieron venir por tierra del Pueblo del Corpus, dio
nra gran escuadra la vela, q' conservó breve rato, por falta de vien-
tos favorables q'' loson pocas vez" Acausa délas repetidas vueltas del
Paraná, y principalm*^ por los continuos y peligrosos baxos déla
orilla : y usando délos remos y silgas, su ordinario y como pecu-
liar modo de navegar, surgió andadas 4 millas al E. N. E. sobre la
costa occidental, frente del arroyo Güendy enla latitud observada
do 26° 57 ' 3()*. El rio tuerce desde este arroyo álos 4o*^ N. O. la
distancia de i legua larga, en que le entran, de levante los dos Ca-
pys y el primero délos Carufjiiapés, y de Poniendo (i), el Aniangd.
Después vuelve de nuevo al N.E. su rumbo gral, con \\n suave serpen-
teo de 18 millas, hasta losdos }'^m6cj5 occidentales, primera residen-
cia délos Guavanás, como cpieda dicho, y donde se observó el 26 la
lat** de 26^, 43 ' 18* dexando antes el Pirayabyyc] Mbirapuytangd,
y al E. el Seg" Canujuapé, con la isleta Itacord cerca de su barra.
Desde el mavor de los Yembeys, en los Ixi' , hace el Paraná otra
digresión al E. de 2 leg* largas hta el Parnayguazú, rio de alg"
consideración, q*" baxa déla Serrania de Sanantonio, y es uno délos
mejores yerbales del P. del Corpus. Por ultimo ganando de allí
al N. N. E. continua esta dirección el espacio de 27 leg* con una Arribad» «i
O) Poniente.
38o ANALES DE LA BIBLIOTECA
dulce y tendida ondulación de vueltas alternadas y casi iguales hta
la boca del Iguazú ó Riogrande de Curitiuha, en la altura de 25*^
35' 36', donde arribó la división Portugueza el 26 de Junio y el
29, la Española.
Nra navegación fue no menos dilatada y penosa, q^ llena de traba-
jos y peligros, notanto porlos malos temporales y fuertes turbona-
das de vientos y piedras, enqu' cayeron alg" monstruosas del
grueso de naranjas, como aconteció el 27 de dho mez de Junio,
quanto por las continuas baradas y choques violentos contra las
rocas viejas en remansos de terribles herbideros y remolinos ; y es-
pecialmente por la frecuencia con q*" nos faltaban las silgas ya por
su maltexido y debilidad ya rozadas del continuo ludidero sobre las
piedras. Los Barcos en estos lances terribles eran arrebatados déla
corriente con espantosa celeridad, y como el grueso de la marinería
q'' tiraba de la Silga, quedaba en tierra, sevcian forzados los pocos
q' restaban abordo, sin exceptuar los oficiales y Comisarios, á he-
char mano álos remos p" atracar ala orilla, perdiendo á veces, á pesar
de esta diligencia muchos dias dejomada en cortos instantes, y dan-
do otros furiosos encuentros contra las puntas salientes, baxos
ocultos y otros escollos, enq* secorría el mayor riesgo. El i3 de
Jun** en uno de estos desgraciados accidentes estubimós para perder
nro gran Barco de Itapua, q* conducía las provisiones y pertrechos
del Rey : habiéndole faltado la silga, se estrelló contra una piedra,
y abrió tal rumbo, q^ apenas alcanzó la tierra, y esto fue lleno de
agua, y con averia considerable délos vi veres. En otro aun mas in-
feliz, el 18 del mismo, perdió dho Buque de Itapua al Granadero
Luis Garcia, uno de los mas honrados dragones del destacam**
q' selefue al agua sin saber nadar, y no pudo ser socorrido. Su
Cuerpo fue recogido 12 dias después en el P. del Corpus adonde lo
llevaron las Corrientes, burlando la vigilancia de una Canoa que
sedexó en su custodia, y donde ledieron sepultura sagrada como
supimos posteriorm**. El Barco de Sáneosme estubo también dos
veces dormido sobre un costado, y como seexplican los marineros,
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR 38i
para dar ala Banda. El Seg" de Itapua q' llevaban los Portugueses,
abrió asimismo no pequeños rumbos en casos de igual naturaleza ;
y para decirlo de una vez, todos los Barcos escupían diariam^ las
estopas á fuerza délos repetidos golpes, y habia q* calafatearlos y
componerlos, no siendo dable hacer una singladura entera sin el
penoso afán dedar á la bomba, ni soltar los valdes de la mano.
Desde el Paranay al Iguazú desagua en el Paraná p"" una y otra
orilla prodigiosa multitud de arroyos y riachuelos, muchos de
ellos sin nombre, y otros con él q' les dieron los Vaquéanos, q"
entre si no concordaban enteram**. Nro plano N" ii expresa todos
quantos se notaron, y está bastante conforme con el lebantado el
año de 59 p' los antiguos demarcadores : siendo no poco de admi-
rar q*" aquellos oficiales, trabajando con exactitud, pudieran entonces
vencer en 20 dias la misma navegación del Corpus al Iguazú,
q'noscostó ahora 46 de no pocas fatigas. Los mas señalados de dhos
arroyos son : en el paralelo de 26° 29 ' el Pirayguazá, ó Riogrande
de pescado, llamado asi por loq'abunda de él, viene del N. E. y es
también Yerbal del Corpus, con excelente puerto y buenos Galpones :
en los 26'^ 20 ' el Pirayminy, q* tamb" abunda de pescado y Yerba :
una legua mas arriba desu boca se hallan las tres islas pedregosas
de Parehd, uno délos peores pasos del Rio : en los 26° i3 ' y 26^
11', los dos Aguarays orientales : en los 26° 4 ' el Itapiabeby occi-
dental, ó lo q** es mas propio, el Itatiguazú, que quiere decir Rio
de Salto grande, teniendo efectivamente uno como á 80 toesas desu
barra, y de 18 á 20 bar* de elevación, q' seregistra desde el Paraná,
y por donde se despeña todo unido con agradable vista y mucho
estruendo : en los 26° la gran isla, ó Paranambuguazá q* tiene
cerca de 2 millas, tendida al E. N. E. y recostada sobre la margen
occid*'', la Paranambuminy, sobre la Oriental en los 26° 55' 33" ;
el Uruguay, rio de boca ancha ; en los 25^ 53 ' el Mbocay ó Rio de
las espadas nombrado asi, por las q* suponen los indios haber toma-
do álos Paulistas, venciéndolos en cierta refriega ó combate ; en los
25** 39', estos dos últimos orientales : y finalm*® en los 25° 37 ', el
383 ANALES DE LA BIBLIOTECA
caudaloso Mondayy q' trahe su curso de Occidente de las cercanias
déla Villarica y Sanestanilao, prim* délas dos Reducciones del
Tarumá.
Árbol de la Yerba Eu toclos cstos aiToyos y CU los dilatadisimos montes del Paraná
q' enpartes seex tienden á muchas leguas, deq*" aun no se tiene co-
nocimt" seda de si muy frondoso y alto, el árbol de la Y^erba tan
celebrada del Paraguay, y que parece ser la Callicarpa americana,
de Linneo, de la clase de la Tetrandrias Monoyyneas, y deq*"
hay varias especies. Los Pueblos de Misiones tienen en muchos
de ellos sus establecim^" de ranchos y galpones, con una Cruz
en parage visible y en ella inscripto el nombre de aquel aque jjerle-
necen. Todos los años benefician cantidad considerable de arrobas
de dha Yerba, y podrían aumentarla al num" q" quisieran, con ntv
table utilidad déla Provincia, del Comercio y del Estado en general
sin el menor rezelo de agotar la planta. Antes por el contrario con
el beneficio déla poda, forzosa p* esta faena, y con el preciso rompi-
miento délos montes, este útil y hermoso árbol sevcntilaría mas :
gozaría de los rayos, y benignas influencias del Sol, y haciéndose
más lozano y vigoroso, la yerba vendría á ser de calidad mas selecta.
Dehese pues abrir la mano á estas licencias, q' hta aqui ha tenido
cerrada la cabala ó la ignorancia. Todos los Pueblos de Misiones
deben disfrutar indistintam^ del privilegio libre de hacer yerba en
las vastas Comarcas del Paraná y Uruguay, y el Común délos Par-
ticulares de la Nación no debe estar exento de esta prerogaliba,
teniendo todos los Vasallos del Rey igual derecho alo q** sin prove-
cho de alguno sedexa podrir y perder todos los años, malogrando
de estemodo p*^ una errada política la liberalidad de la Providencia,
q" supo enriquecer el suelo de este Pais con un fruto, no menos
precioso q' elq' producen las minas del Perú.
VenujaB de su Síu cmbargo de todo esto, como los arboles de la Yerba estén
cultivo 7 atil pro- ., , , , , .
puesta o' ■ehacc dispcrsos Ó a pequeños manchones : y los montes sean muy intrinca-
dos y casi impenetrables, cubiertos por lo regular de noblinas den-
sas, humedades nocivas, ayres detenidos y malsanos, con multitud
DIARIO DE DON DIEííO DE ALVEAR 383
lie molestisimas plagas de insectos y sabandijas ponzoñosas : aq** so
agrega la inala calidad délos alimentos deq* usan los indios, poro-
tos y Charques apolillados, no siendo fácil darles otras provisiones
por la gran distancia y dificultad déla navegación, no es decible el
trabajo délos Guaranies enla fabrica déla Yerba silvestre. Muchos.
de ellos perecen de miserias, y agoviados con el peso de tan dura
fatiga, sin q** jamas corresponda el fnito alo |>enoso de su afán, ni
las utilidades, álos costos. Los Pueblos adelantarían mas sin duda
nig*. I" Cultivando mejor y extendiendo qlo les fuera dable, los^Yer-
bales de plantío, q* tienen, ya en sus inmediaciones, y q" son capa-
ces del mayor aumento ; nadie ignora la mayor facilidad de este
trabajo y la superior calidad y rendimiento de la Yerba cultivada :
2." poniéndose con im poco de industria, ó encargando al cuydado
délos infíeles el beneficio de los Yerbales del Paraná, instruyéndoles
del modo de hacerlo, y comprándoles después la Yerba ácambio de
inslnim*"*, ropas y comestibles. Los Pueblos, como ya seapunló,
|Kxlrian de esta manera atraherinsensiblem** á un Comercio que
acarrearia muchas ventajas, y daria nuevo vigor ásus fabricas y
agricultura, á todas las Naciones de indios Salbagcs desús contor-
nos, por mas fieros q" se supongan, haciéndoles conocer sus nece-
sidades con los medios de repararlas y de procurarse mayor como-
didad. Son también muy comimes enlos montes y arroyos del
Paraná los Cedros, Lapachos, Laureles, Canelos, el Apetereby, el
Viraró, el Ibirápuyta, el Timbó deq' se hacen Canoas, arboles todos
de extraordinaria corpulencia y maderas excelentes p' todo genero
de arquitectura. Abunda asimismo el Drago, cuya sangre es tan Madera»
recomendada, el Aguaraybay deq® se hace el balsamo q* lleva el
mismo nombre : el Cury ó Pino, bueno para arboladuras de los
Navios de guerra, no menos q** p" la extracción de la pez y por últi-
mo sedan otros muchos arboles resinosos, y plantas medicinales
áq*" podría estenderse también nra reflexión y q" deberia abrazar la
misma industria, pero dexemos este punto q' tendrá mejor asiento
en otro lugar y volvamos al hilo de nras operaciones.
384 ANALES DE LA BIBLIOTECA
El 3o de Junio se dispuso entrar en el Iguazú, con la mira de
establecer nro Cuartel general hacia aq^ parage donde le formaron
los antiguos Demarcadores, como ordenaba el Plan de instrucción
y del q* sepudiese atender alas operaciones del Paraná, y alas del
rio de Sanantonio, pero la creciente de aquel rio, y los grandes
arrecifes q* tenia descubiertos, nos atajaron el paso, y fuimos obli-
gados ásituarle sobre la ribera merid'^ á i 3/4 leg* de su barra, y
como 4 millas antes de dho sitio, dándose principio desde el dia sigte
I" de Julio, al desmonte y formación de ranchos p' deposito de
viveres y pertrechos. Entretanto como la navegación del Paraná, des-
de la boca del Iguazú hta el Salto grande ofreciese mayores emba-
razos y detenciones, setubo por mas acertado consejo, practicarla en
canoas q' enlos Barcos, losq^** sobre el Seguro de no poder llegar ni
con mucho alas cercanias de aquella gran Catarata, y haber de de-
xarlos casi ala mitad del camino, tardarían tanto mas en lo q'
podrían subir, qto era mayor la dificultad y rapidez de las Corrien-
tes. Se empezó pues p*" otra mano á preparar un suficiente num*'
de Canoas con este objeto. Sedesbastaron algunas de las q' trahia-
mos, y podian servir aligerándolas y dándoles mejor figura, y otros
delgados p* corte y salida de las aguas : seconstruyeron otras de
nuevo y esquifaron todas de remos, espadillas, toletes, chumaceras,
valdes, sarzos, silgas y demás útiles.
A este tiempo, el Comis** Portugués nro Concurrente, q' en nada
menos habia pensado, q' en procurarse con la debida anticipación
una decisión competente y necesaria al desempeño de nra diligen-
cia, acerca de las dudas suscitadas y no resueltas, sobre los ríos
Igátimy ó Ygurey y Pepiryguazú, puntos extremos de la demarca-
ción de nro cargo de q* dimos ya idea en el Cap** anteced** pág. 226
nos dirígió el 3 de Julio un oficio y entabló seguidam^ una prolixa
competencia, enq" sin mucho disfraz hace ver, lo poco dispuesto q*
venia á executar la ref^ demarcación sin otras instrucciones, ni fa-
cultades, q* para entretener el tiempo con trabajos y reconociml***
inútiles, años antes verificados con tanta ó mas exactitud que po-
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR 385
-drian ahora practicarse, y en una palabra, con animo hecho y
deliberado á no dar cumplim^ de manera alg^ al trat** preliminar
de Limites ; antes p' el contrario muy resuelto á embarazar su exc-
cucion á fuerza de recursos y expedientes. Nosotros, como sea este
un punto delicado, y el de mayor importancia de nra comisión, q*'
convenga exclarecer abiertam" sin omitir la menor de sus circuns-
tancias : no tanto para justificación de nra propia conducta, como
para manifestar la sinceridad, y buena fe, conq" la Corte de España
ha propendido siempre, y deseado con el mayor ardor, ver cum-
plida la Demarcación de esta America : y q' si no hatenido efecto
bta ahora particularm*^ en esta ocasión, no han sido otras las causas,
<f las intrigas déla corte de Lisboa, y la falta de correspondencia y
conformidad en las ordenes dadas ásus respectivos Comisarios ;
daremos puntual noticia de toda la disputa ó competencia, copian-
do ála letra, y por el orden que seescri vieron todos los oficios del
Comisario Portugués con las respuestas ó contestaciones q* Icdimos
y alg** notas q" faciliten su inteligencia ; pues estamos persuadidos,
q* estos documentos como esenciales en materia de Limites, podrán
ser en algún tpo útiles y no dexarán fuera de esto de esparcir alg*
luz sobre la relación délas operaciones. Mas para no interrumpir
la serie de ellas loharemos al fin del Capitulo con la conven^ sepa-
ración.
ReCO?(OCIMIENTO DEL P ARANÁ DESDE LA BOCA DEL IgLAZU
HASTA su SaLTOGRANDE
Antes de convenir en la Demarcación del Art** 8 del traf* de Li-
mites, proponia el Coron^ Roscio en sus oficios, se debian practicar
ciertos reconocim*"' preliminares, q* no determinaba, pero q" gra-
duaba necesarios. Ofrecía un expediente no menos indefinido, para
substituir al Igurey deq* no habia noticias, otro rio q* no declaraba,
pero délas condiciones recomendadas en el mismo tratado, y rehu-
AMAUS,* DI la BIBLIOTICA. — T. Ul 9 5
386 ANALES DE LA BIBLIOTECA
saba conslantem*'' la substitución del Ygatimy ordenada por S. M.
en su R' instrucción de 6 de Jun° de 78. Pedíanos én todos estos,
puntos nro dictamen para no conformarse en lo esencial, yescusaba
siempre dar el suyo, hablando en todo con misterio y sin declarar
jamas cosa alg* de positivo. Seperdian los instantes mas preciosos déla
estación, y seconsumian los víveres, en infructuosos debates y puras
disputas. Estaba todo pronto, y nada seresolvia. Pasosenos pues en
esta inacción y perplexidad hta el 11 de Julio, q" p' noquedar enle-
ram** ociosos, ó tomar otro partido de mayor violencia, como seria
el de retirarse á Candelaria : y también por si se abría entretan-
to algim camino de ajuste o composición, nosvimos forzados á
contemporizar con el artificioso sistema de los reconocimt*** prelimi-
nares y demoras. Propusimos enconsecuencia á nro Concurrenle,
de practicar prim" la navegación y reconocim*" del Paraná hta su
Saltogrande enlas Canoas ligeras para lo q* el tiempo y vaciante del
Rio eran favorables : y después el del Yguazú y rio de Sanantonio,
abriendo entretanto la picada, y tomando las medidas mas condu-
centes ásu logro. La propuesta fue admitida en todas sus partes, y
puesta desde luego en execucion.
Resuelto primeram*** el reconocim"* del Paraná, desde la boca del
Iguazú lita el. Saltogrande, fueron destinados á esta diligencia el
Ten** de ingenieros D" José Maria Cabrer por nra parte y por la de
Portug^ el Cap" de Artill* y Astrónomo Joachín Feliz da Fonsera,
llevando cada uno 4 canoas, i5 soldados de escolta, 1 Vaqueano
del" del Pueb° del Corpus, q' eran los mas prácticos del Rio y víveres
para dos meses. El 1 4 de Julio dieron principio ásu navegación,
baxando hasta la barra del Iguazü, en uno de los dos Barcos q*
seembiaron á Candelaria p' las provisiones, y el i5 de mañana, no
sufriendo las canoas la carga de toda la comitiva, equipages y
bastimentos, las embiaron p*" delante poniendo en cada una un
centinela para Custodia délo q" conducia, y siguieron pie atierra p'
la costa Oriental del Paraná, q' no ofrecía mal camino, aunq* algo
desigual y pedregoso. Nosotros resumiremos fielm** su relación.
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR 887
Como alas 2 millas cortaron el arroyo Mboychy, frente decuya boca
entra otro en el Paraná, q' lleva el mismo nombre según los Vaquea-
nos, y á q' llama Royrobay el plano déla antigua Demarcación,
dado por el Brigad' D" Jph Custodio, q* no dexa de variar alg* cosa
enla nomenclatura délos rios. Andadas otras 21/2 millas lucieron
alto sobre una pequeña cala déla Costa, donde pasaron la noche, á
causa de unos Soldado Portugueses, q** tirando Loros deq** abundan
los montes, se internaron p^ ellos y extraviaron, sin regresar lila
puestas de Sol, con no pequeño cuydado de toda la Partida, q**
recelaba, podian haber caido en manos de infieles, cuyos ranchos
recien abandonados tenia ala vista, y en ellos secncon tro porción no
mala de cera silvestre.
El 16 después de i milla de marcha enfrentaron con las dosisle-
tas q* se hallan en la boca del .1 caray arroyo caudaloso y de brazos
complicados que nace entre las Reducciones del Tanimá y la Villa
de Cuniguaty, situadas como 3o leg* al O. N. O, y E. N. O. Los
villeros pudieron haber auxiliado esta trabajosa expedición con alg**
reses y Muías, q* tcnian facilidad de introducir por el Carema, uno
de sus mejores Yerbales al iN. del Acaray, mas aunq** con este objeto
se requirió oportunam*" desde Candelaria al Gobcrn"' intend*" del
Paraguay, D" Pedro de Meló y Portugal, no surtió el efecto desea-
do, teniéndose la idea por impracticable, aunq" en realidad no loera
y de ello sobraban experiencias. Alas 2 millas sig*** encontraron los
dos Ibachays : y otra después, siendo muy fragosa la margen del
Paraná, leatrabesaron en las Canoas, y continuaron por la de ()c-
cid** algo mas de una legua, viniendo á observar la laV^ de 25® 2/1 '
46" pasado el Mandlupd, con otros dos regajos, y el sitio llamado
sin motivo especial el Pueblo viejo de Loreto. El camino de este
dia pasó de 6 millas, aunq* fue bastante embarazoso, y estaba cu-
bierto de piedras puntiagudas y pantanos. Se vieron muchos rastros
de Venaos, Antas, Coatys y una copiosa pesca de i4 grandes peces,
entre Dorados, Zurubies y Pacús, hizo olvidar bien pronto los tra-
bajos de la jornada. El 17 trepando grandes torreones y asombrosos
388 ANALES DE LA BIBLIOTECA
precipicios, enq* se valian mas délas manos q* de los pies, an-
dubieron 8 millas, cortando el Guaypripajá, con una isleta en su
boca, el gran despeñadero del Taliyupia con su agradable campes-
tre inmediato, el Capibary^ y en la otra costa el Capiruyuy, Yer-
bales todos del Pueblo de Santana ; y pasaron frente déla barra del
Hocoy q* loes del de Itapua, habiendo hecho abundante provisión
de naranjas de buena calidad, con q" templaron su ardentía y can-
sancio. El 1 8 pasaron otros Yerbales muy frondosos, y no tan aspe-
ros ilcl Pueblo de Sanignaciominy : el Tacara, el Pindayguy, el
Itapitantjaá, y el vislosisimo aunq" : pequeño Itaypd con su hermoso
salto de 48 pies de altura ; y observaron la latitud de 20° 1 1 ' 48'
andadas 7 millas, y poco antes de otra isleta en q' el Rio forma una
ensenada de 4 millas, al N. E. recogiendo las aguas del Mbaehuy
y Zuruhy donde hicieron alto el 19. La dirección del Paraná desde
el Iguazú hasta el Mandiupá en los 26^ 27' de latitud es álos8'
N. O. y de alli cambia á las 3o° N. E. hta la dicha isleta de Mba-
ehuy, y principio de la ref* ensenada.
El 20 después del Itabo del Aguaray con el Arrecife Rucay ó
Mborevitagad, q cruza el Rio deunlado á otro del Ititaracay Pe-
chijy Iticuy, y al Oriente el Yuqaery, Yerbales del Corpus, sentaron
el real frente del Aray, en el paralelo observado de 25° i ' á 6 1/2
millas del campo anterior.
Las corrientes del Paraná q® aumentaban su fuerza a paso q' es-
trechaba el Canal, hicieron faltar no pocas veces las Silgas de las
Canoas, creciendo por instantes la dificultad déla navegación con la
confusión délos herbideros y remolinos encontrados, y lo bravo de
las puntas salientes y pedregosas. Anduvieron el 21 otras 6 millas
y acamparon sobre la confluencia del Yacangaazú uno de los arro-
yos mas caudalosos de esta costa Occid*^ en dictamen délos Vaquea-
nos, dexando antes otros menores Yerbales todos del mismo Pueblo,
entre los cuales sedistingue no poco el Ibaró con la isleta desu barra.
En el paso de este arroyo dieron demanosaboca con 4 indios y 2
chinas (asi llaman por lo común alas mujeres) déla nación délos
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR 889
Cahimjuas ó Monteses, q* en lo oculto de su retiro guisaban descuy- c«i,mgii*8 ó
Monteses.
dadam** unos monos q* habian cazado, el mas delicioso desús man-
jares. Sorprendidos con el arribo detales huespedes q"no esperaban,
empezaron á gritar los varones, tocando unos pitos como avisando
á otros compañeros, q* podrían estar inmediatos, pero que no res-
pondieron, ni se dexaron ver. Las indias fiadas en el natural y po-
deroso atractivo del st^xo, se mantubieron con mayor quietud, espo-
cialm*' la de menor edad, que siendo como de 18 años, de agrada-
ble fisonomia, color claro, y bien proporcionada de cuerpo, si*
mostró llena de conñanza, y prestó la primera á conversación dando
á entender, no leerán desconocidos aquellos trages. Efectivam*'' die-
ron noticia délos españoles cercanos déla Villa de Curuguaty, desús
ganados y Campos limpios &. Unos y otros tenian cortado el pelo
que cae á la frente, los hombres trahian ademas coronas y las cejas
rapadas, y todos estaban bien lucidos y gordos, hta un perro q* les
acompañaba, prueba nada equivoca de abundarles los comestibles.
En la costa opuesta habitan los Yahuses, q** son los indios mas fie-
ros, belicosos y antropo-phagos de toda la comarca y q*" no sedan
á partido de manera alguna.
El tpo con sus muchas aguas, y recias turbonadas, embarazó la
jomada del 22, pero el 23, cruzando el referido lacanguazü, el Gua-
znbicud de Santamaría con un Salto de 25 pies, el Ibirañatimagua-
zú, con otra catarata mayor y más hermosa, como de 70 pies de
«nltura, cortada en forma de anfiteatro, q* parece artificial dando
paso libre y espacioso la curbidad délos caños q* sedespeñan, y
final m** el Yacoyabay, todos ellos Yerbales también del Corpus,
en el espacio de 3 leg* pasaron sobre el arroyo de Santateresa baxo
la lat** observada de 24^ 46 '. En la ribera oriental dexaron ala mis-
ma distancia el Mbuyrahajd el Ibirañatimaminy el Yacayobayminy
y otros siendo la navegación del Paraná por extremo dificil y peli-
grosa. Después de Santateresa encontraron el 24, otro arroyo con
rápido y gracioso despeñadero, q" salpica sus aguas, y enla orilla
opuesta, el anchuroso Yaguaray, termino del conocim*° de los
390 ANALES DE LA BIBLIOTECA
Prácticos, y donde los antiguos Divisores dexaron sus Barcos gran-
des, y continuaron con los pequeños, recelando la furia y violencia
délos remolinos y Corrientes q" seguían, llamados Panellas, \ra es-
cuadra ligera de Canoas pasó tamb" adelante, venciendo las Pane-
llas, y nros geógrafos como buenos infantes, siempre por tierra, sin
perder la margen orcid* desdeq* la tomaron, hicieron noche á las 3 1/2
millas, rebasado d Ytay be grande, q conefecto, es de alg* conside-
ración. Continuaba la suerte en favorecerlos con abund** pesca, y
eran muy comunes los Cuervos y Gaviotas, indicio cierto de nodis-
tar mucho por aquellas alturas la Campaña y ganados, según los
naturales. En los dias 25 y 26, dieron á las 10 millas con otro
arroyo q" tubieron por el délos Pozuelos del Plano antiguo ; y ob-
servaron media legua mas arriba la laf* de 2^*^ 32 ' 11*. El 27 en
el trecho de 3 millas cortaron otros dos arroyos no pequeños, esli-
mando el ultimo, en los 24*^ 29 ' por el nombrado délas Pelotas.
de donde no parece subieron los oficiales de la ultima demarcación.
y embiaron por tierra una partida, cuyo Cabo Fran" López, q* en-
tendía de rumbos, dice el Diario, lebantó el plano hta el Salto del
Paraná, q" encontró alas 12 leg* y estaba ya demarcado p*^ las terce-
ras Divisiones.
Mas esforzados nros exploradores adelantaron todavía otras 2 mi-
llas su navegación, pasando 3 pequeñas isletas, y el 28 sevieron
obligados á dcxar las Canoas en los 24"^ 27 ' delaf* después de rey-
teradas, é inútiles tentativas para superar la velocidad délas aguas
q'" corrían con extraordinaria precipitación. Resueltos con nuevo
empeño siguieron el 3o su bien sostenida empresa con losdos tercio»
desu gente, y restando el otro p' resguardo délas mismas Canoas.
Alas 2 millas encontraron un arroyo de barranca escarpada y pedre-
gosa, y no de corto caudal, q" teniendo en su barra 36 baras de
ancho, fueron forzados á pasarle en Pelota, especie de batea hecha
del hijar ó cuero q* sirve de canoa álos indios, y deq* tiran los na-
dadores por medio de una huasca q* toman en la boca. A otras 4
millas encontraron otros dos, y uno en la Costa de frente, todos
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR 3(ji
medianos, con despeñaderos visibles, y 2 islas en el Paraná, ha-
cia sus barras. Siguió después un torreón resbaladi/x), como de cien
pies de profundidad, q" pasaron con riesgo, q*" aumentaba la vista
del Rio con sus encrespadas olas : y llegaron el 3 1 ala lat** de
q4*^ 19 ' 46", caminadas cerca de 3 leg* en las dos marchas. En los
Q prim°" dias de Agosto, vencieron otras 8 millas, con otros arroyos
é isletas de menor entidad ; y pararon frente de un cerro elevado
de la orilla opuesta, y sobre una laguna profunda, q° rodearon ásu Ugmu.
regreso, y tiene media legua delargo, condesagüe en el Paraná, y por
este sitio corre suavem** ápesar délo pedregoso desús margenes. A
esta laguna venian de todas partes veredas ó caminos, cubiertos de
trampas, cimbras, y lazos p" toda caza mayor, y menor, texidos con
no pequeña industria de cuerdas del Guembé á 4 ramales, y dis-
puestos con maña por los Ínfleles, como sedexa entender, de q**
habia no distante alguna numerosa toldería.
El 3 de mañana vieron cerca de dha laguna el Saltochico del saitochioo.
Paraná, formado de multitud de isletas pedregosas, entre lasq'"
corren las aguas repartidas con agradable y sordo murmullo, leban-
tando blancas y vistosas pirámides, y observaron 2^' 11' 7* sobre
la mayor délas islas, déla parte ya del Septentrión. En este paraje
hace el Rio un Saco de bastante anchura, q' seinterna no poco sobre
la costa misma de Occid*® y al verle enteram*" seco, de resultas déla
gran vaciante del Paraná, q^'era tal como no sehabia experimentado
en muchos años, exclamó el astrónomo Portugués : « este es el Y(fii-
rey, pues en Guaraní significa Arroyoseco », á q* nro Geógrafo
nada contestó, no perteceniendole la decisión de este punto, mas
averiguó de los indios, no tener tal signiñcacion la palabra Ifjurey.
El mismo dia de tarde continuaron otras 2 millas, en cuya distancia
hay otras 2 islas de mayor estension : y dudosos por lo manso del
Rio, de sí sería aq' el Salto grande, observaron sobre la del N. la
lat** de 24® 9 ' 8*". No obstante p* mayor segurid'* de su derrota hi-
cieron el 4 ala ligera un corto reconocim*** délo interior del cauce
del Paraná, dexando la mayor parte déla gente enla isla, junto ala q"*
39»
ANALES DE LA BIBLIOTECA
Partida
de Pauliataii.
Man^nruyuíi.
Macaco.
desagua un arroyo q"* medido á cordel tubo de ancho i5 toesas, cerca
de su boca, y enesta 3i, siendo de arrebatada corr*^.
Cierta partida de Pauiistas q*" alas orns de un ten** Coron* y de
un Cap" de Artillería (a) penetró, el año de 1788, reconociendo es-
tos parages, hta el arroyo de Pelotas, dio ¿ este deq* venimos tra-
tando el nombre de Iguarehy, loq* tal vez no seria sin premeditada
designio, siendo fácil de equivocar con el Igurey deq* habla el tra-
tado. Cabrer supo esta celebre anécdota de su Concurr*' Joachín
Feliz, y da noticia de ella con oportunidad en su diario. El Astro-
nomo Portugués llevaba una relación individual del viaje délos Pau-
iistas. En este sitio hicieron una prodigiosa pesca de Mangiiruyús,
no tanto por su numero, como por el tamaño y crasitud délos
peces. Los mas eran como de dos varas de largo y de 8 arrobas de
peso. Aunq*' pescado de cuero, sin escamas y algo blando, es de
buen gusto, y parece déla clase délos de Lineo. También cazaron
un Macuco, especie de perdiz gris, bastante común en los montes
del Paraná. Buela poco y con mucho estruendo. Canta un sonido
semejante ásu nombre. Su cuerpo es aovado, déla magnitud de un
Pavo pequeño, y de una carne blanca y delicada.
Las orillas del Rio abundaban de Naranjos, Limones y Pal-
mas.
El 5 no siéndoles dable romper por las margenes del Paraná,
cubiertas de peñascos, sueltos y disformes, con paredones elevadi-
simos y escarpados á trechos ; subieron al monte, y abriendo picada
para continuar, dieron luego con la q^ habian seguido antiguam*^
los Pauiistas, como ha referido, y enq* se conserbaban toda>ía los
palos 6 durmientes q" les sirvieron de arrastrar las Canoas. Guia-
dos por ella, aunq" embarazada de enredaderas é Hisipos, pasaron
alas 41/2 millas, un arroyo con agua ala cintura, y bastante ancho,
q' desagua en el Paraná por entre dos Paredones 6 murallas acanti-
ladas de altura considerable. Los de Sanpablo hubieron de cons-
(a) Candido Xavier d' Almeida, y Ant' Ferreira, nombrados Comisarios do las 3' y i'
Partidas.
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR SgS
truir un puente de doce tixeras para pasar este arroyo, el q' según
su relación, tiene un brazo Septentrional, q' proviene de unas lagu-
nas inmediatas. Sus orillas son pantanosas, la corriente precipitada,
y por la situación, parece el Garey del plano antiguo. Algo al Sur
déla hoca de este arroyo entra otro por la banda opuesta, de igual
entidad y no menos hondo, con un pasmoso salto de 9 gradas, q**
obligó álos Paulistas á retroceder, habiendo empezado su nita por
aq' lado, poniéndole el nombre de Itatá q* significa Sallo. Por ull"
observada el 6 la lat** de 24° \ ' 58" , como un aiarto de legua saitogr«nde dd
Paraíá.
después del Garey, llegaron el 7 á racdiodia, á observar la de 24®
4 ' 20" sobre la misma cresta del Saltogrande del Paraná deq" ha-
blan como de una délas mas hermosas y considerables Cataratas q*
puede descrivir la Geografía, tanto por el gran caudal de aguas,
como por lo elevado déla rampa, por donde caen divididas en grue-
sos torrentes por i4 islas frondosas aibiertas de grandes arboles y
Palmas, q* le hacen de una vista sobremanera agradable, y digna
de atención. De la otra parte del Salto se explaya el Rio nolablem^ ;
siendo sus orillas menos altas, y mas suave su corriente, demodo
q' ofrece una navegación tranquila de muchas leguas.
Nros Geógrafos, noteniendo instrucción de pasar adelante, por ser
disposición délas Cortes, quela prim" Partida déla seg* División hu-
biese de reconocer y demarcar el tramo del Paraná q" restaba hta el
igalimy, dieron porconcluido su trabajo, y regresaron el mismo dia,
rectificando sus operaciones. La mañana del 12 llegaron al puerto
délas Canoas, con alg"* enfermos, de resultas déla fatiga y cansancio,
y por la escasez de comestibles, q" lesllegaron á faltar del todo, te-
niendo q" mantenerse alg*** días con frutas silvestres, cocos y dátiles.
Repuestos algún tanto desu debilidad, baxaron el 16 hta el Yagua-
ry, donde construyeron, el 17, una balsa de dos Canoas, y unos
{lalos atrabesados p' cada destacam^. El 18 continuaron en ellas
agiias abajo, y el 20 de mañana entraron finalm^ en el Iguazü, des-
andadas cerca de 33 leg" q* entre senos y vueltas corre el Paraná
álos 12® S. O. desde su Saltogrande ala barra de este rio, y llegando
3i)4 ANALES DE LA BIBLIOTECA
aquella misma tarde con toda dicha al Campam*^ gral, después de
37 días de expedición.
Reconocim*** délos Ríos IguazC y Sanaxtomo
El reconocim*" q*' acabamos de referir del Paraná, no embarazó
de modo alguno, q" por otra mano sefueran disponiendo las cosas,
y preparando los caminos p' emprender sin demora, como sehabia
convenido, el délos Rios Iguazü y Sanantonio, q' seconsideraba aun
mas penoso y arduo. El mismo dia p* i4 de Julio, q' salieron los
Geógrafos p' aquella expedición, salió también nro Piloto D" An-
drés de Oyarvide, acompañado del Alférez de milicias D" Juan Jph
Valdez, alguna gente de armas, y el Vaqueano Portugués y Alí'
Man' délos Santos, á navegaren una Canoa y reconocer hta el Salto
del Iguazü, distante cosa de 6 1/2 millas del Campam*** siendo la idea
explorar las margenes deste Rio, y averiguar, si era posible, con
las noticias q^ daba el Diario de la antigua Demarcación, el parage
p"^ donde montaron entonces las canoas, abrieron la picada y subie-
ron ala cima de dho Salto. De hecho como alas 4 millas dieron con
el sitio deseado, sobre una pequeña ensenada con playa de arena
déla ribera merid"' y cerca de una preciosa cascada, q' sedespeña
de notable altura, enlos mismos términos q* la pinta el Plan de ins-
trucción. Con el conocim*° de esta valiza, sedispusoal dia sig*'un
destacam*° de 3o hombres, q' provistos detodo lo necesario p' su
alimento y defensa, como asimismo de hachas, machetes y demás
instrum*"' propios p' romper el monte abrieron efectivam** la pica-
da q* se les ordenó, siendo dirigidos por dhos oficiales, laq' tenia 5
millas de distancia, y conducía alas aguas su[>eriores del Iguazú, q'
en aquellas alturas seexplaya considerablm*" entre multitud de fron-
dosas islas y canales. Tardaron en esta faena hta el 25, y el 26,
volvió Oyarvide con el encargo de establecer un puesto en el Salto,
con almacenes p' deposito de víveres y pertrechos, y fabricar algn-
DIAKlü DE DON DIEGO DE ALVEAR SqS
ñas Canoas. El Comisario de S. M. F. no menos prolixo q' hábil
arquitecto en la construcción de estos pequeños buques no quiso
fiar la obra á ninguno desús inferiores, y tomando sobresi la direc-
ción desu astillero, caminó también al Salto el 27, lleno todo de
esta idea. Con un tal magisterio sehubiesen hecho con detención
las Canoas necesarias y con todas las proporciones del arle ; pero los
timbos y Cedros de tamaño correspond** escaseaban en aquellas
cercanías, y el Coron' Roscio sevió forzado á descender el 9 de Agos-
to, dexando p' concluirse tres canoas pequeñas, las únicas q* seen-
cofitraron, y en animo de buscar algima otra déla parte de abaxo
para subirla después en caso de necesidad, como aconteció efec-
tivam***. Oyarvide regresó también el 20 del mismo, acabados los
ranchos, y 2 Canoas regulares, q** pudo hallar, navegando el Iguazii
en otra q^ hizo montar al efecto, y cuya faena se llevó 3 dias, sin
embargo de haber descubierto otra subida, q" sino mas suave.
Alómenos acortaba de algunlanto la distancia déla picada. El Alférez
Valdez quedó con alg"* desús Milicianos para conservación de aq'
puesto.
Durante este tpo, dio el Iguazú una baxa tan considerable, q*" nros
Barcos quedaron en seco y bien distantes déla lumbre del agua,
mediando una lomada ó albardon de piedras sueltas, q" sedescubrió
derepente, y embarazaba el paso al Canal. De un lado y otro del
Campam*" velaron también varias cadenas de piedras, ó arrecifes, q*'
imposibilitaban ó hacían muy peligrosa la navegación del Rio. Una
Canoa chasquera que llegó el 26 de Julio con cartas del Pueblo del
Corpus, de donde había salido el i4, fue detenida por el mayor de
estos arrecifes ó rebentazones antes del Real délos Portugueses.
Cinco indios q** vinieron en ella, nos dieron la noticia de haber arri-
bado ásus playas, el 3o de Junio el cadáver del Dragón Luis García,
ahogado, como ya diximos, el 18 y q' llevaron las aguas cerca de
4o leg*, talvez no sin providencia especial, para q' lograse como de
hecho sele dio sepultura eclesiástica en aq' cementerio ! También
tropezaron con la misma Cachoera, como llaman los Portugueses
396 AiNALES DE LA BIBLIOTECA
las canoas q** regresaron del Paraná el 20 de Agosto, y unicam***
lapudieron pasar descargadas y suspensas áfuerza de brazos. El 23
senosmurió el indio Juan Cherí, Calafate y Carpintero del Barco de
Sáneosme. Su enfermedad fue una especie de opilación de humores,
q" dirigió su ataque ala cabeza y pecho : y lehubo de acelerar la
muerte una sangría que sehizo dar fuera de tpo por el Curuzuyá 6
curandero de los indios, sin noticia del profesor de medicina D"
Feliz Pineda, q'^ desde el instante pronosticó malos efectos.
El 21 fueron nombrados los destacam^* q* debian ir al reconoci-
miento del Sanantonio. Componiase el Lusitano de 8 Soldados, i
Cabo y 1 5 indios remadores ; el Español de 8 Dragones, i Cabo y
1 2 Milicianos del Paraguay, que manejaban con no menos destreza
el arma q® el remo ; y ambos fueron provistos de vi veres y municio-
nes p° dos meses igualm^ q* de insti*um*"* para romper el monte,
quedando en recurrir á tpo por nuebo socorro. El Ten** de ing'*'
Fran''**das Chagas Santos, y D" Andrés de Oyarvide fueron puestos
ala cabeza de dhos destacam*°" y en la orden de su destino, seles
dio la instniccion de navegar y reconocer el Iguazú hasta la barra
del Sanantonio : subir después las aguas de este lita su origen : pro-
curar de allí su unión y enlace por lo mas elevado del terreno, con
las vertientes del Pepiryguazú : y baxar finalm** por las aguas de
este ultimo hta su confluencia, si era dable, en el L niguay ; y deno.
recorrerlo alómenos en cierto tramo, hta quedar seguros desu co-
nocim*" y déla trabazón exacta de sus trabajos con los de la prim'
Subdivisión q*" debian terminar en la boc^i de dho Pepiryguazú-
Dispuesto todo esto en la forma reí^ partieron de nro Campo en los
dias 24 y 25 del cit° Agosto llevando amas porción de indios, q*
lesayudasen ásubir las provisión* y pertrechos p*^ la Picada, cuyo
camino ala verdad no era de los mejores.
Viaje al Salto del La agradable pintura q' noshacian del Salto del Iguazú excitó en
Iguacú. ^ , .
nosotros el deseo de verlo ; y llevados de esta curiosidad, acompaña-
mos el mismo dia 25, la partida de Oyarvide, siéndonos fonoso
hacer apie toda la jornada, por ir sobrecargadas las Canoas con los
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAU 397
viveros y hatos dcla gente. El Coron' Roscio quiso también volver
en esla ocasión, y salió delante en una Canoa ligera, q' sehabia
hecho construir á su modo para pasear el Rio. Una marcha de todo
el dia nos costó llegar ala boca déla picada, q** distaba solo 4 7 mi-
llas del Campam*"* donde pasamos la noche. Las orillas del Iguazú nirerentM piedras
sehallan cubiertas de grandes piedras, sueltas y negras, colocadas
unas sobre otras como derrumbadas déla barranca, y algunas de ta-
maño disforme. Todas eran de figura casi redonda, y estaban como
labadas por las aguas, y en partes bañadas de cierto betún brillan-
te, ó aceyle petrolino, q* hacia resbalar con facilidad de manera q" Aceite.
,. ., . 4«.t 1111 Prlrolino AsfaUo.
el cammo nos vino aser por extremo penoso. Atrechos se hallaban
sin embargo algunos arroyiielos con playa de arena, q" servian de
refrigerio y descanso, y también en estos era muy común cierto
aceyteójabonglustinosof'A/c^, especie de as/>/ía//o amarillo, q* nadaba
sobre el agua, formando nata gruesa y espumosa. Vimos igualm**" en
dhos arroyos varios f/uijarros ó piedrecitas, redondas, obaladas y
de otras figuras : unas opacas, bruñidas y matizadas, tal vez, de be-
las de dibersos colores, y otras transparentes, ó medio diafanas, es-
cabrosas y teñidas ya deverde, ya de encarnado ó amarillo &■ El 26
subimos la picada y el 2 7 quedaron enlos ranchos todos los Vi veres
y pertrechos, regresándose este mismo dia el Comisario Portugués
á efecto de hacer montar otra canoa deq* carecia el Destacam*" desu
Nación, y sin tener el gusto de ver el Salto objeto principal de su
seg° viaje.
La tarde del 28 tubimos nosotros la satisfacción de reconocer sau© dei igu««á.
bien de cerca esla gran catarata, pasando en una Canoa, acompa-
ñados de Oyarvide, las Chagas y otros q* ya eran vaquéanos : y lle-
gando después por una isleta de piedras, y atrabesando desnudos
diferentes canales de poca agua y corriente hasta el borde mismo
del precipicio. Es el Salto del Iguazú uno de los portentos pasmosos
déla naturaleza. Las dos orillas del Rio, q* cosa de una legua por
baxo del Salto son de piedra y sevan elebando progresiva y per-
pendicularm** hta la altura de 60 á 70 varas, á manera de dos pare-
398 ANALES DE LA BIBLIOTECA
dones ó lienzos de muralla acantilados, áq' los indios llaman Tem-
bey , se acercan poco apoco una á otra, y llegan por último á unirse,
dexando una área como de cinquenta toesas de ancho, ó algo mas,
en forma de herradura, y proyectada al N. N. O. El Iguazú corre
en la parte superior manso y explayado de una milla entre mul-
titud de rocas ó isletas, de arboles y palmas : y al encontrar con
aquella gran caxa, ó profunda Sima, q' leestá preparada se reparte
por ambos lados y ba precipitando sucesivam*** en distancia de otra
milla, dividido en grandes y vistosos torrentes. Entre estos se notan
dos muy considerables y asombrosos : el uno alfrente déla Catarata, q*
desciende prim" por varias gradas, vistiéndolas de torneadas y blan-
cas espumas, y saltando después de la inferior, haciendo un her-
moso arco, que llena todo el ámbito del mismo frente : y el otro q*
es aun de mayor entidad, sedespeña todo unido de arriba abaxo por
la parte oriental, tomando una extensión de mas de cien toesas.
Otros muchos se registran á derecha é izquierda de diversos lama-
ños y hermosura : y todos ellos estrellándose enel fondo déla caver-
na, herizado de monstruozos peñascos, hacen temblar todo el con-
torno, difundiendo á larga distancia el ronco estruendo de un furioso
huracán, y cubriendo los ayres de humedad y densa neblina q' en
columnas de humo con los agradables adornos del arco iris subehta
los cielos. Tenia en esta maravilla su literal aplicación aquello de
David : u elevaverunt Jlu/ninajlactas saos d vocibus aguaram multa-
rum (ps. 92) y esta fue en efecto la inscripción q' oportunam** hizo
gravar nro geógrafo Oyarvide, ásu retirada del Sanantonio, en el
grueso tronco de un árbol q' miraba á dho Salto : convidando por
su cara de occid** áver aq* prodigio, con otro mote no menos del
caso : « venite et videte opera Domini » 1788 (ps. 45).
Satisfecha nra curiosidad, regresamos el 29 al Campam** dexan-
do todo pronto de nra parte : y la tarde del 3o, montada la Canoa
q" faltaba álos Portugueses, seacomodaron ambos destacara^ en
seis de estos pequeños buques, y dieron principio ásu navegación.
El tiempo no lesdexó de favorecer en los primeros dias: después les
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lio ¡Ó alg* cosa, [>ero el rio noobstante, lo encontraron tanbaxo, y
con tal multitud de arrecifes descubiertos q* lecruzaban, q* es inde-
cible el trabajo q* tubieron para superarlos. En muchos de ellos tenia
la gente q^ ponerse en el agua, y alijando las canoas, pasarlas de
rastro, con las cargas al hombro ; y en todos era por lo común
violenta la corriente, peligrando no poco la pequeña escuadra con
el fixícuente gol[)c délas encrespadas olas. Oyarvide empleó i3 dias
en llegar ala barra del Sanant" : en los 25^^ 35', distante del Salto
del Iguazií 07 millas según las vneltas del rio : Las Chagas gastó 2
dias mas ; y subiendo ambos las aguas de aq' el i3 de Sep*" senave-
garon con no menos dificultad p*^ la creciente délas últimas lluvias
hta la distancia de 7 leg* ; y pararon el 19, sobre la ribera occid"'
en los 25" 4i ' de latitud cerca de una pequeña cascada q" se des-
peña de altura, y no lexos de un Salto que como en otro tpo álos
antiguos demarcadores, embarazó también ahora pasar adelante con
las Canoas.
Despachando, el 20, dos de ellas al Salto del Iguazú, por nuevo luncho.
socorro, y conduciendo algunos enfermos, tomaron el partido de * "*"
hacer unos ranchos en aq' parage, para depositar el resto desús
provisiones : y trataron luego de continuar su diligencia por tierra,
abriendo picada enel monte sin apartarse mucho del cauce del rio q''
debian reconocer. El tiemp q* seleshabia empezado á declarar ad-
verso, siguió con repetidas aguas y fuertes turbonadas, y los indios
empezaron también á decaer de animo á vista délos trabajos q' seles
presentaban. Tres déla Partida Portuguesa hicieron fuga la noche
del 24, llevándose dos Canoas pequeñas, q** dexaron á corta distancia.
Con todo diviendo sus cortas fuerzas, dejaron ima guardia propor-
cionada en los ranchos y dieron principio ala picada, el 26, conti-
nuando la penosa fatiga de esta obra con ordenada alternativa entre
los destacam*"" hta el 3o de Octubre, siendo tal la espesura é intrin-
cada breña délos montes, q* la mejor jornada no excedia de una
milla, á pesar de los mas poderosos esfuerzos.
Como la estación era propia de lluvias las del mes de ot'' fue- i>i«gaide ¡xuecto*.
6oo ANALES DE LA BIBLIOTECA
ron mas copiosas y frecuentes ; muy densas y constantes las neblinas
y creció el num° de enfermos a proporción délas humedades, ayrcs
nocivos del bosque, y multiplicación délos insectos y sabandijas,
mosquitos, gegenes, tábanos &■ plagas molestisimas q" alternaban y
sucedian unas á otras en las 2 4 horas del dia sin intermisión. Entre
ellas era muy denotar cierta mosca grande y parda q* volaba solo do
mañana ó tarde, y al picar dexaba uno ó dos huebezuelos introducidos
en el cutis, deq* provenian otras tantas ninfas ó gusanos blancos,
agusados hacia la cola, sin pies, y con dos series de puntos negros,
ó posos laterales : los q'"' roian y atormentaban muchos días loq"
no es creible. La mala calidad délos alimentos, el continuo acarreti
délos pocos q' habian dexado enlos ranchos, cuya pensión se aumen-
taba con la distancia : las contingencias y demora del socorro que
aguardaban : los retirados (sic) délos recursos : y el duro trabajo de
romper diariam*" y abrir á fuerza de brazo una selva impenetrable,
un monte q' no tenia fin ! todas estas calamidades juntas y desazo-
nes llegaron á postrar el vigor de aquellas gentes, y abatió su espí-
ritu en tales términos q'' los indios desertaban á cada paso, teniendo
á menos abenturarse álos grandes riesgos del desierto, q' sufrir
aquellas penalidades. Dos de estos infelices sehallaron dias después
muertos sobre las playas del Iguazü, y otros tres serecogieron casual-
Acuerdo iH** cstando sobrc el punto de espirar de flaqueza y falta de susten-
to no habiendo encontrado otro q* unas frutas y miel silvestre. Nros
Geógrafos pues, no habiendo ya de quien hechar mano, se vieron
constreñidos á resolver su retirada, antes de verse en el ultimo apuro :
y formado de acuerdo un intrum^ q' con fha de 3o de Oct' expre-
sa todas aquellas causales, la pusieron en execucion el i" de Nov*»**
dexando un rozado á orillas de un pequeño arr° q* lespudiera servir
de marca en caso de volver.
Durante este medio, tpo, las Canoas q* fueron por viveres el 20
de Sep"" llegaron la mañana del 24 al Salto del Iguazú donde sehabia
mantenido el Alférez Valdes, con alg*" milicianos para conservación
de aq* Puerto, y tener abierta la comunicación. Aquella misma tar-
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEA.K /^oi
de baxaron los enfermos por la picada : seembarcaron en otra Ga -
noa q** se tenia siempre por baxo del Salto : y aunque tubieron la
mala suerte de naufragar en el gran arrecife descubierto poco des-
pués del primer Campo délos Portugueses, fue sin otra desgracia q'
la pérdida de algunas armas y ropas ; ellos se transfirieron ápie por
las riberas del Iguazú hta su barra donde se hallaba ya nro Campa-
m^ como diremos abaxo, y la Canoa» con una tipa q" por fortuna
se conservó dentro de ella, enq** venian las cartas délos facultativos
sesacó al dia siguiente. El barco grande de Itapua q* fué á Candela-
ria por los viveres p* la Partida Española, había llegado á nro Real
el mismo dia 20 de Sep\ El del Corpus q** conduela los destinados
ala Portuguesa, y otro de Sanignaciominy, con mantenim**** para
los indios no estaban distantes. Con lo q" terminada la escasez, q"
ya sehabia empezado asentir en nras tropas, sepudo habilitar el soco-
rro p* los destacam*** del Sanantonio : y el 27 salió en 5 Canoas,
construidas las mas de ellas por nro Concurrente q' nosabia estar
ocioso. Los malos tpos detubieron este comboy hta el 9 de Oct* en
el Salto del Iguazú. El 3i del mismo llegó sinembargo álos ranchos
del Rio de Sanantonio y el 4 de. Nov* al parage donde sehallaban
los profesores, q* como se acava de ver, trahian ya 4 jornadas de
regreso.
Animados nros Geógrafos con la llegada oportuna de este auxilio
y conla délos indios q" lo conducían, q* eran délos venidos de re-
fresco en el cit° barco de Itapua, suspendieron ía retirada : y rem-
plazados los mas endebles y enfermos, délos q''* falleció el 5 un in-
dio del Corpus que servia á los Portugueses; acometieron, el 7, con
nuevo brío la empresa ardua desu reconocim*", volviendo Seg" vez,
y álos dos dias, al arroyo déla marca. Pasaron el 10, otro nombra-
do délas Antas por los antiguos Demarcadores, ácausa délas muchas
huellas de este Cuadrúpedo, q* notaron enél, y q" ahora confirma-
ron. El 28 advertido un gran desfalco enlas remesas de viveres q"
les hacian amenudo del rancho déla provisión q" causaban los
mismos Conductores, sebieron obligados a desprenderse de varios
AMALR* DB t4 aiBUOTCaA. — t. 111 a6
hoi ANALES DE LA BIBLIOTECA
dcsu escolta, disminuyendo asi el consumo, y remitiendo algunos
otros q*" habían caido nuevam*^* enfermos. El 5 de Diz* les alcanzó
el Alférez Valdes con cartas del Campo general, de donde habia sa-
lido el 17 de Nov^^'^en compañia del Cabo Portugués Joseph López,
conduciendo un corto socorro de dietas p' los enfermos q* sesupo-
nian, y q' habian dexado, el 27 del mismo, en el Pto de Sanan-
tonio.
Crecian con la distancia la dificultad délos acarreos, y la falta
délos vi veres. Los portadores apenas entregaban libras p' arrobas
délas especies q** habian recibido, sin haber modo de evitar este des-
orden. Fuera de esto, por camino tan penoso y dilatado la carga
de un hombre, q"" habia de llevar amas algún hato, armas y muni-
ciones para su defensa, no podia exceder de mucho loq' el mismo
necesitaba para su propio sustento, aun regulado con toda modera-
ción. Bien a costa suya experimentaron aquellos honrados oficiales
las funestas resultas de este desconcierto en otra conducta de provi-
siones, q' recibieron el 6 de Diz*. Las mermas fueron tan conside-
rables, q* sevieron aun forzados á disminuir su Comitiva, formando
el proyecto de llevar adelante, y concluir, mas q* fuese solos, el
examen de aquel rio, q* daba ya muestras de no tener lexos sus
cabezeras. Tomada esta resolución, como el ultimo esfuerzo, á q'
daban lugar tan opuestas circunstancias, siguieron, el 7, con los
mas alentados su penosa ruta : caminando atrechos por el álveo
mismo del Arroyo p" excusar enlo posible la dura faena de romper
el monte.
Origen I^® ^sta manera y con esta constancia llegaron finalm** nros Geó-
grafos, el 1 1 de Diz" á una elevada y pendiente loma q* da origen al
rio Sanantonio con un copioso manantial en los 26" 12 ' deLat**. La
misma Cuchilla reparte aguas por su cara del Sur al Uruguay : y
cortada su meseta enesta dirección por lo mas alto del terreno, vie-
ron álos 46o pasos otra vertiente pantanosa y nomenos fecunda,
nacimiento según los Diarios déla antigua Demarcación, del rio de-
nominado entonces Pepiryguazú, Nros exploradores no pudiendo
del SiaanUmío.
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAH koS
pasar adelante, como les ordenaba su instrucción, dieron aqui por
concluida la diligencia, gravando en un hermoso Cary de 6 varas
de cerco, aquella celebre inscripción q* Hercules en otro tpo en la
Ciudad de Cádiz. « I\on plus ultra 1788 « y labrado otro segundo
instrumento q* los exonera de cargo, verificaron su regreso el mismo
dia, rectificando sus operaciones. Incorporados, el i3, con la Tropa
de inválidos, enque iban no pocos mordidos, y agusanados déla
cruel Motuca, una délas mayores molestias de aq" expedición, y de
q* no selibró nro Oyarvide, llegaron juntos, el 19, al Puerto de
Sanantonio, y embarcándose enlas canoas el 20 al amanecer, arri-
baron felizmente al Salto del Iguazú, el 23 de mañana, y álatarde
al Campamento general, contando muy cerca de cuatro meses de
campaña.
Resumiendo ahora los trabajos de estos oficiales por la relación i>e»cripcion dei
y plano q' presentaron, corre el Sanantonio 27 leg* álos 22 grs
N. O. desde su origen en los 26^ 12 ' de lat** hta su barra en los
25^ 35 ' ; incluyendo en esta distancia su fsic ) pequeñas e infinitas
vueltas, y siendo unicam*' navegables p* Canoas las últimas 7 Icg".
Todos los arroyos q* leentran son de poca entidad, y por su banda
de Occid** loq' hace presumir q' las caidas de todos aquellos terre-
nos orientales formarán tal vez otro rio no distante, q" fluirá también
al Iguazii. El curso de este desde la boca del Sanantonio hasta su
confluencia con el Paraná es de 23 leg" al O. pero con vueltas tan
dobladas y tendidas á N y S. q' el apartamiento de aquellos dos
puntos es solo de 34 millas. En todo este ramo conserva una an-
chura casi igual, como de 3oo á 4oo toesas. Tiene muchos arreci-
fes q* lecruzan de un lado á otro, embarazando no poco su navega-
ción, y en el gran num° de estas q' selecuenta, la únicas conside-
rables son, la del Pesquero^ las QuaírohermanaSf la délas Tacuaras,
y la Sola llamadas asi por los antiguos Demarcadores. No tiene otro
arroyo notable q' el Sanfrancisco 5 millas largas por baxo del
Sanantonio, y en la misma ribera meridional. El gran Saltóse halla
alas i3 millas justas desu barra, y en los 25*^ 4 ' fx" de laf*. Las ere-
üok ANALES DE LA BIBLIOTECA
cientes del Paraná hacen reposar las aguas del Iguazú, facililando
en tal manera su navegación, y cubriendo los arrecifes hta cerca de
esta hei'mosa Catarata, q' no seria difícil registrarla inlcriorm*' en
Canoas, loq* fuera de estos casos seria impracticable. Tiene el
Iguazú sus primeras fuentes en los campos á inmediaciones déla
pequeña villa de Curitiba, hacia la Costa del Brasil, altura de (i)
Corre mas de al y por esta
razón es también conocido con el nombre de Rio(/randede Curitiba.
Los Portugueses, laboriosos investigadores délos terrenos mas altos,
hicieron reconocer este rio el año de 1773 al Cap" de Auxiliares F.. .
Silbeyra ; q' baxó por sus aguas en unas canoas y una escolta de
7)0 hombres con designio de formar un establecimiento hacia su
barra ; mas habiéndosele acabado las provisiones, embió p** nuevo
socorro la mayor parte desu gente, q" no volvió, y él, temiendo los
¡ndios^Coro/2aí/o,9 y falto de auxilio sevino álos Pueblos de Misiones,
donde fue preso por su Gobern*"" y remitido á Buenos ayres ; paso
alg** años en la Cindadela de Montevideo.
Critica situación Nro Real pues, como ya seapuntó, subsistió dentro del Iguazú,
del Campam**.
desde 1° de Julio hta 18 de Sep". El mal temperam** de este rio,
lóbrego y húmedo ; la estrechez desús orillas pendientes y pantanosas
y lo incierto de sus crecientes, q* hacian dudosa la salida de nros
barcos, nos resolvieron á transferirlo este día, fuera de barra, sobre
la punta N. del Paraná, donde serespiraba un ayre mas libre, se go-
zaba de un cielo espacioso, abundaba la pesca, y siendo otra la pro-
[K)rcion, era también punto mas señalado para las observaciones
astronómicas. Cuadraba asimismo esta determinación conlos barcos
(lelos viveres q* estaban para llegar de Candelaria, y no tendrían
facilidad de entrar en el Iguazú. Sinembargo de estas ventajas, la
situación local de nro nuevo Campo no era délas mas adecuadas ni
estaba fuera de peligro. Inclinado todo el terreno, y cubierto de
arena suelta, sobre una segunda tonga de arcilla ó barro resbaladizo :
(i) Alvear omitió llenar estos blancos con los datos naméricos: su plagiario Cabrer
anprimió sencillamente la cláusula peligrosa.
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR ^o5
fuera de no tener fírmeza para clavar las tiendas, ni formar ranchos,
eran continuas las filtraciones en tpo de aguas, muy frecuentes > ho-
rrorosas las grietas del suelo que se habrían, y terribles e instantáneos
los derrumbam**** en tan glandes masas, q' noshacian estremecer.
Un notable fenómeno de esta clase, nos advirtió el lo de Oct" el
^ran riesgo aq' estábamos expuestos. Formado un pequeño deposito
lie aguas con las lluvias antecedentes, delado superior de la barran-
ca, y bien cerca de nro Campam*" se desplomó la tarde de este dia,
un gran promontorio de mas de 20 varas cubicas de tierra, corrien-
do un espacio de 60, y llevando consigo un gnieso árbol de otras 20
de altura, q* dexó en medio del Rio, tan derecho y firme, como si
hubiese nacido en aq' parage, donde permaneció del mismo modo
á nra retirada. Las aguas del Paraná seabrieron ala caida de tan
vasta mole, y su movimiento fue sentido ala distancia de 5oo toesas
por los barcos délos Portugueses, q' estaban doblada la punta del
Iguazú. Paseando la tarde anterior con nro Concurrente por aquel
sitio, las filtraciones turbias y cenagosas anunciaban ya la próxima
ruina. Otros medaños, aunq' de menos entidad, sedespeñaron en
varias ocasiones ; y todos redoblaban nros cuydados sobre nro Cam-
pam*" q*' como seha dicho estaba muy expuesto á igual fracaso, y no
habia lugar mas seguro, donde transferirlo en aquellas cercanías.
Por esta causa se tomaron alg** precauciones : como evitar cuidado-
sara*" los estanques y represas dando fácil salida alas aguas : revestir
las regueras y arroyuelos q*" brotaban todos los dias, rascando y
excabando las tierras, con canales de madera ó medias cañas, he-
chas del hastil délas Palmas, partido alo largo : y por ult°, sostener
los terrenos vacilantes y movedizos conestacas y palos apique, for-
tificando las laderas y parages arriesgados. Con estos diques artifi-
ciales y apoder de industria, pudo permanecer segura nra mansión
hta fin de año.
El invierno nos fué templado y seco. Las aguas empezaron el 20 Tempertinr».
de Agosto y en Sep" y Oct" fueron abundantes, con turbonadas fre-
cuentes de piedras, truenos y relámpagos, que causaban por lo
6o6 ANALES DE LA BIBLIOTECA
regular los vientos de i" y 2° quadrante, y limpiaban los de 3" y 4*.
El 8 de Ocr se experimentó un furioso huracán del S. E. que duró
déla I alas 2 déla mañana, y causó extragos enlos montes, desgajando
y arrancando de raiz los arboles mas corpulentos y asombrosos. El
mayor frió se sintió el i3 de dho mes de Oct' al salir el Sol con
tiempo claro y vieiHo del S. y el mayor calor el 28 de Nov', alas 4
déla tarde, con vonlolinas del N. El termómetro de Nairne mani-
festó el estado déla atmosfera, con 48 partes escala de Farnheit, en
el primer caso, y con 102 en el segundo. Pasando del otro lado del
Paraná, afm de descubrir mejor el cielo, selograron varias observa-
ciones, de lat**, p' las estrellas ; de longitud, por los eclipses de los
satélites de Júpiter y por el de Sol del 27 de No\' q* casi fue anular. \
déla Variación déla Aguja magnética, p"* los Azimudcs de este Astro.
La barra pues del Iguazú sehalla con arreglo alas mas exactas en la
Latitud Merid*' 2/|^35'36'' ^ Variación magn*
Long** déla isla del Forro 323.32 '3o*' ) N E. 10^, 3o'
Las circunstanciíis de estas y demás observaciones practicadas
durante el curso de nra comisión, se podrán ver enel Catalogo de
ellas, q" como ya hemos anunciado, hará la seg* parte de eslc
Diario.
Proponte r«co- El i" dc Nov" llegó a uro Campo otra Canoa q" habia salido del P.
aguas arriba del dcl Corpus oclio dias autcs, y couducia pliegos del Servicio del Sor
Sanantonio.
Virey de Buenos ayres, y délos Comisarios déla prim" Subdivisión
q" rehallaban en el de Sanjuan. En ellos senosdaba noticia de haber
descubierto los (Jeografos de aquellas Partidas el verdad" rio Pepi-
ryguazú 1 6 leg" á Oriente dcrq" equivocadam** tomaron por tal los
antiguos Demarcadores : y senosincluia el plano del Uruguay q'
acababan de lebantar,navegandolohta el Pueblo de Sanxavier el déla
Española D" Joachin Gundin, con expresión y notas de esta descu-
bierta. El 19 de Diz** llegó tercera Canoa, q" habia salido tamb" del
Corpus el 1 1 de mañana y nro Comis° Director D" Jph Várela, re-
cibida nra contextacion sobre el particular, recomendaba con nueva
instancia, se reconociese el Iguazú en distancia de 20 leg" á oriente
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR 607
del Sanantonio, con el obgeto de ver, si sehallaba algún otro brazo,
q" descendiendo déla parte meridional, confrontase con las cabeze-
ras del verd* Pepiryguazú, recien descubierto; pues hallado aq*
«rror, podría talvez, convenir q*" la nueva Linea divisoria tomase su
giro por estos rios. La critica situación en q* nos hallábamos, sin vi-
veres y toda la gente enferma ó endeble, dificultaba ala verdad, no
poco aq^ examen ; mas sinembargo lo propusimos, al día sig^ en
conferencia formal al Coron^ Roscio, manifestándole dhos oficios y
planos del Uruguay. El Comis" de S. M. F. sin pararse á cónsul- Neg,» ieUoei
lar el modo, q* ofrecia sus inconvenientes : nosolo senegó redonda-
m** á prestarse al tal reconocim*", sino q*" adelantó no lo dexaria
practicar sin orden expresa, tratándose de terrenos q' el mismo tra-
tado clara c individualm*" cedia y consideraba de Portugal. Nosotros
graduamos inútil insistir, p^ entonces mas sobre el asunto, y lodife-
rimos p* tratarle con la debida estension, quando hubiésemos depa-
sar ala barra del Pepiry, persuadidos q' este rio podría dar mayor
facilidad para conseguirlo.
Finalm*" terminada la prolixa competencia q' motivó nro Concu-
rrente, embarazando la demarcación de este ríos, sin q* se hubiese
logrado erigir un solo marco después de tan largos y costosos reco-
nocim**** : luego que arribaron los destacam*"* del Sanan t", y baxaron
los indios las Canoas para utilizarse de ellas, fue acordado nro re-
greso á Candelaria y puesto en exccucion la mañana del 26 de Diz*"
después de misa. Las Naciones de infieles q* habitan aq' pais, y deq**
sedexó ver una numerosa toldería de mas de cien personas sobre las
playas del Igiiazú, dias antes de nra partida, dieron lugar á q* se
gravasen, en el robusto tronco de un corpudo higueron, cuya som-
bra cubría todo nro Campo, las dos inscripciones sigtes : i" en la
faz occid*' « Scitote quoniam Dominas ipse es Deus8 Kal. Jan, 1789 »>
2' en la oriental : Converte nos Deas salataris noster, est averie iram
iaam á nobis (Salm" 84- 99).
Como se hubiese empezado á sentir desde fin de NoV" la gran
creciente ó inundación periódica, q* qual otro Nilo, tiene el Paraná
&Ó8 ANALES DE LA BIBLIOTECA
en los tres prim'" meses del año, provenida de las copiosas lluvias
q*' hacia las Minas Gerales y otros parages déla Zona tórrida, donde
este tiene sus Cabezeras, causan las brisas australes con la proximi-
dad del Sol ; es indecible la velocidad délas aguas, y la prontitud
de nro viaje. El 27 hicimos noche enel Pueblo del Corpus, y el 28
después de mediodia vinimos á dar felizm^ á Candelaria ; empleando
solo 32 horas en navegar la distancia de 56 leg* q" ala ida nos habia
costado 60 dias. Esta navegación de regreso por medio del río q*
dexaba descubrir rumbos mas dilatados y seguros q* p' las oñllas
hecha siempre á remos, á paso mas igual y constante, y con unas
mismas aguas ó corriente, sin cruzar de un lado á otro, ni usar de
silga, facilitó una derrota mas correcta q* la q* sehabia sacado ala
ida al Iguazú, sugeta á todos aquellos inconvenientes; y pudo deter-
minarse ahora con mas exactitud la proyección del Paraná. Cuya
* descripción en general, siendo un rio caudaloso, no sera fuera de)
caso : y en ella nos arreglaremos al resultado de nros trabajos, alas
noticias mas exactas y modernas y especialm** ala gran Carta de
esta America, construida el año de 1776 p' el Geógrafo del Reyno
D" Juan déla Cruz (i), y ultimam*' acavaremos el Cap* como tene-
mos ofrecido, con la Competencia del Comisario Portugués.
DESCRIPCIÓN DEL RIO PaRA?VA
Dos son los rios mas remotos y q" debemos considerar como las
cabezeras del Paraná : i** el rio délas Muertes, q* tiene su principio en
la Capitania del Riojaneyro, algo al S. déla Villarica, situada en los
20® 24 ' de lat** Austral : el q* corridas al pie de 60 leg" por el S" y
y 4" qtes, sejunta con el 2" llamado Rio Verisima, q baxa del N.
y tiene sus primeras puntas en los 18^ 45 ' contiguas alas del gran
Rio de Sanfrancisco. Unidos estos dos rios sobre el paralelo délos
(1) Probablemente el mismo ejemplar del mapa de Cano y Olmedilla, á «pae se re-
fiere Alvear, es uno de los dos que existen en esta Biblioteca.
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR 609
ü I '^ toman el nombre de Paranaguazú, ó gran Paraná q en len-
gua de los indios quiere decir Pariente del Mar, lo q' no da mala idea
tlesii grandeza : y andadas 86 leg* al O NO seleagrega el Paranai-
ba q* compuesto de otros anexos considerables, trabe su origen
deles 17^ 3o ' al IS . E. donde lo tiene también el celebre Rio de To-
canlines, q* fluye al Septentrión y desagua en el de las Amazonas
por la Ciud** del Para. Continua después el Paraná al O el espacio
de 1 3 leg* hasta la boca del Rio de los Cayapas que viene del N. y
dando dulcera**, una vuelta larga, prolonga su curso como al S. S. O.
el dilatado trecho de 187 leg* hta el Pueblo déla Candelaria Cap'*
de las Misiones, dedonde tuerce otras 60 al O hasta la Ciud*** délas
siete Corrientes.
En todo este tramo recibe el Paraná, cantidad de caudalosos ríos
p' una y otra parte ; sobre el paralelo de los 20° el famoso Tiete 6
Anemby, y riega con sus prim" fuentes la Ciud** de Sanpablo, la
Villa de Torocabas y varias Aldeas Portuguesas. Los Paulistas ba-
xan por este rio al Paraná : entran después p' el Colorado ó Pardo^
q está 7 leg* mas al S. p' la banda opuesta, y arrastrando sus Ca-
noas desde sus cabezeras al rio Camapud distante solo 2 leg*,
decienden por el al del Paraguay, suben por este y el de Cuyabd :
corren los dos grandes territorios de Cuyabd y Matogroso y hacen
una navegación de 4oo leg* sin otro embarazo q* aquella pequeña
intermisión. Con otra igual acorta diferencia, les seria muy fácil
pasar del Tauru al Guaporé ó llenes, penetrando por el déla Ma-
dera al délas Amazonas, y navegar de este modo la mayor parte
déla America Merid*'. Cerca de los 22° vierte sus aguas en el Pa-
raná el Paranapané : antes de los 23® el Ibay ó Guabay, anteriorm***
Ibaxibá : en los 24° el Peqaery ó Itatu, y en los 25® 35 ' el Iguazú
deq" hemos hablado : Jtodos ríos de consideración, particularm^ el
prim" y ultimo, que nacen tamb" hacia la costa del Brasil, y cruzan
la celebre y antigua Prov* del Guayrd donde estubieron formadas
la C/urf** real ú de Ontiveras, la Villarica y las 1 3 floridas Misiones
délos Jesuitas, q' destruyeron los Mamelucos ó Moradores de San-
^lo ANALES DE LA BIBLIOTECA
pablo, ensus tiránicas excursiones, para captivar indios, llamadas
Malocas.
Por la orilla Occid"' frente del cit° Pequery, desagua el Igaii-
my en otro tiempo Igurey, por donde debe ir la Linea Divisoria.
En su margen Septent*' tubieron los Portugueses años pasados una
Población, q' estableció en aq' parage el Brig' Jph Custodio, y
tomó y destruyó el de 1777, D" Agustín Pinedo, siendo Gobern"'
del Paraguay. Luego desp* délos 24° tropieza el Paraná en la gran
Cordillera de Maracayá, y le causa el Sattogrande deq" ya dimos
noticia, impidiendo su navegación en las i5 leg** inmediatas los peli-
grosos herbideros y rapidez desús Corr***. Desde la altura del Mon-
day é Igiiazü entra ya el Paraná en la Provincia de Misiones, re-
gistrándose hta 16 délos Pueblos no lexos desús riberas : en la
Occid"' la de Jesús y Trinidad á N. y S. del Capibury, mas
abaxo la Encarnación de Itapud en el Aguapey Sáneosme, Saniia
(JO, y Santateresa enel Atingy, y sobre el Yabebiry, ó Anangapé
Santamaria de Fé y Sanignacio guazú, el prim" y mas antiguo delo-
<los ; en la Oriental el Corpas sobre el Igaaguy á un lado y otro del
Yabebiry Oriental, Sanignaciominy y Loreto, antes de otro Aguapey
Santana, Candelaria, sobre el Igarupá ; y en las cabezeras de esto,
los tres restantes Sanearlos, Sanjoseph y Apostóles, Cerca de Co-
rrientes sevé fuera de estos el Ytaty, (f es Reducción antigua de los
P. P". Seráficos.
Sobre Sanjuan de Vera délas Corrientes, enla altura de 27^ 3o'
tse reúne el Paraná con el magestuoso Paraguay, cuyos dos cauda-
losos torrentes se disputan largo trecho la preferencia con particu-
lar división desús aguas. Queda la ciud'* en el recodo de Oriente
tomando su nombre déla rara hermosura de esta gran confluencia y
prevaleciendo glorioso el Paraná, discurre ii3 leg* como al S. 7
S. O., dibidiendo los confines délas dos Gobernaciones de Tucu-
man y Buenos ayres, y admitiendo en su seno multitud de pequeños
Arroyos, deq' varios tienen su Aldea, ó Capilla. Dexa en los 29^ la
Villa de Santalucía, antes del arroyo desu mismo nombre, llamado
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR Im
también délos Astores que baxa del rincón del Iberd ó Latjuna de
Carazares en el i" quadrante. Esta Laguna» asi como en el Uru-
guay, vierte también sus aguas en el Paraná, ó mas bien selasresli-
tu ve, siendo como quieren algunos no sin fundam*" un resurgidero
del mismo rio, por medio de otro sangradero llamado Rio Corrien-
tes, q" fluye lodo el año, cerca délos 3o^ de lat**. Del 4" qte traho
su curso el fíio Salado, nombrado así por sus aguas salobres. Naco
enel valle del Calchaqai : cruza las Jurisdicciones de Salta y Tueu-
man : y repartido en dos en el País de los Abipones : el menor, lla-
mado por esto el Saladillo^ forma dos grandes Lagunas, la délas
Víboras y y la del Crist* que comunican al Paraná por varios canales
y el otro mas merid"' desagua p^ Saníafé de Vera, situada en los
3i^ 4o ' , dexando esta Ciud'* al Septentrión, cercada de agua por
los tres prim'"* qtes. El Zarcarañd ó Carcaraña no es otro q'cl Hio
Tercero, q* tiene su origen en el Valle de CalamoCliita comarca
de Córdoba ; y fluyendo al 2° qte tributa su feudo al Paraná por el
rincón de Gaboto donde estubo la Fortaleza de este nombre ú do
Santiespiritus , construida por el celebre descubridor de este rio : Se-
bastian Gaboto. La Villa del Rosario se halla al Sur del Carcaña f'í/c)
en los 33 '^ do donde cambia el Paraná en dirección al S.E. y
andadas por ultimo otras /jo leguas, muda también su nombre en
el de Rio déla Plata, ¡untándose por los 34^ con el Uruguay,
dividido en 7 bocas.
Tiene pues el Paraná, según lo dicho, muy cerca de 54 1 leg" de
curso, sin contar sus menudas vueltas, y considerando en general
su figura, hace con la costa del Brasil un cuadrilongo de 3oo leg"
de largo y 100 de ancho, siendo los dos lados mas cortos el Rio déla
Plata y el que nombramos Paranaguazú hacia sus cabezeras. Con
el Uruguay corta una hermosa y dilatada Península, tendida del
N. N. E. á S. S. O. entre los paralelos de 27^ y 34^, teniendo do
ancho por donde mas 3o leguas y 8 ensugarganta ó istmo que
cae entre los Pueblos del Corpus y Sanxavier, compuesto de unas
asperezas intransitables. Forma un cuantioso numero de islas, algu-
6ia ANALES DE LA BIBLIOTECA
ñas de consideración. Antes del Salto del Guayra sehalla la mayor
de todas, q' es de 20 leg" de largo ; poco después de Itapuá, sehalla
otra algo menor, y desde la Baxada, Pueblo reciente de Españoles,
frente de Santafe, sigue una cadena de ellas, q" casi ledivide en dos
brazos hta la confluencia del Uruguay, siendo muy denotar que has-
ta en las aguas se advierte la misma separación, conservándose sa—
obres las occidentales del Rio Salado, y dulces las orientales, \inas
del referido Salto del Guayrá, hasta donde navega el Paraná tranquí-
lame desde sus mas remotas puntas, hay otro como 20 leg* porbaxo
de Candelaria, q" impide su navegación la mayor parte del año ; y
fuera de estos embarazos está su cauce interrumpido de un sinnum*
de bancos de arena y arrecifes, q' hacen preciso el auxilio de un
Práctico bien esperto, con especialidad hta Corr'*" donde abundan
mas los escollos.
Es el Paraná muy semejante al Nilo, no solo en lo dilatado y cau-
daloso de su curso, hermosura de sus Cataratas ó Saltos, y en las
siete bocas de su desaguadero en el Rio déla Plata sino también en
sus periódicas y grandes inundaciones. Empiezan est^s á repuntar
por lo común á mediado diciembre q**" la estación del calor seba
dexando sentir con mas vehemencia. Crecen las aguas todo enero y
parte de febrero ; y después tardan en baxar cerca de otros dos me-
ses : demanera q*" el rio no semete en caxa hta el i5 de Ab'. Las
brisas pardas del S. E. al S. que reynan tanto de Sep* i Noviembre,
causadas por la proximidad del sol q*" se acerca del Austro, inundan
(le vapores y lluvias aquellas regiones déla Zona Tórrida, donde el
Paraná tiene sus cabezeras, y son el verdadero origen de estas cre-
cientes ; no de otra manera q* e]\Artesio, ó Norte causa las del ISilo en
sus respectivos tpos : esto es en medio del Verano de aquella región,
ó por los meses de Jun° y Jul'*. En el invierno baxa el Paraná regu-
larmente mas q" en alg* otra estación del año á no ser q' las muchas
aguas lo hagan crecer p' el mes de Jun" como se suele verificar no po-
cas veze". En estas ocasiones disminuyen los riesgos déla navegación
y los Barcos cargados ron 1 2 fí) arrobas de Yerba, pasan sin detención
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAIl /|i3
por el Sallo de Candelaria, venciendo del mismo modo con facili-
dad los demás obstáculos. Por u\V* con estas inundaciones reverde-
cen los pastos secos, se fertilizan los Campos agostados, las tierras
adquieren nuevo vigor y substancia con el limo y brozas, se refrigira
el ambiente délos intensos calores del clima y del Estío, terminan
las plagas y epidemias, los animales respiran nuevo aliento y las
gentes nueva vida (i).
Aunque se habia convenido en reconocer el Paraná, era unicam*^
con la mira de demarcarlo y con la de indagar la boca del Iguréy ,
como afirma nro Concurrente, loq" seria contra la instrucción de
S. M. que sentada la inexistencia de tal rio, ordena tomar en su lu-
gar el Igatimy.
De no tomar este partido, nada se hubiera hecho. El Coronel
Roscio no declaraba su dictamen, ni dexaba aq' estilo reservado,
lleno de precauciones y misterios, sin determinar cosa alguna de por
si, ya con el pretexto de no tener Vaquéanos, ya con otras ideas, y
generalidades fuera del caso, pero sin convenir de forma alguna en
la demarcación de aquellos Rios. Quería emplear el tpo en puros
reconocimientos, propuestos por otro para errar por mano agena : y
deseaba un expediente mas favorable que el Igatimy, q*" también le
habian de proponer, para ver el modo de hacerlo todavia mas ven-
tajoso, sin arriesgar, ni ceder nada desupartc. La Estación se nos
pasaba. Los Viveres seconsumian en puros debates ; y nosvimos obli-
gados á contemporizar con el sistema moroso de los reconocim*"'
por no estar en la inacción, dando parte de todo al Sor Virey del
Rio de la Plata. El Paraná fue reconocido hta el Saltogrande : el
Iguazú y el Sanantonio lo fueron igualm** ; y el Comis" Portugués,
recibida entre tanto la contestación ásus oficios del Primero desu
(i) Por las razónos apantadas en el prólogo se suprimea, aqui y más adelaate, las
notas cambiadas entre los comisarios.
hifi ANALES DE LA BIBLIOTECA
Nación, entabló de nuevo su negociación politica, persuadido deq*
el asunto podria dardesí alguna cosa.
Parece q* el Coron* Roscio con esta especie délo q* varia la deno-
minación délos ríos ha proporcionado lugar á q' secrea, q' el Igu-
rey sehalla por baxo del Saltogrande del Paraná, habiendo mudado
algunas letras desu nombre, y es aquel Rio deq* hablamos pág.
282 llamado Iguarehy por la Partida de Paulistas que baxó á reco-
nocer aquellos terrenos el año de 1783, mas ya diximos ser esta
una invención premeditada, y un designio malicioso. El Igurey seha
considerado siempre déla banda del N . del Saltogrande, y déla Cor-
dillera de Maracayá, y no á corta distancia, con q** de haber muda-
do algo su nombre, debemos suponer mas bien, q' sera el /a^riuirey,
rio caudaloso q* entra en el Paraná por la orilla Occid"' como 32
leg" á Septentrión déla expresada Cordillera y Salto. Las Cabeceras
de este gran Rio confrontan con las del nombrado Corrientes, en el
Art* 9 del Tratado Preliminar q* fluye al Paraguay, y tal vez acomode
mejor para limite q' el Igatimy por cubrir nros Establecimientos
del Ipaná, la Reducción de Belén y la villa déla Concepción.
Uno de los motivos q* nosobligó állevar tan adelante esta contien-
da aunq' conociamos no sehabia de sacar fruto alguno, fue la con-
testación del Sor Virey del Rio déla Plata, sobre los primeros deba-
tes ocurridos enel Iguazú, y recibida por nosotros en 1" de No%'.
Ya dexamos notado en el oficio i o de nro Concurrente, q' por estas
expresiones del Trat* « continué (la frontera) d encontrar ¡as co-
rrientes del Rio de Sanantonio » no entiendo se haya de tomar por
limite el mismo Rio de Sanantonio.
La falta de conformidad en las ordenes, q* tantas veces se solicitó
desde las primeras juntas del Chuy, y jamas con resultas, fue con
efecto la causa principal de no haber convenido en la demarcación
del Paraná el Comisario Portugués. También hemos visto, se negó
practicar el reconocimt* del Iguazú, en las 16 ó 20 leg* á oriente
de la boca del Sanantonio (pag ) como ordenaba ahora el Sor
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR fiíS
Virey, en su oficio antecedente. Recibidas estas contestaciones en
Candelaria, remitimos á S. E. con fha i6 de Enero de 1789, un
tanto de la competencia ref** y la contextacion fue la siguiente (i) :.
Como no hubo ajuste alguno sobre la demarcación del Iguazú y
Paraná, ni nuestro convenio fue otro q* pasar á reconocer el Pepiry
por la parte del Uruguay, no habiéndolo podido practicar por la
Serrania de Sanantonio, no se formalizó expediente alguno délos q'
ordena el Tratado solo p' aquellos casos, ni nro Concurrente convi-
no después en ello á nra solicitud para dar gusto al Sor Virey. Por
la misma razón de no haberse concluido los trabajos, no sepusieron
tampoco los Planos en limpio, ni remitieron á S. E. debiéndolo ve-
rificar todo después del examen del reP** Pepiry guazú, mas como
los pedia con instancia, secortó el del Paraná, y embió á Buenos-
ayres, firmado de acuerdo con el Com" Portugués, luego de nra
llegada al Pueblo de Santoang^ cuyoviaje, y operaciones del Pepiry
serán materia del Cap" sigte.
CAP. II.
VIAJE AL PUEBLO DE SaNANg'. DISCUSIÓN SOBRE EL VERDADERO PePIRY O
PeQUIRY y RECOÍIOCIMIENTO DÉLOS DOS RÍOS Q* LA CAUSARON
Dimos ya noticia (pag ) de la representación, que dirigimos
al Sor Virey de Buenos ayres, en 17 de Mzo de 87, sobre la difi-
cultad ó detención q' sepodria encontrar departe délos Portugueses,
para q** la prim* Subdivisión seencargase del reconocim*" del Pequy-
ry, ó Pepiryguazú, como ordenaba el Plan de Detal, atendida la
mayor facilidad q* tendria en este trabajo, debiendo terminar su
respectiva demarcación enla boca dedho rio, y los grandes emba-
razos q' por el contrario presentaría la elevada Cordillera de Sanan-
(1) Suprimida por las ra2one« antes apuntadas.
6i6 ANALES DE LA BIBLÍOTECA
tonio, para q" lopracticase la Segunda, q' nolo podria conseguir
sino acosta de una nueva expedición, trasladándose ásu barra por
lado del Uruguay. La experiencia no hizo mas que confirmar nros
recelos. El Sor Marques de Loreto, obró quanto estubo desu parle.
Sus recursos llegaron hta el Brasil, pero el prim" Comis" de S. M. F.
hizo tal oposición informando de tal suerte al Virey del Janeyn).
que no pudo tener lugar un expediente tan conforme al espirilu
del Tratado y q' abreviaba de tantos meses la demarcación ;
siendo esto tanto mas de notar, quanto restó ociosa mas de un año
en el Pueblo de Sanjuan la cit' primera Subdivisión. La Segunda
pues, fue encargada expresam** del recpnocim*" y demarcación del
Pepiryguazú, en 27 de Junio de 88, quando apenas habia empeza-
do sus operaciones en el Paraná.
Tomada esta resolución, y no habiéndose conseguido el examen
de dho Pepiry por lado déla Serrania de Sanantonio, como seacava
de ver en el capitulo antecedente ; luego que regresamos á Candela-
ria, setrató de transferirnos al Pueblo de Sanang' el ult° y mas Sep-
tentrional délos del Uruguay, y q* por lo mismo, ofrecia mayor
proporción para el objeto. El Coron' Roscio, persuadido q' las in-
mediaciones del primer Comis" desu Nación lefacilitarian habilitarse,
con mayor prontitud, sepuso luego en marcha con su Partida, el 1 1
de En° del 89, mas nosotros tubimos por mas conveniente, verificar
prim° los preparativos, q* sehallaban no poco atrasados : y dar entre-
tanto algún descanso alas gentes, q* venian demasiado extenuadas
del Paraná, y necesitadas de refresco, q' emprender con precipita-
ción nro viage en medio de los mas fuertes calores, para ir después
á detenernos en aq* Pueblo sin utilidad. En todo el destacara*" de
Milicias del Paraguay no sehalló un solo individuo, que pudiese
continuar el Servicio : y nos fue forzoso pedir su remplazo al Go-
bernador Intendente de aquella Provincia D° Joachín. \los q* no le
pudo red litar y remitir hta entrado Marzo. El relevo sucesivo do
dos Minros de B} Haz*^" D" Man^ Moreno de Argumosa, y D" Fran'"
Diaz, á quien sucedió el 3o de En** p' disposición del Sor Virey, D'
DÍARÍO DE DON DIEGO DE ALVEAH 417
Juan Bpta Florez, Administrador del Pueblo del Corpus, retardó
bastante nras providencias, expedidas anticipadam^*' desde la barra
del Iguazú, para hacer nuevo acopio de viveres, y demás pertrechos,
componer Carretas &'. La cosecha, amas de esto, fue tardia y exca-
sa, de manera q' el Viscocho no se obtuvo hta principio de Abril, y
no en la cantidad pedida. Fue asimismo necesario un nuevo surtimien-
to de medicinas, consumidas ya todas las q* sesacaron de la Capital ;
como también un presupuesto de caudales para pagar los sueldos y
gratificaciones vencidas, jornales y demás empeños de la Tesorería
de S. M. y proveer álos nuev* gastos extraordinarios, y subsistencia
déla Subdivisión en el presente año de 89, q* se juzgó seemplearia
en la expedición del Pepiry. Con este motibo se despachó á Buenos
ayres, el 20 de Mzo al Alfz de Dragones D" Tomas de Ortega, q'
hizo su viage por el Paraná, llevando consigo 78 soldados de su
destacamento, q' schallaban no menos impedidos, y necesitados de
relevo.
Todas estas causas nos detubieron en Cand" hta el 23 de dho mez saiida de cand-
de Marzo, q' auxiliados por los Pueblos con Peones, Caballos, Bue-
yes, Reses de consumo y algunas Carretas q' faltaban por compo-
ner, y acuyo cuydado quedó el Ministro Florez, emprendimos por
ultimo la marcha á Sanang' por los Pueblos de Sanjoscph, Apostó-
les, y Concepción, donde arribo la Comitiva el 1° de Abril. La situa-
ción geográfica de estos dos primeros Pueblos se dio ya á nra ida á
Candelaria. Concepción dista de Apostóles i3 Millas álos 69^ S. E. concepción.
y se halla en 27^ 58 ' 5i" de Laf* Aust'. El camino se aparta poa)
del nimbo general, y corta dos gajos del Chimird, dos del Arecutay
y dos del laguané. El lapeá seforma sobre el Pueblo, y todos estos
arroyos q* son de corta entidad, fluyen al Sur para entrar en el
Uruguay, cuyo Paso dista 6 millas álos 52^ S. E. y en el seobservó
la lat'* de 28^^ 2 ' 45" por el astrónomo Portugués Joachín Feliz, q'
llevaba los instrumentos.
En este Pueblo de la Concepción tubimos la infausta noticia del
fallecim*" de nro muy amado y piadoso Monarca el Sor D" Carlos
ASALRfl DC LA BIBLIOTSCA. — T. til ^•J
6i8
ANALES DE LA BIBLIOTECA
SannicoUs.
Martirio de 3
JcsuitaB.
3*, que Dios haya, el i4 de Diz^" u\V y la exaltación al trono desu
hijo primogénito y Principe de Asturias el S" D" Carlos 4% que
Dios conserve, el 1 7 de Enero. También en este Pueblo se había
hecho el acopio de Viscochos y demás provisiones, y luego q* fue-
ron recibidas, secontinuó la marcha, molestando el tiempo no poco,
con repetidas lluvias en el Paso del Uruguay, enq' emplearon las
Carretas del Rey hta el 10 de Abril. Las délos Pueblos del Departa-
m*** de Candelaria, se regresaron desde aqui con los Peones y Caba-
llos q' nos hablan franqueado, para excusarles el trabajo de pasar el
Rio : y el Gobernador de Misiones dispuso senos diese igual auxilio
del Pueblo de Sannicolas, situado ya del otro lado, 1 1 millas álos
38® S. E. en la altura de 28® 1 1 ' 23*'. Tiene este Pueblo sobre la
margen de dho Uruguay una hermosa Capilla nombrada de San-
isidro, y después se cortan los dos pequeños arroyos Icatuacá y
Capüpany, q' reuniéndose corren á occid^ y aumentan las aguas del
Piratiny, distante cosa de 3 millas. El 1 1 se salió de Sannicolas, se
cruzaron el Guacaracapd, el Tacuaraty, con otro que selesjunta ;
los tres gajos del Cambay con la Capilla de Sangeronimo que sine
de limite, en medio de ellos : el Piraya, conla de Sanant q lo es de
Sanluis : y sevino el 12, á dar sobre este Pueblo, caminadas 7 leg*
álos 46^ S. E. en el paralelo observado de 28® 25' 2^' . Dexando.
el 1 3, las dos Capillas limítrofes, llamadas de Sanfrancisco y San-
isidro, se paró en el Pueblo de Sanlorenzo después de 12 millas lar-
gas demarcha, á los 82^ S. E. y enla lat** de 28° 27 ' 01'. Otras
dos Capillas de Sanjoseph y Sanearlos sobre las tres piernas del Ca-
roqué, separan las pertenencias de Sanlorenzo y Sanmiguel, q* distó
muy cerca de 10 millas álos 55° S. E. y sehalla en los 28*^ 33' li''
de laf*. El arroyo del Caroqué desagua en el Iguy con dirección al
\orte : y es celebre en la historia de Misiones por el martirio de los
tres Jesuítas Roque González de Santaeraz, Alonso Rodríguez y Juan
del Castillo, acaecido sobre sus margenes hacia los años de 1688.
El cuadro de estos ilustres Misioneros se venera en la ref*' Capilla
de Sanearlos : y sus huesos juntos, con los de otro Jesuíta Diego de
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR
419
Alfaro, seconservan en el Pueblo de la Concepción. El Carril q*
pasa por dhas Capillas, dexa á Sanmiguel como media legua al
Sur : y terciando de alli al 4*" quadrante, ba ádar en el de Sanjuan
Baptista, otras 10 millas distante de aq* alangulo de 58^ N. E. y
en el paralelo de 28*^ 27 ' 5i ' .'^Nosotros nos adelantamos y tubimos
la satisfacción de visitar álos Comisarios y oficiales délas dos pri-
meras Partidas, q\ como seha dicho, se hallaban acampadas en
este Pueblo. La tropa de Carretas llegó el 16, y empleando los dos
días siguientes en el paso délos dos lyayres sobre el primero de los
cuales, q* es el menor, se hallan de un lado y otro las dos Capillas
de termino, Sanjuan Nepumuceno y Sanroque, se vino el 18 asen-
tar el Real en el Pueblo de Sanang', sito 4 leg* largas á los Sg" N. E.
y en 28° 18' iS" delata
Por la derrota q* hemos seguido, se viene en conocimiento, deq*
ios cinco Pueblos, Sanjuan, Sanmiguel q' da su nombre al Depár-
tame", Sanlorenzo, Sanluis y Sannicolas, sehallan en el Albardon q'
reparte aguas álos dos Rios Piratiny é lyuy : los quales naciendo
hacia los 29^ de Lat** donde tienen también su origen elYaguary y
Toropy, corren el espacio de 35 leg*, por terrenos montuosos y
ásperos, baxo la dirección del N. O. á O. N. O. la misma enq* ya-
cen los Pueblos, y han a desaguar en el Uruguay, á N. y S. del
paso de Concepción. El Piratiny, es navegable desde el Paso de San-
luis : y el lyuyguazú, q* es el gajo mas septentrional, q* viene délos
28^ al N. E. loes también desde Sanang' mas los Pueblos no saben
en el dia aprovechar tan ventajosas proporciones como en tiempo
de los Jesuitas. La Lengua de tierra, ó Albardon q* dexan entre si
dhos Ríos, tiene por donde mas de 8 á 10 leg* de ancho, forma di-
versas Rinconadas y Potreros, y sus tierras aunque coloradas y
poco salitrosas, no dexan deser de buena calidad. En varios parajes
de Misiones, mas principalm** en estos Arroyos, se encuentra una
piedrecita, ó concreto de tierra verde celeste, que secria dentro de
las grandes piedras, á pequeños embriones y sin fig* determina-
da, especie de ocre verde, provenido de alg* precipitación de cobre
Sanjuan.
Sanang*.
Piedra verde.
4ao ANALES DE LA BIBLIOTECA
disuelto por acido (ochra cupri pul ve rea viridis). Los Pintores la
muelen y reducen á polvo, y mezclándole un poco de agua ó mas
bien agrio de Naranja ó Limón, la disuelven bien, y emplean venta-
josamente en sus obras.
El 20 de Ab' seretiraron los Alcaldes, indios peones, tren de Ca-
rretas y animales de Sannicolas : y se alojaron las tropas, y oficiales
déla Partida, en los Cuartos del Colegio, y otras habitaciones del
Pueblo, q* su Administrad" D" Carlos Ruano habia preparado.
Desdeluego se trató con el Comisario déla Reyna Fidelisima, nro
Concurrente, q* como seha dicho antes, seliallaba en Sanang' con la
Partida desu cargo, de dar principio alas operaciones ; y como el
Albardon de Santana y la Picada abierta por los Geógrafos déla
prim* Subdivisión, estubiesen muy a trasmano, y no diesen facili-
dad para salir ala orilla del Uruguay, donde seconsideró indispen-
sable, formar algunos ranchos, acopiar viveres, y construir Canoas,
para practicar el reconocimiento del Pepiry, y demás q* ocurriera :
^Picada se tomo el expediente de hacer abrir otra Picada, q' tubiera, si era
del Nucoraguaxú. • /-» p i-
dable, todas aquellas proporciones. Con efecto dispuesta una |)arli-
da de Gastodores y escolta de una y otra Nación con dos Vaquea-
nos del Pueblo, q* solo tenían el nombre de tales salió el 7 de Mayo,
con provisiones p* dos meses, baxo la conducta de dos facultativos
D" Andrés de Oyarvide y Joachín Feliz da Fonseca, q* fueron ins-
truidos con anticipación déla dirección q' se deseaba dar ala Picada,
y llevaron para su gobierno un Plano lo mas arreglado que pudo
ser del terreno. Dirigieron su marcha por un hermoso Albardon.
cubierto de frondosas islas, q* gira al N. E. la distancia de i5 leg*
costeando á Occid** el lyuyguazú que baja del paralelo de lat** 28^.
y cortando varios arroyos de poca entidad primeram** el Yanoy q
rodea la Población bien decerca al E. S. para entrar en el mismo
lyuy, y después los Itapey Ñacapuyla y Ñacayagay que bordados
(le arboles como los demás de esta America, corren al 4° quadranle.
Entraron, pasado dho Albardon por una picada como de 2 1/2 millas,
abierta en tpo délos Jesuitas, en un campo espacioso, cercado de
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR U^i
monte por todas partes q* secstiendc 41/2 leg" sobre i de ancho alos
10° N. O. y termina enla latitud de 27^ 87' 16". Hacia el fondo
de este gran Potrero, áq* los indios llaman Nucoragiiazú, y donde
tienen excelentes yerbales, con buenos pastos y abrevaderos p' los
ganados, penetraron el bosque nuestros Geógrafos con no poco tra-
bajo : y llevando ala derecha el Cebollaty, q' nace también en los
28^ con dirección casi opuesta al lyuyguazú, siguieron al N. N. O.
la dist' de 8 leg\ Doblaron cerros ásperos, y cortaron multitud do
pequeños arroyos tributarios todos del mismo Cebollaty. Pasaron
por ult° este rio, que tiraba demasiado á Occidente en una Canoa
construida al efecto. Seencaminaron álos 5o^ N. E. y andadas otras
3 1/2 leguas por terrenos no menos agrios y montuosos, puede decir
sin ver el cielo, salieron el 29" de Jun" á la orilla del Uruguay, fren-
te déla barra misma del Pepiry, de los antiguos demarcadores.
Trazada esta ruta, seregresaron los facultativos, dexando á la
partida de trabajadores al cuydado dcsu perfección, limpiándola,
dándole mayor anchura, desechando en lo posible los cerros mas
pendientes, cañadas pantanosas, y otros malos pasos, hta quedar
transitable p* cabalgaduras, y q' se pudieran introducir por ella las
provisiones. Quedaron asimismo encargados de formar algunos ran-
chos en el Nucoragnazú al principio déla Picada, en el paso del Cebolla-
ty y en la salida al Uruguay, donde fuera de esto, debian alo menos
construir una docena de buenas Canoas, p* practicar los reconoci-
m*^ q* se pretendian. Mas habiéndose remitido el tiempo en aguas
con notable tesón, no les fue dable, desempeñar este trabajo, q' ala
verdad no era pequeño, hta fin de Sep", q* dexandolo enteramente
concluido y á cargo de un corto num** de Dragones, seretiró el
grueso de la partida, enq' venian no pocos enfermos, entre otros el
Cap" D" Jph Bareyro y 29 desús Milicianos, q' pidieron su licencia,
y fue necesario concedérsela, no estando capaces de seguir el Ser-
vicio.
Consiguiente á esta disposición de circunstancias se tomaron de
acuerdo con el Comis" Portug* las mas activas providencias para
4aa ANALES DE LA BIBLIOTECA
verificar nra salida sin perdida de un solo instante, habiendo
entablado de antemano una faena Común de Charques p* las
dos Partidas, q* no tubo el mejor suceso por las lluvias. La falta
délos Paraguayos seremplazó como sepudo, con 5o indios del*
Pueblos de Sanluis y S. Nicolás, dedonde sehicieron también venir
algunas carretas, bueyes, Caballos y reses de consumo. Los cami-
nos y malos tiempos detubieron todo este trabajo bastantes dias,
particularm** el paso del* dos lyuyres, impetuosam*** crecidos conlas
copiosas aguas délos dos meses Anteriores. Ala sazón era suma la
escasez de mantenimientos con q* noshallabam'. Consumido el Vis-
cocho y miniestras q* habiamos sacado de Concepción, no se provaba
el pan enlas dos Partidas desde el mes de Julio, sinhallar modo de
evitar esta calamidad, q' comprehendia igualm** oficiales y Comis**.
Todo el alim^ de nras gentes sereducia á carne cansada, flaca y
malmuerta. Una remesa de 3oo quintales de harina, q* desde prin-
cipio del año habia pedido el Pueblo de Sanang' ala Capital de
Buenosayres, sehallaba entorpecida desde entonces p*^ las intrigas
Desorden causado y monopoUos dcla Administracion general, q* tenia interceptado el
por la prohibí- , , , ,
jcion de comercio, comercio de k Provincia, y la mtroduccion de todo genero, con el
plausible motivo deq* los Comerciantes engañaban álos indios \
perjudicaban con sus tratos á los bienes de Comunidad. Los recur-
sos á la Superioridad no eran eficaces. Los Portugueses después de
poner sus gritos en el cielo avista de una Carestia tan general, q'
parecía meditada, seempezaron á proveer de Riopardo, tomando de
aqui margen para otras introducciones clandestinas. Toda la plata
q' expendieron las Partidas q* no fue poca, pasó por este medio álos
dominios de Portugal, y los pueblos perdieron el logro del beneficio
q* leshubiera causado, despertando su industria, y dando actividad
ásu giro. La miseria y el contrabando son los efectos mas seguros
de la prohibición del Comercio.
Viaje El Minro de R' Haz**' después de repetidas instancias álos le-
al ríucoragaazú. , ^-ii i in**» iiim* i¥^»i
mentes y Gobernador de Misiones, no pudo habilitar la Partida, mas
q' con unas fanegas de maíz, q' se conservaron cuydadosam'* para
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR 433
losq* debían salir á navegar. Con tan cortos auxilios nospusimos en
marcha el i4 de Oct* p' nomalograr lo ventajoso déla estación. La
subdivisión Portuguesa salió dos dias antes, y ambas se vieron
acampadas en el Nucoraguazú el 21 del mismo. Desdeluego sedis-
puso la conducion délas provisiones álos ranchos del Uruguay, y
prontas las muías con sus Cangallas, ó aparejos secedlo también la
delantera ala comitiva déla Reyna Fidclisima, q' salió el 25, acom-
pañando á pie con un bordón en la mano del Coron* Roscío, q' lle-
vado del deseo dever el Pepiry déla antigua Demarcación, temió
montar á Caballo por las asperezas y ramas déla Picada. El 26 fue
puesta en marcha nra carabana de bastimentos á cargo del Alí^ Val-
dez, con una escolta de seis dragones : y al otro dia seguimos nos-
otros igualm** en pos de todos, montados en un macho pequeño,
bastante aproposito p' las circunstancias del Camino. En el paso
del Cebollaty alcanzamos las dos Tropas, el 28 ala tarde, habiendo
cortado hta 3i. Arroyos, q' daban sus aguas á este rio, corriendo
déla izquierda ú de Occid^ entre igual num° de Cerros encumbrados
y montuosos, q* nosobligaron á hechar pie á tierra p' pasarlos y
enq' abundaban los Cedros, Pinos, Laureles, Inciensos, Canelos,
Lapachos y otras maderas excelentes, con particularidad el árbol
déla Yerba. La mañana del 29 seempleó toda en pasar el Cebollaty,
y el 3o llegamos todos ala orilla del Uruguay, donde estaban for-
mados los ranchos ó almacenes, enq* sedepositaron los Víveres :
habiendo cruzado asimismo otros 12 arroyos, q* corrían ala inversa
ü de oriente, entre otras tantas Colinas no menos escabrosas y pen-
dientes.
El Comisario Portugués quiso, fuésemos enpersona á reconocer
la boca del Periry délos antiguos demarcadores, q' teniamos justa-
ra** frente délos ranchos, el Uruguay depor medio : y efectivam**
botando al agua dos de las Canoas acabadas de construir, pasamos
allá juntos la mañana del 3i, y saltamos en tierra sobre las dos
puntas q* forman su barra. Enla oriental sevieron dudosos indicios
de un antiguo desmonte, retoñados los arboles q' hablan sido corta-
A3& ANALES DE LA BIBLIOTECA
dos, y en el centro, un tronco viejo, desnudo y carcomido del tieni-
po, q' parecía haber tenido impresos algunos caracteres ; y setubo
por el de i3 pies de altura, deq* habla el Plan de Detal, enq' ins-
crivieron los antiguos Demarcadores ib R F 1759. Sobre la Occid*^
hallamos otro desmonte ó rozado de pocos meses, y enmedio un
árbol con dos inscripciones q* decian : i ■ « Hucusque aaxiliatus est
nobis Deas = Pepiry i 7 88 « 2' « Sine auxilio too. Domine, nihil
sumas == Pepiry guazü i 788 » Aquella estaba abierta en una plan-
cha de cobre, y esta en el tronco mismo del árbol ; y ambas fueron
puestas por los Geógrafos D" Joachín Gundin, y el D*^ Jph Saldaña
en el seg" reconocim*^ q* practicaron del Uruguay, por disposición
délos Comisarios déla prim" Subdivisión, en los meses de Jul" y
Agosto del cit" año de 88. Verificado este misterioso examen, nos
retiramos álos ranchos : y como los Caballos y demás bestias de
carga no pudiesen subsistir alli, por falta de pastos, q' absolutam*'
nolos habia dentro del monte, habiendo tenido q* mantenerse du-
rante el viage, de hojas de arboles, especialm** délas déla Caña
Tacuarembó, q" comian menos mal, fue acordado nro regreso al
Campo de afuera, dexando un destacam*° de cada parte p' custodia
de Viveres y Canoas. En esta virtud aun no fue de dia el i" de No\*
q' volvió el Coron' Roscio á empuñar subordon, y nosotros a tomar el
mulillo, q' fue todo nro desempeño, poniéndonos el 3 ala tarde, en
el ^ucoraguazú, después de 2g horas de marcha, sinembargo de
haber llovido copiosam** desde el 2, y haberse puesto el camino
punto menos q* intransitable. Nro Concurrente tardó hasta el 7,
empleando i4 dias cnsu trabajosa romería de ida y vta.
Concluida felizmente esta penosa jornada : y viendo que el Coron'
l^ortugues enderezaba sus miras al Pepiry délos antiguos Demarca-
dores, tratando con actividad y eficacia desu reconocim** como la
sola obra de nra Comisión : al paso q* afectando un entero olvido,
se desentendia estudiosam** del verdad" Pepiry guazú, q* una vez
descubierto, como ya se apuntó, por los Geógrafos délas Prim*'
Partidas, debia ser el principal objeto de nras atenciones ; nos vimos
DIARIO DE DON DJEGO DE ALVEAR 4a5
obligados á pasarle el sigte oficio, solicitando el reconocim'" de este
rio^ después de haberle hablado en diferentes ocasiones sobre el
particular sin el menor fnilo, dando margen por este estilo á una
dilatada discusión, q* nopodemos dexar de insertar, antes de exponer
las operaciones q' siguieron.
RECONOCIMIENTO DEL PEPIRYMINY, Ó lUO DÉLOS ANTIGUOS
DEMARCADORES
Llamamos Pepirymini á este rio, cuyo examen bamos á exponer,
y q' los antiguos Demarcadores equivocaron con el Pepiryguazii ;
como se ha hecho ver enlos documentos q* anteceden. Parecia lo mas
natural y conveniente principiar á un mismo tpo el reconocim*^ délos
dos Ríos en disputa, y á este fin se dirigieron desde luego todas nras
miras ; mas los Portugueses no sehallnhan con tan sanos deseos, ni
estaban ala verdad tan prontos, como acababa de asegurar su Xefe
enlos oficios, ó alo menos no semoviaa con aquella ligereza y acti-
vidad, q* exigian las vivas protestas, con q" pretendia hacernos res-
ponsables délos atrasos y perjuicios. Nombrados, el 17 de Nov*»'* por
una parte el Ten** extraordinario de Ingenieros d" Jph María Ca-
brer, y el Geógrafo d" Andrés de Oyarvide, y recibida la instnic-
cion desús respectivos destinos, aq' el Pepirymini y este el Pepiry-
guazú, salieron, el 19 de nro Campamento del Ñucoraguazú, y
llegaron el 23 álos ranchos del Uruguay quedando desde aquel dia
prontos con sus Canoas, tripulaciones, escolta y vi veres.
No seaguardaba el Coron' Roscio esta reconvención tanexecutiva
délas vias de hecho, acostumbrado á dudar de todo quanto sele
anticipaba, muy persuadido deq' usábamos de su misma política ;
mas sedesembarazó p' entonces déla sorpresa, nombrando desu parte
otros dos oficiales para la misma diligencia. Fueron estos el Capitán
de artilleria y astrónomo Joachín Feliz da Fonseca y el Ayudante
de Ingenieros Fran''** das Chagas Santos, q' transferidos, el 25, álos
4a6 ANALES DE LA BIBLIOTECA
ranchos déla Guardia con sus correspond*** comitivas fueron luego
requeridos cada q* por su respectivo Concurrente para dar principio
alas operaciones, siendo no poco de atender al consumo inútil q'
hacian délos bastimentos, tanto mas estimables en aq^ parage, quanto
eran escasos y costosos de introducir por el fragoso camino déla Pica-
da. Tenian aun q' fabricar algunas Canoas, y debian acopiar tam-
bién mayor porción de provisiones, y no pudieron responder álos
deseos de su Comisario hta el 8 de Diz*. Nro Ingeniero ^Cabrer pudo
facilm** avenirse con esta disposición, reducido su encargo unicam"
á seguir y acompañar á Joachín Feliz, y aun se aprovechó de esta
demora para mejorar y aumentar también el número desús peque-
ños buq**; pero Oyarvide, áquien particularm** selehabia recomen-
dado la brevedad, exigiéndolo asi la calidad de su comisión, y
áquien no seocultaba desde el principio la simulada tibieza délos
Portugueses, q* interesados en eludirla, tiraban á retardarla, con la
idea, tal vez'que bajase el rio, y no fuera practicable, resolvió poner-
la por obra desu parte el 27 de Nov* dexando ásu Colega Las Cha-
gas, q* aun no trataba de seguirlo.
Nosotros para mayor claridad separaremos la relación de estos
trabajos, como seha obrado hta aqui ; mas entretanto siendo inútil
permanecer en el Nucoraguazú con el grueso délas Partidas y no
poco costoso ala R' Haz' sedexó una guardia competente para la
conservación de aq' Puesto importante, y mantener abierta la Co-
municación con los otros intereses, y baxamos el 22, al Pueblo de
Sanang' en compañia de nro Concur** poniéndonos también de este
modo mas en proporción de facilitar los socorros, conq* mensualm**
sedebian auxiliar las dhas guardias, y los destacam*** de ambos Fa-
Hcievo del Sor. cultativos = Ala sazou era ya relevado del mando y dignidad de
Marques de Lorcto
^. o^V?"^ .*** '* Virev del Rio déla Plata el Sor Marques de Loreto, habiéndole su-
cedido, el 4 de NoV el Exmo Sor D° Nicolás de Arredondo Mariscal
de Campo délos R R" Extos : é instruido con docum**** de quanlo
sehabia actuado, no dexó S. E. de prestarnos su aprobación. Asi-
mismo se hablan retirado á principios de dho Nov* las Prim™' Par-
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR l^i^
t*' del Pueblo de Sanjuan, quedando solo el Comis** Principal déla
Rey na Fidelisima, como particu larra** encargado de ambas subdi-
visiones Portuguesas. Nro Comis" director D" Jph Várela sedirigió
con la peculiar desu cargo á Montevideo por la via de Santatecla y
destacó al Piloto D" Joachin Gundin, para q' acabase de levantar
el Plano del Uruguay, á cuyo efecto llevó la Colección de instrum^''"
astronómicos ; laq* sedebia entregar por expresa orn del Exmo Sor
D" \nV* Valdez Minro de Marina al Cap" de Frag* D" Alexandro
Malespina, q" destinado á dar la vuelta al mundo con dos Corbetas,
acababa de tocar en Buenos a y res. Joachin Feliz por otra parte se-
habia llevado ásu destino del Pepiry la otra colección portuguesa, y
asi vinimos á quedar destituidos de recursos y seperdieron las obser-
vaciones q* ocurrieron en Sanangel.
El 8 de Diz" de 89, emprendieron pues el reconocim*" del Pcpiry-
mini Cabrer y Joachin Feliz (i), en 16 Canoas tripuladas por indios,
lina escolta de 20 hombres de armas entre Soldados, Dragones y
Milicianos, q' mandaba el Alf^ D" Juan Jph Valdez, 2 Vaquéanos
de monte ó directores de Picada déla Villa de Curitiba, y viveres
para unos dos meses y medio, ó poco mas, con alg*" municiones y
pertrechos, q' fue todo loq* sepudo acomodar enlos pequeños basos,
dexando otra cantidad casi igual de provisiones en el almacén gral
del Uruguay. Apenas dieron principio ásu navegación, cuando em-
pezaron también las infelicidades y los trabajos q' siéndoles después
tan comunes, sellegaron á familiarizar con ellos : las bolcaduras
délas Canoas á cada paso, con riesgo, y tal vez pérdida de alguno
délos q' no sabían nadar, y siempre con avería desús pobres tratos
y comestibles : la dura pensión de arrastrar las mismas Canoas,
largos trechos por cima délas piedras, con toda la gente en el agua :
la demontarlas á fuerza de brazos por innumerables Saltos y Arre-
cifes, transportando su carga á hombros por tierra : la continua
(i) Véase, en la citada publicacióa de Cabrer, el curioso rodeo por éste empleado
para adoptar el texto de Alvear á su propia situación. Cf. Angkl», IV, Reconocimiento
del Pepiri-guazú.
hiS ANALES DE LA BIBLIOTECA
batalla y choque perpetuo délas Corrientes q* precisam** habian de
vencer, remolinos, peligrosos, caxóeras rapidisimas : la anticipada
fatiga de sondar y escoger los mejores canales q* formaban las Islas :
la de limpiarlos déla ramazón alta délos arboles deq' estaban cubier-
tos : y fmalm** la de remover y apartar los viejos troncos, y chopos
ocultos, peñascos gruesos, lajas resbaladizas y cortantes, con otra
infinidad de estorbos q* encontraba á cada momento, y enq' se de-
tenía su pequeña Escuadra &■. Con esta molestia y penalidad tarda-
ron hta el 25 de dho Diz" en subir la distancia de 20 leg" contando
sobre i5o arrecifes de difícil transito, y 2 Saltos de mas considera-
ción, lita la altura observada de 26^ 5i ' , siendo el cauce del Rio tan
tortuoso y quebrado, q' la misma distancia contada por su rumbo
directo que es al N. E. j N. no pasa de 7 leg*.
Arroyo Eucsteparage, poco arriba del arroyo nombrado délas Tarariras
enla pasada Demarcación, y hacia donde á corta diferencia parece,
dejaron tamb" sus balsas en aq' tpo : no siendo ya el rio demanera
alguna navegable por su corto caudal, la escabrosidad desu fondo y
aspereza desús barrancas, ú orillas, formaron sobre la de Occid** unos
ranchos para deposito desús bastimentos ; y despachando, el 3o,
varias délas Canoas, bajo la conducta del Alf* Valdez, por las q*
habian dejado en el Uruguay, siguieron el i3 de Enero de 90, su
descubrim*" por tierra, no habiéndolo antes permitido las lluvias y
malos tiempos.
Doblada una pedregosa Serranía con algunos regatos de corta
entidad, pasaron el 16 alas 3 leguas, después de haber registrado el
desmonte hecho por los Demarcadores del año de Sg ; y en su cen-
tro el gran árbol de Tupia, con una Cruz gravada en su tronco,
como marca del ultimo punto de su exploración. Acostumbrados
enel Paraná á enriquecer y estender sus conocimientos sobre el te-
rreno prescripto por sus antecesores, mas animosos también ahora
nros Geógrafos pasaron adelante, abriendo á repetidos golpes de
machete la intrincada breña, mas difícil de romper enlas margenes y
cercanías del rio, deq' no podian separarse sin perderlo, extravian-
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR Asg
<lose por el interior del Monte. Con la precisa demora de esta diaria
ocupación, y obligados A seguir el sinuoso Zigzac, necesariam*"
hal)ian de hacer muy cortas jornadas, tanto q' por lo regular no
excedian de una milla ó media legua, y á veces liacian alto sobre el
mismo sitio de la noche anterior después de haber dado una gran
vía con el rio, que {XKlrian haber excusado, cortándola por su gar-
«j^anta, de tener su noticia anticipada. Un arr" no pequeño, con ba-
rranca de piedra viva y escarpada á manera de un muro inaccesible,
les obligó, el 27 andadas 9 leguas á pasar con agua ala rodilla ala
ribera Oriental, por un Salto q" contaban ya el 8", dexando una
cruz q* sirviese de guia álos que conduxesen los viveres q' aguarda-
ban ya con impaciencia del rancho déla provisión.
Al paso q* seinternaban, mas y mas herizado el terreno de mons-
truosos peñascos, lajas acantiladas, y horrorosas desigualdades,
multiplicaba los Saltos del Rio, y eran forzados a repasarlo mas
amenudo, creciendo las dificultades de su marcha en la misma razón
q* los embarazos desu retirada, q* en caso de creciente podrian ser
insuperables. Fuera de esto habian notado varias veces desde su
entrada en el rio vestigios de infíeles, mas desde el Puerto délas
Canoas, fueron mas frecuentes, encontrando diversas rancherías de
Parcialidades distintas y numerosas, q* aumentaban su cuydadopor Ranchos
de Infieles.
estar recien desamparadas, y humeando en ellas todavia los fogones.
Vieron al derrededor de estos hogares muchos despojos y huesos de
antas, Venaos, Loros, Yacues, Peces, Ollas de barro cocido y puli-
dam^ labradas : Canastillas como para frutas, muy bien texidas déla
paja ó Cascará del Güembe y colgadas por sus asas délos arboles :
y hta Cobos ó Cestos, aun mas airosos de bejucos ó Carrizos para
pezcar ; muebles todos hechos con la industria, al estilo y gusto délos
Pueblos civilizados, y q* indican haber entre aquellos indios algunos
desertores Esto noobstante redoblando nros oficiales su Cautela,
como requería la calidad de aquellos habitantes del Bosque, y pedia
la cortedad desús fuerzas precisam*"" repartidas en varios destinos,
continuaron todavia otras 5 leguas su penosa ruta, hallando varios
43o ANALES DE LA BIBLIOTECA
islotes y otros regajos q* descendian délas quebradas y empinados
Cerros de ambas orillas y aumentaban el caudal del rio, ya dema-
siadam^ disminuido como cercano á su origen.
Se rrtíraron p' Consideraudo aqui lo mucho q' se iban empeñando : la escasez
enfermos.
de mantenimientos conq* se hallaban : la tardanza del socorro cpie
habian dexado recomendado : lo incierto del q' les debia venir del
Uruguay : el general desaliento de su reducida Comitiva, agoñada
del peso de las Cargan : y el inminente riesgo, de los Indios Tupices,
que subia de punto con la distancia : avista de todos estos inconve-
nientes y demás obstáculos queles rodeaban por todas partes, difi-
cultando cada dias mas, ó imposibilitando del todo la continuación
de aquella diligencia ; acordaran el 3o, su regreso, y lo pusieron en
practica al dia sig*'. Las gruesas y frecuentes lluvias, las turbonadas,
tiempos deshechos de truenos y relámpagos, y mas q* todo los
huracanes temibles q* causando asombrosos destrozos enlos montes,
los ponian en la mayor consternación con el estruendo y los agigan-
tados arboles q' arrancaban de raiz, y caian ásu lado : no les habian
dexado de perseguir desde el principio desu Comisión, mas ahora
parece trataban de oponerse á la resolución desu retirada, cargán-
doles de tal suerte, q*" vistiendo la ropa mojada muchos dias deseguido,
se vinieron todos á enfermar délas humedades y frios, del cansancio
y vigilias, y sobre todo por la infinita multitud de Sabandijas pon-
zoñosas y molestosos insectos, boraces de Sangre humana, q* con
sus ardientes aguijones los mortifícaban loq* no es decible, cubrién-
dolos de ronchas picantes, sarnas contagiosas y dolorosos granos,
enq' anidaba tal vez, y se nutria la Ninfa ó gusano del mismo insec-
to. Los dos facultativos, como de complexión mas delicada fueron
también losq* adolecieron mas, y sobre q* secargaban las mortiferas
plagas de mosquitos, gegenes, tábanos y otras muchas moscas de
varias especies, q' sesucedian unas á otras, y remplazaban en las
horas del dia y delanoche segim las estaciones. El de S. M. F.con
especialidad, sellegó á hinchar y poner monstruoso de horrorosa
lepra, demanera q' aunq" el 6 de Febrero encontraron el socorro q*
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR 63i
aguardaban, no pudieron ya dexar de seguir su determinación y cl
II llegaron al Puerto de las Canoas.
Como el reconocimiento de este rio, practicado \a suficientem** J^'^'^i !V*" t* .
* «^ Geógrafo Eupanol.
en la antigua Demarcación , se reytcraba ahora á instancias del Co-
mÍ8* Lusitano, y ápesar de nras repetidas protestas, fundadas sobre
su inutilidad ; la instrucción q" llevaba el Geógrafo Español, sere-
ducia unicam*' á seguir y acompañar, como era justo, al Portugués,
bta donde lo quisiese continuar, sin embarazar, ni proponer desu
parte operación alg*. Por este motivo pudo Cabrer facilm** convenir
en regresar, hta el ref** Puerto délas Canoas ; mas quando su Con-
curr** trató de llevar adelante su retirada con el pretexto desu enfer-
medad, aunq* ni él ni los suyos disfrutaban de mejor salud, resolvió
aguardar antes nueva determinación, q' abandonar del todo su des-
tino, sin expresa orden desu Xefe. Dio cuenta de todo loq* sehabia
operado, y del prud** partido que tomaba, remitiendo los mas graves
de sus enfermos, con el mismo Joachín Feliz, q* contento con dexar-
le parte desu escolta, sepuso en derrota con el resto, el 20, y arribó
el 23 álos ranchos del Uruguay. Informó desde ellos á su respecti-
vo Comis", y como enlas Cartas y relación desu viaje hablase poco
ó nada desu dolencia, fundando las causas desu regreso enlas difi-
cultades invencibles, q* ponderaba haber encontrado en la prosecu-
ción de aq' obra : habiéndose vencido superiores en la expedición
de Sanantonio, lefuedada la disposición de recomenzarla, sinobtener
otra indulgencia con sus representaciones, q' el embiodeunFisico,
q* procurase mejorar su mal estado de salud con una curación pa-
liativa.
¡ Tal era el empeño délos Portugueses en seguir el examen de este idea dei* Ponu-
» 1 -1 1 • /-t • guwea en el rcco-
rio, q no los contenían los mayores embarazos ! Creían q* consi- nocim-decsieRío.
guiendo ligar sus cabeceras con las del rio Sanantonio mejoraba la
condición desu dispula, y nadie dudaria ya de ser el verdadero
Pepiryguazú. Ponian en esto su mayor esmero, y todo otro trabajo
no era de importancia para la Demarcación de Limites. En baño se
trataria, disuardirlos de esta falsa idea, ó mas hiende esta voluntaria
433 ANALES DE LA BIBLIOTECA
ilusión. Era un sistema artificioso q' contaba mas de 3o años
de antigüedad, y todos nros esfuerzos hubieran sido tan inútiles
como la primera vez. No podiamos dexar de convenir en adelantar
mas tan infructuoso como difícil descubrim***, y solo aspiramos á
sacar la ventaja posible de nra forzada condescendencia. Parecía de
moral imposivilidad llegar á ver por esta parte el celebre Cury délas
Vertientes del Sanantonio : y de seguridad moral q* este rio no baxaba
del famoso Cerro de Pinheyro. Fundados en una estima arbitraría
sugeta á mil errores, lo babian supuesto asi los Demarcadores anti-
guos : dando p"" sentado q' los Pantanos q' | provenían délas faldas
meridionales de dho Cerro, y enq' estubieron tamb" nros Geó-
grafos, subiendo por el Sanantonio, daban origen ásu pretendido
Pepiry. Aunquando setratase de alguno desús brazos transversales,
seria esta suposición una casualidad inesperada. ¿ Qto lo sería mas
respecto del Canal principal q' es el q' ahora se seguia ? Sobre ella
noobstante sedieron en aq^ tiempo estos rios p' fronterizos, y no
hubo dificultad en dirigir por ellos la Linea Divisoria. Nro Concu-
rrente estaba, ó lo afectaba estar, no menos embuido de esta Chi-
mera, y en ella hacía estribar todas sus esperanzas. Conq* si la ex-
periencia llegaba á manifestar lo erróneo de estos principios quedaba
destruido su mas solido argumento. Cabrer tuvo pues la orden de
aguardar ásu Cooperante, y el suceso no hizo mas q* acreditar
nra congetura como seba á ver.
Su difícil Hablan para este tiempo vuelto del efectivo Pepiry los otros dos
Geógrafos, y aunq' no hablan conseguido perfeccionar su indagación,
fue necesario interrumpirla p"^ entonces, para atender al reconocim*'
pend*" de aq^ otro rio, q' ocupaba todas nras fuerzas, atemperán-
donos hta en esto al sistema Lusitano, para hallar después la misma
facilidad y correspondencia, en caso de haberse de volver tamb" á
este rio como era provable. La fatal Navegación del Pepirymini nos
obligaba a socorrer á Cabrer todos los meses, no siendo fácil remitir
de una vez considerable cantidad de provisiones, y apenas bastaban
para llenar este objeto todas nras gentes y Canoas, q* padecieron
naveganon.
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR m
frecuentes naufragios y grandes averias en esta Carrera. La Partida
Portuguesa snfrió aun mayores desastres, viniendo á ser victima de
estos repetidos incidentes varios desús individuos. La extraordinaria
rapidez délas aguas, sus formidables hervideros, los saltos y el sin-
número de arrecifes hacían inevitables semejantes desgracias, oca-
sionadas tanto por la pequenez y debilidad délos bastimentos no
soportándolos de mayor porte el poco fondo.
Tardó Joachfn Feliz en reponerse hta principios de Ab' v reuni- vaeiia dd
^ ^ '^ «^ Geógrafo Portug
do el 19 con su Compañero, emprendieron de nuevo su ardua in-
vestigación el 26, y el 7 de Mayo estubieron en el punto mismo de
donde sehabian regresado el 3o de En" anterior, habiendo encon-
trado los arroyos crecidos por las fuertes lluvias, y muerto un tigre
y un lobo marino. Por cerros'encumbrados y breñas impenetrables
déla Caña llamada Tacuarembó siguieron el mismo dia la ribera de
Occidente, cortando ^alg*" Zanjas y regajos : y alcanzándolos el
i4un pequeño auxilio de vi veres, despachado del rancho de la
provisión, despidieron con la escolta q' lo conducia algunos indios
q' sehabian enfermado. Enlos 26^ ao ' de lat*^, pasadas como 5
millas, seducidos del tamaño de un Arroyo, q' baxando del 4^ qte
disputaba al rio su magnitud, leexaminaron no pequeño trecho ;
mas torciendo demasiado al S. O. rumbo q' les separaba mucho
desu deseado Cury, leabandonaron luego, y tomaron el brazo del
N. E. conociendo también ser el mayor. Subieron el 22 alas 10
millas, una hermosa Catarata, q* arroxaba el caudaloso torrente
por una elevación de 5o pies, repartido en cuatro caños distintos,
llamándola Salto iU : y remediada su necesidad con ima abundante
cosecha de piñones, gustoso y saludable maná q' provida y liberal piñones de Curj.
mano les deparó en aq' desierto espantoso no menos destituido
de humano recurso q' los déla Arabia : montaron otros tres Saltos
de menor altura, todos causados como los anteriores, por la escar-
pada fragosidad y planicies ó mesetas alternadas del terreno. Cru-
zaron el 27, el paralelo de 26^ 12 ' donde debia yacer el suspirado
Pinheyro 2 millas á Occid" según un plano q* les gobernaba del
ARAllS D> Lk BtBLIOTBCA. T. 111 >8
434
ANALES DE LA BIBLIOTECA
Origen
del Pepirjmini.
No hallaron
el Sanantonío.
Ni ■onfrODlerir.oH.
Coron' Roscio : y el 28 finalm** andadas otras 2 leg* toparon con un
pequeño y barrancoso manantial cercado de un tremedal arenoso q'
da origen al dichoso rio en los 26° 10' de lat^ y proviene délas
faldas de una Colina de áoo pasos, q' tendida E. O. reparte tamb"
aguas al Septentrión.
Tratóse luego de reconocer la tal colina, al dia sig*" salió una
Partida, q' empleó hta el 3i, en recorrer su pierna oriental enla
dist* de mas de 2 leg*. De su extremo nada un rio como de 5 á 6
baras de ancho y 2 á 3 quartas de hondo, fondo pedregoso, orillas
barrancosas, y adornadas de grandes tacuaras, y q' formando desde
su principio una vistosa confluencia, 'giraba como en vuelta del N. E.
Del I" al 5 de Junio examinó la dha Partida la pierna Occid*** déla
misma Cuchilla, y terminaba también alas 3 leguas, dimanando
asimismo de todos sus derrames y vertientes otro río, aun de mayor
caudal q* el prim" y q* discurría al O. el cumplido tramo q* alean-
saba la vista. Componíase la citada Partida investigadora de Va-
quéanos y Soldados prácticos de una y otra Nación, q' habiendo
estado antes en el Sanant** conservaban la idea precisa del nacim^
de este rio, y situación del Pinheyro con la inscripción latina Non
plus ultra, gravada en su tronco el año 1788, y todos depusieron
uniform** no haber hallado tales señales, ni ser aquella Loma la de
las Cabeceras del Sanan tonio.
Con el inesperado auxilio délas almendras de Cury ó piñones,
estando cubierto todo aq* parage de un inmenso y frondoso Pinar,
hubieran podido llevar adelante su especulación nros Geógrafos;
mas lo graduaron superfino. Los dos ríos q* habian visto correr de
aquella Serranía, con direcciones casi opuestas delNE. y O, abnu»-
ban una área de muchas leguas, y lestenian lugar de una descubie-
rta mayor q* la q* seles podia pedir. El Sanantonio, según la laf* de
su origen, no podia estar en aq** inmediaciones, como lo suponía
el plano arriba cit° de nro Concurr**, construido alo q* parece en la
barra del Iguazú. El nro con arreglo á ellas, lo sitúa 9 millas lar-
gas mas al O, q' es hacia donde seledebe considerar, por ser el rio
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR «35
primero, 6 mas Occidental délos q* fluyen al ref *" Iguazú, peroaunq*
esta circunstancia califica nro plano de mayor exactitud, con todo
no le podemos dar por enterara^ exento de error, no habiéndose
encontrado el Sanan f* áig^ distancia enq' fue reconocida la Cuchilla.
Ciertos pues los dos oficiales, de no ser, ni con mucho fronterizo
del Sanontonio el supuesto Pepiry : ni menos descender déla celebre
montaña del Pinheyro como se habia creido : nueva equivocación de
nros Predecesores, q' ponia de peor condición la causa délos Portu-
gueses, como habiamos congeturado ; acordaron su regreso, y lo pu-
sieron enplanta, la mañana del 6 habiendo embiado p*^ delante hta
10 indios enfermos, délos q' pereció uno de miseria en el camino.
Tropezaron, el lo con la Seg* conducta de vi veres, q* aguardaban ó
mas bien con los conductores, q* en vez de socorros, les llevaban el
nuevo embarazo de suministrar los consumos déla Comitiva. Contan-
do ya 21 dias de marcha y no pudiendo ser* la carga de un hom-
bre, particularm^ en aquellos caminos, mucho mayor q* loq' debia
comer en ese mismo tiempo, aun arreglada su ración diaria con
toda economía, como lo estaba en 3o honzas por todo mantenim^";
les restaba tan corta porción q* aun no alcanzaba p* el regreso délos
mismos q' los venian á socorrer. Por ult° á fuerza de industrias, y
supliendo su escasez con alg* caza, frutas silvestres, miel y otros
arbitrios déla laya q* daban los montes, pudieron el i g tomar las
Canoas : y arribando el 24 á los ranchos del Uruguay, de donde
hablan salido el 8 de Diz" anf^S se restituyeron el 6 de Julio con
felicidad al Pueblo de Sanangel.
Es pues en resumen, todo el curso del Pepiry miny, de 21 leg* Deacripcion dei
álos i5'^ S O desde su origen principal en los 26^ 10 ' de Laf* hta su cJ^^^Ímb^umus
^ en varío* parages.
barra en los 27° 10' 3o". La misma distancia subiría á 44 leg* si
con tasemos sus numerosas y complicadas vueltas. Los saltos mas
considerables son 17 é innumerables los arrecifes, desuerte q* nodá
media legua de navegación tranquila y libre de riesgo en toda su
extensión. Los Geógrafos, aludiendo ano haber encontrado el Cury
ó Pinheyro déla marca q' buscaron cuydadosam*" hicieron gravar la
436 ANALES DE LA BIBLIOTECA
sig** inscripción en varios arboles de hacia las asperezas y Collados
délas primeras fuentes de este rio « Saliens im montes ( i ), transiliens
Colles : Quesivi illumet non inveni, A. i 790 (Canticum Cant. G. 3.):
y en su entrada en el Uruguay, debaxo de Plancha de Cobre, f['P""
sieron los facultativos déla prim" Subdivisión, dándole mal apropo-
sito el nombre de Pepiry « Pepiry predato nomine vocor. A 1790. »
Duró esta trabajosa expedición 7 j meses, enq* padeció nra gente lo
q' no es decible. Naufragaron muchas Canoas y balsas, perdiéndose
cantidad de provisiones, armas y pertrechos y se hahogaron i sol-
dado y 2 indios de la Part" Portuguesa.
RECO?íCIM*" DEL PeQÜIRY Ó PePIRYGUAZÚ
Encargado del reconocim** del Pequiry, ó Rio de Mojar ritas ó Pe-
cecitos q' eso signifíca en el idioma délos Indios, nro Geógrafo d"
Andrés de Oyarvide desde el 17 de Nov*, setransfirió, el 19, como
ya se dixo, álos ranchos del Uruguay, con todo el destacam*" que le
debia acompañar de nra parte. Siguióle dos dias después por la de
Portugal el ayud** de Ingenieros Fran" das Chagas Santos, como
habia convenido el Comis" déla Reyna Fidelisima ; pero esto fue mas
p*^ aparato y ostentación, q' con animo de concurrir deveras al des-
empeño de una obra de tal importancia, y q* embolvia grandes di-
fícultades. La vaciante del Rio, q* aumentando todos los dias, hacia
recelar no poder subir hta sus cabeceras : el consumo inútil de las
provisiones mas necesarias, y lo estrecho délas orns para no perder
instantes, no fueron motivos suficientes para sacar de su paso al
Ayud** Portug\ Trataba con indolencia de aumentar el num" desús
Canoas, é introducir nuevo acopio de bastimentos del Campo de
Ñacoraguazú, y la frialdad desús disposiciones anunciaba sobradam**
lo simulado de estos pretextos. Receló Oyarvide no tener Concu-
(i) Asi en oi manuscrito. Además del solecismo, debo notarse que los dos versícu-
los pertenecen á capítulos distintos del Canticum.
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR
437
rrenle, ó áiomenos conoció, q* p' logarlo era menester ponerse
en camino, y emprendió solo su navegación, el 27, con 4 Ca-
noas, 6 indios, 6 Milicianos déla Prov* del Paraguay, 3 Dragones
y 2 1/2 meses de vi veres, después de haber reconvenido y protextado
¿k Las Chagas sobre las resultas.
Montados dos considerables arrecifes, entre otros menores del
grande Uruguay, q* bastaron á detener los Comis"* déla antigua De-
marcación; y examinada á las 700 1/2 millas la boca del Mbary q*
baxando délas caidas Occidentales del Albardon de Santana, donde
están los Yerbales délos Pueblos de Sanluis y Sanmiguel, fue equi-
vocado en aq* época con el Uruguaypitá, estubo nro Geógrafo, el 8
de Diz* navegadas en todo i5 leg" en la barra efectiva de este rio,
poco equivocable con ning" otro déla Costa del S, habiendo regis-
trado las inscripciones, y desmontes, hechos con el Apetereby, y
otro Arroyo déla del N. por los oficiales délas primeras Partidas.
Corre el positivo Uruguaypitá la gran distancia de 60 leg* y se
compone de tres brazos prales, q* abrazan aun mayor espacio, tenien-
do su principio hacia los 28 grs. de Lat. del Prim" y Segundo
monte, cuyas faldas Meridionales dan origen al Igay.
Alas 8 leg" justas de dho Uruguaypitá (o rio de aguas coloradas
aunq' en el Pais no es estraño por serlo generalm** las tierras) so
halla en medio del Uruguay la decantada isla, conq* todas las noti-
cias antiguas, y modernas caracterizan el verdad" Pepiryguazú, y q'
realm** está frente desu boca ala distancia de 200 toesas. Es bas-
tante montuosa, de mediana altura y su proyección de | de milla
álos 11*^ N. E. En su punta N. se lee en el tronco de un árbol dr
Curupaynd la inscripción « Te Deum laudamus, ü de Ag^ de 1788, »
q' D" Joachín Gundin, geógrafo déla prim' Subdivisión puso por te
mino de su Seg" viaje, y en demostración de alegria de haber encon-
trado el deseado Pequiry porq* tanto anelaba. Estendió Oyarvidela
misma tarjeta y añadió, uLaetenturinsulaemultae. 12Diz^ /789)).(Pral
96). Pasó de all{ á examinar la barra del rio; q* halló de 1 10 toesas
de ancho, y siguiendo la misma idea desu antecesor inscrivió en un
Mbary
y Urngoajpitá.
Verdadert
isla del Pepiry.
Inacrípcioa .
^38
ANALES DE LA BIBLIOTECA
Arrecife
de su boca.
Peqairymini.
'Salto grande.
Zapiypita de la punta S. aquello délos Cantares « Inveniquem diligil
anima mea, Peqairy sea Pepiryguazá 12 Diz^ 1789 (C. 3. V. 4).
Montó, el i3 ; alas 3 1/2 Millas dcla dha barra un Salto de 9 pies,
marca no menos caracteristica de este rio y la ref ■ Isleta, arrastran-
do las Canoas por la ribera Occidental, y el 24 vencidos con el
mismo trabajo otros muchos arrecifes en la distancia de 2 a millas,
teniendo el último hta i4 pies de elevación, graduó indispensable
formar un rancho pequeño y dexar en él parte de los viveres p' su
regreso, al cuydado de cinco individuos, q* iban ya algo fatigados,
y los pies muy heridos délas piedras y lajas del fondo del rio. To-
mada esta resolución, continuó su penosa fatiga con dos solas Ca-
noas y el resto de su gente. Eran tributarios del Pequiry en el
tramo inmediato frecuentes arroyos no pequeños, y otros caños visto-
sos de agua q' sedespeñaban gradualm** délas Serranías q' le costeaban
por ambas orillas. Entre todos sobresaUa uno mas notable q' alas
81/2 leg* baxaba del Oriente y penetrando por él cosa de 2 iniUas,
le dio el nombre de Peqairymini, siendo glorioso emulo del bra-
zo principal. Crecia la escabrosa altura délas Sierras alpaso q' se
internaba por ellas y culebrandose el rio p' las sinuosidades q' for-
maban, venía áser cada vez mas difícil su navegación con la mul-
titud de arrecifes grandes, q* sobre el peligro délas Corrientes au-
mentaban el trabajo de suspender mas amenudo las Canoas, )
transportar las cargas sobre los hombros. Una serie de muchos días
enq* los malos tiempos y copiosas lluvias le hicieron ' perder la ma-
yor parte, agravando lo ya demasiado fatal det antos escollos con la
nueva rapidez de las crecientes, reduxo la jomada délos pocos, q*
pudo aprovechar á solo la distancia de 4 leg" ; y ásu extremo fue
muevam** detenido, el 10 de En° de 90, por otra hermosa Catarata
q* estrechando las superiores y esplayadas aguas del Pepiry de
120 toesas, en un lecho angosto de 12, y 370 de largo, herizadode
gruesos y negros peñascos, las precipita en un solo, tumultuoso j
arrebatado torrente de nevadas espumas, por una progresión de
radas sucesivas, enq* sedistinguen tres estaciones principales, sien-
(T
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR
639
Uermcyo.
<io SU total elevación de 1 1 toesas, y formando el todo el admirable
prospecto de un pasmoso anfiteatro, q' captaba la atención.
Ni las fuerzas, ni las provisiones conq* sehallaba nro explorador
alcanzaban para superar aq' nuevo embarazo. Era preciso abrir una
picada por dentro del monte, subir por ella las Canoas," y emplean-
do en esta faena los pocos dias de vi veres q* lequedaban, no podia
hacer grandes progresos. Sin embargo considerando q' el Ayudante
Portugués podia arribar de un instante á otro con nuevo refuerzo,
determinó esperarlo algunos dias en aq^ parage, cercenando álos
suyos la mitad déla ración, q* siendo de dos libras, como sedixo
antes, quedó reducida á solo una media de tasajo ó Charque y media
de legumbres, ó maiz. Entretanto, deseoso de adelantar del modo
posible su investigación, siguió pie á tierra la orilla del rio, hta q*
ala distancia dha 870 ts. , del otro lado ya délos arreciles y rebenta-
zones del Salto, lo detubo otro arroyo de entidad, q' venia del 4" qtc y
áq* llamó Bermejo, por el color desús aguas. Subió después ala cima
de un gran Cerro distante mil pasos al S. O. de la pral caida déla
Catarata, y desde la alta cruceta de un elevado Apetereby relevó el
cauce principal del Pepiryguazú, en la distancia de 6 á 8 leg*" q' se
descubrían entre los i5 y 3o^ N. E. : y el arroyo Bermejo, al NO.
El terreno parecía disminuir de fragosidad y aspereza, mas los mon-
tes continuaban tan espesos é interminables, como hta allí, hacia
las 4 plagas del mundo, y atrechos grandes manchones de Pinares.
En el robusto pie de un Timboybatd q' se hallaba sobre el primer
despeño de las aguas, y registraba todo el canal del rio, hizo escul-
pir, la inscripción sigte con relación ala misma alegoría q' ya indi-
camos : « eum : nec dimittam, Pequiry seu Pepiryguazú. 10 Jan"
1790. » y en el Apetereby déla descubierta, a Simal montes exculta-
bunt. H Jan"" 1790 ». (Cant.c : 3. v. 4) (Ps. 97).
Finalm^ cumplido el 5."* dia de aguardar álos Portugueses, Hetiraiu de uro
Geógrafo y un en-
y no siendo ya dable suspender mas tpo su retirada, la puso en exe- cuentroconeiPor-
cucion el 1 4 de En**; y la tarde del i5 encontró ásu Concurrente so-
bre la confluencia del Pepirymini, reducido á una pequeña balsa de
Inscripciones.
&4o ANALES DE LA BIBLIOTECA
dos Canoas, sin otra escolta q' ^ Soldados, q* hadan también de
remadores, y un Sirviente. Corto socorro ala verdad, enq' seconfiaba
demasiado, mas q* noobstante fue el único conq' auxiliaron los Lu-
sitanos en esta importante expedición, mientras q* al mismo tpo
nos prestábamos nosotros con todas nras fuerzas al reconocim^ inútil
de su pretendido Pepiry. El Coron* Roscio vivía muy persuadido,
q' si obraba de otro modo, ó concurría desu parte como era justo,
al examen del Pepiryguazú, autorizaba con los hechos la opinión
contraria ala q' habia defendido por escrito con tanto tesón. Las
Chagas se habia detenido, como ya diximos hta el 8 de Diz^ enlos
ranchos del Uruguay, para construir otra Canoa, cuyo tamaño le
obligó á hacerle regresar, no habiéndola podido montar por los arre-
cifes. Su compañero Joachin Feliz pudo haberle franqueado algunas
de las muchas q' ocupó sin necesidad, mas esto seria ir contra el
sistema propuesto ; y así esta bizarra idea del Comis° de S. M. F.
fue la verdadera causa déla detención de su Ayudante. Empeñado
pues este en continuar en aquellos términos hta el Salto del Pequiry,
sinq* nadie pudiera disuadirlo de tan fútil empresa, siguió también
nro Geógrafo su determinación, y el 20 de En° llegó á la barra del
rio, habiendo recogido antes el repuesto de viveres q' dexó ala subi-
da, sus dos Canoas y los 5 individuos ya mejorados.
Uruguaymiin. Era la mcute de Oyarvide en este proceder dar cumplim** al Seg*
art° de su instrucción, q' leordenaba subir el Uruguay alo menos
hta lograr descubrir la boca del Uruguayminí, q* los facultativos
Portug* pretendieron equivocar, no sin refinada malicia con la del
verdad** Pepiryguazú. Navegando enesta virtud el Uruguay aguas
arriba, dio el 26 alas 12 leg* con la deseada confluencia del ref"
Uruguaymini, rio nada fácil de confundir con otro alguno, tanto
por su dirección del oriente, como por su gran caudal de aguas, y
sobretodo por el dilatado Valle de frondosos y corpulentos Pinos.
q* se extienden por su ribera meridional hta las orillas del Uruguav-
pita ; circunstancias todas con q' le caracterizan y distinguen los
planos impresos, especialm/* la gran carta de esta America por el
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR 6/«i
Geógrafo del Reyno D" Juan de la Cruz. Dexando pues habicrta en
un Zapiypita de tres ramas de la punta S. la inscripción « Flumina
plaudent mana. Uruffuaymini 25 Jan, 1790 » (Ps. 97), adelantó ntro
Piloto p* asegurarse mas desu conocim**, otras 5 leg' la navegación
del gran Uruguay, elq* declinando algo del E. al N. se hace cada
vez mas ancho, manso y navegable ; y dando aqui por acavada su
diligencia el 27, regresó el 4 de feb° con toda prosperidad á los ran-
chos déla Guardia, de donde habia salido el 27 de Nov* ant°^
Dos dias antes de su arribó encontró detenido en el Salto del Uru-
guay un socorro de provisiones q* sele mandaba, y conducía el Cabo
de Dragones Pedro Iguino. Su Concurrente las Chagas habia llega-
do el 27 de Enero, y el 22 estubo para ahogarse, habiéndosele virado
Ja balsa, enq' venia, en uno de los arrecifes del Pequiry, dedonde
le sacaron ya sin alientos ni sentidos, perdiendo todo su equipaje, y
salvando casualm*" los papeles, y algunos comestibles, con lo q* pudo
llegar á salvamento.
Esta es en substancia la relación dol Diario de Oyarvide, El cur- iu«om« p» q*
so del rio en las 21 leg' reconocidas, sin incluir las 8 descubiertas deroPepirjgiurf.
desde el Apetereby, es álos 38° N. E. y su anchura como de 60
toesas htala barra del Pequirymini, y de allí hasta el Salto de 3o.
Enera de las razones q' ya expusimos en la competencia q* antecede,
sosteniendo contra nro Concurrente ser este el verdadero Pepirygua-
zú, la circunstancia solo de no hallarse otro rio de mayor caudal,
q* entre en el Uruguay porla banda del N . cnlas 4o leg* navegadas por
nro Geógrafo, á saver 23 antes, y 17 después, noslo persuade hta
la evidencia. El tomado por tal en la pasada Demarcación, siendo me-
nor indubitablem^, deberá alo sumo, ser elPcpirymini, pues no se
ha encontrado rio alg" de este nombre, y lo debe haber, como indi-
ca la relación délas partículas ¿rMazáy/n/ne, comparativas desu mag-
nitud en el idioma délos Indios. No lo demuestra menos la etimo-
logia de Pequiry primer titulo con q* el tratado Preliminar señala
este rio y q* en Guaraní significa rio de Pececitos ó Mojar ritas. Las
Canoas de nras gentes se llenaban todos los dias desde q* entraron
643 ANALES DE LA BIBLIOTECA
por SUS aguas de dhos animalitos, como refiere dha relación. Amas
q* el mismo Tratado no podia, en 1777, dar á entender con esta
denominación de Piquiry el rio aq* expresamente le fue suprimida
en 1759, por los Comisarios de Limites de aquella época, como
declaran ensus Diarios, y dexamos advertido en nro tercer oficio
(pag 379). Luego el Pequiry ó Pepiryguazú deq' habla el arl" 8^ no
es ni puede ser otro q* el rio de nra aserción.
Orden para Auuque Oyarvidc no pudo llegar alas cabeceras de este Rio, nime-
continuar
el reconocimiento. nQg indagar otro frouterizo á el, q' fluyese al Septentrión, hacia el
Iguazú ó Grande de Curitiba, como le prevenía su instrucción, y
para lo q* seria indispensable la Campaña de otro año, con otros
preparativos ; el reconocim** practicado, parece, daba luces suficien-
tes para resolver el problema y q* pudiera ser acertada la determi-
nación délas Cortes. Mas aunq' lo expusimos asi respetuosam** ala
consideración del Señor Virey de Buenos ayres, quando dimos
cuenta en 12 de M*** del regreso délos facultativos : consultando
S. E. el punto con el Com° director D" Jph Várela, q* acababa de
llegar á dha Capital, y q* como primer autor de esta disputa tenia
particular empeño en el examen de este rio, y enq* se adoptase p'
limite, fue resuelto lo contrario. La Contestación del Señor D° Ni-
colás de Arredondo de 1 3 de Ab* es concebida en estos formales
términos : « Sinembargo de conceptuar Vm, q* basta el reconoci-
m*** practicado para instruir alas Cortes del fundamento de nras pre-
tenciones, y q* puedan resolver con acierto, parece indispensable q'
se continué el examen del Pepiryguazú nuevam** descubierto, y por
donde debe descrivirse la Linea Divisoria hta sus cabeceras, y seguir
por lo mas alto del terreno, baxo las reglas del Art** 6 del Tral" á
encontrar las del Sanan tonio. . . y por tanto se deben disponer sin
prdida de tiempo los facultativos de ambas Partidas p' la conclu-
sión de esta importante obra... &".
caa«i. Llegó á nras manos esta resolución á principios de Mayo, qdo
q* lo demoraron. , , , . ■
recomenzados los penosos trabajos del Pepiryminí con el restable-
rim*" del Astrónomo Portugués, llamaban toda nra atención :
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR i^43
y empleadas todas nras fuerzas y Canoas en redoblar los socorros
de víveres como exigía la mayor distancia áq' sehallaban los desta>
cam**% y alo q* obligaba ya el rigor déla Estación» malogrando y
aun perdiendo la mayor parte délas provisiones en cada remeza con
las continuas aguas y malos tiempos, como va referido ; no pudo
tener por entonces su debido efecto. Pero concluida aquella emba-
razosa expedición á primeros de Jul", aunq* lo crudo del invierno
daba todavía pocas treguas, tratamos luego de disponernos sin de-
mora para la nueva del Pepiryguazú, .tanto mas difícil quanto mas
distante, y quanto nras gentes estaban mas postradas déla dura fatiga
de 8 meses, q* les habia durado la de aq^ rio. Se pidió pues el rem-
plazo de los Milicianos del Paraguay, q* ninguno de ellos habia
quedado en términos de continuar el Servicio. Sedió asimismo baxa
á todos los indios de este Departamento q* la proximidad desús Pue-
blos leshacía desertar con frecuencia, y se procuraron otros de los
del Paraná, mas prácticos en la peligrosa navegación délos rios, y
mas acostumbrados al manejo de las Canoas. Se solicitaron muías.
Caballos, y Bueyes : y dieron finalm*" todas las providencias necesa-
rias para verificar un nuevo y proporcionado acopio de provisiones y
pertrechos &•.
El Comis° de S. M . F. entre tanto haciéndose olvidadizo de q" la
indagación del Pequiry habia quedado en embrión, sin haber tenido
tiempo de llegar ásus primeras vertientes, lejos de haber pasado á
unirlas con las del otro rio Septentrional q* corriese al Iguazú,
como le habia sido propuesto en nro primer oficio de 9 de Nov**"
del año anterior de 8g, y él había convenido formalm** enel suyo
de 18 de dho mes; afectaba haber dado ya de mano á todos estos
trabajos. Se desentendía de aquellas disposiciones preventivas, y se
mostraba frió espectador de nros movimientos. Si alguna vez le lle-
gamos á hablar en la materia, dándolo por sentado, sedebía conti-
nuar el reconocim*" del Pepiryguazú, interrumpido únicamente por
atender el del otro rio, no permitiendo las circunstancias seguir los
dos aun mismo tpo, como al principio ; respondía con la indiferen-
Wi ANALES DE LA BIBLIOTECA
cía, y tono de un curioso, no tomando mas ínteres enla noticia, q'
si selecomunicara por entretenimiento ó diversión. Viendo pues las
cosas en este estado de crisis misteriosa q' pasaban los días, y se
perdían los preciosos instantes, aunq* á nro exemplo se debían pre-
parar los Portugueses para la nueva campaña, q* requería bacerlo
con anticipación : q' llegaría la hora de salir y no estando avisados,
ni prevenidos, podrían excusarse, y dexar de asistir ala conclusión y
perfección de tan importante diligencia, empezada de común acuer-
do, y q* la necesidad sola había dexado pendiente ; nos vimos obli-
gados á formalizar los asuntos, para correr el velo y decifrar el em-
blema político del Coron* Roscio, convidándole de oficio para el
seguim*** de aquella operación. Por mas q' procuramos simplificar nro
papel, sirvió no obstante de pretexto á nro Concurrente q^* deseaba
anciosam** la mas remota proporción, para renovar con mayor ardor
sus antiguas pretenciones sobre los ríos Pequiry é Igurey enredando
fuera del caso una complicadísima discusión tanto mas escusada,
quanto los mismos puntos habían sido sentados con suficiente cla-
ridad y separación en el Paraná y en el Campo del Ñacoraguazú, y
pendían ya déla decisión délas Cortes. Mas el partido estaba tomado,
y el fin no era otro q* ofuscar el verdadero derecho, yla razón, em-
brollando mas y mas las ideas, y abultando á nuevas ¡das y venidas
el voluminoso expediente, sin pararse en la fidelid** ni exactitud
délos medios. Nosotros, siguiendo el método q' nos hemos propues-
to en las materias polémicas, ó contenciosas, daremos copia entera
délos documentos origínales, como piden la esencia y gravedad de
los asuntos q* se tocan, y exige la delicada Comisión de Límites.
Nosotros omitimos cuydadosam** decir q* procedíamos de orden
del Sor Vírey del Río déla Plata, precaviendo que el Coron* Roscio
tomase de aquí margen para solicitar volver también al Paraná,
cuya expedición no habiéndose executado á entera satisfacción del
Sor D" Luis de Basconcellos, Vírey del Brasil, se había ordenado
reytcrar varias vez" aunq* jamas quiso convenir en semejante píx)-
puesta del Sor Marq* de Loreto. Nra precaución sin embargo no
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR H5
bastó para contener á nro Concurr**. El requerim*", hecho en prim*
instancia p^ el Gobern°' de Hiogrande, y en segunda por el mismo Sor
Virey del Brasil, fue entablado ahora en tercera con nuevo vigor á
titulo de justa correspondencia como se va á ver, mas aquella cau-
tela sirvió para eludirlo é impugnarlo con mayor facilidad.
Viendo este modo de reproducir siempre las mismas cosas de nro
Concurrente, q' era nunca acabar, dexamosde responderle por aho-
ra directamente, y tomamos el partido de acelerar las operaciones
para acabarlo de resolver, considerando q* las vias de hecho son
siempre mas eficaces q* las disputas : y también por q* tal vez estaría
persuadido, deq' nra determinación de proceder solos al reconocim**
del verdadero Pepiry, no habia de llegar á tener efecto, como se
habia dexado decir en publico, y q" únicamente se proferia por q*
jamas sehabia de executar, y con el obgeto de intimidarlo. Nro
oficio fue reducido álos términos sigtes, haciéndole ver q' su reti-
rada habia sido de este carácter.
Nro Concurrente hubiera querido q'' quedase esto así; mas á
nosotros nosinteresaba hacer constar q" habiamos efectivam*" dado
principio alas operaciones sin su concurso, para q* en adelante no se
pudiese obscurecer, como era fácil, aq" tenia por costumbre contra-
decir y negar los hechos mas notorios : y tamb" queríamos satisfacer
álos varios puntos q" dexamos pend**" del anterior ó penúltimo
oficio del Coronel Roscio, porq* no sepresumiese, q" no tenian res-
puesta, y principalm** por lo mucho q* conviene exclarecer estos
asuntos para su mas acertada decisión. Vno y otro obgeto procu-
ramos incluir en el sigte oficio q* dirigimos pocos instantes des-
pués de haber puesto en marcha el Destacamento encargado del
reconocimiento del Pequiry.
4^6 ANALES DE LA BIBLIOTECA
CAP» 1 3
CONTINUACIÓN DEL RECONÍX^IM** DEL VERDAD* PEPIHTOUAZé Y NUEVAS
DISPUTAS DE LOS PORTUGUESES SOBRE ESTE RIO T EL IgURET
Hemos visto en los docum'^' q" anteceden la tenaz resistencia
q^ hicieron los Portugueses á la continuación del reconocim^ del
Pequiry ó Pepiryguazú, ordenada expresam** por el Sor Virey del
Rio déla Plata en i3 de Abril de 1790, no habiéndose podido con-
cluir en la campaña del año ant°^ Bien era de conocer, q* esta opo-
sición, sistemática llevada tan adelante, y unicam*^ entablada p* nego-
ciar á titulo de justa corresponda'^ q* se reyterase la expedición mal
sucedida del Paraná, no dexaria de ceder desu aparente tesón, si
llegado el caso de dar principio alas operaciones, se lograba persua-
dir con los hechos álos Comisarios de S. M. F. no ser tan vana
como sehabían creido nra resolución de salir solos á veriGcar sin su
asistencia la deseada conclusión de esta obra importante. Efectivam*^
no debiendo diferir mas tpo un medio tan eficaz de acabar de
resolver álos Portugueses, y q* en otra ocasión habia tenido un éxi-
to feliz : conseguido en gran parte el acopio de las provisiones nece-
sarias, y habiendo llegado setenta Indios buenos Canoeros, (f se
habian pedido délos Pueblos de Itapua y Sáneosme, salió el 3 de
NoV como expusimos con igual fha al Coronel Roscio, nro Geó-
grafo D" Andrés de Oyarvide, acompañado de alg**' Dragones 4 con-
tinuar el reconocim*** del verdad** Pepiryguazú,
Concluido el del Pepiryminí ó rio délos antiguos Demarcadores,
a petición de nro Concurrente, como se dixo arriba no habia ya
paraqué conservar el Campam** del Nucoraguazú. La picada del
Albardon de Santana abierta el año de 88 por los Comisarios de la
prim* Subdivisión en los montes Occidentales del Uruguaypita, q*
entra en el gran Uruguay 1 5 leg* á Oriente de dho Pepiryminí,
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR kki
como tamb" se expuso, acortaba de otro tanto la navegación y
ofrecía mas acomodadas proporciones p" esta diligencia. Dexando
pues su Comitiva en el camino de este Albardon, seadelantó Oyarvi-
de á levantar y transferir á él el ciV* Campam*" del Nucoraguazú,
haciendo llevar asimismo por el rio unas Canoas, q^ habian queda-
do de algún uso de la ant*"" campaña. Esta disposición era ya
dictada de acuerdo con los Portug" q' viendo q* las cosas iban de-
veras, cedieron desu obstinado empeño, y vinieron por ultimo en
dar sus manos p' la execucion de una obra q*" habia quedado incom-
pleta, y cuya utilidad no se les podia esconder. Pero respondiendo
rara vez la actividad de los hechos ála de las palabras, no fueron
tamb" estas muy puntuales las q^adelantó su Xefe en su ofício del
dia 6, Muy satisfecho de sus buenas ofertas, y con el pretexto de
los 6o indios' pedidos ultimam^ q*' era natural tardasen no poco en
venir, defirió aun para otro tpo su concurrencia el Coronel Lusitano.
Los primeros trabajos de esta expedición q"" en todas son los mas pe-
nosos y arriesgados, quedaron al cuydado solo délos Españoles, y nro
oficial reducido á operar sin ayuda de otro, le fue preciso dividir su
gente y tardó hta fines de Nov*»" en la traslación de aquel campo.
En este medio tiempo la tropa de Carretas q* escoltaba el Sarg** Aiesúuto deio»
^ scig Eapañoles p''
de Dragones Man* Pérez, con un Cabo y cmco Soldados, llegó el dia »o» Tupices.
12 ála Picada de Santana, y en la mañana del i5 antes de amanecer
fue sorprendida y cruelm*^ insultada p"^ los indios Tupices, q" pa-
rece la habian venido observando de lejos por las orillas délos mon-
tes, ó como dicen comunm** bombeando, (f es la costumbre de
estas Naciones hta lograr su depravado intento. Recien venido Pé-
rez de Buenos ayres, con poca experiencia, y olvidado de las vivas
exórtacíones q* ásu salida de este Pueblo había oído sobre la re-
unión, vigilancia y disciplina conq* sedebia andar p' un pais de tales
fieras dexó separar aunq* á corta dist' los ocho indios q* guar-
daban la Caballada y demás animales, con el Soldado Dragón Jph
Rodriguez, q* siendo criollo, gustaba mucho de andar sin armas, y
lo pagó bien en esta ocasión. Hicieron estos un ranchillo de varas
648 ANALES DE LA BIBLIOTECA
arqueadas y ramas p* albergarse de la lluvia encf estaba cerrada la
noche, y se hecharon á dormir á pierna suelta dexando el cuydado
déla ronda délos Caballos, y el de sus propias vidas al zelo de un
Indio délos mas infelices é inocentes, q* fué lo c[* le valió. Reunidos
silenciosam^ los Barbaros, como alas dos déla madrugada, al rededor
de la pobre Chozuela, armados de gruesas y tostadas macanas, de
arcos, flechas y de algunos Chuzos ó Lanzas deq" sehabian apoderado
en otros asaltos semejantes álos Guaranies, fueron inhumanam*'
asesinando uno á uno aquellos miserables, sin darles aun tpo de
despertar y q* de este modo vinieron áser victimas de su indolencia
y floxedad.
Dos sin embargo pudieron escapar del Sangriento furory aunq^mal
heridos, á favor de la espesura del Bosque, y obscuridad del tiempo no
tardaron en llegar ala Guardia, donde acababa de arribar también
el otro indio q' habia quedado á Caballo. No habia esta dexado de
sentir desde el principio el rumor, la gritería y algazara délos Sal-
vages, q* procuran siempre atolondrar y confundir álos q* acome-
ten á fuerza de unr uido espantoso, voces descompasadas, y estrepito.
No era difícil de adivinar qual era el obgeto de aq^ desacostumbrado
estruendo q" seoia y eran mucho de temer las resultas, considerando
aquellos desgraciados enteram** indefensos. Pérez y el Cabo Fran'"
Gonzales con los demás Dragones pensaban ir en su socorro, y era
loq" debian haber executado sin detension ; mas mientras se delibe-
raban y disponian, les llegó la noticia délo acaecido, y resolvieron no
moverse del Puesto, aguardando en él ser también, atacados, y
hacer su ultima defensa. Consequen te fue la determinación q* lo-
maron al descuydo q' habian padecido. Los Tupies no pensaron
en venir á ellos, y malograron la oportunidad de socorrer, y aun
salvar la vida de alg*** délos suyos, dexando talvez, bien escarmenta-
dos álos agresores. Con todo la simiaria información q* se hizo
del cazo, los disculpa enteram** de una conducta q* parece tan poco
vigorosa, atendiendo ala distancia q" mediaba, q* siempre era cerca
de una milla, alo tenebroso y húmedo déla noche q* embarazaba el
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR 6^49
uzo de las armas de fuego, ala cortedad de sus fuerzas, á la supe-
rioridad de las q' segraduaban al enemigo, y ásus otras ventajas, de
hallarse en su propio Pais, conocer el terreno, su destreza y agilidad
para andar por los montes. &*.
Apenas fue de dia pasaron con la debida precaución al teatro
donde sehabia representado tan lastimosa escena, y vieron de uno y
otro lado los seis cadáveres, de 4 Indios de este Pueblo, uno de
Itapua, y el Dragón Rodríguez, q* con la mas extraña barbarie ha-
bian destrozado y dexado enterara** desnudos, llevándose la ropa,
aquellos desalmados Caribes. Llenos de espanto, no menos q* de im
piadoso dolor los recogieron y dieron sepultura provisional, y desp*
eclesiástica al regreso délas tropas de aquel destino q' conduxeron
los huesos, juntos con los demás de otros 20 indios, q" en aquellas
inmediaciones, no habia mucho tpo, habian sufrido la misma des-
gracia.
No era esta sola vez, en muchas otras nos habian ofrecido de es-
tos lamentables espectáculos, así el Nucoraguazú, como el Albardon
de San tana y demás Yerbales q* tienen los Pueblos sobre el Lniguay,
sobre el Yacuy &. Todos ellos están poblados de Cruces y desde
el año de 87 no se oyen mas q' relaciones trágicas de estos desas-
tres. Lo» Tupices sin embargo hta este lance, habian respetado
spre nras partidas, aun reducidas á menor numero, y el mal
suceso de este dia sedebe solo atribuir ala sorpresa de haberlos cogi-
do durmiendo v sin armas en abandono total desús mas serias obli-
gaciones. ¡ No es fácil de explicar quánto temian los infieles álos Ca-
payus ó Soldados, q" conocian por la huella de bota ó pie calzado !
j Hacian cielos y tierra de encontrarse con los q* imitan en sus armas
al rayo y al trueno, y todo su valor y encono estallaban sino contra
los Tapes! Antes de aquel tiempo reynaban la paz y buena harmo-
nía entre las dos Naciones, aunq" sin tratarse, ni aun conocerse. El
carácter fiero y huraño délos Barbaros los habia mantenido spre
escondidos en lo mas interior y oculto de la Selva, sin q* jamas se
dexasen ver. Los rastros y los fuegos daban solo indicio desu exísten-
A?IALItll »■ LA «mUOTtCA. T. Itl ig
A5o ANALES DE LA BIBLIOTECA
cia; y si alg* vez en ausencia de los Misionistas se acercaban ásus
Yerbales ó ranchos, lo dexaban todo en el ser q* lohallaban. Milla-
res de arroba de Yerba seconserbaban alli con mas seguridad q* en
los Pueblos, y si senotaba algo de menos, no era mas q' una huasca,
un pedazo de cuero ó clavo roto, q" llevaban p' hacer una flecha.
Nunca se desmintió su inocencia en esta parte, ni dexaron señales
de mala fe.
Los q* dieron primero un motivo de quexa, fueron los Guaranies.
Habiéndose dexado ver los Tupises, el año cit° arriba de 87, en el
Yerbal de Sanluis, cosa q* antes no había sucedido, dudando los de
este Pueblo si vendrian de paz, aunq* verdaderam** nodaban indicios
de lo contrario, ni era de recelar, siendo aq* la primera vez q* sepresen-
taban, y con ciertos ademanes, ó señas de acercarse, y querer hablar,
animados de un espiritu marcial, q° no era del caso, los rodearon
estrecham** en una isleta ó Capón, y aunq* los mas délos Infieles
lograron escapar por una ceja de monte pantanosa, atollados una
India, y un Indio, ambos como de 12 años de edad, cayeron en po-
der de los Guaranies, q* sin prevenir las resultas, los conduxeron y
depositaron en el Pueblo de Sanjuan, donde se conservan aun muy
gustosos, habiendo mudado de vida y Religión. Altamente irritados
los Salvages con este hecho, q® tubieron por una expresa declaración
de guerra, y por un principio de hostilidades, no pensaron ya mas
q* en el modo de vengarse, y castigar su ofensa. Los Luiseños fue-
ron tam^)" los q* sufrieron el primer insulto. Su Yerbal délas Ca-
bezeras del Igay, fue acometido con el mayor denuedo : incendiadas
mas de li.f¡j) arrobas de Yerba q* era todo el fruto de aquel año :
muertos i5 hombres, y heridos muchos, esoepando los demás p'
la fuga.
Los demás Pueblos han ido participando sucesivam*" de estas des-
gracias, y solo en una ocasión las dexaron de padecer impunem*.
Fue esta por Diz^*^® de 89 en el mismo Albardon de Santana, donde
por una prudente precaución del Gobernador de Misiones combinan-
do y reuniendo todas las faenas de Yerba délos Pueblos de este De-
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR 45 1
partam^ se hallaban juntos mas de 4oo Indios, y algunos Españoles
armados. D" Jph Antonio Lescano, q'' habia sido Administrador de
Sanangel, y D" Pascual Aregiiaty, Correxidor actual de Sanmiguel,
los dos bien expertos y desembarazados, dirigian la facción. Los
Barbaros fueron rechazados vigorosam**. Sin contar los q* hirian
heridos q' es de presumir no serian pocos, quedaron tendidos en el
campo de batalla hta 23 de ambos Sexos y dos niños de pechos
cautivos, siendo mucho de notar q* las mugeres no eviten los com-
bates. Nuestra perdida fue solo de un Miguelista y algunos heridos
levem*^ de las flechas. Los Tupises sin embargo continúan sus asaltos
con el mismo furor. Siempre q* pueden sorprehender á los pobres
Tapes no lo dexan de hacer, y no hay año enq* no suceda varias
vez*. ¡ Nos es decible quanto han perdido los Pueblos en esta des-
avenencia ! Sobre los muchos Naturales q*" perecen todos los dias en
tan frecuentes sorpresas, inevitables á causa déla espesura del Bos-
que, seha desterrado ya del todo aquel antiguo sosiego, aq* activi-
dad tranquila q** reynaba antes en sus faenas de Yerba. La zozo-
bra, el cuydado y los repetidos alarmas las han hecho mucho mas
raras mas costosas y menos productivas : y hasta sehan visto for-
zados á desamparar los mejores Yerbales. Ya lo hemos dicho mas
de una vez : los Pueblos ganarían mucho en el trato y comercio con
las Naciones de Infieles q* les cercan por todas partes, y nunca harán
sobrados esfuerzos para reconciliarse y entrar de nuevo en su amis-
tod.
Alos 6 dias de este funesto incidente q" acabamos de referir (el 2 1 Picd«
w dd Uruffuaypílii
de Nov^) llegó Oyarvide del Nucoraguazú, y del Pueblo de Sanan-
gel, el Ten** de Milicias D° Juan Jph Valdez con 20 desús Soldados,
q* aunq*' no hacian mas q* llegar del Paraguay, con aquella noti-
cia los hicimos salir en diligencia. Restituida la tranquilidad del
Albardon con estos refuerzos, se pudo dar forma á aquel Establecim***,
se hicieron Ranchos y Almacenes, se adelanto un Puesto para la Ca-
ballada y demás animales á para ge de buenos pastos y abrevaderos,
q* no seencontró sino alas 4 leguas, en los Campos de afuera y en-
45a ANALES DE LA BIBLIOTECA
trada del mismo Albardon y el 28 trataron por ñn de entrar en el
monte, siguiendo la antigua Picada délas Primeras Partidas, con un
competente num° de gente de armas, para evitaren lo posible seme-
jantes insultos. Hallábase dha Picada toda interrumpida de gruesos
troncos, y casi ciega de ramazón, espinos, é hisipós ó enredaderas,
y tubieron q" aclararla, haciéndola transitable hta p' las bestias
de carga. Fuera de esto sabiéndose por otra parte, q* su dirección
no era de las mas adecuadas q® llevaba por cima degrandes Cerros,
muy pedregosos y pendientes, é iba á salir muy adentro del Lru-
guaypita q" no ofrecía la mejor navegación, la enderezaron mas
*
hacia su barra en el Uruguay, por terrenos no tan ásperos, aunq"
siempre lo era alguna cosa; y el i5 de Diz* la concluyeron del
todo, dexandola de una distancia como de 4 Ya l^g* ^1 rumbo del \.
demodo q" se podia ahora vencer comodam*® en dos dias con Car-
gueros, qdo antes apenas bastaban cuatro.
Cedros j Canoa>. Hallarou sobrc la margen de dho Uruguaypita un ranchillo i-ecien
hecho, con varios pozuelos de menestras dentro de él, y las cinco
Canoas q" habia conducido de la boca del Pepiryminí el Dragón
Pedro Chaves, acompañado de algunos otros Soldados é Indios.
Hablan estos llegado á aq* parage á principios del mes, é impacien-
tes de aguardar en la soledad, utilmente empleados en el corte y fa-
brica de Canoas, como se les habia prevenido solo pensaron en salir
afuera y no acertando con el rastro antiguo déla Picada por falta
de Vaqueano, se escarriaron por los montes, y andubieron errantes
no pocos dias. Dieron estos hombres no poco cuydado p^ el recelo
de los Tupises, mas su mayor enemigo fue el hambre q* lospuso
álos umbrales déla muerte. Faltos de todo alimento, su espíritu ya
abatido y sin fuerzas los mas de ellos estaban sobre el punto de espirar
quando tubieron la fortuna de ser hallados por los q* se destinaron
á buscarlos. Socorridos estos miserables, sededicaron todos á levan-
tar un buen rancho, q* pudiera servir para deposito ó almacén de
víveres, con su separación ó Cuerpo de Guardia : y acortar algunos
Cedros escogidos de q* habia gran abundancia p' ir trazando las
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR 453
Canoas q** segraduasen precisas. La poca inteligencia délos Indios y
Paraguayos dio q" hacer no poco á Oyarvide en esta faena, y su
natural desidia la retardó hta mediado Enero de 91, q" sepudo
lograr, diesen acabadas i5 Canoas de porte, fuera délas 5 ya citadas
déla Campaña anV*\
Verificado entretanto un suficiente acopio de provisiones de boca
y guerra en el Albardon, é introducida no pequeña parte al nuevo
Almacén del Pitá, se hubiera sin duda dado principio p"" este tpo alas
primeras remesas q* deacuerdo sehabia convenido embiar por delan-
te al salto del Pequiry, 20 leguas distante desu barra, q" era el ulti-
mo punto reconocido, y donde se trataba de establecer ahora el ter-
cer Puesto, p' atender desde allí álos trabajos ulteriores. Mas nos
fue forzoso todavia por esta vez, aguardar á nros Concurrentes, q"
no satisfechos déla tenacidad con q*" habian procurado impedir la
execucion de esta importante obra, se valian de todos los medios
imaginables para demorarla, no sin considerable atraso del Servicio.
Enla idea, tal vez, deq"" la estación la acabara de embarazar, ú de
asistir quanto menos les fuese posible álos trabajos, no habia pre-
texto de q" no sesirvieran. Vno délos mas especiosos conq" retarda-
ron hta fin de año la traslación de su Campo de Ñucoraguazú, fue
la dilación délos 60 indios marineros q* habian pedido de los Pue-
blos del Paraná en 6 de Nov* y q" necesariam** no pódian venir
antes. Noobstante lo ocurrido, ni las reyteradas ofertas desu Xefe>
el Geógrafo Portug* no semovio de Sanangel hta el 9 de Feb°, tres
meses y dias después del Español, q'' estando pronto, hacía tpo no
sesaba de quejarse en sus cartas de esta demora, á la verdad no muy
fácil de cohonestar con palabras.
Como encontraron vencidas las primeras dificultades q*" son las q*^ SaUd«
de r Geograf*.
regularm** llevan mas tpo, dándose los Lusitanos buena traza en el
apronto desús Canoas, no es extraño, q*' antes de acabarse el mes
de Febrero, pudiesen despachar de acuerdo con los nros dos gran-
des remesas de bastimentos al Salto del Pepiry. Componíase cada
una de estas remesas de diez balsas de á dos Canoas, y al regreso de
454 ANALES DE LA BIBLIOTECA
los q" fueron con la prim* salió la tercera el 21 de Marzo, yendo
también con ella los dos facultativos, q" no seatrevieron á emprender
su navegación, sin llevar por delante alo menos cinco meses de vi-
veres para toda su gente. La empleada en esta expedición subía á
q5o hombres, los 1 10 de armas, y aun no sobraron para guarnecer
los diferentes Puestos q* obligó á formar la mucha distancia, escoltar
los incesantes acarreos de provisiones q* no podian pasar de unos
parages áotros, y acompañar álos Geógrafos por donde quiera q*
fuesen. La guardia de estos Puestos se encargó á un Cabo de cada
pte con alg"* Soldados, y en el Campo de afuera del Albardon que-
daron los ofíciales délos dos Destacam***' de Dragones, el ten** D"
Tomas Ortega y el Cap" Alexandro de Souza Pereyra.^ De este mo-
do se logró tener siempre abierta la comunicación con las Partidas
mas abanzadas q" seguían la exploración del Rio, y según sus avisos
q" aguas abaxo no tardaban en llegar, seles socorría oportunam^
siendo concernientes las demás providencias, y disposiciones.
No dexó el tiempo de favorecer, y aunq* sin aq' unión q* no per-
mltian conservar los repetidos arrecifes y precipitadas Corrientes del
caudaloso Pepiryguazú, llegaron á su gran Salto los dos Geógrafos
con sus respectivas flotas en los días i3 y i5 de Abril, habiendo
hecho gravar un Rursum, baxo las inscripciones puestas enla anterior
Campaña, con las fhas correspondientes desu arribo álos mismos
parages. Dexando en aquel sitio la mayor parte délos mantenimien-
tos y pertrechos q" llevaban con una Guardia competente, hicieron
regresar 20 desús Canoas al Pitá por otra 4* remesa de municiones,
q* consideraron precisa, y montando las otras 20 alas aguas supe-
riores de aquella Catarata, siguieron el 19 del mismo, su penosa
navegación. Alas 5 millas, rebasado el rio denominado antes Ber-
mejo, dieron con otro Salto de no menor altura (10 ts.). El aspecto
délas Sierras y Montes, q* presentaban las dos orillas del Piquiry,
les hizo recelar, no les faltarla en adelante de estos tropiezos. Hirié-
ronse cargo q** á proporción scdebian aumentar las detenciones, los
trabajos, y peligros ; y se resolvieron á dexar de una vez las canoas,
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR 455
estableciendo una nueva Guardia sobre la ribera Occidental q* debia
comunicarse con la antecedente. Entretanto embiaron delante los
Gastadores, q* les fueran trazando una ruta sin apartarse déla Vista
del Rio, y el 28 la siguieron eljos también con un nuevo boato de
Cargueros Indios q* conduelan un conveniente repuesto de comes-
tibles.
\o se euMñaron con la conjetura física á q*" les dio lugar el Primer campo
c o T »J con tolderías de
escabroso prospecto délos terrenos. Aun no hablan andado dos leg" '"""'^*-
según las vueltas del Rio, quando encontraron otro Salto de 7 toesas
de elevación, y otro de 11 alas 3 leg' sigtes. Mas sin embargo de
haber evitado estos dos grandes escollos, ladoblada aspereza délos
Cerros y la espesura délos Bosques q* hablan de romper diariam** á
fuerza de brazo, leshübieran hecho dudar délo acertado desu reso-
lución de dexar las Canoas, si alas" 10 millas inmediatas no les hu-
biese aliviado de tan cansado afán un agradable é inesperado Cam-
pestre, q* á Lomas suaves se extendía lita la distancia de otras tres
leg*. Daba principio en el Arroyo grande que baxaba del N. con dos
brazos, y nombraron así por su gran caudal : le cruzaba otro no
menor, llamado por lo mismo del Campo : y terminaba en el de
Sanpedro á cuyos bordes llegaron el i5 de Mayo, dia del Sto La-
brador. AI salir á este Campo despacharon los Indios, q* venian ya
sin cargas, por nuevas provisiones, manifestando el Rio en su gran
torrente, tener aun muy distantes sus Primeras Puntas : y p" se-
guridad déla remesa fueron bien escoltados, exigiendo esta precau-
ción las diferentes tolderías de Indios monteses, q® empezaban á
indicar los repetidos humos del Contorno.
Hasta el Arroyogrande la dirección del Piquiry habla sido como i^**"*^^
al N. E. tuerce después al S. E. como no se esperaba, el largo trecho
de 5 leg", y hacia la mitad de esta distancia, sele agrega del i^ Qte el
referido de Sanisidro, cuyas circunstancias hicieron dudar al Geógrafo
Portugués, si seria el Cauce Principal del primero, y se obstinaba en
seguir poról la investigación. No alucinado con esta falsa idea nro
Oyarvide examinó atentam** en alg" distancia los dos Canales, y solo
456 ANALES DE LA BIBLIOTECA
de este modo logró hacer evidente lo voluntario de aq* equivocación
q" podia embolver una refinada malicia. No era el Pepiryguazú de tan
poco momento, ni venia de tan cerca como el Sanisidro : y desde él,
como ya se apunto, se interna otra vfz por una intrincada Selva de
1 3 Millas, q" obligo de nuevo á tomar las hozes. El menudo Ziczas
déla Caxa del Rio alargó de mucho el tramo de esta Seg* Picada, y
la dura pensión délos machetes se hizo mas sensible con la necesi-
dad enq* sevieron de haber de cercenar la ración ásu gente, tardan-
do ya demasiado los socorros pedidos. Costando el Arroyo délos
Ranchos y aunq" en muchas otras ptes los hablan encontrado délos
Infieles : el délos Huidos, donde lesdesertaron algunos indios q'
volvieron después, con otras varias y pequeñas vertientes, q* baxan
todas déla Cuchilla inmediata al Septentrión, terminaron el Seg**
Monte, sobre las playas del Arroyopelado, q* toma su nombre de
im gran Cerro desnudo q* seregistra en su misma confluencia, p*^
donde le pasaron el 28 de dho mes de Mayo, teniendo el consuelo
de salir á un nuevo Campo donde se gozaba de otro cielo y respiraba
un ayre mas libre.
Scg* Campo ^^ ^^^ ®^^ ^^ Campo tan llano y limpio como el primero. Te-
nia sus quebradas y asperezas, á trechos estaba cubierto de ásperos
faginales, pero corria una distancia mayor de 9 leg' y se extendía
hta las Gabezeras mismas del Pepiry, délas quales empezaba otra
Ceja ó Cordón de Monte dilatado ni oriente. No bastando ya la
precaución tomada antes, de disminuir la ración, tomaron el 2 de
Jun° la de disminuir también su Comitiva, obligando á ello la tar-
danza del socorro pedido, q* no les alcanzó hta el 8, loq* con todo no
lossirvió de gran alivio, porq** después de tantos dias de marcha ;
apenas trahia los conductores lo muy necesario p* su propio sus-
tento. La gran distancia, la calidad del Camino y las Cortas fuer-
zas délos Cargueros, q* como ya diximos, eran hombres, no podían
permitir otra cosa, siendo este uno délos mayores inconvenientes de
esta clase de expediciones. Superados todos noobstante á fuerza de
dieta y de constancia, cortaron en los dias sigtes otros arroyos que
Origen del Pepity.
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR 457
descendían igualm** del N . el del Arrecife, el délas Piedras, el del Va-
lle ^ glorioso emulo del Pepiry, y descubrieron por último el deseado
Origen de este famoso rio en 1* 26® 43' de Lat** Austral. Proviene
de un Esteral considerable y pantanoso q* se forma délos derrames
y faldas Occidentales de una gran Montaña, no tan alta, como
grviesa y plana, y poblada de un bosque mas claro y baxo q* los
anteriores. Aludiendo á estas circunstancias fue puesta la inscrip-
ción sigte, el dia del arribo délos Geógrafos á aq^ parage, sobre un
A^rbol de Aguaraybay q* desde la meseta de dha Montaña dominaba
el nacim*" del Rio : « Fundamenta ejus in moníibus santis. Piquiíy
seu Pepiryguazú 1^ Jan, 179Í. (Salm. 86).
Habiase deseado de todo tpo hallar otro rio, q" tubiese sus Cabo- NiegasoeiPortug*
i á buicar el
zeras contiguas alas del Piquiry pero q* corriese con dirección opues- «•><> frontori«o.
ta, al Septentrión q* desaguara en él Iguazú ó Grande de Cuntiba.
« Por las aguas de dho rio mas vecino del origen pral del Pepiry y des^
pues p" las del Iguazú, continuará la Raya ó Frontera » decia exprc-
sam*^ al Arf* b"* del trat** de Limites del nño de 5o. Mediante esta dis-
posición eligieron los antiguos Demarcadores para termino de ambos
Dominios al rio de Sanan tonio, como fronterizo de su pretendido
Pepiry, y en esta equivocada suposición lo nombra también ahora
el Tral' Preliminar. Nada se habia hecho con descubrir y examinar
el verdad" Pepiryguazú, si desde sus primeras vertientes no se pasa-
ba á buscar por lo mas alto del Terreno las de otro rio inmediato
q* pudiera tener las condiciones q* requerían los Traf*'. Hecho
cargo del peso de estas razones, lo habia solicitado así nro Co-
mis* D" Jph Várela, en sus cartas de oficio de i4 de Oct* y 24
de NoV de 88, q* recibidas quando aun estábamos enel Para-
ná, fue convidado nro Concurrente á practicar la indagación por
el Iguazú, q* como ya vimos, dexo de prestarse á ella, como lo
tiene de costumbre. Así también lo ordenó poco después el Sor
Marques de Loreto, en oficio de 1 3 de Diz'**'* q* recibimos ya en el
Pueblo déla Candelaria : y como no retratadas estas ordenes, ni
executadas p*^ falta de tpo, obrasen todavia en toda su fuerza y
658 ANALES DE LA BIBLIOTECA
vigor, selehabian insinuado asimismo á Oyarvide, en sus particula-
res instrucciones.
En esta virtud y en la situación mas adecuada al intento, trató
nro Geógrafo de poner en practica una determinación tan esencial, y
necesaria, q*" sin ella se verian las Cortes muy embarazadas, p*
señalar el curso déla Linea Divisoria desde las puntas del Piquiry.
Mas el Portugués dio en ellas p*^ concluidos sus trabajos, y se negó
obstinadam^ á llevar adelante el reconocim***. Muy satisfechos de
haber examinado ciertas caídas inmediatas y opuestas alas del Pepi-
ry, q' seguian al Oriente, con inclinación al 2" Qte, y hacia el Uru-
guay, no siendo por esta causa los Septentrionales ^ cf solo sedebian
buscar, resolvió su regreso, y loexeculo al dia siguiente, i5 de Junio,
abandonando ásu Concurrente en aq^ espantoso desierto, á pesar
délas mas serias protextas. No dejaba de constar al Coron^ Roscio
q* unicam** se debían inquirir las Vertientes Boreales, q* fluyesen
al rio de Curitiva, entre las q" podian rodear decerca las primeras
fuentes del Pepiryguazií. El Meridiano de Demarcación, mal podría
dirigirse por las Orientales aun quando ñiesen las mas vecinas, Nros
diversos requerim**" solicitando el concurso délos Portug* p' esta
importante diligencia, estaban bienclaros y terminantes. No admi-
tían tal interpretación. Pero como el objeto no era otro q* eludirla,
como lo habia sido siempre, vino á pelo aquella sutileza, deq** fue
bien instruido el referido oficial.
Stnanf goaiú. ^^ desauimado el Español, ni con la presencia délas numerosas
Tolderías de Infieles deq* se veía rodeado, y manifestaban sus hogares
á orillas délos Montes, ni con la reducida escolta q*" le quedaba,
dobló el mismo día por lo parte del Aguilon, la gran Cuchilla de
donde nace el Pepiry, y álos dos tercios de milla halló el nacim*** de
(itro rio no menos Caudaloso, q* dirigiéndose en derechura al Norte,
mostraba desde sus principios tener todas las circunstancias indicadas
Y apetecidas. Entrañabasse este nuevo rio muy desde luego por asom-
brosas asperezas y breñas impenetrables : y como el trabajo de abrir-
las y romperlas á fuer^** de brazos, habia crecido con la diminución
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR 4&9
cielos q' seempleaban en tan ruda fatiga, advirtieron entonces masq*
antes lo arduo desu empresa : y lo expresaron asi por la sigte ins-
cri|>cion esculpida sobre un Timboybata déla Orilla de Occidente
<i Ififjmrere et investigare : pessimam ocupationem Deus dedil homiin-
bus w (Eccles'". C. i.)Sanantonioguazú17 Jan. 1791. Nombre que
impusieron al rio, no tanto por haberlo descubierto dentro déla
Octava de este glorioso Santo, qto por su mucha conformidad con
el otro Sanantonio déla pasada Demarcación, supuesto fronterizo
del Pepiryguazú.
¡ Que ventajas no se hubieran seguido al servicio de ambas Na-
ciones, si costeando este rio hta donde sus aguas permitieran nave-
gación, q** según los indicios no seria á mucha distancia desu origen ;
formadas algunas Canoas, se le hubiera descendido hta su entrada
en el Iguazú, y después este hta la barra del Sanantonio, reconocida
ya el año anf"^ de 88 ! Quedaban ligadas p' esta pte todas nras
operaciones, y no habría difícultad en determinar la proyección déla
Frontera, adoptada la opinión mas probable de ser el rio de nra
disputa el verdad" Piquiry deq" habla el arf* 8" del Trat° Prelimi-
nar. No iba muy ageno de estas ¡deas nro Explorador. En animo de
hacer algunas tentativas, cargó los instrumentos de fabricar Canoas.
\o menos q" las proporciones de su situación, conocia la necesidad
q' habia de reconocer el Sanan tonioguazú. Se acordaba q' en otro
tpo sehabia ordenado su investigación por lado del rio de Curitiva,
q* embolvia insuperables embarazos, y leia en sus instrucciones el
bosquexo de aq* orden antigua, q" si ásu salida fue solo condicional,
no sele dexaria de dictar muy expresam** ásu vuelta. Deseaba
con ansia prevenir esta disposición, y sentia haberse devenir de tan
lejos, dexando sin perfeccionar una obra, q* probablem** Icharian
volver á concluirla. Mas el abatido espíritu délos pocos q* leacom-
pañaban, á vista de la intempestiva retirada desús Cooperantes, y
la escasez de viveres, fueron obstáculos superiores al vigor q° podia
inspirar tan admirable pensam'**. Solo á 2 leg* les dexó penetrar
por las margenes de aq* rio lo fragoso desús Montes, haciendo los
46o ANALES DE LA BIBLLOTECA
mayores esfuerzos, y se regresaron, abriendo en aq* punto sobre un
árbol de Ibataya q" del Prodigo : « IJicfamepereo, Surgam et ibo ad
Patrem » Sanantonio guazú20 Jan. 1791 » y en su principio sobre
un Pino de 4 ts. de alto : « Flamen Dei repletum sil aquis, Sananto-
nio guazú 23 Jan. Í79i »
RegTMo del E.- AIos dos dias dierou de regreso con el Cabo de Drag" Fran''*'
pañol yencnentrn ^^ , • i i i
de una Tupí. Gouzalez, q" con otros seis soldados de Escolta y i4 Indios les con-
ducid el deseado socorro. Trahia dho Cabo 64 dias de viage desde
el puesto del Uruguaypitá, dedonde habia salido enlas Canoas, q*
dejo en el gran Salto del Piquiry y de allí se habia conducido por
tierra, con arreglo alas Primeras ordenes q*" selehabian comunicado.
Se dexa entender bastante, qual seria el estado infeliz de aquella po-
bre gente, después de una marcha tan dilatada y penosa por aquellos
desiertos. Todos ellos iban ya punto menos q* desfallecidos, no tan-
to por el cansancio y peso délas cargas, reducidas ya demasiado con
tanta demora, enq"" la necesidad les habia obligado, á hechar mano
délas provisiones q* llevaban, quanto por el continuo sobresalto y
vigilancia q'' leshabia causado la inmediación délos Infieles. Pocos
dias antes, parece, habian tenido estos Salvages unos con otros tan
Sangrienta refriega, q* hubieron de perecer en ella todos los de
una gran parcialidad ; ó alómenos asi lo daba á entender con sus
ademanes y señas, no habiendo quien pudiera saber su lenguage,
una desdichada muger q** escapando sola del peligro con su hija de
pechos en los brazos, sevino á valer délos nros, sin quererlos volver á
desamparar. Pero lo q" especialm** acabó de desmayar á dhos Con-
ductores, fue el encuentro délos Portugueses q*' venian de retirada,
y creyeron no poder alcanzar a nro Geógrafo.
Cuchilla Sepf. Auimado este denuevo con aq* auxilio, dispuso se volviesen álos
ranchos los mas cobardes y endebles, y con los mas esforzados ten-
tó el 26 nueva descubierta. Desde el arroyo nombrado délas Piedras^
(f cruza lo mas hermoso y limpio del 2® Campo, y entra en el
Piquiry como á 3 Yzl^g" ^® su origen, se apartó Oyarvide desús mar-
genes, é hizo derrota ala gran Cuchilla del Septentrión q* lecoslea y
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR ^61
sigue en todo su curso á bien corta distancia. Quería asegurarse de
si esta Cuchilla repartia aguas al Iguazú por su Cara boreal, como
indicaba en todo la inspección délos terrenos ; y efeclivam** dos con-
siderables Vertientes q* encontró luego con aq* dirección, doblada
la expresada Serrania, ledexaron cierto de esta congetura física, com-
probándose también |K)r ella q" el Sanantoniogiiazú no podia ser
brazo de otro rio q' de aquel de Curitiva, como quedó sentado. Era
la tal Cuchilla por aq" parle de Lomas dobladas, pero suaves y lim-
pias, y las dichas dos Vertientes, corriendo el espacio de 5 millas con
proyecciones del N. á N O, se ocultaban después en im inmenso
bo^ue q' notenia fin.
Verificado este examen en los términos posibles, siguieron su
regreso, cayendo nuevam*' ásu antigua picada déla orilla del Rio.
Sobre el arroyo del Primer Campo se incorporaron, el 8 de Jul*", con
los enfermos q' habian embiado adelante, igualm*" q* con el Ten*"
Valdez q** les conducía otra pequeña remesa de provisiones en unión
délos Porlug% y también lo dexaron al encuentro délos suyos. El i3
llegaron sin desgracia al Puesto mas abanzado del Saltogrande,
acompañados déla India Tupí con su hija álos hombros : y embar-
cándose todos enlas Canoas con los efectos sobrantes q** no fueron
pocos, arribaron el 24 con felicidad ala Guardia del Uruguayapita,
dedonde se constituyeron al Campo de afuera, y nro Geógrafo á
este de Sanangel el i" de Agto.
Según la relación y plano q* nosentregó, y q" hemos extracta- ^^^^^ „
do ficlm*^ corre el Piquiry desde su nacim** en los 26 ' 43 ' de Lat** " »q«'y-
Aust* la distancia de 1 1 leg* al rumbo directo del O. siendo las 8
primeras de Campo raso, y las restantes de montes. Tiene de allí
otras 4 leg* q" en la mayor parte son también de Campo, álos 4o^
N. O. y dexando después i5 al S. O, por entre espeso bosque, des-
agua en el Uruguay bajo el paralelo de 27*"^ 9' : de manera q" sien-
do toda la distancia délos tres lances principales del Rio 3o leg" en
linea recta, pasan mucho de 60, las q* riega con el movimiento
4lesus aguas en sus numerosas y repetidas vueltas. Déla distancia de
A63 ANALES DE LA BIBLIOTECA
«
Otras 2 lég' poco mas o menos, le costea al Septentrión la Cuchilla
alta ó Cordillera deq* hemos hablado, siguiendo cabalm*^ sus mismas
ondulaciones, y repartiendo aguas de uno y otro lado, al Iguazii y
al mismo Pepiry. De ella se forman los arroyos q" le entran por
su ribera Boreal. Por la Meridional seleagregan pocos, y desprecia-
bles no permitiendo la inmediación del gran Uruguay, ni la natural
pendiente délos terrenos hacia él. Entre unos y otros solos se dis-
tinguen el del Valle, q'' estando hacia las Cabeceras viene áser su
Segunda Vertiente pral. Fuera délos tres Saltos deq* hemos hablado,
selecuentan otros tres, sin un gran numero de arrecifes, q* difíciü-
tan sobremanera, ó imposibilitand el todo su navegación, aunq* tal
vez en las mayores crecientes sean todos superables.
Terreno* 7 Monte* Los terreuos q*" baña este gran rio son comumente altos dobles
y de una tierra colorada, ó bermeja, semejante á toda la de Misio-
nes, q*" parece la Damascena, humus i}egeiabilis ochraceo rufa de
Lineo. Los Campos de la otra pte déla Cuchilla del Piquiry, caidas
ya del Iguazü, son de mejor calidad, la tierra mas negra y crasa, y
los pastos mas tiernos y nutritivos. Délos montes, aseguran los
Geógrafos, poderse decir sin exageración, no ser otra cosa q* un
puro y dilatado Pinar, El árbol déla célebre Yerba del Paraguay,
aunq' no tanto como los Pinos ó Curys, abundaba sin embargo
bastante, siendo su calidad déla superior nombrada Caá mini, Lar-
gos trechos estaban solo poblados de estas dos especies, y los demás
arboles comunes en otras partes, eran raros en esta, y no muy cor-
pulentos, desuerte q* hay lugar de creer, no se dan bien entre los
Pinos.
Restaños solo decir q* para no convenir los Portug* en la deno-
minación de Piquiry ó Pepiryguazá llamaron á este rio el Cauda-
Hozo, q* ala verdad no cuadraba mal ásus circunstancias ; asi como
Rio do Ingano, al Uruguaypitá, queriendo significar por esta expre-
sión el engaño q** suponian haber padecido su primer Comis**, quan-
do convino de este nombre con su Concurrente D° Jph Várela al
tpo de firmar los Planos desu prim* División, como expusimos
DIARIO DE DON DIEGO DE ALVEAR 46S
mas individualm^ enla nota déla pag. La alegoria seria ma» razo-
nable, si se refiriera ala equivocación, o engaño efectivo, enq* acerca
de estos dos rios, y especialm** del Uruguaypitá, induxo al preten-
dido Practico de Sanxavier álos Comisarios de la pasada Demarcion.
Copiemos ahora las nuevas disputas q* suscitó el Coronel Roscio
sobre los mismos puntos del Igurey y Pepiriguazü, sin otroobgeto,
q' reyterar sus instancias de volver al Paraná, sobre q* habia recibi-
do nuevas y mas estrechas recomendaciones del virey del Brasil
(Conde de Resende) el Gobernador de Riogrande, hecho ya Mariscal
de Campo délos Reales Extos de S. M. F.
Con efecto se habia tratado de retirar las tropas del Albardon de
Santana qdo regresasen los Geógrafos, mas en la implicita suposi-
ción deq' hubiesen concluido enteramente la diligencia Quando á la
llegada del Español sesupo la intempestiva retirada del Portugués,
y el descubrimiento del Sanantonioguazú, fue indispensable variar
la resolución, y dexar en aquel Campamento un Piquete de cada
parte, como á nra propuesta convino el Coronel Roscio, hta saber
las resultas de Buenos ayres. Vivian aun las ordenes con q* nos
hallábamos de buscar un rio, q* fluyendo en el Iguazú, encabezara
con el verdad" Piquiry : y el Sor Virey podia ordenar se llevase
adelante el reconocim*** del ref*** Sanantonioguazú, enq* parecia tener
lugar todas aquellas circunstancias. Dando parte á S. E. de todo lo
acaecido hta el 3 de Agto, después del regreso de Oyar\'ide, le con-
sultamos sobre este punto, como asimismo sobre la respuesta q*
debiamos dar álos Portugueses, si reclamaban volver al Paraná >
como era de presumir. El Sor D" Nicolás de Arredondo nos habia
dexado de contextar á este segundo punto, sin embargo deq" por
Diz* del año pas** habia puesto en sus manos nro Segundo d° Jph
Maria Cabrer la gran Competencia del Capitulo anteced** q* versaba
sobre él ; y acababa de ocurrir p' el mes de Nov® ant"'. No atrevién-
donos á comprometer la autoridad de S. E. no dexó de embarazarnos
esta falta de contextacion, esforzando los Comisarios de S. M. F.
demancomun sus instancias, como no es creible. Obligados á res-
464 ANALES DE LA BIBLIOTECA
ponder por escrito, pues se negaban á tratar de otro modo, siendo
este el sistema adoptado, hacía tpo, sin otro fin q' huir las opera-
ciones, embrollar y complicar mas y mas los asuntos á fuerza de
expedientes y controversias, no hubo otro medio de salir del caso,
q" tirar á diferir nra respuesta categórica, hta obtenerla del Sor
Virey. Llegónos esta en el correo de Octubre, y como veremos des-
pués, no fue de mucho tan decisiva como la deseábamos. Entre
tanto nos volvieron á dejar solos los Portugueses en el Albardon de
Santana, poniendo desde luego en execucion la tema de retirar su
gente, y siéndonos forzoso mantener allí la nra para la conservación
de aquel Puesto y délas Canoas del üruguaypita, hta fin de año,
q' concluida la disputa, y no dándose á partido de modo alguno,
seinterrumpieron enteramente los trabajos.
FIN
TRES CARTAS INÉDITAS DE BOLÍVAR
Las tres cartas siguientes me han sido bondadosamente comuni-
cadas : la primera, por el doctor don Lorenzo Anadón, que se ha
servido ofrecer á la Biblioteca Nacional el original autógrafo por él
adquirido en Europa ; la segunda, por el señor don Enrique Peña,
y la tercera por el doctor don Pedro N. Arata. No es esta la primera
vez que me toca agradecer á estos amigos é ilustrados americanistas
la generosidad con que ponen al servicio de los estudiosos sus ar-
chivos particulares. Otros han seguido ó seguirán su ejemplo ; y no
dudo que aquí, como en Europa y Estados Unidos, se irá difundien-
do más y más esta benéñca aplicación de la doctrina colectivista á
las cosas intelectuales. Quizá no esté lejano el día en que los posee-
dores de documentos y reliquias históricas hayan de mirar, no sólo
como una obligación moral sino como una ventaja evidente, el
contribuir á enriquecer con sus dádivas el tesoro común, que en-
cuentra en los depósitos públicos su destino natural al par que su
más segura y esmerada custodia.
Tengo por inéditas las cartas que hoy ven la luz en los Anales;
por lo menos no figuran en las dos grandes colecciones tituladas
Documentos para la historia de la vida pública del Libertador y
Memorias del general 0*Leary, ni tampoco en las historias ó bio-
grafías que he podido consultar. Ello, por otra parte, lejos de sor-
prender, tiene que parecer natural para quien conozca el método
AWALU DI LA BIBLIOTSCA. -~ T. Ul 30
466 ANALES DE LA BIBLIOTECA
y hábitos del Libertador. Plumista tan infatigable como espontáneo,
casi nunca escribía borrador de sus cartas particulares, ni hacia to-
mar copia de ellas por sus secretarios, que sólo se ocupaban en el
despacho oficial. Deahi, en las colecciones epistolares publicadas, la
relativa pobreza de la parte subscripta por Bolívar, que forma con-
traste con la masa correlativa de las cartas privadas que contesta-
ban á las suyas ó seguramente recibieron contestación ; siendo asi'
que algunos de sus numerosos corresponsales llenan, ó poco menos,
sendos volúmenes de la colección OXeary. La razón de este desequi-
librio es tan evidente que apenas merece mención : aun desorde-
nado y nómade, el archivo del Libertador tenía que conservar gran
parte de la correspondencia recibida, en tanto que la enviada se dis-
persaba á todos los vientos del mundo nuevo y antiguo. Por eso la
voluminosa correspondencia de Bolívar, hasta ahora publicada, se
compone esencialmente de cartas á Bolívar. Con todo, la diligencia
laudable de los editores ha logrado allegar buena parte de la co-
rrespondencia, cuyos destinatarios vivían en Venezuela ó Colombia:
pero de las cartas dirigidas al exterior, son muy contadas las que
han logrado recuperarse, aun en copias de incierta fidelidad. An(e
cualquier autógrafo suelto de Bolívar, pues, debe presumirse que
se trata de un documento inédito ; y rara vez ocurrirá que el cotejo
ulterior no confirme la presunción. La segunda de las cartas que
hoy salen á luz presenta un ejemplo cumplido de lo dicho. La carta
de Bolívar es inédita ; no figura en las colecciones conocidas ; feto
la correspondencia adjunta á las Memorias de O'Leary (lomo Xí,
324-325) trae las dos cartas correspondientes del doctor D. José Mi-
guel Díaz Vélez; la primera, del 27 de febrero de 1826, que mo-
tiva la de Bolívar ; y la segunda, del 16 de junio, en que se acusa
recibo de aquélla : de suerte que bastaría esta perfecta coincidencia
para demostrar la autenticidad del documento, aunque sólo se po-
seyera una copia de él y no el autógrafo.
Las cartas siguientes presentan interés bastante desigual; por
cierto que lo tiene muy escaso la tercera, simple esquela dirigida a
J
TRES CARTAS INÉDITAS DE BOLÍVAR 467
Sucre por el Libertador. Conviene, sin embargo, que salgan á luz
todos los documentos decididamente auténticos (i), bástalos más
insignificantes, que tal vez por su data ó un nombre propio en ellas
citado, sirvan para establecer irrefragablemente algún hecho ó alibi
histórico. Caso puede ocurrir en quesea necesario comprobar, ante
el tribunal de la historia, que por excepción Bolívar no pasó el día
26 de agosto de 1826 en su casa decampo de Magdalena, cerca de
Lima, sino en la misma capital : el billete á Sucre prueba la coar-
tada mejor que un volumen de inducciones y cálculos.
Pero las otras dos cartas inéditas, además de su importancia do-
cumental, tienen valor propio que bien merece algunas palabras
de comentario. La primera, dirigida á Briceño y fechada en Angos-
tura, á 20 de agosto de 181 8, contiene interesantes referencias á
sucesos contemporáneos, fuera del proyecto de la expedición á
Nueva Granada que expresamente la motiva. La primera duda que
ocurre es determinar qué individuo de la interminable familia Bri-
ceño es aquí el corresponsal de Bolívar. Basta recorrer la corres-
pondencia oficial (Memorias de O'Leary, XVI, 85) para resolver la
diGcultad. En agosto 19 (víspera de la fecha de nuestra carta), el
jefe supremo de Venezuela dirige al general Páez un oíicio cuyo
contenido es en gran parte análogo al de dicha carta. Allí alude
también al capitán Uribe que le ha traído noticias del Pacífico, v
transcribe los detalles de la batalla de Maipo, consignados (no sin
exageración) en las gacetas inglesas, comprobando una vez más la
influencia, no sólo moral sino material, que la empresa de San Mar-
tín tuvo en la de Bolívar. En seguida agrega: u He oficiado directa-
mente. . . al coronel Justo Briceño que quede bajo las órdenes del
general Santander...» Evidentemente, este mismo Briceño es el
(i) De esta caria á Sucre no teogo á la vista sino una copia de puño y letra del doc-
tor Arata. Por cierto que para mi la calidad del << copista» abona la copia; pero, en
obsequio del buen método crítico y para el público extraño, no está demás indicar que,
á falta de otro comprobante, la autenticidad del documento resultaría de la contesta-
ción de Sucre, fechada en Chuquisaca, á 27 de septiembre 4® 1836 (Memorias deO^LearY,
I, 983.)
468 ANALES DE LA BIBLIOTECA
destinatario de nuestra carta que acompañaría el oGcio del jefe al
subalterno. Sin haber alcanzado la notoriedad de otros homónimos
suyos (v. g. el general Pedro Brlceño Méndez, íntimo amigo y co-
laborador de Bolívar), el coronel Justo Briceño, más tarde general,
ocupa buen lugar en la poblada galería de las glorias venezolanas ;
el Diccionario biográfico de Scarpetta le consagra un mediano ar-
tículo, enumerando los combates de la Independencia en que tomó
parte, y cuya lista, naturalmente, se repite mutatis mutandis en casi
todas las páginas del robusto mamotreto. Resulta del epitafio un
héroe de regular tamaño — aunque no llega por cierto á la estatura
vertiginosa de los Páez y Marino. Merece notarse, en esta carta de
Bolívar, la repetición de algunas frases sonoras, que pocos diasan-
tes ( 1 5 de agosto) empleara en su proclama á los granadinos :
desde luego, aquel como estribillo de Marsellesa («¡El día de Amé-
rica ha llegado!»), el cual bajo su pluma es algo más que una re-
tumbante trivialidad, como que exterioriza la preocupación cons-
tante y acaso mórbida, la obsesión ilusoria del Libertador. Así como
el sueño de la monarquía universal formó la parte delirante del ge-
nio en Napoleón, el espejismo de una federación, y casi de una sola
nación americana, no dejó de perseguir la febril imaginación de
Bolívar, borrando para él toda noción de espacio y distancia. Y es
así como le vemos hacer suyas, á título de «americanas», todas las
manifestaciones que agitan el Continente, desde Méjico y los mis-
mos Estados Unidos hasta la Argentina y Chile, asimilando en la
misma página, como sucesos igualmente favorables á su causa, la
victoria de Maipo y el primer zarpazo de Jackson sobre la Florida.
Esta utopía persistente, quedistingue á Bolívar entre todos los otros
caudillos hispano-americanos, pareció como que se concretara un
momento en el célebre congreso de Panamá — que no fué ni podía
ser otra cosa que una vana tentativa.
A este período y proyecto, precisamente, se refiere la carta diri-
gida al doctor don José Miguel Díaz Vélez, la que es sin duda al-
guna la más importante de las que hoy se publican. Es todo un do-
TRES CARTAS INÉDITAS DE BOLÍVAR '169
cumento histórico : no porque revele nuevos hechos materiales, sino
por los detalles que suministra acerca de las relaciones de los repre-
sentantes de las Provincias Unidas con aquel dictador de medio
continente, que tan poca simpatía profesó siempre al pueblo argen-
tino, en quien miraba, no sin razón, un elemento refractario á sus
exuberancias y fanfarrias tropicales.
Al día siguiente de la victoriade Ayacucho, y antes de embarcarse
los restos del último ejército español, planteáronse para los vencedo-
res los formidables problemas cuya solución había de costar más san-
gre y sacrificios que la conquista de la independencia. Durante quince
años, la presencia del enemigo exterior había contenido, si no las anar-
quías internas, al menos los conflictos intercontinentales, ajustando
la única federación posible entre las colonias sublevadas. Destruido
el adversario común, el vínculo de unión se desató por sí solo. Hubo
de procederse al apartado de las banderas entreveradas en la re-
friega. Las flamantes nacionalidades, todavía en armas, entraron
en posesión tumultuosa de la herencia indivisa, complicando desde
luego la ardua tarea de la propia organización, con las contiendas
vecinales por el dominio de los desiertos que separaban vagamente
los antiguos virreinatos. Después de la primera noche pasada en el
campo de batalla, los hermanos de ayer se despertaron rivales. Co-
lombia era una mezcla artifícial, no una combinación íntima ; y
muy luego sus tres ingredientes tenían que separarse y acometer,
cada cual por cuenta propia, su obra de desquicio doméstico. La
presidencia de Charcas, étnicamente peruana, políticamente pía-
tense, ofrecía al Libertador una ocasión única para crear ex nihilo
una república : fué padre, padrino y tutor del nuevo Estado, y sólo
cedió á su teniente Sucre la gloria de bautizar por cuarta vez á la
capital. Estas Provincias Unidas soportaron sin dolor la amputa-
ción de otro miembro adventicio, bastándoles que, como el Para-
guay, quedase Bolivia independiente. Por esto mismo tenían que
sentir — y más hondamente aún por el estrecho parentesco — la re-
ciente anexión al Brasil déla provincia cisplatina. El sacudimiento
470 ANALES DE LA BIBLIOTECA
de Ayacucho hizo penetrar iatolerablemente en la carne oriental las
ataduras brasileñas. El gobierno de Buenos Aires tuvo que soltar
antes de tiempo á los héroes terribles que tenia asilados : á princi-
pios de abril, Lavalleja y sus veinte y tantos compañeros (i) cruza-
ban el ancho Rubicón platense y arrojaban en el Arenal uruguayo
el primer chispazo que, de hecho, reanimaba el secular incendio de
las demarcaciones. Por extraña, aunque bien explicable coinciden-
cia, á la hora misma en que se consumaba su emancipación, estas
provincias tenían que hacer suya la causa de la metrópoli vencida ;
pues, en el fondo, lo que precipitaba la guerra actual entre argen-
tinos y brasileños, no era sino un resabio de la antigua querella de
España y Portugal en este mismo teatro.
Por lo demás, la heroica calaverada libertadora sorprendía á las
Provincias Unidas en el momento crítico de su primera gestación
nacional, que había de tener el éxito lamentable de todos los parios
prematuros. El Congreso general reunido en Buenos Aires, á raíz
de encargar á una comisión el proyecto de Constitución unitaria,
sancionaba la ley que de antemano la condenaba á muerte, libran-
do su aceptación á los gobiernos de provincias. Y entre tanto, con
una actividad y un tesón dignos de mejor suerte, ese admirable
congreso de 1825 multiplicaba las providencias salvadoras, organi-
zaba el ejército y la diplomacia, arbitraba recursos de guerra, pre-
paraba las vías á la futura presidencia que no había de subsistir :
(i) Sabido es que los mitológicos TreinUí y tres nanea han podido identificarse coin>
pletamente. Las varias listas que circulan sólo concuerdan en los veinte y tantos prime-
ros nombres ; queda siempre una docena de « héroes sin importancia » cuya vaga filia-
ción varia á capricho de los historiadores. (Cf. Bkkra, Bosquejo histórico, 3* edición,
:17a, nota.) El Argos de a 6 de noviembre de i8a5 trae una lista de a 3 nombres (fuera
de J. A. Lavalleja), dos de los cuales, apeones voluntarios», han de sor los «negros
esclavos» que figuran en otras listas. El redactor del A r^of agrega expresamente: u Los
que faltan para completar el número 33, fueron incorporados cuando esta expedición
estaba sobre la Banda Oriental ». Tal ha de ser la versión exacta. Es probable que en
el momento de desembarcar la expedición en el arroyo de Ruis, se agregaran algunos
paisanos de esta estancia á los veinte y tantos valientes salidos de San Isidro, hasta
completar, en aquella misma mañana del 19 de abril, la cifra cabalística. En su mani-
fiesto de la Florida (i^ de junio) Lavalleja fija ya la leyenda indestructible.
TRES CARTAS INÉDITAS DE BOLÍVAR 471
g-astaba» por fin, en equilibrar sobre su púntala pirámide nacional
tesoros de saber y energía... Día por día. las exigencias de la situa-
ción amontonaban sobre la modesta mesa presidencial los proyec-
tos y despachos: todo se estudiaba con diligencia, se discutía con
talento ó conciencia, se despachaba con honradez patriótica si no
siempre con acierto. Y en los trabajos legislativos de aquellas pri-
meras asambleas, que de casi todo lo fundamental se ocuparon,
podría nuestra moderna garrulería parlamentaria encontrar, á
cuidarse más de tradiciones castizas que de relumbrones exóticos,
no sólo lecciones de doctrina sino de forma recogida y severa.
En la sesión del 3 de mayo (para volverá nuestro asunto), habíase
encomendado á una comisión el estudio de las notas del general
Sucre, anunciando la próxima venida del Libertador al Alto Perú y
la convocación de la asamblea constituyente de esas provincias.
Con ligeras enmiendas se aprobó, en la sesión del 9, el dictamen y
proyecto de la comisión, disponiendo el envío de dos diputados á di-
cha asamblea, con especial encargo de u felicitar al benemérito Li-
bertador Simón Bolívar ». Éste gozaba de poco prestigio en Buenos
Aires, y las reservas formuladas por el diputado Vélez respondían al
sentimiento general ; el Argos había ridiculizado el quimérico Con-
greso de Panamá que ya se anunciaba. Con todo, la hostilidad del
Brasil, que ya preparaba la invasión de la provincia de Chiquitos,
tuvo la virtud de acallar cualquier otro recelo ; y renació por breve
tiempo, contra el imperio portugués, el sentimiento de solidaridad
que uniera á las colonias contra la metrópoli. Por decreto de 17 de
mayo, el gobierno de Las Heras (encargado del Ejecutivo nacional)
designó al general don Carlos Alvear y al doctor don José Miguel
Díaz Vélez, como ministros plenipotenciarios y enviados extraordi-
narios cerca de un Estado que aún no existía, y con el extraño en-
cargo de felicitar al dictador del Perú. La misión, sin embargo, no
era insólita y vaga sino en su forma ostensible: en realidad, tenía
por objeto combinar un doble amago por el norte y por el sur con-
tra el vecino imperio. Díaz Vélez, que era secretario del Congreso,
47a ANALES DE LA BIBLIOTECA
pidió licencia (3i de mayo) para aceptar el nombramiento con re-
tención de su empleo. Aunque el decreto no establecía distinción
entre los dos enviados, el general Alvear, recién llegado de los Es-
tados Unidos (i), era naturalmente el jefe de la misión en lo que
atañía á las conferencias con el Libertador.
Los enviados argentinos se encontraron con Bolívar en Potosí, á
mediados de octubre ; fueron cordialmente acogidos, pero el dicta-
dor del Perú se excusó de tratar los asuntos de Estado, remitiéndo-
los al gobierno de Lima. La función no pasó de banquetes, confe-
rencias privadas, discursos belicosos y retumbantes, en que el futuro
vencedor de Ituzaingó no quedaba atrás del héroe de Carabobo —
con algunas travesuras donjuanescas del incorregible « Balbas-
trito », que todavía se refieren en los tambos bolivianos. En Chu-
quisaca, donde habían continuado las fiestas con calurosos brindis,
las confidencias del aM onócrata » respecto del Plata, agregándose
á las agitaciones separatistas de Tarija, no dejaron de enfriar el en-
tusiasmo de Alvear, que tomó el camino de Buenos Aires, dejando
que su colega hiciese frente á las expansiones del megalómano. A
poco el Libertador tuvo que volver á Lima, y, en 27 de febrero de
18269 l^í^ Vélez le escribió una carta halagadora y anodina, á la
que aquél contestó desde la Magdalena (2), el 6 de abril, con la que
hoy damos á luz.
Más que por los importantes tópicos que roza de pasada, esta
carta reviste importancia por la luz que proyecta sobre la psicología
del personaje. Con una conciencia de su gloria que no carece de
candor, se nos exhibe allí confiado y satisfecho de su obra efímera,
cuya fragilidad no sospecha un instante : respirando como oxígeno
puro las nubes de incienso con que las turbas ignorantes le intoxican:
barajando teóricamente las nacionalidades americanas, desde el
(i) Argos del 33 de marzo de iSaS
(a ) En este mismo lugar campestre residió San Martin hasta la noche de su embarco
para Chile.
TRES CARTAS INÉDITAS DE BOLÍVAR 673
golfo de Méjico hasta la Patagonia, tan ajeno de las dificultades in-
superables que la empresa ofrece como su amigo el abate de Pradt.
En vísperas de realizarse su sueño de Panamá, comprueba con sorda
irritación el mal encubierto desvío de los Estados cuya presencia
sería más significativa, y desde luego del Argentino que, á última
hora, fingirá concurrir con un nombramiento de forma que encierra
no poca ironía... En i6 de junio, en efecto, Díaz Vélez contestaba
desde Chuquisaca á la carta de Bolívar (i), avisándole que acababa
de ser nombrado por Rivadavia representante del gobierno argen-
tino en Panamá, á donde se dirigiría muy en breve « pasando por
Buenos Aires » ! El bendito Congreso, nunca más célebre que antes
de celebrarse (y de cuyo fracaso se burlaba luego el mismo Bolívar),
se dio por fenecido el i5 de julio, — á punto de embarcarse Díaz
Vélez, — dejando firmados pactos de eterna federación y defensa
común entre las cuatro repúblicas representadas, cada una de las
cuales tenía ya armada en casa la zambra anárquica.
¡ Extraña figura y destino más extraño aún, los de aquel héroe
colombiano, cuyas proezas libertadoras se esparcieron súbitamente
por el mundo contemporáneo, participando, para las imaginaciones
europeas, del misterioso prestigio que por entonces envolvía á esta
lejana América ! Para quien hoy somete al análisis esa serie de ex-
cesos y violencias, de manotones políticos y atropellos militares, en
que las pocas victorias aparecen tan casuales y descabelladas como
las innumerables derrotas, y los peores atentados contra el derecho
y la moral resultan, en este propio Continente, más gloriosos y de
mayor precio que la noble tentativa de un Rivadavia ó la abnega-
ción de un San Martín : lo enorme de la aberración humana reviste
aquí proporciones al pronto inexplicables. Poco es decir que la
exótica fantasmagoría deslumhró en Europa á las generaciones del
(i) Las cartas de Díaz Veloz se encuentran publicadas en las Memorias de O'Leary^
XI, 3aA y 335. Diaz Vélez fué nombrado representante al Congreso de Panamá, el 3
do mayo de 1S36, en reemplazo de García.
/Í74 ANALES DE LA BIBLIOTECA
año 20, que acababan de asistir á la epopeya napoleónica : subsiste
aún la impresión de los primeros días ; la leyenda se ha coagu-
lado en historia ; y esta es la hora en que los diccionarios biográficos
mejor informados persisten en endiosar á Bolívar, desentendiéndose
de otros nombres más dignos de memoria (i). Hasta los escritores
sensatos que, como Gervinus, no incurren en las apologías oficia-
les de Restrepo, y mucho menos en los grotescos ditirambos de La-
rrazábal, sufren al fin la fascinación del simbólico Uebermensch por
la más ignorante de las muchedumbres elaborado ; y el mismo gene-
ral Mitre, cuyo trabajo representa sin duda lo más completo y exacto
que sobre el ídolo tropical se haya escrito, vacila al fin de su es-
tudio en formular la conclusión que fluiría rectamente de sus pre-
misas. Con método prolijo, apoyado en la documentación más co-
piosa y sólida, nos ha enseñado al Simón Bolívar de la realidad :
disoluto y antipatriota en su juventud, tránsfuga de la causa ame-
ricana y principal entregador del infortunado Miranda ; militar de
ocasión en su edad madura, sin capacidad organizadora ni concepto
estratégico, inferior en arrojo personal é instinto de la victoria á sus
tenientes Sucre, Marino, Páez, Arismendi, Piar y otros, cuyos
triunfos se apropia; adversario implacable que fusila á sus rivales,
infama el campo de batalla con la matanza de los rendidos, y degrada
á sus admiradores, exigiéndoles adulaciones de Bajo Imperio; his-
trión ambicioso que oculta bajo renuncias teatrales é hipócritas su
sed insaciable del poder, y mantiene en Europa y América celebra-
dores venales de sus hazañas (2); legislador infantil que improvisa en
(1) La Biographie Genérale de Didot consagra 44^ lineas á Bolívar» omite ¿ San Mar-
tin; la Grande Encyclopédie dedica á Bolívar nkh renglones, no nombra á San Martin:
la Britanniea, 874 & Bolívar, 37 áSan Martín: el Larousse. i83 á Bolívar, 34 á San Mar-
tín: Cortés (chileno) necesita 3 10 líneas para Bolívar, le bastan ia4 para San Martin. —
Por dos veces me tocó en el extranjero (Le XÍX Siécle, de París, y The Pilota de Boston)
rectificar apreciaciones erróneas acerca del respectivo valer militar de Bolívar j San
Martin : Sarcey tomó la tesis por una gasconnade, y el periódico bostonionse declaró que
Mr. G. was joking.
(3) Entro otros, el abate de Pradt y el deán Funes. El primero cobraba una pen-
sión anual de 3ooo pesos.
TRES CARTAS INÉDITAS DE BOLÍVAR ^^5
el papel, para mitayos quichuas, una constitución de colegio, y la
despacha con su edecán, á trote de muía ; libertador mareado por la
fortuna, que se convierte en empresario profesional de redenciones
americanas y sueña con la incorporación del extremo sur á la hege-
monía colombiana, — á la hora misma en que su Colombia de pega
se desmorona á su espalda y estalla la tempestad que arrojará de su
patria al alucinado dictador... Ahora bien ¿cómo es posible que
tan contrastada y discutible Ggura se resuma finalmente, para el
propio historiador que así la evoca y presenta, en un símbolo gran-
dioso y genial, coincidiendo en cierto grado el juicio meditado del
pensador político con el fanatismo impulsivo de la muchedumbre ?
La primera respuesta que ocurre, y sin duda encierra una parte
de verdad, es que sabios é ignorantes, americanos y europeos, han
sido víctimas de la ilusión colectiva que identificara la causa de Ja
Independencia con su heraldo más visible, proporcionando á la mag-
nitud de la obra la estatura del supuesto obrero. Iwant a hero ! Este
grito del poeta (i) es el anhelo eterno de la humanidad primitiva ó
civilizada, ante cualquier realización que la conmueve y asombra.
El antropomorfismo popular tuvo, pues, su semidiós porque nece-
sitaba tenerle ; y á falta de alguno legitimo, forjósele ficticio, sumi-
nistrando él mismo la materia plástica. Los liberales de la Europa
subyugada por la Santa Alianza escuchaban con palpitante simpa-
tía los rumores de esta cruzada emancipadora; pero no podían sa-
ber que la causa americana era invencible y tenía finalmente que
triunfar, aun careciendo de genios conductores y á despecho de
todos los reveses y descalabros. Cumplióse lo inevitable : la libertad
de diez repúblicas coronó quince años de combates librados por cien
caudillos locales que, muy lejos de ser la causa generadora, eran
el producto espontáneo del levantamiento. Pero, á tal distancia, sólo
quedó la impresión del nombre que más alto resonara en la región
donde la lucha se encarnizó: la nebulosa se condensó en astro, y el
(i; Btron, Don Juan, I, primer verso.
/Í76 ANALES DE LA BIBLIOTECA
mundo proclamó á Bolívar libertador único de la América latina,
como fuera Colón su único descubridor.
Creo que la explicación es válida en lo que atañe al prestigio ex-
terior de Bolívar: pero no da cuenta de la situación realmente ex-
cepcional que en su misma patria conquistó y retuvo por años, y
fué precisamente la causa original de aquel prestigio. No se trata
en este caso, como en el de Rosas, de una adaptación tan perfecta
del caudillo á la ruda masa popular, que asemeje su predominio ab-
soluto á un patriarcado ; ni tampoco de un despotismo casi teocrá-
tico, á lo del paraguayo Francia, fundado en el aislamiento v el te-
rror. Por otra parte, ni la persona física de Bolívar ni sus anteceden-
tes ó hábitos permitíanle disputar á robustos y arrojados mestizos,
como Piar y Páez, su natural influjo sobre las turbas llaneras. . .
Aristócrata de origen y casi europeo de educación, menudo, en-
teco, de fisonomía ingrata^ con su tez verdosa, sus chupadas meji-
llas, su boca fruncida y el avieso mirar de sus ojos harto juntos (i):
el discípulo deCarrión yapasionado lector de Rousseau carecía por
igual del aspecto imponente que fascina á las multitudes, y de ia
gracia insinuante que seduce á los íntimos. Improvisado estratega
de montoneras, en la serie de victorias y derrotas que señalan las
sangrientas etapas de la emancipación, no cobró nunca verdadero
crédito, ni ante las tropas por su valor, ni ante los jefes por su peri-
cia. Como político, redactaba constituciones inaplicables; discurría
para vastos despoblados sistemas de gobierno que, aun para la Suiza
ó Córcega, fueran quiméricos ; y sin escarmentar con el fracaso vi-
sible de la unión colombiana, seguía acariciando la monstruosa
utopía de un solo imperio continental. Pero entretanto, derrotado,
despreciado, escarnecido, arrojado varias veces al destierro por las
armas españolas y la vindicta pública, volvía siempre á surgir, in-
(i) Carltle, Doctor Francia (en Critical Essays^ IV): ndark deep eyex, somevhat too
cIoM together». Todo oste retrato de Bolívar es de una admirable adivinación; acaso
nadie haya dicho más en una frase : « a man ofmanifold achievements, distresses, Bcaor^vw
AMD uiSTRio!(isus (fi this worldf).
TRES CARTAS INÉDITAS DE BOLÍVAR 477
fatigable, indestructible. Apenas desembarcado en Venezuela, ha-
llaba soldados y jefes que le proclamaban general, asambleas que
renovaban su dictadura, — y el primer encuentro feliz borraba en-
tre las gentes la memoria de los antiguos y recientes descalabros.
Al fin cansó á la fortuna adversa: los éxitos se sucedieron, incorpo-
rándose á los propios los de sus tenientes ; las regiones definiti-
vamente reconquistadas ensancharon más y más el pedestal de su
figura estatuaria ; el vencedor de Maipo y protector del Perú cedióle
el campo sin protesta; y la victoria de Ayacucho, ganada por Sucre
á cien leguas del « cuartel dictatorial » (desde donde Bolívar pro-
clamó á los soldados victoriosos), completó la libertad del Conti-
nente y la apoteosis del Libertador. Eso es lo que ve la posteridad,
y lo que admiró por reflejo la Europa de la Restauración, impor-
tándole poco que, apenas rematada la empresa, se despidiera al em-
presario con despiadada lógica. Podía morir tranquilo, sabiéndose
inmortal; y no había ingratitud contemporánea que amenguar pu-
diera tal recompensa.
Una vez demostrado que dicha recompensa no guardó proporción
con el valer del hombre ¿ habráse de admitir que todo en ello fuera
ilusión y vanidad? No es posible aceptarla conclusión nihilista que
salvaría los límites del everismo histórico. La más exuberante ima-
ginación popular no alcanza á crear de la nada á un héroe humano.
Puede á la distancia confundirse la flámula flotante con el humo
ó la nube ; pero la nube pasa, el humo se disipa ; si la pintada tela si-
gue siempre aleteando al viento, es porque un asta rígida la sostiene
en el espacio. En toda gloria humana que resiste al tiempo y al ol-
vido, reside un núcleo interior, tan diminuto como se quiera, pero
al cabo concreto y sólido. Sí, como capitán ó político, Bolívar no
excedió la medianía, y fué ciertamente inferior á muchos de sus ri-
vales sudamericanos, una facultad tenía por la cual los superaba á
todos : este don superior, que resplandece en cada paso de su acci-
dentada carrera, y más evidente aún en sus desastres que en sus
triunfos, es la voluntad indomable, inconmovible, digamos heroica.
478 ANALES DE LA BIBLIOTECA
pues ella es la señal distintiva de los héroes, aunque no baste para
constituirlos. Esta «voluntad de dominación », como Niestzche la
llamaría, es la clave de su destino : con esta barrena de acero horadó
paciente é infatigablemente la roca que obstruía el camino, para que
pudieran sus compañeros pulverizarla á martillazos y dejar expedito
el paso al carro déla Revolución.
Y acaso, para mostrarnos del todo justos respecto de quien lo fué
tan poco, debiéramos añadir que entre todas las exterioridades posti-
zas, con que se adornara su inconmensurable vanidad, hubo una real
y que de veras le pertenecía : era el don literario, si bien en el género
subalterno del desarrollo retórico y de la proclama, y en la única
forma altisonante y excesiva que pudieta ser eficaz. Por entre el mal
gusto inevitable del tiempo y de la raza, poseía el instinto de la frase
lapidaria y del verbo potente, al igual que nuestro férvido Montea*
gudo, pero con bruscas florescencias imaginativas que el publicista
argentino nunca conoció, y evocan las vírgenes frondosidades de
las selvas natales... Un Monteagudo ecuestre y teatral : acaso el do-
ble epíteto caracterizaría á Bolívar sin amenguarle. Pero allá, por la
zona tórrida, los más entusiastas admiradores de Bolívar se conten-
tan con apellidarle el « Washington de la América del Sud » ; y si
se atiende á que el dictado implica la misma proporción entre los
dos héroes que entre las dos regiones, paréceme que la tasa, bajo su
apariencia enfática, resulta ala postre muy modesta.
Angostura Agosto a o de 1818.
Mi querido Brizeño :
Con el mayor gusto he leido la apreciable de Y. de i6 de Julio
que me entregó el Capitán Uribe. Las noticias q' ella contiene
sobre la Nueva Granada, y la relación circunstanciada que me ha
hecho aquel, me han colmado de placer y de satisfacción. Creo,
como V., q* la ocasión es muy bella y q"" es preciso aprovecharla ;
y me parece casi seguro el buen suceso del exército que obre sobre
TRES CARTAS INÉDITAS DE BOLÍVAR 479
la Nueva Granada ; pues ademas de loque he sabido por Y. y por
los amigos Vázquez y Moreno, las gazetas Inglesas contienen los
detalles de la celebre jornada del 5 de Abril en las inmediaciones
de Santiago entre las tropas Independientes de Chile y las Rea-
listas del Perú. El Gral. S" Martin batió y destrozó completamen-
te allí siete mil españoles, les hizo tres mil prisioneros, entre ellos
ciento noventa oficiales, les mató más de dos mil hombres^ y solo
se salvó el General en Gefe Osorio con doscientos hombres de Ca-
ballería ; S" Martin lo hacia perseguir vivamente. Este exército rea-
lista era el último resto de las fuerzas del Perú, y esta batalla ha
producido la absoluta libertad del alto y bajo Perú. Asi es q* son
indubitables los movimientos q* amenazan las provincias Meridio-
nales de la Nueva Granada. Los Españoles imbadidos poderosa-
mente por el Sur por tropas victoriosas, y aquellos no pueden re-
sistir y aun haciendo esfuerzos asombrosos, deben necesariamente
concentrarse y dejar descubiertas todas las entradas y abenidas
del Reyno en todas direcciones. Estimo, pues, segura la expedi-
ción libertadora de la Nueva Granada.
El General de Brigada Santander que goza de mucha reputa-
cion en supays natal, q"* tiene valor, prudencia y conocimientos,
me parece muy apropósito para' dirigir esta empresa. El és ínti-
mo amigo de V. y no dudo que los dos se colmen de gloria y de
honor, y que vendigan la suerte que les ha cabido de ir á libertar
un vasto pays lleno de recursos, y digno de ser libre. Uñase V.
Brizeño estrechamente con él, coopere activamente al aumento y
organización de la División que vá á formar y emplee su influxo y
relaciones en que se logre el éxito de esta importante operación q*" vá
á íixardeun modo inalterable la suerte de Venezuela y de la Nueva
Granada. Yo volaría gustoso á tener la gloria de conducir ese exér-
cito si el interés mismo de ambas Repúblicas no exigiese necesa-
riamente mi presencia aquí, siendo este el punto de donde deben
partir todas las operaciones, todos los elementos armas y municio-
nes de guerra á las Divisiones que obran en diferente (sic) lugares ;
68^ A>'ALES DE LA BIBLIOTECA
y «iobre todo hasta esperar el resultado que necesariamente debe
tener los intereses de ia Europa con los de América . Este resultado
aparecerá muy pronto ; el día de la América ha llegado y todo
parece q' anuncia un término á nuestra gloriosa y terrible lucha.
La guerra de los Estados Unidos del Norte no deja ya duda. El
General Americano Jakson ísicj ha tomado por asalto el fuerte de
Panzacola, y las Floridas oriental y occidental, están en poder de
los Americanos.
Ademas de los fusiles, pólvora, vestuarios y tropas Inglesas que
nos condujo nuestra Esquadra, hemos recibido posteriormente mil
y quinientos fusiles mas, y una gran cantidad de pólvora. Conta-
mos en Venezuela con ocho mil fusiles, que tenemos ya, y con mas
de seiscientos quintales de pólvora ; y aun está pendiente una con-
trata de diez mil fusiles que espero se realize.
Muéstrele V. estacarla á mi querido amigo el coronel Vasquez
para quien es también. Empéñense todos en la suerte de la Nueva
Granada. Espérenme pronto por allá, auxilien al General Santan-
der, obcdezcanlo; únanse con él. y cólmense de gloría.
A Dios mi querido Brizeño cuente V. siempre con el decidido
afecto de
Bolívar
Magdalena á 6 de Abril de i8a6.
Señor í)*" D" Miguel Días Velez Ministro Plenipotenciario del Rio
de la Plata
Estimado amigo y Señor.
Me ha sido muy agradable recibir la apreciable carta de Y. de
37 do Febrero en Chuquisaca y he visto con mucho interés las no-
ticies oficiales que V. se sirve darme en sus comunicaciones de
la misma fecha. No puedo ocultar que los sentimientos de amistad
couque V. me favorece, unidos á sus buenos deseos por mi gloría.
TRES CARTAS INÉDITAS DE BOLÍVAR 481
me honran demasiado porque nada me ha sido siempre tan lison-
jero, como recibir los Sufragios de los hombres de bien y de los
Patriotas. Puede V. pues fácilmente imaginarse cuan obligado le
estoy por el modo con que V. se espresa en su referida carta —
Desde muy á principios de la revolución he conocido que si
alguna vez llegábamos á formar Naciones en la América del Sur, la
federación seria el lazo mas fuerte que podría unirlas. Asi es que
no perdí un instante en proponer á los Estados americanos la fede-
ración que actualmente se está verifícando en el Ismo de Panamá.
Buenos Ayres no solo ha sido convidado é instado á que forme
parte de esta liga sino que ha sido rogado pa^a ello, y sin embar-
go no ha querido aceptarla por motivos que no puedo conocer. Digo
todo esto en contestación á la propuesta que Y. me hace para que
nos unamos en principios y en fuerza contra el Emperador del Bra-
zil. No obstante he mandado pasar las notas oficiales que Y. me
dirije con este objeto al Ministro de relaciones esteriores de este
Estado, pues no ejerciendo yo la autoridad esterior por haberla
depositado en el Consejo de Gobierno : a el corresponde el cono-
cimiento de esta materia, á la verdad, muy interesante.
Hemos sabido que el Señor Rivadavia ha sido electo Presidente
de las Provincias Unidas.
Tenga Y. la bondad de saludar siempre que tenga la ocacion á
su digno compañero el Señor Alvear.
El Congreso del Perú aun no se ha instalado ; pero no pasará esta
semana sin que asi suceda(i). Aunque en las Juntas preparatorias no
han dejado de haber algunas dificultades, todas se han vencido y
espero que á fines de este mes podre marchar al alto Perú donde
me llaman mis mas caros intereses. Si los asuntos de la misión
de Y. lo detuviesen allí hasta mi llegada, me sera muy satisfacto-
rio encontrarlo y de asegurarle que
Soy su afectísimo servidor y amigo.
BOUYAE
(i) No llegó i reunirse.
AVAiBi vm Uk Biu4onoA. — T. ui 3o
48s ANALES DE LA BIBLIOTECA
Lima a6 Agosto i8s6
Al Gran Mariscal de Ayacucho
Mi querido General
Mando á vmd original un papel que contiene siete artículos pa-
ra que vmd se moleste en proporcionar al Cónsul general Mr Garlos
Rikketts (sic) los informes que en ellos pide. Vmd podria encargar
de este trabajo bien fuera á una sola persona ó varias de las mas
ilustradas a fin de que este Sr Rikketts reciba los informes que pide
y que transmitirá a Europa donde serán muy interesantes. El Sr
Rikketts es el cónsul gl. de S. M. B. en el Perú : reside en esta
capital y á el puede Y. dirigir estos documentos.
Soy de Vmd afm amigo de corazón.
BOLIYAH
ERRATAS Y ADICIONES
Página 5i, nota, agregúese: Tengo para mi que á e«U ranu de la familia pertenecia el
marido de la célebre M** de Vandeul, la hija de DideroL
Página 53» linea 17, dice creído descubrir : liase atribuido.
Página 5ü, nota, dice Liniers ; liase Nieto.
Página 65, nota, agriguese Cf. Bibdha t Pillado, Diccionario biogrdjico argentino, página
100, nota.
Página 6g, linea 7, liase muchas aventuras.
Página 70, linea ig, liase en^él era el genio.
Página 73, linea i, liase el antiguo capitán de húsares.
Página 74, lineas 5 y siguientes. — Cuando escribí este pasaje, no tenia á mi disposición
la Correspondencia general de Napoleón ; hoy que la Biblioteca lo posee, puedo recti-
ficar el aserto que entonces admití condicionalmente bajo la autoridad del historiador
Mitre {Bdgrano, I, 330).
La mosca á que alude Thiers, fué efectivamente despachada de Bayona, pero para las
colonias /roncMos (Martinica ó Cayena). El ConsoltUear era el briek que repetida y ex-
presamente menciona Napoleón en sus cartas de Bayona al ministro Decrés. {Corres-
pondancCf tomo XVII, p. 90, i85, 198, ai 3.) El 11 de mayo, el emperador anuncia
que dicho bergantín saldría en dies días más para la América española, con 1000 fu-
siles; el aa do mayo, precisa el dato: o El briek que he comprado al comercio estará
pronto en la semana : lo dirijo á Montevideo» ; el a5, avisa á Decrés que «ha trope-
zado con dificultades para armar el briek que va á partir para Montevideo»; por fin,
el a 8, comunica á Murat que << mañana partirán [de Bayona] dos hermosos bricks con
2000 fusiles franceses para Montevideo. Podéis anunciarlo». (Abultaba la noticia
para impresionar á los españoles.) El informe de Dauriac designa expresamente al
Consolatear como bergantín armado en guerra, con 45 hombres de tripulación. Por
lo demás, la confusión no es posible : el mismo Napoleón (ibid. SgS) manifiesta con su
acostumbrada precisión que «la mosca sólo lleva la hombres y cuesta i5ooo fran-
cos : puedo, pues, tener i a moscas con lo que me cuesta un briek » . En la Corres-
pondencia, se menciona dos veces á Liniers, nunca á Sassennay ni á Périchon,
Página 8a, linea 11, dice contennó ; liase continuó.
Página 84, linea 11, liase sábalos.
Página 99, línea a, suprímase la coma después de bonaerenses.
Página 100, línea 5, liase Real efigie.
m
ANALES DE LA BIBLIOTECA
Página io3, nota, liase el mérito inusitado del trabajo.
PAgina 1 06, linea a, liase había de permanecer.
Página lio» linea i5, liase le instaló en el Fuerte.
Página iig, linea ai, liase en que estos rezagados.
Página laa, nota a, después de gaceta, interedlese {hsi»\A lo trae Moreno en un decreto).
Página I a 5, linea s, liase habianse apiñado.
Página ia6, nota, linea 6, dice Marza; liase Maria.
Página 187, linea 11, Uase y demás intrigantes.
Página 168, linea ai, liase sin discrepancia y con dudosa legalidad.
Página 1 53, linea 18, licué formaban el cemento.
Página 1 63, linea 10, liase los errores cometidos por Masséna.
Página 1 63, linea a4, liase tres hijos varones.
Página 166, linea i, licué creo sea permitido. . .
Página 166, linea la, /¿ore entonces llamaban...
Página 168, nota a, liase número 46.
Página 171, linea i4i liase si bien, por una contradicción...
Página 1 83, nota i, linea 7, liase el documento n* 37.
Página 184, linea a7, liase participase entonces...
Página 189, línea a 4, licué blanqueadas.
Página 191, nota, /¿are documento n* ao.
Página 19a, nota, liase documentos 19 y a6.
Página ao5, linea a3, liase haya días.
Página a 07, nota, linea 8, liase Ghorroarín : el cabildo. . .
Página ao8, nota, agrigaese: Es harto curiosa la mención que á vuela pluma hace de él
Napoleón, en una carta al Gran Duque de Berg, datada en Bayona, a6 de mayo de
1808, once de la noche. (Correspondance^ XVII, at4) : (< Le chef d'escadre [Huidobro]
vient d*étre nommé gouverneur de Montevideo : il commandait lors de la reddition :
c'est un homme qui ne jouit d'aucune considération dans le pays. . . Envoyes des
ordres pour qu'il ne s*embarque pas et faites confirmer la nomination (Elio) qu*a faite
le general Liniers». Antes de pasar la frontera, sabia las cosas de España y sos
colonias mejor que Murat y los ministros. Hay que estudiar los 4o ó 5o tomos de su
correspondencia privada para medir la altura y amplitud de aquel espíritu : la aciivi^
dad asombrosa y sobrehumana de un genio que nada ignora, olvida ni confunde, en
los innumerables detalles diversos de un escenario en perpetuo trastorno y .que abarca
el mundo. La carta citada, escrita á medianoche, es la octava de aquel dia : se ha di-
rigido (desde las 7 de la mañana) á sus ministros Ghampagny, Gretet (dos veces),
Decrés (tres veces), á Murat, otra vea, dictando á cada cual las órdenes más precisas
y minuciosas relativas á sus departament<M.
Página a I o, línea 19, liase hasta las doce.
Página a 18, linea a 6, /¿ore muchos jefes .
Página aa3, linea a 5, ciirrense las comillas en faltaba.
Página a 3o, línea i3, liase y si no se logró aquí.
Página a43, linea 3t, liase en la placa de la Victoria.
Página a6o, linea a3, liase escapaba solo al sacrificio
índice
Prefacio r
Una refatación de Mariano Moreno i
Santiago Liniers 43
Documentos relatiros á Liniers 367
Diario de Alvear 378
Tres cartas inéditas de Bolívar , 46&
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